Cuentos · Unidad 53 de 58

Unidad de lectura 53

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Desde aquel dia Eoque vivió fuera del pueblo, al cual sólo visitaba dos ó tres veces al año, á horas en que estuviesen dormidos los vecinos; las gentes aseguraban que se escondia avergonzado de su obra. Durante algún tiempo abrigó la esperanza de que la naturaleza resolviese una de las cabezas, como se resuelve un lobanillo; pero al ver que esto no sucedia, y que el niño iba á ser hombre, se decidió á hablarle por primera vez y darle un buen consejo.

— Hijo mió, le dijo sin preámbulos ; en este pueblo no tienes porvenir, y si vas á la córte tal como estás, corres el riesgo de ser apedreado. Para aspirar á una carrera, necesitas resignarte á una operación indispensable. Elige la cabeza que conozcas que te sobra, y haré venir al operador más hábil para que la extirpe ; y no tengas recelo, que hoy se abre el cuerpo humano sin dolor miéntras está dormido, se trasiega la sangre de un cuerpo á otro, y se sacan y vuelven á meter las entrañas como quien pone y quita lana en una funda.

Miéntras Roque hablaba así, temblaba todo el cuerpo de Miguel-Angel, y cada una de las cabezas temia ser segada de su hombro.

— Padre mió, dijo Angel tímidamente. Usted no repara que somos dos sus hijos, y que esa operación producirla la muerte de uno de nosotros.

Miguel no quiso callarse, temiendo que el silencio le costase la cabeza.

— ¿No sería más fácil, añadió, ó por lo ménos útil^ que en vez de quitarnos la cabeza sobrante, nos añadieran el cuerpo que nos falta?

— Eso es imposible, respondió Roque suspirando : el arte de cortar lia adelantado mucho, pero en lo que toca á añadir, no hay quien sepa hacer crecer un solo dedo. No quiero molestaros, pues veo que discurrís bien y sois dos en efecto : os enviaré libros y periódicos para que sepáis lo que es el mundo.

Esta conversación dió á Miguel- Angel la idea de su deformidad. Se retrajo del trato de las gentes, dedicándose á la lectura. El retraimiento, disminuyendo la familiaridad de los vecinos, aumentó su importancia de tal modo, que sabiendo aquellos su gran aplicación, tuvieron la idea de nombrarle diputado á Córtes, calculando lo que podría brillar en el Congreso un diputado con dos lenguas.

Por desgracia, ambas cabezas no estaban conformes en política ; Miguel era corresponsal de La Discusión^ periódico republicano, y Angel se carteaba con D. Vicente La-Hoz, director de La Esperanza : para mayor desgracia aún, ya 'se había Miguel- Angel declarado monstruo oficialmente cuando la alianza de republicanos y carlistas pudo haber asegurado su elección en el distrito. La causa de exhibirse fué debida al entusiasmo de un médico famoso y á la necesidad de recorrer el mundo sin causar escándalo y sin que se juzgase atrevimiento su entrada en la sociedad. Elegido diputado, acaso la indignación pública le arrojaría de las Córtes, aunque las leyes no prohiben que el país esté representado por un monstruo. Introduciéndose en el mundo de una manera modesta, podía aspirar á todo, quizás al matrimonio, acaso á la presidencia del Congreso.

Eoque Bieldo, buscando siempre remedios para la deformidad de su hijo, habia consultado al Dr. Trigémino, sabio especialista, cuyo gabinete de Teratología era el más rico en deformidades y anomalías que se conocía en toda Europa. Apénas supo el Doctor la existencia de aquel monstruo soberbio, tomó el camino del pueblo, y no pudo ménos de arrojarse en brazos de Miguel-Angel, besando con efusión ambas cabezas.

Cuatro dias duraron sus experimentos en aquel cuerpo, interrumpidos á cada instante con frases de admiración.— ¿Y á esto llaman un monstruo? — repetía auscultando su pecho ó comparando las proporciones de sus piernas y brazos. — ¡Tiene la sensibilidad de una dama! — exclamaba al oír los gritos de dolor de Miguel-Angel cuando le picaba la piel con una aguja; y sonreía ante un descubrimiento ó apretaba convulsivamente el bisturí cada vez que se le ofrecía alguna duda, como queriendo aclararla acto continuo en el cadáver. Miguel- Angel temió más de una vez ser hecho pedazos para que quedasen en descubierto la tráquea ó los pulmones : por íin, el cruel Trigémino le dejó, aunque prometiendo continuar sus estudios y escribir un volúmen en su elogio.

— ¿Y cuánto tiempo piensa V. dedicar á nuestro cráneo? le preguntó Miguel cuando se despedia.

— Mi vida no será bastante para concluirlo, contestó el sabio alejándose : pensaré, soñaré con Y. y le estudiaré constantemente.

El gabinete teratológico del Dr. Trigémino era un extravagante y rico museo en que sólo se admitia lo irregular y lo deforme. Columnas vertebrales en forma de S; cráneos humanos de hechura de calabazas; fetos sin cabeza; cabezas nacidas sin cuerpo; tibias arqueadas; cráneos de animales que parecian arrancados del esqueleto de un filósofo, y ejemplares de todas las deformidades y anomalías á que la ciencia concede un nombre griego: por una extraña coincidencia, debida al uso, en aquel gabinete hasta las sillas eran cojas. Habia en las paredes huesos absurdos colocados á manera de panoplias, aves zancudas que tropezaban con el techo, y culebras extrañas enroscadas como los serpentones de las murgas. Frascos rotulados contenian, en alcohol, embriones de seres imperfectos , que parecian habitantes de otros mundos , llegados al nuestro por haberse equivocado de planeta, ó caprichos de Goya copiados al natural en carne y hueso. Era la exageración de lo real coincidiendo con la exageración de lo fantástico.

— Es indudable, decia el Dr. Trigémino, examinando las fotografías. Miguel-Angel es el tipo de una nueva especie. Los seres imperfectos que hay en mi colección no son productos inútiles de la naturaleza, sino ensayos que hace y tacha , intentando nuevas creaciones. Tienen razón los geólogos : hay en la formación de las especies «un desarrollo gradual, una progresión de lo simple á lo compuesto , una serie ascendente de sis-

temas vivientes cada vez más complicados ó perfectos )) (1). Hubo un tiempo en que el rey de la creación era el molusco ; después reinaron alternativamente todos los animales, y el hombre llegó al fin, después del reinado frivolo del mono. Miguel- Angel es un nuevo peldaño en la escala geológica , el primer representante de la nueva dinastía; si no se ha adelantado á la época en que ésta debia aparecer sobre la tierra , es el Adán de su linaje; en cuyo caso , es de toda precisión dar una Eva al patriarca de los hombres dobles: dichosa la madre de esas nobles criaturas que han de dominar nuestro planeta.

Y el docto naturalista cayó en una meditación geológico-fantástica , en que vió la tierra poblada de hombres dobles, triples y áun múltiples, que lucian sobre sus hombros tupidos ramilletes de cabezas.

Cuando Trigémino volvió en sí, su hija Perfecta examinaba con atención las dos fotografías, que eran los retratos separados de Miguel y de Angel. Los sabios amoldan con facilidad todo lo real á sus sistemas puramente imaginarios. Convencido de que Miguel-Angel era una criatura superior, habia concebido por cariño paternal el ambicioso proyecto de convertirle en yerno suyo. No pudiendo tener la honra que envidiaba á Roque Bieldo , de ser el padre de los hombres policéfalos, quería ser por lo ménos el abuelo. Pero no atreviéndose á aventurar de un golpe la realización de sus planes, mostrando de repente á Miguel- Angel, ideó una

(1) J. PizzETTA , El Mundo antes del Diluvio,

manera prudente de presentársele á su hija por entregas, como hacen los editores de novelas monstruosas. De aquel modo, en vez de contemplar un grupo extraño , recibiria la impresión que lógicamente debian producir dos retratos tan interesantes en la imaginación de una niña obligada á vivir entre monstruos.

— Le gustan los dos, decia para sí Trigémino, observando á su hija, y vacila en la elección. ¡Qué sorpresa la. suya, si supiera que una niña regular puede ya tener dos novios sin escándalo !

— Guarda en tu álbum esas tarjetas; añadió en voz alta; ahí estarán mejor que en mis colecciones.

— ¿Quién lo duda? respondió vivamente Perfecta; sería una ofensa colocarlos entre esas fealdades.

— Hija, nada es feo en absoluto. Los egipcios representaban á sus dioses en formas que hoy parecerían grotescas : solian poner á Osiris cabeza de Lobo : en el abdómen de Hericton nacia una serpiente: la Esfinge era un león con cabeza de mujer. Yo veo en esa tendencia de los pueblos antiguos, de los cuentos y de los sueños á modificar la forma humana un presentimiento de que se ha de reformar, y han de nacer hombres y mujeres más perfectos; acaso con dos ó más cabezas

— ¡Já, já!

— ¿Te ries de mi idea?

— No, me rio del mucho tiempo que emplearían las mujeres en peinarse.

— Loca, loca; tienes poco juicio y esto me preocupa por la suerte futura de mi Museo; voy siendo viejo y no piensas en tomar estado

— ¿Quiere V. que elija entre los sabios amigos de usted que sólo tienen algunos dias de vida?

— Nada de eso; quiero un hombre que tenga doble vida si es posible.

— Sólo vienen, ademas, á esta casa los clientes de usted , que cada uno tiene en su cuerpo una rareza. Ya es un hombre con diez dedos en cada mano

— Un polidáctylo, en efecto.

— Otro con el labio partido

— Que llamamos labio de liebre.

— Y otro con un bulto enorme en la cabeza

— Hernia cerebral ó encefalocelia.

— Y luégo únicamente visitamos el Museo de Historia Natural, el Botánico y los leones del Retiro; sólo estamos cumplidos con las fieras.

— Pues bien; hoy estoy contento, y mi cariño hácia tí se ha duplicado; irémos al teatro; ¿no hay anunciada alguna función monstruo ?

Trigémino tomó el sombrero y salió á la calle muy alegre , y miéntras su hija repasaba las fotografías de aquellos jóvenes tan diferentes y tan bellos , el Doctor, continuando sus fantasías , llegaba de una en otra á un mundo ideal en que los maridos tenian alas y las mujeres raíces que las clavaban en el suelo de sus casas.

IV.

El teatro estaba lleno de gente , pero sólo atendían á la función el doctor Trigémino y su hija, que, por no perder el dinero gastado en el teatro-, hacían esfuerzos

de voluntad para que les gustase la comedia. Encima de su palco habia uno vacío , al cual se dirigían todas las miradas, y en el de enfrente, un caballero muy cumplido y servicial , contribuía cortesmente al aburrimiento de una dama.

— Tengo ganas de conocer al hombre doble; dijo ésta.

— ¡ Ay, Blanca ! contestó aquél ; al oir á V., lamento ser un hombre tan sencillo. Quisiera ser Eng ó Chang, €S decir , uno de los hermanos siameses.

— ¿Es verdad, Carrillo, que se casaron en NuevaYork con dos hermanas?

— No lo sé de cierto; pero ese matrimonio debió empezar por una separación para no herir las conveniencias. No siempre han de ser criticables los matrimonios desunidos.

Un gran murmullo interrumpió en aquel instante la representación; muchas personas se levantaron de su asiento, y sonó un aplauso estrepitoso al ver á MiguelAngel de pié en su palco y saludando simétricamente al público con sus dos hermosísimas cabezas.

— ; Que salga! ; Que salga! gritaban los espectadores que desde su localidad no podian ver al monstruo.

El autor de la comedia creyó que el numeroso público reunido aquella noche hacía ya justicia á su talento, y se presentó en el escenario haciendo cortesías.

— ; No es á V. I gritó una voz en las galerías.

— ¡ Fuera ! ; Fuera ! repitió el pueblo con saña. Aterrado y descompuesto retrocedió el poeta sin acertar con la salida.

— ¡ Que se mete V. por un espejo !

El autor encontró al fin una ventana, y se arrojó.

— ¡Que salga Miguel- Angel ! vociferó la multitud.

— |Sí, que le veamos todos! La confasion era espantosa.

— ¡ Es hermosísimo ! decia Blanca entusiasmada. ¿Y -cree V. que ese hombre ame á una mujer sola?

— No me parece lo probable, contestaba Carrillo : lo ménos que se le puede conceder es un amor distinto por cabeza.

Trigémino y Perfecta, que no sabian la causa de aquel horrible estruendo , hallaron la explicación viendo á Miguel-Angel salir al escenario entre bravos y palmadas. El Doctor le saludó con entusiasmo , y la niña, al reconocer en aquel monstruo los dos rostros que había admirado separadamente, quedó aturdida, como la mujer que tiene dos. amantes y por primera vez los ve del brazo. Los examinó con espanto mezclado de alegría. Después se acostumbró.

El estruendo proseguía, y la curiosidad era tanta, que una parte del público saltó á las tablas, y el escenario se cubrió de gente en un instante. El vocerío era insufrible, y grandes las protestas de los que no podían ver á Miguel- Angel , que se encontraba oprimido y sofocado. Por fin hizo un esfuerzo, la muchedumbre retrocedió, y dejó desierto el escenario. En medio de él se erguía Miguel-Angel, sosteniendo en sus brazos á uno de los curiosos , á quien depositó suavemente en uno de los palcos inmediatos.

Aquel alarde de fuerza fué acogido con exclamaciones entusiastas. Aplaudía hasta Perfecta.

— ¡Que hable, que hable Miguel- Angel ! gritaba sin. cesar la concurrencia.

— Habla tú primero, dijo Miguel á su hermano en voz muy baja.

— Como quieras, respondió Angel; el público parece preparado en nuestro favor, y aplaudirá cuantos dispa^ rates le digamos.

Y adelantándose hacia la orquesta, reclamó la atención del auditorio. Este enmudeció esperando un dúo de discursos. Miguel- Angel se habia captado el respeto del público; sólo faltaba obtener su simpatía. Angel dijo con su acento más suave :

— ¡ Oh , señores ! ¿ Cómo agradecer tal acogida? Creiamos ser recibidos con desden, y nos prodigáis vuestros aplausos : temimos el aislamiento de quien se exhibe como una curiosidad, y nos convidáis á vivir socialmente con vosotros. Nuestra doble naturaleza nos impone dobles sacrificios y deberes. Cedemos, pues, á los pobres las cantidades recaudadas al exhibirnos, lo que hicimos solamente para ejercer la caridad.

El público, que le habia escuchado con asombro é interés , aplaudió con frenesí.

— Acepten nuestro concurso las asociaciones caritativas. Renunciamos por un mes á la libertad, declarándonos esclavos de los pobres y propiedad de la Beneficencia.

Y los aplausos redoblaron : Miguel , electrizado también con la ovación, reclamó su atención con la mano derecha, y dijo con acento vigoroso:

— Mi hermano olvida que también nos debemos á la