Cuentos · Unidad 45 de 58
Unidad 45 · FIN DE UNA FUGA DE DIABLOS.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
FIN DE UNA FUGA DE DIABLOS.
{Publicado en La Ilustración Española y Americana en 1873.)
EL CORDON DE SEDA.
(CUENTO CHINO.)
EL CORDOÍ^ DE SEDA.
(CUENTO CHINO.)
El noble Chao-sé era sumamente desgraciado. Sin embargo, su cosecha de arroz habia sido abundante; la flor blanca del té se destacaba sobre oscuras ramas en sus frondosos huertos; sus capullos de seda no podian ser más ricos ; poseia un autógrafo del Emperador en el cual se leia la palabra cheon , ó sea ima credencial de larga vida; y por último j habia visto dividir en diez mil pedazos el cuerpo de su enemigo Pe-Kong, que le habia afrentado cortándole la trenza.
¿Por qué, pues, el noble chino habia mandado dar de palos al ídolo de Fó , cuyo abultado vientre de porcelana yacía en pedazos por el suelo?
Ello es que Chao-sé habia reñido á su antiguo cocinero al presentarle un perro asado que los convidados hallaban exquisito : habia desdeñado una taza de té, no obstante ser Kyson legítimo, y no hacía caso del mono á pesar de sus caricias.
— Señores parientes , dijo Chao-sé con gravedad , después de la comida, á tres chinos respetables que le es-
cuchaban puestos de cuclillas en el estrado. Ya sabéis que pretendía presentar á mi liijo en la corte de nuestro celeste soberano.
El orador y sus oyentes inclinaron sus cabezas hasta arrastrar las coletas por el suelo, y hubo que retirar al mono j porque imitó la acción de aquellos graves personajes. Chao-sé prosiguió diciendo :
— Mi hijo Te-kú no ha aprovechado mis lecciones ; no sabe doblar el cuerpo en diez y ocho tiempos ni conoce las fórmulas inalterables de nuestra sábia etiqueta : ha repudiado á la virtuosa hija de Ling, cuyos piés caben en cáscaras de nueces, y asombraos, amados parientes, desafiado por Chung^ cuyo honrado cuerpo yace en la tumba, rehusó abrirse el vientre, miéntras su adversario espiraba triunfante con el abdómen abierto en toda regla. En esta ignominia, quiero pediros consejo y me someto á lo que resolváis para salvar la honra de mi casa.
— Debéis, ante todo, desheredar á Te-kú, dijo el pariente más anciano.
— Y repartir los bienes entre nosotros, añadió el segundo pariente.
— Y como la reputación está perdida , hace falta una víctima : debéis estrangularos para salvar el honor de la familia, repuso el pariente más lejano.
Estas fueron las decisiones del consejo. Chao-sé sintió un tardío remordimiento de haberlo convocado.
II.
— ¿Qué regalo traéis á vuestra esposa en ese estuche?