Cuentos · Unidad 40 de 58

Unidad 40 · PENSAR k VOCES.

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PENSAR k VOCES.

hombre, dije mirándola con horror; pero mi mujer, levantándose con dignidad, me dijo con voz firme : )) — Ese hombre es mi padre. »

IX.

« No puedo decirte qué me extrañó más en aquel instante: si el verme convertido en yerno de mi criado , ú oir salir pausadamente de la boca de Sofía palabras claras y sonoras. Lo primero me humillaba como esos golpes de Estado que elevan repentinamente á jefe del país al que pocos dias ántes nos tomaba medida del pié para calzarnos. Lo segundo me aturdía como si el Mefistófeles de bronce que sostiene el reloj de mi alcoba abriese de repente los labios y cantase la serenata del Fausto como Vialeti ó como Selva.

)) Sólo entonces comprendí que mi suegro D. Francisco López Vivo y mi ex-criado Francisco López eran un mismo sujeto, y quedó demostrada la inutilidad de ^ los patronímicos (1) para distinguir á las personas: entonces me expliqué la ausencia de mi padre político en mi boda, pues no podia á un mismo tiempo presidir el acto y hacer el chocolate.

(1) No comprendo la abundancia de esos apellidos que no son sino el nombre de alguno de nuestros abuelos : y digo que no la entiendo , porque siendo el patronímico el apellido usual ántes del siglo X, veo que la mayoría de las familias ha ido prescindiendo de ese inútil apéndice del nombre , para ostentar con orgullo el título de una población, el de una provincia ó el mote de alguno de sus antepasados.

)) — No lie querido espepular con tu riqueza , me dijo Sofía, con acento lleno de amargura: mi padre me habia revelado tu triste situación, j compadecida quise conocerte. Me dio lástima verte dando paseos por la casa, hablando en alta voz, pasando con rapidez de una idea á otra, y siempre solitario , á pesar de tu juventud y tu fortuna. Desde aquel dia no dejé de preguntar por tí á mi padre con imprudente interés y sin reserva.

)) — En tu mano está ser rica y dueña de esa casa, me contestó un dia con misterio : no le comprendí al principio, pero en vez de indignarme el plan que me j)ropuso, y que me repugnaba, sólo vi en ello un medio de acercarme á tu lado, y le acepté sin reserva. Crucé ante tu ventana á la hora en que acostumbrabas á asomarte. Cuando me hablaste y oí de cerca tus pensamientos, y comprendí toda la extensión de tu desgracia, vi que necesitabas el apoyo de una mujer desinteresada y de un cariño verdadero. Me sentí con fuerzas para el sacrificio y me resigné á privarme de la voz y de la libertad para traer á tu casa un poco de' alegría. Ademas, quería defenderte de la codicia de mi padre, cuyos ojos no se apartaban de tus bienes. Pero tu compañía es mortal ; ni un solo dia has dejado de sospechar de mi desinterés, ni de atribuirme pdiosas culpas. Yo me decia: — Son malos pensamientos que todo el mundo tiene. — Te he oido burlarte de mi simplicidad algunas veces; recordar todos tus amores; echar de ménos otras mujeres ; pasar revista á mis defectos, quejarte de cansancio, y soñar en otra vida

más feliz y ménos monóton^. Y á pesar de tus desprecios lie callado siempre.

)) No la dejé concluir : me aterraba aquel tormento y me consideraba indigno de tan enorme sacrificio : evoqu é mis recuerdos y bajé la vista avergonzado ante aquella mujer que habia leido todos los misterios de mi alma, y besado mi frente, bajo la cual se revolvian tantos pensamientos criminales.

)) Miéntras la abrazaba con ternura, mi imaginación, en su incesante trabajo , decia sin querer al oido de Sofía:

)) — Soy yerno de mi criado; Francisco me ha casado con su hija, que es un ángel, pero que morirá tísica este otoño.»

«Desde que salió de casa nuestro hijo aumentó la tristeza que se habia apoderado de nosotros, y la enfermedad de Sofía caminó con increible celeridad.

)) — No llega al otoño, decia yo inadvertidamente en presencia de la enferma: sus pómulos parece que se afilan diariamente; su rostro causa miedo; las flores mueren con poesía , pero la mujer se marchita en una forma desagradable; no comprendo la bellezá de la tisis, que sólo ofrece á la vista caras de muerto que nos miran y nos hablan.

)) Durante mucho tiempo luché para que Sofía variase de clima acompañada de su padre, ó sola ó con la persona que eligiera; pero se opuso tenazmente á mi pro-

yecto. ¿Manifesté deseos ^e que no aceptára, me enor-- gullecí con sus negativas, ó demostré desconfianzas ? No lo sé: ¿quién recuerda todas sus ideas ?

)) ¿ Eran éstas las que precipitaban su muerte ? Creo que contribuyeron á aumentar su postración. Sofía perdia sus fuerzas por momentos , oyendo las terribles observaciones que hacía en su semblante: creo que mi convicción de que las medicinas serian inútiles la hizo despreciar toda clase de remedios. Sofía estaba resignada á morir prosaica y oscuramente , que es en la juventud la muerte más heroica. El militar que perece en la guerra, jóven y lleno de vida , sabe, al espirar, que su muerte es bella y gloriosa , y al entrar en acción comprende que, áun cuando su cuerpo sea destrozado por una bala de cañón, sus restos desfigurados serán pedazos de héroe. No hacía mi pobre mujer alusiones á su muerte, ni me pedia flores para su tumba: moria sin quejarse, oyendo palabras crueles y verdades áridas , mezcladas de frases de consuelo y de cariño.

)) Pero una tarde, en que me costó más trabajo que de costumbre llevarla hasta su butaca , no pude reprimir este pensamiento:

y) — ¡Cuánto pesa! ¿Tardará muchos dias en morirse ?

))No puedo recordar sin doloroso remordimiento la mirada que me lanzó llena de melancolía.

)) ¿ Oyó aquellas palabras crueles? ¿ Las oyó en la tierra ó en el cielo?

)) No sé ; porque cuando cogí sus manos para besárselas pidiéndola perdón, estaba muerta.»