Cuentos · Unidad 25 de 58
Unidad 25 · GESTAS, Ó EL IDIOMA DE LOS MONOS. 137
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GESTAS, Ó EL IDIOMA DE LOS MONOS. 137
— Esto es una broma, dijo el Sr. López : no puedocreer que un orangután sepa más que yo y salga sobresaliente en unas clases donde obtuve la nota de mediano.
Y volvió á repasar el escrito con escrupulosidad, como si se tratase de un billete de Banco falsificado.
— ¡ Ya di con el fraude ! exclamó por fin con vanidad^ dándose un golpe en la frente.
Y sin más explicaciones, salió del cuarto, dejandoatónito al Sr. Barrientos y lleno de confusión y dudas. Pasados algunos minutos volvióse á presentar el cajero,, trayendo un legajo de papeles, y dijo á su principal con aire de triunfo :
— Repase V. las cuentas del maestro ; fíjese Y. en la forma de la letra y en la firma, y verá que son idénticas á la letra y la firma de la carta.
Hecho el cotejo, resultó probada la superchería del maestro : el Sr. Barrientos estaba rojo de vergüenza.
— Es preciso llamar al profesor y confundirle, dijo el amo del orangután, amostazado.
Hágame Y. el obsequio de enterarse en persona deí asunto, y hacer que comparezca el profesor acto continuo.
Miéntras el cajero desempeñaba su cometido, quedó el Sr. Barrientos examinando las cuentas y dando manifiestas señales de disgusto.
— ¡Qué gastos tan crecidos! repetia de vez en cuando el burlado caballero; sin duda el profesor se ha figuradoque el mono es hijo mió.
Media hora después se hallaban reunidos en el mismo aposento el Sr. Barrientos, su cajero y D. Crisóstomo. Este, en vez de callar abrumado por las reconven- -ciones del primero , se paseaba majestuosamente por el cuarto, miéntras sus interlocutores le contemplaban con admiración j le escuchaban con respeto.
— A VV. les alarmó seguramente el ver imitada mi letra por el mono : no sabian entónces que Gestas también copia todas mis costumbres, hasta el punto de purgarse una vez al mes por imitarme.
— Pero no nos ha dicho V. todavía, repuso el señor de Barrientos, de qué medios se ha valido V. para ilustrar á Gestas.
— Usted tuvo la idea, contestó modestamente don Orisóstomo, y yo me limité á observar la mímica del orangután para llegar á traducir correctamente aquel lenguaje. Con el fin de ganar tiempo, procediendo con método, hice un catálogo de todas las necesidades de los monos, de sus más naturales sensaciones y de los fenómenos perceptibles para una inteligencia rudimentaria. Concluido este trabajo, comencé los experimentos por las necesidades más frecuentes , y noté que cada vez que el hambre le hostigaba, repetía el orangután un mis/- mo gesto, significando con un signo, también determinado, su satisfacción cuando saciaba el apetito. No había duda: aquella gesticulación era un idioma, y era preciso verterla al castellano.
— ¿ Cómo no le arredraron á V. las dificultades de la ^empresa?
— Mi padre era alemán, respondió gravemente don -Crisóstomo, y empleó veinticinco años en descifrar una inscripción escrita en un idioma ya perdido : la piedra se resistia á revelarle sus secretos, miéntras Gestas me ayudaba, sin sospecharlo, en todas mis tareas. Observé cómo expresaba la alegría y el disgusto ; en los gestos que hizo la primera vez que aventuré algunas palabras en su idioma, advertí de qué manera manifestaba la sorpresa; descubrí cómo indican los monos la curiosidad, el enfado y el deseo de venganza; y de idea en idea, y de relación en relación, sorprendí los pensamientos y hallé por fin la clave gramatical de su lenguaje. Hoy poseo también su ortografía.
Barrientos y el cajero estaban asombrados.
— Dueño ya de su idioma, tuve con Gestas coloquios muy curiosos, y el cansancio físico me hizo desistir de educarle en su propio lenguaje, si así puede llamarse á un modo de expresión en que la lengua no interviene para nada; entónces emprendí la tarea de enseñarle el alfabeto, pero en vano ; Gestas no comprendía el valor abstracto de las letras y hube de usar el método objetivo. Felizmente, se han descubierto sistemas para enseñar sin libros ni fatigas, pero me faltaba un signo con que advertir á Gestas que mis objetos equivalían á los gestos y movimientos con que expresaba sus ideas; me faltaba en el idioma símico el modo de indicar la idea de igualdad ó analogía.
— ¿Y pudo Y. conseguirlo? dijo con interés el señor Barrientos.
— Por medio de una estratagema, dijo D. Crisóstomo, Coloqué sobre la mesa dos jicaras de chocolate exactamente iguales, Y cuando Gestas tomó una de ellas para sorber su contenido, ^e la arrebaté bruscamente de las manos, entregándole la otra. El mono miró ambas jicaras con sorpresa; noté que las comparaba escrupulosamente, después se fijó en mí é hizo au mohin muy marcado y de un género nuevo.
— Sin duda el mono queria decir que las dos jicaras eran iguales.
— Eso mismo supuse lleno de alegría; después he sabido que el mono sólo quiso decirme entónces : Es V, un majadero.
El Sr. Barrientos celebró la ocurrencia de su mono.
— A fuerza de repetir el experimento, obtuve el signo deseado, y entónces la educación se hizo má& rápida; conseguí que dividiese las oraciones en palabras, las palabras en letras, y sus progresos me asombraron. ¿Creerán YY. que los monos tienen ciertas ideas más exactas que las de algunos hombres muy civilizados?
— ¡ Qué nos dice Y. ! exclamó admirado el señor López.
— Aseguran que existen seres muy superiores á los monos , miéntras ciertos hombres no reconocen nada superior á ellos mismos. *
— Es preciso que complete sus estudios, dijo el señor Barrientos lleno de entusiasmo. No repare Y. en gastos^ y abónele al teatro si lo considera conveniente. Quiero que Gestas llegue á ser un mono sabio.
— ¿Podría V. instruirnos en el idioma de Gestas? preguntó con curiosidad el Sr. López.
■ — Tienen YV. los huesos algo duros y les costaría muchas agujetas. Es preferible que aprendan el alfabeto de los mudos, en el que Gestas es muy elocuente.
— ¿Tan difícil juzga V. lo que propongo?
— Voy á darles á VY. una prueba.
Y D. Crisóstomo empezó á mover el cuerpo de una manera convulsiva, y á agitar todos los músculos de la €ara, alzando alternativamente las dos piernas, haciendo sonar los dedos, rascándose las orejas y la frente, y dando saltos extraordinarios y vueltas prodigiosas.
— I Qué hace Y. ! ¡ Qué hace Y. ! repetian asustados Barrientes y el cajero, sujetando á D. Crisóstomo.
El sabio se contuvo, y recobrando su serenidad, respondió tranquilamente :
— Estaba conjugando un verbo en el idioma de los monos.