Cuentos · Unidad 37 de 58
Unidad 37 · PENSAR k VOCES.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
PENSAR k VOCES.
Después supe que se habia encerrado en una quinta inmediata á Madrid, aislada y en el campo. Aquel retiro, soportado con la mayor constancia en la fuerza de su juventud, y durante más de cinco años, tenía trazas de una monomanía irresistible.
Un dia recibí la siguiente carta:
«Querido Luis: Voy á darte dos pruebas de confianza. La primera te proporcionará una molestia, pues necesito que mo envies un criado de buenos antecedentes y con la cualidad indispensable de ser completamente sordo; la persona en cuya compañía ha de vivir es sordo-muda , y sería conveniente que el criado supiese hablar por señas, lo cual me ahorraria el trabajo de ejercitarle en esa mímica: lo esencial es que sea sordo como una tapia, porque para guardar la casa tengo dos perros cuyo oido es excelente.
)) La segunda prueba de confianza te evitará la molestia de hacer un viaje inútil : como mis criados no oyen á los que llaman , no abren á nadie , pero llegan á mi poder todas las cartas que deposita el cartero por debajo de la puerta, y leeré con satisfacción lo que me escribas.
)) Tu amigo y condiscípulo, — Juan Claro. » II.
No volví á tener noticias de mi amigo en algún tiempo: pero una tarde entró en mi despacho un hombre vestido de negro y me hizo con las manos algunos signos
para mi ininteligibles. Entonces recordé que era el criado que habia proporcionado á Juan según sus instrucciones. El pobre hombre gesticulaba inútilmente: j'o gritaba sin éxito: sus dedos moviéndose en todas direcciones, me parecian garabatos sin idea: en cambio mis palabras se estrellaban en su tímpano de granito. Por fin, hizo un gesto expresivo, bajó la cabeza pausadamente , y abriendo ambas manos , separó los brazos , de un modo tan elocuente, que no pude ménos de comprender su significación. «Paciencia: no nos entendemos», me decia el sordo-mudo en ese idioma universal sin palabras, sin reglas gramaticales, que no admite discursos ni dialectos , ni elegancias , y que tal vez hablaron los hombres en el período prehistórico y sosegado del silencio. Edad oscura en que el tribuno manoteaba en vano ante un pueblo indiferente que le volvía las espaldas sonriendo, y no pudiendo comprender lo que significaban sus desordenados movimientos se alejaba encogiéndose de hombros. Epoca de- franqueza, en que el agraviado demostraba su rencor ensenando á su rival el puño cerrado, y en que el seductor no usaba otros artificios que enviar besos á las bellas con las puntas de los dedos. Edad feliz en que todavía no habían nacido las buenas ni las malas palabras , ni por consiguiente las disputas. Ningún sér rudimentario hacía presentir la aparición entre los hombres del académico de la lengua. Era de adelanto, en que la estaca, asociándose al brazo del hombre con un fin puramente gramatical, dió á los argumentos mayor peso, y más corrección al idioma primitivo. Todas estas reflexiones se agolparon en mi mente
miéntras el sordo-mudo depositaba un legajo de papel sobre mi mesa, y se despedía con una elocuente y bien medida reverencia. Kompí el sobre, la letra era de Juan, y como todo lo que con él se relacionaba excitaba mi curiosidad, leí con avidez su extraña carta.
(( Querido Luis : Has sido y eres aún mi único amigo : tú tienes muchas amistades; no puedo ménos de elegirte €omo depositario de esta confidencia; pero acaso sólo tenga para tí un valor muy secundario, porque otros ocupan mejor lugar entre tus afecciones. Sin embargo, siento necesidad de rehabilitarme en tu corazón, y satisfacerte por las innumerables ofensas que de mí lias recibido: escucha mis explicaciones.
)) Aunque nunca dejaste de ser mi amigo, tus visitas •disminuyeron ; los ratos que pasábamos juntos procurabas acortarlos , y por fin distribuíste completamente tu tiempo, sin dedicarme un cuarto de hora. Los leales desertaban : me encontré aislado y tuve miedo.
» ¿ Qué hay en mí, decia, que me impide tener amigos?
)) Entonces recordé que Descartes, buscando la verdad, se retiró á un lugar solitario por creer que nunca la encontraría en el trato de los hombres , y me encerré como el filósofo, aunque con pretensiones más modestas. Busqué un criado y me aislé en un edificio, cerrando sus puertas para reducir el secreto á un espacio estrecho y descubrirle fácilmente. Deseaba la soledad y no pude conseguirla. Dejé un mundo y me encontré en otro mundo animadísimo , que me entretenía y ocupaba. Nunca estuve solo cuando daba interminables paseos á lo largo de mis corredores ; mi sombra, haciendo alarde de su
elasticidad, giraba en torno mió, desarrollándose ó menguando : el ruido de mis pasos levantaba sin cesar ondas sonoras , que la imaginación me hacía ver ensanchándose y persiguiéndose las unas á las otras : la luz que llenaba el cuarto, la forma de los muebles, los insectos alados, huéspedes incómodos unas veces , otras alegres compañeros, que me distraian con sus bailes y zumbidos é infinitos detalles en que antes no me liabia fijado , producían allí tanto estruendo, tanto movimiento y tanta variedad como en la ciudad más habitada. Esto en lo respectivo al mundo exterior ; dentro de mí se habían multiplicado las ideas y los recuerdos : no tenía tiempo que dedicar al estudio de mi mismo.
)) Mi criado me reveló el secreto de una manera brusca al despedirle.
)) Es verdad que le he estado robando , dijo convicto de fraude ; pero ha sido poco, como roba el mercader mermando el género y aumentando los precios suave-^ mente; esto no es hurtar, sino comerciar : es una prima.
))¿Y te atreves á excusarte? le dije encolerizado.
)) i Ah, señor ! contestó con mansedumbre, todo salario es poco para servir á un amo que nos humilla continuamente sin querer y que nos hace confidentes de todos sus secretos
))¿Mis secretos? ¿he tenido contigo alguna confianza?
))Sin advertirlo, V. tiene la costumbre de pensar en voz alta: y le he estado sirviendo por caridad, y le he sisado sin ensañamiento, creyéndole á V. loco. Señor, oiga V. un consejo desinteresado: en adelante sólo reciba V. criados sordos.»