Cuentos · Unidad 29 de 58
Unidad 29 · GESTAS, 6 EL IDIOMA DE LOS MONOS. 149
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GESTAS, 6 EL IDIOMA DE LOS MONOS. 149
vecinos, y en escandalizar la población con sus excesos.
El Sr. Barrientos, á quien se iban haciendo onerosas las locuras de su mono, determinó reprenderle agriamente cierto dia, amenazándole con encerrarle en una jaula: preguntó por Gestas á los criados, y éstos le contestaron que habia asistido á la boda de un título de Castilla, no sabiendo si en calidad de convidado ó de testigo. Esperó resignado su regreso, y una hora después anunciaron al mono los criados.
Crestas se presentó en traje de etiqueta, orgulloso y perfumado ; exceptuando la gran magnitud de su cabeza, y no obstante la postura de su cuerpo, forzosamente inclinado hácia adelante, cualquiera le hubiera tomado por un dandy perfecto, procedente de una raza indiana.
El mono saludó respetuosamente á su dueño , y con aire distinguido, y empleando el lenguaje mímico, anunció al Sr. Barrientos que necesitaba enterarle de un asunto importante.
El dueño del orangután se sentó en la butaca sorprendido, y poco después creyó desfallecer al ver que Gestas le decia claramente y con un desenfado aristocrático:
— Sr. Barrientos, tengo el honor de pedir á V. la mano de su hija.
IV.
— Bien le decia á V. que le preservase de las malas compañías, decia D. Crisóstomo al Sr. Barrientos; feliz-
mente todo el mal se convierte en bien, y del exceso del daño resulta un beneficio.
— Mi conciencia está tranquila al tomar esta resolución dura, pero necesaria; un estafador aproveclia la maravillosa habilidad con que Gestas imita toda clase de escrituras, y le induce á arruinarme y á robar á otros banqueros; otro criminal explota su agilidad y fuerzas, y á los robos por las alcantarillas suceden en Madrid los robos por los tejados y balcones. Por fortuna la estafa se descubre á tiempo y el causante de los robos. Todo el mundo cierra sus puertas al mono galanteador, ídolo de la víspera, á quien salva su condición dé irracional é irresponsable. La autoridad me invita á que no deje de salir de casa a Gestas, y yo no puedo consentir que permanezca en ella á causa de mi liija.
— ¿Será posible?
— Por desgracia: V. no sabe el efecto que produce en una niña frivola el que posee las habilidades en que Gestas sobresale; no importa que sea un mono si monta á la inglesa, baila con perfección un vals corrido y sabe alguna música. Felizmente mi hija ha dado en hacer versos, y no pasan del papel sus sentimientos. Lea usted sus últimas estrofas:
«Huir contigo del mundo entero, y convencerme de que me amas, subiendo á lo alto de un cocotero y columpiándonos entre sus ramas. Vamos al Africa ; de sus palmeras desprenderémos dátiles rojos : vamos al Africa, aunque las fieras se distribuyan nuestros despojos, n
— ¿Qué le parecen á Y. estos versos, D. Crisóstomo ?
— Veo que tienen muclias sinalefas.
— Señor D. Crisóstomo, sólo me preocupa Y. en este asunto; su edad, las penalidades del viaje, la insalubridad del clima de Angola...
— Basta, basta; soy misionero de la ciencia, y la idea me pertenece.
— ¿Es su resolución irrevocable?
— O civilizo el Africa, ó me hago mono.
— Entonces aquí tiene Y. las recomendaciones para el gobernador portugués de San Pablo de Loanda ; el buque, fletado en Lisboa, contiene todo lo necesario para esta .atrevida expedición: tiendas de campaña, ropas, armas, víveres, libros, carros portátiles é instrumentos.
— ¿Gestas le ha dado á Y. noticias del país?
— Fué cazado muy pequeño, y sólo recuerda vagamente cuando cruzaba los bosques de árbol en árbol, -agarrado á los hombros de su madre.
— ¿Y se halla ya conforme con el viaje?
— Al principio recibió la proposición con un acceso de furor y rechinando los dientes; después se fué calmando, y por último parte á su patria contento, dispuesto á imitar en todo mi conducta.
— Entónces, D. Crisóstomo, démonos un abrazo muy estrecho.
El Sr. Barrientos y el sabio se abrazaron con efusión sollozando con ternura; poco después se quedaron muy tranquilos. Don Crisóstomo cogió su paraguas y tomó el «camino de Africa con la misma serenidad con que hu-
biera tomado el camino del estanco; el Sr. Barrientos ledetuvo cuando ya bajaba la escalera.
— Ya sabe Y., le dijo, que á pesar de su mala conducta, conservo á Gestas gran cariño, por lo cual nada tiene de extraño que me interese cuanto con él se relaciona. Sea Y. franco; de todo lo que deja en Europa, ¿qué es lo que Gestas siente más?
— Sr. Barrientos, lo que más lamenta Gestas es la pérdida del rabo.