Cuentos · Unidad 47 de 58

Unidad 47 · EL CORDON DE SEDA.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

EL CORDON DE SEDA.

ocupado, pero quitándose del cuello el suave cordón de seda. Por dos razones no debo suicidarme. Primera, porque no tengo certeza de resucitar en otro mundo. Segunda, porque si resucito, el poderoso Fó podrá vengarse rompiéndome en pedazos como he roto su estátua.

Volvió á oirse el ruido : no era el mono , sino Te-kü quien lo producia, robando el tesoro de su padre ; la ventana del jardin estaba abierta ; las alhajas brillaban en un saco.

Kin^ indignado, no pudo menos de reprocharle su acción revelándole el estado en que habia puesto á su familia.

Te-kú le suplicaba cada vez más bajo que callase; pero Kin le replicaba cada vez más alto. Por fin , exclamó aquél aterrado y conmovido :

~ Dame el cordón de seda : soy el culpable y me corresponde el sacrificio.

Y ciñéndose la fatal corbata, ató un cabo al hierro de la ventana , se colocó el saco á la espalda para los gastos de viaje y abrazó cariñosamente al cocinero diciéndole :

— Aléjate y cierra la puerta, no quiero que presencies mi agonía.

Kin no tenía en él completa confianza, pero no se atrevió á contrariarle. Miéntras bajaba hácia el jardin oyó un fuerte golpe y una especie de quejido.

— ¿Se habrá fugado?... exclamó Kin con recelo.

El jardin estaba oscurísimo , pero un cuerpo suspendido se estremecia, y entre las sombras, otra sombra más espesa se balanceaba debajo de la ventana.

— Me he evitado un compromiso , dijo Kin respirando con satisfacción y acariciándose el pescuezo. El culpable ya no existe.

Después entró en su cuarto , llenó de opio la pipa y se durmió sobre su estera.

IV.

Al amanecer del siguiente dia, los parientes de Chaosé, vestidos de blanco, luto rigoroso en la China, se presentaron en casa de éste para rendirle los últimos tributos ; pero con gran sorpresa le encontraron también vestido de blanco y en actitud ceremoniosa.

— ¿Estáis vivo ? dijeron indignados los parientes.

Chao-sé explicó entónces sus escrúpulos, el miedo de su esposa, su sustitución por el cocinero y la expiación voluntaria de su hijo. Los parientes, después de una animada discusión, se conformaron.

— Pasemos al jardin, en el que nadie ha entrado todavía, dijo Chao-sé á sus parientes ; descolgarémos el cuerpo de ese desdichado.

La comitiva se puso en marcha , y al llegar al lugar de la catástrofe, todos quedaron estupefactos.

Pendiente del cordón de seda, y moviéndose como una péndola , estaba el cuerpo rígido de un mono.

— No es mi hijo , dijo Chao-sé lleno de asombro.

— Señor, yo le vi atarse el cordón al pescuezo, repuso el cocinero : sin duda el mono se ha llevado la forma de vuestro hijo, dejando la suya en la ventana. Aquí hay algo de magia y el divino Fó se venga.