Cuentos · Unidad 39 de 58
Unidad 39 · FEENANDEZ BREMON.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
FEENANDEZ BREMON.
sura, libre de concurrencia, me parecia extraordinaria. Era la única mujer que estaba al alcance de mis gemelos de teatro ; porque aunque alguna vez cruzaban por la vereda de las tierras inmediatas, criaturas de su sexo, pertenecian á esa que nuestros sentidos juzgan raza híbrida, porque el trabajo y la miseria borran de los rostros las lineas suaves que caracterizan la belleza femenil : raza que pasa repentinamente de la infancia á la vejez,
))¿Quién será esa desconocida? me preguntaba todas las tardes, observándola desde mi balcón detenidamente. Y era tal la costumbre y mi necesidad de verla, que me irritaba contra las nubes cuando, agolpándose en el cielo, amenazaban privarme de ese placer sencillo.
))¿ Me estaré enamorando de esa joven? me decia na sin alarma una tarde en que, maquinalmente, me encontré en medio del campo, siguiendo el camino por donde siempre se ocultaba. Volví el rostro hácia mi casa y encontré á mi criado parado á pocos pasos de mí, el cual me miraba sonriendo.
)) — ¡Tunante! ¿me espiabas? le dije con aire colérico^ •usando el alfabeto mímico.
)) — No, señor, me contestó de viva voz y sin reprimir su sonrisa. Quería darle á Y. noticias de esa señorita.
)) — ¿Quién es? le dije sin pedirle cuentas ya de su espionaje, más antiguo de lo que hubiera sospechado.
)) — No le conviene á V replicó con acento humilde.
)) — ¿Cómo se llama?
)) — Sofía. Al notar que V. la miraba con tanto interés la he seguido, y me he enterado de su estado y su familia: es soltera y pobre: vive con una hermana de su pa-
dre , empleado subalterno de provincia , que no puede mantenerla: la familia es muy honrada ; pero esa joven tiene un defecto horrible.
)) — ¡Habla! le dije, apretándole con fuerza la mano, al ver que se detenia.
)) — Es sordo-muda.»
VI.
((Al dia siguiente la esperé junto al cementerio. ¡Qué emoción tan dulce la mia al acercarme á aquella jóven con la seguridad con que en otro tiempo me aproximaba á las mujeres! Para Sofía yo era un hombre sin defectos. Mis manos sólo expresarian sencillas ideas de amor, como si me valiese de la plama; el cielo me enviaba aquella mujer, que podia ser mi compañera, y vivir siempre á mi lado sin penetrar en el misterio de mi pensamiento.
))E1 idioma mímico necesita laconismo y precisión. Una declaración en los términos usuales sería interminable entre dos amantes mudos.
)) — Amo á V., dije por señas á Sofía, deteniéndola. Sé su nombre y posición. Vivo encerrado y solo. Puede usted hacerme feliz. ¿ Quiere V. que seamos amigos?
)) Esperé con verdadera ansiedad su respuesta. Sofía me miró sonriéndose, y contestó:
)) — Las amistades se forman poco á poco. Sólo puedo decirle que privada por mi defecto de todo trato, me agrada conversar con quien me entiende.
)) Aquel dia no fué Sofía m?ls explícita, aunque estu-
YÍmos hablando por signos cerca de una hora. Me prometió volver todas las tardes, y cumplió su ofrecimiento.
))Era indudablemente la mujer que me convenia. Sus ojos negros y tristes me miraban con amorosa melancolía, bañándome en cariño. Comprendia con extraordinaria rapidez , y existia entre ambos tal corriente simpática, que su rostro se alegraba y entristecía según eran risueñas ó desagradables mis ideas.
» — Es preciso casarnos, la dije un dia. — No, contestó inmediatamente. — ¿Dices que me quieres? — Mucho. — ¿ Por qué te opones? — Yo no te convengo : debemos separarnos.
» Y se le saltaban las lágrimas al decirlo.
»Duró la lucha mucho tiempo. Comprendia que mi riqueza era el inconveniente en que su orgullo tropezaba. Entónces la revelé mi defecto y la necesidad en que me hallaba. "
» — Ser mi mujer equivale á un sacrificio, le decia. Es renunciar al mundo y vivir en clausura. ¿Quieres ayudarme á soportar esta vida solitaria ?
» — Sí, contestó por fin ante aquellos argumentos : me necesitas y voy á ser tu compañera.
))Mi corazón estallaba de júbilo: el tañido de una' campana en la capilla del cementerio, y el canto de los sacerdotes que acompañaban un cadáver , no fué bastante á reprimir la explosión de mi alegría.»
c( No puedes imaginarte las precauciones y el misterio de que hube de rodearme para la celebración del matrimonio, ni mi reconcentración de espíritu para no interrumpir la ceremonia ; sólo pude conseguirlo repitiendo constantemente las palabras del sacerdote; pero mis apuros hablan sido mayores al confesarme. Cuando todo terminó, y los escasos concurrentes desaparecieron, éstos no abandonaron mi casa sin oir con asombro estas palabras : — ¡Gracias á Dios que me dejan YV. solo!
)) ¡ Qué época tan feliz en mi vida , la de los primeros meses de casado ! Sofía sólo tenía para mí sonrisas y caricias: alguna que otra vez únicamente temblaba, y decía tapándome la boca:
y> — Procura distraerte : conozco en el movimiento de tus labios que hablas alto, y tus ojos me dicen que te estás poniendo triste.
)) Su mirada penetrante me espiaba, adivinándome algunos pensamientos: mis ratos de mal humor eran escasos, porque su compañía me hacía feliz : durante cinco años habia vagado solitario por aquellas anchas habitaciones, y entónces tenia siempre al lado mió una mujer prodigándome cuidados, acompañándome siempre, y cuya mano cariñosa me apretaba la frente miéntras sus ojos me miraban con dulce compasión á cada ráfaga de melancolía ó de tristeza.
)) Hallan algunos placer en la variedad tumultuosa: yo prefiero la apacible monotonía de la felicidad que se re-
fugia dentro del hogar doméstico ; aquellos goces aturden y gastan: el otro da serenidad al pensamiento y prolonga la existencia. Yo estaba cansado de luchas con los hombres y conmigo mismo, y me entregaba con encanto á las delicias del sosiego. Nunca he pensado ménos , ni sentido más, que entonces.
)) Un incidente extraño alteró la calma patriarcal que disfrutábamos. La curiosidad de mi criado se habia hecho excesivamente molesta. Atribuyéndola al aislamiento de aquel pobre hombre , toleraba con resignación su impertinente vigilancia. Sin embargó, aquel ojo situado constantemente en el agujero de la llave empezó á serme insoportable , y espiando á mi criado le sorprendí cuando se hallaba de centinela, asiéndole sin compasión de los cabellos.
)) Cerré los ojos con espanto. El cráneo de aquel infeliz habia quedado pendiente de mis dedos. Cuando miré á su cabeza, creyendo encontrar un cerebro desnudo y palpitante, mi sorpresa áun fué mayor al reconocer la calva de mi primer criado, de Francisco.
3) — ¡ Perdón , señor ! exclamó cayendo de rodillas ; la fidelidad me hizo adoptar este disfraz , no pudiendo resignarme á dejar su servicio.
3) Fui inflexible á pesar de los ruegos de Sofía, á quien pidió intercediese para que no le despidieran.
))Sin embargo, cuando Francisco salió de casa, Sofía se arrojó en mis brazos , y me dijo después con señales de terror:
» — Has hecho bien en alejar á ese hombre : guárdate de él constantemente.
)) La contradicción de Sofía y la intervención de Francisco en mis amores nublaron mi espíritu de dudas. )) Sofía lo conoció y rompió á llorar amargamente.»
VIH.
« — Juan, me decia algunos meses después mi pobre mujer, en su idioma silencioso, ¿ pensará también alto nuestro hijo ?
))No contesté, pero aquella pregunta me dejó preocupado.— ¿Qué va á ser de ese niño, si se educa oyendo continuamente los íntimos secretos de un hombre agriado por la experiencia, y se enseña á no callar lo que la sociedad quiere que se calle?
)) — Nuestro hijo debe educarse léjos de mí, dije á su madre.
)) Sofía ocultó el rostro entre las manos, pero sin protestar, como convencida de la necesidad del sacrificio. Blas , el criado que me enviaste , nos miraba estúpidamente, sin explicarse aquel dolor, mudo como su lengua, y mecia entre sus brazos al niño dormido. Yo paseaba hablando, como siempre , y de vez en cuando miraba á mi mujer, cuya frente tenía una blancura enfermiza que me alarmaba. Por fin, alzó Sofía el rostro, y sonrió; pero aquella dulce y resignada sonrisa me dió miedo.
))La salud de Sofía habia ido decayendo al mismo tiempo que mi alegría : la nube de recelos que levantó mi imaginación cuando la salida de Francisco, el monstruo de la sospecha que se habia apoderado de mí, pare-
cia también cebarse en aquella infeliz, cuyas mejillas enflaquecian y cuyas fuerzas se acababan.
» Sin embargo , sus caricias y sus extremos hacia mí, en vez de disminuir, aumentaban á medida que se ennegrecian mis ideas. Yo espiaba sus ojos á menudo para descubrir una mirada traidora, y sólo veia resignación, cariño y sentimiento. Sus lágrimas me hacian daño , y como si lo conociese, no lloraba en mi presencia: sólo más tarde conocí que lloraba cuando yo dormia.
)) Por eso'me quedé un dia helado de espanto al verla cubrir de lágrimas el rostro de su hijo, que estaba en su regazo. ¡Pobre Sofía! Al querer dar al niño el alimento de su sangre, notó que la naturaleza, tratando sin duda de impedir que aquél bebiese la muerte en el pecho de la enferma, habia agotado el seno de la madre.
» Cuando se convenció de su desgracia, estrechó convulsivamente al niño entre sus brazos , y su silenciosa garganta exhaló con voz desgarradora estas palabras: <( ¡Hijo mió !))
)) Después me miró asustada, y tuve que sostenerla entre mis brazos, porque cayó desvanecida.
)) ¡Mi mujer no era muda! Habia fingido hábil y constantemente su defecto , hasta que el amor maternal le arrancaba su secreto. Yo habia sido espiado con esa estratagema y vilmente engañado : la ficción , no me cabia duda, estaba preparada por Francisco, cómplice y partícipe en aquella acción inicua.
» Miéntras pensaba todo esto , habia vuelto en sí Sofía.
)) Codiciaban mis riquezas. Acaso es la amante de ese