Cuentos · Unidad 27 de 58
Unidad 27 · GESTAS, Ó EL IDIOMA DE LOS MONOS. 145
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GESTAS, Ó EL IDIOMA DE LOS MONOS. 145
Pero el telón no se alzaba, aumentaba la curiosidad <lel público, y por consiguiente las voces, el taconeo y los aplausos. Después de algunos minutos de espera, uno de los actores se presentó en el escenario y dijo con voz solemne :
— El autor de la zarzuela que hemos tenido la honra de representar se encuentra en el teatro, pero sjiplica al público tenga mucha indulgencia con su físico...
— ¡ Su nombre ! ; Su nombre !
— ¡ Gestas I dijo el actor con voz pausada.
— ¡Que salga! respondió el público.
Se oyeron dos gritos en la sala: el uno le exhalaba D. Crisóstomo ; el otro salia de la garganta del Sr. Barrientes. El caballero abonado hacía señas á . las damas •del palco como preciándose de haber acertado en su pronóstico, y aplaudía á rabiar, haciendo gala de proteger á un amigo.
Y Gestas apareció en el escenario con un traje idéntico al que llevaba D. Crisóstomo.
Un estremecimiento general anunció su presencia en las tablas ; un silencio momentáneo indicó la sorpresa del público, y una explosión de voces, palmadas y gritos discordantes expresó de una manera atronadora la opinión pública, al ver á Gestas haciendo cortesías y .saludos con la dignidad del autor más ceremonioso.
El abonado se escurrió poco á poco de la sala sin atreverse á mirar al palco, después de su confesión de haberse criado y tener cierto parentesco con "un mono.
— ¡Es mi discípulo! decia D. Crisóstomo en voz alta y lleno de orgullo.
— ¡Es mi mono! exclamaba el Sr. Barrientos lleno deentusiasmo.
— ¡ Qué progreso ! Los monos se han elevado á la altura del arte ; esto sólo podia verificarse en el siglo xix, vociferaba un mozalbete.
— ¡Qué vergüenza! El arte se ba puesto al alcance de los monos, respondía un señor entrado en años.
Y seguia el entusiasmo del público creciendo cada vez. más á cada movimiento de Gestas ; las carcajadas cesaron cuando se fué desvaneciendo la duda que áun abrigaban algunos sobre la realidad del hecho, y sólo se oian bravos y palmadas interminables.
El favorecido Gestas, que calzaba zapatillas, y por la carencia de talones no podia conservar la posición vertical durante mucho tiempo, cayó al fin en cuatro manos, mientras descendía sobre su espalda una lluvia deflores y coronas.
Tres meses después de su triunfo teatral. Gestas era el héroe del dia entre la buena sociedad madrileña; treinta dias de permanencia en París habían producido en su físico una variación extraordinaria ; un hábil operador le había estirpado el rabo sin dolores ; un célebre perfumista le hizo caer todo el vello de su rostro; un ortopédico remedió con un aparato la imperfección de sus^ talones ; unas pantorrillas de algodón disimularon la flacura de sus piernas ; el sastre, el zapatero, el peluquero y otros industriales completaron la trasformacion de