Cuentos · Unidad 52 de 58

Unidad 52 · PEPE CABAMLIES, ¡M JOSÉ MUm Y m\m DE IISIERS.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

PEPE CABAMLIES, ¡M JOSÉ MUm Y m\m DE IISIERS.

Si el protagonista dc^ mi cuento tiene^ dos^ cabezas', .^^alic/idose^ de^ la regla común, ¿poi° qué esta dedicatoria ha d&o sen para un solo amigo, según el uso general? '-Rompo, pues', la. costumbre^, lo cual me^ proporciona el gusto de-, unir° nombres^ queridosr y hoy algo separados^ po/^ las^ vicisitudes^ de^ la vida, en recuerdo de^ la época grata en que^ cioimos^ tan unidos^.

cKcaso hallen algunos' exagerada la ficción que^ lesr' dedico : no calculan que^ al elegir^ mi asunto pude^ ponej'^ no dos', sino tres' cabezas' sobre^ los' hombros' de^ mi héroe^, como los^ pueblos' que^ en cez de^ colocar^ un, rey , un general ó un plebeyo á su cab?,za, elegían un triunvirato : y aun estuvo d mi arbitrio multiplicar' esas' cabezas' hasta el número der> si'itc, y dai'^ el podef^ á ¿Miguel-^lngel , para quao constituyese^ por> si solo un ¿Ministerio homogéneo. '¡Ello es' que^si hemos' de^ creer- á los' historiadores:', ¿Miguel- il.ng el no es' una creación fantástica : han existido realmcide^ hombres^ y mujeres' de^ dos' y más' cabezas^ U ^i (^'^to dic&s la historia sériamente^, ¿puede^ rechazarse^ el cuento por" absurdo, cuando atestiguan la posibilidad en losr ¿Museos' de^ ciencias' naturales' tantos' felos' bicipites' que^ vivieron algunas' horas', lo cual resuelve^ el /leclto principal , el de, la vidaf ¿N^o negaré, á pesar* de^ ello, la extravagancia del asunto; antes' al contrario, he^ creido asi acomodarme, al gusto general que, exige, á los' autores', para ser ieidos', lo anómalo y deforme^ con preferencia á lo regular y acostumbrado.

(1) Véase la nota i.

MIGUEL-ÁNGEL

(')

Hácia las tres de la tarde , en un dia festivo, y no lejos del Suizo , un pobre autor dramático , cuya última comedia celebraban mucho sus amigos, pero que no atraia gente, miraba con envidia cómo se agolpaba la muchedumbre ante un despacho de billetes, codeándose para tomar vez con tal empeño , que el mismo autor, arrastrado por la multitud y sorprendido con la novedad del caso , se confundió entre el vulgo y compró su entrada como un simple mortal. Esto, ni más ni menos, leian asombrados los transeúntes de la calle de Alcalá:

(( Miguel-Angel, ó el hombre de dos cabezas , cada una de las cuales discurre, mira, oye, habla, come y bebe aisladamente, se exhibe por primera vez y ofrece al 'público su habitación en esta casa.. Precio, 4 reales. »

Semejantes líneas, colocadas de improviso ante el público, le agolparon necesariamente á las puertas del

edificio en que residia aquel monstruo nunca visto. Un hombre de dos cabezas era espectáculo enteramente nuevo para tantos individuos, que apénas se daban razón de tener una; así es que las gentes subian en tropel por la escalera que conducia á la habitación de Miguel-Angel y se detenian asombradas al contemplarle á través de una verja, no atreviéndose á dar crédito á sus ojos. El monstruo en tanto se paseaba por la habitación , alejándose ó aproximándose á la multitud, y cada vez que se acercaba, aquélla retrocedía lentamente por un impulso general é involuntario; los muchachos rompían á llorar, y los recien casados retiraban de la habitación á sus señoras , temiendo acaso la influencia que se atribuye á la imaginación de la mujer, en determinadas épocas, sobre el porvenir de la familia: temor muy natural miéntras no se- hagan averiguaciones exactas acerca del asunto , pues la verdad es que la mayoría de los concurrentes, al examinar las dos cabezas de Miguel-Angel achacaban aquella deformidad á un antojo de su madre, si bien extrañaban que una de las cabezas no fuera de cabrito ó jabalí , tomada al vuelo por la imaginación al pasar junto al escaparate de una fonda. Ello es que los antojos pueden dar resultados funestos: figurémonos que la idea de la fecundidad se fija en la mente de una señora encinta: ¿qué expectativa tan cruel la del esposo, si recuerda que autores graves y antiguos citan el caso de la célebre condesa de Holanda , que en una sola ocasión dió á luz 366 hembras y varones? Asombra cómo la buena señora tuvo caderas para sufrirlo, ni. paciencia el Conde al verse tan multiplica-

do: sin duda en aquel apuro hubieron de habilitarse para nodrizas hasta el jefe de la guardia y el capellán del Castillo, y el Conde y la servidumbre caerían de rodillas pidiendo á Dios que cortase aquel escape de hijos que atribuirian á la gran imaginación de la Condesa.

Y no hemos de culpar exclusivamente á los antiguos por una preocupación , si lo es en realidad , de que participan aún sabios modernos : todavía se respetan con escrúpulo los antojos de las damas : conozco á nn marido que hubo de comprar una berlina á su señora, temiendo que ésta diera á luz un niño que, en vez de piernas y brazos , tuviese cuatro ruedas ; y sé de otro que negó ciertas alhajas á su esposa, por ver si salia su hijo al mundo con un aderezo de brillantes. No es extraño que las gentes atribuyesen la deformidad de Miguel-Angel á un capricho de su madre y se preguntasen unas á otras en qué pensaria la buena mujer cuando produjo tal engendro.

Y eran injustas con el monstruo; pues si bien sus dos cabezas le daban cierta apariencia repulsiva, como á todo lo que se desvia de lo natural , y á alguna distancia hacian el efecto de una sola dividida en dos por un hachazo, y cuyas mitades se unian y separaban por movimientos propios , el cuerpo , considerado en su conjunto, era el de un atleta: sus hombros estaban en proporción con su saliente pecho , y su ancha cintura era, en relación con los hombros , muy estrecha : sus robustas piernas terminaban en gruesos piés, que separaba aún al andar, como los marinos, sin duda para mante-

ner mejor el equilibrio de su cuerpo , modificado á cada instante por la movilidad de las cabezas , por un acto maquinal de contrapeso. Vestia un traje de punto semejante al que usan los volatineros, para que el público pudiese juzgar de su formidable musculatura, la cual era irreprochable. En cada una de sus cabezas llevaba mi gorro de igual forma, pero de diverso color, lo cual indicaba que el sombrerero de Miguel-Angel tenía en él dos parroquianos.

Cuando cruzado de brazos contemplaba á la concurrencia, parecia la estatua de un dios egipcio ejecutada l)or un artista griego, ó una modificación de Jano en traje de toda confianza. En su forma y tamaño ambas cabezas eran tan parecidas y simétricas como los dos brazos de un cuerpo; pero el color de sus ojos y cabellos, la expresión de sus miradas y el gesto peculiar á cada una, las hacian muy diferentes. La fisonomía de la que ocupaba la dereclia era varonil, tenía ojos insolentes , bigote negro y retorcido ; de su boca sallan acentos vigorosos , frases vivas y lacónicas. La cara de la izquierda era más correcta y aniñada , sin bozo apénas sobre los labios, de azules ojos y cabello rubio, voz dulce y simpática; la primera indical)a valor y altanería; la segunda, meditación y reposo; conjunto moral absurdo, unido solamente por lazos materiales.

Sordos murmullos revelaban la impaciencia de la parte de público que , por la plenitud de la sala, tardaba en ver á Miguel- Angel; un clamoreo extraordinario se elevaba cada vez que nuevas oleadas de gente venían á renovar la concurrencia. La cara derecha del monstrua

unas veces sonreía y á veces daba evidentes muestras de disgusto; la otra permanecia distraída y marchaba como quien se deja llevar en brazos.

— ¿Sabes, Angel, dijo al fin la primera, volviéndose liácia la cabeza izquierda, que algunos de los que nos miran harían bien en exhibirse ? Quisiera que me explicase el Doctor Trigémino dónde acaban los monstruos y empiezan las personas regulares.

Una carcajada unánime celebró la irrespetuosa ocurrencia del monstruo , y los espectadores se examinaron unos á otros con curiosidad, sin darse por aludidos ni áun los ménos agraciados.

— Te aseguro, Miguel , que estaba preocupado en cosas muy distintas.

Una algazara descomunal acogió la contestación de la segunda cabeza, no por lo que había dicho, sino por el distinto timbre de la voz y la novedad de aquella conversación sostenida por un solo individuo. Roto el silencio, se oyeron entre el público frases sueltas, diálogos, exclamaciones y chanzonetas más ó ménos ingeniosas.

— ¿Lo ves ? Tienen dos nombres: uno se llama Miguel y el otro Angel , decia una señora á su marido.

— Esa no es razón: yo me llamo Juan Antonio y soy un hombre sólo.

— Pero sí tuvieras dos cabezas

— Me ahorraría secretario , cantaría dúos , comería á ouatro carrillos, y no nos haría falta tu primo para nuestra partida de tresillo.

En otro grupo exclamaba un diputado :

— Este elector, ¿tendrá dos votos?

— Si es ministerial, no hay duda, contestó un alcalde: siendo de oposición, el caso es discutible.

— ¡Eh, Sr. Miguel! ¿Quiere V. un polvo? decia un individuo presentando su tabaquera al monstruo.

— ¡Papá! se expone V. á que le insulten, deciá una señorita al de la tabaquera.

— Hija, déjame averiguar lo que hace la cabeza de la izquierda cuando estornuda la contraria.

— Eso no tiene qué averiguar : cuando una estornude,, la otra dirá ¡Jesús!

Gracias á la amabilidad de Miguel, y acaso á los lindos ojos de la niña, se pudo hacer la prueba : Miguel estornudó dos ó tres veces, miéntras su compañero sufria una especie de hipo y le suplicaba que no tomase mástabaco.

Uno de los espectadores, animado por el ejemplo,, presentó también su petaca que sólo contenia dos cigarros. Las dos cabezas saludaron, y cada una de las manos tomó un puro. El fumador, contrariado, dijo entre dientes, al ver que con un mismo fósforo encendian sus dos. cigarros á la vez :

— Si todos los fumadores tuviéramos dos bocas , la. renta duplicaria. Contando , añadió , con que los administradores tuvieran una sola.

— Me ha mirado el de la derecha, decia una muchacha á otra.

— Y á mí el de la izquierda, respondía su compañera.

— Pero dicen que sólo tiene un corazón.

— Y con un hombre así no puede haber secretos.

Las dos muchachas se alejaron riendo, y en tanto un niño de cinco á seis años preguntaba señalando á Miguel-Angel:

— Mamá, ¿cuál de las dos cabezas es la suya?

Una campanada anunció que las horas de exhibición habian terminado. El público desalojó el local con pena, y sólo quedó el autor dramático, el cual, acercándose á Miguel- Angel, le rogó que le escuchase.

— Mañana tendré un lleno completo, decia poco después el poeta bajando precipitadamente la escalera. Salió á la calle, y derribando transeúntes, llegó á la contaduría del teatro.

— Es preciso, dijo allí, poner esta nota con letra grande en los carteles :

El hombre de dos cabezas honrara con su presencia LA FUNCION.

II.

Veintiséis años ántes de ocurrir la escena referida, la partera de un pueblo no lejano de la córte , vista la ineficacia de su ciencia para auxiliar en un trance difícil áuna de sus favorecedoras, hizo llamar al cirujano, con harto sentimiento por proporcionar un triunfo á su rival. El profesor entró radiante en la alcoba de la enferma, sin dignarse mirar á la humillada comadre, de la cual hablaba siempre en rencoroso diminutivo, llamándola entre sus convecinos comadreja.

Una hora más tarde , agotados inútilmente los recursos de la obstetricia, el cirujano pidió el auxilio del médico con toda urgencia. La partera misma, gozosa con el fracaso de su rival, corrió en busca del facultativo, partidario del sistema expectante , por pereza natural ó por mala voluntad al boticario; el médico almorzó tranquilamente confiando en la naturaleza, leyó un artículo de La Postdata, j se encaminó muy despacio bácia la casa de la vecina, adonde llegó cinco minutos después de su fallecimiento, quedando irresponsable de la catástrofe, que se atribuyeron mutuamente el cirujano y la comadre.

Hecha la operación cesárea, los parientes y vecinos de la difunta se hicieron cruces al ver envuelta en un lienzo, y llorando en dos tonos, una criatura de dos cabezas, cuyo robusto cuerpo y extraordinario desarrollo rehabilitó á los desgraciados profesores. Inútilmente se buscó nodriza para el monstruo , pues ninguna se determinaba á ser absorbida por aquellas dos bocas , ni á criar una sola de las cabezas. En tal apuro , el médico consultaba con mucha calma sus autores favoritos, miéntras el cirujano, asegurando que no podia vivir aquel sér imperfecto, proponía sumergirle en espíritu de vino y enviarle al Museo de Madrid.

Los gritos de la criatura fueron tales, que determinaron al médico á tomar una resolución. Habia leido en una obra de Frank, entónces muy en boga, que cuando es preciso criar á los niños con leche de animales, debe elegirse la de aquellos cuyas inclinaciones corrijan el temperamento y las condiciones de las criatu-

ras, por lo que Ball exarde recomienda- la leche de cabras á los pueblos del Norte , y á los italianos la de vacas. En vista de esto y la impaciencia con que pedia el monstruo su alimento , determinó el médico criarle con leche de burra , animal sosegado y cachazudo. Le hizo, sin embargo, desistir de su propósito una nota que encontró en el mismo volumen, en la cual se asegura que esta clase de lactancia influye en las costumbres futuras de los niños, citándose el caso de un señor muy juicioso criado por una cabra, el cual saltaba y brincaba cada vez que se hallaba solo. El facultativo mandó retirar la pollina que habia hecho traer para nodriza, temiendo que el niño cocease en la escuela á sus maestros , mereciese por su desaplicación las tradicionales orejas de asno ó diese en comer los asientos de las sillas; y encargó á la comadre que alimentase al monstruo como pudiera, lo que equivalía á fiar su nutrición á la naturaleza.

Contra la previsión del cirujano, el niño prosperó rápidamente , y sólo fué tardío para andar y lento para correr, haciéndose respetar entre sus camaradas , gracias á sus poderosos puños, que de un golpe derribaban á un muchacho. La gente del pueblo, á quien su venida al mundo habia escandalizado , se acostumbró por fin á verle; el maestro de escuela le facilitó la primera educación mediante dobles honorarios; el barbero sonreia cada vez que le encargaban cortarle el pelo, y sólo se consideraba perjudicado el zapatero, que hubiera preferido para su parroquiano cuatro piés á aquellas dos cabezas.

Miguel- Angel, horror del vecindario en un principio, ué luégo para el pueblo título de orgullo, pues no habiendo allí ningún edificio histórico, ni una iglesia notable, ni un montón de piedras grandes que atribuir á los celtas, para enseñar á los forasteros, Miguel-Angel era presentado como la curiosidad del pueblo, y por cierto que no hubieran producido mayor impresión en los recien llegados ni la gruta de Fingal ni las pirámides de Egipto. Esto daba á Miguel-Angel una importancia y superioridad que envidiaban los demás muchachos, muchos de los cuales hubieran dado cualquier cosa por ser monstruos.

Pronto hicieron los vecinos del pueblo distinción de los dos individuos que componían el monstruo, descomponiendo su nombre y llamando Miguel á la cabeza de la derecha, y Angel al muchacho representado por la izquierda, determinando con el nombre de Miguel-Angel al grupo formado por los dos. Contribuía á la distinción la semejanza de uno con la fisonomía de su padre y la del otro con el escribano del Juzgado, así como la diferencia de caractéres. Miéntras Miguel, ó sea el que ocupaba la derecha, tenía gran iniciativa física y era el principal dueño del cuerpo, á quien su voluntad daba movimiento, Angel, perezoso é indolente, seguía mecánicamente sus impulsos. Con este sistema, fortalecido por la costumbre , la armonía era perfecta ; alguna vez, muy de tarde en tarde , un suceso alteraba las buenas relaciones del grupo, y entonces solía empeñarse una lucha rápida, cruel y extraordinaria ; ambas bocas se dirigían improperios ; las manos golpeaban alternativamen-

te los dos rostros, pero especialmente el de Angel; el €uerpo se tambaleaba j caia por el suelo, rompiendo en una convulsión, como si dos juegos de nervios ó dos fuerzas contrarias luchasen entre sí en todos los músculos del cuerpo; el cansancio, agotadas las fuerzas, producia ■el sueño ; tras el sueño venía la concordia.

Angel, aunque carecía de actividad, tenía, por decirlo así, la dirección moral del cuerpo, como más meditador y aplicado ; reinaba, y Miguel era el poder ejecutivo ; éste, á vivir aislado, no hubiera hecho gran progreso en sus estudios ; pero tenía que aprenderse las lecciones para no ser gravoso al pobre Angel, porque el maestro no podía hacer distinción de individuos al aplicar ciertos castigos ; más de una vez sucedió que sabiéndose Angel la lección, tuvo que sufrir los azotes dirigidos á su hermano; es verdad que el maestro, para conciliario todo, recurrió al medio ingenioso de colocar una corona de laurel en la cabeza de Angel miéntras duraba la azotaina, pero los quejidos de éste demostraban que la honra de ser coronado no compensaba el dolor de los azotes.

A los quince años Miguel- Angel era el asombro de toda la comarca : disparaba á un tiempo dos pistolas introduciendo las dos balas en un mismo agujero ; en las funciones de iglesia servia de tenor y de soprano ; escribía á la vez dos cartas diferentes , y podia simultáneamente rezar un credo y resolver una charada. Su dualismo, reconocido por el público, le permitía sin sorpresa de nadie llevar un bastón en cada mano, tomar dos velas en los entierros, hablar en voz alta consigo mismo,

y hacer un favor y un disfavor á una persona, sonriendo con una cara y haciendo con la otra su mueca más burlona. Podia estar á un tiempo triste y alegre, hablador y callado, impertinente y comedido, y sucedió muchas veces que miéntras Miguel paseaba, Angel iba roncando por la calle.

Todas estas ventajas habian dado á Miguel- Angel gran idea de sí mismo, pero una conversación que tuvo con su padre desvaneció sus ilusiones.

Roque Bieldo, traficante en granos, era el padre de la criatura: antes de la muerte de su mujer pasaba en el pueblo la mayor parte del año. Al regresar de una desus excursiones le anunciaron que habia quedado viudo^ noticia que oyó con la mayor resignación ; pero cuandose acercó á la cuna de su hijo, de quien nadie se habia atrevido á hablarle, y vió dos cabecitas descausando sola almohada, lleno de júbilo alzó las sábanas para estrechar uno por uno á entrambos angelitos.

— ¿Por qué han fajado juntos á estos niños? dijo llenode sorpresa al encontrarse con un solo envoltorio.

— Porque no tienen nada más que un cuerpo, responpondió tímidamente la comadre.

— ¿Qué dice usted?

— Que aunque parecen dos niños, son uno solo.

— Señora : estoy viendo dos cabezas

Y Bieldo desenvolvió temblando los pañales : cuando se convenció de la triste realidad, dijo á la comadre consternado.

— Tape V. , tape V. ese fenómeno y encargúese de él^ para lo cual le remitiré lo necesario.