Cuentos · Unidad 41 de 58

Unidad 41 · PENSAR 1 VOCES.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

PENSAR 1 VOCES.

XI.

«Estoy solo y no puedo resignarme á vivir en esta casa, donde el recuerdo de Sofía me acusa constantemente. Deseo el bullicio de los hombres , y ni aun me atrevo á ponerme en tu presencia: mi compañía mata ú horroriza. ¿ Soy un monstruo interiormente y un sér excepcional entre mis semejantes ? ¡ Felices los demás hombres, que tienen dón de esconder sus pensamientos.

))Tu desgraciado amigo ,

Juan. ))

XII.

Habia olvidado esta extraña carta cuando un dia se abrió la puerta de mi despacho , y pálida y con el semblante taciturno, apareció la figura de Juan Claro. Quedé inmóvil de sorpresa esperando oir salir de la boca de mi amigo quejas y reproches , y un tumulto de ideas sin conexión y atropelladas. Juan, sin embargo, callaba, y en sus labios apuntaba una sonrisa triste. Abrió sus brazos, y me precipité en ellos diciendo:

— Gracias á Dios que estás curado: ya puedes alternar con tus amigos.

Pero Juan no respondia, y su silencio no pudo ménos de alarmarme.

— ¿Estará loco? dije interiormente.

Juan Claro se sentó junto á mi mesa, tomó pluma y papel y me invitó á leer lo que escribia.

«Si pensases alto, escribió Juan, te verias apurado en este instante , porque el juicio que estarás formando de mi no puede serme favorable. »

Confieso que me ruboricé; yo le creia verdaderamente loco.

(( Te explicaré rápidamente la causa de mi silencio, prosiguió escribiendo mi amigo. Algunos dias después de la muerte de Sofía me avisaron de que mi suegro habia pedido judicialmente un reconocimiento de facultativos , asegurando que yo habia perdido la razón. Mi buen pariente deseaba encerrarme en Leganés , y administrar mis bienes en nombre de su nieto.

)) El apuro era terrible: en el estado en que me bailaba, ningún médico hubiera certificado mi cordura, y urgia evitar aquel peligro, que me privaba de mis bienes y me arrojaba á un manicomio.

)) Tomé un periódico de anuncios , escribí una carta á un médico, y poco después llegaba éste á mi casa, con un envoltorio bajo el brazo.

)) — ¿Trae V. todo lo necesario? dije al facultativo.

)) — Sí, señor, contestó éste al momento. ¿ Es usted compañero mió ó pariente del enfermo ?

)) — Soy el enfermo mismo, dije sacando un revólver y presentándosele al pecho. No tiemble V., amigo; mi lengua está sana; pero me estorba y necesito que la corte usted acto continuo.

» — Es imposible, contestó el médico asustado. Me

propone V. cometer un crimen de que sería responsable ante las leyes y ante mi conciencia.

)) — Caballero, añadí interrumpiéndole, esta casa está aislada y tiene un pozo muy profundo. O se decide usted á operarme ó no vuelve V. á su domicilio.

» — Pero expliqueme Y. al menos la causa de esa

extraña determinación

)) Entónces referí al facultativo la situación en que me hallaba: sin duda me tomó por un monomaniaco, y fingiendo acceder á mis deseos , tomó el bisturí y se dispuso á simular que me operaba.

)) Conocí su intención y naturalmente se enteró también el médico de lo que pensaba , y de que yo no ignoraba los instrumentos necesarios para aquella amputación, ni la precaución de engauchar la lengua, y supo mi resolución de no sufrir sus burlas. Me oyó atribuir á codicia su resistencia, y al propósito de ser sobornado á fuerza de dinero, y se sentó diciendo :

)) — Puede V. matarme; pero no cometo el crimen.

)) — ¡Calle! dije entónces reconociéndole: en buenas manos he caido: este médico es Ñuño, mi antiguo condiscípulo: si no ha presenciado una amputación como la que le propongo, no se determinará á probar fortuna. Su especialidad es repetir todo lo que oye y ejecutar todo lo que ve: es un mono sabio.

)) — Sepa V. que no tolero esos insultos , dijo Ñuño levantándose.

)) — Corte V. ó le levanto la tapa de los sesos, en lo que la facultad no perderá nada.

)) — Pues bien, me decido, dijo el médico preparan-

(lo los instrumentos; pero conste que no es el médico , sino el hombre ofendido el que le corta á usted la lengua. »

XIII.

Juan Claro habia abierto la boca y me enseñaba una cavidad deforme , de la que aparté la vista con disgusto.

«Ahora soy una persona juiciosa, continuó escribiendo el desdichado : los médicos forenses me han dado la razón , y soy más cuerdo que tú , pues tengo la certificación entre mis papeles: mis amigos me aprecian, y hasta Ñuño come una vez en mi casa todas las semanas.

)) — Aquí está el cuerpo del delito, escribió Juan sacando un frasco , dentro del cual se conservaba su lengua entre alcohol.

))Este es el instrumento con que di muerte á Sofía, prosiguió sollozando: ántes no podia vivir éntrelos hombres: hoy todos me buscan y me aprecian; y sin embargo , soy el mismo.

)) ¿ Qué he hecho conmigo? Lo que los gobiernos hacen con la prensa cuando piensa demasiado en alta voz: cortar la lengua á los periódicos. Yo he sometido mi pensamiento á la prévia censura. »

Después guardó el frasco, y escribió estos últimos renglones :

« Sólo alguna que otra vez me estremece el considerar que todos, desde el nacer hasta el morir, para Dios pensamos alto. »

Como mi amigo estaba triste, procuré distraerle, recordándole los dias risueños de la infancia; pero rai'a vez pude lograr en su rostro una sonrisa.

Al cabo de un rato Juan Claro me estrechó la mano y salió de mi habitación llevándose la lengua en el bolsillo.