Cuentos · Unidad 26 de 58
Unidad 26 · SEGUNDA PAUTE. I.
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SEGUNDA PAUTE. I.
c( Uno de los motivos en que sin duda se apoyan los que juzgan al hombre descendiente del mono, es en el instinto de imitación, tan desarrollado en nuestra especie, lo que constituye la principal analogía entre los hombres y los monos.
^Nace un pintor de estilo original, y, gracias á sus imitadores , forma escuela. Lanza á la sociedad sus sarcasmos ó llora sus desencantos un B^Ton, y dos generaciones de poetas lamentan los mismos desengaños y se burlan de todo lo creado. Kiza sus largas melenas uno de los hombres más hermosos de París y enfunda su cuello en una gran corbata, y todos los que se precian en Europa de hermosos y elegantes, adoptan la corbata y se rizan la melena. Abrese una fonda en sitio donde nunca hubo tales establecimientos, y á los pocos dia& se abren en el mismo sitio várias fondas. La sociedad humana comenzó por espíritu de imitación seguramente; á un hombre se le ocurrió elegir un terreno y llamarle suyo, y todos los demás hombres quisieron tener terrenos propios.
))E1 mono, dotado de ese fecundo instinto de imitar,, es un animal sociable y dispuesto á la civilización y á la enseñanza. Pues bien ; al entregarle Gestas completamente educado, voy á proponer á Y. un plan político. »
Así decia el sabio D. Crisóstomo tres años después de lo ocurrido anteriormente, miéntras el Sr. Barrientos, radiante de alegría por el buen éxito de su idea, escuchaba con agrado al profesor, causa de su triunfo.
Don Crisóstomo, notando la atención con que se le oia^ prosiguió muy animado :
— Inútiles parecen los esfuerzos hechos para civilizar el África, cuya mayor porción es desconocida ; las colonias europeas no prosperan como en otros países, y la raza negra, indolente y perezosa, resiste todo progreso. Mi plan consiste, pues, en intentar la civilización de
GESTAS, O EL IDIOMA DE LOS MONOS. 143^
aquel continente por medio de los monos , más activosque los negros , aprovechando la instrucción de Gestas y mis conocimientos en el idioma simio , que poseo y he enseñado á algunos de mis discípulos. Si Y. nos da su apoyo y su licencia, partirémos al país de Gestas á difundir la ilustración entre los orangutanes, regularizarémos sus costumbres, y antes de un siglo estos serestan análogos al hombre, recorrerán el África inexplorada, no vagando ociosamente por las selvas, sino tomando apuntes, levantando planos, coleccionando hierbas y observando la dirección de las montañas y el curso de los rios. Las naciones europeas comerciarán entonces con los monos...
— Basta, basta, mi apreciable D. Crisóstomo; ese plan es el sueño de un sabio , y agradeceré á Y. que no lo divulgue : sería capaz el Gobierno inglés de separarme de mi mono.
Don Crisóstomo bajó la cabeza resignado.
— ¡Cómo ha de ser! dijo con tristeza el maestro; y sin embargo, el orangután , aunque le llaman simia satyrus, es un animal que no carece de "buenas cualidades; no practica la poligamia ni la poliandria.
— Necesito á Gestas, D. Crisóstomo.
— En ese caso, se le entrego ilustrado, humilde y obediente , como enseñado por mi ejemplo. Si no quiere Y.. tener en él un monstruo, presérvele de las malas compañías.
Y el sabio salió del aposento limpiándose las lágrimas con un pañuelo de hierbas , y tomando de un rincón su paraguas de familia.
II.
^ — La música es agradable y se pega muclio al oído. — Los versos son ligeros. — Y el desenlace está previsto desde luégo. Esta zarzuela se parece á la que gustó tanto hace dos años.
— Y gustará lo mismo que la otra.
— Sería una injusticia no aplaudirla habiendo obtenido aquélla tan buen éxito.
— ¿Y se sabe quién es el autor?
Así discurrian en un palco várias jóvenes en el intermedio de una zarzuela que se estrenaba aquella noche: un caballero abonado, persona que se preciaba enterada de todas las intrigas y sucesos teatrales, dijo con aire de importancia :
— La Empresa asegura que la música y la letra de la obra han sido remitidas por medio de un anónimo; pero yo sé quién es el autor, aunque no puedo revelarlo.
— ; Ay! sea Y. amable, dijeron en coro las del palco.
— ¡Imposible! exclamó el abonado levantándose; ahora empieza el último acto, y hasta el final debo ser discreto ; sólo diré á YY. que el autor y yo nos hemos criado juntos y tenemos un lejano parentesco.
— ¡El autor! ¡El autor! gritaban tres cuartos de hora después los espectadores.
— ¡Es un plagio! ¡Me han robado el pensamiento! decían varios autores en distintos lados del. teatro.