De Madrid a Nápoles, pasando por París, Ginebra, el Mont-Blanc · Capítulo real 4 de 9
CAPITULO V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 91 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO V.
EL VENETO.
Adiós á la Lombardia. — Ll lugo de Garda.— La frontera austríaca. — Italiuuos y lúdeseos. —La policía.— Ll cuadrilátero. — Vcrona. — Noche lúgubre.
Son las once de la mañana del dia 2 de noviembre. Las campanas tocan á muerto.
Vengo de recorrer algunas iglesias, y en todas ellas se alza un fúnebre catafalco.
La población de Afilan , sin distinción do clases , so halla al pió de los enlutados altares , rogando por los difuntos.
Nobles y elegautes damas, graves ancianos, bellísimas jóvenes , tiernos infantes, todos vestidos de negro, van de un templo a otro en sus lujosos carruajes á ofrecer todo género de sufragios por el reposo eterno de sus finados queridos.
Yo creo adivinar la razón por qué asto año son tantos y tan ilustres los nrilaneses que están de duelo.
En la campaña del verano [tasado, la flor de la juventud de Milán murió luchando contra el Austria.
Y es que aquí la revolución no fue la obra de un partido, ni la tiranía de la gente descontenta y revoltosa sobre la pacífica y acomodada. Fue un alzamiento general , capitaneado por la aristocracia , secundado por todas las clases ; en que el príncipe y el obrero pelearon como simples soldados; en que los caballos habituados á lucir en el Corso -Francesco fueron á caer con sus donosos gineles en los campos de batalla ; en que los elegantes carruajes de las damas milanesas estuvieron siempre á disposición de los pobres heridos.
Todo el mundo recuerda aquel regimiento de caballería , compuesto de vo-
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luntarios pertenecientes á la primera nobleza lombarda , que fue abrasado por la metralla en la llanura de Pallestro...
Las lágrimas que hoy vierten las primeras familias de Milán , responden á la sangre de aquel dia...
I Gloria y honor á tan insignes mártires!
Tales son mis últimas impresiones al penetrar en la estación del ferro-carril que ha de llevarme en cuatro horas á la frontera del Véneto , al terrible Cuadrilátero—El drama de anoche y los enlutados de hoy han depositado en mi corazón no sé si miedo ó aborrecimiento al Austria. .. Ello es que no emprendo este viaje sin cierta emoción , sin cierto sobresalto. Paréceme que voy á entrar en pais enemigo; que voy á tomar parte en una batalla; que voy á atravesar un país salvaje , contra cuyas hordas no son garantía las leyes de la sociedad .
H. de Y.— calma mis poéticos temores, diciéndome que él habla alemán, conoce perfectamente el Austria y sabe que mi condición de español me evitará el espionaje y las molestias que encuentran otros viajeros al entrar en el Veneciado.
Estas seguridades me desesperan. — Yo quería drama.
— \Partenza\ grita al fin un empleado del camino de hierro. ¡Treviglto! ¡ Bérgamo! ¡Brescia! ¡Pescltiera! j Verona! ¡ Vicenza ! ¡ Padua ! ¡ Venecia !
Y un aluvión de viajeros deja los salones de espera y toma por asalto el tren...
Estamos en marcha.
Hace un dia magnífico... — Se diria que el buen tiempo está vinculado al cielo de Italia. Ha principiado noviembre , y ni la atmosfera pierde su sereno azul, ni los campos su verdura.
La comarca que recorremos es deliciosa. Innumerables palacios campestres (villas) se ven á la falda de suaves colinas pobladas de árboles y viñedos. La llanura empieza á rizarse y á ondular. Algunos riachuelos bajan del Norte, abriéndose camino hácia el lejano Po, al través de las fértiles campiñas.
Asi pasamos por delante do Liniío, Melzi, Pecco y Cassano , pequeños pueblos, y estaciones del ferro-carril.
Luego llegamos á las márgenes de un gran rio, y lo atravesamos por un soberbio puente de seis arcos.
Es el Adda.
El Adda es la segunda de las ocho trincheras naturales que defendían al difunto reino Lombardo- Véneto ; la segunda línea; la segunda paralela.
En este pais tan llano, los ríos constituyen las posiciones militares. ¿Quién no se acuerda de haber leido el año pasado en los partes de la guerra: «Los aliados han vadeado el Tessino... Los austríacos se han visto obligados á pasar el Adda... Los franceses se hallan sobre el Oglio... Los austriacos han abandonado la línea del Mincio... Napoleón y Víctor-Manuel están ya sobre el Ailige. . . »
Pues esto consiste en que el Tessino, el Adda, el Serio, el Oglio, el Mella, el
DE MADRID A ÑAPOLES. 279 Chiese, el Mincio y el Adige bajan casi paralelamente del Norte á buscar el Po, partiendo en zonas estratégicas la Lombardia y el Veneciado. (El Adige tuerce á Levante antes de llegar al Po y entra por si mismo en el Adriático.)
A poco de pasar el Adda , que es la derivación del lago de Como , llegamos á Treriglio, graciosa ciudad de 10,000 habitantes, á cuyas puertas permanecemos tres minutos.
Desde Treviglio hasta Bórgamo el Ierro-carril deja de dirigirse al Este y sube hacia el Norte hasta llegar al píe de los moni es de la Valtelina , hijos de los Alpes tiroleses.
Pero hé aquí Bérgamo , patria del ilustre Donizzetti , y patria también de Arlequín, del bufón clásico de Italia.
Bérgamo es una capital muy importante y muy rica ; pero nosotros nos habremos de contentar con verla por fuera, asentada en anfiteatro sobre verdes colinas y bañada por el Serio y por un confluente suyo.
En cambio podemos solazarnos en contemplar el frondosísimo territorio que se estiende á sus pies, y que es acaso el mas feraz y pintoresco que hasta ahora he visto en Italia.
¡Qué inmensos bosques de árboles frutales ! iQuó numerosos ejércitos de olivos ! j Cuantas amarillentas vinas ! ¡ Qué graciosas aldeas ! ¡ Qué profusión de cristalinas aguas! ¡Qué perfumado ambiente! ¡Cuántos ganados en las laderas de los montes! ¡Qué poéticos tragos los de la gente campesina! ¡Y qué zagalas, medio italianas, medio alpestres, con sus cabellos negros y su corpino rojo, vienen á ofrecer á los viajeros cujua limone, aramia e cedrato!...
Pocos minutos después de abandonar á Bérgamo , cruzamos el Oglio , que baja del Lago de I seo.
Luego pasamos por delante de los alegres pueblecillos de Palazzmlo , Coccaglio y Ospitaletlo , señores de algunos valles tapizados de vides, hasta que hacemos alto en frente de la antigua y heróica ciudad de Brescia.
A la vista de sus viejas murallas , recuerdo á Carmagnola, el ilustre enemigo de los Visconti , el osado general , el servidor de Yenecia , víctima de la feroz ingratitud del Consejo de los Diez.
Y el nombre de Carmagnola me lleva naturalmente á pensar en la famosa tragedia de Manzoni , y pone en mis labios aquellos sublimes versos con que el gran Condottier, sentenciado á muerte, trata de consolar a su esjiosa y á su hija:
¡La niorte!... II piu iTudel nemico altro non puote che accelerarla— ¡Oh! gli uomini non iiaiino inventata la mortc : ella saria rabbiosa , insoportable : — dal cielo «Ha ne viene , e l'acompagna il cielo con tal conforto, que ne dar ne torre gli uomini ponno...
El nombre de Brescia me recuerda también á Gastón de Fox y al caballero
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Bayardo, que tales proezas llevaron a cabo al pie de sus muros , y los tiempos de la Liga Lombarda , en que figuraba esta pequeña república como uno de sus elementos mas poderosos.
Los hijos de Brescia fueron siempre enérgicos y batalladores , y estas nobles cualidades les hicieron padecer horriblemente durante la dominación austríaca.
Todo el mundo sabe la heroica resistencia que opusieron no hace muchos años al general Hay ñau.
pero, — dicho sea francamente , — la gran celebridad de este pueblo proviene líe haber dado cuna y nombre al audaz é infortunado reformador Arnaldo de Brescia, mísero fraile, que hizo tanto ruido en el siglo XII como Napoleón el Grande en el siglo XIX (1).
Brescia es hoy una ciudad de 40,000 almas , no muy bella, dicen ; pero rica de antigüedades y monumentos.
Yo no la veré...— Me llama Veuecia...
jY bien sabe Dios que si pienso hacer alto en Verona, Snakspeare tiene la culpa 1 — ¿Cómo no visitar el nido de los amores de Romeo y Julieta?
— ¡Oh noche afortunada! ¡noche, divina! decia Romeo al pie del balcón de su amada. Como es de noche , temo que todo esto no sea mas que un sueno.
Y decia Julieta :
—So/o tu nombre es mi enemigo. — T¿ no eres un Montaign: tú eres tú mismo. ¿Qué quiere decir un Montaigu?...—Lo que llamamos iiosa. no exhalaría, bajo otro nombre, un perfume menos sume...
\kh, Yerona! | Verana!...
En Brescia se queda la mayor parte de los viajeros que venían en el tren. Brescia es la última ciudad de la Lombardia. I Nos acercamos á la frontera austríaca ! Ahora solo vamos en el tren unas cincuenta personas. Desde que abandonamos á Brescia, un silencio de muerte reina en los coches.
(I) Hé aquí sucintamente la historia de Arualilo, tal como la trae un diccionario biográfico.
Arnaldo de Brescia, famoso hereje, nació en dicha ciudad el año de 1 100. En su juventud pasó á Francia y fue discípulo de Abelardo, después de lo cual volvió á su jais y tomó el hábito de religioso. Pretendió reformar el clero y restablecer la primitiva iglesia, sosteniendo que los eclesiásticos no podían poseer bienes temporales sino á trueque de condenarse. Hizo un gran número de partidarios y produjo turbulencias en mucha» ciudades en que el pueblo empuñó las armas contra los sacerdotes. Condenado por el papa Inocente II y por el concilio de Letran en 1139, se retiró algún tiempo á Suiza; pero en i MI, viendo crecer su partido , fué á Roma y arrojó de ella sucesivamente á los papas Lucio 1! y Eugenio III. Enlazando la reforma política <i la reforma religiosa , restableció la antigua república y creó un senado. Durante diez años fue dueño de Roma; pero al cabo de este tiempo, Adriano IV logró entrar en la capital, haciendo huir á Arnaldo, que se refugió en Toscana. El emperador Federico Barbaroja, á quien Adriano habia pedido auxilio, prendió al fin á Arnaldo y lo entregó al prefecto de laciu !ad eterna, el cual le hizo cortar la cabeza en el castillo de .S'i«/' Angilo , el año de 1 1:¡3.
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Casi todos los pasajeros too italianos , y parece como que sienten vergüenza <') remordimientos de ir á la tierra dominada por el común enemigo.
— , Ah , traidores!... se diria que esclama cada uno mirando á las demás. ¡Con que nu veníais á Ürescia! ¡Con que os dirigíais al Austria! ¿Qué vais a
Vcuccu — Puente de Hulto.
hacer alli? ¿Vais á servir al tirano de Venecia? ¿Vais & vender la Italia? ¿Ha- '*>¡s sido espiasen las ciudades libres y vais á ser sus delatores en la ciudad esclava, ? Yo hago este penoso viaje, compelido por sagrados intereses do familia...
hacéis vosotros para decir á los ¡míeseos que yo soy ardiente italiano y que aborrezco «le muerte á Francisco José?
Algo por este estilo irán pensando mis compañeros de viaje. Kl hecho es que
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callan, ó se hablan secretamente; que se miran con recelo y desconfianza; que el fuego del odio reluce en sus pupilas, y que el respeto al gran infortunio que van á presenciar entristece sus semblantes.
Asi cruzamos por Lonato ; asi atravesamos un largo túnel y un hermosísimo viaducto, y asi llegamos á las tres y media de la tarde á Peschiera.
La frontera austríaca pasa por la estación que tiene el ferro-carril á las puertas de esta ciudad.
Aquf ha establecido la policía una especie de torno, como el de los conventos de monjas , en el cual entra el viajero para ser prolijamente examinado y requerido.
Una vez reconocidas la formalidad de su pasaporte , la legalidad de su equipaje, la inocencia de su historia y la honradez de su fisonomía, se le hace pasar al otro lado de una especie de mostrador, ó como si dijéramos , se le da media vuelta al torno, y nuestro hombre se halla en territorio austríaco.
Yo acabo de sufrir esta humillante inspección, este interrogatorio , esta^ pesquisa en mi pobre saco de noche, y hasta ciertas miradas á mis bolsillos, que creia iban á tornarse en un registro grosero , y me encuentro ya en el cuadrilátero , en la cárcel de un pueblo ilustre , en el fiero presidio que fue república de Venecia.
Mi pasaporte se halla aun en manos de la policía , acompañado de la declaración que acabo de prestar acerca del objeto que me trae á este pais, del tiempo que pienso permanecer en él , de mi procedencia y de mis intenciones.
1 Milagro es que no me han preguntado por mis ideas y sentimientos!
1 Pero bien me miraban de pies á cabeza y estudiaban mi semblante mientras hablaba...!
j Y esto se llama reinar I
Peschiera, plaza fuerte, situada sobre el Mineio á su salida del Lago de Garda, forma, con Legnano, Mantua y Verona, el famoso Cuadrilátero en que se apoya el Austria para dominar el Véneto.
La frontera pasa ahora por en medio del lago y del rio , como antes pasaba por en medio del Tessino y del Lago Mayor.
Yo espero mi pasaporte y el permiso de continuar mi viaje , asomado a un balcón de la sala de espera , que da'sobre el Lago de Garda , y desde el cual se descubre un panorama soberbio.
Son las cuatro de la tarde.
El sol empieza á declinar, recostándose en un pabellón de nubes de púrpura y enrojeciendo las sosegadas aguas... El lago parece de sangre.
A las orillas del Mincio vagan algunos soldados con levita blanca y capote gris.
Yo he visto antes de ahora esos uniformes en litografías que representaban las batallas de Magenta y Solferino , y siempre los vestían los heridos y los muertos.'
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Son los austríacos.
AI otro lado del rio , y al término de una dilatada llanura , distingo dos pueblecillos, cuyas torres parroquiales se miran á gran distancia. El uno es Villa franca: el otro es Solferino.
Hácia el Norte se elevan unas corpulentas montañas de color de violeta , a cuyo pie se distinguen muchas villas y ciudades.
Las de esta orilla son libres : las de la otra son siervas.
El Veneciado y la Lombardía se miran aquí al través de las aguas con la misma angustia que antes se miraban , al través del Lago Mayor , la Lombardía y el Piamonte.
Algunos vapores cruzan las olas, paseando á la vista de los redimidos habitantes de Desenzano, Salo y San Horcos la aborrecida bandera austríaca.
Dentro y fuera de esta sala , en torno mió y a lo lejos , reina un silencio sepulcral. ^-Sin esto, me parecería que sobro ese lago se está dando en este instante una batalla.
La niebla , enrojecida por el sol poniente , semeja el humo de la inflamada pólvora... El relucir del agua trae á la imaginación el brillo de los aceros... El odio , que reina noche y dia en esta comarca , aguarda solo una señal para trocarse en encarnizada lucha...
Esa batalla se dará, yo no lo dudo...
Todo lo que es violento, es transitorio.
Mientras escribia en mi cartera estas reflexiones, se ha acercado á mí un señor muy rubio , y se ha puesto á ver, por encima de mi hombro , lo que yo hacia con el lápiz sobre el papel.
¿Si creería que estaba ideando un plan de ataque contra Pese/aera?
De cualquier modo , se habrá quedado en ayunas ; pues mis abreviaturas españolas no son para leídas por cualquier alemán.
Al fin me dan el pasaporte.
Trae doblado un pico, y algunas señales misteriosas hechas con lápiz... ¿ Qué significará esto?
¿Será una patente de mi inocencia, ó atraerá sobre mi la vigilancia de la policía?
Ello dirá.
A eso de las cinco salimos de Peschiera , pasando el Mincio sobre un magnífico puente.
Los coches del nuevo tren son hermosísimos. Los campos están perfectamente cultivados. Los caminos vecinales podrían servir de modelo.
En cuanto á bienes materiales, la administración austríaca no deja nada que desear.
Ya van en el tren tantos italianos como tudescos.— El silencio se hace mas terrible , mas amenazador que nunca!
En el coche en que yo voy se respira una atmósfera pesada, aflictiva, cargada de odio y de maldiciones.
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Yo creo que si se cerrasen las ventanillas y se encendiese un fósforo , estallaría el carruaje, como una habitación llena de gas.
En las estaciones se ven escudos de armas del imperio con el águila de dos .cabezas, y gruesos destacamentos de tropa, cuyas severas levitas blancas y hermosas y serias fisonomías me recuerdan siempre la campana del ano último.
Los vencidos están tristes; pero no domados.
Todo el mundo conviene en que desean volver á empezar.
Llegamos al fin delante de Verona.
Yerona se aparece al caminante* precedida de muchas lineas de fortificación, —fosos, parapetos y trincheras,— rodeada de sólidos muros, flanqueados de recias torres; protegida por un doble cinturon de fuerte* aislados; dominada por grandes palacios y un castillo , y defendida además por el anchuroso y profundo Ádige, que cerca casi completamente la antigua ciudad, separándola de una isla y de un barrio que llevan el nombre de Veronetta.
Yo soy el único viajero que se queda en Yerona. Los demás siguen en el li en hacia Venecia, adonde llegarán á las once de la noche.
Dcspldome de H. de V.— y quedóme solo y triste, entre unos esbirros que examinan de nuevo mi pasaporte y mi oquipaje, y unos cocheros que me nombran todos los hoteles y alberguide Yerona, brindándose á llevarme á ellos.
Empieza á oscurecer. — La atmósfera está húmeda. — Este país es mal sano
Tengo frió.. . pero un frió que me anuncia la fiebre.
— ¿A. dónde va usted á parar? me pregunta la policía.
— Yenga usted al Hotel de las Dos-Torres, me dice un cochero.
— No señor; al de la Torre de Lówlres, me aconseja otro.
— A la Gran Czarina , añade un tercero...
— Decídase usted, continua el comisario. — Yo me quedo con el pasaporte. Mañana á las diez se presentará usted en la policía á recogerlo. Entro tanto, conserve usted este papel.
¡Qué nombres de hoteles! ¡Las Dos-Torres! ¡La torre de Lówlres! — Yo creo que la policía me dice que elija prisión.— ¡ Y se quedan con mi pasaporte ! Esto es cortarme las alas. Ya no seré libre. Ya no podré marcharme en el momento que se me antoje. — ¡ Y tendré que decir el tiempo que voy á permanecer en Yerona! ¡ Y el lugar adonde me dirijo!... — j Adiós, pues, mi hermosa independencia , mi vida sin plan ni concierto ! ¡ En adelante seré esclavo de mi palabra y de las concesiones de un comisario!
— Yaraosal hotel de Las Dos-Torres, esclamo por último.
El papel que me ha dado la policía dice asi ,— en inglés , francés , alemán é italiano:
// viaggiatore si ¡yresentnrá entro il termine de 24 ore alt 1. R. Uffisio di Polizia per oitenere la vidimazione del stto passajmrto , od it jtermesso di soj giornare in questa cittá.
¡El permiso de vivir en esta ciudad!... —¡Pobre Austria... y qué trabajo le cuesta tener un puerto de mar y algunos millones de esclavos !
ÜE MAÜHIIJ A ÑAPOLES. 285 Con estas y las otras , cuando subo a Verona ya es de noche. Entro por la puerta del Obispo (Porta-Yescovo). Las calles que recorro son anchas y solitarias.
Todavía no han encendido el alumbrado publico, ni acaso lo enciendan ; pues en el almanaque hace luna.
Una espesa niebla impide á sus plateados rayos llegar hasta las callos de Verona.
El coche que me lleva, pasa sobre el Ailige por un largo puente. Luego remrremos diez ó doce calles corlas y rectas , en que se ven pocas tiendas y muchos soldados, hasta que al fin llegamos á una plaza en que se levanta una gran iglesia.
A la derecha del templo hay un viejísimo y deforme palacio , coronado por dos torres.— Es el hotel.
Yo creo que me suben á una de ellas.
En toda la casa no he encontrado mas alma viviente que el camarero que me ha conducido á mi cuarto.
Este es muy grande , muy triste y muy frió. Dichosamente , tiene chimenea...
Pero la chimenea le da humo.
— Todavía no hemos alfombrado , dice el servidor, reparando en la mirada de disgusto que dirijo á mi aposento.
Lo que yo creo es que el dueño del hotel no habia previsto que pudiese parar aquí este año viajero alguno.
Y á la verdad que el que acaba de penetrar por sus puertas no le sacará de pobre. — Una violenta calentura me hace temblar como un azogado... — Digo, pues , que ya he comido ; pido agua de naranja , y me acuesto , después de apagar la chimenea.
¡Qué noche! A. las cuatro de la madrugada aun no he podido conciliar el sueño.
En cambio lucho desesi>eradamente con mil visiones y pesadillas, producidas por la fiebre que me devora.
¡ Y cosa estraña ! el sentimiento dominante en mis alucinaciones t es un miedo cerval á los austríacos ; no sé qué terror pueril , parecido al que me inspiraba en mi niñez una habitación oscura.
Yo no he tenido el gusto de vivir bajo el antiguo régimen. Yo no conozco la tiranía sino de nombre. Cuando abrí los ojos al mundo, me encontré en una sociedad libre , digna , raciona) , que ofrecía á todos los individuos el sagrado amparo de las leyes. — Todo lo que después ha querido pasar en España por despotismo , me ha hecho reír. La tiranía de nuestros ministros responsables me l»arecia cómica. Yo no he tenido nunca la fortuna de temer la ira de aquellos sultanes de saínete que arrancaban á los periódicos tantas lamentaciones. Yo no he conocido el drama político, sino la vulgar comedia. Yo he envidiado la suerte de nuestros padres, que tuvieron que luchar contra la arbitrariedad de los con-
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quistadores, oontra la Inquisición, contra Fernando Vil... enemigos respetables si los hay. Yo he dicho en cierta ocasión :
¡ Oh !... ; quién me diera de la antigua Taina digno un lugar, en que la estéril vida rendir en feudo á patria , Dios y dama ! ¡ Quién el desierto de la edad perdida poblar pudiera de esforzados hechos , «ligóos de un alma á batallar nacida !
Yo he suspirado , en lin , por trágicas situaciones , lamentando no haber nacido en Polonia, en Hungría ó en Yenecia. ¡Ah! en estos pueblos es imposible el ocio del alma. El amor y el odio tienen grandes objetivos. El esfuerzo individual halla dispuesto un gran teatro y puede prometerse un noble premio. La vida y la muerte encuentran á cada instante un empleo digno , que á cualquiera le es dado alcanzar, con aplauso de Dios y de la patria.
Ahora bien : la esclavizada Yerona reproduce en mi imaginación todos mis sueños de conspiraciones, luchas, cárceles, tormentos y patíbulos.
Aquí reina un despotismo serio, dramático, pavoroso.
Asi eran la España de 1809 , invadida por Napoleón , y la España de 1824, dominada por el absolutismo. Tal se encontraba la Francia en la época del Terror.
Estas ideas, confundiéndose con otras, me han hecho pensar en el SantoOficio, en la Vendée, en las crueldades marroquíes, en Antonio Pérez, en la Ley de sospechosos, en el 2 de diciembre, en el órden de Varsovia, en la SaintBarthelerai, en Silvio Pellico, en Savoranola y en otros muchos horrores y heroicidades. Y uniéndose esto á cierto drama que yo vi cuando era niño , titulado Jusepo el Yeronéty y al Congreso de Yerona, que produjo la gran iniquidad de 1823, y al fúnebre desenlace de Horneo y Julieta , y al recuerdo de la familia Scala , que tantas atrocidades hizo aquí , y á todo lo que se cuenta de las prisiones y persecuciones que en estos dias tienen lugar contra los pobres veroneses que aman el dulce nombre de I/alia , me hace pasar una noche que no olvidaré jamás y que con sobrada razón he llamado noche lúgubre.
II.
Hedeunt spectacula mane — El palacio Giusti. — Un paseo por Verona. — Otro anfiteatro. — El sepulcro de Julieta —Paso por Pádua — Aire de mar — Venecia á lo lejos. —Llego á Venecia.
Son las doce de la mañana; de una mañana rica de sol y de alegría.
El cielo está azul ; el aire sosegado ; mi espíritu tranquilo.
La fiebre y sus visiones desaparecieron con la noche y sus tiuieblas.
DE MADRID A ÑAPOLES. 287 Me encuentro en los jardines altos del soberbio palacio Gimti, que dominan á toda Verona.
El dia está tan claro que distingo desde aqui un horizonte de veinte leguas. —El Adige reluce por todas partes , como una inmensa serpiente de plateadas escamas que se desliza ondulando por la amplísima llanura. — Allá, hácia el Norte, se perciben las ásperas montanas del Tirol.— Por la parte del Sur y Levante, el terreno se inclina suavemente, adivinándose ya su muerte en el Adriático.
A mis pies se estiende la ciudad, coronada de torreones , cúpulas y campanarios, jf atravesada por el ancho rio, cuyo magestuoso curso cortan cinco puentes. A mi. alrededor se levantan árboles seculares, viejas estatuas, escaleras de mármol que conducen de un jardín á otro, y un palacio del siglo X1Y que pudiera pasar por prisión y fortaleza.
Imposible parece que Shakspeare escribiera su gran tragedia sin haber venido á Italia, sin haber estado en Verona, sin haber visto este palacio. — En estos jardines, llenos de fúnebres cipreses y rodeados de altos muros, se respira no sé qué romántica tristeza semejante á la que domina á todos los personajes de Romeo y Julieta. — El mismo alborozo con que cantan los pájaros , ríen las aguas y abren sus cálices las flores , infunde un hondo terror, cual si se adivinase que los encantos del amor y de la belleza han de vivir cautivos y atormentados en este severo recinto.
Mas no creáis por esto que el palacio Giusti tiene relación alguna con aque doloroso drama.— La casa de Julieta, al decirde los veroneses, se encontraba situada al otro lado del Adige, sin que se designe el sitio. — No sucede lo mismo con su sepulcro, al cual haremos luego una visita, siempre bajo la fe de la tradición.
También recuerda este palacio aquellos famosos tiempos de Verona en que reinaba en ella el Can grande de la Scaia , jefe del partido gibelino y amigo y protector de Dante.
Los Scaia fueron en la historia de Verona lo que los Vísconti en la historia de Milán : los verdugos de la ciudad y la gloria y la grandeza del Estado.
Para venir desde el hotel hasta aqui , he seguido el camino mas largo , deteniéndome en calles y plazas , penetrando en algunas iglesias y procurando sentir y comprender los principales caracteres de Verona.
Al mismo tiempo he rescatado mi pasaporte.
Verona, á pesar de sus 50,000 habitantes, de su gran importancia militar y nobles recuerdos históricos , pasaría hoy á los ojos de un hombre práctico , por una capital pobre y fea.
Para mí , su pobreza y su fealdad constituyen todo su mérito. Verona es una ciudad de la edad media, alumbrada por el sol del siglo XIX.
Los tiempos modernos no han dejado en su fisonomía otra huella de su paso que la vejez y -la tristeza.— Parece , pues, un ilustre señor arruinado, pero no x degi-adado , que soporta orguUosamente su miseria sin descender á oficios indignos de su elevada clase.
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Bien sé que la postración y marasmo de Yerona no proceden de semejante orgullo, sino de la fúnebre apatía que es consiguiente á su posición de esclava; pero el resultado es el mismo, y mi comparación queda siempre en su lugar.
Las calles de Yerona son por lo regular anchas y largas , y rara es aquella en que no se ve mas de un antiguo palacio de melancólico aspecto , cuya portada gótica (pero de uo gótico lombardo), ó del Renacimiento, ó bizantina , contrasta amargamente con los vidrios rotos de los balcones, cor las apolilladas maderas de las puertas y con la humilde condición de sus actuales moradores.
En la Plaza de los Señores he visto el antiguo palacio de los Scaia, convertido hoy en casa municipal, y el palacio del Consejo, adornado con las estatuas de los veroneses célebres, entre los cuales se cuentan hombres tan -insignes como Cornelio Nepote, Catulo y Plinio el Jóven. — jBien podian los modernos haber añadido una escultura mas, en honor del grande artista Pablo el Veronésl
La Piazza delle Erbe (Plaza de las yerbas) me ha llamado aún mas la atención , por el sello de antigüedad que conservan todos los edificios. Las fachada de la mayor parte de las casas particulares está pintada al fresco. En un lado se ve la loggia de los mercaderes , ó sea la albóndiga , ó la lonja , edificada en el siglo XIII. En otro se levanta el palacio de los célebres Maffei, donde nació hace dos siglos el mas insigne individuo de esta familia , el marqués Francisco Scipion , capitán y literato muy famoso.
Hay todavía en Yerona otra plaza notable , la Piazza Bra , en la cual no he estado todavía, pero á la que he de ir forzosamente ; pues en ella se levanta el tan t*lebrado anfiteatro romano, conocido con el nombre de l' Arena.
Ademas de ese monumento , encierra esta ciudad otros muchos que acreditan el alto grado de importancia que alcanzó en los grandes tiempos de Roma.— Entre ellos merecen citarse la Porta Borsari, arco de triunfo que se encuentra en medio del Corso (calle principal que sirve de paseo á la aristocracia veronesa), y l* Arco de Leoni, que se cree erigido por Yespasiano.
En cuanto á las iglesias de Yerona, que pasan de cincuenta, y de las que, como os he dicho , he visitado algunas esta mañana , son dignas de toda la atención del viajero por su venerable antigüedad. Ellas solas bastarían para resolver muchos problemas de la historia del arte , y aclarar el caos de aquella época en que el sentimiento cristiano buscaba su espresion en la arquitectura lombarda, asimilándose y purificando los corrompidos restos de la antigua forma clásica, adulterados al chocar con el gusto bizantino, y pugnando por fundirlos con el estilo gótico, floreciente en Alemania.
Lo mas notable que encierra Yerona en este género es la iglesia de San lenone, fundada j»r Pepino , restaurada en el siglo X y reedificada , tal como se halla hoy , á mediados del siglo XII.
Pero es cerca de la una , y á las dos sale el tren para Venecia , á donde llegaré esta Urde á las seis.— Aprovechemos esta hora en ver el anfiteatro y la tumba de Julieta , y partamos.
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Estoy en la Arena , que como os he dicho , se halla situada en la plaza Bra.
Esta plaza constituye el centro de Verona, y se comunica con el Stradone de Porta .Yuova , ancha y hermosa calle formada por palacios y jardines. — Adornan la plaza dos cuarteles monumentales , uno antiguo (Gran Guardia antica) y otro moderno (Palazzo déla gran Guardia), asi como un bello teatro, precedido de pórticos llenos de preciosidades arqueológicas , que hacen de aquel lugar un verdadero museo.
En cuanto al anfiteatro , en cuyas gradas mas eminentes estoy sentado escribiendo estos apuntes (como hace dos dias en la Arena de Milán) , es una imponente y grandiosa construcción que respira aquella mag estad cesárea peculiar de las grandes obras de los romanos. Su forma es elíptica , y el gran diámetro no baja de 450 pies. Hasta hoy se han hundido dos pisos y con ellos todos los palcos, quedando solamente cuarenta y cuatro gradas de mármol blanco en que caben 22,000 personas.
Tan sensible ruina ha provenido de la funesta ¡dea que tuvieron los veroneses ttace algunos siglos , de levantar tiendas y hasta habilitar casas sobre este colosal cimiento, — casas y tiendas que no desaparecieron hasta hace 200 años. Hoy habita todavía alguna gente en los vomitorios y en las galerías bajas ; pero sin que le sea permitido á nadie añadir ni quitar una sola piedra á tan augusto monumento.
Dos mil años de fecha cuenta esta obra portentosa, y aun parece recien construida en su mayor parte , causando asombro la solidez y atrevimiento de sus arcos y galerías. Puede, pues, asegurarse que seguirá de pie miles y miles de años , si la barbarie ó un cataclismo no la destruyen , y respétasela tanto por lo 9¡ne ha visto en veinte siglos de existencia pasada , como por lo que le resta que ver en las edades futuras.
¡Quién sabe cuántos monnmentos, cuántas palacios, cuántas ciudades que hoy se levantan , se borrarán sobre el haz de la tierra antes que acabe de sepultar s,í frente en el polvo este gigante moribundo !
Para imaginárselo, basta pensar en las cosas que han nacido y han muerto desde que esta dilatada gradería recibe la visita diurna del infatigable sol.
Por lo demás , yo me he complacido mas de una vez desdo que me sentó en ^tas gradas , en figurarme el anchuroso circo poblado por los 50,000 espectadores que cabían en él , y he creído verlos , sentados á la sombra de cortinajes de ^la , vestidos con la tánica y el manto, descubierta la frente, hablando el latín, nuestra materna lengua, en tanto que de las 24 prisiones que arabo de visitar ■Dan saliendo los esclavos , los criminales ó los cristianos destinados á las lleras, Hue bramaban hambrientas en sus jaulas...
V recordando nuestras fioslas de toros , he escuchado , sin hacer un gran '«fuerzo de imaginación , el vocerío de la muchedumbre , el grito del condenado, e\ rugido del tigre que se lanzaba sobre él , el atronador aplauso, el alarido de trompetas...
Y luego, en un tiempo dado, he visto desaparecer aquellas gentes, y reinar
290 DE MADRID A ÑAPOLES.
el silencio y la soledad en el anfiteatro , y crecer la ociosa yerba entre los mármoles , y aparecer por un vomitorio una procesión de hombres pálidos y tristes, vestidos ya de otra manera, que paseaban solemnemente una cruz por uno y otro corredor, por las gradas , por los acueductos que servían para los juegos navales, por las prisiones empapadas de lágrimas , por la arena empapada de sangre , y por la tribuna que profanó la crueldad bajo la investidura de la justicia... Todo esto he creido ver.
Y después he visto , no ya con la imaginación , sino con los ojos , otra cosa que me ha hecho reír homéricamente y que merece ser contada.
Es el caso que en medio de la arena del circo se ha construido modernamente un teatro , improvisado con madera y lienzo , en el cual , á lo que me han dicho , se representan pantomimas los domingos por la tarde. — Una tercera parte de las gradas tienen vista sobre el escenario, y en ellas se coloca la plebe. En el espacio que media entre el teatro y las gradas hay algunas hileras de sillas en que se sientan las personas de mas suposición. Y por último , desde el proscenio hasta la circunferencia del circo avanzan divergentemente dos galerías , cubiertas de tejas, en que se hallan los palcos de la aristocracia. Un insignificante corredor del colosal edificio sirve de café , y aun resulta grande para tal uso.
Cualquiera diria que un espíritu burlón ha concebido la idea de este coliseo para establecer un contraste entre los pasados y los actuales tiempos de Yerona. — Esta rebanada (permitidme la palabra) del antiguo anfiteatro , sirviendo para contener un templo de las artes modernas y al público veronés de hoy , es la mas cruel irrisión que puede hacerse del destiño de algunos pueblos y de las vicisitudes humanas.
Aparte de esto , las galerías inferiores sirven para almacenes de heno y paja de la caballería tudesca. En otro lado se ve un gran depósito do leña , de donde creo que se surte toda la capital. Y sin embargo, el edificio es tan inmensurable , que con encerrar tantas cosas , resulta todavía desierto y desocupado.
Para venir del Anfiteatro á la Tumba de Julieta he pasado por una hermosa calle, en la cual he visto asomadas á los calados balcones de renegrido mármol, ó á las ferradas rejas, algunas Julietas de nuestros dias , vestidas de tartán y de otras humildes telas ahora en uso.
Entre estas Julietas había una tan hermosa como pudiera serlo la de Shaks-
peare, y su vista me ha hecho el mismo efecto que la del sol contemplado desde las gradas de l' Arena
El sol , tan jóven y amoroso hoy como lo era hace veinte siglos , contrastaba con las obras dei hombre, cuya vida es una continua muerte, y para las cuales existir es envejecer y aniquilarse. La tremenda cifra que marca la edad de aquel monumento está escrita con el polvo de cien generaciones. Nada de lo que fué cada dia, era ya al dia siguiente. Las olas humanas habían pasado sobre el edificio para nunca mas volver. Solamente el sol volvía constantemente y volverá hasta el fin de los siglos. El tiemjK) es siempre nuevo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 201 Pues lo mismo acontece con el amor. — El amor, que se creería enterrado con Romeo , Párís y Julieta , ha vuelto todos los años sobre Verona , y ha ¡aflamado nuevos corazones. La experiencia no se hereda, y los desengaños de un alma no son parte á impedir que las rosas de la ilusión broten en los adolescentes que sin cesar vienen á la vida. Sobre el cadáver de la beldad revolotean los céfiros creados por los suspiros de otros amadores , como el sol alumbra las ruinas de lo que no existe hace mucho tiempo.
¡ Oh primavera , juventud del año ; juventud, primavera de la vinal...
La bella adolescente que acabo de admirar, es el sol del amor que vuelve al mundo, y el corazón de algunos hombres se parece a las ruinas del aníUeatro.
La tumba de Julieta, ó sea el sepulcro vacio de granito rojo, que al decir de todo Verona , encerró el cuerpo de aquella infortunada amante , se encuentra hoy en un establo vecino a un jardín , que fue en otro tiempo cementerio de un oonvento de franciscanos.
Este convento, al que perteneció indudablemente aquel bondadoso fraile que protegía á Julieta (el padre Lorenzo, si no recuerdo mal), es hoy cuartel de los ingenieros austríacos.
El jardin pertenece á unos pobres hortelanos que le obligan á criar lechugas y calabazas. Algunos parrales, que lo hermosearían antiguamente, yacen ahora por tierra. Las flores, desterradas |>or la horticultura, se han refugiado en algunos rincones, al pie de las tapias, donde viven y aman tímidamente, sin incomodar 4 nadie.
Un niño de ocho 6 nuevo años , hijo del dueño de la huerta , sirve «le conserge del establo en que se halla el sepulcro, y es el encargado de mostrar y ©splicar a los viajeros aquella venerada peña, que ciertamente, no se" yo poiqué es objeto de tan solemnes peregrinaciones. — ¿Pues qué? ¿El amor ha muerto?
Yo comprendo que se visiten las ruinas de pasadas instituciones , de hundidos imperios, de civilizaciones desvanecidas... y las tumbas de los conquístadores, de los artistas y de los sabios... jPero visitar el sepulcro de una enamorada c,|alquiera , de una mujer vulgar, sin importancia histórica, desposeída hasta de v,rtud... | y todo porquo amó mucho, y porque dos hombres murieron por su amor! .. . — ¿ Ubinam gentinm mmtu?
¿Pues qué?— vuelvo a decir.— ¿Es esto monumental? ¿Es esto antiguo? ¿No Pasan hoy cosas semejantes? ¿Pertenece esto á la arqueología?
Arcábamos de convenir en que no: acabamos de consiguar que hoy se ama y lúe se amará siempre, á pesar de las predicaciones de lord liyron y compañía... Pues entonces, ¿en qué consiste, de qué proviene el culto que se rinde al
s^rcorago de Julieta?
No nos hagamos' ilusiones. — La importancia de esta jóven no está en ella uñsnia, sino en ser heroína de una tragedia de Shakespeare, del primer autor
19*
dramático del mundo. — El homenaje que los viajeros tributan á este sepulcro, pertenece por entero al gran poeta.
Por eso me importa muy poco á mí que sea ó no auténtica esta piedra.— Y en cnanto á lo demás, — suponiendo que lo sea, — ¿como he de conmoverme en presencia de una fosa vacia , yo que he tenido ayer entre las manos las hebras de oro de la cabellera de Lucrezia Borgia?
Sin embargo , no todo el mundo piensa de esta manera , ni yo mismo estoy seguro de no haberme engañado.
El tierno guardián del amatorio monumento me ha dicho que la archiduquesa Marta Luisa (la viuda de Napoleón I), se hizo labrar un collar y unos brazaletes con granito de este sepulcro, y que todas las damas sentimentales de Verona llevan entre sus dijes un pequeño sarcófago de la misma materia , pagada á peso de oro por los fotiristes ingleses.
Háse, pues, prohibido rigorosamente por el gobierno austríaco semejante comercio, sin lo cual ya se habría ido todo el sepulcro en cataduras.
No obstante (y sentiré que esta declaración mia pare perjuicio al hijo del hortelano) yo he entrado en codicia , á causa quizás de la misma prohibición , y llevo en el bolsillo un pedazo muy regular de tan codiciado tesoro, con el cual pienso hacer un tintero.
Por lo demás, este pobre muchacho , que penetra en la vida pronunciando á todas horas y sin comprenderlas las dos palabras sacramentales de los humanos destines — amor y muerte, sabe de memoria el argumento de la tragedia del inmortal Guillermo, y cuenta las cosas con tanto aplomo, inocencia, naturalidad y gracia, que hay momentos en que cree uno que Capulet, Montaigu, Scalus, Baltasar, Mercutio y Gertrudis existen todavía ; que Romeo, Julieta y Páris murieron liace dos ó tres años, y qué este chico se acuerda vagamente de ellos y de su trágico ñn , como de una cosa que sucedió cerca de su cuna.
— ¿"Ve usted en aquella tapia? — dice el rapaz con su voz argentina. — ¿Ve usted allí unas piedras desmoronadas que dejan una brecha en el muro? — fties por allí entró Romeo en el cementerio.
Yo hubiera creído mas bien que aquella brecha la han abierto los merodeadores que vienen á robar las frutas y las legumbres de esta huerta.
— ¿Ye usted estos agujeros del sepulcro? — prosigue el muchacho. — Pues se hicieron para que respirase Julieta , la cual , como usted sabe , no estaba muerta cuando la enterraron, sino solamente narcotizada. ¿Ve usted esta ligera concavidad? Pues este era el lugar de la cabeza.
Yo empezaba á sospechar que este llamado sarcófago no era ni habia sido otra cosa que una pila destinada á bañarse , y que los agujeros en cuestión habían servido para llenarla de agua.
Sin embargo , creo á puño cerrado todo lo que me dice mi gracioso cicerone.
En medio del ex-jardin , bajo una medio hundida gloríela, formada por vides y calabazas muy gurdas, se ve H sitio que ocupó antes el sepulcro.
DE MADRID A ÑAPOLES. 293
Al sacarlo, ha quedado una especie de estanque, lleno de agua basta la mitad.
¿Son las lágrimas de los peregrinos? ¿Es la lluvia del cielo?
Aunque Verona no es el lugar mas á propósito para que un español recuerde con gusto á Chateaubriand , no puedo menos de repetir aquí las patéticas palabras con que termina El Ultimo Abencerraye :
«Aquel monumouto (la tumi» de Aben-Uamel) es muy sencillo : la piedra sepulcral es toda lisa, sin adorno ni inscripción: solamente en medio de ella, según una costumbre antigua de los moros, hay una especie de concavidad, cortada á propósito con el cincel á manera de una pila. El agua de la lluvia se recoge en el fondo de aquella copa fúnebre; y en aquel clima ardiente, las aves del cielo bajan allí á aplacar su sed.»
i Gran noticia, lectores!— Estamos en marcha para Yenecia. Nada podrá ya detenerme.
Pasaré por Vicenza y Pádua sin hacer alto, y eso que Pádua me interesa vivamente.— Pero ya la Ycró cuando vuelva de Venecia con dirección á la Romana.
Al salir de Verona, el tren ha cruzado el Adige sobre un magnífico puente.
Luego hemos visto á la derecha los baños de Caldeiro, en cuyas cercanías han combatido muchas veces á principios de este siglo Francia y Austria, y se cubrió de inmarcesible gloria el general Massena.
Mas adelante hemos saludado los célebi-es campos de Arcóle , regados también de sangre austríaca y francesa, y una de las páginas mas brillantes de la historia de Napoleón I.
Después hemos pasado cerca de dos castillos ruinosos, situados sobre dos colinas gemelas que se miran frente á frente , y que , según la tradición , son las antiguas moradas de las dos familias enemigas de Romeo y Julieta , de los Montaiga y los Capole!, ó sea de CapullcUi e Monlec/ii, como se dice en la ópera.
Ahora, en fin, nos encontramos parados al pie de Vicenza.
Vicenza es lamosa en la historia del arte por ser cuna y contener las principales obras del inmortal Palladlo, arquitecto ilustre que fijó el gusto vacilante <lel Renacimiento y sirvió de modelo y guia á la arquitectura moderna. — Yo siento en el alma no ver los palacios y las iglesias que constituyen la gloria de ese artista ; pero consuélame de todo la idea, que ya no me abandona ni un instante , de que dentro de tres horas habré surcado la laguna en que se asienta Yenecia y rae pasearé ufanamente por la plaza de San Marcos. . .
Después de algunos minutos de detención , durante los cuales nos dejan algunos compañeros de viaje é ingresan en el tren otros nuevos, silba el pito de la locomotora , óyese cerrar apresuradamente todos los cochos y seguimos nuestro camino.
Al cabo de una hora de atravesar como un relámpago por fértiles campiñas, llenas de quintas y de aldeas , y por dos largos túneles , y sobre algunos riachue-
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los, volvemos á hacer alto, y un empleado del ferro-carril grita cod voz estentórea:
— ¡Padova! ¡Padova! ¡Cingue minuíi!
—¡ Pádua! |La ciudad de San Antonio! ¡La ciudad de Angelo, tirano de idem! ¡La patria de Tito-Livio! esclamo yo, consultando apresuradamente mi memoria.
Y miro por las ventanillas del coche , y solo veo una estación como cualquiera otra, á la derecha del camino de hierro, y detras una carretera, y luego un collado en que aran algunos labradores, y en ultimo término unas voluminosas cúpulas, doradas por el sol poniente...
Aquella es Pádua... — Yo volveré dentro de algunos dias.
Tornamos á caminar.
El terreno se baja progresivamente. Algunos canales se dirigen hacia Levante. A lo lejos se abre un horizonte profundo... Nos acercamos al Adriático.
Al ocultarse el sol pasamos el melancólico Brenta , cuyas aguas van á alimentar la falal laguna.
Suoédense los pantanos ; escasean las tierras cultivadas ; ya no se ve humana vivionda por ninguna parte...
Los tristes resplandores del crepúsculo se pierden en la monótona soledad...
Ya respiramos el ambiente marino.— Acércase la noche...
Mesfre es la ultima estación de tierra firme.
En la pequeña ciudad que lleva este nombre , empiezan ya á encender el alumbrado...
Es noche completa.
Al salir de Mestre, pasamos al lado de algunos fuertes. Luego vemos blanquear el terreno á derecha é izquierda del camino... —¿Qué es eso que blanquea? pregunto a un compañero de viaje. — Es agua , me responde.
En efecto, aquello es agua... alumbrada ténuemente por la luna.
Hemos entrado en el magnifico viaducto de una legua de largo que une a Venecia con el continente.
En otro tiempo ya habríamos tenido que tomar un barco para llegar al archipiélago que constituye la ciudad.
Hoy pasa el ferro-carril por encima de las aguas como el pueblo hebreo sobre el Mar Rojo.
Este itsmo artificial es una de las obras mas atrevidas que existen en Europa.
1 Y qué emoción causa sentirse llevado con tal violencia y como por arte mágica, sobre la ostensión de las olas!— A cualquier parte que se mire , no se ve mas que agua; agua sin fin por la izquierda; agua y mas agua á la derecha; agua delante y detrás de la locomotora... — Y sin embargo, esta ruge, y camina, y devora la distaneia , arrastrando su formidable séquito de wagones y reflejando la
DE MADRID A ÑAPOLES. 295 lumbre del fogón y la luz rojiza de sus linternas en el unido cristal de la plácida laguna.
Entre tanto empiézase a ver surgir del plateado horizonte una fulgente constelación de luces, que forma como un inmenso collar de topacios, cuyos reflejos tiemblan sobre las olas...
Luego se destacan sobre el estrellado cielo algunas pardas sombras de cúpulas y campanarios...
Después se distinguen ya los cristales de los balcones, irradiando ora la blanca claridad de la luna, ora la luz dorada que brilla en cada aposento.
Todo aquello parece un colosal navio de ébano, plata y oro , ó un fantástico alcázar en que los resplandores de una maravillosa fiesta logran liacer mas bella que el dia la lúgubre oscuridad de la noche.. .
|Es la esposa del mar ; es la reina del Adriático ; es la ciudad de los Zfcw; es Venecial
En esto desaparece tan espléndida visión , y penetra el convoy en un vasto recinto cubierto de hierro y de cristal é iluminado intensamente por colosales faroles.
" — j Venezia! / Venezia! gritan los empleados del camino de hierro, con la misma indiferente tranquilidad y rutinario tono conque pudieran decir:— ¡Ge lafe I ¡Geta fe!
Venecia — leo yo en el muro de la estación.
Y por donde quiera que miro, solo veo mozos, polizontes , empleados , carbón de piedra, reverberos, máquinas, coches, el buffet, el café, las oficinas, el despacho de billetes, el salón de equipajes, y otras cosas por el estilo.
Esto me desespera.
— Signor... ¿ Vuole una góndola? me dice al fin un muchacho que parece tomado de la Consuelo de Jorge Sand.
¡Una góndola!... Esta palabra me vuelve todas las ilusiones que empezaba á perder.
— I Sí . . . sí ! ... le digo , — añadiendo para mi cajiote : — Huyamos pronto de esta realidad prosáica. Busquomos la soledad en las lagunas. Entremos en Venecia á nuestro modo.
Y mientras hablo asi, el reloj de la estación marca las siete de la noche... En Madrid serán las ciuco y media de la tarde.. .
Esto es ya estar en Oriente.
Primer pasco por Venecia.
Quisiera yo al llegar á este punto j>oseer la sagaz observación de un diplomático inglés, y una máquina fotográfica en lugar de un lápiz y una cartera, para coger y reproducir todos los pormenores y accidentes de la entrada del viajero
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en Venecia. — Y es que yo os creo dominados del mismo vivísimo deseo que yo había alimentado toda mi vida de conocer tan estraña y célebre ciudad, y os supongo grandemente interesados (ya que habéis tenido valor para seguirme basta
sus puertas) en verla tal cual es, en esperimentar la critica emoción del primer encuentro, en sentir lo que yo he sentido ; en figuraros que lo sentís vosotros. ¡ Venecia ! No hay pueblo en el mundo que se presente á la imaginación de
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las personas que hau leido algo, ataviado de tanta poesía, de tanto misterio. — Venecia es la ciudad poderosa que avasalló los mares; la enemiga ó aliada de los papas, los emperadores y los reyes; el antiguo emporio del comercio; la temida república que daba leyes en Asia, Africa y Europa; el asiento del terrible Consejo de los X ; la residencia de los dax , cuya cronología es una serie de melodramas; la escena en que figuraron Dándolo, Foscari, Gradenigo y Marino-Faliero; la mansión de las fiestas y los crímenes, con su carnaval y sus góndolas, sus cantos y sus gemidos , sus amores y sus asesinatos ; Venecia es un ideal que se cree irrealizable , producido por la lectura del Braco de Fenimore Cooper, de las . tragedias de Byron y de las descripciones de Chateaubriand, Saud, Musset y tantos otros ; Venecia es , en Qn , la interesante beldad , cuyo presente infortunio arranca elegías á todos los oradores y periodistas del universo ; la heroína del 1848; la huérfana desamparada de 1859; el suspiro constante de los italianos ; la paloma que espera la muerte bajo la garra feroz del buitre.. .
Con estas ideas en la imaginación , he pugnado valerosamente por alejarme de mis compañeros de viaje, (que han venido á Venecia á vulgarísimos negocios , y para los cuales la ciudad no tendrá ya encanto alguno) y he desoido 6 rechazado estóicamenle la fingida devoción artística con que los comisionados de los hoteles y los ciceroni me ofrecían tal ó cual alojamiento , situado en frente del palacio Foscari, en la ¡daza de San Marcos , en la ñiva degli Schiaconi, en esta ó la otra calle , con vistas sobre el Gran Canal , cerca del Puente de los suspiros... etc. , etc.
El lalso entusiasmo con que pronunciaban estos nombres, y el comercio que hacían con la belleza de su patria, me producían muy mal efecto.— Yo no quena probar las delicias de Venecia por medio de terceros ó corredores. Prefería buscar á la deidad por mí mismo, aun á riesgo de que, desdeñosa, me ocultase al principio su hermosura.
Antes de salir de la estación , he tenido que entregar nuevamente mi pasaporte , recibiendo en cambio un papel como el que me dieron en Verona ; he sufrido también interrogatorio y registro, y soportado miradas de desconfianza y de vejatorio examen, que iban acabando ya con mi paciencia.
Asi es que mis contestaciones a la policía han sido un poco imprudentes.
— ¿A quó viene usted á Venecia? me preguntaba un alemán de dos varas y cuarta , rubio como unas candelas y con todo el aire de un tambor mayor.
— Vengo á observar, le he respondido. A estudiar sus costumbres... A formar idea por mí mismo del estado do la opinión pública.
—¿De dónde viene usted?
—De Guadix.
— ¡ Ya I esclamó el digno empleado, como si hubiese salido do dudas. Luego anadió :
— ¿Y cuánto tiempo va á permanecer usted en Venecia? — No sé. Según rae vaya en ella. Si me fastidian mucho las gentes , me iré pronto. ¿Cree usted que lo pasaré bien?
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— ¿Dónde va usted á vivir? replicó el de policía secamente y como si no hubiera oido mi pregunta.
— Iré al hotel que mas me acomode , y cuando me canse de uno me mudaré á otro. Tenga usted la bondad de lomar acta de esta facilidad mia para mudar de alojamiento , á lin de que no se preste á enojosas interpretaciones. ¿Qué liotet cree usted que me convendrá mas?
— jQuó sé yo! respondió el aloman encogiéndose de hombros. — A ver... otro viajero.
— jYa ve usted!— proseguí. — ¡Y usted vive en Venecial ¿Cómo he de salarlo yo que acabo de llegar ahora mismo?— ¿Es usted italiano?
—¡Otro viajero! repitió el pobre hombre, no sabiendo cómo desembarazarse de mí.
—Dígame usted, continuó yo. ¿Y Venecia? ¿Está tranquila? ¿No hay que temer ninguna asonada? ¿ Se halla contento el pueblo?
El comisario no acertaba á darse idea de lo que le ocurría. — j El... nacido para preguntar, se veia preguntado!!!
Un francés se hubiera ya exaltado: un español me habría puesto prsso: el alemán se contentó con atusarse el bigote.
— ¿Y qué me importa á mí , dijo, que el pueblo esté ó no esté disgustado?
— Dígame usted, añadí yo sin turbarme. ¿Hay tarifa para las góndolas?
El hombre me miró de piesá cabeza. Creyóme sin duda loco, y me volvió la espalda con la magostad de un pavo.
Yo estaba satisfecho. Ilabia vengado á Venecia. Había adulado á mi querida.
En esto vino á buscarme el chico de ta góndola, diciéndome que ya estaba preparada.
Salí , pues , de la estación ; bajé unas escaleras , y vi en frente de mí una infinidad de faroles, cuya viva luz too deslumhró al principio.
En las cristales do aquellos faroles se leían (como en los de los ómnibus que esperan la llegada de los trenes en París , Turin y otras capitales) los nombres de los principales hoteles de Venecia; nombres que eran repetidos á grandes gritos por sus comisionados y representantes.
Alfargo fíeale. — Albergo delta Yittoria. — Hotel (te ta Luna. — Hotel d'Kuropc— Hotel d'ftaU'a.— Hotel de la Ville. — Hotel dett'Aqmlad'Oro. — Hotel de la Gran fíretogna... etc. , etc. , decian las voces y los letreros.
Entonces reparé en que aquollos ómnibus no tenían caballos ; en que estaban en el agua; en que eran góndolas...
La escalera que acababa de bajar, tenia por último peldaño la laguna...
La góndola ómnibus, recientemente inventada con permiso de) gobierno, es mas grande y menos bella que la góndola propiamente dicha, y solo pueden usarla las empresas de ferro-carril ó navegación.
En cuanto á la clásica góndola veneciana es hoy la misma que era hace doscientos años; pues existe una rigorosa ley suntuaria que prohibe hacer variación alguna en su forma.
DE MADRID A N ATOLES. 299
Ya hablaremos mas detenidamente de estos célebres vehículos, cuando los examinemos á la luz del dia.
Ahora solo debo decir que la verdadera góndola es una especie de esquife estrecho y largo, todo negro y de uoa fantástica elegancia, en medio del cual hay una como litera ó caja de coche , en que pueden encerrarse cómodamente cuatro personas.
Antes de entrar en la góndola, eché una mirada en torno mió.
Me encontraba a la orilla de un ancho canal , que se dilataba á derecha é izquierda entre elevados edificios, cuya parte superior blanqueaba la naciente luna, mientras que la parte de abajo se perdía en densas tinieblas.
Al través de los cristales de muchas ventanas y balcones se filtraba la luz de la velada nocturna , yendo á reflejarse vagamente en la inmóvil y tersa superficie de las aguas.
El alumbrado público proyectaba también largas fajas luminosas , mucho mas brillantes, en el liquido elemento...
Este cuadro , donde todo era resplandeciente ó negro, — agua y luz , ó impenetrable sombra, — inspiraba una fúnebre tristeza.
El canal se perdía de vista por sus dos estremos , retorciéndose de modo que formaba como una S.
El silencio y la soledad que reinaban en él , contrastaban lúgubremente con el ruido del viaje y con el tumulto de la estación.
Entré en la góndola. Hacia frío. Envolvime en mi capa española y abri las ventanillas de la que he llamado litera , á fin de ver todo lo que fuese saliéndorae al encuentro.
El gondolero que rae había hablado antes, se colocó a pona, y otro, aun mas j óven , hermano suyo , permaneció á proa .
Cada uno estaba armado de un largo remo , y los dos siguieron de pie durante toda la travesía.
Los gondoleros no se sientan nunca para remar.
—¿A dónde vamos , señor? rae preguntó uno de los jóvenes con un suavísimo acento en que noté ya las dulces inflexiones del dialecto veneciano, célebre por su infantil y femenina ternura.
-—Al Hold d' Euro}w , contestó , recordando mi cita con el prusiano.
—Ese hotel está al otro estremo del Canal Grande.
— ¿Es este el Canal Grande?
— Si señor: aquí principia. Tiene cerca de una legua de largo; pero nosotros tomaremos luego por algunas callejuelas que nos ahorrarán mucho camino. — Como quieras. Yogamos.
Los remos levantaban fosforescencias en el agua, y producían un lento, claro y melancólico ruido, única señal de vida que daba la ciudad.
El resto de los viajeros que habían venido conmigo , se había quedado en la estación sacando sus equipajes.
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Mi góndola era, paes, la üuica que surcaba el grao canal, triste y solitario en aquel paraje , por ser aquella la parte mas humilde y pobre de la población.
Según revolvíamos la áraplia curva que forma constantemente, aunque en varios sentidos, el Canal Grande, la luna iba alumbrándolo de lleno, hasta que por último, se bañó en su misteriosa luz toda el agua que servia de suelo á la calle , y brotaron de la oscuridad , fantásticas é indecisas , las graciosas fachadas de algunos palacios , cuya noble y aérea arquitectura se copiaba en las olas trasparentes.
AJ ver aquellos otros edificios debajo de la góndola, parecíame que esta volaba , como una golondrina , por una calle cualquiera, á media altura de las casas...
Entre tanto , el canal se ensanchaba y embellecía poco á poco. — Va tendría cuarenta metros de anchura. — El alumbrado era cada vez mas frecuente y esplendoroso. Los palacios y las iglesias se sucedían sin interrupción. Las puertas de unos y otras , y las de todas las casas grandes ó pequeñas , estaban como á vara y media de altura sobre el nivel del canal. De cada puerta arrancaba una escalinata de mármol, cuyo último escalón era siempre el agua...— Cada lado del canal podía compararse á un inmensurable navio.
Frecuentemente desembocaban en la via principal que nosotros seguíamos, , algunas modestas callejuelas.
Yo escrutaba entonces con ávida mirada hasta el fondo remoto de aquellas travesías , y siempre encontraba lo mismo: — agua dormida entre dos hileras de edificios; agua opaca y silenciosa, cuya existencia se revelaba solamento por el largo reflejo que, á la manera de una estela de oro, trazaba , á todo lo largo de encrucijadas y callejones, algún turbio reverbero, destacándose de una esquina...
Nada mas triste , mas pavoroso que el dédalo de estrechísiiflos canales que se adivinaba allá dentro. — Ni un alma , ni un rumor, ni un punto de terreno en que tenerse de pie se percibían en aquellos barrios interiores , cuyo cielo apenas so alcanzaba á ver por encima de las altas y estrechísimas callejas , y cuyo pavimento era siempre un abismo taciturno.
Yo no había creído nunca que fuera absolutamente verdad todo lo que cuentan los libros acerca de las callos de agua de Yenecia; pero fuerza me es reconocer que , por esta vez siquiera , no hay exageración en los asertos de los novelistas.— Venecia es mas poética , mas romántica , mas interesante de lo que se la puede fingir la imaginación,
Seguíamos vogando.— Los gondoleros remaban en silencio. Sus airosas figuras , vestidas con un largo gabán y un sombrero de anchas alas, parecían formar parte de la embarcación y se destacaban agigantadas y negras sobre el agua fulgurante y el esclarecido firmamento...
¡Oh! la luna, la arquitectura y el agua! ¡Qué riente y grandiosa perspectiva! ¡Qué espléndida suavidad! ¡Qué lontananzas plateadas! ¡Qué circuios de juguetonas luces en torno de la góndola , producidas por la quilla y por los remos !
l)K MAimill A ÑAPOLES. MOí
i Cuántos millares de quebradas lunas en el movible espejo del prolongado estanque! i Qué fulgor submarino! ¡Qué [.alacies acuáticos! ¡Qué fantásticas torres avecinándose al cielo y repitiéndose en el abismo! ¡Qué ilusión! ¡Qué hermosura ! ¡ Qué fantasía ! — Dijérase que Venecia es de cristal y que tiene luz propia « orno los astros.
Rl plácido arrobamiento en que venia sumergido no me ha dejado voluntad ni acción para preguntar cosa alguna 4 los gondoleros, lín palacio se sucedía . ;i otro. A la puerta de algunos de ellos se \e\&n atracadas varias góndolas que indicaban ó que los señores iban a salir , ó que tenían visitas. — Asi juzgamos en otras ciudades cuando vemos carruajes á la puerta de una casa. — Los gondoleros fumaban sentados en la húmeda escalinata de aquellas antiguas mansiones de fiestas y placeres.
Al deslizamos por enfrente de un altivo palacio , cuyos numerosos balcones irradiaban una viva iluminación , he oído cantar al piano el aria de tiple de María de Padilla... - ¡Amores de Andalucía que conmueven las almas en Venecia!— La voz de aquella mujer era limpia, sonora y apasionada como las notas graves del ruiseñor.
Rl cadencioso y tardo latido de la laguna herida por los remos se mezcló largo rato á aquella lejana música. Luego dejó de percibirse la voz , y volvió á resonar sola , en el alto silencio de la noche , esta monótona palabra , que el agua soñolienta nos decía cada vez que los remos turbaban su quietud: — Pasad... — Pasad.
Y nosolros pasábamos , dejando en pos nuestro revueltas y turbadas las antes adormecidas olas.
Yo no he visto nunca barco alguno de remo que marche tan de prisa como osla especie de piragua llamada góndola.— Entre uno y otro golpe de remo mediara siempre un intervalo de cinco segundos, y en este tiempo la nave hiende las ondas como una exhalación , adelantando mas de cincuenta brazas de camino.
Después de una media hora de navegación , he divisado un elevado puente de un solo ojo, tendido sobre el canal.
Nuestra góndola debia pasar por debajo de él. — II ponte di Rialto , esclamó solemnemente un gondolero. ¡Qué mundo de recuerdos! ¡Qué recuerdos de antiguas esperanzas! — ¡Kl Puente de Rialto!... — Kn una novela quo escribí yo hace nueve años, hice jasar a una góndola por debajo de este puente , sin conocerlo.— ¡Cuan poético s«>- ñaba yo este sitio! ¡ Y cuánto lo es en efecto !
Encima del puente hay trece arcos, dispuestos en sentido longitudinal. — Rl *\e en medio está vacío. Los otros doce son otras tantas tiendas , profusamente Wuminadas. Delante de ellas hay un barandado ó lialcon , al través de cuyos balaustres se veia andar á la multitud. Por el arco hueco pasaban también longitudinal y Umversalmente algunas personas. Ksto significa que el puente sirve de asienta á tres calles, una interior y dos esteriores, formadas por las balaustradas
302 DE MADRID A ÑAPOLES.
y las tiendas, y que el susodicho aroo central es al mismo tiempo una travesía.
Las tiendas, sus luces y el ojo del puente so copiaban por entero en el canal , trazando en sus cristales otro semicírculo, que unido al de arriba , formaba • un ancho óvalo argentado por la lima y ornado de rojizos esplendores; una especie de aro ó disco, semejante al que rompen de un salto los acróbatas y por el centro del cual pasó nuestra embarcación como un relámpago.
Siquiera allí , la ciudad daba señales de vida. Pasos , gritos , golpes resonaron un momento sobre nosotros. Los habitantes de Yenecia se nos aparecían en los aires , como una bandada de pájaros marinos , ó como la tripulación de un barco gigantesco , vista desde un humilde bote que pasara cerca de él. — Allá arriba todo era luz, animación y movimiento. — Abajo, en la laguna, seguía reinando la callada soledad.
Pasado el puente , el Canal Grande se dilató y hermoseó mas todavía. La luna se bañaba en el centro de un desierto de agua, iluminándolo todo, tornando en líquida plata el melancólico elemento, esclareciendo con los reflejos de su hermosura las lejanías del horizonte y trocando en filigrana y encaje la piedra labrada de alcázares y templos.
Al llegar á este punto , la góndola viró á la izquierda, y dejando el gran canal , se deslizó en un callejón oscuro por entre los muros sombríos de dos palacios.—Empezábamos la anunciada travesía, que había de traerme al Hotel d'tiuro¡)e, evitando un larguísimo recodo.
Aquí ya la navegación cambió completamente de carácter.
La luna no penetraba en las angostas y profundas callejuelas ó pequeños canales que hemos atravesado.
Los remos daban con frecuencia en las paredes.
Sobre nuestras cabezas pasaban de una manzana á otra infinidad de puentecilios, que no eran sino las calles de tierra, las vias sólidas, por decirlo asi, de la ciudad anfibia.
Ya os esplicaré el misterio de la estraña complexión de Yenecia.
Sobre aquellos puentecillos se sentían á veces los sordos pasos de algún transeúnte.
El sentiría á su vez debajo de sí el rumor de la góndola en el agua.
Algunos faroles , colocados muy altos, alumbraban al mismo tiempo , y asaz . débilmente , nuestro camino y el suyo.
Nada mas medroso que todos estos lugares , que todos estos encuentros , quó todos estos ruidos.
Asi pasábamos de un callejón á otro ; asi encontrábamos plazoletas de agua; asi doblaba la góndola una y otra esquina : asi torcíamos á la derecha , luego á la izquierda ; asi dejábamos á un lado y á otro cien y cien canales que llevaban á otros puntos ; asi me persuadí finalmente de que so puede recorrer toda la ciudad navegando.
A veces, oíamos detrás de una esquina el son de otros remos.
Entonces los gondoleros que me conducían, ó los que venían á encontrarse
DE MADRID A ÑAPOLES. 303 con ellos , decían dos palabras , á que no contestaba nadie ; pero que daban lugar siempre á uDa maniobra.
— ¡Sta premi!
— ¡Sia staii!
— ¡Sia di tungo!
Con uno de estos tres gritos se indicaban lo que debian hacer para evitar un choque 0 un pase-por-ojo al tiempo de doblar una esquina.
j Y qué lúgubre , qué dramático efecto produce en el reoien-llegado este lacónico grito , que tiene su música especial !
A poco de oirse la advertencia entre el murmullo del agua , veis pasar á vuestro lado -una cosa larga, estrecha y enlutada como un atahud.
¿De dónde viene? ¿A dónde vá? ¿Qué guarda dentro?
Nada sabéis.
Ni una palabra se cruza de una góndola á otra.
O los que las llevan no se conocen en tanta oscuridad, ó dejan de hablarse, por respeto á las personas que conducen.
Ello es que la góndola pasa... y se pierde en los oscuros canalizos.
¿Quién sabe si detrás de aquellas persianas negras se esconde el amor ó el crimen, el dolor ó el placer, la riqueza ó la miseria, el horror ó la hermosura?
La góndola atracó por último al pie de una empinada escalera quo bajaba de
un alto puentecillo.
—¿Hemos llegado? pregunté.
— Estamos muy cerca del Jfotei d' Europe , me respondió el mayor de los gondoleros. Desembarcaremos aquí, y recorremos tres ó cuatro calles á pie. Pe este modo nos ahorramos mucho camino. Jacobetlo , — continuó , dirigiéndose á su hermano; — espérame aqui con la góndola , que yo voy á conducir al señor.
Subí , pues, aquella escalera, y me encontré en el segundo piso de Venecia, ó sea en la Yenecía terrestre.
AJlí era también grande el silencio; pero no tan profundo como en las lagunas.
Las calles que he recorrido para venir al hotel son sumamente estrechas; pero resplandecían de luz , de cristales y de vistosos objetos como las galerías de un palacio ó como los pasaje* principales de París.
En Yenecia todo es subir y bajar escaleras.
De aquí que no sean posibles ni conocidos los carruajes ni los caballos. Y de aquí también el silencio que reina en la ciudad. La gente que faltaba en los canales iba y venia por aquellos corredores y pasillos que tienen el nombre de calles.
El embaldosado suelo brillaba como el de la mas cuidada habitación. En Yenecia no se conoce el polvo. ¿ Ni cómo ha do conocerse? Nadie hablaba en voz alta... — Solo se oia el rumor de los pasos. Este es otro rasgo característico de Yenecia.
301 HE MADRID A ÑAPOLES.
La mayoría de los transeúntes se componía de pandillas de oficiales austríacos, cuyas espadas producían un lúgubre son al golpear los peldaños de las escaleras que bajaban a los canales ó subían a los puentes.
Vista de Penará,
Aquel silencio po^Ja compararse al que interrumpe la alegría de un festín cuando un convidado pronuncia una palabra amenazadora , a que no puede seguirse sino un duelo.
Y mientras las gentes callalan de este modo, las calles ardían , por decirlo
DE MADRID A ÑAPOLES. 303
asi, con las multiplicadas luces de innumerables tiendas , cafés , almacenes y bazares que en nada se diferenciaban de los del resto de Europa.
Resulta, pues, de todo esto, que hay dos Yenecias, comprendidas mutuamente
Puente de lo* Suspiros cu Veneci».
la una en la otra : la Venecia esterior y la Yenecía interior; la alta y la baja; la oscura y la luminosa ; la italiana y la tudesca; la del agua y la luna y la de los brillantes aparadores, en que resplandece el comercio; la de los palacios y la de las tiendas; la solitaria y la poblada; la de las góndolas y la de los amb ulantts
30(i DE MADRID A ÑAPOLES
Y* resulla también que desde una Yenecia no se adivina la existencia de la otra. El que discurre por las tenebrosas lagunas no puede sospechar que sobre su cabeza y al otro lado de las casas hay una ciudad despierta , viva , radiante , esplendorosa : como el que pasea por las calles no se da cuenta de que debajo de él y en torno suyo hay otra ciudad dormida , silenciosa , llena de oscuridad y de misterio.
Y sin embargo , asi como desde la góndola oí alguna vez en los aires sordos pasos de fantásticos transeúntes , del mismo modo oi desde los puentes balbucir el agua en coloquio con los remos , y tuve conciencia de que alguien pasaba por debajo de raí. — Pero esto era rápido y transitorio como una distracción del sentido , y luego tornaba á la realidad de lo que veia , olvidando y no comprendiendo la faz oculta de Yenecia.
Llegué al hotel.
La puerta de cristales por donde be entrado da á una esteusa galería, al flu de la cual hay otra vidriera semejante. Esta segunda puerta se encuentra sobre el Gran Canal. — El Hotel dl Europe , como todas las casas de Yenecia, tiene una entrada por tierra y otra por agua. — La fachada principal mira siempre á los canales.
Pero todo esto lo examinaremos mañana por nosotros mismos. Hasta ahora me atengo á las esplicaciones del hermano de JncobtUo. Con que hónos en Venecia.
Yo no pienso salir ya esta noche. Estoy fatigado y quiero madrugar.
1 Mañana ! . . .—Mañana veré la plaza de San Marcos , el palacio de los Dux , el Lido, las iglesias bizantinas, las obras maestras de Ticiano, el Puente de los Suspiros, las prisiones, los palacios del Canal Grande... ¡cuántas y cuantas cosas que constituyen los mas dorados sueños de mi vida!
Ahora son las ocho de la noche. Todas las campanas de Yenecia repican á vuelo. — Mañana es dia de San Carlos.
— Esas últimas que suenan , me dice el camarero, son las. campanas de San Marcos.
Después me da otra noticia.
— Yenecia, me dice , no está hoy para fiestas. Acaba de saberse que Yictor Manuel ha perdido una batalla á orillas del Garegliano. La derrota de los piamonteses ha sido completa , y Francisco II estará á estas horas de vuelta en Nápoies. Asi al menos lo afirman los periódicos de esta noche.
—¿Pues qué? le pregunto yo. ¿Hay periódicos en Venecia?
— Si señor: lodos los dias. Aquí tiene usted uno de hoy.
La primera cosa que leo en el diario que me alarga el camarero, es ta siguiente frase con que principia un suelto :
»S. M. I. R. Á. se ha graciosishnamente dignado etc.»
La abreviatura S. M. I. R. A., quiere decir Su Mayestad lm¡nrial Real Austríaca.
Veo que los periódicos de Yenecia son del gobierno.
l)E MADKIÜ A NAI'OLKS. 307
Acaso sea también del gobierno la noticia de la derrota de Víctor-Manuel.
/ Batalla del Garegliano /—Esta palabra suena bien en oidos españoles.— Hace tres siglos y medio don Fernando el Católico le ganó una batalla del Garegliano á Luis XII de Francia.
i Víctor Manuel derrotado por Francisco II!— Ahora comprendo el lúgubre silencio que reinaba esta tarde en el tren , y esta nuche en las calles de Yenecía.
/ Povera Venezia! — como dicen á cada instante los gondoleros.
IV.
Venecia á vista de pájaro.— Un paseo por e\ Lido— La Piazietta — La plaza de San Márcos á las dos de la larde.— Los venecianos y los austríacos.— Kl café F lorian y el café Cuadri.— La noche de un domingo.
\>nreia X Ae Doviembr*-.
Esta mañana, á eso de las ocho, tomábamos café en el magnifico balcón de piedra del comedor del Hotel d'Europe , mi antiguo amigo H. de V. , un jóvan inglés llamado Sir Arturo y vuestro ateuto servidor.
De H. de V. ya sabéis que es prusiano de nacimiento, dinamarqués de profesión y español por el trato y las costumbres.
Sir Arturo es hijo de un opulento banquero de Lóndres , y ba venido á Venecia, de paso para la isla de Corfú , en donde está convidado á una cacería.
Solo un inglés hace un viaje de Inglaterra á Grecia sin mas objeto que matar un ciervo.
Por lo demás, Sir Arturo tiene veinte años, es blanco y rubio como una Ofelia, y se pone colorado siempre que le dirigimos la palabra/
Este inglés es el mismo que comía con nosotros en el hotel de Milán. De aqui nuestro conocimiento. Mas advertencias :
El prusiano y yo nos entendemos por lo regular en español. El inglés me habla en italiano.
El prusiano y el inglés se comunican en alemán. : A veces cambiamos de sistema, y el inglés y el prusiano hablan inglés; el prusiano y yo nos lanzamos al francés, y el inglés me dirige la palabra en latín.
De esto resulta que no es posible que nos entendamos los tres á un mismo tiempo, por la sencilla razón de que entre esos seis idiomas no hay ninguno que nos sea común,— El prusiano no conoce el italiano ni el latín ; el inglés no comprende el francés ni el español , y yo ignoro completamente el inglés y el - alemán.
Nuestros diálogos son , por consiguiente , una maraña de traducciones.
Dos palabras ahora sobre el lugar de la escena.
El hotel d'Europe fue en otro tiempo ¡¿alacio Giustiniani.
20»
308 l»K MADRID A ÑAPOLES.
Es decir, qu<> aqui nacieron ó moraron muchos individuos de una de las principales familias patricias de Venecia.
Cuéntanse entre ellos: San Lorenzo Jusliniano, primer patriarca de la ciudad ; Bernardo Giusliniani, senador, diplomático y célebre historiador; Agustín Giustiniani, renombrado orientalista, y Marro Antonio Giusliniani, dux de Venecia, debeladorde los turcos.
El palacio data del siglo XV: su arquitectura es noble y severa.
La familia Giustiniani ha desaparecido , como tantas otras que florecieron en la estinguida república.
1 Y su iluitre solar es hoy propiedad de un hostelero francés!
¡Tal y aun mas desgraciada ha sido la suerte de la reina del Adriático!...
Dos bailarinas , la Taglioni y la Elssler, compraron últimamente la famosa Ca d'oro y el palacio de no sé qué dux.
El pal. c'o Cacalli pertenece al duque de Burdeos.
El de los Fosean' es hoy cuartel de infantería austríaca.
Continuemos.
El balcón en que tomábamos café esta mañana es un cierre de cristales volado sobre la laguna; una especie de gabinete suspendido en los aires, desde el cual se disfruta la mas deliciosa vista.
Ya os he dicho que el Hotel d'Ettrope se halla situado ú la entrada del Canal Grande, en el punto en que este es mas ancho y mas magnífico.
Veíamos , pues , á nuestra izquierda el que pudiéramos llamar Boulevard ó Corso que parle en dos mitades la ciudad.
Las aguas que forman tan magestuosa vía, brillalan al sol de una manera deslumbradora.
Los palacios y los templos se miraban en ellas, y se destacaban ademas en el turquí purísimo del cielo.
Algunas góndolas cruzaban de un lado á otro del canal , [tarándose á las puertas de las casas ó desapareciendo por angostas callejuelas.
Este panorama no podia confundirse con ningún otro. — Indudablemente, estábamos en Venecia !
En frente del balcón, al otro lado del canal y como un centinela colocado á su embocadura, teníamos la Dogana dimare (la Aduana de mar), arrogante edificio , sobre cuya alta torre , que se dibuja dos veces en las ondas y en el espacio, se levanta una estatua giratoria de la fortuna.
Al lado de la aduana, descubríamos la iglesia de Santa Marta delta Salute, brotando también de las fulgentes olas , que copiaban corno en un espejo su doble cúpula, su fachada embellecida con 12o estatuas, sus gigantescas volutas y recio campanario.
Mas allá se dilataba la laguna, azul y solitaria, y en medio de ella veíamos dos grandes islas , la de San Gorgio Maggiore y la Gitulecca , en que hay mas jardines que ediücios.
Después seguía la laguna , estensa ya y magestuosa como la mar vecina...
DE MADRID A ÑAPOLES. 309 — i Hé aquí Venecia 1 repetíamos maquinalmente y á cada instante mis compañeros y yo.
£>ro la mía Venezia... Ecco U suo nutre...
Pero en vano me esfuerzo por conseguir que mi pluma haga lo que no acertarían á hacer los mas hábiles pinceles. — En vano trato de daros una idea del cuadro que descubríamos esta mañana desde el gran balcón de este hotel.
Yo pudiera bosquejar las líneas; establecer los términos ; demarcar las perspectivas; pero, ¡cómo espresar el color, la luz, el ambiente radioso, las sombras de las islas en el agua; la deslumbrante blancura ó el áurea esplendidez de los palacios bañados por el sol y por el reflejo de las ondas ; los recortes de los edificios sobre el fondo de plata del Canal Grande y su limpia silueta sobre el azul del firmamento! ¡ Cómo haceros ver esta ciudad de nácar y zafiro; estos prodigios de arquitectura , surgiendo de las olas , como los templos y alcázares de las ninfas, y estas góndolas negras (únicos puntos de oscuridad en tan fulgurante panorama), que van de una parte á otra llevando escondido al antiguo veneciano que no se ha dejado ver todavía del opresor estranjero !
¡ Imposible de toda imposibilidad !
Sin embargo , seguid conmigo ; que yo cuento con vuestra imaginación , y algo lograreis adivinar , si por aca«o acierto (lo cual es mas fácil) á referiros mis impresiones.
El prusiano tenia la palabra.
— Queda dicho , esclamó , resumiendo la discusión que acabábamos de sostener acerca del programa del dia ; queda dicho que hoy veremos á Venecia á grandes rasgos; que estudiaremos su conjunto; que la contemplaremos á lo lejos y desde una altura; que la recorreremos ligeramente sin penetrar en ninguna parte ; y que yo , como mas antiguo en la ciudad , puesto que llegué á ella veinte y cuatro horas antes que vosotros , mandaré en jefe la espedicion.
— Queda dicho, le contestamos el inglés y yo.
— ¡Magnífico! continuó el prusiano: ahora vamos á lo alto del Campantle (como se dice aquí) de la basílica de San Marcos. Desde aquella elevación veremos á nuestros pies á Venecia entera, como se ve un navio desde el tope del palo mayor.
—Aprobado.
—Pues en marcha... Pero antes he de advertiros una cosa. Para ir al Cam~ panile tenemos que pasar por sitios muy importantes , muy bellos , muy sorprendentes. Yo os suplico que no las miréis. Clavemos la vista en el suelo y penetremos en la torre sin repararen la plaza. Ya hemos «onvenido antes en que confundir las impresiones es no sater viajar. A las ciudades , como á los cuadros, hay qu* buscarles la luz...
— Comprendido.
— Entonces... adelante.
310 DE MADRID A ÑAPOLES.
Cinco minutos después atravesábamos á escape un ángulo de la famosísima Plaza de San Marcos.
Esta espedici'on la hadamos por tierra.
La plata...
Pero yo no debo hablaros todavía de la plaza. —Suponed que no la vi. — Y en verdad aquello no pudo llamarse verla.
El campanario de San Márcos no es , como cualquiera podrá imaginarse, una torre adherida á la basílica de este nombre. El Campanile de San Márcos es un* edificio aislado , contiguo á la catedral , que se levanta solo, en un estremo de la plaza , á la manera de un obelisco.
• De su aspecto eslerior, y de la Lntjgia que le sirve de pedestal , hablaremos mas adelante. — Ahora solo nos toca decir que el Campanile es una torre cuadrada , embutida en otra , y que entre los muros de las dos hay 32 rampas, eomo las de la Giralda de Sevilla, por las cuales se puede subir á caballo hasta una altura de 240 pies, de donde arranca la aguja ó flecha, que tiene por su parte 60 pies de elevación.
Se comprende sin esfuerzo que esta colosal atalaya , levantándose en medio de una ciudad tan lisa como Yenecia , — rodeada á su ver de una planicie de agua; y de las bajas y pantanosas tierras en que termina el Véneto , — domina soberanamente un vastísimo territorio, se enseñorea sobre él , lo ve tendido á sus plantas.
Si alguna vez se me han aparecido el mar y la tierra dibujados como en un mapa, ha sido desde aquella altura.
• El Campanile se empezó á construir á fines del siglo l\ , destinándosele principalmente á torre de vigía , desde donde se descubriese el Adriático y pudiera prevenirse á la ciudad siempre que apareciesen velas en el horizonte.
j Era ya Yenecia tan poderosa y tenia tantos enemigas ! ? Determinóse, pues, que hubiese constantemente un vigilante en lo alto de la torre y que diese una campanada cada ouarto de hora, á fin de indicar que estaba alerta.— Este centinela avisaba además á los venecianos siempre que descubría un incendio en la ciudad , marcándoles el barrio en que era , según el número de campanadas que daba.
También fue en esta torre donde Galileo ensayó por la primera vez su célebre telescopio.
Hácia la mitad del Campanile , y por su parte estertor, se ve aun el lugar en que antiguamente se colgaba una jaula de madera , dentro de la cual eran encerrados con pan y agua los sacerdotes que habían cometido ciertos crímenes.
Pero todas estas consideraciones son nada en la mente del viajero desde el instante que llega á lo alto de la torre y contempla el maravilloso cuadro que se desarrolla en torno suyo.
Ya lo he dicho: toda Yeuecia se abarca desde allí de una ojeada: ¡ toda Venecia, clara, completa, distinta; esmaltada sobre el agua resplandeciente ; partida en dos por el C anal Grande, que ondula por medio de ella como una cnle-
DE MADRID A ÑAPOLES. 311 bra de cristal; matizada de jardines en algunos parajes; con sus cien iglesias y sus mil palacios; con sus ciento cincuenta canales, que dividen la ciudad en ciento treinta islas, y con su.s cuatrocientos cincuenta puentes, que las enlazan de mil modos!
I Era una grandiosa perspectiva !
Al pie mismo de la torre se dilataba la vasta planicie de la plaza de San Marcos, formada por nobles, bellos y regulares edificios y por la soberbia catedral..
El suelo de la plaza, magníficamente enlosado, relucía como la encerada cubierta de un buque.
La gente que cruzaba por aquella especie de salón regio, dirigiéndose de unas pórticos á otros , aparecía tan achicada por la distancia , que llamaban mucho mas mi atención las palomas que revolaban sobre los tejados.
Al lado de la plaza vetamos las nueve cúpulas de la Basílica; la famosa Piazzetta , museo histórico de la ciudad ; los techos de plomo del palacio Ducal i su patio , sus prisiones , y el canal angosto que pasa por debajo del Puente de los Suspiros. Mas lejos divisábamos el puerto, antes tan concurrido, hoy pobre de mástiles; en otro lado las dársenas, los campos de instrucción y los cuarteles; por una parte los canales, las góndolas, los embarcaderos de madera; por otra los puentecillos coronados por la multitud; en algunas plazas remotas, mucha gente que entraba y salia en las iglesias , como domingo que ha sido hoy y dia de San Carlos ; en el Jardín Público, familias que iban de paseo ; aquí el famoso teatro de la Fenice, cerrado todavía; allí el teatro Malibran...
En torno de esta gran masa de edificios , distinguíamos algunas apartadas islas que rodeaban á Yenecia como hijas cariñosas.
Cada una de ellas ostentaba sus iglesias, sus casas , sus jardines , sus huertos, viniendo áser como un barrio de la capital. — Y estas islas tenían también sus canales interiores, sus puentes, sus vistosos reflejos en el agua; una belleza, en fin, muy semejante á la de la reina de las olas.
Después descubríamos en todas direcciones k laguna solitaria , cortada hacia poniente por el istmo que recorrí ayer, y cuyos centenares de arcos , repitiéndose en las aguas, le daban una fantástica apariencia.
A lo lejos , y por la parte de Levante , reposó mi mirada en una estrecha y larguísima isla que cerraba la laguna , separándola del Adriático...
¡Era el Lido!
En aquella isla , especie de dique ó antemural que la naturaleza ha levantado, acumulando granos de arena, para proteger á la ciudad de San Márcos contra el recio embate del mar, se veían algunas pobres casas, muchas huertas y dos ó tres fuertes ó castillos.
Aquellos castillos defienden la entrada de los canales que ponen en comunicación á la laguna con el mar.
¡El mar!... Detrás del Lido descubríamos sus agitadas olas , perdiéndose en la inmensidad del horizonte... — Su verdoso color contrastaba con el apacible azul de Jas aguas en que se copia Yenecia.
312 DE MADRID A ÑAPOLES.
Aquel era el Adriático; el mar italiano, dálmata, turoo y griego; el escondido golfo en que se miran frente á frente y se reflejan su poesía dos civilizaciones hermanas , que ya se reconocen apunas , pero que se reconciliarán algún día; Roma y Bizanzio; Oriente y Occidente; las dos iglesias; los dos imperios.
Por el opuesto lado, y también á gran distancia, se ofrecía a nuestra vista una oosta humilde, melancólica, en que yacían abandonados dos ó tres pueblecilios...
Aquella tierra insalubre era el continente ; el límite oriental del suelo italiano, inundado casi siempre por desbordados rios; la región que ve morir en el mar, tristes y desatendidas, después de una triunfal carrera al través de populosas ciudades , aquellas mismas aguas que miré yo nacer de las nieves de los Alpes , y cuyo curso he seguido durante mas de cien leguas.
Finalmente, al término ya del horizonte, por el lado del Noroeste, asomaban algunos fantasmas azulados, que á veces se confundían con el cielo...
1 Eran todavfa los Alpes !
Ahora bien; teñid este inmenso panorama de blanco, verde y azul; recamadlo de plata refulgente ; imaginaos el cielo y el agua compitiendo en trasparencia y hermosura; figuraos la luz del sol refractada de uno en otro espejo; ved la ciudad dibujada en la laguna ; ved la laguna aprisionada entre el Lído y la tierra firme; ved todo esto, inundado de vividos fulgores, diáfano, radiante, trasparente , y tendréis una vaga idea de esle rincón del mundo , que albergaba ayer tanto esplendor y poderío y que encierra hoy tanta orfandad y desventura.
Bajamos del Campanil?, y fieles a nuestro programa , apartamos los ojos de la Piaxsetta,en la que nos proponíamos entrar solemnemente al cabo de pocas horas, y nos dirigimos de nuevo al cercano hotel , á cuya puerta nos aguardaban nuestras góndolas.
Digo nuestras góndolas, porque cada uno de nosotros tiene desde esta ma- ' ñaña la suya, alquilada yor 10 francos diarios.
Yo he hecho buscar al gondolero mas viejo de Yenecia , a fin de que me sirva al mismo tiempo de cicerone.
Beppo (que asi se llama mi hombre), tiene setenta años, y se acuerda de los tiempos de la República y de los dttx.
El mismo parece un dux, con su larga vestimenta, su gorro frigio y sus venerables barbas.
Su hijo Gaetano maneja el remo de proa.
Gaetano tiene diez y ocho años : lleva las piernas y los brazos desnudos ; un gabán con capucha cuelga de sus hombros, y cubre su cabeza un sombrero negro, cuyas luengas alas dan sombra á los cabellos castaños , á los ojos negros y al rostro , curtido por la intemperie , mas artísticos y hermosos que os podéis imaginar.
En virtud de estas escelencias, mi góndola fue preferida á las otras dos para hacer la escursíon al Lido.
Nos embarramos, pues, en ella, y surcamos la laguna.
ÜE MADRID A ÑAPOLES. 313 La góndola (ha llegado el momento de describirla minuciosamente) es, como hemos dicho, una embarcación estrecha y larga, en medio de la cual hay una especie de camarín,
Vrnwij.— I'alm tM |«Ufi» Ylrju.
El casco es de hierro y madera, pintado de negro y cuidadosamente barnizado. El camarín está forrado por fuera de paño negro también , y por dentro, de terciopelo del mismo color. Penétrasn en él por delante.
Las ventanillas, que son tres, tienen cristales y persianas como los coches.
314 DE MADRID A ÑAPOLES.
Los asientos son de marroquí negro.
Verdaderamente, la góndola ha sido imaginada para que dos personas solas vayan sentadas en el fondo y estiendan los pies sobre unas banquetas laterales; pero si se aprovechan estas banquetas, puede albergar cómodamente otras dos personas.
Por último , el que hemos llamado camarín , va cubierto de un forro de gruesisimo paño , llamado felze , que se quita y se pone , según la estación y á medida que se teme mas ó menos ser conocido.
Ya hemos indicado que todas las góndolas de Venecia , lo mismo las de los magnates que las de los pobres, asi las públicas como las de dominio particular, son completamente iguales.
Esta igualdad procede de una ley dada hace tres siglos , á causa de las gran- ' des sumas que los nobles , empeñados en una insensata competencia , gastaban en adornar sus góndolas.
Solo los embajadores están exentos de esta ley.
Ahora bien : la mas pobre imaginación podrá adivinar el cúmulo de misterios á que se presta semejante uniformidad , y el aspecto interesante y dramático de estas enlutadas navecillas, cuyo número no baja de 9,000.
La población de Venecia, en estos últimos años, ha fluctuado entre 120 y 130,000 almas.— Bajo la república pasaba de 200,000.
En Venecia, — á pesar de que la guarnecen muchos miles de austriacos, — hay mas mujeres que hombres.— Según el último censo de población , el esceso era de 8,000 faldas.
Esta singularísima desproporción se esplica de dos maneras, la una muy triste y la otra muy honrosa para los venecianos.— El Austria saca del Véneto una crecida quinta y se la lleva á ciento cincuenta leguas de distancia á que esclavice y encadene al pueblo húngaro. —Otra gran parte de la juventud de Venecia se espatria voluntariamente por no sufrir el yugo austríaco , y sirve en el ejército piamontés, ó conspira y trabaja en las naciones libres de Europa.
Hablando de estas cosas, nos acercábamos al Litio.
El Lido,— ya lo hemos apuntado, — es una larga y estrecha isla, ó por mejor decir, un banco de arena , que se estiende entre la laguna de Venecia y el Adriático.— Lido significa en español ribera.
En oli o tiempo se llamó bót ense, por el mucho ganado vacuno que pastaba en sus prados.— Mas tarde levantáronse en él muchas casas, de que aun se ven los cimientos. —Después fue cementerio de judíos, como acreditan todavía algunas preciosas tumbas medio arruinadas.— Hoy está todo plantado de viñas y huertas.
No bien desembarcamos en el Lido , mi primera operación fue atravesarlo en linea recta , buscando la playa marítima.
Crucé , pues , fuera de camino , sobre vides y sembrados , y en menos de cinco minutos, me encontré en frente del Adriático, ó por mejor decir, con los pies en sus espumas.
DE MADRID A ÑAPOLES. 315 El mar es para mi un antiguo y buen amigo, á quien siempre encuentro con ■ placer. El Occóano me infunde respeto: el Mediterráneo, amor.— Yo recordare siempre con entusiasmo el día que desde un pico del pequeño Atlas , entre Tetuan y Tánger, los vi á los dos al mismo tiempo; el uno , á mi derecha , azul y reposado; el otro, á mi izquierda, verde y tormentoso.— Aquel dia me di cuenta, mejor que nunca, de los varios afectos que me inspiran. El Mediterráneo me parecía la vida; el Occéano la eternidad. Aquel me hablaba de muchos lugares, conocidos, de ciudades amadas, de horas inolvidables, de seres ligados á mi corazón... Este elevaba mi mente sobre la existencia humana y sumergía mi pensamiento en la inmensidad del infinito. — El mar quo principia en las columnas de Hércules y termina al pie del monte Carmelo, me recordaba nombres, pueblos, historias , civilizaciones afines con mi alma ; mi religión, mi patria, la historia de Europa, sus guerras, sus primeros pobladores; Egipto, Fenicia, Cartago, Grecia, Roma gentil y Roma cristiana; la Palestina, cuna de nuestra fé, y el litoral agareno, de donde se lanzaron sobre Europa tantos y tantos enemigos... — El otro mar no me decía nada... El otro mar no tenia nombre. — Modernamente había adquirido uno... ¡ pero uno solo para tal inmensidad ! — Aquel nombre era el de Colon.
Figuraos ahora cuáles serian mis impresiones al encontrarme esta mañana con el Mediterráneo, en este apartado lugar , en este paraje escondido, adonde suben sus olas , penetrando atrevidamente por entre la Italia, la Grecia y la Dalmacia.
El Adriático es un misterio, es una aventura amorosa del Mediterráneo.— Después de su gran temeridad de pasar los Dardanelos , el Bosforo y el estrecho de Yenikalé para formar el Mar de Mármara , el Mar-Negro y el Mar de Azoff, (esforzándose por separar el Asia de la Europa) , nada ha emprendido tan osado y romancesco como venir casi al pie de los Alpes , á visitar á la encantadora Ve-, necia. — Asi es que yo le contemplaba con entusiasta admiración y cariñoso júbilo , cual si fuera un compatriota y amigo mió á quien encontraba en pais estranjero.
En la playa del Lido que mira al mar se ven algunas chozas de pescadores, varios cobertizos pertenecientes á un establecimiento de baños, y dos ó tres fuertes que defienden la entrada en el puerto de Venecia.
El canal mas profundo y mas frecuentado que pone en comunicación á la laguna con el Adriático es el que pasa por delante de Mdamocco , antiquísimo pueblo , que dió origen á Venecia , situado sobre una isla que viene á ser la continuación del Lido.
Por aquel canal se verificaban las bodas de cada nuevo dux con el Adriático. Por allí salia , en el Bucentattro, ó sea en la dorada góndola de la República, el anciano elegido jefe de la nación , á arrojar su anillo en las olas , como en prenda de amor y de alianza. —Por allí salieron también las galeras venecianas á conquistar todo el Adriático, el Archipiélago griego, Constantínopla, Candía, Chipre y tantos y tantos pueblos como rindieron vasallaje á la Tiro de la Edad-Me-
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dia.— Por aquel canal salió el dux Enrique Dándolo al frenle de la Coarta Cruzada, llevando en pos suyo cerca de quinientas naves.— Por allí salieron , en fin, los que, aliados con el Papa y con España , derrotaron á los turcos en Lepante
Después de recorrer el Lido de parte á parte, tornamos al lugar en que hablamos desembarcado.
AHI hay una pobre casa , habitada por dos ó tres familias de hortelanos y pescadores.
Aquella gente habia aceptado el encargo de darnos de almorzar.
Sentámonos , pues , á la puerta de su cabana , debajo de un emparrado , cuyos pámpanos amarillentos empiezan a caer.
Desde allt se descubría toda Venecia , de la que nos separaban dos millas de laguna.
Las cúpulas de San Máreos se destacaban sobre el cielo. — Esta? cúpulas son de un estilo muy particular, medio árabe, medio chino, quizás algo moscovita , completamente estraño á cuanto yo habia visto hasta hoy Su amplia cimbra, su hinchazón, su misma estructura recuerdan los kioskos, las pagodas, las glorietas orientales , y sobre todo traen á la imaginación la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla , que todos conocemos, gracias á la fotografía, y que, a' decir de los críticos, sirvió de modelo á la basílica de San Marcos.
Ni son estas cúpulas la única reminiscencia oriental que ofrece Venecia. La mayor parte de sus palacios , construidos de manera que las grandes masas sólidas se levantan sobre huecos , esto es , sobre galerías de columnas ; las torres de sus iglesias, muy parecidas á los alminares moriscos; la linea horizontal de los techos ; los arcos de las ventanas; una total ausencia de simetría ; lo angosto de las calles ; lo apiñado de las casas ; el esplendor del cielo. . . todo contribuye á dar á la última ciudad latina un carácter levantisco, musulmán, semi-griego, seraiasiático, que ha hecho decir á no sé á qué viajero: «Venecia parece un viejo pirata retirado de los negocios. »
Nuestro almuerzo no ha podido ser mas sencillo ni delicioso.— Pesca del mar y pesca de la laguna ; alcachofas y frutas de una huerta vecina, y vino de aquella misma parra que nos daba sombra. — Este vino, áspero , tinto, ligero y espirituoso , lleva el poético nombre de riño del Lido. — Nuestros gondoleros le hicieron largamente los honores, en pago de habernos servido la mesa, y con este motivo , el viejo republicano nos contó muchas y muy interesantes cosas , de las que recordaré solamente las que se refieren á lord Byron.
Lord Byron es á Venecia lo que nuestro Zorrilla á Granada ; el revelador de su hermosura , el cantor infatigable de su j>eregrina historia , el que creó en todas las imaginaciones un mágico ideal de su belleza; el que dijo al mundo, olvidado ya de una ciudad que habia cumplido su destino histórico : «Venecia existe todavía : su hermosura no ha desaparecido con su poder : sus palacios no se han hundido con sus guerreros y navegantes : la poesía y la tradición levantan aquí su voz entre las ruinas. ¡Venid á verla. »
El canto cuarto de la peregrinación de ('/tilde- Ha mi d , que principia : « Es-
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Uta yo en Yenecia, «obre el Puente de los Suspiros, entre un palacio y una pr - sioo...» fue la primera señal de aquel entusiasmo por la ciudad de los dux que le llevó a escribir después sus dos famosas tragedias Marino Faliero y Los dos Foscari, y por último, la sublime Oda á Yenecia.
«¡Oh Venecia, Yenecia! Cuando tus palacios de mármol estén ya al nivel de tus olas , se oirá o! grito de las naciones sobre tus ruinas, y un largo lamento resonará en las orillas del agitado mar. — Si yo, peregrino del Norte, lloro sobre tus escombros, ¿qué no te deberán tus hijos? — ¡Todo, menos estériles lágrimas! — Y sin embargo, ellos se contentan con murmurar en medio de su sueño!— ¡Qué contraste con sus mayores! — [Ah! ellos son á sus padres lo que el verdoso fango, deshecbado por la mar, es á la potente ola que separa al marinero de su nave!»
Estos enérgicos acentos pusieron de moda á Yenecia en ambos mundos. Desde entonces , la poesía , la música y la novela hicieron do la hija de las lagunas la isla de Délos del romanticismo. Los poetas y los artistas fueron en peregrinación á saludarla.
La musa de Byren , heredera de la de Shakspeare , levantó la proscripción que el nec-paganismo del siglo X YI1I había hecho pesar sobre las obras del gran Guillermo, y Otelo, Sytlock y l'etlro Jaffier volvieron á repetir en el teatro el nombre de Yenecia. Entonces Fenimoore Cooper escribe el Bravo. Mad. Stael había ya imaginado á Corina. Yictor Hugo lanza á la escena á Angelo y á Lucrezzia Borgia. Jorge Sand crea á Consuelo. Martínez de la Rosa presenta en París su drama La Conjuración de Venecia. Alfredo de Musset, Julos Sandeau, Chateaubriand y Lamartine visitan la ciudad y recuerdan todo lo que Rousseau y Montesquien habían escrito acerca de Venecia. Pero ninguno habla de nuestro Qurvfjx), huésped también de ella, y de los mas esclarecidos!... — Entre tanto, toda Inglaterra y media Francia pasan los Alpes para venir á ver la patria de Margarita Cogni, la Fornarina de llar oíd.
Tal es lord Byron jara el viajero que llega á esta insigne ciudad ú para el vate que la acaricia en sus sueños.
Para las venecianos es algo mas interesante todavía.
Lord Byron vivió muchos años en Yenecia, habitando ora en el palacio Moceiijfo, situado en el Gran Canal , ora en una villa ó quinta, íi dos leguas de Pá- <iua y á otras dos de Fusina , desde donde venia ;'i Yenecia en góndola.
Kn una y otra parle; en la ciudad como en el campo, fue tanto el ruido que dieron sus aventuras amorosas, tal el efecto que causó su género de vida, tanto el dinero que derrochó á manos llenas; fueron tantos, en fin, los viajeros que acudieron á visitarle ó 4 verle desde lejos, que Yenecia toda se llenó de su nombre, y no hubo mujer, niño ni anciano, de cualquier clase de la sociedad que fuese, que ignorara en el Véneto que residía en él un hombre estraordinarío , un in- ^lé> medio poeta, medio diablo, terror de los maridos, encanto de las damas, providencia de los pobres, anfitrión de los calaveras, y pasmo y admiración de todos, al cual se le creía, y es cuanto se puede decir, tan superior á los demás
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hombres como al terrible Napoleón Bonaparte , prisionero a la sazón en SantaElena. •
— Baste decir, continuó mi viejo gondolero , que yo mismo me vi obligado á averiguar su vida y costumbres, á fin de contestar á las innumerables preguntas que me bacian todos los estranjeros que conducía en mi góndola. — ¿Conoce usted á lord Byron ? me decían antes de entrar en ajuste. Y como les respondiera afirmativamente, seguía el interrogatorio de esta manera: — ¿Cómo es? ¿Dónde vive? ¿Qué hace? ¿A qué hora se le ve? ¿Por dónde pasa? ¿Qué come? ¿Qué dice? ¿Cojea mucho? ¿Es verdad que bebe sangre? ¿Tiene muchas queridas? ¿Es cierto que no duerme nunca?... y no sé cuántas cosas mas.
— ¿Y' qué Ies contestaba usted?
— ¡ Ah ! ¡ yo conocía á lord Byron tanto como á mi góndola 1 Hasta me atrevo á decir que era su amigo. — El tenia dos góndolas propias ; pero sin embargo, recurría muchas veces a las nuestras ; y en este caso , si yo me encontraba donde él pudiera verme , prefería siempre la mía á la de todos mis compañeros. ¡ Oh ! ¡ cuántas veces le llevé del palacio Mocénigo al puerto de Fusina 1 \ Cuántas le traje al Lído! ¡Cuántas le paseé de noche por los canales! — Esto era en 1819. — El noble lord vivía ordinariamente en la Mira (que asi se llama esa villa que hemos dicho), con su querida, la condesa Guiccioli, una de las mujeres mas hermosas de Italia. Cuando venia á habitar el palacio Mqcéoigo , hacia trasladar dos de sus caballos á esta misma cabana. Por- las tardes salía de su casa en góndola , cruzaba la laguna y desembarcaba aqui , donde le aguardaba un criado con los caballos dispuestos. El gran poeta montaba en uno , y salía á escape por esas playas , recorriendo el Lido en todas direcciones , sin dar respiro alguno al animal. Cuando el primer caballo no podía ya correr, 'tomaba el segundo y lo fatigaba del mismo modo en un violento é incesante galope. En seguida se embozaba en su capa , entraba en su góndola y volvía á Yenecia. — Allí frecuentaba dos tertulias, la de Mad. Albrizzi y la de la condesa Benzoni, donde era mirado como una divinidad. — Verdaderamente, yo no he conocido hombre mas hermoso que lord Byron.— -Después de la tertulia, recorría en góndola los roas intrincados canales , hasta las altas horas de la noche ; y cuando ya dormía toda Yenecia, hacíase conducir al muelle de la Piazzelta, si era noche de luna, y allí desembarcaba, penetrando solo en la plaza de San Márcos, donde permanecía largo tiempo paseándose. Era la única hora del dia en qúe marchaba á pie.— Ustedes sabrán que era cojo, y que nada le humillaba tanto como que echasen de ver que tenia esta imperfección. En la época á que me refiero había conseguido á fuerza de astudio y de voluntad disimular de tal modo su cojera , que cuando entraba en un salón, solo se notaba que andaba muy despacio y que balanceaba el cuerpo con cierta languidez que podía atribuirse á coquetería. — Otra de las escursiones favoritas de lord Byron era á la isla de San Lázaro de los Armenios (en la que tocaremos, si ustedes quieren , al volver á Yenecia). Allí hay un convento de frailes armenios, sumamente sabios, entre los cuales halló muy buenos amigos el poeta inglés. Esta espedicion solía hacerla comple-
DE MADRID A NAI'OLES. 319 tauieute solo, manejando él mismo el remo de la góndola , y eligiendo para ello las ocasiones en que había tempestad en la laguna. ¡Si vierais cuantas veces se le dió por muerto en Yenecia! Pero Byron era tan. consumado nadador corno infatigable ginete , y aunque las olas devorasen su nave , como sucedió mas de una ver, no por eso dejó él de llegar a tierra sano y .salvo.— [Oh! [indudablemente había en aquel hombre algo de sobrenatural !
Eljóven sir Arturo escuchaba embelesado al gondolero. — Hugo de V. no entendía una palabra y fumaba tranquilamente. — Yo recordaba la visita de Tomás Mooreá lord Byron, el retrato del amante de Margarita Gogni, escrito por madama Albrmi, las escenas sublimes de Marino Faliero y de los f/os Fosear i la historia entera del bardo peregrino, su juventad disipada, su tormentosa vida, su heroica muerte
Siguiendo el consejo del gondolero, al volverá Yenecia, locamos en la isla de San Lázaro de los Armenios , y visitamos el convento de Mekhitaristas que le da nombre.
Allí supimos que ol sabio religioso , amigo de lord Byron , que le enseñaba el armenio, murió en 1853.
Un jóven profeso , tan ilustrado como amable, y cuyo nombre siento no recordar, nos ensenó el monasterio, la biblioteca y la famosa imprenta de donde salen á luz continuamente curiosísimas obras orientales , traducidas al armenio por la comunidad.
Las obras de lord Byron , con ser tan profanas , han merecido también los honores de esta traducion y de ser impresas con estraordinario lujo.— Asi han honrado los religiosos la memoria del malogrado genio que tantas pruebas les dió de estimación y de cariño.
Cuando Ibamos ya á marcharnos , el jóven Mekhitarista nos presentó un álbum, rogándonos que escribiésemos en él nuestros nombres, como lo han hecho todas las personas que de muchos añas á esta parte lian visitado el convento.
Yo hojeé el álbum y encontré algunos nombres españoles , entre ellos las de mis muy queridos amigos los marqueses de Molins y el del general Narvaez.
Mas adelante, entre las ürmas últimamente sentadas, leí: Salitsliano (Miaga.—8 de octubre de 1860.
Es decir que nuestro ilustre orador estaba en Yenecia hace menos de un mes.
A todo esto era la una de la tarde , y nosotros queríamos hallarnos en Ja [>laza de San Múreos á las dos en punto , á fin de oir la música austríaca , que toca en ella todos los domingos, y asistir á la comida de las célebres palomas.
Dejamos, pues, la isla de San Lázaro y pusimos el rumbo á la Viazzetta.
Al (lo nos decidíamos á hacer nuestra entrada solemne en Yenecia.
La Piazzetta es, como quien dice, una antecámara ó recibimieuto que precede á la plaza de San Márcos, y que indudablemente la aventaja en hermosura.
Al descubrirla desde la góndola; al ver que nos acercábamos á ella, nos pusimos de pie indeliberadamente.
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Parecíanos que bogábamos hacia el escenario de un teatro , pasando sobre la sala ó parterre para atracar en el mismo proscenio.
En frente de nosotros veíamos á la izquierda la soberbia fachada del palacio de los Dux, cuya masa enorme , afiligranada como las construcciones árabes, se levantaba sobre dos aéreas galerías de elegantes arcos , que parecían arrancar del agua, ó mas bien apoyarse en otras dos galerías sub-marinas, que no eran sino el reOejo de las primeras.
A la derecha se alzaba otro palacio no menos bello (la Librería Vieja), revestido de dos órdenes de arcadas jónicas y dóricas, que se copiaban también en la laguna.
Entre ambos edificios se abría la Piazzetta , en medio de la cual surgían dos altísimas columnas de granito , como dos centinelas apostados allí para defender la entrada en el forum veneciano.
Una de aquellas columnas sostiene la estatua de San Teodoro, primitivo patrono de Venecia.
Sobre la otra campea el León alado de San Marcos, defensor de la ciudad.
En cuanto á las columnas, fueron trasportadas del archipiélago' griego, hace mas de siete siglos, por el dux Michieli, y erigidas en 1 170 en el lugar donde hoy se hallan.
Detrás de ellas, veíamos otras dos columnas cuadradas, procedentes de Siria, y no lejos un grupo de pórfido, llamado la Pieíra del bando, en que de tiempo inmemorial se fijan los edictos del gobierno.
Después descubríamos el principio de la plaza de Sau Márcos, la Torre del Retó, los Tres mástiles, enhiestos sobre sus pedestales de bronce , y la aguja audaz del Campanile.
Todas estas cosas, surgiendo al parecer de las aguas y destacándose en el «do , dan á aquel lugar una fisonomía inesplicable , en que no acierta uno á distinguir si lo que ve es un navio, un templo, un palacio, una decoración teatral , ó un museo de arquitectura.
Y aquello no es mas que un monumento fúnebre que pregona la muerte de Venecia.
¡ Ah!... ya no ondean en los tres elevados mástiles las banderas de Chipre, de Morea y de Candía : ya nu es esta la Venecia que dominaba todo el Oriente del Mediterráneo, en Grecia y en Turquía, desde Italia á la Tierra-Santa; la que reinaba en Constan tinopla y humillaba á Rorna y Viena ; la que imperaba en los mares, como Tiro, Sydon y Cartago en la antigüedad , como Inglaterra en nuestros días. —El descubrimiento de América la arrebató su poder y su importancia; la revolución francesa acabó con su aristocrática república; el tratado de Campo-Formio la entregó maniatada al estranjero. — 1848 fue un sueño de libertad y gloria: la promesa de 1859, una palabra vana.— Venecia espera, sin embargo.
i Oh, cuántas veces arribó el Bucentauro á este muelle de la Piazzetta en que nosotros vamos á desembarcar! El nuevo dux que acababa de desposarse con
DE MADRID A ÑAPOLES. 321 el Adriático , en el puerto de Malamocco , pasaba de la dorada góndola á unas lujosas andas y era paseado por delante del palacio ducal , esparciendo puñados de plata y oro entre la apiñada muchedumbre, mientras que la campana de San
Balcón del palacio ducal.— Véncela.
Márcos anunciaba solemnemente la proclamación ! — ¡ Cuántas otras viéronse cubiertas estas aguas de iluminadas góndolas , en las alegres noches del Carnaval, y millares de máscaras, agitadas por el amor, por la intriga ó por la sed de sangre, inundaban la Piazzetta , á la luz de los vasos de colores que festoneaban los palacios , mientras que el Consejo de los Diez aprovechaba los misterios
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del disfraz para ejercer su terrible espionaje ; jiara prender ó asesinar á los nobles, ó para Ungir motines que justificasen otros barbaros alentados! ¡Y cuántos reos de delitos j>oIHígos , que diríamos hoy , lian amanecido colgados de esas altas columnas que sostienen a los patronos de la ciudad!...
El golpe do la ferrada proa , chocando contra la escalinata del muelle de la Piazzettn , me saco de estas eabilaeiones.
Hablamos llegado.
Eran las dos menos cuarto de la tarde.
La Piazzetln estala solitaria , — salvos los centinelas.
En el pórtico ó soportal del palacio de los Dux , cerrado con una verja de hierro, conté hasta seis («añones, que apuntaban á la plaza de San Marcos...
¡Qué insolente amenaza ! ¡Qué alarde de violencia y tiranía!
El palacio de los Imx es una de las obras mas bellas é imponentes que hu creado la arquitectura...
Pero ya lo describiremos después.
Saludémoslo ahora con el poético entusiasmo, con el histórico respeto, ion la artística devoción que se «nerece, y penetremos en la plaza de San Marcos.
La plaza de San Marcos es un vasto é imperfecto cuadrilongo, formado prn grandiosos y regulares edificios , unidos con elegantes pórticos.
En verdad, aquel sitio, mas que una plaza, parece el patio interior de un palacio enorme.
En el lado oriental, elévase aislada la Basílica de S,m Marcos, ocupando todo un freute.
Los lados de Poniente y Mediodía pertenecen al Palacio real, residencia del gobierno austríaco.
Al N'orte están /*• ProcuraHr Ynrhit, en que antes moraban los procuradores de San Marcos , y hoy |>ropiedad de varios particulares.
En un ángulo de la plaza se levanta la Torre <M Rrló, y hacia la parte por donde nosotros entramos , hállase el (ampainfe , que ya liemos descrito, al que sirve de pedestal un edificio precioso, llamado la Lujijia.
Esta hHjyitt , revestida de ricos mármoles , adornada con estatuas y bajorelieves, ceñida por una hermosa balaustrada, y decorada además con magnificas puertas de bronce, es una de las primeras preciosidades artísticas de Yenecia.
Allí se reunían antiguamente los nobles á murmurar ó á conspirar. Luego fue cuer|K) de guardia. Hoy... yo no sé lo que es.
Delante de la Basílica, álzause aquellos tres colosales mástiles que hablamos divisado desde la laguna , símbolos presuntuosos del gran poder marítimo de la república.
Nada tan triste, tan espiesivo, tan patético como aquellos altísimos: palos, plantados á la puerta de la iglesia, como ayer lo estuvieron en poderosas naves. — Yo no recuerdo haber esperimenlado ante monumento alguno una impresión tan melancólica y solemne « orno la que aquellos trofeos produjeron en mi ánimo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 323 —V es que todo recuerdo auténtico tieue algo de cadáver. — Los Mástiles de la plaza de Sao Márcos parecen el esqueleto de la difunta Señoría.
La fachada de la Basílica está considerada por todo el mondo como la. obra mas acabada y bella de la arquitectura bizantina.
Mañana, cuando estudiemos el arte veneciano, haremos también su descripción.
Hoy nos contentaremos con dirigir una mirada á sus elegantes arcos , á sus ¿t upos de delgadas columnas , á sus preciosos mosáicos sobre fondo de oro , á su elegante balaustrada, á sus diez y seis torrecillas y cinco cópulas, á sus ocho puertas de bronce y á los cuatro célebres caballos del mismo metal , levantados sobre la puerta de en medio , como heraldos que pregonan que aquella suntuosa basílica fue erigida á costa del heroísmo veneciano , con los tesoros ganados en remotas guerras y en acción de gracias al cielo por el poder de que había dotado á la República.
La historia de estos caballos es larga de contar. Yo la referiré en dos palabras.—En la antigua Roma adornaron los arcos de triunfo de Nerón y de Trajauo. Después fueron en pos de Coustantino á la hermosa eiudad que tomó su nombre. En 1204, el dux Enrique Dándolo, el conquistador de Constan ünopla, se los trajo á Yenecia y los hizo colocar donde hoy se hallan. En i 797, los franceses se los llevaron á París, y lus pusieron sobre el arco de Carrousel. Finalmente, cuaudo eu I8l;í los aliados entraron en París, se apoderaron á su vez de los caballos, y los devolvieron á Yenecia. — ¡ Quiera Dios que este haya sido su último viaje !
Pero olvidemos ahora las artes muertas ; olvidemos la historia veneciana, muerta quizás también , aunque insepulta, y lijemos nuestra atención en los actuales moradores de Yenecia , que toman el sol paseándose á todo lo largo de la plaza.
Los que hayan estado eu Cádiz en invierno y concurrido á la ¡daza de San Antonio los domingos y fiestas de guardar, de dos á tres de la tarde,— hora en que las bellas gaditanas, que se han vestido lujosamente para ir á misa de doce ú una y hacer algunas visitas, lucen sus galas y encantos en aquel sitio verdaderamente delicioso , — podrán formarse idea del aspecto que presentaba hoy á las dos de la tarde la plaza monumental de San Márcos.
Las mas lindas mujeres de Yenecia, — vestidas (¡triste es repetirlo otra vez!) al estilo de París , y escolladas de enamorados jóvenes, cuyo traje era también el uniforme de dia del paisanaje europeo (pantalón de color, levita negra y sombrero de copa), — iban y venían de la Loggia al Ala nuera del palacio real, electrizando el aire con sus graciosos movimientos, con el crugido de sus faldas de seda y de sus abanicos de nácar y con sus argentinas voces y mal sofo- «■adas risas.
Las venecianas son muy hermosas. Reunid en un solo tipo el fuego de la andaluza y la interesante belleza de la valenciana, y tendréis á una hija de Venecia.
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Esta es alta, por lo regular; esbelta, morena muy esclarecida , pálida, de noble perQI, grandes ojos, (negros como el cabello,) y pie, manos y cintura estremadamente reducidos.
En este modelo , que parece valenciano puro , son andaluces los relámpagos de la mirada , el andar voluptuoso , la gracia tentadora de la alegría ó de la pena, y cierta vehemente inquietud , que en las hijas del Turia es plácido reposo y lánguida terneza.
Resumiendo : la andaluza es la impaciente y esplendorosa mañana de un día destinado á la felicidad ; la valenciana es la tierna y melancólica tarde que se sigue á ese dia : la mujer de Venecia es el día , rt por mejor decir , la noche de ventura , la crisis del amor, la trágica estatua del sentimiento.
Los venecianos, con sus luengos cabellos negros, su faz pálida y sombría, sus ojos de luto, su aire lento y silencioso , y su tranquilidad , que no es la calma, sino la espectaliva de la lucha, revelan en su semblante, en su actitud , en su manera de mirarse y de mirar á los eslranjeros, todo el horrible drama que palpita en lo recóndito de su corazón.
Cruzándose con ellos , discurrían por la plaza innumerables oficiales austríacos, de severo porte, serios y tranquilos, respetuosos hácia el pueblo que avasallan ; entristecidos por sus recientes derrotas en la Lombardfa ; no humillados ni descorazonados por ellas; muy distantes de presumir de su dominio sobre el Veneciado; muy lejos también de admitir la posibilidad de perderlo; sin rebajarse al miedo ni tampoco á la baladronada; como quien ni la busca ni la escusa; dignos y corteses, enérgicos y afables; con la grave actitud, en fin, que adoptan los caballeros al presentarse en un desafio , cuando ya no consideran á su ofensor como á enemigo odioso , sino como á respetable adversario.
Por lo demás, estos oficiales son generalmente muy buenos mozos; casi todos blancos y rubios, altos y delgados; elegantes con su levita blanca ó su capote gris, y marciales y distinguidos al mismo tiempo, como personas de una esmeradísima educación militar y literaria.
Los venecianos y los austriacos no se miran nunca cara á cara. — Hasta se podría decir que no se ven.
Cierto que pasean juntos en un mismo sitio; pero lo hacen como los locos en el palio de un hospital ;— creyéndose solos (acaso eslándolo), á pesar de que les rodea la multitud , y evitándose mutuamente al pasar, cual si los unos fuesen para los otros meros obstáculos materiales ,— árboles ó columnas.
jYa se miraron una vez hace doce años!— | Ya volverán á mirarse algún dial
Y sin embargo,— véase lo que son las mujeres,— las venecianas se dejan mirar por sus opresores!!
Supongo que sabéis lo que significa dejarte, mirar. Dejarse mirar equivale á hacerte admirar.
Ahora bien : las venecianas , como todas ¡as mujeres del mundo , saben , sin necesidad de verlo , cuándo y por quién se las mira. Y cuando el que las mira es
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un arrogante oficial tudesco ; en vez de ponerse serias ó tristes , de procurar parecerle feas ó de volver la cara hácia otro lado, se ponen lo mas bonitas que pueden; sonríen, aunque no lo exija lo que van hablando; hacen su mas gracioso movimiento y su mohín favorito ; se alegran de tener buenos ojos y un lindo talle, é inscriben en su diario de operaciones, en su boletín <M din , el obtenido triunfo , sin pararse á considerar que lo han alcanzado sobre un enemigo de la patria.
Pero | quién sabe! — Acaso, por lo mismo que están en guerra permanente contra el Austria , procuran vencer y esclavizar á sus soldados ,— firmemente resueltas á no darles cuarfel , ó sea á no destilar por los labios el antídoto del veneno que les dan á beber en sus ojos... — ¡Quién sabe!... vuelvo á decir.
Con todo, — como no hay regla sin escepcion, y hasta sin escepciones, — yo me permito imaginarme la posibilidad de algunos casos , en que la prohibición (causa del apetito, como lodo el mundo sabe) produzca (mahjrt1 la conciencia y la voluntad) interesantísimos dramas por el estilo de ¡torneo y Julieta.
Yo me figuro, v. gr. , á un oficial austríaco, enamorado en silencio, sin esperanza y sin poderlo remediar, de una de estas hijas de las olas, cuyo moren» mate recuerda el color de las Venus de Ticiano ,— ó bien me imagino A una veneciana muriendo de amores , sin atreverse á confesárselo á sí misma , por uno de estos maldecidos estranjet os , cuyas tristes y respetuosas miradas le dirán á todas horas : «No me podéis amar : no me améis : entre nosotros hay abierto un abismo lleno de sangre.»
También puede suceder que los azules melancólicos ojos del guerrero germánico y los negros y apasionados de la náyade del Ürenta se sobrepongan á los odios de raza y concluyan un tratado de paz y amistad...
Ya en este caso, figuraos las citas misteriosas; los peligros arrostrados; los momentos do terror que amenizarán las entrevistas ; la lírica combinación del amor y el miedo; las lágrimas y los remordimientos de la amada; la infinita gratitud y los temerarios proyectos del amante ; las sospechas del hermano ; la delación del gondolero ; el encuentro de dos rivales en una oculta galería; el desafio ó el asesinato; la maldición del indignado padre; la cautividad de la liviana hija; el rapto y la fuga ; el couvento , el suicidio , la tisis ó'el casamiento de conveniencia,—ó bien el cambio de guarnición, la ausencia, la infidelidad y el olvido del austríaco; la imposibilidad de quejarse en que queda la italiana; las cartas sin respuesta; los plazos que uo se cumplen; la noticia de la muerte del oficial, acaecida en Palleslro ó Solferino, y la enfermedad siu nombre de la soltera-viuda; y el retrato de un mancebo rubio , besado disimuladamente en las noches de agonía; y la muerte de la desposada; y su blanco sepulcro, sobre cuya lápida fria revelan los confidentes la secreta historia , de la cual se apodera mi vate ; y finalmente , el poema , la tragedia 6 el melodrama que este vate escribe , y las lágrimas piadosas de la posteridad entusiasmada !
Ninguna historia mas verosímil que las que acabo de bosquejar. — Es el contraste de siempre. El hombre del Norte enamorado de la beldad del Mediodía.
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Ved si no á los ingleses en Sevilla y en Granada.
0 ved & los tercos rusos bebiendo los vientos por Constan tinopla.
|AJi! Si no fuera herético, yo negaría la unidad de la especie humana...
Tales eran hoy mis pensamientos en la plaza de San Márcos.
Entre tanto, algunos soldados iban colocando en medio de ella unos atriles con papeles de música, en cuya cubierta se leia: Somnámbula, per Vincenzo BrUini, mientras que los profesores de una numerosa banda militar templaban pus instrumentos.
En esto dieron las dos en l'ornlonio di San Marco.
Lo que pasó entonces en menos de diez segundos, no puede referirse en una hora.
Primeramente oyóse un redoble de tambor que terminó en un golpe do música.
No bien sonó este golpe , toda la gente que se paseaba por la plaza , echó á correr y se desbandó en varias direcciones, apresurándose y atrepellándose por desaparecer en seguida y no oír la música tudesca.
Esta manifestación del odio de los venecianos á sus opresores se repite todos los domingos.
1 Y sin embargo, los pobres tudescos iban á i-endir un homenaje al genio nacional, tocando la obra maestra de Bcllini!
Un momento después la plaza estaba casi desierta.
Las venecianas se dirigían por tierra A sus palacio*.
Los venecianos se habían refugiado en el café Florión 6 seguían su paseo por la Piazzetta.
En cuanto á los oficiales austríacos , se habían ido todos ai café Quadri un momento antes de la consabida manifestación , á fin de no presenciarla.
El café Quadri se halla situado bajo los pórticos de le Procuratie Yecchic. en el lado septentrional de la plaza, en fronte del caft* Harían.
Nota. — Los austríacos no van nunca al café Fiarían, y no hay un solo veneciano que haya puesto los pies en el café Qnadrj.
Ya ¡remos nosotros á los dos cafés y veremos buenas cosas.
Continuemos ahora nuestro relato.
Aquella misma primera campanada de las dos que habia dispersado á los venecianos, dejándonos solos á quince ó veinte estranjeros y á los desairados músicos , fue una especie de conjuro que atrajo sobre nuestras cabezas un tropel de mas de mil palomas, las cuales, después de asordar el aire, durante un momento, con el crugido de sus alas, bajaron á tierra y se reunieron en el ángulo Noroeste de la plaza, cubriendo materialmente un inmenso espacio de terreno.
Aquellas palomas, azules en su mayor parte, habían acudido simultáneamente de las torres y cúpulas de San Márcos, del Campande, del Palacio Ducal y de todos los tejados circunvecinos.
tina vez reunidas en apiñado grupo , abrióse sobre ellas un balcón (el Iwdcon Í4.°)del segundo piso de una de las casas en que está dividido el estenso
DE M.U.HU» A NAl'OLES. 327 palacio de le í'rocuraíir | rechic, y apareció en él un criado cou una bandeja en la mano.
Las palomas so estremecieron de júbilo. La bandeja estaba llena de trigo.
El doméstico lo esparció á puñados sobra las impacientes aves; sacudió la bandeja, y desapreció , .mando la ventana, con la mayor indiferencia del mundo.
Hace bástanlos siglos que esta singular escena se repito todos los dias á la misma hora y en el mismo lugar. Héaqui su esplicacion.
En los primeros tiempos de la república do Venoeia , acostumbrábase el Domingo de Ramos á soltar, después de la Prucrsiuii ile fas ¡'almas , un gran número de palomas; pero cargándolas de cierto peso, á lin de que no levantasen un vuelo muy largo , y pudiese el pueblo apoderarse de ellas.
A pesar de esta precaución , cada año escapaban á la codicia popular algunas docenas de aquellas aves presidiarías , las cuales , no pudiendo atravesar la laguna con la especie de grillete que les habiun atado al pie , se refugiaban en los techos de la Basílica y del Palacio Ducal , donde encontralKin fáciles y seguro? nidos.
Allí se projKtgai-on extraordinariamente; y, como acontece siempre en casos análogos, al cabo de nerto tiempo llegaron á ser objeto de amor y veneración para los mismos que las habían perseguido. — Ellas, en cambio, habían tomado carta de naturaleza en la ciudad , y aunque libres ya de la cadena que antes les impidiera irse á sus lares patrios, quedáronse de buen grado cu aquellas extranjeras cúpulas que habían visto nacer á sus pichones.
Asi las cosas , y atendidos los jk>cos 1-ecursos que ofrecían las islas á la creciente colonia, dispuso el dux Mocchhjo , que en adelante se alimentase á aquellas inocentes criaturas por un delegado de los graneros públicos, á costa de la ciudad que las habia retenido á dura fuerza , y que se les guardasen los mismos respetos y consideraciones queá los demás habitantes de Venecia.
Desde entonces, las plomas bajaron de sus altas viviendas y se hicieron amigas de los venecianos , con los cuales pasean hoy tranquilamente por la plaza ■te San Márcos , y cuyas casas visitan sin recelo alguno.
Pero aun no habían terminado los sufrimientos de esta tribu infortunada.
En 1707, á la estineion de la República, el gobierno francés les retiró la pensión que disfrutaban hacia siglos, y las jiobres palomas atravesaron algunos años de verdaderos apuros.
Finalmente, quiso Dios tocar al corazón de una noble señora, de la familia de /'ocaslro, moradora de la casa á cuyo balcón habían acudido desde los tiempos de Mocenigo las hijas adoptivas de la ciudad k recibir el pan de socorro; y dicha señora se constituyó y constituyó ú sus herederos en la sagrada obligación de alimentar á sus espensas, gratuita y generosamente, á estas huérfanas <\r la re-
328 DE MADRID A ÑAPOLES.
pública, hasta tanto que la ilustre Señoría sacudiese la servidumbre y pudiese restablecer las antiguas prácticas.
Y tal es hoy el estado de la cuestión.
Mientras yo me enteraba de ella, la música austríaca seguía tocando el primer acto de la Sonnámbula , y ciertamente, de una manera admirable.
Esta última opinión no es mia: es de los mismos venecianos.
L03 paisanos del insigne Pórpora aman la música sobre toda ponderación , y si razones de patriotismo les impiden disfrutar públicamente de las acordadas armonías de las bandas tudescas, no es mucho verlos parados detrás de las esquinas que dan á la plaza de San Márcos, con el oido atento á las melodías italianas, interpretadas magistralmente por los profesores alemanes , ni menos es raro oírles esclamar á cada momento :
—¡Cor¡m di Dio! ¡Questi barbari eseguiscono come angelí! (Estos bárbaros tocan (ejecutan) como ángeles !)
No una , sino muchas frases por el mismo estilo oimos esta tarde mis amigos y yo en el café Florión , en donde entramos en busca de sombra y de descanso, cuando ya hubieron concluido de comer las palomas.
Tocaban á la sazón los austríacos la magnífica introducción del primer acto de Lucrezzia Borgia , en que , no sé por qué misterio de la sensibilidad humana, Donizetti ha pintado con notas musicales, y todos hemos entrevisto al oirías, una mascarada de Venecia.
Ix>s mas ardientes patriotas de la ciudad (que es como quien dice , las personas mas principales de ella) parroquianos constantes del café l lorian , no prestaban atención alguna á los periódicos de París y Londres que tenian en la mano, y llevaban con la cabeza el compás de la música, esclamando maqui- . nalmente:
— ¡Magnifico! ¡Soberbio! ¡Delicioso!
El son de sus propias palabras les recordaba entonces que estaban aplaudiendo á sus mortales enemigos , y haciendo un brusco movimiento como para sacudir una fascinación, tornaban á la lectura del Journal des Debáis, del Times , de la Presse 6 de la Patrie , en cuyas largas columnas encontrarían indudablemente palabras de consuelo y esperanza.
Alrededor de cada lector habia un grupo de ocbo ó diez amigos suyos, que alargaban la cabeza para oir tal ó cual noticia ó comentario , dicho en voz muy baja y precedido de una mirada recelosa hácia alguno que otro personaje rubio que refrescaba tranquilamente , sentado solo en una apartada mesa.
Aquellos individuos rubios eran agentes de policía, disfrazados de caballeros.
Como habia tanta gente en el café , nosotros nos vimos obligados á sentarnos muy cerca de uno de aquellos grupos de lectores, los cuales nos miraron y se miraron con marcado recelo y bajaron mas la voz siempre que se dirigieron la palabra.
Yo atribuía aquella actitud á la cara alemana de H. de V. , á los cabellos
DF. MADRID A PIAfOl KS. 320 dorados de Sir Xi lino, que también podía pasar por tudesco, y a algunas palabras españolas que yo lo dirigí al joven cónsul,
l'alaeiodel Dtn de Veoecia ¡r Puenle de la Paja.
En toda Italia, español es hoy sinónimo de austríaco, de teócrata, de partidario de Francisco II. — Ya os lo dige en el Lago iMayor. . Sin embargo : á pesar de toda su reserva , comprendimos que se ocupaban déla reciente batalla del Garerjliano.
330 DE MADRID A ÑAPOLES.
Los jóvenes patricios se reian y bromeaban al leerse algunas noticias.
Esto me afirmó en una sospecha que tenia yo desde anoche ; y sin encomendarme á Dios ni al diablo, aconsejé á Sir Arturo que metiese la cabeza en uno de aquellos grupos y pidiese noticias de Nápoles.
Sir Arturo no vaciló, aunque se puso muy colorado; y valiéndose de su italiano de colegio, saturado de un marcadísimo acento inglés, arrojó estas palabras en medio de aquel club.
— Perdón, caballeros. Yo soy inglés, y |R>r consiguiente amigo de la Italia. ¿ Tendrían ustedes la bondad de decirme qué ha sucedido allá abajo , en el Garegliano?
La pregunta de Sir Arturo fue perfectamente recibida.
En Yenecia, imjlés es sinónimo de liberal, de amigo de San Márcos, de enemigo de Antonelli, de protector de Garibaldi.— La estratagema de Marsala está muy reciente.
— Sonó iuglcsi, esclamaron los venecianos despejando el ce&o. Y mirandonos con afabilidad, respondieron á la pregunta de nuestro amigo:
—Las tropas italianas han ganado la batalla del Garegliano. Cápua y Mola di Gacta están en poder del rey Galaiifuomo El ejército borbónico ha sido aniquilado y su restos se han visto en la precisión de encerrarse en Gaeta con Francisco II. El asunto de Nápoles puede darse por concluido. Yea usted los despachos telegráficos.
¡Qué imbecilidad tan ridicula la de todos los opresores! ¡Qué necia candidez la del gobierno austríaco !«; Ayer pone en sus periódicos que Francisco II ha derrotado á los píamonteses , y hoy deja circular por Yenecia los periódicos de París y Lóndres en que se afirma lo contrario!— Bien es verdad que poco hubiera adelantado con recogerlos. En Yenecia entran todos los dias tres largos üenes de viajeros procedentes de Milán y Turin , y por estos se hubiera descubierto la mentira. — Pero, entonces, ¿á qué llenar de grotescas falsedades los periódicos destinados á promulgar las leyes? — ¡Qué feo, qué difícil y que deslucido es el papel de tirano!
El café I-lorian tiene un renombre europeo y es el mas lindo que yo conozco. Mas que un cafe , j»rece el tocador de una reina, adornado en un estilo medio Médicis, medio Luis XIV. Sus habitaciones son muy pequeñas y están decoradas con tanto lujo como primor artístico. Las puertas, las sillones, la vajilla, todo respira en él una ortodoxia estética (perdóneseme la frase), que no se encontraria ni en un gabinete dibujado por Rafael. Las paredes, en vez de estar cubiertas de papel ó estuco, se hallan pintadas al fresco y revestidas luego de espaciosos cristales. Unas estatuitas doradas, del mejor gusto, sostienen las luces de gas en lámparas pompeyanas. Muelles divanes de terciopelo azul ó rojo dan la vuelta á cada aposento. Las mesas, de mármol de Carrara, son sumamente chicas, y se apoyan en una sola columna, de forma hizantina ..labrada también en mármol. Las vidrieras, los aparadores, el mostrador, las mas insignificante? enseres del servicio son verdaderas preciosidades dignas de atención y estudio.
DE MAMlin A ÑAPOLES. 331 Para decirlo de una vez: el café Florión es digno de la plaza de San Marcos, como la plaza de San Marcos merece sor, como es, la sala principal de Venecia.
El cafó Florión, y algunos otros, permanecen abiertos toda la noche, según una práctica inmemorial.
En cuanto al café Cuadri, en el cual entrabamos algunos momentos después, no nos llamó la atención por su riqueza ni por su hermosura , pero si por su concurrencia.— Todo él estaba lleno de oficiales, entre los que se veian algunos paisanos austríacos, empleados sin duda del gobierno.— Alli se leian periódicos en alemán , se fumaba y se bebía cerveza.
El dueño del establecimiento es italiano...
Yo creo que el café Cuadri está destinado á ser hecho ceniza por el pueblo, asi como cierta tienda en cuya muestra se lee: AU' Imjteratore ¿'Austria.
El resto de la tarde y el principio de la noche los hemos pasado vagando á la ventura por las calles sólidas de Venecia.
La Venecia terrestre , con sus callejuelas alumbradas de gas , llenas de un brillantísimo comercio (que no es sino la sombra de lo que fue antiguamente), con sus pequeñas plazas, too sus angostas y complicadas travesías, con su limpio é inmejorable empedrado, me recuerda la arábiga Sevilla y me hace comprender lo que seria una ciudad mora en que lograse penetrar la civilización.
La estraña y al principio ininteligible complexión de Venecia, es bastante sencilla.— Cada una de las numerosas islas, medio naturales, medio artificiales, que constituyen la ciudad, comprende dos largas manzanas de casas, éntrelas cuales corre una calle. Estas casas arrancan inmediatamente del agua por taparle esterior de la isla , teniendo cuando menos una puerta hacia el canal que separa á una isla de otra, mientras que, por el lado opueslo, miran A la calle interior que hemos citado , sobre la cual abren dos ó tres puertas generalmente ocupadas por tiendas de comercio. — De esta manera se esplica que no haya casa alguna que no tenga acceso por agua y por tierra. — Centenares de puentes enlazan a islas con islas y á calles con miles , formando el intrincado dédalo de la ciudad.
Lo que mas gracia me hace en osU* laberinto es la facilidad que encuentra uno á cada instante de interrumpir su marcha, si va fatigado, y continuarla en góndola. — De cien en cien pasos, y aun con mayor frecuoncia, os halláis entre dos escaleras : una que sube y otra que baja. La que sube va á un puente que os pasará á otra isla. La que baja lleva á un canal , donde nunca falta una góndola que os ofrezca sus servicios. — Toda la diferencia de tomar uno ú otro camino, consistirá solamente en que , si por ejemplo os dirigís á una casa , entrareis en ella por una puerta en lugar de entrar por otra, lo que será completamente igual para su amo, acostumbrado ya á vivir entre dos fuegos.
Durante la escursion de esta larde , hemos pasado por en frente de algunas magnificas iglesias , situadas por lo regular en el centro de las mas espaciosas islas, y rodeadas de árboles y monumentos. De buena gana hubiera entrado en algunas de ellas , á admirar las obras maestras de pintura ó á visitar los sepulcros
331 DE MADRID A ÑAPOLES.
de grandes hombres que encierran casi todas ; pero esto era contra nuestro programa , y lo he dejado para otro dia.
En cambio , hemos pasado y repasado por sus tres vías paralelas el famoso Puente de Rialto , deteniéndonos mas de una vez á contemplar desde su elevada cimbra el magnífico panorama que á un lado y otro presentaba el Canal Grande, enrojecido primero y teñido de ópalo después por las luces del crepúsculo, que prestaban una fantástica apariencia á los palacios.
Cuando ya fue de noche , volvimos á la plaza de San Marcos.
Una espléndida iluminación de gas , reflejándose en las bruñidas losas del suelo , en los cristales de los cafés y en las hermosas fachadas de le Procuratie Vecchie y del Palacio Real , le daban el aspecto de un salón de baile.
Las venecianas y su séquito de amadores estaban de vuelta en la plaza.
Su animación y su alegría eran aun mayores que esta tarde. Los novios, protegidos por la noche , paseaban juntos. Los oficiales jóvenes se permitían reir y bromear y hasta mirar á sus enemigas , yendo en largas hileras , oojidos del brazo. El ruido de sus sables se confundía con las carcajadas de las hermosas. Diríase que la velada es en Yenecia una hora de olvido y reconciliación. Mil conversaciones distintas, — balbucientes declaraciones, juramentos á media voz, intimas confidencias, apasionados suspiros, murmuraciones, chanzas , incoherentes preguntas , nombres pronunciados en voz alta , reprimendas de madres, sordos rugidos de celosos cónyuges , alguna amenaza , alguna queja , tal vez alguna lágrima cruzáudose con una risa, el tarareo indiferente del que iba solo, — todas estas cosas juntas formaban un confuso rumor, plácido y melancólico, en que palpitaba y gefnia nuestra pobre vida humana , el eterno poema de la juventud , amor che nullo amato amar perdona ; Yenecia , en fin , que no ha muerto todavía, ó que sale de su sepulcro durante la noche y recuerda los tiempos que pasaron.
¡Oh ! ¡ Yenecia 1 ¡Yenecia! — Cuando á esa hora se la ve recobrar algo de su antiguo júbilo, de su apasionada alegría, de aquella alegría que no lograban turbar los sangrieotos dramas públicos ó secretos de que era teatro en los grandes días de su libertad ; cuando se oye el blando murmurio de su armonioso idioma , que aun repite bajo el dogal estrañjero los suaves acentos del amor , y contempla uno á sus hijas , tan bellas hoy y encantadoras como en los tiempos en que Tintoreto y Ticiano las legaban á la admiración del mundo , la imaginación recompone el magnífico pasado de la ciudad galante , y se figura las mil y mil escenas que la música y la pintura han eternizado, uniéndolas á la celebridad de Shakspeare y de Hossiní , de Byron y de Donnízetti , de Yerdi y de Yictor-Hugo.
El muelle de la Piazzetta , á donde nos trasladamos luego , atraídos por los acordes de un concierto ambulante , acabó de exaltar mi fantasía, haciéndome soñar con las poéticas historias que he citado.
Allí se embarcaron Otelo y Desdémona para la isla de Chipre, de donde nunca mas volvieron.— Alli desembarcó Lucrecia fíorggia , viniendo de Ferrara, en busca de su adorado hijo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 333 El concierto callejero se componia de guitarras, violines y contrabajos. Los músicos eran siete; de ellos tres mujeres, hermosas y tristes, á cuyas ropas de luto se asian algunos pequeiiuelos, probablemente sus hijos, cansados de vagar todo el dia de una calle en otra y rendidos ya por el sueño.
Sus padres tocaban distraidamente , mirando de través ¿aquellas pobres criaturas, temerosos que se durmieran y rodasen por el suelo.
Y sin embargo de esta preocupación , y de la inquietud que seutirian acerca de si el público que les escuchaba se iria á la fin sin pagarles , tañían los instrumentos y armonizaban sus melodiosas voces con inspiración tan sentida , con suavidad tan patética que se hubiese dicho que en el fondo de sus cantos lloraban agrupados el genio del arle , los númenes de la ciudad y el adverso destino de aquellos miserables trovadores.
Á veces, toda aquella tribu de famélicos artistas, lo mismo las madres que los esposos y los soñolientos hijos, unían sus quejumbrosas voces al son de los instrumentos , y cantaban en dialecto veneciano no sé qué historias de amores sin fortuna , no sé qué luchas con la suerte, no sé qué desgracias vagamente definidas, que me parecían á mí su propia historia y acaso también la historia de Venecia.
La menguada luna aparecía en tanto por encima de los muros del Arsenal, viniendo á visitar los mismos canales en que yo la encontré anoche, bañándose sola y sin recelo en las olvidadas ondas...
Y Beppo , mi astuto veneciano , sentado en su góndola , á pocos pasos de nosotros , nos invitaba á un paseo por aquellos canales , permitiéndose describirnos con celadas y discretas fórmulas las delicias ocultas de Venecia , los gabinetes vestidos de raso, brillantes de luz, llenos de perfumes, que, según él tiene entendido, se ocullan detrás de los muros negros y medrosos de las mas lóbregas callejuelas... Y yo me acordaba de que Chateaubriand (que, entre paréntesis, escribió parte de sus Memoria* de Ultratumba en el mismo hotel en que nosotros vivimos), cuenta que al pasar por no sé qué puente en que habia una Virgen, alumbrada por muchos faroles , vió á unas hermosas y desdichadas jóvenes que rezaban Ave-Marías, y que con la mano derecha hacían la señal de la cruz, mientras que con la izquierda detenían á los transeúntes, hablándoles de aquellos mágicos recintos que nos describía mi gondolero.
No me censuréis, pues, el que os haya hablado de estas cosas: censurad al autor del Genio del Cristianismo que me ha dado el mal ejemplo.
Yo por mí puedo decir que si accedí á la invitación de Beppo y saltó de la Piazzetla á la góndola, fue para venirme al hotel y escribir estos pálidos recuerdos del primer dia que he pasado en Venecia.
¡Ahí Ya han dejado de estar de moda aquellas escandalosas escenas en que se cantaba el brindis que Victor-Hugo pone en boca de Mafiío Orsinf :
Amis, vive l' nrgie! J' aime la folie nuit El la nappe rougie
334 DE MADRID A ÑAPOLES.
Et les chanta etlebruit, Et les domes peu sévéres, • Les cavaliers joycux , Le vin dans tous les verres , L' amour dans tous les yeux!
Hasta mañana , pues , y concluyamos por hoy copiando la copla veneciana que Gaetano , el hijo de Beppo , cania al pie de mis balcones.
Coi pensieri tnalinconini
no te star it tormentar :
vien con mi , montemo tn góndola
atulremo in mezso al mar...
Lo que, traducido al castellano, viene a decir:
Con ¡deas melancólicas
déjale de atormentar :
ven conmigo; entra en mi góndola
é iremos en medio el mar...
Antiguamente , no cantaban los gondoleros tan pobre y vulgar literatura , á la puerta de esta mansión , sino las octavas sublimes de la (inusalemme libérala.
Verdad es que antiguamente el suntuoso palacio (¡iusliiiiam no era una posada pública.
Dice bien el poeta Niccolini , imaginando que habla desde los siglos pasados:
¡Citta superba! il tuo crudel Lione disarmato dagli nnni amlrá deriso ; privo delV iré, onde la morle é bella , egli cadrá settza mandar rnggito.
Conque muy buenas noches.
El palacio de los Dnx. — !>*• la Escalera de los Gigantes al l'ucnte de los Suspiros.— Sala del Gran Consejo.— Sala del Consejo de los Diez.-E\ Consajo de los Tres.— Los Píomoa y los Pozos — Recuerdos de Silvio Pellico.— Lugar del tormento — ln Cicerone como hay pocos.— El canal ile Paylia.
Yonrria 5t1<" novirnibtv 180).
Son las doce de la mañana cuando salgo del Palacio Ducal , donde he pasado cuatro horas.
Creedme : una verdadera y profunda emoción de asombro y miedo me embarga todavía. — La luz del sol me causará ya hoy la misma estrañeza que le produce al que deja el lecho por la primera vez después de una larga enfermedad en que ha entrevisto la muerte.
DE MADRID A ÑAPOLES. 33o Yo vi esta mañana el esplendor del cielo : luego me sumergí poco a poco en una tremenda noche ; y ahora que he tornado al mundo , me parece que me hallo en otro dia ; que despierto en un letargo ; que la marcha del tiempo ha estado suspensa durante algunas horas, ú que yo repito un dia de mi vida y vuelvo á ver un sol que se puso hace mucho tiempo.— Mejor dicho: en este instante esperimento aquel asombro indefinible en que pasé este verano la perdurable tarde subsiguiente al eclipse total de sol que presencié desde las j uinas de Sagunto.
¡ El Palacio Ducal1... — Yo entré en él por la Escalera de los Gigantes, refulgente de luz y de hermosura , y he salido por la angosta y sombría escalera de los Pozos, — por donde sacaban los cuerpos de los ajusticiados para llevarlos á enterrar ó echarlos en la laguna. — -¡Dichosa, si; pero no interesante edad la nuestra, en que me ha sido tan fácil y tan poco arriesgado recorrer el laberinto pavoroso donde miles de hombres se lian perdido para siempre !
No hace todavía muchos años , entrar en el Palacio Ducal por la Piazzetfa para salir por el (!anal delta Pat/lia, equivalía á ir de la vida de la muerte. — • Entre una y otra puerta estaban el Conseja de los Diez , las prisiones , la sala del tormento y la horca espantosa que yo acabo de tocar con mis manos!— Y si alguno llegaba vivo al término de esta calle de amargura, no era sin que sus »»- bellos, por negros y juveniles que fuesen á la entrada, blanqueasen, como pavesas, á la salida. — ¡Cuántos y cuántos invirtieron treinta ó cuarenta años en recorrer la Via Crucis que yo he visitado en cuatro horas !
¡.Oh, mísera poesía! Tú fe vas como muchos otros númenes, dejándonos demasiado venturosos á los cultos liabitantes del planeta!
¡ Oh , libertad I ¡cuan dulce es desearte !
Pero dejemos estas filosofías, y describamos el Palacio Ducal y las interesantísimas escénas que acaban de ocurrirme en él.
Ya lo he dicho : el Palacio de los Dux es una de las obras mas bellas é imponentes que ha creado la arquitectura. Yo no sé qué nombre dar al estilo de su fachada: si el de árabe italiano ó el de tjótico-bizantino. Mejor será decir que es puramente veneciano.
En aquella fachada resplandecen los mosaicos orientales , los arcos romanos, las ojivas góticas, la decoración plateresca y las columnas bizantinas, y todas estas cosas juntas dan por resultado una belleza esclusivaracnlc veneciana, que resume los varios caracteres de la historia de la República y armoniza con la estraña contextura de la ciudad.
Donde el pavimento de las calles es de agua, se concibe que la base de los edificios sea una doble columnata aérea , que dibuje en el cielo y en las ondas los esbeltos perfiles de sus abiertas galerías.
Donde confluyen el imperio alemán , la clásica Italia y el esplendoso Oriente, se esplicaque las estatuas gentiles figuren en hornacinas cristianas; que el arco apuntado se levante sobre la cornisa griega , y que el macizo bordado de arabescos descanse en los calados rosetones góticos.
336 DE MADHIU A NAHOLKS.
i Y qué armonía, qué incomprensible unidad en esta amalgama de estilos tan hetereogéneos !
Pero el palacio ducal no puede describirse.— ¡Cuánta maravilla de arle! ¡ Cuánta riqueza ! \ Qué graciosos adornos de todos los gustos ! \ Qué atrevidos arcos! [Qué esbeltas columnatas!— Hay esquinas que son obras maestras de ornamentación ; escaleras que parecen sueños de la fantasía ; perspectivas ideales; verdaderos tesoros de pintura y de escultura; un asombroso lujo de mármoles y bronces , y sobre todo esto un aire severo de antigüedad , un perfume histórico, una grandeza monumental que llenan el alma de veneración y respeto.
j Imposible enumerar tantos prodigios I Yo diré solamente aquello que me impresionó mas vivamente.
En medio del patio interior (que es por si solo una maravilla , y bastaría para atraer á los viajeros á Venecia) vi dos elegantes cisternas de bronce , que son las mismas que veia Silvio Pellico desde la reja de su prisión.
Ahora, como entonces, acuden 4 ellas algunas hijas de la ciudad, con su clásica ánfora en la cabeza , en busca del agua del cielo.
Y esto es lo único que resta de los antiguos destinos del palacio de la Señoría.
En aquel palacio se redactaban antes las leyes, se administraba justicia, se gobernaba el Estado; allí estaban las prisiones y los suplicios; allí vivia el Dux; allí celebraba sus sesiones el Gran Consejo; allí era este vigilado por el Consejo de los Diez ; allí reinaba sobre el Consejo de los Diez la Inquisición de los Tres (/ Capí).
Hoy no busca allí el veneciano sino el agua llovediza. El palacio está deshabitado.
Pero no : que en él moran todavía , siquier inmóviles y mudos , todos los legisladores y guerreros de Venecia , pintados en las paredes ó representados en estatuas. Los conquistadores han hecho bien de dejarlos allí solos. — Asi podrá decirse todavía que Venecia no ha muerto. — Venecia vive en el Palacio de los Dux.
En el patio interior y en frente de la puerta de entrada empieza la famosa Escalera de los Gigantes , llamada asi á causa de dos estatuas colosales que representan á Marte y á Neptuno, deidades protectoras de la ciudad anfibia.
Esta escalera es sumamente bella , asi por la riqueza de los mármoles que la revisten , como por la delicadeza y primor con que están labrados.
En su ancha meseta se verificaba la coronación de los Dux , y aun se dice que en ella fue decapitado Marino Faliero...
Pero esta última tradición es á todas luces inexacta , puesto que la Escalera de los Gigantes no fue empezada sino diez años después de la ejecución del anciano esposo de Angiolina.
La Escalera de Oro , adornada de riquísimos dorados, notables frescos y bellas esculturas, conduce á un gracioso vestíbulo.
Luego se penetra en la vastísima sala del Gran Cornejo, verdadero capitolio de la república veneciana, cuyos techos y paredes esláii revestidos de famosisi-
DE MADRID A ÑAPOLES. 337 mas pinturas debidas á Pablo el Veronés, Tintoretto, Bassano, Palma el Joven y otros célebres artistas.
Las pinturas de las paredes representan los fastos de la República,— las alianzas del Dux y de los Cruzados ; las dos conquistas de Conslantinopla ; las coro-
Loggtl t!e"I.jnn, <tj Florencia.
naciones de los Dux mas eminentes; la vuelta de gueireros vencedores; la batalla de Lepanto ; los tratados con los pontífices y con los Césares de Alemania ; las guerras con los vecinos de la altiva señoría, con los Esle de Ferrara, con los Yisconti de Milán , con ios Svala de Yerona ; una victoria (no he podido recordar cual) obtenida sobre un rey de Aragón; los triunfos del infortunado Carmagnoto, cuya prisión vi mas adelante ; la presentación de los emisarios venecianos en el
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campamento sitiador ile Pavía, y otros muchos episodios históricos que acreditan lo muy temido y respetado que fue en toda Europa el í.eon alado de San Márcos.
Entre estos lienzos hay uno que pasa por el mayor en tamaño que existe sobre la tierra. — Su altura es de treinta pies y su anchura «le setenta y cuatro. — Representa la Gloria del Paraíso, y está firmado por Tínforetto.
El Tintoretto , imitador de Miguel Angel , se propuso indudablemente con este cuadro crearle un rival , ó cuando menos un hermano , al famoso Juicio Final de la Capilla Sixtina.
Sin conocer yo todavía la grande obra de hwmarotti , sino por el grabado, rae atrevo a asegurar que Tintoretto no consiguió, ni aun remotamente, su propósito.
La Gloria del Paraíso carece de unidad, de conjunto, de espresion armónica. Es una aglomeración de mil figuras, una amalgama de episodios, una multitud de cuadros análogos reunidos en un solo lienzo.
En cuanto al color, está completamente perdido.
Sin embargo, esta obra es digna de admiración y respeto por la fuerza de inventiva que revela y por el correcto dibujo de casi todas sus partes.
En el friso de la sala se ven lo* retratos de setenta y seis dur de Veuecia.
Mas no de setenta y seis ; que en el lugar donde debia hallarse el de Marino Faliero hay un cuadro negro con estas lúgubres palabras:
Hicestlocus Marini Falieri, decapitati pro criminibus.
Tal es el único monumento que recuerda en el Palacio ducal al que puso su primera piedra.
El techo de la sala del Gran Consejo no desmerece de los muros.
En él se vé primeramente una de las obras capitales de la pintura veneciana: Venecia en medio de las nubes coronada ¡mr la Gloria, de Pablo el Veronés. — En otro lado está Veuecia coronada por la Victoria, de Palma el jóven. El resto del techo representa i Venecia rodeada de las divinidades del Olimpo, y es obra de Tintoretto.
En aquella especie de competencia , triunfa Pablo el Yeronés.
Después de la sala del Gran Consejo, viene la del Escrutinio, en que eran votados* los dux.
Allí son tan notables los ricos dorados y artísticos adornos de las parede* como los cuadros que las adornan. — En el fondo de esta sala se eleva, sirviendo de puerta , un arco de triunfo erigido por el senado en honor de F. Morosini.
Luego se entra en la Biblioteca de San Marcos, compuesta de 120,000 volúmenes y 10,000 manuscritos; de ella se pasa á la Camera Degli Scartati, eu que se guardaban las togas rojas de los consejeros ; en seguida se penetra en la Sala dello Sendo, donde se colocaban las armas ó blasones del dux reinante, y al fin se llega a la Sala della Bussola, antecámara del Consejo de los Diez, donde antes babia una cabeza de león, en cuya boca depositaba la cobardía delaciones anónimas contra los enemigos del gobierno.
DE MADRID A ÑAPOLES. 339 Todas estas salas merecen un detenido examen , no solo por su importancia histórica, sino por las obras de arte que encierran. Allí se ven, entre otras maravillas, algunas esculturas griegas de gran mérito : — una Minerva colosal; un^ copia antigua de la Venia de Médica; un grupo lascivo de Júpiter y Leda, lleno de espresion y encanto ; otro de GanimeJes robado por el águila , atribuido por Üínova nada menos que á Fidias ; varios glmliadores , y otras muchas magistrales estatuas.— Sin embargo , yo no me he parado a estudiar aquellos preciosos marmoles.
Esto hubiera introducido una fatal perturbación en mis sensaciones. En Yenecia persigo solamente el ideal de los tiempos medios. — Pronto iré a Florencia, donde empieza la patria del arto clásico, y allí , y en Roma y en Nápoles, encontraré repetidos hasta la saciedad todos los prodigios de la escultura antigua.
Luego pasé por la Sala tlei Capi, donde se reunian los Tres Inquisidores que reinaban sobre el Consejo de los Diez, y al fln penetré en el aposento en que celebraba sus sesiones este |>avoroso tribunal.
Aquellas célebres estancias no dirían nada á la imaginación sin la esplicacion del conserje. Por el contrario: las hermosas pinturas que las adornan , los raudales de luz que penetran en ellas por puertas y ventanas , y la graciosa ornamentación de las paredes y de los techo*, alejan de la mente toda idea de horror y sobresalto.— Yo pasé, pues , por aquellos tremendos sitios sin emoción alguna, aunque muy satisfecho y orgulloso con el solo pensamiento de que ya podría decir toda mi vida que los habia visitado.
Esta desilusión principiaba á mortificarme un poco , cuando hé aquí que repentinamente cambió por completo el carácter de mis impresiones, convirtiéndose en lo mas dramáticas , auténticas y terribles que nunca hubiera imaginado.
Fue el caso que el conserje , después de enseñarme todas las habitaciones que acabo de enumerar, me llevó de nuevo á la Sala deiCapi; abrió una puerta secreta, perfectamente disimulada , y señalándome un pasadizo oscuro que principiaba en ella , me dijo :
—Entre usted por ahí ; al fln de ese corredor encontrará al conserje de las prisiones. Yo he concluido ya de servir al caballero.
V hablando asi, me tendió la mano, en la cual puse una moneda, y se marchó, dejándome solo en medio de la mas triste oscuridad.
La puerta por donde yo acababa de entrar se cenó detrás de raí. Era cosa de tener miedo.
Lo pasado aparecia á mi imaginación, real, elocuente, pavoroso, resucitado.
Para tranquilizarme y atreverme á dar algunos pasos por aquellas tinieblas, tuve que recordar que estamos en el año 60 del siglo XIX, y que el Consejo de '« Diez dejó de existir hace muchos años.
Aodnve , pues , á tientas por el lóbrego corredor , y llegué á una puerto entornada por donde salia un débil rayo de luz.
"—¿Quién va? dijo una voz cavernosa detrás de aquella puerta.
Yo no respondí , y la abrí de par en par.
22'
340 DK MADRID A ,NAI'01,KS.
La puerta daba á la meseta de una escalera , de la cual se veían á la luz de un opaco farolillo algunos peldaños que subían y otros que bajaban.
En medio de la meseta estaba sentado en un enorme sillón un viejo decrépito , vestido con un largo rendingotc oscuro con capucha y mangas perdidas , y cubierta la cabeza con un gorro negro de dormir, que parecía el gorro frigio de Yenecia.
Aquel hombre tenia una barba rana y crecida , cuidadosamente afeitada por ciertos lados, y sin bigote , como es costumbre entre los judies. Parecía un dux.
Si yo hubiera tenido en Francia un semejante encuentro , habría sospechado que aquel lúgubre personaje era una máscara , esto es ; que se le había buscado y vestido de aquel modo á fin de producir una ilusión artificial en el ánimo de los viajeros...
Pero eu Yenecia no m está para farsas.
— ¿Quién sois? volvió A preguntarme aquel hombre, cuyo rostro enjuto, verdinegro, anulo por hondas arrugas, revelaba un carácter violento, impaciente, melancólico.
—Soy un curioso, le respondí. ¿Y vos? ¿quien sois?
— Yo soy conserje do las prisiones de la señoría de Yenecia hace sesenta años. Yo tengo setenta y siete de edad. Yo he pasado catorce años bajo la república de San Mároos. Yo he conocido á dos dux. Yo he nacido en este palacio, donde mi padre era carcelero , como yo lo soy ahora ; con la diferencia de que él custodiaba prisiones llenas de reos, y yo custodio unos aposentos vacíos ó llenos de telarañas, j A tales tiempos hemos llegado!
—Este viejo está loco, fue la primera ¡«lea que me ocurrió al oír el anterior discurso.
Pero luego recordé haber leído no sé donde que en el palacio ducal de Yenecia existe un famoso conserje, fanático defensor del Consejo de los Diez, al cual es preciso oir con paciencia , si se quiere formar un verdadero juicio del gobierno de la república.
Indudablemente, era el que tenía delante.— Adulémosle, me dye; y esdamé en alta voz:
—Ya tenía yo noticias vuestras. Yos fuisteis el que osplicó á lord Byron y á Chateaubriand...
— I Chateaubriand I ¡Lord Byron l me interrumpió el viejo, temblando de cólera. ¿Porqué no me nombráis también á Silvio Pellico? \ Todos vienen con la misma canción ! j Reniego de los poetas ! ¡ Si yo hubiera sabido que iban á mentir con el descaro que lo han hecho , no les hubiera tratado con tanta bondad 1— ¿A qué venís aquí? (prosiguió, mirándome de hito en hito). Aquí no hay nada que ver. Todo lo que cuentan los poetas es mentira. Aquí uo se martirizaba á nadie. Esta era una cárcel como cualquier otra. Los austríacos hacen muy mal en permitir que el público se pasee por estos sitios ; y yo soy muy desgraciado, puesto que el hambre me obliga á acompañar á los poetas, sabiendo como sé que
DE MADRID A ÑAPOLES. 34! luego salen de aquí calumniando al Consejo de los Diez y á la ilustre señoría. — ¡Lord Byron !— Yo he leido sus obras, y son un tejido de patrañas. El gobierno de la República era mas clemente, mas justo , mas paternal que todos los que se han sucedido después en Yenecia... lo cual no quita que Silvio Pellico sea también un embustero.
—Sin embargo , repliqué , yo os suplicaría que me enseñaseis los Plomos y los Pozos.
El hombre me miró de una manera espantosa al ver que yo sabia el nombre de aquellos tremendos lugares ; y dando una especie de rugido , continuó , como si hablara solo:
— jLos Pozosl ¡los Plomosl — Ni hay tales Plomos, ni hay tales Pozos. Venid á verlos , y decidme si no son las prisiones mas cómodas del mundo, j Ahí ¿ los poetas 1 j los poetas !
Hablando de este modo, cogió un manojo de llaves y empezó a subir penosamente la escalera de que he hablado.
Yo le seguí.
Al término de aquella larga, estrecha y empinadísima escalera, encontramos una especie de crugía , muy baja de techo , á la que daban cinco ó seis puertas iguales , chapadas de hierro y cargadas de cerrojos y fuertes cerraduras.
El conserje abrió una de ellas, y entramos en una pequeñísima bohardilla, a cuyo techo se tocaba con la mano.
l'na angosta ventana de reja dejaba ver el cielo y algunas chimeneas , y daba paso á torrentes de viva luz.
A pesar de que estamos en noviembre y de que hoy Ija hecho un día muy fresco, en aquel zaquizamí se sentía un calor insoportable.
El techo de aquella prisión se reducía ¿L la fuerte lámina de plomo que cubre todo el palacio Ducal.
El sol la había ya caldeado , y eso que eran las diez de la mañana!
¡ En qué estado de incandescencia estará á las dos de la tarde de un día de verano !
— Estos son los Plomos (i Piombi), eáclanió el couserje. Ya ve usted que no tienen nada de particular. Como prisión , no conocerá usted ninguna mas alegre. Aquí hay luz; desde aquí se ve el cielo; desde aquí se ve hasta la ciudad.. . ¿Dónde se encontraría un calabozo semejante? I3n hombre encerrado en esta habitación, podia creerse en su casa. Por esa ventana entraba el sol a visitarle : las palomas se paraban en los hierros de la reja y le daban los buenos dias : los rumores de la ciudad, el ruido de los remos, los repiques de las campanas, los golpes de los talleres, los cantos de las criadas, hasta las conversaciones de las calles llegaban a sus oídos. — Esto uo es estar preso: es estar en el inundo. ¡ Yayau los poetas noramala y díganme donde podría pasar un jwbre los rigurosos inviernos de Yenecia mejor que en el último piso del palacio de los dux.
Mientras que el implacable cancervero hablaba asi, yo pensaba en Le Mié Prigioni; recordaba"4todo In que padeció Silvio Pellico, abrasado bajo los plomos,
342 DE MADRID A ÑAPOLES.
devorado por los cínifes , colgado sobre el mundo , suspendido entre el cielo y la tierra; solo, en medio de la humanidad; muerto para todos, cuando todos virian para él y le dejaban oir sus ecos de júbilo y alegría , la música inefable de la libertad!...—¿Qué mayor tormento? ¿Qué prisión mas espantosa?
Y cuenta que la estancia ocupada por el autor de Francesca da Rtmini, situada en el estremo Norte del palacio ducal , era la mas cómoda y ventilada de todas 1
Volvimos á bajar.
En medio de la escalera habia una puertecilla, que daba á una galería oscura, en la cual penetramos.
El carcelero se detuvo delante de dos puertas iguales y abrió una.
— Vamos á cruzar, esclamó , el famoso Puente de los Suspiros.
El Puente de los Suspiros es un doble pasadizo cerrado , suspendido á una grande altura sobre el canal de la Paglia , y que pone en comunicación al Palacio Ducal con el Palacio de las Prisiones.
Este Palacio de las Prisiones, construido á fines del siglo XVI , es una cárcel como cualquiera otra , notable solamente por su artística fachada.
Denlas dos galerías que comprende el Puente de ¡os Suspiros, la una daba entrada en la cárcel á los presos ordinarios. Por la otra rom parecían ante los inquisidores los prisioneros de Estado.
Cada una de aquellas galerías cubiertas tiene dos ventanas con reja de hierro y celosía de piedra, por las cuales los reos que iban del tribunal al suplicio ó venían de la prisión al tribunal, veían por un instante la laguna, la ciudad, las góndolas, el cielo... •
Dicese que entonces suspiraban , y que de aquí viene el nombre de Puente de los Suspiros.
Otros creen que esta denominación procede de los gemidos que iban dando los reos al pasar por allí después de haber sufrido el tormento en el Palacio Ducal.
Yo consulté sobre esto al conserje.
El conserje se puso hecho una furia cuando me oyó hablar de tormento.
— ] Aquí no se atormentaba á nadie ! esclamó con voz de trueno. Eso lo han inventado los poetas. Es decir : aquí no se daba tormento sino á los convictos y á los no confesos.. . Ya ve usted que ellos tenian la culpa. ¿Por qué no confesaban? Además que todos esos rigores eran para los reos políticos... Pero los reos ordinarios vivían perfectamente en el Palacio de las Prisiones. Kn cuanto al nombre de Puente de los Suspiros, no lo inventó el pueblo, como dicen los poetas: lo inventamos nosotros, los de casa, al ver que los prisioneros suspiraban por su perdida libertad siempre que pasaban cerca de estas claraboyas. Y la prueba de que no suspiraban porque Ies dolieran los huesos de resultas del tormento, es que el tormento se daba después de haber pasado este puente. Desengáñese usted. Los poetas no han contado mas que fábulas.
Yo me asomé á una de aquellas claraboyas, y suspiró también á pesar mío,
DE MADRID A ÑAPOLES. 343. al respirar un aire mas puro que el de las mazmorras y escaleras que acababa de recorrer, y al contemplar la luz y el cíelo , la radiante laguna y la alborozada humanidad, que pasaba cantando por debajo de aquel altísimo puente, tan gracioso y artístico visto desde fuera , como horrible y pavoroso visto por dentro.
— Ahora vamos á los Pozos, dijo el carcelero, sacándome de mi contemplación.
Yo me estremecí.
¡Cuantas veces habría pronunciado aquel hombre Jas mismas palabras, dirigiéndose a infelices condenados, que no debían volver á ver la luz del día!
En esto , el estraño personaje había encendido una lámpara de aceite , ñja en una punta de cierto bastón negro, cuya vejez causaba verdadero espanto.
— ¡ Esto es de aquellos tiempos ! murmuró el conserje con bárbara complacencia.
Y me miró y sonrió con ferocidad , dejándome ver la caverna de su boca desdentada.
Entre tanto habia abierto otra puerta y rae invitaba á bajar detrás de él una escalerilla húmeda y tenebrosa, eu cuya bóveda, cubierta de telarañas, se reflejaba lúgubremente el rojizo fulgor de la pestilente lámpara.
Yo me detuve un momento , no precisamente |Kirque me dominara un terror moral, sino porque aquel camino era repugnante, incómodo, desaseado.
El carcelero, que habia bajado algunos escalones , volvió la cabeza al reparar en que no le seguía.
¡Oh, cómo le vi entonces! — Yo no olvidaré jamás aquella horrible, patibularia figura ! — Yo uo habia visto nunca nada tan dramático , tan medroso , tan sangriento como aquel anciano medio esclarecido por la torva luz del humeante mechero , medio sepultado en la tenebrosa espiral de la escalera , tan estrañamente vestido; con aquella barba blanca, ron aquel gorro negro, con aquella especie de hopa, con aquellos ojos, con aquella risa...
— Vamos adelante... No tengáis miedo, dijo atizando la lámpara.
Yo le seguí , creyendo que il>a á conducirme á no sé qué infierno de no sé qué mitología.
Y bajamos, bajarnos...— El aire ei-a cada vez mas húmedo y mefitico. La lámpara, levantada en alto, alumbraba el techo, pero no los peldaños de la escalera.— El viejo, que conocía el tiento, bajaba mas deprisa. Yo iba tentando con pies y manos y me quedaba á veces atrás , solo , en medio de las tinieblas. —Entonces se paraba el carcelero, y alargaba hácia mí el bastón, en cuya punta ardía la turbia luz, Taita ya de aceite y próxima á espirar...
La idea de que iba á apagarse , me hacia apresurar el paso. Los muros que tocaba con la mano, estaban Idos... á veces chorreaban agua.
Los escalones, mojados y lodosos, se escapaban bajo mis pies. Al fin hicimos alto en una oscura esplanada , baja de techo y rodeada de puertas chapadas de hierro y de rejas muy angostas.
3H DE MADRID A ÑAPOLES.
El conserje abrió una de aquellas puertas.
Al ruido de la llave parecía natural que respondiese dentro del calabozo algún doliente gemido...
Mi imaginación sufrió como si lo oyera.
Sin embargo , en la prisión no había nadie.
— Aquí tiene usted un pozo , murmuró el carcelero.
Al mismo tiempo se estinguió la lámpara.
El viejo hizo un movimiento, sin duda para acabar de apagar el pabilo, y oí resonar el manojo de llaves que pendía de su cintura. La oscuridad era completa.
Yo creí por un momento que el carcelero se iba y cerraba la puerta detrás de si, dejándome preso...
En esto, divisé cerca del tocho un agujero redondo por el cual se Oltraba un débil resplandor del dia.
Algunos instantes después aquella ténue claridad hirió mas vivamente mis pupilas y encontré cerca de mí al lúgubre personaje.
—Estamos bajo la laguna, dijo tranquilamente. El nivel de las aguas se halla dos ó tres palmos debajo de aquella reja.
En comprobación de estas palabras , ol sobre mi cabeza sordos golpes de remos.
Luego pasó una sombra por delante de la ventanilla, dejando durante un momento en absoluta oscuridad la fúnebre prisión.
Aquella sombra que habia pasado, era una góndola.
Dentro do ella y á la luz del sol , cruzando el aire sin fin de la hermosa libertad , irían el amor, la juventud , la dicha , el orgullo , la esperanza.
¡ Oh , qué visión tan dolorosa á los ojos de un prisionero !
El carcelero seguía en tanto con su tétrico estrivillo.
— Va ve usted, me decía, que á pesar de estar los pozo* bajo el nivel del agua, los presos no tenían nada que temer de la humedad. El suelo que pisamos es do madera, y aquí tiene usted otro tablado mas alto, que servia de lecho. Todavía falta en él la paja que lo cubría, á fin deque el criminal encontrase la cama blanda. ¿Qué mas podía hacer la Itepublíca con sus enemigos, que conspiraban á todas horas contra ella, que querían su muerte, que atentaban hasta¡á la vida de los Dux?
Salimos del Pozo á la esplanada oscura que antes he descrito.
Yo tenia ya deseos de concluir , de ver el sol , de respirar el aire de la vida»
— Subamos , le dije al conserje.
— Espérese usted , me contestó abriendo otra puerta , que daba á una reducida estancia, á la cual se subia por tres ó cuatro escalones.
Aquella habitación estaba también medio alumbrada por una alta claraboya.
—Aquí se verificaban las ejecuciones, añadió el implacable anciano.
Y me señalaba á una especie de nicho que habia en una pared.
—Se metía al reo en ese hueco; se le hacia sentarse de espaldas; se liaba
DE MADRID A ÑAPOLES. 343 este cordón de seda alrededor de su cuello ; luego se pasaba la punta por esta anilla; el verdugo tiraba... y el hombre quedaba estrangulado... asi... Y el viejo tiró del cordón...
A.I mismo tiempo oí un chisporroteo como de sarmientos que ardían.. . ¡No sé qué triste y crugiente ruido que me erizó los cabellos. . .
Palacio del podesti, en Florencia.
— ¿Qué es eso que suena? pregunté retrocediendo. —Venga usted detrás de mí , continuó el conserje , que poseido de un vértigo sanguinario, no atendía ya a mis preguntas. Y abrió una puerta, y después otra. Los chasquidos de la lumbre continuaban...
Al abrirse la segunda puerta , una vivísima claridad hirió mis ojos y me dejó ciego.
Un océano de llamas se dilátate ante mi vista.
346 DE MADRID A ÑAPOLES.
Era el sol ; era el agua ; era el dia.
Estaba libre. Tenia los pies en el borde mismo de la laguna.
Me hallaba en la puerta del Palacio Ducal que da sobre el canal de la Paglia, debajo del Puente de los Suspiros.
—Por aquí se sacaba de noche el cuerpo de los ajusticiados, prosiguió el viejo carcelero. Aquí esperaba una góndola con dos esbirros, que arrojaban el cadáver en la laguna , después de atarle una bala de cañón á los pies , si la causa había sido secreta , ó lo llevaban á la iglesia de San Juan y San Pablo , donde era sepultado, si la causa habia sido pública y notoria.
Mientras el conserje terminaba asi sus esplicaciones , yo reparaba en una especie de portería, situada entre las dos puertas que hablamos atravesado últimamente , y destinada á cocina por no sé qué irrisión de los tiempos.
Allí freia pescado una vieja centenaria; sin duda la mujer del conserje.
No era otra la causa del ruido que me habia sobresaltado tanto.
Aquella habitación, que sigue á la del suplicio, habia sido durante muchas generaciones el Depósito de Ajusticiados.
—Buona salute, me dijo el carcelero, guardándose unas monedas que le alargué.
Y cerró la puerta detras de mí.
Yo me encontré solo, entre el palacio y el canal, es decir, preso otra vez entre la puerta y el agua.
Dichosamente , allí hay siempre góndolas.
Llamó una ; entré en ella y pasé bajo el Puente de los Smpiros , cuya belleza arquitectónica escede á toda ponderación , y al cual ha llamado no recuerdo qué poeta : un sarcófago colgado sobre el mar.
Me parecía que acababa de despertar de una horrible pesadilla.
VI.
Iglesias y palacios.— Ticiano.— Cánova.— Dos noches de teatro.— Escursion á las islas.—
Adiós á Venecia.
VenteU 18 <U noviembre.
Llevo quince dias en Venecia.— Durante ellos he visto mas de una vez toda la ciudad, todos sus templos, todos sus palacios, todas sus maravillas de pintura y escultura , los teatros quo están abiertos , los paseos , las islas que son como arrabales de la capital , las bibliotecas , los museos , las academias , todo !
Al mismo tiempo me he divertido mucho ; he hecho la antigua vida veneciana ; he abusado de la góndola ; he peuetrado en el fondo de las costumbres de este singularísimo pueblo ; he plagiado á lord Byron ; he visto á la ciudad de San Marcos á la luz de los dos crepúsculos, en las sombras de la noche, despierta y dormida , solo y acomunado.
DE MADRID A ÑAPOLES. 347 Hoy hace frío. La laguna está muy alborotada. El tiempo amenaza lluvia... — Decididamente me marcho de Venecia.
Mucho me duele separarme do la ciudad de mis sueños... i tal vez para siempre !— Pero ¿qué he de hacer?— Ya estoy sofo. Sir Arturo partió hace tres dias para Grecia. El prusiano se marcho también anoche. Estoy triste. Mi destino de caminante es amar las cosas y perderlas. Yo no habia de permanecer aquí toda la vida... Partiré , pues.
Para consolarme, pienso en Florencia, en la ciudad de las flores y las artes, donde estaré dentro de cuatro ó seis dias ; en Pisa , donde el invierno es tan dulce ; en Sienna la monumental , que me abrirá el campo de Roma. . . — ¡ Oh ! si . . . partamos.
Pero no lo haré ciertamente sin ordenar antes mis recuerdos , sin compaginar mis apuntes y daros una idea de las cosas mas notables que he visto estos dias en Venecia.
Empecemos por los templos.
A la caída de la República, esto es, hace sesenta y tantos años, encerraba esta ciudad mas de doscientas iglesias abiertas al culto. Hoy no pasan de sesenta. Las restantes fueron destruidas ó destinadas á usos profanos durante la dominación de los franceses. — Dicho se está que se respetaron las mas hermosas y que se acumularon en ellas todas las obras de arte que encerraban las demás. Asi es que las iglesias actuales de Venecia , edificadas por arquitectos tan ilustres como Sarwmno, Palladio, Maxsari, Sammicheli, etc. , llenas de cuadros de- Tútano, Tintoretto, Pablo el Veronés, los dos hermanos Bellini (uno de ellos maestro de Ticiano y de Giorgione), los dos Palmas, el Jóven y el Viejo, y otro* célebres artistas, y adornadas de bronces y estatuas de Villoria , Tulio Lombardo , Antonio Dentón* , Leopardi, fírapif/lia y otros maestras de la misma fama, son verdaderos museos en que las cuatro artes del dibujo compiten en prodigios de belleza.
Como podéis comprender, mi primera visita fue á la Basílica de San Márcos, hoy metropolitana de la ciudad.
Ya la hemos visto por fuera , si bien muy ligeramente. Ahora , para acabar de formaros una idea de su magnifica fachada, habréis de imaginar un inmenso retablo medio árabe , medio gótico , en cuyas líneas generales , asi como en la ornamentación , se ven confundidos el genio místico y sombrío del Norte y la risueña y voluptuosa inspiración del Oriente. Figuraos una armónica combinación de la mas austera capilla de la catedral de Toledo y de la mas riente y graciosa estancia de la Alhambra; ved vacilar el arco entre la herradura y la ojiva ; considerad reunidas la cúpula y el alminar ; oncerrad el mosaico bizantino bajo la cimbra aplanada de un arco oriental bordado 'de arabescos ; representaos la severidad gótica, vestida de lujo por los mas ricos y variados marmoles; dadle color á la arquitectura ; confundidla con la pintura , como hacen siempre los artistas mahometanos; mezclad el oro, los colores y la piedra, como están mezclados en la Sala de tos Abencerrayes de Gianada; pero en vez de producir con esas dn?
348 DE MADRID A ÑAPOLES,
artes amalgamadas unas labores geométricas ó unas piadosas inscripciones , dibujad y pintad Vírgenes y Santos, y sabréis lo que es eu Yeoecia el arte bizantino; lo que son las dos Iglesias , la de Oriente y la de Occidente , cuando inspiran un solo monumento ; lo que es , en fin , la fachada de San Marcos.
Este mismo espíritu , que parece engendrado por dos crepúsculos ; que es hijo de la lucha de una barbarie civilizada con una civilización bárbara ; que simboliza el instante en que el Oriente y el Occidente se disputaban la dominación de Europa ; que refleja de un modo maravilloso los siglos de las Cruzadas , y bastaría para probar, si la historia no lo demostrara , que al principio de la Edad Media el cristianismo fué a buscar cultura a los mares de Levante ; este mismo cspfritu , vuelvo á decir, domina en el interior de la Basílica , siendo mas patente y manifiesto á medida que se estudian su forma general y los adornos que lo decoran.
To no puedo detenerme en este exámen , que me llevaría demasiado lejos. Os haré sentir solamente la dulce oscuridad , la venerable senectud y la magesluosa riqueza que engrandecen aquel templo. Grueslsimps pilares y arcos enormes forman austeras naves y misteriosas cópulas, revestidas de oro é incrustadas de mosaicos, que representan la historia de la Virgen y de San Mároos, de San Teodoro y de otros santos amigos de la República de los Dux. En torno de la iglesia y á media altura de sus bóvedas , gira un balcón ó galería que recuerda el g y neceo de los templos cristianos de Constantinopla. Toda la Basílica ostenta una asombrosa profusión de los mas ricos mármoles orientales; por donde quiera se ven columnas do j>órfido , de serpentina y de verde-antiguo; en todas partes lucen las estatuas , los dorados , los bronces , la plata , la pedrería. . . y sin embargo, San .Váreos no es un templo alegre , profano , gentil , como las iglesias lujosas que vi en Milán. San Marcos es austero, solemne, místico á la manera de las viejas tablas alemanas, ó como uu cuadro de Cimabue, — que traslada la imaginación á los primitivos tiempos de la Iglesia , a los siglos de los santos y de los espositores , á la cuna del cristianismo , al ya difunto Oriente.
I A.h! do no ser góticos, que sean bizantinos los templos del Crucificado 1 — En el sagrado limbo de estas melancólicas tinieblas , goza el alma con la lejanía del mundo. La religión de los tristes no ha necesidad del jubiloso y triunfante aparato de las iglesias del Renacimiento. Para llorar las miserias de la vida, basta un rincón oscuro , lleno de testimonios de la fe de nuestros padres, cargado de años y merecimientos , palpitante de autenticidad histórica.
Mas de quinientas columnas do las que adornan la Basílica de San Marcos, son turcas y griegas , conquistadas por los Dux , como la arquitectura del templo.— Chateaubriand ha dicho que Veneda entera es un trofeo.
San Marcos fue erigida hace cerca de mit años ; pero solo es catedral desde la caida de la República. — Antes lo era la iglesia de San Pielro di Casteüo.
Entre las cosas que mas me lian llamado la atención en la Basílica, citaré las tumbas de los Dux Barlolomeo Gradcnigo, M. Morosini y Vitale Faliero, que se hallan en el peristilo ; las |tres puertas principales del templo , maravillosa-
MADKIÜ A ÑAPOLES. 34» rúente taraceadas de plata , el sepulcro de Andrea Dándolo, desgraciado general, si eminente literato; y la pila del agua bendita, sostenida por un preciosísimo altar de la antigua Grecia.
También debo mencionar, aunque solo sea por la originalidad de la advocación, la capilla de Nuestra Señora de los Machos (la Madonna de' Mascoli), llamada asi porque las mujeres estaban escluidas de la cofradía que la erigió , y basta creo que de rendir culto á aquella imagen de María. — Esto es islamita puro, y trasciendo á Conslantinopla tanto como los agimeces que suplen por ventanas ojivales en las torres de la fachada.
Sin embargo , en asta capilla se venera tambicu el Arbol genealógico de la Virgen. — \Qaé m«jor vindicación de la mujer!
El Tesoro de San Mitróos, famoso en otro tiempo por sus fabulosas riquezas, lia sido saqueado basta el punto de no quedar ya en él sino una joya , y esa de mérito disputable. — Tal es un ánfora de granito en que se lee una inscripción grabada con caractéres cablees cuneiformes , que dicen que dice : Ani a^rges,
&RAS REY.
A mí me parece que es demasiado decir.
Pero la gran preciosidad de la Basílica es indudablemente el altar mayor. Este consiste en un tabernáculo de verde-antiguo , sustentado por antiquísimas columnas de mármol griego , en las cuales está primorosamente esculpida la historia del Redentor.
Adorna este altar un icono, piulado al óleu sobre madera, dividido en catorce partes y del mejor gusto griego, lis obra del maestro Paolo y de sus dos hijos, y una de las pinturas mas antiguas de Yenecia. Debajo de este icono hay otro , que solo se descubro los días festivos , construido en el siglo X en Couslantiuopla , por encargo de la Señoría. Llámase la Pala de oro, y consiste eu una lámina de este metal, pintada con esmalte de colores y adornada de perlas, camafeos y piedras preciosas. El dibujo es bizantino , y se le considera como una de las obias mas acaba»las de aquella civilización.
Después de San Marcos , la iglesia que mas me ha impresionado en Yenecia ha sido San Juan y San Pablo, de la que ya nos habló el carcelero del palacio ducal el dia que visitamos tos Pozos.
A la puerta de aquel templo , en uicdio de una plaza irregular, levántase la hermosa estatua ecuestre de Colleoni, célebre general de la República.
Yo oo sé quien es mas famoso en Yenecia: si este general ó su estatua.— Tal vez lo sea la estatua.
Eu todo caso, esto seria justo, pues el grande hombre tuvo la debilidad de auordarse á sí mismo el honor de la apoteosis , destinando en su testamento una Cfec'da suma á la erección de su estatua ecuestre.
La iglesia de San Juan y San Pablo (SS. Giotanni é Paolo : San Zaniftolo, «n dialecto veneciano) es el panteón histórico de Vcueoia.— Allí , bajo altas ojivas góticas , á la misteriosa luz de preciosos vidrios de colores y entre magistrales pinturas de Ticiano y Tmlorello, duermen en suntuosos mausoleos diez y
350 DE MADRID A ÑAPOLES.
seis Diix de los mas renombrados; entre ellos Morosini, Loredano, el heróico y sin fortuna Marco Antonio Bragadino, Malipieri, tres Mocenigo.. . Alli descansan los restos de innumerables guerreros, artistas y prelados; el almirante Canal, Palma el joven, el general Giustiniani, en cuyo palacio vivo hoy yo por el' dinero, y otros muchos varones ilustres, que fuera prolijo nombrar.
Pero la verdadera maravilla de esta iglesia es la Muerte de San Pedro Mártir, celebrado cuadro de Ticiano, considerado como una de las mas grandes obras de este maestro y también de la pintura.
Este lienzo (y ya os diré por qué es lienzo) represeuta un bosque , que por si solo es un prodigio, y que bastaría para dar celebridad á Ticiano como eminente paisagista. San Pedro, dominico lombai-do, que vuelve de un concilio, acompañado de otro fraile, ha sido sorprendido por unos bandidos. En primer término solo hay tres figuras : San Pedro caido en tierra; un bandido, que le retiene pisándole los hábitos y se dispone á herirle por segunda vez , y el otro monge, que huye. La viveza dramática, el fuego del dibujo, y sobre todo, el rico y valiente color de esta escena, esceden ú toda ponderación. Allá arriba, entre los árboles, se ven dos ángeles que acuden con la palma del martirio á premiar al bienaventurado. Este no mira al asesino feroz que le pisotea y le va á herir, sino que tiene los ojos clavados en aquella visión de gloria , como reliriendo su muerte al que murió por todos los hombres. El otro dominico , Naturaleza mas vulgar,) aunque visiblemente compadecido de la suerte de San Pedro, apela á la fuga, no sintiéndose con valor para ser mártir. El lugar de la catástrofe, admirablemente pintado, la energía de las figuras , los efectos de la luz entre los árboles, todo contribuye á dar á este cuadro un interés, una vida, un movimiento, de que carecen por lo general las obras religiosas del pintor de las Venus.
Dlceso que el senado de Venecia , que ya habia nombrado á Ticiano primer pintor de la República, se entusiasmo tanto al ver el Martirio de San Pedro, que prohibió bajo pena de muerte el que saliese nunca de Venecia.
Napoleón I , el gran derogadur de la ley antigua , desatendió también este decreto y se llevó el cuadro á Paris. La Academia de Bellas Artes le sometió allí á una arriesgada operación , que lejos de haberle perjudicado , le ha favorecido y prolongará muchos siglos su existencia. Tal fue la de desprender la pintura — ¡los colores! — de la tabla en que la colocó Ticiano, y fijarla sobre un lienzo, sin alterar en nada el aspecto de tan peregrina obra. — Cuando en 1815 volvierou tantas cosas á su antiguo ser, el Martirio de San Pedro volvió también á Venecia.
Pero fuera cuento de nunca acabar si yo hubiera de describiros todos los portentos de arle que guardan los templos de Venecia. Solo Santa Maria delta Salute , que como os he dicho se halla en frente de mis balcones, encierra diez ó doce obras de Ticiano , algunas de primer órden , y en San Rocco, iglesia uo muy notable , hay mas de cincuenta pinturas de Tintoretto , de las que citaré solamente la Piscina probática , llena de inspiración y colorido.
En San Sebastiano lie visto el sepulcro de Pablo el Veronés , uno de los mas
DE MADRID A ÑAPOLES. 351 ilustras pintores de Venecia, y el mas ilustre según- algunos críticos. El mausoleo del insigne autor de las Bodas de Canaan y del Rapto de Europa , consiste en una sencilla lápida. En cambio, se ven cerca de su sepulcro tres lienzos suyos, y suyas son también las pinturas del techo de la iglesia. ¡Qué mejor monumento para un artista!...
Mas dichoso Ticiano, tiene un magnífico mausoleo en la iglesia de / Frari. — Allí descansa entre héroes el amigo de Cárlos V y de Ariosto , el pintor de la Asunción y de Danae, el cortesano de Lncrezzia tíorgia y de la princesa de Eboli , y allí le acompaña también una obra suya , pálido vislumbre de su genio.
El sepulcro de Ticiano , de mármol oscuro con estatuas blancas , ha sidu construido en estos últimos años. Su epitafio dice: Titia.no, Ferdlnandus I. — iQue me place este tributo de admiración rendido por el dominador cstranjero a las glorias italianas! — En el mausoleo están esculpidos en bajo-relieve los principales cuadros religiosos del inmortal artista : La Asunción , el Martirio de San Pedro , San Lorenzo , la Visita de Santa Isabel y el Entierro de Cristo.
Ticiano pintaba este último cuadro á los novelita y nueve años de edad, cuando le atacó la peste que reinaba entonces en Venecia (1576). El grau pintor cayó al suelo y empezó á agonizar. En aquel instante eutruron unos ladrones en el taller, y sin respetar el estado en que encontraban al ilustre anciano, se llevaron todos los objetos que le eran queridos y le dejaron en las garras de la muerte. Espiró, pues, solo y abandonado, como su San Pedro Mártir, en frente de aquel fúnebre lienzo en que habia representado el entierro del Hombre-Dios.
Guando sus discípulos entraron en el taller, situado en el palacio fiarbarigo, Ticiano era ya cadáver; pero aun consérvala el pincel entre sus crispados dedos.
El senado de Venecia , á pesar de que acababa de mandar que se destruyeran los cadáveres de los apestados, hizo urja escepcion en favor del egregio artista, y mandó que fuese enterrado con gran pompa en el lugar donde hoy se halla.— El fúnebre cortejo recorrió en góndolas los canales, entre las lágrimas de la aterrada muchedumbre, horriblemente mermada por la epidemia, y mas de un pintor dibujó aquel día tan luctuosa ceremonia, objeto después de muchos célebres cuadros.
El Entierro de Cristo fue terminado por Palma el jóven.
No lejos del sepulcro de Ticiano se encuentra el del infortunado Francisco Fosean, á quien todos hemos visto mas de una vez morir en escena ni oir la campana de San Márcos que anuncia la proclamación de su sucesor.
Questa e dunque ¡a inicua mercede Che servas! i al canuto yuerriero...
dicen los versos de la ópera de Yerdi.
— «La campana de San Márcos toca por la elección de Malipien,» dice el jete del Consejo de los Diez en la tragedia de lord Dyron.
— «Reconozco su sonido.. . — contesta el Dux. — Yo lo he oidootra vez en mi
33> 1>E MADRID A ÑAPOLES.
vida... lina vez solamente! l)e esto hace treinta y cinco anta... cuando tampoco era yo joven!!»
En esta misma iglesia de / Frari se ve otro suntuoso mausoleo, que encierra el corazón del último grande hombre del Yeneciado. Es el monumento de Cañota.
Canova es el último escultor, el único heredero de Miguel Angel , el postrimer suspiro del genio griego.
Canova , Najwleou , lord Byron y Bellini son los cuatro hombres (anulosos, las cuatro figuras clasicas, los cuatro semidioscs que presidieron á la entrada del mas grande de los siglos. Los cuatro brillaron juntos, como una constelación de gloria, y se apagaron casi al mismo tiempo. — Napoleón murió en 1821. Canova, en 1822. Lord Byron, en 1824. Bellini, en 1834. — Los cuatro pasaron por Venecia, y se dividieron los aplausos de la inmortal Italia.— Canova labró los bustos del moderno César. Lord Byron cantó sus triunfos y lloró su muerte. Bellini cubrió de llores su sepulcro. So» cuatro genios hermanos que resumen la poesía del siglo XIX. — Sin- Canova, pudiera decirse que la belleza plástica era irrealizable en nuestra época. — Sin Napoleón , la diplomacia hubiera heredado á la epopeya, y nuestra generación , al leer la historia de la que le dió el ser, solo tendría aplausos para los prodigios do la industria. — Sin lord Byron, la revolución moral y social carecería de poesía.— Sin Bellini , esto es , sin la música , de que él es la espresion mas elevada , la civilización hubiera, sido sordo-muda.
El sepulcro de Canova fue dibujado por él mismo para que sirviera á Ticiano. — Representa al genio de la patria apagando su antorcha, mientras que el León de San Marcos gime desesperado á sus pies. — Razón hay para tanto duelo. El autor de Jíebe , de Venus triunfante y de Magdalena penitente fue la última encarnación del numen artístico de Venecia.
En Yenecia quedan aun algunas esculturas de Canova. En el Palacio Treves se conservan con veneración y se enseñan al público dos estatuas colosales de Héctor y Ayax. — En el Palacio Barbarigo, y precisamente en el mismo aposento en que murió Tioiano , he admirado el grupo de Dédalo é Icaro. En el Palacio Ducal ví su estatua de San Jorge, una de sus primeras obras. En el Arsenal, lleva su nombre el monumento del almirante Emo, adornado de preciosos bajo-relieves, y en la Academia de bellas artes me han enseñado el modelo original de su grupo Hércules y Lycos.
En Génova, Florencia y Roma veremos sus obras maestras, que tan populares han bocho los vaciados en yeso y el grabado.
Los palacios de Yenecia, sobre lodo los situados en el Canal Grande, no ceden en mérito artístico a los templos que acabamos de mencionar.
Lamayor partedeellos, y ciertamente los mas grandiosos, son de estilo ojival, entre gótico y morisco; veneciano, en Un.— El palacio Foscari y el de Coca//» recuerdan el Palacio Ducal , que ya hemos descrito. — El palacio Foscari, sobre todo, situado en la vuelta ó recodo del Canal Grande, mirándose en el agua, tan proporcionado y aéreo, tan histórico y melodramático, es uno de los
DE MADRID A NADOLES. 353 edificios mas interesantes que encerrará pueblo alguno. Ya hemos «licho que hoy sirve de cuartel á la guarnición austríaca.
La doble serie de palacios del Canal Grande, parece una calle de turabas, como la Via Apia de Roma.— Los nombres de aquellas regias moradas forman la cronología de los Dux de Venecia, desde Anafesto hasta Luis Marini , esto es, desde 697 hasta 1797; la historia de 1,1 00 años!
Aquellos suntuosos alcázares son hoy propiedad de avaras bailarinas, albergue de viles cortesanas, oficinas del opresor estranjero, posadas publicas ó asilo de príncipes desterrados.
(Todas las profanaciones fuerau como la de los palacios Mocenigo, donde lord Byron escribió el Pon Juan, Marino Fallero, Los dos Fosear i y otras obras inmortales!
Hemos llegado á punto de decir algo acerca de la Academia de Bellas- Arle* de Venecia , que encierra unos setecientos cuadros , notabilísimos en su mayor parte y casi todos Armados por los mas ilustres artistas nacidos en la ciudad de San Márcos.
Sin embargo, las obras maestras son pocas, si bien de primer orden.
Cuéntase entre estas la famosa Asunción de Ticiano, verdadera joya de la escuela veneciana, con la cual se dió á conocer al mundo el discípulo de Bellini, eclipsando las glorias de su maestro y de todos los pintores de aquella edad.
L'Assunta , como se la llama en Venecia , es un prodigio de arte , asi por la composición y el colorido , como por el dibujo y la espresion de casi todas las figuras. El lienzo mide siete metros de alto por tres de anchura. La acción se compone de tres episodios, magislralmente combinados. En la parte inferior del cuadro se ven once apóstoles , que en diferentes actitudes, — ora de estasis, ora de pesar, ora de adoración , ora «le asombro,— miran á la Madre de Jesús, que se remonta por los airas. En medio del lienzo esta la Virgen, de pie sobre una . nube, con las piernas púdicamente cruzadas bajo la túnica revuelta, con los ojos y las manos levantadas al cielo, y rodeada y bendecida por un coro de ángeles. En la parte superior se ve aj I*adre Eterno que abre los brazos para recibir á su predilecta hija , acompañado también de un ejército celeste. — Los críticos hallan en esta obra demasiada belleza humana, afectos terrestres, no sé qué profanos indicios de la naturaleza mortal. Es muy cierto. Entre los ángeles que cercan á María, si bien hay muchos que Murillo adoptaría, por el iugónuo y santo júbilo con que la aclaman su reina, hay otros que parecen Amores ó por mejor decir Cupidos, y que revelan el verdadero genio «le Ticiano, mas mitológico que religioso. La misma Virgen es demasiado mujer.— Pero aun asi y todo, este cuadro merece su universal renombre, si no como obra de devoción, como obra de arte; y su vigorosa entonación , su intenso colorido , sus masas de luz y de sombra , el relieve y viveza de los grupos de figuras y la suprema beldad de aquella nobilísima maü-ona suspendida en el espacio, bastan á ulanar el humano ingenio, capaz de crear tales maravillas con un puñado de tierra deleznable.
Después de la Asunción , los cuadros que mas sorprenden al que visita la
2U DE MAUItU) A ÑAPOLES.
Academia, son la Presentación de la Virgen en el templo, del mismo Ticiano, obra también muy importante y precioso modelo como color; — Un pescador presentando al dttx el anillo ducal encontrado en el vientre de ttn pescado , de Páris Bordone , pintor que yo no conocía , pero á quien esta obra coloca seguramente entre los colosos del arte ; — y la famosa Cena en casa de Levide Pablo el Vcronés, grandiosa pintura en ese género propio de los grandes tapices, que pudiera denominarse mural; género que necesita para cada cuadro todo un pueblo y que prefiere los rondas do arquitectura a los de paisaje.
Las firmas que mas abundan en los setecientas cuadros restantes son las de Ticiano, Pablo el Veronés, Tintoretto, Rellin, los dos Palmas, Caravaggio, Bassano, Van-Ostade, Pordeuone y Víctor Carpaccio, siendo innumerables las buenas pinturas que se admiran allí, suscritas por nombres desconocidos en toda Europa.
También so von en la Academia muchos dibujos originales de Leonardo de Vinci , Miguel Angel y Rafael, entre los que se encuentra el bosquejo de casi todas sus grandes obras. — Imaginaos el placer y el entusiasmo con que se contemplaran aquellos primeros gérmenes de tantas maravillas de arte.
No produce la misma emoción , sino otra muy doloiusa, por no decir repugnante, el ver tajo un tunal la mano derecha de Canora, negada á la madre tierra por el cruel sentimentalismo do un sacrilego entusiasmo. — Siempre se ba dicho que de lo sublime á lo ridículo no hay mas que un paso. — Menos distancia media entre la ternura y la ferocidad.
Con que acabemos , y resolvámonos á atandonar á Venccia.
Para ello dejaré de contaros mi visita a ia Galería Manfrini, donde vi dos magníficos retratos de Ticiano , uno de su madre y otro de su amigo Ariosto.
También ¡usaré por alto la dcscrij>cioti del Arsenal, uno de los primeros del mundo. En el se ven a un tiempo las armas y las banderas conquistadas por la estinguida República , y el inmenso poder material con que el Austria pesa boy sobre Venecia. j Penosísimo contraste! —Allí he contemplado también un diminuto fac-simile del Bncentamo; del simbólico bagel do la ilustre señoría.— Los venecianos quemaron el original cuando los franceses las libertaron del gobieruo tiránico de los Üux I... — Aquel temerario auto de fó puede considerarse como el suicidio de Venecia. — El tratado de Campo-Kormio vengó al infortunado Luis Marini. — Pero en una y otra ocasión, la espada del estranjero atravesó el pecho de la patria.— ¡ Patera Venezzia I
Una palabra no mas acerca del íamoso Ma¡m-mundióñ Kra-Mauro, que se conserva en el palacio ducal.
Este mapa lleva una fecha anterior al descubrimiento del Cabo de BuenaEsperanza (I4í>0), y sin embargo, da una idea muy aproximada de todo el litoral de Africa, completamente desconocido á los navegantes de aquel tiempo, y hasta parece adivinar la existencia del continente americano. — Aquel Mapamundi es un verdadero prodigio.— Yo recuerdo haber leído, creo que en César
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Canta , que el célebre Tocaoelli mostró este mapa á su jóven discípulo Cristóbal Colon, asegurándole que asi comprendía él la forma de la tierra.
Mis paseos bajo los árboles del Jardín público, donde he visto jugar á los futuros ciudadanos de Venada, acaso destinados á ser libres, presos hoy bajo la vigilancia de niñeras y criados; mi espedioion á la isla de San Cristóbal, soto habitada por cadáveres, pues ella constituye el cementerio de la oiudad; el día inolvidable que pasó con H. de V. y con sir Arturo en la Isla de Murnno, donde están las famosas fábricas de espejos y otras obras de cristalería en que Venecia no tiene rival hace muchos siglos; nuestras correrlas por la Rka d' Schiawni, acompañados del fantasma de lord Byron ; nuestras cenas en la isla de la Giudecca (Judería); nuestras escursiones en góndola alrededor de Venecia ; nuestras horas de acecho para ver á las elegantes venecianas salir de sus góndolas y entrar en misa; las canciones de Gaetano , el hijo de mi gondolero, á media noche, en mitad del Canal Grande... ; la salida del sel por el mar, que nos dejaba entrever un momento las lejanas costas de la Istria ; las tardes en que le veíamos ponerse hacia* las Ks lados Romanos, y decíamos: «todavía le verán en Kspaña durante hora y media... ;» todas estas cosas pudieran ser objeto de otros tantos capítulos acerca de la vida veneciana; pero yo me contento con mencionarlas aquí , como en un Indice, á fln de que mañana sirvan de Norte A mis plácidos recuerdos.
A todo esto no os he dicho nada de los teatros de Venecia.— Verdaderamente, poco tengo que decir.
El teatro de la Fenice, que es el principal, donde se han estrenado tantas óperas magistrales, y uno de los primeros coliseos del mundo, según la opinión de los que lo conocen , se halla cerrado hace tiempo por órden del gobierno austriaco, á consecuencia de las manifestaciones ó tumultos que allí han tenido lugar.
Ved de qué modo.
Todos los grandes músicos de Italia han sido y son republicanos; lo mismo Beliini que Donizetti ; asi Verdi como Rosslni : por consiguiente, los argumentos que han elegido para casi todas sus óperas respiran libertad é independencia. — Ahora bien , los druidas de Norma clamando contra la dominación romana ; los suizos alzándose contra el Austria en Guillermo Tell ; los Puritanos , gritando libertad y patria; los Mártires, camiuaiido gozosos al suplicio con tal de no renegar; el pueblo hebreo gimiendo bajo los Faraones en el Moisés -, Babilonia escandalizada por Nabuco; los amigos de Bentrice di Temía puguando contra la tiranía de Visconti, y tantos otros rasos análogos como abundan en las obras de aquellos maestros , eran estrepitosamente aplaudidos por el público veneciano, que aprovechaba la ocasión para cantar desde palcos y butacas , y á coro con los artistas, mágicas frases de ardiente patriotismo, que los gobernadores austríacos no podían sufrir con pacieucia, tanto mas cuanto que en todas esas óperas lo straniero acabala siempre por ser degollado.
El teatro de la Fenice fue, pues, cerrado indefinidamente.
336 ÜE MADRID A ÑAPOLES.
El.de San Benedelto , en que se acostumbra á representar comedias italianas, no se abrirá este año hasta fin de diciembre.
Mo he contentado, pues, con asistir una noche al teatro Apollo y otra al lauro Malibran.
En el teatro A/w//o , grande y pobre , incómodo y baratísimo , se representaba la tragedia de Alfieri : Orexia.
Entre la orquesta y las butacas habia dos centinelas austríacos , con la bayoneta calada , encargados de mantener el orden.
La compañía era detestable, y sin embargo, representaba con un furor y un énfasis , con una suficiencia y un aptomo , que me hicieron pasar una noche muy divertida.
La concurrencia , que pasaría do mil personas , y por cierto de mediana condición , aplaudía á rabiar los gritos desaforados de aquellos histriones. Los italianos aplauden fácilmente.
En el teatro Malibran, mas pobre todavía, mas grande y mas barato (un palco entresuelo y tres entradas nos costaron 10 reales), vimos «un vandeville melo-dramático; ó por mejor decir, no lo vimos; pues el aburrimiento nos hizo desertar á los pocos minutos.
Yo estoy ya resignado á no ver en los teatros de Italia nada digno de atención , hasta la pascua de Navidad , en que , como os he dicho, principia el Carnavaione.
Tal es el pálido resumen de mis impresiones en la ciudad mas bella del universo.—Mucho dudo haber conseguido que mis lectores se imaginen vagamente los cuadros que he descrito, ni que se figuren los que apenas he bosquejado.— Sin embargo, habrán comprendido por el afán con que me he empeñado en esplicarles á Venecia punto por punto, que la llamada con justicia reina del Adriático es una maravilla de arte ; que su hermosura ha escedido los ensueños de mi imaginación , y que su poética memoria me acompañará toda la vida.
Yo le doy un adiós tanto mas melaucolico , cuanto que adivino que no volveré á verla; yo hago votos al cielo porque pronto sacuda los hierros de la esclavitud , y yo preveo que ese dia llegará lardo ó temprano.
La dominación de una raza sobre otra será siempre pasajera. Solo los pueblos hermanos pueden conquistarse y fundirse. Kl alemán será eternamente estranjero al Mediodía de los Alpes. Kn cuarenta y cinco años de dominación , el Austria ha ensayado todos los medios de asimilarse el Yeneciado, de captarse la voluntad de sus hijos, de echar raices en su suelo. Y el halago, la adulación, el beneficio, el ruego, la amenaza, el castigo, el terror, la muerte... todo ha sido inútil. Los tudescos son hoy en Venecia lo que eran el primer dia. La sangre repele á la sangre. La tierra se niega á fecundar la semilla de abominación. Todo lo que el Austria implanta en Venecia, caduca y muere falto de jugo, falto de aire, falto de sol amigo. — Son el agua y el aceite : podrán estar cercanos el uno al otro; pero nunca confundidos , nunca identificados.
Y esto se ve cu otras muchas parles. Esto se ve en Polonia : esto se ve en
DE MADRID A ÑAPOLES. 357 Turquía. — Poluuia, despedazada por Ires grandes potencias, de las que cada una se atribuyó y devoró su parte ; burrada del mapa de Europa ; muerta y sepultada al decir de los políticos, da muestras hoy de estar viva, entera, animada, poseída de su derecho, como antes de sucumbir. — Las gentes que moran entre la Grecia y el Danubio, avasalladas hace cuatrocientos años por una raza asiática, mueven sus hombros al cabo de los siglo* , y el poder otomano se hunde, y el imperio cristiano de Oriente resucita. — Los turcos , se dijo hace muebo tiempo, iéO eslán mas que acamjuulos en Europa.
Tal será siempre el porvenir de toda dominación exótica : tal será el porvenir de Venecia.— Los hombres suelen atentar á la obra de Dios, torciendo el curso de los rjos y fundando ciudades en el álveo seco de la antigua corriente; pero llega un dia en que el agua rompe los diques y reparos, y busca su antiguo lecho, en el cual deja sepultados á los implus.
Sin embargo (ved si los poetas somos crueles yo uie alegro (en cuanto poeta, se entiende) de haber visitado á Venecia en su época de tribulación. De no haberla visto cuando era poderosa República independiente, señora de estensos mares y apartadas tierras , con sus Dux y su Senado , con sus navegantes y sus guerreros, con sus fiestas tradicionales, con sus terrores y sus alegrías, de ningún modo la hubiera encontrado mas interesante que con sus tocas de duelo, llorando en las ruinas de su pasado de gloria , misteriosa y callada , solitaria y digna , sin que el estruendo de nuestra prosaica civilización turbe el ruagestuoso sueño de sus patricios; sin «pie los gritos de la Bolsa espanten á las palomas, hijas adoptivas de la ciudad ; sin que los modernos Midas , enriquecidos en el agio, se ¡>oses¡onei] ufanos de los palacios de los Dux; sin que cruce sus lagunas la góndola del hombre de negocios... capaz de establecer una sociedad para cegar los canales y sustituirlos con calles á la parisién.
Yo rne imagino á Venecia libre y convertida en provincia del reiuo de Italia. Yo, repito, le pido á Dios que esto suceda pronto. Pero entonces , adiós, poesia! —La milicia nacional recorrerá las calles cantando himnos como en Milán; un prefecto cualquiera profanará el pavoroso misterio del palacio de los Dux ; la seguridad personal acabará con el dramático miedo «le las noches venecianas ; la libertad le perderá el respeto á todo ; la riqueza comprará á peso de oro la historia ; el trabajo estirpará la melancolía ; el movimiento industrial traerá gentes de otras comarcas de Italia , y desaparecen los tipos , los trajes y el dialecto de Venecia.. . ¡ Esto será horrible para los poetas y los artistas !
En resumen de mi teoría abominable : á Venecia le sientan muy bien las cadenas.
Nodiria mas un realista español del tiempo de Fernando VII.
351 DE MADRID A ÑAPOLES.
vn.
I n día en Pádua.— San Antonio.— U frontera pontificia.
Ferrara 18 át novirnbre.
¿Ya no estoy «u Vuuecial
Ayer mañana á las nueve atravesó por última vez el Canal Grande desde un estremo á otro, en la góndola de Beppo, del viejo Beppo, que ha flngido llorar al tiempo de dejanne.
En la proa iba mi sawde noche. A pona iba yo con mi tristeza de viajero...
j Melancóli«x>s instantes los últimos que se pasan en nna ciudad querida I
Llegué al fin A la estación del camino de hierro, á la cual no había vuelto •iesde aquella poética noche en que vi surgir ante mis ojos a la reina de las olas, esclarecida por la naciente luoa.
¡ Qué diferencia entre tin momento y otro!
Entonces desea)» ver lo que abandono ahora. Ahora tera¿ olvidar lo que entonces oodiciabe.
¡Ah! ¡Yenccia! ¡Yeneriu! ¡Tú seguirás viviendo lejos de mi, tan bella como yo te veia ! Tú te tías quedado ahf , en el Oriente ; y yo he emprendido ya mi vuelta hacia el ocaso. — Y llegaré á él... llegaré al ocaso de mis dias... moriré como tantos otros que admiraron y cantaron tu hermosura , y tú seguirás recibiendo los besos de las olas, las miradas del sol y las caricias del astro de la noche!— ¡ Adiós, adiós, Venecia!
Kstas y otras cosas pensaba yo hoy , cuando la policía me hubo dejado escapar, después de someterme A nuevas inquisiciones, y en tanto que la locomotora nos aiTastraba sobre las aguas por aquel maravilloso istmo, que me recordaba en cierto modo el camino de Puerta de tierra que une á Cádiz con la península española.
Hora y media después, el tren hizo alto, y volví á oir gritar, como bace quince dias :
— / Pádua ! ¡ Pádua !
Y como entonces, vi a lo lejos unas grandes cúpulas, que salían de un suave barranco.
— Hé aquí mi camino, murmuré echando pie á tierra.
Y mientras el tren volvía á rugir y seguía en marcha hácia Verona , yo subí á un ómnibus con dos ó tres viajeros mas ; crugió el látigo del automedonto; galoparon los caballos; envolviónos una nube de polvo, y en menos de oinco minutos nos encontramos en la ciudad.
Pádua está rodeada de muros , y tiene siete puertas. Nosotros entramos por la puerta Codalunga.
Las calles que recorrimos para ir al hotel della Stella dOro , en donde paraba el ómnibus y donde yo me instalé , eran las principales de la ciudad , y sin
DE MADRID A ÑAPOLES. 359 embargo , no brillaban por su alineación , por su alegría ni por su empedrado. En muchas de ellas vi pórticos, nada elegantes, que me recordaron los de nuestra Paiencia. Entre las casas, antiquísimas y adornadas con escudos heráldicos, habia bastantes palacios en astado de decrepitud.
Pádua contiene 4ó,000 almas. Yo no me lo hubiera imaginado nunca. Tales eran el silencio y la soledad que reinaban por todas partes.
Solo en las plazas encontré alguua animación, y esa eia debida á los soldados austriacos que iban y venían, cargados de sacos de harina y de cajones de pólvora.
El sol estaba nublado desde por la mañana, que lo vi brillar un momento en la laguna de Venecia. El día se habia vuelto muy Trio, á pesar de que Pádua se halla solamente á 33 metros sobre el nivel del mar. Los paduanos vagaban lentamente bajo los pórticos, embozados en sendas capas, iguales á las de nuestro país.
Todo esto conlribuia á presentarme á Pádua bajo un aspecto sombrío , tétrico, melaucólicib, que simpatizaba con mi tristeza de amante separado de su querida. — Yeneoia seguía reinando en mi imaginación.
De esta manera llegué al hotel , donde permanecí una hora , sin resolverme á tomar ningún partido.
Al cabo de este tiempo comprendí que debia sacudir el marasmo que me dominaba, y á fln de conseguirlo, me eché á la calle, ó por mejor decir, á la plaza en que se levanta el hotel.
A la puerta habia una especie de calesa desvencijada en el pescante de la cual costóme trabajo descubrir á un muchacho de catorce ó quince años , jorobado como una etcétera , de lo mas jorobado que nunca he visto, jorobado hasta el punto de que el lazo de la corbata le adornaba el origen de las piernas.
Y lo mas eslrafio de todo, es que aquel jóven parecía el ser mas alegre y mas feliz del mundo.
Riendo y bromeando, ofrecióme tV sito legno, no sin añadir que tenia toda la ciudad en la palma de la mano y que me llevaría á la iglesia del SANTO, á vor los frescos de tíiottu, al Prato (Mía Valle, al café Pedrocchi...
— ¡Alto! esclamé al llegar a este punto. Llévame al café Pedrocchi.
Yo habia oido decir toda mi vida que aquel calé era uno de los prodigios de Italia y la gran curiosidad de la ciudad de San Antonio.
— Tengamos la gloria, me dige, de almorzar en el calé Pedrwrhi , y después recorreremos la ilustre ciudad de Pádua.
El café Pedrocchi t como todas las cosas de su género que gozan una antigua celebridad, ha llegado á ser indigno de ella. Aquel inmenso edificio, abigarrado, oscuro, ahumado y feo, seria una maravilla hace treinta años, cuando se abrió por primera vez al público. Entonces tenia pocos y débiles competidores. Pero hoy lo aventajan en lujo , comodidad y belleza casi todos los cafés principales de Europa.
Sin embargo, en el calé Pedrwxhi se almuerza perfectísimamenle.
:m Ufc MADUIU A ÑAPOLES.
Después üe almorzar, pase alli todavía media Lora luiuándoine un detestable cigarro austríaco , coordinando mis ideas acerca de Pádua , trazándome el itinerario de mis escursiones , y repartiendo el tiempo de que pensaba disponer.
Mas de mil personas almorzarían , fumarían ó tomarían café al mismo tiempo en los diferentes salones del vasto establecimiento.
—Estoy en Pádua, pensaba yo; en Padua, antiquísima ciudad, cuyo origen se pierde en los tiempos mitológicos. En Pádua, oprimida sucesivamente por los mínanos, por Atila, por los húngaros, por los emperadores alemanes , por los Scala de Verona , por los Carrara, por la república de Venecia y actualmente por el Austria. Estoy en la tierra de los sepulcros , en la patria de Tito Lívio y de Mantegna , en la ciudad amada de liante y de Giotto , los dos ilustres amigos. Aquí murió y está enterrado aquel franciscano Antonio, nacido en Lisboa, que na estendido el nombre de Padua hasta las aldeas y cortijos del territorio español. Aquí pasó Petrarca los últimos años de su vida, como canónigo que era de esta catedral. Eu esos montes que se elevan al Oeste se halla la aldea de Arqua, donde murió y está sepultado el sentimental poeta. En ese palacio, en fin, que he visto al i^sar \mr la Piazza dei Siynori, liguró Víctor Hugo la tremenda acción de su drama \n<jetot que tan pavorosa celebridad ha dado en toda Europa 4 esta ciudad sin fortuna.
Y también pensaba en otras cosas y en otros nombres... que ahora uo vienen á cuento.
Ello es que volví á la calesa; di mis instrucciones al jorobado, y empecé á correr por las calles de Pádua como una exhalaciou.
Primero fui á la catedral , magulfica obra del Renacimiento, dibujada , á lo que so dice, por Miguel Angel.
Alli vi un busto del amante de Laura , en el hueco de una losa negra , con una inscripción en que solo se dice que Francisco Petratva fue canónigo de aquella catedral, sin hacer mención alguna de sus timbres literarios, cuino si la gerarquía histórica del grande hombre consistiera mas en haber gozado de tal prebenda que en haber escrito sus sonetos.
De la catedral me hice conducir al l'alazzo tleila fíayioiic , una de las primeras curiosidades de Pádua , donde se ve la sala mas grande del mundo. Esta sala mide 300 pies de longitud por HK) de anchura , y fue construida á Unes del siglo Xlí. El techo de latí vasta habitación fue plano al principio; pero se hundió en el siglo XIV, y hubo que sustituirlo con una bóveda. Asi y lodo, es un prodigio de edificación.
El Salone, como se le llama por aulonomasia, se esücnde paralelamente al Ecuador, y en medio de él hay trazado un meridiano, al que baja un rayo del sol por un pequeño agujero de la bóveda á marcar á loa paduanos la hora del mediodía.
En torno de la sala y á media altura de sus estensas paredes, corre una balaustrada ó galería, á la que so sube por cuatro magníficas escaleras.
Este balcón facilita el estudio de las cuatrocientas pinturas que adornan los muros de tan descomunal estrado.
362 DE MADRID A ÑAPOLES.
Dichas pinturas representan los varios destinos de la humanidad , juzgados por un criterio histórioo-astrológico.
Yo no he visto nunca alegoría mas eslravagaote , mas disforme, mas incoherente y gratuita (pero grande al mismo tiempo, en medio de su locura, al modo de las aberraciones de los cuadros fantásticos del Greco), que aquella multitud de episodios de la vida humana, relacionados ad iibitum con los movimientos de los astros, con la marcha de las estaciones ó con la representación mitológica de cada estrella.
También es de notar en el salón el Monumento de Tilo livio, asi como su sepulcro, por mas que muchos nieguen que sean los huesos del célebre historiador los que se veneran como tales.
—1 Chi sal me dijo filosóficamente el cicerone cuando le pregunté su opinión en este punto.
¡Quién sabe! repito yo a mi vez.
Tal es el famosísimo Salone de Pádua, Forum y Capitolio de la ciudad durante muchos siglos. — Allí se ha administrado justicia por los Podestá ; allí se ha reunido el concejo; allí se han celebrado elecciones; allí han dado audiencia los tiranos; alli han funcionado, en fin, todos los poderes, todas las instituciones , todas las corporaciones que han regido á Pádua en sus multiplicadas vicisitudes.— Hoy no pasa allí nada, absolutamente nada.
El Palazzo detta Ragione es hoy pura y simplemente un monumento fúnebre que recuerda á los viajeros la pasada historia de la ciudad. — Lo mismo sucede con el Palacio de los Dux de Yenecia.
Diríase que el Austria, cediendo á un pudoroso escrúpulo , ó á un supersticioso respeto, no se atreve á establecer su odiada dominiacion sobre estos venerandos santuarios de la nacionalidad italiana.
Pues aun hay en Pádua otro monumento mas augusto que el que acabamos de describir.
Tal es la iglesia de San Antonio, llamada comunmente EL SANTO ; — y van dos veces que escribimos esta palabra con tan visibles caracteres , á fin de espresar de algún modo el énfasis y la veneración con que la pronuncian los paduanos.
La iglesia de San Antonio , blanca y luminosa , sin unidad de estilo , con sus ocho cúpulas , con sus capillas cuajadas de monumentos , con sus esculturas en mármol y madera , con sus antiquísimas pinturas , reúne al mismo tiempo los opuestos caracteres de una grandiosa mezquita , de un lúgubre templo gótico y de una espléndida catedral del Renacimiento.
Semejante heterodoxia artística le sienta bien á una iglesia de pura devoción. — La ingénua y candorosa piedad de los niños adorna así la Cruz de Mayo con todo lo que puede embellecerla, sin fijarse en el simbolismo de cada cosa.
¿Quién no ha reparado en esos altares, y quién no los ha levantado en su niñez?— En ellos colocábamos el vistoso schal de colores de nuestra hermana, las flores del jardín, el retrato de Mina y de Castaños, los anillos de nuestra
DE MADRID A ÑAPOLES. 363 i, el busto de Napoleón \ armas y brazaletes, santos y soldados, bandejas y escribanías , y un frasco de agua de rusas , traído de Argel , al lado de un salero lleno de incienso ó de pebete. — Y todo era un homenaje rendido á las escelencias de la Cruz que se altaba en medio de aquella mesa revuelta.
Pues asi procede siempre la devoción , y tal es el punto de vista estético de la iglesia de San Antonio de Pádua.
La Cruz que alli se venera es el cuerpo del Sanio.
La capilla que encierra su sepulcro es un prodigio de riqueza. Toda ella está revestida de mármol Manco y negro. Estátuas de bronce y preciosos bajo-relieves alusivos á la vida del Santo, adornan las paredes. Kn el centro se levanta el altar. Kste es de verde- mítico, en el cual se destacan cuatro ángeles de mármol ¿/anco, que sostieneu olnis tantos candeleras de plata. Delante del altar hay dos grupos de ándeles, también de mármol, que son obras maestras de escultura. Cada uno de aquellos grupos sirve de base a un enorme candelabro de plata , de admirablemente ejecución. El candelabro de la izquierda pesa 1607 onzas: el de la derecha, 1.450.— Del techo del santuario penden innumerables lámparas do plata y de alabastro , constantemente encendidas. Y en no , por todas partes se ven ricas y piadosas ofrendas, ex-volos, cuadros que represen tan los recientes milagros del santo; (diligencias volcadas, enfermedades, caídas, naufragios y otras desventuras , remediadas todas por la intercesión de San Ají Ionio.)
Detrás del altar hay una lámina de bronce que sirve de puerta á la tumba del glorioso portugués.
Yo no he visto nunca , y cuidado que he vivido en Andalucía y en Valencia, devoción semejante á la que inspira este sepulcro á los hijos del Veneciado. Yo fui á visitarlo á las dos de la tarde de un dia cualquiera , y estaba rodeado de damas y caballeros, de gentes del pueblo, de niños y ancianos, que con el mayor recogimiento oraban de rodillas. — Los campesinos , que habían ido á Pádua al mercado ó á negocios, entraban , fatigados de los quehaceres del dia, con sus compras debajo del brazo, á tocar medallas y rosarios en aquella plancha de bronce; á aplicar á ella sus miembros doloridos, como á una fuente de salud; á que sus hijos impusieran alli sus manos, su boca y su cabeza, á fin de que fuesen buenos de pensamiento, palabra y obra ; á confiar sus penas al patrono de la comaroa ; a pedirle ayuda ó consejo ; á darle las gracias por anteriores mercedes, 6 a visitarlo, á cumplir con él , á llevarle espresiones de sus familias, que J¡ despedirlos fuella mañana con dirección á la ciudad , les babian dicho indudablemente :— «Que no te vengas sin ver al Santo.»
M lado de la iglesia está la antigua Scuola del Santo , que merece ser visita, aunque no sea mas que por los muchos y muy notables frescos de Ticiano W adornan sus paredes , alusivos todos á la historia de San Antonio.
Mas no es aquel todavía el gran monumento artístico de Pádua. — Este bay <n» buscarlo en las ruinas de la antigua iglesia llamada Madonna deü' Arena. ^ Mtitlonna deü' Arena fue edificada á fines del siglo X1U sobre los cimienun anfiteatro romano,— y de aquí su nombre.— Hoy está cerrada al oul-
m DE MAORIO A ÑAPOLES.
fo, desmantelada y miñosa, en el fondo de un jardin de propiedad particular.
Sin embargo , pocos serán los viajeros que pasen por Pádua sin ir á ver en las vacilantes paredes de aquella nave vacia los célebres frescos de Giotto. — Estos frescos (ya lo he dicho) son un monumento del arte. — Su fecha no baja de 1276.
Giotto es todavía el pintor ideal, genuinamente cristiano, bizantino como su maestro el griego Cimabue; pero propende ya á resucitar la belleza pagana y a convertirla en espresion y forma d* su teológico misticismo. Esta idea la había heredado de su maestro, en quien era un instinto de su sangre helénica, y la legó á sus discípulos, que encontraron en el Mediodía de Italia mal apagados recuerdos de la beldad gentílica. Asi , pues , Giotto es , como si dijéramos , el segundo príncipe de la dinastía de Rabel, de la genealogía del Renacimiento. — Verdad es que hubo un día en que el ascetismo cristiano , combinándose con la hermosura humana del arte antiguo , produjo la escuela estática, de que es lucero radioso el inimitable Beato Angélico; pero después llegó terugino, el maestro de Rafael y la revolución del arte siguió su rumbo. — Perugino se afana por no inmolar el espíritu en aras de la forma ; mas no intenta ni por un momento retroceder en el camino que ha adelantado el arte. Sus cuadros son una transacción entre lo divino y lo humano , entre lo inmaterial y lo terreno , solo que, como el espíritu es siempre mas grande, mas noble, mas augusto que la belleza mortal , sus vivos resplandores dominan y resplandecen sobre la materia. — Rafael no es ya la transacción, sino la transición. Su primitiva manera refleja todavía el genio místico de su maestro. Esta es la época de sus Vírgenes sobrehumanas, de sus rostros seráficos, de sus visiones de gloria. Mas tarde, Rafael conocerá á Miguel Angel, estudiará el arte griego, se enamorará de la forma por la forma, y pintará la Transfiguración... ¡la Transfiguración, en que él también se transfigura; pero no convirtiéndose de hombre en Dios, como Jesús; sino trocando su intuición de ángel por la sabiduría de hombre y olvidando la naturaleza divina, para complacerse en la copia y exaltación de la naturaleza humana.
Pero me alejo demasiado de Giotto.
Entre los frescos de la Madonna delt Arena, hay unos que son del mismo Giotto, y otros que se atribuyen á sus discípulos por la religiosa Odelidad con que se sigue su escuela. — Los del maestro sé conocen jpor la alta concepción riel asunto , por las sencillas actitudes de los personajes y por la ideal poesía de los rostros. Todos ellos recuerdan escenas de la vida de Jesús y de la Virgen , & escepcion de uno que cubre una pared entera (sobre la puerta de entrada), que representa el Juicio Final.
Esta célebre pintura , anterior en tres siglos al Juicio Final de Miguel Angel, recordaría la Divina Comedia aun á aquellos que ignoraran que Dante y Giotto fueron Intimos amigos ; que el poeta vivió mucho tiempo en Pádua en casa del artista , y que uno y otro se dieron en sus obras testimonios de amor y do estimación , — Dante hablando de Giotto en unos sublimes versos, y Giotto retratan-
DE MADHID A ÑAPOLES. 365
do mas de una vez al infortunado Dante.— Lo que nadie ha podido decidir basta ahora es si la Divina Comedia fue inspirada por el Juicio Finid , ó si la idea de esta pintura surgió en la mente de Giotto al oír á su amigo su inmortal poema. —Como quiera sea, todos los críticos han hallado (y yo la he hallado también sin ser critico) una pasmosa semejanza entre una y otra obra. En el Juicio Final como en la Divina Comedia , la concepción es elevada, un poco abstrusa, eminentemente teológica, ó por mejor decir, escolástica , sombría como el genio bizantino, tremenda y misteriosa como aquella noche de lúgubres pesadillas que se llama la Edad-Media. En la pintura como en el poema , la disposición del cuadro es Cándida y pueril , abigarrada y confusa , irracional ante las leyes de la Perspectiva. Y por último , en ambas obras hay episodios y figuras de una belleza ideal, de una espresion encantadora, de un nobilísimo dibujo, en que se advierte la influencia de aquella elegancia gótica que trajeron de Oriente los Cruzados.—Rl Juicio Final de Giotto ostenta mas de una Beatriz , mas de una Francesco, mas de una Pia.
Yo no haré la descripción detallada de aquella pintura disforme. Esto sería muy largo. He contentaré con decir que el Padre Eterno ocupa el centro, y que de sos pies brota un rio de llamas que inunda toda la parte izquierda de la composición.
— «Aili están , dice la Guia de Pátina , las mujeres de mal vivir y los obispos sirnooiacos, todos con la bolsa en la mano...»
A la derecha se ven los elegidos , los santos , los ángeles y tas vírgenes. En un lado todo es fealdad, tristeza y agonía: en el otro, todo es belleza, amor y bienaventuranza.
Re la Madonna delt Arena me hice llevar á la iglesia de San(a Justina, solo por ver el Martirio do esta santa, famosa pintura de Pablo el Veroués,
Santa Justina es un liermoslsimo templo del Renacimiento , que pudiera servir dignamente de catedral en una oórte esplendorosa como París y Londres.
Lo mismo digo de otras muchas iglesias secundarias de Italia, que no tienen nombre en Europa , pero que si se alzaran en un país en que no fuesen tan comunas /as obras maestras de arquitectura, bastarían por sí solas para dar nombre J lustre a las capitales que las encerraran.
i'ues bien : Santa Justina sirve hoy de granero á los austríacos. Ayer, cuando la vi, contendría mas de veinte mil sacos de trigo, sobre 108 cuales estaban tendidos , jugaban ó cantaban algunos soeces soldados, cuyas voces resonaban sarcásticamente en las altísimas cúpulas, á donde subía el humo, txo del incienso como otras veces, sino de las pipas de los tudescas. (Diré aumi de paso que el Austria, en vista de lo que acontece en Nápolea, acuenu lando hace algunos dias tropas, víveres y municiones en las orillas
IL P° * y que 103 Paduanos creeo de Uü raomento a olr0 las ¿güilas de Uapsburg0 pasarán el rio y caerán sobre los nuevos estados de Víctor-Manuel.)
■ta cuanto á la pintura de Pablo el Veronés que yo habia ido á ver á Santa usUna , hallase todavía en el altar mayor ; pero dislruta allí de tan mala luz,
- V
366 DE MADRID A ÑAPOLES.
encuéntrase tan ahumada por los cirios que la alumbraban en otro tiempo , y ha sido restaurada últimamente con tan mala fortuna, que apenas pude formar juicio de su verdadero mérito.
A todo esto eran las cuatro de la tarde. Yo estaba fatigado, y además había visto los mas notables monumentos de Pádua. Di, pues, por terminada mi escursion artística, y dije al astuto jorobado que me pasease por los principales sitios de la ciudad.
El rapaz aceptó con júbilo el mando discrecional que le confiaba, y crugiendo el látigo denodadamente , puso al escape la apolillada calesa , que empezó á dar saltos mortales sobre el incoherente empedrado, haciéndome creer a cada momento que había llegado mi ultima hora.
Asi pasamos por la Pinza de los Frutos , en que se venden los granos , por la Plata de las Yerbas, por la Plaza de las Uvas, y no sé por cuantas plazas mas, basta que finalmente llegamos al Prato Helia Valle, cuya hermosura desdice del resto de la ciudad y donde pasé lo que quedaba de tarde dando vueltas á pie ó en coche bajo unas amarillas arboledas.
£1 Prato delta Valle es la plaza principal de Pádua. En medio de ella hay un gran jardín cubierto de césped, cruzado por varias calles de árboles y rodeado de un canal elíptico, en cuyas dos márgenes se elevan hasta setenta y cuatro es* tatúas de italianos célebres, paduanos en su mayor parte. La forma de aquel jardín recuerda la de un anfiteatro que ocupaba antiguamente el mismo lugar. Las estatuas son menos que medianas; pero confundidas con los árboles, repetidas en el agua, dibujadas en el cielo, ennoblecen y hermosean aquella plaza monumental , en que solo eché de menos alguna gente de agradable porte que me acompañase en mis paseos.
Pero la verdad es que ayer tarde hacia demasiado frió en la insigne ciudad de Pádua, para que las ahijadas de San Antonio dejasen sus históricas viviendas.
Hube, puíís, de contentarme con verlas detrás de los cristales de sus antiquísimos balcones, — y lo que ellas no saben es que cuando alguna me llamaba la atención , le pedia noticias suyas al tremendo jorobado , el cual me revelaba el nombre de la beldad , su historia , sus amores, su posición , sus gustos, la iglesia á que iba á misa , los trajes que usaba habitualmente , y otras muchas cosas que me hadan tanto efecto como las novelas de Balzac.
1 Oh 1 nada hay tan melancólico en nuestra vida humana como estas intersecciones de dos destinos , procedentes de diversas y apartadas cunas , y llamados á no encontrarse mas sobre la tierra !
Ni ¿quién será tan insensible que no haya esperimentado alguna vez la vaga inquietud de semejantes emociones?
Pasáis por una ciudad sedentaria en que nunca habéis estado y á la que no pensáis volver. Veis en un balcón una hermosa jóven pensativa , que por casualidad fija en vos sus tristes ojos. Indudablemente, ella se ocupa de vuestro destino durante un fugitivo instante
— «jUn hombre 1 jun desconocido I...— murmura distraídamente su pensa-
DE MADRID A ÑAPOLES. 367
miento.— ¿ Quién será? Seguramente será alguien para algunos. El creerá que para mi no es nadie. Y es que yo no soy nadie para él. El pasa por aqui viniendo no sé dónde y dirigiéndose á alguna parte. Nuestras vidas no se conocen. Solo se han visto nuestros cuerpos. Nuestras almas tienen diferente norte. El habrá ya constituido sus afectos, como yo los mios... ¡Dobló la esquina! Héme aqui otra vez sola , encerrada en el círculo de hierro de mi monótona , rutinaria y fastidiosa existencia. »
Asi, pues, el viajero es para aquella mujer la sombra querida de la libertad, la imagen del porvenir, lo desconocido , lo insólito, lo poético... el mas allá de las muros de su casa y de las montanas de su horizonte.
En cambio, aquella mujer es para el viajero como la esQoge de su vida. —«¿Quién sabe ,— se pregunta uno , — si esa es el alma gemela de la mia ; si esa mujer me está esperando hace mucho tiempo; si ella sería mi felicidad? ¿Quién sabe si yo estoy pasando ahora mismo por delante de la dicha , sin adivinarlo siquiera, y he de seguir adelante buscando una cosa que me he dejado aira;? ¿Quién sabe si mañana volveré á encontrar á esta mujer en mi camino, y la amaré y suspiraré por ella, y entonces será ya tarde?»
Y en medio de estas dudas , nos maravilla (pie aquel ser haya existido diez y ocho ó veinte años sin que nosotros lo supiéramos , sin quo lo hubiésemos imaginado siquiera; y nos duele el corazón al comprender que ya nunca volveremos á. saber de aquella vida ; que ignoraremos su futura historia; qué no tendremos noticias ni de su muerte; que al dejar aquella calle es cuando verdaderamente morimos el uno para el otro... ¡y que era tan bella, era tan espresiva, era tan grave, seria tan cariñosa ! . . .
jOh, lo desconocido! — ¡Lo desconocido es lo infinito! ¡Lo desconocido es todo lo que nos falta ! ¡ Lo desconocido es el cielo !-
Mientras yo pensaba de este modo (sin mas razón ni motivo que haber visto moverse las cortinillas de dos ó tres balcones y haber columbrado entre cristales, aqui unas trenzas sedosas , allí nnos ojos negros rasgados , ora una mano aristocrática, ora un talle juvenil mal desfigurado por los pliegues de una bala), el dia empezaba á desaparecer; los pájaros cantaban ya reunidos en las marchitas copas de la arboleda; el trio se hacia sentir cada vez mas; la niebla se levantaba del suelo é iba A reemplazar 4 las nubes que empezaban á desalojar la atmósfe- - En los balcones de algunas casas brillaba ya la luz de la velada de familia. Todas estas cosas dieron otro nimbo a mis ¡dea«? , y pensé en que hoy baria día , puesto que la niebla empezaba á helarse , y en que ya habia visto á Pádua , y por consiguiente debía continuar mi camino. Pregunté al jorobado c<jmo se hacia el viaje á Ferrara , y me dijo que todas las mañanas á las cinco
salía una. s¡na de posta con direccíen i esta ciudad, á la que se llegaba en diez horas.
Fuimo , pues , al hotel : comí solo, lo cual es mas triste quo no comer , suponiendo que se halla almorzado: escribí á España una carta , muy mas interesan- ^ Y curiosa que este capitulo : envié á la posta por un billete para Ferrara : ar-
368 DK MADRID A NADOLES.
reglé mi diminuto equipaje , y me acosté con peor humor que me levanté por la mañana.
Ca¿a df I Ttsso en Sorrento.
¿Dónde estaba ya Yenecia?
Venecia, y no solo Venecia, sino también Pádua, se habian hundido en ese abismo sin fondo que se llama lo pasado.
Esta mañana á las cuatro estaba ya de pié; dirigíme á la administración de
DE MADRID A ÑAPOLES. 36fl correos; subí en la mala-posta ; y poco después salía de la ciudad por la puerta de Sania Croce.
Según adiviné ayer tarde, el día de hoy apareció magnifico. La tierra estaba escarchada ; los árboles , todavía verdes , brillaban al naciente sol , y las aves cruzaban el limpio azul de la atmósfera , aprovechando como yo el buen tiempo para emigrar al Sur de Italia.
La carretera se dilataba por entre viejos alamos, que la cubrían de dulce sombra.
Aquellos magníficos arrecifes solo pudieran compararse al Paseo de las Rosas de Aranjuez.
Asi he andado leguas y leguas.
A un lado y otro del camino veía constantemente dos canales; el de Baiaglia y el de Monselice.
Si yo no hubiera estado triste y solo, este viaje habría sido tal vez el mas cómodo y delicioso de mí vida.
Ni polvo, ni frío, ni calor, ni gran movimiento en el coche...— Nada me recordaba las fatigas ordinarias de un viaje.
Los caballos trotaban acompasada y briosamente , y la silla de posta se deslizaba por el compacto arrecife , sosegada y ligera como por una alameda de los Campos Elíseos. . 1
A unas seis leguas de Padua , pasé á la vista de la ciudad de Este , cuna de la ilustre familia del mismo nombre que reinó en casi todos los estados del Norte de Italia.
Una rama de esta familia díó origen á la dinastía de' Brunswick, que reina todavía en Inglaterra y en Hannover...
Pero yo estaba hoy muy lejos de pensar en semejantes cosas.— Yo no pensaba mas que en Alfonso ¡ d'Este, el cuarto marido de Lucrecia Borgia, cuyo palacio iba á visitar en Ferrara , y en Alfonso II , el hermano de aquella Eleonora inmortalizada por el Tasso.
La poesía es el alma de la historia.
Luego pasé el poderoso Adige, y después el Adigetto, desmembración suya.
A orillas del Adigetto se levanta Rovigo , ciudad de 9,000 habitantes , en la cual solo paramos el tiempo preciso para almorzar y mudar de caballos.
Al partir de Rovigo sorprendióme mucho que el terreno, lejos de subir, como acontece siempre que se sale del lecho de un gran rio (y nosotros acabábamos de dejar atrás al opulento Adige), seguía bajando cada vez mas.
El conductor, á quien comuniqué mi estrañeza , me esplioó entonces que tanto el Adije como el Po, al cual nos dirigíamos , corren, á su desembocadura en el Adriático, por unas orillas artificiales, y que los terrenos adyacentes están mucho mas bajos que sus aguas. Los diques que encauzan aquellos ríos han sido levantados para evitar las inundaciones, antes muy frecuentes, y para acelerar su curso, á fin de que arrastren mas arena. Esta arena , depositándose siglos y siglos en las playas del Adriático, ha dado lugar á que las ciudades bañadas en
310 DE MADRID A ÑAPOLES.
otro liempo por las olas , corao Adria , que dio nombre a aquel mar, se encuentren ahora muchas millas tierra adentro. Y de aqui también que el Adige y el Po suban continuamente de nivel y estén hoy levantados sobre la llanura, á la manera de acueductos , amenazando á Ferrara y a otras poblaciones que se asientan debajo de ellos , con un espantoso cataclismo.
Por lo demás , el teiritorio comprendido entre el Adige y el Po no puede ser mas ameno. La carretera se prolonga sobre altas calzadas cubiertas de frondosos árboles. Los olivares y las viñas se recuestan por ambos lados sobre apacibles llanuras, ó innumerables arroyos, procedentes sin duda de filtraciones do los grandes ríos, brillan al sol como serpientes de plata , y se pierden a la derecha en los desiertos arenales.
Llegamos en fin al Po.
El Po es la frontera entre el Véneto y los Estados-Pontificos , ó sea entre el imperio de Austria y el nuevo reino de Italia.
Hace pocos meses , la márgen derecha d«l Po (aquellas tierras de que me separaba el anchuroso rio) pertenecía á lá Santa Sede.— Allí empezaban las Legaciones,
Hoy son provincias de los estados de Víctor Manuel.
En aquellos melancólicos parages el Po es caudalosísimo, y corre lento y sosegado como un brazo de mar en calma.
Yo le habia visto niño alborozado y juguetón á las puertas de Turin. Luego le encontré impetuoso y adulto cerca de Pavía. Hoy le volvía á hallar fatigado y próximo a la muerte; pero sereno y magesluoso!
El, como yo, venia de recorrer toda la alta Italia, desde el Monte Viso al Adriático, ó sea una estension de ciento cincuenta leguas. — [Cuántas ciudades, cuántas aldeas , cuántas campiñas , cuántos puentes , enántos bosques babia reflejado en sus aguas l
Nosotros no le pasamos desde luego , sino que subimos por su orilla izquierda durante dos horas , sobre la calzada que le sirve de dique.
Figuraos lo deliciosa que seria esta marcha al galope por aquel elevado camino, sobre aquella especie de muro, viendo á un lado, debajo de mi, la estensisíma superficie del noble rio , y al otro , á mayor profundidad , una verde pradera cuajada de árboles y cruzada de arroyuelos.
Asi llegamos á un pueblecillo de pescadores y bateleros llamado Sonta María Magdalena.
Allí está la aduana de los austríacos.
Por allí debíamos abandonar el Véneto.
En frente de Sania Varío Magdalena , al opnesto lado «leí rio , se miraba en las aguas otro pueblecillo.
Era Ponte- Lagoscuro , -primera población de los antiguos Estados de la Iglesia.
Allí se veia la aduana «le Italia , sobre la cual ondeaba la bandera tricolor con la cruz blanca de Sahoya.
DE MADRID A ÑAPOLES. 371
En la orilla esclava había un fuerte destacamento de soldados de Austria, con sus capotes grises y sus kepis aplastados.
En la orilla libre paseaban algunos bersaijlieri, ufanos con su traje montañés y su sombrero de plumas.
Entre una y otra márgen no hay todavía puente alguno.— La travesía del Po se hace en frágiles barquicbuelos.
El que debia trasladarme á mí , hallábase ya preparado.
Sufrí, pues, nuevos vejámenes en la frontera austríaca ; dejé que rae interrogaran y que registraran mí saco de noche ; di espresiones para Giotto al conductor, que desde allí se volvía á Pádua con la silla , y penetré en un bote de mala muerte, gobernado por dbs remeros.
Pocos minutos después, pasábamos en medio del Po aquella línea imaginaria,— | demasiado imaginaria! — que separa legalmente, y no de otra manera, á dos pueblos dotados por Dios de unos mismos ríos , de un mismo horizonte , de una misma sangre , de una misma lengua, de un mismo genio, en fin; ¡del genio de las artes , lazo indisoluble de la unidad italiana 1
j Inolvidable momento ! . . .
21'
CAPITULO VI.
LAS LEGACIONES.
Una tarde en Ferrara — El Castetlo.— Recuerdos de Lucrecia Borgia. — Parisina. — El
Tasso.
Mi primera operación al desembarcar en Ponte Lagoteara fue respirar con toda mi fuerza, como si acabaran de quitarme de encima una montaña de plomo. ¡ Estaba en un país libre !
Maquinalmente , me volví hácia la orilla que acababa de dejar; y al ver en ella á los soldados austríacos y la bandera amarilla y negra sobre la aduana de Santa María , diéronme tentaciones de significar á los tiranos del Véneto no sé qué sangrienta burla , no sé qué odio mezclado con regocijo , no só qué amenaza y qué desprecio... que podian resumirse en este solo grito: i Viva I taltal pero no me atreví á pronunciarlo , temeroso de que los bersaglierí y los habitantes de Lagoscuro lo tomasen por una cobarde adulación , y los tudescos por una Urdía baladronada.
Sofoqué, pues , mis afectos y me dirigí á la aduana piamontesa.
—Puede usted continuar su camino , se apresuraron á decirme los empleados, sellando mi pasaporte sin leerlo y devolviéndome el saco de noche sin abrirlo.
Yo les di las gracias , y monté en una silla de posta igual á la que habia dejado en la otra margen.
Los caballos , que piafaban impacientes, salieron al galope. Una hora después llegaba á las puertas de Ferrara.
374 DE MADRID A NADOLES.
Serian las cuatro de la tarde .
Desde que peuetré en la primera calle de esta antigua corte de los duques de Este , eché de ver que la ciudad es demasiado grande para la población que hoy la habita.
El perímetro de Ferrara no bajará de dos leguas y media ; y sin embargo, apenas contiene 50,800 almas.
Las calles son anchas , recias , y están empedradas de menudos guijarros. Los enormes edificios que las forman , entre los que se ven centenares de palacios, tienen un aire señoril , magestuoso , venerable , que recuerda los grandes tiempos de esta ilustre capital.— Muchos de estos palacios están cerrados por falta de inquilinos.1]
La yerba , amiga siempre de la soledad , crece impunemente á ia puerta de aquellos sepulcros de pasadas generaciones, y los escudos de armas, tallados en piedra, que adornan las torres y las portadas, asi como los que se ven engastados en los hierros de rejas y balcones , parecen los epitafios de las nobles familias que allí vivieron y de que ya solo queda un pálido nombre en la historia.
AJ principio atravesó calles completamente desiertas.
Mas adelante vi algunos hombres embozados en capas negras, mas cortas y de menos vuelo que las españolas.
Luego entramos en una calle en que habia ya algún comercio , algún roido, alguna animación.
Llegábamos al centro de la estensa capital.
En muchos balcones ondeaba la bandera tricolor de Italia , y en las muestras de las tiendas se advertían indicios del entusiasmo que inspira á los ferrareses el nuevo estado de cosas.
Almacén de la Unidad , decia un letrero. Café de Cavour, se leia en otro lado. Calle de Solferino, rezaba un azulejo. Bazar de Víctor Manuel. — ;.t la nuera Italia! — Fonda de la libertad, decían otros rótulos.
Y á mas de esto , velase en las esquinas una infinidad de carteles con anuncios de folletos, libros, periódicos y espectáculos , cuyo solo titulo hubiera constituido un crimen ó una heregfa á los ojos del Cardenal Legado que imperaba en esta ciudad, en nombre de la Santa Sede y con ayuda de las bayonetas austríacas, antes de las famosas anexiones del año último.
Al considerar todas estas cosas, no podia menas de conmoverme, pensando en la profunda turbación que debió de esperimentar este pueblo al pasar bruscamente desde el mas intolerante absolutismo á la mas amplia libertad.— ¡Qué catástrofe aquella para los que vivían apegados al antiguo régimen! iQuó delirio de júbilo para los que deseaban , pero no se atrevían á esperar !o que sucedió de pronto! iQuó terrores! ¡Qué vértigos! iQué alegrías! ¡Cuántas lágrimas de placer ó de pona! ] Cuánta locura en todas las imaginaciones! ¡ Cuántas ruinas y cuántas resurrecciones en una hora !
De todas estas peripecias solo quedan ya en la ciudad (en el centro de ella, vuelvo á decir) los vestigios de la alegría.
DE MADRID A ÑAPOLES. 37jj La peaa acaba siempre por ocultarse.
Un júbilo espansivo se reflejaba esta tarde en todos los rostros. Los ferrareses iban y venían de una calle á otra , vestidos con su ropa de los dias de fiesta, á pesar de ser hoy dia de trabajo. Todas las jóvenes de la ciudad (| cosa rara en un pueblo de provinciasi) salían á paseo en el momento que yo cruzaba por la tia dei Piopjponi, y dicho sea de paso , algunas de ellas me han parecido muy lindas y muy elegantes. (Réstame ahora saber si perpetúan la tradición de Lucrecia Borgia.) Los jóvenes, vestidos de guardias nacionales, conferenciaban gravemente á la puerta de los cafés. Algunos organillos tocaban los himnos de Milán y de Garibaldi. En un canal que atraviesa toda la población, se veian dos ó tres falúas empavesadas con gallardetes tricolores. El sol , en fin , que se ponía por el estremo de una larga calle , proyectaba horizontalmente su radiosa luz sobre el leve tamo de la atmósfera , haciéndole bullir y reverberar como un polvo de oro. — Esta claridad de gloria aumentaba el sublime alborozo de aquel pueblo convaleciente , que todavía no puede contar por anos sus dias de independencia y libertad.
Luego pasó por delante del ( asidlo, antigua morada de los señores de la ciudad.
Su sola vista me volvió á los tiempos pasados.
La Ferrara papal y la Ferrara piamontesa desaparecieron á mis ojos.
El Cusleilo ó sea el palacio ducal , es uno de los alcázares mas poéticos , mas románticos , mas novelescos por su forma y por sus tradiciones, que puede imaginar la fantasía. — Aislado en medio de una plaza, rojo, elevadísimo, rodeado de profundos fosos llenos de agua, flanqueado por cuatro esbeltas y macizas torres , con sus arcos que pasan de un ala á otra, con sus puentes levadizos, con sus muros almenados, con sus ventanas ogivales y sus cadenas de hierro , ofrece un aspecto sombrío ^imponente, amenazador, como la edad en que fue construido, como los príncipes que reinaron en él , como las historias de que son monumentos sus torreones y sus mazmorras.
Estas historias acudieron en tropel á mi imaginación.
—Aquí , me dige, vivierou los Azos, los Hércules y los Alfonsos de Este, aquellos otros Módicis , famosos por sus amoríos, sus crueldades y sus fiestas.— De allí salían & pelear en defensa de la soberanía de los Papas y de la independencia de Italia, cobyadas entonces por una misma bandera —Aquí celebraban después sus victorias con espléndidos regooyos, que estendian por toda Europa el nombre de Ferrara, llamada con razón en aquel tiempo el emporio del placer, de la hermosura, del lujo, de la galantería, de las letras y de las artes. — Aquí *uvo logar la tremenda tragedia de Parisina , cantada por lord Byron y Donizetti. Aquí los saraos presididos por Lucrecia Borgia. Aquí la disolución , la gloria y los asesinatos cantados por Yictor-Hugo. — En esos" vastos salones, cuyas ventanas abiertas me dejan ver molduras doradas y lujosos cortinajes , leyó Juan Gtiarini su tragi-comedia // Pastor Fido, en presencia de Alfonso II, de su hermana Eleonora y del infortunado Tasso. — ¡ Tasso y Meouora] Ahí se conocie-
fcl Urden»! Ani.-uelii
que aspiraba en el mundo, y de abi le llevaron un dia al hospital de Santa Ana, y le encerraron en un calabozo, tomando por locura su pasión devoradora! — Los salones de ese alcázar (continué dicióndome) recuerdan también haber oido á
DE MADRID A ÑAPOLES. 3?7 Boiardo y Ariosto recitar sus inmortales poemas;— vieron á Ticíano retratar a' Lucrecia Borgia, , ó inspirarse eu su peregrina hermosura para pintar las Bacantes y el Triunfo del Amor ;— conocieron á Tilo Vespasiano Strozzi, el último poeta latino, que componía madrigales en honor de la liviana hija de Alejandro VI,— temblaron al oír la voz de Savonarola, cuyas primeras predicaciones condenaron el escándalo en que vivían los Borgias y los Este; —albergaron á Calvino, llamado á esta ciudad por su sectaria la mujer de Hercules II ;— hospedaron después por espacio oe dos siglos a los Cardenales Legados;— se estremecieron un dia de asombro al ver entrar por sus puertas al primer Napoleón ;— y últimamente han sufrido la ominosa ocupación austríaca , único sosten del odiado gobierno pon ti Picio.
Con esto llegamos a la puerta del hotel de la Estrella de Oro, de que yo tenia buenas noticias , y donde escribo estas páginas. Escogí cuarto; dejé en él mi equipaje, y torné a salir á la calle , a fin de aprovechar lo que restaba de día para acabar de ver a Ferrara y tomar un billete en la diligencia que [tarto* mañana para Bolonia.
Como podréis suponer, mi primera visita ha sido a la Prisión del Tasso.
Es esta una especie de sótano húmedo, oscuro, infecto, que en su origen fue leñera del hospital de Santa Ana.
Sus cuatro paredes , su puerta y hasta el techo se hallan cubiertos de nombres ilustres.
Entre ellos he Icido los de Goethe, Byron y Lamartine. Byron grabó el suyo en gruesos caracteres, labrando una piedra con un puñal.
El conserje dice que el poeta empleó dos horas en esta operación y que pasó otras dos encerrado en el calabozo. — Lo cierto es que al cabo de ellas, y de vuelta en su casa, escribió su célebre elojia La lamentación del Tasso.
Encima de la puerta de la prisión hay una lápida de mármol con estas glabras en letras de oro :
RIH'ETATK , Ó l«0»Ttl«l . LA CKLKBIUT» DI QL't.ST A SlAV-t.
no VE
TORCUATO TASSO , OFt.RMi», VtV DE TRI3TEZ7.A CHE f fXIRIO ,
PtTfcMiTO nnwRÓ a.ini vii mks«i ii.
SCRISSE VER»! K PROSK , E Kt RIMtSSO I* I.lBfcRTA AP ISTAMZA »RIJ.A C1TTA DI BERHAMO
ya. gior^o vi ivr.Lio mm.xxxvi fl>.
Aquella mazmorra ps de todo punto inhabitable , aun contando con que tu-
ü( nRo^polad , oh generaciones venideras , la celebridad de esta estancia , donde Tor- «uato Tasso, enfermo, mas de tristeza que de delirio, vivió prisionero siete años y dos meses. Aquí escribió versos y prosa, y fue puesto cu libertad á instancias de la ciudad do Rérgamoel dia « de julio de I58f,.„
378 DE MADRID A ÑAPOLES.
viera la otra ventana cuyo sitio indica el conserje. — Yo no comprendo como un hombre ha podido permanecer alli siete años... ni siete días.
— ¡Siete años! — Y con un alma como aquella, con una imaginación de fuego, con un corazón tierno y afectuoso, con una vasta inteligencia... con tan viva sed de gloria !. ..—Repito que no lo comprendo.
Y sin embargo es verdad .
Entre tanto, Eleonora, la causa de las penas de Torcuato brillaba y lucia en los saraos del Castello, rodeada de galanes, feliz y sonriente, olvidada del misero poeta y dispuesta á casarse con un principe de su alcurnia.
Nada mas natural.
Lo estraño hubiera sido que las cosas no pasaran de este modo.
El pobre Tasso debió de ser un ángel de inocencia, cuando no contó con esto y con lo demás que le sucedió.
El contraste de aquellos dos destinos ha sido admirablemente espresado por un graui poeta español de nuestros días, en un drama que nadie puede haber leído (por la sencilla razón de que no está escrito); pero del cual sé yo de memoria algunas escenas , que su autor me ha recitado varias veces.
El poeta es Fernandez y González ; el drama se titulará ti último sueño, y Torcuato Tasso habla en él de este modo :
Un tiempo mas dichoso , cuando la luna pálida lucia ,
iba á encontrarla
¡ Cuán dulce el tiempo resbalaba y grato ! ¡ Todo era encanto alli ! ¡ todo pureza ! ¡todo mentira al par!!! — Y yo, insensato, esclavo de su mágica belleza , ángel soñaba á la beldad perjura que en soledad de muerte me abandona y , adúltera del alma , su fé pura infame trueca por ducal corona. —¡No le basta un laurel!— Pobre e» mi lira; mis héroes son soñados; mis amores sueño que el alma en su afanar delira... ¡ Todo cuanto yo soy... todo es mentira! ¡Solo hay verdad, y horrible, cu mis dolores!
El guardián de la prisión me ba encargado que, puesto que me dirijo á liorna, no deje de visitar en el convento de San Onofre la celda en que murió el Tasso , donde veré y leeré cosas interesantísimas, referentes al laureado vate. — Lo haré asi.
Después me presentó un libro para que escribiera mi nombre. En él habia millares de Armas de viajeros de todos los paises del mundo. La última es la de un español amigo mió , y lleva la fecha de hace quince dias.
DE MADRID A ÑAPOLES. 379
Desde la prisión de Tasso he vuelto al L'astellu -.—áe la casa de Torcuato á la de Eleonora.
En el camino he encontrado la Plaza Ariostea , en medio de la cual se levanta la estatua del cantor de Orlando el furioso.
Su pedestal ha sostenido ya otras dos estatuas: una del papa Alejandro VI, derribada por los revolucionarios en 1 796 , y otra de Napoleón I , arrebatada por los austríacos en i 8 1 5.
El Castello sirve hoy de prefectura.
Algunos milicianos daban la guardia en la puerta.
Preguntóles si se podia entrar, y con la mayor urbanidad me dijeron que si.
Entré , pues , y no encontró á nadie por ningún lado.
Empezaba á oscurecer.
Yt á la izquierda una escalera iluminada, y me dirigí á ella.
Era una hermosa escalera de caracol , amplia, cómoda y bella, toda revestida de marmol blanco , alfombrada con mucho lujo , hecha indudablemente para arrastrar colas.
Los peldaños giraban en torno de una elipse , y de aquí el que fueran tan anchos y suaves.
Yo creí encontrarme en el siglo XY1 y que acudia á un baile dado por los duques de Este.
Pero la verdad es que el primer piso del palacio ha sido restaurado por dentro, y que el prefecto de la ciudad daba á aquella hora audiencia en su despacho.
Pasé , pues, como sobre ascuas por delante de la puerta de la habitación en que penetraba la tira de alfombra , y continué subiendo la escalera sin saber á dónde iría á parar.
Ya no revestían bruñidos mármoles las paredes. Ya no habia tampoco iluminación ninguna. Mis pies se sepultaban en una densa alfombra de polvo. Y la espiral de la escalera no terminaba , ni conducía á ninguna parte.
Al fin encontró una puerta , por la cual se alcanzaba una débil claridad del moribundo dia.
Aquella puerta daba á un corredor, con ventanas al patio.
Este corredor me llevó á una galería con vistas á la plaza.
Al fin de la galería habia una escalera oscura.. .
— ¿Bajaré por ella? me preguntó.
Ni ladrones ni asesinos eran de temer en el asilo de la autoridad.. . pero la escalera podia estar hundida, cortada... ¿Quién sabe? j Podia llevar á una cisterna , á una prisión. . . tal vez á la prisión de Parisina! . . .—Y luego , ¿quién esta seguro de que no hay nada de fundamento en lo que se cuenta de los aparecidos, de los fantasmas , de las almas en pena ?
Renunció, pues, á bajar, y echó por otro lado.
Entonces recorrí salones y mas salones , todos vacíos y abandonados completamente.
380 DE MADRID A ÑAPOLES.
El rojo crepúsculo , ya casi muorto , me alumbraba apenas lo bastante para no tener que ¡r tocando las paredes.
Por último me perdí.
Y seguí perdido ra jj!io t¡em¡iu , andando y desandando un mismo camino; fatigado ya y próximo á empezar á voces , á fin de que me sacaran de aquel laberinto; con hambre y miedo... miedo de pasar allí la noche, ó de ser tomado por un ladrón, ó de encontrarme de pronto con los cinco ataúdes del festín de Lucrczzia Boryia, y con el coro de Agonizantes, y con la misma Lucrezzia..., armada de puñal y de veneno, envuelta en aquella rubia cabellora, tan Qna y abundante, de que yo habia besado... digo, tenido en la mano... una preciosa trenza en la biblioteca de Milán...
Comprended que mi situación era apurada.— Yo habia acariciado el cabello de aquella terrible mujer, acaso contra su gusto. . . Ella se distinguió siempre por su sagaz policía y por su don do ubicuidad. . . Ella era muy capaz de hacer un viaje del otro mundo ú este con tal de vengar una ofensa... Ella podia haber esperado á que yo visitase su palacio para ludirme cuenta del insulto de Milán...— 1 Ahí si conocéis el retrato de la Borgia pintado por Ticíano, comprendereis todo lo que aquí digo; y si conocéis la vida, y aventuras de aquella mujer, comprendereis todo lo que callo.
Asi andaba por pasillos y crugias , por escaleras y salones , cuando — os suplico que me creáis, — yo no invento nada en estos apuntes, — oí unos leves pasos y el ruido de una falda que rozaba las paredes.
Ya era noche completa.
Yo me paré.
—¿Quién va? preguntó entonces una voz de mujer al fin de la galería en que me encontraba.
¡Creí que me moria!
—¿Sois vos? repitió el mismo acento femenil con un timbre ronco , que me pareció el de la ira.
—¿Quién va? dije yo á mi vez... por decir algo.
— Soy yo, repuso la voz aproximándoseme. ¿El señor quiere ver la prisión de Parisina !
Este nombre rne tranquilizó un tanto. — Parisina me alejaba de Lucrecia. — Se trataba de una historia menos terrible que las que yo recordaba en aquel momento.
— Pero ¿sois vos Parisina? repliqué entonces, adivinando la verdadera situación.
—Yo soy la mujer del conserje , para servir al caballero , contestó la voz á pocos pasos de mí. Le he visto entrar en el Caslello y le he seguido.— ¡Por cierto que hay poca luz y nos hemos estraviado!— Si el señor quiere ver la prisión de Parisina , venga mañana por la mañana. —Mi marido tiene la llave y no volverá hasta media noche.
—Lo que quiero es que me saquéis de aquí , contesté todavía trémulo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 38 i
— Seguidme, dijo la mujer.
Y bajamos una escalera , y luego olra , y nos encontramos en el patio grande del Castello.
— ¿Veis aquella luz? esclamó entonces la mujer, que era fea , y de bastante edad (ya Veis que no miento.) Pues allí esta la salida.— Ahora, si el señor tiene voluntad de darme alguna cosa ...
Aquella lux alumbraba á una Virgen.
Cerca de ella habia una puertecilla que daba sobre los fosos del Castello.
Cuando puse el pie en la calle esperimenté una alegría mayor que la que me produjo el salir de los Pozos de Venecia.
Con esta aventura di por terminada mi escursion á los tiempos pasados de Ferrara , y rae vine al hotel, donde me esperaba ya la comida.
Durante ella hablé largamente de política con el que me servia á la mesa, el cual me ha contado á su modo una porción de anécdotas de la dominación romana, de la revolución del año pasado y del actual orden de cosas.
Estas anécdotas no soh para referidas al público ; pero me sirven a mi para formar juicio de la Italia de ayer y de la Italia de hoy.
Creo habéroslo dicho : cuando viaja uno por pais estranjero , aprende muchas mas verdades oyendo á los mayorales , á los fondistas y á las mozos de los cafés que departiendo filosóficamente con profundos estadistas.— Estos os dicen sus opiniones : aquellos os relatan los hechos.
Cuando salí del hotel para ir al teatro , encontré que Ferrara habia vuelto á sumerjirse en la noche de su historia.
Todo era tristeza y soledad en las calles. La animación política se habia trasladado al teatro, como veréis después. Los palacios se sucedían en la sombra, mudos y severos , olvidados de las alegrías pasajeras de esta tarde y recordando sus grandes dias de los siglos XV y XVI.
A pesar de las minuciosas señas que me habían dado en el hotel , me perdí varias veces antes de encontrar el teatro.
Una de ellas sirviéronme de guia tres embozados de mala caladura , que se quitaban el sombrero, sin descubrir por eso la cara, al jiasar por delante de los muchos Cristos y Vírgenes quejiay en las esquinas de la ciudad. Estos embozados me llevaron por intrincadas callejuelas, en que no se veia otra luz que la de las susodichas imágenes. Yo me acordaba de Toledo y de Guadix a las altas horas de la noche, y como que me arrepentí de haberme dejado guiar por aquella, gente.
Pero también esta vez eran infundados mis temores , y los buenos ferrareses me sacaron a puerto de salvación, dejándome en la puerta del teatro.
El teatro de Ferrara es grande y bello. De sus ciento veinte palcos solo habia ocupados doce. En cambio la platea estaba completamente llena. La mayor parle de la gente se hallaba de pié , y los hombres conservaban el sombrero puesto , a jtesar de haberse corrido las cortinas que hacen las veces de telón de boca.
Representábase una comedia de flamante actualidad. El desembarco de Garibaldi en Mar sal a.
382 DE MADRID A ÑAPOLES.
El público aplaudía estrepitosamente.
Yo conocía ya el asunto por los periódicos ; los actores eran muy malos y el público gente muy común.
Dime , pues , por satisfecho con media hora de espectáculo ; busqué un cicerone entre la multitud, lo cual me costó poco trabajo y menos dinero, y abandoné el teatro non intención de venirme derecho á casa.
Pero el cicermle, que era un muchacho muy listo, lo dispuso de otro modo, y quieras que no quieras , me hizo pasar por delante de la casa en que nació Artosto; pararme delante de otra en que murió, situada á media legua de la primera, y saludar el palacio Guartni, en que viven todavía los descendientes del gran bucólico.
Ahora me alegro mucho de haber hecho semejantes visitas á los Penates de dos genios que tanto amo; pero la verdad es que estoy rendido.
A bien que la cama que me ha caído en suerte tiene nueve palmos de anchura!—En cuanto á su fecha, yo creo que no bajará del siglo XV.
¿Quién sabe si esta cama formaría parte del mobiliario de los duques d'Este, vendido en pública almoneda en i f>í)8, cuando la Santa Sede se apoderó de Ferrara?
¿Quién sabe sí habrán dormido en esta cama Lucrecia Borgia y sus cuatro maridos?
Dura Alfomo, mió qitarto manto!...
¿Quién lo sabe?
Lo que yo sé es que son las doce de la noche; que mañana he de madrugar á fin de llegar á Bolonia temprano; y que me estoy cayendo de sueño. Con que muy buenas noches.
II.
El amanecer en Ferrara. —Viaje á Bolonia— Las torres inclinadas— Paseos por la ciudad.
— La aradenjin de Bellas Artes.
Son las siete de la mañana cuando escribo estas líneas en una ancha , recia y larguísima calle de Ferrara , sentado á la puerta de una casa , cerrada todavía, pero donde debe de vivir alguien , pues oigo barrer en el piso principal; enfrente de la adminísl ración de correos, que se abrió hace un cuarto de hora, y esperando á que acaben de enganchar cuatro caballos al carruaje qué na de conducirme á Bolonia.
La mañana no puede estar mas hermosa, aunque bastante fría. Anoche ba escarchado mucho. El cielo sg halla azul y limpio, como si Dios acabara de crearlo. El sol sale en este instante... y por cierto, de una manera muy original y sorprentenle, que no debo pasar por alto.
La calle en que me ancuentro termina en una puerta monumental , ( Porta
DE MADKIl) A ÑAPOLES. 383 di Po) compuesta de tres arcos desiguales , que se dibujan graciosamente en una vei-de llanura y en el turquí del Qrmamento.-A.hora bien : al sol le ha tocado hoy salir precisamente por aquel punto del horizonte que se divisa por el arco central de la Porta di Po. lia habido, pues, un momento (hace un minuto) en que el astro del dia asomó su disco por el medio punto de la tallada piedra , como un glorioso rey que entrara en la ciudad bajo un arco de triunfo.
En cuanto á su luz , todavía penetra fúlgida y rutilante por aquel magestuoso rompimiento, inundando de vividas llamas toda la longitud de la calle. — Diriase que un cañonazo de luz , disparado en el remolo oriente, ha abierto tres brechas en el muro que cerca á Ferrara, y barrido y dispersado las tinieblas , acampadas hacia catorce horas en esta silenciosa calle.
Ferrara duerme todavía.— Por donde quiera que miro , solo veo enormes casas cerradas. Las únicas personas que hasta ahora han dado señales de vida son los dos 6 tres dependientes de la diligencia , que conversan á su modo con los caballos; un señor que se pasea por la acera de enfrente, y en el cual adivino un compañero de viaje; la criada de la casa á cuya puerta estoy sentado (y digo criada ; porque ya ha empezado á amenizar el barrido con algunas canciones,) y yo, que escribo y tomo el sol á un mismo tiempo, esperimentando un bienestar y una alegría que no se como esplicarme.
Al Qn de esta calle, y cerca de la puerta citada, se distingue una esbelta columna, levantada en honor de Ariosto. — El daros esta noticia, me ha costado un paseo desde aquí á la columna y desde la columna hasta aquí.
iQué hermosa mañana! — Ahora será todavía noche completa en mi país natal. — Si alguna persona cara á mi alma ve hoy desde aquellas tierras la salida del sol, no sospechará seguramente que el astro benéfico me ha visto á mí dos horas antes que á ella , y que lo que ella toma por el primer rayo del dia es un destello cualquiera de los que yo veré lanzar al padre de la luz cuando ya se encuentre muy levantado en mi horizonte.
Mientras discurro de esta manera , la campana de un templo vecino ha empezado á tocar á misa.
¿Qué santo es hoy?— Estamos á diez y nueve de noviembre... Santa habel. —Hoy, en España...
I España 1 j Siempre España 1 — Hubo un tiempo, cuando yo la daba de filósofo, de esprit forl , que no creia en el amor de la patria; que lo juzgaba un sentimiento artificial, anticuado cuando menos, hijo de crueles preocupaciones. — «Todos los hombres son hermanos, me decía : las fronteras son una iniquidad inventada por los conquistadores y por los déspotas ; toda la tierra es patria de toda la humanidad ; las demarcaciones y delimitaciones que separan á unos estados de otros, no son sino convenciones tiránicas que anulará la civilización.» Y hasta leí libros y periódicos que hablaban de esta manera.
] Oh I los que asi pensáis todavía , salid de vuestra patria ; recorred una ciudad que no se diferencie en nada de las que visteis en vuestro país ; prestad oido atento á la campana católica, que toca lo mismo que en el pueblo que os vió
l]R.\ DK MADRID A ÑAPOLES.
nacer, y esperimen taréis una honda i>ena, un frió de soledad, una estrañeza melancólica que no sentisteis nunca en vuestra nación, aunque os lialláseis en ciudades desconocidas y muy apartadas del lugar de vuestra cuna.
llaqibl' riu de l'iía
Y es qini os parece que la campana habla otro idioma ; es que el aire carece de diafanidad y se interpone como un muro entre vos y el horizonte; es que el • icio se os aparta y os niega abrigo, como diñándoos: — Vo te conozco. . . Ks que la patria existe; es que cada hombro tiene una patria, como tiene una madre; es que esa patria y esa madre no se pueden reemplazar con otras. Los amores y las
DE MADRID A ÑAPOLES. 3>5 aficiones cambian de término y de objetivo ; el respeto , la gratitud y el temor con que el hijo ama á ni padre pueden sentirse alguna vez por un bondadoso pro-
pio IX.
tector, por uo sabio maestro , por un confesor, po'" un héroe » P°r la virtud' P°r el arte, por Dios...; pero el amor á esas dos madres quo nos llevaron en su seuo, que nos nutrieron con su sangre, que nos calentaron contra su corazón, que uos
386 DE MADRID A ÑAPOLES.
echan de menos en sus entrañas ; el amor á esas madres , de las que una nos reclama antes que nacemos y la otra después que morímos ; sentada aquella al borde de una cuna, sentada esta al borde de nuestra tumba; ese amor, digo, es alma de nuestra alma , vida de nuestra vida , ser de nuestro ser, como el eter- .no tipo de nuestra forma terrena, —que nunca altera sus primitivas líneas, á pesar de la incesante renovación de nuestro cuerpo.
Mas hó aquí que una puerta se abre , á pocos pasos de la que me sirve de escritorio...
Ya era tiempo de que sucediera algo; pues de no suceder nada , Dios sabe á dónde habría ido á parar esta hoja de mi cartera.
¡ Hola! una joven que va á misa.. . ¡ Estraña fisonomía y estraña vestimenta! — Yo conozco algo semejante...
Sin duda es una judía.
Bien puede serlo. — El gobierno pontificio , menos meticuloso que los que en otros pueblos imperan en su nombre ó siguen su política , practica la tolerancia
La judía permanece en frente de la puerta por donde ha salido. Quizas espera á otra persona. \Ecco\ la judía es la criada y ahora sale el ama. La judia es bella ; pero la señorita á quien custodia lo es todavía mas. Ninguna de las dos tendrá veinte años. • .
La señorita lleva vestido de seda negro, mantilla española, y un devocionario en la mano.
I Madrugadora devoción !
La judía cierra la puerta y guarda la llave.
La señorita nos mira á los pocos personajes que estamos en la calle ; mira después a los balcones de su casa; mira en fin al correo... y en esto empieza el segundo toque de misa.
La señorita gira entonces sobre sus menudos pies , y toma por la calle arriba, como atraída por la campana.
En esto la judía se le incorpora; le habla... y las dos dan media vuelta; tornan á bajar la calle, y se dirigen al correo.
La señorita se para á alguna distancia de la reja de la administración , y finge que se arregla el peinado, el vestido y la mantilla, y que esta sosegada é indiferente.
Pero yo veo el temblor en sus hermosos ojos negros , que no saben donde fijarse, y en su blanca y fina mano, que no acierta a encontrar las agujas escondidas entre el pelo.
Entre tanto, la judía se acerca á la reja : habla con el administrador de correos; vuelve al lado de su ama; consulta, y torna á la administración.
La señorita se pone muy colorada ; échase el velo , y sin esperar á la judía, toma otra vez el camino de la iglesia.
A los pocos pasos se para y vuelve el rostro con disimulo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 387
jOh divina alegría! — La criada corre ya hacia ella, enseñándole una carta.
Ríense las dos , ahogando en aquella risa de completo alborozo todos los escrúpulos del miedo , del pudor y de la cortesía, y una vez mano á mano, echan á correr, que no á andar, con dirección al templo, á cuya puerta llegan precisamente en el instante en que empieza á sonar el tercer toque.
— ¿ Y á qué va la judía á misa? me preguntara ahora alguno.
— ¿Y á qué va la cristiana? le replicaré yo. — A pensar en la carta que ha recibido, y tal vez á leerla!
Pero no seamos hipócritas. — La verdad es que esa escena me ha encantado.
¿Cómo no? En todo lo que acabo de ver hay algo de la lucía de Manzoni, de la Julieta de Shakspeare.
Es el eterno poema italiano: amor, guerra, misa , criada... ¡ todo !
Porque yo no dudo que esa carta viene de las orillas del Vulturno ó de los torreones de Gaeta. — La elegante madrugadora sueña todas las noches que su amante ha muerto en una batalla. . . y por eso va todos los dias á misa , á pedirle por él á la Madonna , y llega de paso al correo... — Porque los padres ignoran estos amores... ó se oponen á ellos... — De otro modo no habria drama! — Convengamos en que se oponen.
Pero ya está dispuesto el carruaje.
| Adiós, Ferrara 1...
Estamos en Bolonia.
Cinco horas de paseo en coche por un jardín : hé aquí el viaje que acabo de hacer.
Las diez leguas que separan á Ferrara de Bolonia son amenísimas. Básteos saber qne he pasado horas enteras viendo á los dos lados del camino interminables llanuras plantadas de írboles, rigorosamente alineados. Casi todos estos árboles eran frutales ó moreras. Al tronco de cada uno se enredaba una pomposa vid , que nacia á su pie ; y como si esto no fuera ya bastante exigir á la madre Cibeles , los espacios de tierra que mediaban entre los árboles y las cepas se veían sembrados de cereales. — No puede darse mayor fecundidad.
Al atravesar algunos terrenos pantanosos, he visto muchos büfalos domesticados que se revolcaban á su sabor en las aguas estancadas.— Su imponente bramido, muy mas formidable que el de su pariente el toro, prestaba una severa voz á aquellas deleitosas soledades.
Lo primero que divisé al acercarme á Bolonia, fue una de sus célebres Torres inclinadas. — Confieso que no la vi sin emoción, no solo por su amenazante aspecto, que trae en seguida á la mente ideas de terremoto, sino porque satisfacia una de las primeras y mas vivas curiosidades de mi infancia.— Las Torres inclinadas de Pisa y de Bolonia figuran en el estrecho y maravilloso cuadro de la erudición de todos los niños.— ¿Quién ha olvidado el asombro con que oyó hablar de ellas á su catedrático de física?
La torre que yo veia es la mas ««trecha y alia d* las dos qne encierra Bolo-
3gg DE MADRID A NAPOLKS.
nía ; la que lleva el nombre de Asinelli. — Su mole diagonal se dibujaba sobre la masa azul del próximo Apenino.
Poco después descubrí la otra torre, llamada Garisenda, mas recia, mucho menos alia , pero doblemente inclinada que la Asinelli.— Y vi también innumerables cópulas, campanarios , castillos, tejados y chimeneas... el panorama, en fln , de una importantísima ciudad.
Bolonia es, ó era, la segunda capital de los Estados Pontificios. Su historia se parece bastante á la de muchas ciudades de que ya hemos hablado ; pero difiere en la predilección con que siempre la miraron los Papas.— Etrusca en su orígen, formó parte sucesivamente del imperio romano, de la dominación lombarda y del imperio de Carlo-Magno. Después fue república independiente, hasta que empezaron á disputársela varios príncipes italianos, que la ganaron y perdieron muchas veces, abandonándola siempre en poder de los Pontífices. En el siglo XV vuelve á ser república por otro poco tiempo , é incorporada nuevamente á los estados de la Iglesia por el inolvidable Julio II, permanece de este modo hasta 1796, que la invaden los franceses. Aquí empieza otra era de rápidas vicisitudes para Bolonia. De los franceses pasa á manos de los austríacos : piérdenla estos en Marengo: recúbranla los franceses: es devuelta al Papa en 1815: sublévase contra él en 1851 (el que hoy se llama Napoleón III tomó una parte muy activa, con las armas en la mano, en aquella guerra contra Roma): es reducida do nuevo por la Santa Sede , con ayuda de los austríacos : levántase contra estos en 1848 y lucha desesperadamente durante seis dias j Esfuerzo inútil!
—Bolonia inclina otra vez la frente bajo los hierros. — Llega, en Un, 1859; y no bien el Austria retira las tropas con que obligaba á vivir bajo el régimen teocrático á una ciudad que lleva por loma en su escudo la palabra libertas, los boloneses proclaman por unanimidad su incorporación al naciente reino de Italia... — ¿Y después?... Quiero decir ¿y mañana? — ¡Mañana, Dios dirá!
Con ser tan interesante y dramática la historia de esta ciudad ; al acercarme esta mañana á ella , no me preocupalian de ningún modo sus vicisitudes políticas. A mí me era familiar bajo otra forma. Bolonia había vivido siempre en mi imaginación como patria de la escuela de pintura que lleva su nombre ; como arena en que lucharon el llamado Francia, los tres C aracci, el Doniinioutno , Guercino, Albano y Guido Reni, y sobre todo, como asiento de las torres indinadas. —Esta es la verdad.— También resonaba en mis oídos la denominación derfoctores de Bolonia , que han llevado muchos españoles eminentes , y deseaba ver el Colegio de Albornoz para españoles, fundado hace quinientos años.
Entró, pues, en Bolonia á eso de las doce.
La ciudad se halla rodeada por un muro de ladrillo. Las calles son tristes, irregulares y sombrías. Casi todas tienen ¡xirticos en vez de aceras. La gente me parece habladora y de buen humor. Ello es que el ruido y la animación de los transeúntes contrastan con el tétrico aspecto de los edificios.
Bolonia encierra 75,000 almas.— ¡ Cuántas grandes capitales en tan poco terreno!
DE MADRID A ÑAPOLES. 38?»
Las mujeres son notables por su hermosura, por el lujo con que visten y por su escesivo número.— En cuanto á su sensibilidad, es probada. — Yo sé ya que en San Petronio hay un bajo relieve, hecho por una célebre boloñesa, pintora, escultora, grabadora y música, llamada l'roperzia Rossi, en el cual esta Sapho de las artes se ha retratado bajo la forma de Putifar , reteniendo por la capa á un José , en el que todo el mundo reconoció a cierto mancebo de quien la artista estaba perdidamente enamorada. — La historia, por su parte, cuenta que cuando el rey Enzius estaba prisionero en Bolonia , una señorita de la población , Lucía Ventagoli, visitaba secretamente al real cautivo , añadiendo la tradición que aquellas melodramáticas entrevistas dieron origen á la ilustre familia Bentivoglio. — ¡ Benemérita ciudad !
Á todo esto, se me olvidaba deciros que encima de todas las puertas de Bolonia hay un gran cartel impreso, que dice: \Eiriva H nostro ley (timo re Vittorio-Emanuele\\ que en todos los balcones se ven todavía banderas italianas; que en las esquinas se leen anuncios de historias de la dominación pontificia , cuyos títulos erizan el cabello ; que los muchísimos sacerdotes que discurren por las calles , vestidos de aquella elegante manera que describimos al pasar por Novara, llevan en el sombrero una escarapela tricolor, y que las dos ó tres personas á quienes be hablado del gobierno papal , me han respondido con terribles aspavientos : «Eso no volverá... Nosotros nacimos y moriremos católicos... Pero eso no volverá , y antes pereceremos ó emigrai-emos al fin del mundo que volver a tolerar el despotismo del clero apoyado en los austríacos.»
Y yo me pregunto: — ¿Qué diablos habrán hecho aquí las autoridades romanas , que tan mal las quieren ?
Lo que fas autoridades romanas habían hecho en Bolonia , puede resumirse en una frase : Se habían aliado con los enemigos de la patria.
¿Por qué , si esas autoridades eran italianas y gol>ernaban á italianos , consideraban un crimen el grito de viva Italia ?
Ni es esto todo : durante la guerra del año pasado, esos hombres pedían á Dios que otorgase la victoría á los tudescos, ú los estranjeros , á los opresores de Veuecia y de Milán, y que se la negase á las águilas latinas!— ¡ Hacían lo que los afrancesados de España en 1808 ; pero de una manera mas cínica, mas descarada, mas blasfema!— ¡Inconcebible ceguedad !
Con que sigamos adelanto.
Ante todas cosas, almuerzo en el Hotel fírnn, que en otro tiempo fue Templo de Júpiter.— Asi lo reza al menos con grandes letras de oro una lápida de mármol , fija en una pared del portal.— Mucho me onorgullece esta circunstancia.
Después, calculando que es posible (por las razones que os diré después) que abandone esta misma tarde la ciudad , cojo mi equipaje y rae establezco con él en un coche de plaza. — E<¡te coche será, \m- lo tanto, mi único alojamiento en Bolonia.
Mi primera visita es á las Torres inclinadas.
Estas se hallan casi juntas, en medio de la ciudad , en la confluencia de cinco
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anchurosas calles , y ambas fueron construidas casi al mismo tiempo , en i 109 y i 1 10 , la una por la familia Asinelli y la otra por los hermanos Garisandi.
Al encontrarme debajo de ellas , esperimento un vértigo y un espanto que no puedo dominar. Parécerae que me amenazan , que se mueven , que se caen sobre mi , que van á aniquilarme. Yo no comprendo como hay quien viva en las casas que se levantan en tomo de estas dos espadas de Damocles. Ni menos me esplico como Asinelli y Garisenda se tienen de pie, ó sea sobre un solo pie, hace tantos cientos de años !
La torre Asinelli , que como os he dicho es la mayor, se eleva á una altura de 102 metros, y tiene cerca de metro y medio de inclinación fuera de la perpendicular.
La altura de la Garisenda es de \± metros, con dos metros y medio de inclinación hacia el Este y medio hacia el Sur.
El remate de esta es cuadrado. La otra , mas elegante en todo, termina en una especie de cúpula que sostiene una enorme cruz de hierro.
En 1 779 hubo un terremoto en Bolonia , y todo el mundo temió que las dos torres viniesen abajo. Pero medidas al dia siguiente, se encontró que su inclinación no habia aumentado ni en una linea.
Algunos años después , en 1815, volvieron á ser medidas , y entonces se advirtió que la Garisenda se habia inclinado desde 1 779 cerca de medio metro !. . .
I Y aun hay quien viva y duerma á su sombra !
Desde las torres, tomo por la Strada di San Donato y me dirijo á la Arndemia de Bellas Artes.
La Galería de cuadros de esta academia es una de las mas importantes de Italia , puesto que posee las principales obras de la escuela boloñesa.
Aquí admiro dos cuadros de Francesco Raibolini} vulgo Francia , el roas original y acaso también el mas ilustre pintor de Bolonia.
Estos dos cuadros son una Madonna y un San Sebastian.
Francia es un artista lleno de unción , de misticismo , de poesía. Recuerda á Beato Angélico y á Perugino, y escede en ternura al mismo Rafael. Casi todas sus obras maestras se hallan en Yiena y Munich. Sin embargo, todavía encontraremos algunas de ellas en el Mediodía de Italia.
Los otros grandes pintores de la escuela boloñesa carecen de originalidad, <le espíritu propio. Enclavada esta ciudad entre Venecia, Milán, Florencia y Parma, sus artistas reflejan indistintamente la inspiración de Ticiano, Vinci, Rafael y Corregió. De aquí la calificación de plagiarios que se ha dado á los grandes maestros de Bolonia.
Agustín Caracci, el menor de los tres pintores de este apellido, tiene aquí dos magníficos cuadros: ¡a Ultima comunión de San Gerónimo y la Asunción.
Este es un plagio servil de la Asunta de Ticiano que hemos visto en Venecia.
El otro ha sido plagiado á su vez por Dominiquino.
Y ¡cosa estraña! los dos plagios son superiores & sus modelos. — La Asun- *U>n de Caracci es mas ideal, mas vehemente, mas viva, y por supuesto mas
DE MADRID A ÑAPOLES. 391 religiosa que la de Ticiano.— La Ultima comunión del Dominiquino (que se halla en el Vaticano, en frente de la Tras figuración de Rafael , y que al decir de algunos, la eclipsa y oscurece) goza de una celebridad que no ha alcanzado ni con mucho la Ultima comunión de Canuoi.
Luü Caracci, primo del anterior, tiene en este museo una obra de primer órden,— la Virgen de la Gloria; — pero los boloñeses le dan mucha mas importancia á la Madonna della Pietá de Guido Roni , que ocupa el lugar preferente de la galería.
Yo creo que en este juicio ha entrado por mucho la devoción ; pues hay que tener presente que en la parte baja del cuadro de Guido figuran los santos patronos de Bolonia.
No diré lo mismo de su célebre Crucificado.
Este cuadro bastaría á la gloria de un artista. — Cristo está en agonía en la soledad del Golgota. El pueblo y los verdugos se han marchado. Es de noche; pero no una noche natural, sino la noche milagrosa y terrible que vino sobre el mundo al espirar el Redentor. Las tinieblas del eclipse no podian ser pintadas por nadie mejor que por Guido Reni. La luz incierta y jmlida que los críticos han censurado en todas sus obras, es aquí una belleza, lejos de ser un defecto. Dirlase que el silencio, el horror y el luto del alma han encontrado colores en la paleta del artista. Jesús dirige los ojos al cielo por la última vez. Al pie de la cruz, la rubia pecadora, abrazada al leño , espresa admirablemente aquella singular pasión que es uno de los mas bellos afectos de esta sublime trajedia. Marta, de pie , clasica , hermosa , contando los últimos suspiros del moribundo , es la estatua del dolor mas grande que ha sufrido el corazón humano. \ Qué nobleza ! iQué magestad en esa patética figura) — San Juan , el dulce y sensible apóstol, es hombre al fin , y como que protesta ! — ¡ Supremo y angustioso instante! ¡Qué recogimiento ! ¡ Qué muda elocuencia ! ¡ Qué tinieblas en esas almas ! — Parece imposible que haya tanta vida en tanta muerte.
Pero todavía no es esta la obra capital que encierra el museo. ..
Hé aquí á Rafael.— ¡ Hé aquí su Santa Cecilia!...— Cuando Rafael se inspira verdaderamente, todo calla, todo palidece, todo se marchita en torno suyo.
Santa Cecilia, rodeada de cuatro santos, uno de ellos San Pablo, oye un concierto de ángeles. Estos ángeles ocupan la parte alta del cuadro. La jóven siciliana y los bienaventurados que la cercau han caido en un delicioso éxtasis. Santa Cecilia, la inspirada música, la Euterpe cristiana, sostiene ya apenas el salterio, que se le cae de las manos... como vencido por aquella melodía de la Gloria. A sus pies se ven los instrumentos y atributos de la música terrestre, declarando también su impotencia y nulidad.
En este cuadro callan y lloran todos los personajes , como en el Crucificado dé Guido; pero este recogimiento es glorioso ; estas lágrimas son como un roclo del cielo ; este silencio está lleno de voces , como el sueño del medio-jmnto de Murillo está lleno de vida eterna.
Santa Cecilia, bella sobre toda ponderación, niña y santa , con la faz levan-
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tada al cielo, parece inundada de una inefable melancolía, cual si aquellos cantos le trajesen el recuerdo de m patria. San Pablo, el varón fuerte, se acaricia la barba con blando ademan y frunce el entrecejo al sentirse conmovido. Las demás Qguras (dicen que la de San Pablo es demasiado vigorosa para una escena tan ideal y suave) son dulces y bellas como ensueños de Rafael. El dibujo es purísimo, como suyo. El color intenso, pero nms igual y armonioso que en el Pomo de Sicilia. El cielo, azul turquí muy oscuro, hace resaltar las perfecciones de ios clasicos contornos.
Yo creo que Rafael usaba estos fondos y este color, deliberada é intencionalmente. Sus figuras se recortarían mal sobre términos mas vagos.— Sus obras parecen hechas para campear sobre oro , como las de los siglos precedentes.
Pero dejemos esto y volvamos al alma del asunto.— j Qué lloro interno I ¡Qué felicidad ! ¡Qué mundo de pensamientos y de profecías !— Lo repito: el aire... el ambiente de este cuadro es el mismo que hemos admirado todos en la Academia de Madrid , en el cuadro del Sueño de Murillo ; solo que este aire pesa en el cuadro del de Urbino sobre gentes que están despiertas.— Y es que en él duerme también todo lo que es de este mundo , y las almas , arrobadas , han huido al cielo... — |0h! j Rafael! ¡Oh Rellini... reveladores de otra vida!...
También son muy de notar en estos salones , á pesar de su falta de novedad y de inventiva , algunos cuadros del Dominiquino , especialmente el Martirio de Santa Inés, el Martirio de San Pedro (plagio 6 parodia del de Ticiano) y una Virgen del Rosario con el Niño Jesús.
En este último lienzo se nota algún fuego, alguna inspiración. El Niño Jesús esparce rosas y rosarios , como recomendando á los hombres que rindan culto á María.
En otro lado se ve una Asunción de Perugino , fruto precioso de la fé y del arte.
Finalmente , Albano , el pintor mitológico, el autor de la Dama de tos Amores, tiene aquí algunos buenos cuadros religiosos, entre los cuales me sorprende y cautiva estraordinariamente uno que representa el Bautizo de Jesús.
¿Y cómo no ha de sorprenderme? — En la capilla bautismal del Sagrario de la catedral de Guadix ; esto es , sobre la pila en que yo he sido bautizado , hay un hermoso lienzo que he admirado y oido celebrar toda mi vida, sin que nunca hayamos podido averiguar, ni mis paisanos ni yo, quién sea su autor ni cuál su procedencia. — ¡ Figuraos, pues, mi asombro y mi alegría al encontrarme aquí con un cuadro enteramente igual á aquel , Armado por un pintor tan insigne I Ya no tengo duda : la pintura de Guadix es una copia de esta , si no es una repetición hecha por el mismo Albano.— No hay plazo que no se cumpla , ni deuda que no se pague. El artista boloñós será nombrado en adelante con tanto respeto como cariño, por todos los que contemplen su peregrino cuadro, anónimo hasta ahora.
Una vez fuera de la Academia, hágorae conducirá la Plaza Mayor, situada en el centro de Bolonia.
DE MADRID A ÑAPOLES. 3 Esta plaza es sumamente bella. Fórmanla la basílica de San Petronio, el i*«rw — acio Público y el Palacio del Podestá. En media de ella hay una magnifi<zr"n fuent? de Neptuno , obra del famoso escultor Jmn de Bologna. — En esta fuer» t_
Anjua. — Cusa en que murió Petrarca.
son do notar cuatro hermosas sirenas desnudas que se oprimen con ambas manos •as voluptuosas y abultadas formas de su seno , hasta hacerles brotar raudales de agua. Esta reminiscencia de la vía láctea, tal como la aplicaba la mitología ^¡ega, no es muy propia que digamas de la piara publica de una ciudad gobernada por cardenales.
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El Palacio público ó del gobierno data del siglo XIII y fue coocluido en el siglo XY. — Entre los adornos de la fachada figura una estatua de Gregorio XIÜ, que pasa hace tiempo por efigie de San Petronio. — Esta piadosa mentirilla fue absolutamente necesaria para evitar que los boloñeses la arrastrasen por las calles á fines del siglo pasado, como hicieron los ferrareses con la de Alejando YI.
En el Palacio del Podestá visito la sala en que se reunió el cónclave que eligió papa á Baltasar Cossa con el nombre de Juan XXIII , en tanto que parte de la cristiandad obedecía como á Sumo Pontífice al español don Pedro de Luna, residente en Penlscola bajo el nombre de Benedicto XIII , y mientras que otra parte no pequeña de Europa se sometía á Angelo Coriario (Gregorio XII), que presumía también de ocupar la verdadera silla de San Pedro.— ¡ Qué cosas han pasudo en el mundo I | Y luego nos asombramos de las que suceden hoyl
Cerca de la Plaza Mayor está la Universidad vieja (ó sea el Archigimnasio), una de las mas antiguas de Italia.— La Universidad nueva , sumamente notable por los museos y gabinetes de ciencias físicas y matemáticas que encierra, se halla en un hermoso palacio construido en el siglo XYI en la Strada di San Donato.
La Universidad vieja me hace el efecto del cráter frió de un antiguo volcan. — Ella fue , durante la poética barbarie de los tiempos medios , la única luz que alumbraba la alta Italia , y otros muchos pueblos de Europa volvían anhelantes los anublados ojos hacia sus vivos resplandores. Hoy la habita el silencio.
Había también en estas célebres aulas la gran particularidad de que era permitido a las mujeres ejercer en ellas el magisterio, contándose de muchas sapientísimas catedráticas , que esplicaron aquí jurisprudencia , filosofía, medicina y ciencias naturales.
Una de estas doctoras , llamada Novella , heredó la cátedra de su padre en 1360; pero era tan jóven y tan linda, que se veia obligada á esplicar detras de una cortina, á fin de que sus hechizos no distrajeran al auditorio.
También han dejado nombre la profesora de griego Clotilde Tambroni y la gran matemática y latina Gaetana Agresi, asombro y envidia de los primeros sabios de Milán.
Por los tiempos de la hermosa Novella fue cuando don Gil Alvares Carrillo de Albornoz , arzobispo de Toledo, fundó en Bolonia el Colegio para espafuAes de que hemos hablado antes (1).
(1 ) Este ¡lustro prelado nació en Cuenca á principios del siglo XIV , y fue tan insigne por su ciencia y sus virtudes, como por sus dotes cipeciales de hombre de Estado y de esclarecido guerrero. El rey Alfonso XI , á quien había salvado la vida en una batalla , le tuvo siempre en grande aprecio ; pero su hijo don Pedro el Cruel le trató con tanta injusticia, que tuvo que refugiarse á Avignon al lado de) papa Clemente IX , quien te nombró cardenal. Mas tarde, Inocencio VI le dió el inaudo de sus tropas á fin de que sometiese al poder de la iglesia la ciudad de Roma y todos los Erados Pontificios, lo cual logró Albornoz en pocos años, teniendo la gloria de llevar á la ciudad eterna á Urbano V, sucesor de Inocencio VI, y ponerle en posesión de cuantos territorios había perdido la Santa Sede — Albornoz se retiró entonces á Viiervo, donde murió siete anos despue*.
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Este colegio existe todavía , como todo el mundo sabe ; pero España lo tiene completamente abandonado.— Yo he preguntado en la portería si habia en él algunos colegiales españoles , y me lian contestado que el colegio no tiene mas dueño que el rey de Italia y que los colegiales españoles de Bolonia pertenecen a la historia.
Esto ultimo es demasiado cierto; pero el colegio y sus pingües rentas son propiedad de España; aunque España no se dé por entendida de ello. | Aquí si que pudiera decirse : Cosas de España I
Al paso que voy haciendo estas visitas, entro en algunas iglesias de las innumerables que encierra Bolonia.
La catedral se parece mas que mi fonda á un templo de Júpiter. El interior es corintio, no del Renacimiento, sino estrictamente pagano. Ni tiene cúpulas ni casi segundo cuerpo. Altísimas pilastras sostienen una aplanada bóbeda , que pudiera llamarse techo. — Asi y todo, esta gran nave respira cierta grandiosidad, que si no es religiosa, no deja de ser' artística.
Pero la iglesia favorita de los boloñeses , asi como la mas ilustre y bella de la ciudad, es indudablemente la basílica de San Petronio, patrón de Bolonia.
Esta iglesia fue votada por aclamación popular cuando Bolonia se declaró independiente el siglo XIV, y para edificarla, empezaron por derribar ocho iglesias que habia agrupadas en un mismo punto. El plan era construir un templo mayor que todos los conocidos hasta entonces ; y á la verdad que hubiera sido inmenso, a no haberse abandonado la obra cuando apenas estaba levantada una de las cuatro naves que debia tener. —Lo mismo aconteció en España con la catedral de Yalladolid.
Sirve , pues , de basílica un fragmento del primitivo plan ; y sin embargo, Sao Petronio es la iglesia mas grande de Bolonia, y una de las mayores que he visitado en parte alguna. — Su estilo es gótico italiano. La fachada no está tampoco concluida ; pero ostenta preciosidades esculturales y arquitectónicas dignas de prolijo estudio. Las puertas sobre todo son verdaderos prodigios.
Sobre una de ellas, — jqué tenacidad !— hubo en algún tiempo una magnífica estatua de bronce del papa Julio Ií, modelada por Miguel Angel. Mas bó aquí que el pueblo se desencadenó un dia, alia por los años de 151 1 , y sin respetar al pontífice ni al artista, derribó la estatua, la arrastró, la rompió en mil pedazos y concluyó al fin por fundirla y hacer con ella un cañón.— \Mihi quoquel debió esclamar el arte compungido, encarándose con su madre Italia.
El interior de San Petronio está cubierto de escelentes cuadros, bellas esculturas, vidrios de colores, y otras muchas joyas artísticas.
Pero como ornamentación , tiene que ceder la palma á la iglesia de Santo Domingo (S. Domenico),
Santo Domingo, el fundador de la órden religiosa que lleva su nombre, vivió y murió en un convento que aun se alza al lado de esta iglesia, — erigida en honor suyo y para que encerrase , como encierra, su venerado cuerpo.
La Capilla de Santo Domingo es tan rica y mucho mas bella que la de San
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Antonio de Pádua.— Pinturas, esculturas, ricos marmotos, plata, oro, pedrería, todo contribuye aqui también á hermosear la tumba del santo; pero la obra verdaderamente maravillosa, la que tendrá pocos rivales en el mundo, es la misma urna sepulcral — larca.
Débese esta en su mayor parte al célebre Juan de Pisa , que es como quien dice, al Giotto de la escultura , al Dante de la arquitectura. — Toda ella está cubierta de bajo-relieves que representan episodios de la vida de Santo Domingo; pero con tal gracia , con tal sentimiento , con tanto amor, que se creerían mas bien visiones del estasis de un bienaventurado que frutos de la inspiración de un artista.
Juan de Pisa, el gran precursor del Renacimiento , tardo treinta años en labrar este sepulcro , y lo terminó en 1251 .—Solo esta fecha bastaría para indicar la importancia de tan peregrina obra como monumento de la historia del arte.
Otro de los templos notables de Bolonia , es San Stcfano , formado por la reunión de siete iglesias pequeñas y de diferente plan y arquitectura. Entre ellas las hay del siglo XI y del siglo XVII. El conjunto de tan hetereogéneos edificios y su complicada trabazón producen en el ánimo una perplejidad semejante á la que nos causa un rápido y completo estudio de la disciplina de la Iglesia.
Pero empieza á oscurecer. Demás por terminada nuestra visita á Bolonia , y pensemos en la manera de continuar esta peregrinación.
Tengo que optar entre dos partidos :
El primero es seguir mi primitivo plan , dormir esta noche en el Hotel Brun y salir mañana para Florencia.
Este viaje se hace en la mala-posta , atravesando el Anenino por sus mayores fragosidades , y empleando diez y ocho horas , si los torrentes no nos cortan el camino, como sucede con frecuencia.
El segundo es dirigirme en este mismo instante á la estación del camino de hierro... (se me había olvidado decir que en Bolonia hay un ferro-carril, muy reciente por mas señas — posterior á la anexión) y pedir un billete para Módena, adonde se llega en hora y cuarto. De Módena pasaría á Parma; de Parma á Génova: en Génova me embarcaría para Liorna, y en Liorna tomaría el camino de hierro, que me llevaría á Florencia en dos ó tres horas.
Las ventajas y desventajas del primer medio pueden resumirse de este modo: — Mucho frío en el Apenino: ver sus hermosos paisajes: no ver en cambio ninguna ciudad: un dia y una noche en diligencia... con las molestias consiguientes: llegar mañana ó pasado mañana lo mas tarde á la encantadora Florencia: volcar: ser detenido por los torrentes : encontrar ladrones... et artera. •- Resumen del segundo medio:— únicas desventajas:— tardar ocho dias, en vez de uno , en llegar á Florencia y hacer un viaje de siete horas por mar: viajar en ferro-carril: ver á Módena, que es, como quien dice, todo un reino en miniatura : ver á Parma. . . esto es , todo otro reino : admirar en Parma los cuadros y los frescos de t'orrttjtjio , el poeta de la pintura : acordarme de Alejandro
DE MAÜHIÜ A ÑAPOLES. 397
Farnesio : visitar su palacio : creerme allí en una provincia de España : ver á Genova... (¡Figuraos loque será ver Génova, la patria de los Doria y de Cristóbal Colon, la rival de Yenecia!.,.) ver también á Liorna...— y de todos modos, llegar al fin y al cabo á Florencia.
— 1 Ahí si; ¡pero no mañana mismo!...
— ¡Ahí ya; pero sin helarme en esos desiertos montes...
— ¡Esos desiertos montes son el Apenino!
—¿Qué me importa ver el Apenino? ¡ Yo he atravesado los Alpes 1
— Pero no el Apenino...
—El Apenino se atraviesa también para ir á Génova, y además, lo encontraré luego entre Florencia y Roma.
— Pero esto es retroceder en el viaje y desandar las ciento cincuenta leguas que hemos andado desde los Alpes al Adriático.
— Si; pero retrocedemos por otro camino, y vemos toda la Emilia; vemos á Módena, Reggio, Parma y Plasencia, que de otro modo se nos quedarían atrás.. .
— Bien; pero es el caso que el tren para Módena sale dentro de un cuarto de hora...
—¿Y qué?
— Uue no hemos comido. . .
—Comeremos en Módena , á donde se llega en una hora y siete ú ocho minutos.
—Sí; pero...
— No hay pero que valga. En este mismo instante podemos echar á andar. El equipaje va con nosotros.
— Yo preferiría que lo pensáramos despacio esta noche , y que por la mañana resolviéramos...
— Esa es demasiada lentitud para este siglo...
— Tengo sueño...
— ¡ Acabáramos !
— ¡ Es que nos hemos levantado á las cinco ! Recuerda que hoy nos amaneció en Ferrara; que hemos hecho uu viaje en posta; que hemos visto después toda una capital...
— Razón de mas para dormir en otra.
— Esta noche iríamos al teatro... En Bolonia hay cuatro teatros. // Comunale, el Tealr.o Contacalli, el Teatro del Corso y L Arena del Solé...
— Y ¿quién te ha dicho que no hay teatros en Módena?
— ¡Dará gusto de verlos 1 Módena ha vivido hasta el ano pasado bajo el mas bárbaro despotismo. El duque de Módena era un coronel austríaco que no habia reconocido á la España constitucional ni á Napoleou III. . . ¡ Buenos teatros habría en su córte!
— Esa no es regla. San Petersburgo y Roma tienen muy buenos teatros. — Pero hé allí un cartel que nos sacará de dudas. ¡ Lee , mal que te pese!— Teatro Heale de Módena.
398 DE MADRID A ÑAPOLES.
—¡Qué necedad! ¡Ajar en las esquinas de un pueblo los anuncios de los teatros de otro I
—No hay tal necedad cuando esos pueblos se comunican en sesenta y siete minutos.— Leamos el cartel.
TEATRO REAL DE MODENA.
CUAN F05C10N PABA HOT 19 DE
DE 1(560.
11 BELLISIMA TRAJEDIA DEL MORTAL ALFIHI,
VIRGINIA.
•1» LA OH: TO*»»* PARTS EL KCREC10 ARTUT*
ERNESTO ROSSI.
A las ocho y media.
Nota.— La función terminará antes de las doce, para dar lugar á que los forasteros puedan volver á sus hogares en los trenes ove salen a media noche para Bolonia y Parma.
— ¿Qué me dirás ahora? [Alfieri, el primer pueta trágico del <iglo! \ Viroi~ nía, una obra maestra de Alfleri! | Rossi, el mas grande actor de Italia! — ¿Te parece poco todavía?
— Estoy convencido : vámonos á Módena.
—| Cochero ; al ferro-carril !
—Pero que no se te olvide que hemos de comer antes de ir al teatro. .. — Hombre, descuida en mi prudencia; que yo, aunque aficionado á la poesía, también tengo mis puntas de mortal.
CAPITULO VII.
MÓDENA Y PARMA.
Módena— E\ Albergo de San Marcos.—Vn poco de historia.— El teatro ducal, ahora el real. — Recuerdos de Lilliput.— El actor Rossi. — Un paseo por la cx-córte.— -Palacio del ex-duque.— La Via Emiliana.
Han pasado dos horas.
Estoy en el que hace pocos meses era otro reino.— Estoy en Módena.
Escribo estas líneas en el Albergo de San Marcos, ó por mejor decir, en una Trattoria que hay debajo de él.
Mi equipaje está en el Albergo , y yo acabo de comer en la Trattoria.
El viaje de Bolonia hasla esta ciudad no merece ser contado.
Lo único que ha habido de notable en él, ha sido su facilidad , su prontitud , su misma insignificancia.
Sesenta y siete minutos de correr por una llanura fértilísima y sobre un ferro-carril enteramente recto... — he aquí todo.
La antigua frontera entre los Kstados-Pontificios y el Ducado de Módena, estaba en Castel- Franco.
Nosotros nos hemos detenido dos minutos en aquella aldea por la circunstancia de ser hoy estación del camino de hierro...
Pero allí no hay rio, monte, ni barranco, puesto por la naturaleza, que señale los términos de dos comarcas.
i Yo no sé si el año pasado correría & lo largo de la pretendida frontera alguna de esas redes que levantan los pastores de trecho en trecho á fin de que no se mezclen sus rebaños!
Módena se asienta en una amplia llanura y esta rodeada de fuertes murallas.
400 DE MADRID A ÑAPOLES.
Nosotros hemos entrado en ella por la puerta de Bolonia , en que principia el Corso deüa via Emilia, magnífico boiderard que atraviesa la ciudad de estremo á estremo.
Este corso, (ya lo di<w su nombre ,) forma parte de la antigua Via Emiliana, construida por los emperadores romanos para poner en comunicación á Roma con Ariminum , (hoy Rimini) pasando por Pisa y Plasencia.
Deaqui ha tomado el nombre de La Emilia toda la parte de Italia que se estiende entre el Po y el Apenino , desde la región oriental de la Legación de Bolonia hasta los limites del Ducado de Plasencia.
Módena, por lo que hasta ahora he visto, es una hermosísima ciudad. Las calles, anchas, rectas, enlosadas, algunas con pórticos y todas profusamente alumbradas de gas, estaban hace poco, cuando yo pasé por ellas en busca del Albergo, inundadas de transeúntes, entre los que distinguí mucha tropa, mucha milicia y algunos garibaldinos con camisas encarnadas.
Todo el mundo hablaba alto, reia mucho, cantaba fuerte, miraba con ar-
rogancia y andaba con ufanía Innumerables organillos , violines y arpas
tocaban en todas las calles, (y tocan aun en este momento á la puerta de la Trattoria), los himnos patrióticos de que ya os he hablado varias veces. En los balcones ondean mil y mil banderas tricolores (blancas, encarnadas y verdes) con la cruz de Saboya en medio. Las esquinas, las puertas, los carruages públicos , los cristales de las tiendas , todo está lleno de tarjetones con vivas á Victor-ManuH... Toda Módena, en fin, está ébria de gozo, loca de amor patrio, olvidada (me atrevo á decirlo) de sus pasados infortunios.
¡ Oh ! j si Francisco V viese en este instante á su antigua oórtel
A propósito de Francisco V, voy á deciros (en tanto que es hora de ir al teatro) algunas de las cosas que me han contado varios patriotas de la ciudad , con quienes he comido en mesa redonda, y que empezaron por hacerme algunas preguntas sans-faron acerca de mis ideas, para concluir poresplicarme familiarmente las suyas.
Quien conozca á los italianos , sepa la que es un liberal triunfante y haya tenido que ver con la milicia nacional de cualquier país, no estrenará la improvisada y cordial franqueza que me han dispensado mis comensales../.
Con las noticias que me han dado (que están de acuerdo con las que yo he leido antes de ahora) y con lo que vayamos viendo por esas calles , formaremos una completa idea del pajado , presente y porvenir de este diminuto y famosísimo reino.
Pero ya que he calificado el reino , bueno será que recordemos algo de su lilliputieme estadística.
El ducado de Módena (comprendiendo en él el Estado de Massa-Carrara , que le pertenecía últimamente , tenia diez y ocho leguas españolas de máxima longitud por unas diez y seis y media de anchura. Su población se calculaba hace dos años en 600,000 almas, de las que solo encerraba la capital unas 32,000. La religión del estado era la católica; pero se toleraban las demás, conlán-
. , . , nE MADRID A ÑAPOLES.
dose en el ducado 20O protestes y 2,700 judfus.— El ejército en .¡ero 30.000,000 de reales.-Ln v,d, la seda y la csploladon do lo, célebres
Campo Santo do pisa.
mármoles de Carrara son los principies productos del país. — El territorio estala dividido en seis provincias: Módena, Guastalla, Frignano, (íarfagnana, Mas- ^-CaiTara y Lunigiana, y Rcggio. — El gobierno era monárquico absoluto, con cinco ministros y un consejo de Estado. — Un delegado administraba cada provincia.-— Las ciudades de segundo orden tenían un podeslá, y las de tercera, un indico (sindaco).
402 DE MADRID A ÑAPOLES.
Tal era la nación en que han sucedido las grandes cosas que me acaban de contar y que yo os voy á referir.
Pero autes de hacerlo, recordemos siquiera el nombre de algunos de los ascendientes de los dos últimos duques.
La historia antigua y media de Módena es sobre poco mas ó menos la de todas las ciudades del Norte de Italia. Ya la hemos repelido varias veces. Con que vengamos á los tiempos modernos.
Módena se dio en el siglo XIII á Obizzon II de Kste, que reinaba en Ferrara.— César de Este trasladó la córte a Módena á principios del siglo XVII. — Francisco I, niejo suyo, compró á España el principado deCorreggio, y mandó los ejércitos franceses.— Francisco III fue generalísimo de los ejércitos españoles en la guerra de Sucesión , lo cual le costó su ducado , que le devolvimos en la paz de Aquisgram.— Su hijo Itérenles III tuvo que emigrar, dejando sus estados en poder de los ejércitos republicanos de Francia. Módena formó luego parte de la república cisalpina y después del reino de Italia ó sea del imperio napoleónico.
Con que oigamos ahora á los patriotas modeneses.
Francisco IV, nieto de Hércules III , y criado en la emigración (donde habia reinado nomiualmente su padre Fernando , archiduque de Austria y tirano de la Lombardía, casado con María Bea trice dEste) entró en Módena en 1814, a la edad de treinta y seis años , y tomó posesión del trono ducal de sus abuelos maternos.
Este principe se mostró desde luego acérrimo enemigo de toda idea liberal, y apoyado en el Austria y en los Jesuítas, estableció el gobierno modelo de la Restauración. Nadie fué tan lejos como él en fanático amor el antiguo régimen y en el desprecio y olvido de todo lo que habia pasado en Europa desde 1 789 6 1815. Consecuencia natural de esto fue que en 1831 secundaron los modeneses el movimiento revolucionario de Bolonia y arrojaron del trono y del pais al intransigente tiranuelo. Pero este tiranuelo era archiduque de Austria, y volvió al frente de 15,000 tudescos , que le restablecieron en el amor y obediencia de sus súbditos. Entonces empezaron las represalias. Francisco IV mandó á los austríacos que le vengasen , y estos saquearon , incendiaron , hirieron , ahorcaron á su sabor durante algunos meses , hasta que el pais quedó completamente tranquilo, con lo cual se marcharon los estranjeros , prometiéndole al duque hacerle nuevas visitas cuantas veces creyese oportuno afianzar y garantir la felicidad de sus italianos.
Una vez solo entre sus amados subditos, entre su medio millón de hijos, Francisco IV publicó un manifiesto clasificándolos en cuatro especies: /¡delisimi, fídeli, traviafiy congiurati.—k los fidelísimos les prometía grandes recompensas: á los fieles les aconsejaba que lo quisiesen con mas fervor : á los extraviados los compadecía y perdonaba con tal que acreditasen con su conducta un Arme propósito de enmienda; y á los conjurados les ofrecía ahorcarlos tan luego como los cogiese. — No contento con esto, l'uudó un periódico, titulado la Voce detla
DE MADRID A ÑAPOLES. 403 veritá , en que tanto él como su esposa María Jteatrice escribieron mas de un artículo elogiando su gobierno paternal y jactándose de no liaber reconocido a Luis Felipe.
Entre tanto, el Almanaque ollcial del ducado ponia entre los reyes reinantes de Europa a Carlos X , que estaba destorrado en Bohemia ; á Fernando YII de España , aun después que habia muerto , y á don Miguel de Portugal , que se bailaba en Módena y se sentaba á su mesa.— Isabel II y María de la Gloria eran para él dos mitos , como Luis-Felipe , como la Revolución francesa , como Napoleón y sus hermanos , como el siglo XIX , como las ideas y los sentimientos de los ciudadanos de Módena.
Para sostener este anacronismo absurdo , este cadáver de gobierno galvanirado por la demencia , valióse de medios tan terribles como ingeniosos. Entre ellos merece especial mención el de ganarse á la mas inmunda plebe (i facchinf) por medio de licenciosas concesiones; regimentarla bajo el mando de un coronel; armarla de bastones, y permitirla apalear impunemente a los liberales.
Algo de esto se vió en España, al decir de nuestros mayores , no hace muchos años , y de igual modo también se mantuvieron en el trono los tres últimos reyes de Nápoles.
Asi las cosas, aconteció que un dia se le antojó a La voce della veritá llamar cuadrúpede aüeanza á la cuádruple alianza firmada entre España , Francia , Inglaterra y Bélgica para asegurar la independencia de esta última nación y mantener á Isabel II en el trono que le disputaba su tio. La Inglaterra , que llevaba entonces en Europa la voz cantante , sintióse herida por tan grosero agravio y exigió al duque de Módena que suprimiese inmediatamente la Voce della veritá. Yo no sé en qué términos vendría formulada la exigencia ; lo que si puedo decir es que el periódico no volvió á publicarse.
Semejante contratiempo afectó sobre manera al pobre Femando IV , y desde aquel dia prohibió en sus Estados todo género de publicaciones; se declaró enemigo de los ferro-carriles y de los forasteros (1); negó á sus sübditos el derecho de asistir a congresos científicos internacionales, y murió de tristeza el 21 de enero (|qué efeméride!) de 1846.— Su esposa, la insigne articulista de la Voce della veritá , no habia sobrevivido al malogrado periódico.
Francisco V, que habia nacido en 1819, heredó á su padre y continuó y aun perfeccionó su política retrógrada.— Antes de subir al trono, escribia ya un opúsculo aconsejando una coalición contra la Francia. Su grande orgullo consistía en ser feld-mariscal al servicio del Austria y propietario del regimiento de infantería austríaca número 52. Añádase á esto que era archiduque del imperio y que estaba casado con una alemana , y se formará idea del amor que profesaría á los italianos sobre que debia reinar.
Pronto tuvo ocasión de demostrarlo. Kn aquel mismo año de 1846 , Pió IX fue elegido papa é inauguró su gobierno temporal anunciando á la Italia una era
(I) Palabras testuales de un historiador.
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40i DE MADRID A ÑAPOLES.
de paz y de Independencia, declarándose güelfo, proclamando la fraternidad italiana, abominando de toda presión estranjera en la península cerrada por los Alpes y simpatizando con el incontrastable movimiento dé nuestro siglo. Estas palabras arrancaron un grito de amor y entusiasmo á veinte y cinco millones de hombres que hablaban una misma lengua , que tenían una misma sangre , que se sentían animados por un mismo genio... Italia , en fin, respondió á la voz del Santo Padre, y los pueblos latinos bendijeron aquel anuncio, y la libertad regocijada se reconcilió cou su madre la religión , que en malhora habia renegado de ella , y los tiranos , los egoístas , los hombres que no conocieron nunca el amor á la humanidad, sintieron el frió de la muerte en las entrañas, como lo sienten las tinieblas á la aproximación del dia.
(Estas frases no son de mi cosecha : las he tomado de labios de mis comensales.)
En tal estado, Francisco Y de Módena no vaciló un momento. Declaróse enemigo del nuevo Papa , de las nuevas ¡deas y del sentimiento patriótico que conmovía á los italianos, opúsose á toda demostración de alegría de parte de sus subditos , prendió , encarceló , deportó , fusiló á todos los que respondieron al noble grito de Pió IX , y por último, acabó, como acababa siempre su padre en casos parecidos, por llamar en su auxilio á los austríacos.— j Hizo mas! j Les vendió la patria ! —Firmó un tratado con la córte de Viena en que declaraba á Módena provincia del Austria ; renunció á la nacionalidad particular modenesa, y á la nacionalidad colectiva italiana; se convirtió de duque independiente en procónsul de un soberano estranjero ; renegó de la historia de los Este ; desheredó a su descendencia ; atentó á la obra de Dios. . . y pretendió y creyó posible trocar en sajones á medio millón de italianos...— ¡Ridicula demencia... sino fuese un espantoso crimen I
Afortunadamente, lo irracional y lo inicuo es siempre pasajero. La revolución de 1848 obligó al Austria a concentrar sus tropas en el territorio alemán, que se estremecía como toda Europa , y el duque de Módena quedó en frente de sus subditos , asistido de los tres ó cuatro mil hombres (tudescos en su mayor parte) que constituían su ejército.
Los modeneses prorumpen entonces en vivas al Papa.
Francisco se encierra en su palacio , alrededor del cual establece sus batallones y su artillería, amenazando al pueblo.
El pueblo no calla por eso ; y el duque oye sus gritos que piden libertad ó muerte.
—Antes seré cabo en Rusia que principe constitucional en Italia, contesta furioso el de Este.
Y habla de 300,000 bayonetas austríacas con que cuenta para poner en órden á los revoltosos.
El pueblo le replica haciéndole saber que Bolonia , Milán , Nápoles , Roma, jtoda Italia 1 está ya sublevada, y que la revolución triunfa en todas partes.
DE MADRID A ÑAPOLES. 105 Entonces transige el duque y ofrece una constitución calcada sobre el Estatuto del Piamonte.
— ¡Es tarde! responde solemnemente el pueblo, avergonzado ante tanta ambición unida á tanta debilidad.
Francisco Y se vió , pues, obligado á partir.
Delante de él salieron don Carlos , el ex-pretendiente a la corona de España, y toda su familia, — de la que forma parte, como ya sabréis, una hermana del duque de Módena casada con don Juan de Borbon.
El pueblo los dejó pasar en silencio.
Luego salieron las princesas.
El pueblo las saludó.
Por último salió Francisco Y.
El pueblo le voIyíó la espalda.
— Ya tornaré , djjo, y seré constitucional.
El pueblo se encogió de hombros.
— Os concedo, añadió el príncipe, una ámplia amnistía. Cuando vuelva, no recordaré nada de lo sucedido. Todos estáis perdonados. El pueblo soltó una carcajada.
Un año después, vencida la revolución en toda Europa , entraba Francisco V en Módena , al frente de un ejército austríaco , ofreciendo á sus subditos institu- • ciones liberales y un completo olvido y generoso perdón de las pasadas revueltas.
•^Solo esclutré de esta amnistía , dijo , á los pocos , poquísimos jefes y promovedores que estraviaron el ánimo de mi amado pueblo.
La mayor parte de los modeneses comprometidos en los últimos sucesos désconfió de las promesas del duque y emigró á lejanos países.
Los que creyeron en ellas y se dedicaron en su virtud á redactar proyectos de constitución , á hablar ó a escribir en sentido liberal , viérouse presos y procesados de la noche á la mañana.
Al mismo tiempo el duque desarmaba la milicia nacional ; volvia a llamar á sus estados á los jesuítas; decretaba destierros y fusilamientos; resucitaba los hechos del año anterior, á pesar de la otorgada amnistía ; declaraba indecoroso para los nobles el asistir a las aulas y el adquirir grados universitarios , y prohibía a la juventud el ir a estudiar fuera del ducado , temeroso , decía el decreto, de que se pervirtiese su inteligencia con las doctrinas del siglo.
Celoso imitador de su padre, fundó después un periódico titulado // Dislributore (que el pueblo llamó // Disturbatore) en que se vanagloriaba de no haber reconocido á Napoleón III , y en que eran tratados y tenidos como reyes reinantes el conde de Montemolin, el conde de Chambord y don Miguel de Braganza.
Por entonces tuvo y perdió una hija, de nadie festejada ni sentida.
Cuando la guerra de Crimea , colocó sus simpatías del lado de los rusos y persiguió y afligió á las familias que tenían parientes en la división piamontesa que se cubrió de gloría en el Tchernaía. '
m DE MAD1UU A ÑAPOLES.
Por último , en 1859 , cuando los franceses pasarou los Alpes , viniendo en auxilio del Piamonte contra el Austria , Francisco albergaba en su palacio á su cuñado el pretendido Enrique V , y juntos acariciaban la idea de un nuevo Waterloo y de otro tratado de Verona , que remachase mas y mas los hierros de la infortunada Italia.
Asi cumplió el noble duque su palabra empeñada de ser italiano y liberal en el segundo periodo de su reinado.
La batalla de Pailestro fue el toque de agonía para este odioso y repugnante despotismo.
Los raodeneses celebraron ruidosamente la victoria de las armas italianas y corrieron en gran numero á alistarse bajo la bandera tricolor.
Francisco intenta castigar á su pueblo ; pero el cañón de Magenta le advierte que no tiene tiempo que perder. Decide, pues , partir en seguida; reúne sus tropas ; púnese á la cabeza de ellas , y abandona la ciudad.
Al marcharse en 18i8 ofreció libertad y clemencia para el dia que volviese.
Esta vez se aleja diciendo :
— Ya tornaré, modeneses, ya tornaré. ¡ Y ay entonces de los traidores! Mi venganza sera implacable.
Quedó , pues , casi desierta la ciudad de Módena durante muchos días.
Solo se veían en ella ancianos , niños y mujeres.
Los hombres se habían ido á luchar divididos en dos bandos.
El duque y su ejército ingresaron en las legiones austríacas.
Los ciudadanos de Módena , sin distinción de clases , fueron á pedir armas y un lugar en la refriega al rey Víctor Manuel.
# Los campos de Solferino los vieron á unos y á otros luchar frente & frente.
Allí vencieron los aliados a los austríacos.— Allí venció también el pueblo de Módena á su aborrecido duque.
¡ Tiempo hacia que estaban emplazados para aquella lid !
Y Dios quiso que los modeneses vengasen en un solo dia los agravios de muchas generaciones , y tuviesen la inefable satisfacción de ver caer juntos en una misma derrota al emperador de Austria, á la dinastía Estense , al odiado Francisco y á sus cuatro mil sicarios 1 . . .
— Ahora comprendereis , me han dicho los guardias nacionales y. los voluntarios garíbaldinos al terminar su relación ; el frenético entusiasmo y el delirante júbilo que estremece todavía á los habitantes de Módena.— Estábamos muertos y hemos resucitado.
Ahora comprendereis , os digo yo á vosotros , por qué esclamé hace un momento con tan cruel delectación :
— «¡Oh! si Francisco V pudiese ver en este instante á su antigua corte!»
Solo el cuadro que presentó la Trattoria en que escribo estos apuntes, le liaría morir de impotente rabia.
Tres magníficos retratos , uno de Cavour , otro de Gai ibaldi y otro de VíctorManuel , adornan las ennegrecidas paredes : mas de cien militares,— oficiales sar-
DE MADRID A ÑAPOLES. 41)7 dos, guardias nacionales de la ciudad y voluntarios garibaldinos ,— hablan de los asuntos de Italia , censuran a Antonelli , befan á Francisco II , ensalzan á la Inglaterra; repiten mil y mil veces las palabras antes proscritas de Patria y Libertad ; brindan por la unidad italiana ; se rien de los tudescos ; entonan canciones aprendidas al dia siguiente de Montebello, do San Martino, de Marsala y de Garegliano; son dueños de sus acciones; pueden espresar sus ideas; ejercitan su voluntad; piensan, hablan, viven... Y ol mundo no se acaba por eso; y el sol sale y se pone como antiguamente, y existen la religión, la familia, el amor, la virtud, el respeto, la propiedad, el órden... ¡V Francisco V no es duque de Módena 11
Pero ya son Fas ocho y media : vamonos al teatro.
Estamos en el Teatro Reate (antes Dncale).
La sala es grande y hermosa, y está completamente llena.
En sus ciento cincuenta palcos se ve una multitud de bellas y lujosas damas y de elegantes caballeros , ora modenoses , ora de las ciudades vecinas.
Módena, gracias al ferro-carril (obra del nuevo gobierno), dista de Bolonia una hora y minutos , como ya hemos visto; media hora de Reggio , ciudad muy importante ; hora y media de Parma , corte de otro ex-reino ; dos horas de Plasencia, capital de otro antiguo estado; siete de Genova, ocho de Turin y once de Milán.
Rossi ha hecho acudir á Módena mucha gente de todas estas poblaciones.
Mañana será la cita en otra parte, y allí volverán á reunirse y á tratarse como paisanos y vecinos los que antes vivían separados por absurdas fronteras , por mezquinas rivalidades, por bastardas ambiciones
¿Qué diría si viera estas cosas el difunto Francisco IV , el insigne enemigo de los ferro-carriles y de los forasteros ?
El teatro está animadísimo. Aquí ¡ gracias á Dios 1 veo ya sin sombrero durante la representación al publico de la platea; poro siempre queda en ella un gran espacio sin asientos ocupado por la apiñada muchedumbre.
El palco ex-ducal , sumamente lujoso, se halla vacío.
Yo me figuro el cuadro moral que presentaría esta sala hace dos años.— lOué inmenso poder, que absoluta soberanía, qué esceso de omnipotencia en Francisco V, si se comparaban éstas facultades con el estrecho circulo en que las ejercía! — El duque conocería á todos sus subditos; los gobernaría inmediatamente; sentiría el placer del mando en toda la plenitud de su vanidad; vería en todas partes el roflejo de su propio esplendor ; seria rey en su reino , como cada individuóos rey en su casa, — Exento de grandes cuidados; sin miedo á ninguna nación , á fuerza de poder temer de todas ; invencible á causa de su misma debilidad , como los niños y las mujeres ; respetado , pero no envidiado por sus vecinos; indiferente al movimiento del siglo; no pensando en mejorar la condición de su pueblo; desembarazado de toda intervención del pais en el gobierno, esto es, no fiscalizado por la representación nacional ; desocupado , libre , olvida-
do, solo, el duque de Módena no probaria del poder sino las satisfacciones, las prerogativas, las inmunidades, la voluntariedad, lo que halaga la soberbia, lo que lisonjea el orgullo... j Y qué pesada, quó torrible, qué insoportable seria la presencia de este déspota ocioso , cuya mirada , cuya acción , cuyas pasiones penetrarían en el seno de la familia , pasarian de la vida pública á la privada , intervendrían en lo urbano tanto como en lo nacional, ó invadirían constantemente la esfera de las personalidades!
Tal es ta condición de todos los estados sumamente pequeños. En ellos , la tiranía del amo es necesaria , fatal , inevitable , como pasatiempo , como distracción, como recurso contra el fastidio. Un rey absoluto, encerrado con sus vasallos en estrechos límites, tiene que vivir solo ó degradado; ó «es déspota, ó no es rey. El continuo contacto con unas mismas personas , produce la familiaridad y la llaneza ó el odio y el rigor. La proximidad mata el respeto. Nadie es grande hombre para su ayuda de cámara. Los chismes de vecindad, que son la polilla de los pueblos de provincia , son un voneno en las cortes lilliputienscs. Si de algún modo se esplican los crímenes espantosos que forman la historia de Italia, es por su división en diminutos estados. Los Scala de Yerona , los Visconti de Milán , los Este de Ferrara , los Carrara de Pádua, los Gonzaga de Mantua y tantos otros como fueron señores de vjdas y haciendas en un escaso territorio, usaban del poder de tal manera que lo que le faltaba en estension , le sobraba en densidad.
Todo el mundo sabe que es regla establecida que no sean válidos al saltar á tierra los desafios ajustados abordo de un buque durante una larga travesía , y la Glosofía de esta sabia ley se funda en la esperiencia que tienen los navegantes de que muchos hombres encerrados en un reducido espacio , y viéndose lodos los dias, acaban por estorbarse , por chocar unos contra otros , por aborrecerse , por desear aniquilarse.— Ahora bien , convertid á uno de esos hombres en señor de los demás , y llegará un momento en que arrojará al agua á • todos sus compañeros de viaje.
Ni es esto todo : yo sé de un gran genio , á quien su prodigiosa imaginación había revelado en pocos años todos los misterios de la vida , el cual , cansado y disgustado ya de una monótona existencia que nada nuevo podía enseñarle, deseó muchas veces, durante sus a<«csos de melancolía, tener en su mano el poder de Dios , no para mejorar el mundo , sino para volverlo á la nada.
Asi somos los hombres; y por eso valemos algo. Tal es nuestro ambicioso espíritu , y por eso lo creo yo destinado á mejor vida.
Pero ¿á dónde vamos á parar? ¿Qué tiene que ver nada de esto con el buen Rossi, que esclama en este momento con verdadera inspiración :
...Presto á morir son tempre;
é duolmí or sol Vaver visxuto io troppo!...
Rossi es un buen actnr trágico; pero aunquo muy jóven todavía, esta ya en su decadencia. Grita mucho y es exagerado como todos los actores de Italia, lo
DE MADRID A ÑAPOLES. 409 cual ha debilitado prematuramente sus facultades. Diríase que ha esplotado mal la cantera de su voz , y quo al sacar de ella algunas estatuas , ha quebrantado el mármol restante. Quizas es también demasiado académico, demasiado solemne;
La última reina de Ñipóles.
pero cuando se distrae , tiene arranques de verdadera inspiración. Asi y todo, vale mas que todos los actores trágicos que he oido en Financia y en España, escluyendo á la Ristori.
Los italianos son artistas por naturaleza , por tradición y porque respiran el arte en el aire patrio. — En los últimos histriones de una compañía ambulante échase de ver no sé qué grandeza clásica , no sé qué instintos magistrales , no sé
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410 DE MADRID A ÑAPOLES.
qué aspiraciones á la sublimidad , que no pueden consistir en otra cosa sino en la costumbre de ver en todas partes, en la iglesia, en la plaza publica, en los paseos, en los mismos campos, nobles estatuas, elegantes pórticos, maravillosas pinturas , venerables ruinas ; modelos , en fin , de la perfección artística á que tantas veces ha llegado Italia.— Yo he visto á un niño de doce años dibujar con carbón sobre las losas de una calle de Milán cabezas de vírgenes y santos, llenas de defectos, es verdad, pero notables por su estilo.— Yo he oido cantar á los trabajadores y á los soldados en las calles y en los caminos con una inteligencia y un gusto que se adquieren dificilraonte en los conservatorios de otros pueblos. — Yo no he visto todavía en Italia cuadro, escultura ni edificio tan malo que no recuerde, siquier pálidamente, las esnelencias de los grandes maestros inmortalizados por la fama.
Volviendo á fíossi, diré que la noche que estoy pasando viéndole hacer el papel de Virginio en la Virginia del sublime Alfieri , es la primera en que he realizado parto de mis ilusiones acerca de los teatros de Italia.
Entre tanto, la tragedia es interrumpida a cada paso por los aplausos frenéticos del público, que encuentra en todas las escenas algo que referir, por vía de epigrama , al gobierno difunto de lo^ Este.
Y en verdad, Alfieri, como todo el mundo sabe, era un tribuno ardienllsimo disfrazado do poeta , y sus obras inmortales están sembradas de alusiones políticas, máximas, profecías y predicaciones, que han contribuido no poco á mantener vivo en toda la península italiana, durante los últimos años de opresión y tiranía , el amor á la libertad y el afau de independencia.
Debo también hacer notar que no es solamente el insensato vulgo , siempre dispuesto á las mudanzas (como llamaba Radetzky á la clase popular), el que aplaude con furor los rasgas patrióticos y liberales de Alfieri : son también las mas principales damas, los mas nobles caballeros, los ancianos patricios, los jóvenes de moda...
Siguiendo mi sistema inquisitorial , he preguntado á mis vecinos el nombre de las personas que daban mayores muestras de entusiasmo eu los palcos de ordine nobile, y me han dicho :
—Ese es el conde; esa es la marquesa; ese el duque de tal; ese es un magistrado; esees un sabio; esa es la hija de un banquero; ese lleva tal ó cual ilustre apellido...
Y yo he esclamado en mi interior :
— ¿Quiénes serán en Módenalos jurtidarios de Francisco V?¿En qué se fundarán algunos publicistas extranjeros para llamar inicua usurpación á ia anexión de Módenaal Píamente, y ridicula farsa al sufragio universal que dió por concluida la autonomía modenesa? ' —Aquellos publicistas lo sabrán.
Con estos pensamientos me vuelvo á mi casa, donde al fin voy á complacer á mi estúpido cuerpo, entregándole al descanso.
DE MADRID A ÑAPOLES. 4H
Es la una de la tarde.
Estoy en la estación de la Strada ferrata , esperando la salida del tren que ha de llevarme de Módena á Parma en hora y media.
En este momento acabo mi escursion por Módena , en que he gastado toda la mañana.
He estado en la catedral , cuyo indudable mérito es mas bien arqueológico que arquitectónico. Data del siglo X!, y su fundación se debe á la famosa Condesa Matilde y de quien hablaremos cuando vayamos á Florencia. El estilo es lombardo, y como tal sumamente curioso para los peritos en el arte de Vitrubio. Lo único que en la catedral agrada a los profanos , es la célebre torre llamada la Ohtrlandina (uno de los campaniles mas altos de Italia), cuyo nombre proviene de una guirnalda de bronce que ostenta alrededor de la veleta. — Todo el estertor de aquella elegante y corpulenta mole está revestido de mármol blanco.
Desde allí he ido al Palacio ex-ducal , cuya magnitud y hermosura me han sorprendido estraordinaríamente.
Lo mismo digo de aquel palacio , que dije anoche del poder de los duques de Módena : ni el uno ni el otro estaban en proporción con la pequeñez del Estado.
El alcázar que habitaba Francisco V es uno de los mas vastos y bellos de toda Europa. Hállase aislado en la confluencia de tres calles magníficas, desde las cuales ofrece un aspecto magestuoso. Su arquitectura es del Renacimiento. El patio, la escalera, las galerías y los salones tienen una grandeza verdaderamente cesárea .
En cambio, el ajuar es pobre y hasta mezquino en muchas habitaciones. Nótase en él una mezcla de esplendor y de miseria, que deja comprender que el reino no le bastaba al alcázar. En unas habitaciones se ven muebles riquísimos , preciosos dorados , soberbias colgaduras ; en otras un mobiliario antiguo , apolillado roto; aquí sofás y butacas de ytitta-percha , veladores y mesas de caoba lisa, lámparas y espejos de forma vulgar, un menaje, en fin , sumamente modesto, propio de simples mortales, igual al que decora las casas de la clase media; alli trastos viejos ó inservibles ; en algunos aposentos... absolutamente nada.
La galería de pinturas de este palacio era de primer órden hace dos siglos; pero el duque Francisco III se vió un dia en un apuro y vendió al Elector de Sajonia cien magníficos cuadros , entre los cuales iban cinco ó seis Correyyios !— Hoy solo quedan en la galería veinte ó treinta lienzos medianos , casi todos de la escuela boloñosa. — Un Fraile que lleva el nombre de Velazquez, y un Labrador que se atribuye á Morillo , son dos falsos testimonios levantados á los príncipes de la pintura española.
Actualmente no vive nadie en el alcázar.— Cuando yo lo he visitado, se celebraba en él una almoneda ó exibicion (yo creo que exibicion) de los juguetes de los príncipes. Estos juguetes son pobres y ridículos, y el pueblo, en vez de hacerles postura, se entretiene en mirarlos y reírse. — Kutre ellos he visto una locomotora de cartón con este letrero : /* Módena á Monaco.
¡Ah! el bueno de Francisco V se consolaba pensando en estadas mas peque-
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ños que el suyo! — ¡Con qué soberbio desden y con cuánta complacencia recordaría á todas horas las repúblicas de Andorra y de San Marino 1 — j Al lado de ellas, el ducado de Módena era el imperio de Alejandro 11!
Después be vagado por las calles , y últimamente he venido á la estación . dando una vuelta en coche por encima de la muralla que ciñe la ciudad.
Esta muralla, como la de Cádiz , sirve de paseo público.
Desde la parte del Sur se goza de una hermosísima vista de la mole azul de los Apeninos...
1 Detras de ellos está Florencia!...
Partamos.
De Módena á Parma.— Los Farnesio.— Recuerdos de España.— Correo.— Un teatro
antiguo y otro moderno.
El ferro-carril de Módena á Parma corre paralelamente con la ría Emiliana, á lo largo de una fértil Uauura cortada á cada paso por impetuosos arroyos y hasta por verdaderos ríos , que bajan del Apeniuo y van en busca del Po á mezclarse con las aguas procedentes de los AJpes.
Primero pasamos el Secchia.
Luego nos detenemos algunos minutos delante de Hubiera, aldea fortificada, en donde encerraban los Este á los grandes reos de Estado.
Un cuarto de hora después hacemos alto á las puertas de Reggio, la segunda ciudad del ducado de Módena, rodeada de murallas y defendida por una gran fortaleza.
Reggio encierra i 9,000 habitantes.— También tuvo sus tiempos de república independiente y de reino infinitesimal. — Un viaje en ferro-carril al través de tantas antiguas monarquías, se parece en cierto modo al Viaje de Micromegas.
Después de salvar otro riachuelo, paramos en la estación de S. Harto.
No lejos se ve sobre la via Emiliana un arco de triunfo , levantado hace dos siglos en celebridad del casamiento de un Farnesio con una Médicis.
En seguida pasamos á la vista de San Lázaro , población famosa por su hospital de leprosos, y llegamos á las orillas del
Enza, caudaloso torrente, que sirve ó servia de frontera á los ducados de Parma y Módena.
En San Próspero, primera aldea del Estado de Parma, el pais llega á un indecible grado de fertilidad y hermosura.— El verde manto del Apenino baja hasta aquí , recamado de plata por mil arroyos bullidores, que solo están en actividad durante la primavera y el otoño. El verano los seca y el invierno los petrifica en su cuna.
A lo lejos distingo ya entre el arbolado las cúpulas y campanarios de Parma, doi-ados por el sol.
DE MADRID A ÑAPOLES. 413
La ciudad de los Farnesio , asentada en medio de tan amena y dilatada llanura, me parece, mas que una corte de Italia, un inmenso palacio campestre, un sitio real perteneciente á la corona de España.
Esto es injusto y egoísta... ¿pero quién pone una mordaza á la loca imaginación ?
jila oído uno decir tantas veces que España tiene derechos al estado do Parma! j Están tan enlazadas sus historias I jYan tan unidos sus nombres!
Asi es que mis afectos se sobreponen á mis ideas; y después de haber abominado de la fatal división en que los italianos han vivido hasta ahora, estoy por lamentar la fusión de Parma en Italia.— Ya me acuse el otrodia, viendo salir el sol desde una calle de Ferrara, de cierto fanatismo patrio. ¡Perezcan los principios y sálvense las colonias I Tal es mi primer grito cuando se trata de la patria...
Sin embargo, esto no pasa de ser una intemperancia del afecto, que la reflexión se apresura á reprobar. Seamos consecuentes con nosotros mismos y con la justicia. Por mas que hayan hecho y pactado algunos poderosos de la tierra, los derechos de un pueblo á reinar en oü-o son fatuas convenciones que repug- - nan á la razón.
Los hechos consumados por la fuerza no tienen mas razón de ser que la fuerza misma, y cuando esta cesa, los hechos cesan también, sin que sea dado invocar entonces la autoridad del tiempo. El tiempo no sanciona lo absurdo : antes lo desvirtúa constantemente , puesto que acredita la inmortalidad y la impenetrabilidad del derecho. Mil años de violencia pueden ser anulados por un solo dia do libertad.
Con que dejemos á Italia ser Italia, y contentémonos nosotros con ser España , —ó por mejor decir, laméntenlas el no serlo enteramente—Olvidemos un poco nuestros derechos eventuales a Parma , y acordémonos algo de nuestros derechos eternos a Gibraltar.
Esto no quita para que nos bañemos en el agua de rosas de nuestra historia; para que nos recreemos con nuestro poético pasado; para que nos engriamos de haber tenido unos padres tan poderosos, que no solo pudieron hacer lo justo , sino también su santa voluntad.
La historia especial ó peculiar de Parma principia con la dinastía de los Farnesio, á mediados del siglo XYI.
Pablo III, papa, que en el siglo se llamó Alejandro Farnesio, erigió el ducado de Parma y Plasencia para su hijo Pedro-Luis, habido en un matrimonio secreto que contrajo cuando era seglar.
Pedro-Ltíis-Farncsio , primer duque de Parma, fue uno de los hombres mas abominables que han aparecido sobre la tierra. Su pueblo le hizo justicia: los nobles le dieron de puñaladas, y la plebe le arrastró por las calles de la ciudad.
Su hijo Octavio fue reconocido por Carlos V, quien le dió en matrimonio á sn hija la famosa Margarita de Austria, gobernadora de los Países Bajos. Octa-
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vio reinó en Parma sabia y gloriosamente , durante mas de treinta años, y murió bendecido de sus subditos.
Alejandro, hijo de Octavio y. de Margarita, penetró aun mas en la historia de España. — Este es el famoso Alejandro Farnesio, general de los ejércitos de España en tiempo de Felipe n , compañero de don Juan de Austria en Lepanto, su sucesor en el gobierno de Flandes , vencedor de Mauricio de Nassau y de Enrique IV de Francia , y uno de los hombres mas ilustres de aquel siglo de oro de la Europa.
Alejandro no estuvo nunca en sus Estados. Sus descendientes reinaron aquí sin gloria ni fortuna, y ya espiraba la dinastía y eran Cojos los antiguos laxos que unian á Parma y á España , cuando Felipe V se casó con la célebre Isabel Farnesio , que le llevó en dote este ducado.
Estrechóse , pues , mas y mas el antiguo parentesco entre ambos Estados. — El primer Borbon de España continuaba la obra de Carlos Y.
Pero Isabel entendió las cosas de otra manera , y no bien su hjjo Carlos entró en la mayor edad , envióle á reinar en Parma.
Este Carlos pasó luego al trono de Nápoles y acabó por ser rey de España con el nombre tan popular de Carlos 111 .
Un hermano suyo,el infante I). fWfjpe.lereemplazóen la soberanía de Parma.
Hija de este príncipe fue la célebre Mana Luisa , esposa de nuestro buen Carlos IV.— Nuevo lazo entre las dos monarquías.
A D. Felipe le heredó su hijo J). Femando , desposeído del ducado de Parma 7 Plasencia por Napoleón I, que le dió en cambio la Toscana, erigida en Reino de Etruria.
Don Fernando protestó contra semejante arreglo y murió sin aceptar el reino de Etruria , aunque iba ganando en el cambio ; pero su hijo don Luis , casado con una hija de Carlos IY de España (vuelve á remacharse el parentesco), fue menos escrupuloso y admitió la Toscana.
Esta tiija de Carlos IY es la famora reina de Etruria que tanto brilló en la córte de Napoleón, por su lujo, su belleza y su carácter, cuando pasó por París con su esposo antes de tomar posesión del improvisado reino.
Muerto don Luis en i 805 , la reina de Etruria siguió en el trono , como regente en nombre de su hijo Carlos, hasta el año de 1807, en que fue desposeída de nuevo, por haber sido incorporada también la Toscana al imperio de Napoleón.—María Luisa dirigióse entonces á Francia, en donde compartió el destierro de su padre Cárlos IY y de su hermano Fernando YII , víctimas como ella de sus debilidades con el emperador.
Entre tanto , el ducado de Parma y Plasencia habia sido hecho tres pequeños principados, en que reinaban Paulina Bonaparte, Cambaceres y Lebrun.
1814 arregló las cosas de otra manera. El ducado de Parma fue dado á la esposa de Napoleón (prisionero ya en la isla de Elba), para ella y para su hijo el llamado Rey de Roma , y la reina de Etruria recibió el pequeño ducado de Luca para su desheredado hijo D. Cárlos.
DE MADRID A ÑAPOLES. 415 1817 fue mas favorable a los Borboncs. En dicho año declaro la Europa que el ducado de Parma volvería á poder de I03 nuevos señores de Luca, a la muerte de la ex-emperatriz María Luisa, lo cual equivalía á despojar de lodo patrimonio al rey de Roma.
La ex-emperatriz aceptó : dejó en poder del Austria al hijo del vencedor de Europa vencido en Waterloo : dedicóse 4 gobornar á Parma en unión del conde de Níepperg, general austríaco y su primer ministro, con quien mantenía criminales relaciones: tuvo de él tres hijos, en vida del prisionero de Santa Elena; y no bien murió este , casóse con aquel oscuro soldado , que habia hecho su carrera peleando contra la Francia.
— «¿Qué me mandas, señor, al tiempo de dejarme?» le preguntó á un héroe griego su afligida esposa, en tanto que le cenia la espada con que iba a rechazar a los enemigos de la patria.
—«Te mando, contestó el héroe, que si muero y vuelves á casarte, elijas un esposo digno de mi , que te haga padre de hijos dignos de entrambos.»
La viuda de Napoleón murió en 1847 , y en el mismo ano volvió al trono de Parma la dinastía de Borbon, en la persona de Cárlfa //, que cedió el ducado de Luca á la Toscana.
Ai año siguiente , Cirios II era arrojado de Parma por la revolución y abdicaba en su hijo Fernando-Carlos ¡II.
Entró este en sus Estados en 1849, donde reinó pacfüca y prudentemente, si bien por el régimen absoluto, hasta el año de 1854 en que uu jóven , impulsado á lo que se cree por un odio particular , le asesinó en el paseo público , en medio del dia , cuando solo contaba el príncipe treinta y un años de edad.
Su viuda, nieta de Carlos X rey de Francia, hermana del pretendido Enrique Y, conde de Chambord, es la famosa Duquesa de Parma , tan conocida hoy en el mundo político , que ha gobernado aquí hasta el año pasado, en nombre del mayor de sus hyos, Roberto I de Borbon , nacido en 1848.
De esta princesa elogian los mismos italianos las virtudes privadas y la templanza y el acierto con que ha regido á sus subditos, asegurando que solo altas razones patrióticas (la necesidad de unirse contra el Austria, y el pensamiento de formar un gran reino con tantas flacas monarquías) han podido llevarles a buscar otro gobierno.
En cambio, la duquesa no ha sabido conducirse dignamente en la desgracia, sino que ha hecho lo mismo que los antiguos duques de Parma desposeídos por Napoleón I. — lia mendigado un trono al César francés ; ha reconocido y lisongeado á un poder popular, enemigo nato del derecho divino ; ha arrastrado por los suelos las lises de la casa de Borbon. — Esto se llama no saber morir. Por odiosos que me sean los enemigos de la libertad y los verdugos de Italia, yo aplaudiré siempre , aunque no sea mas que en nombre de la unidad de acción, dei interés dramático y hasta de la dignidad humana , a los vencidos que no se entregan: por ejemplo, al último duque de Módena luchando en Solferino contra Napoleón III y contraía Italia. — {Siquiera allí habia consecuencia, habia lógica,
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habia sinceridad !— Cuando el pueblo ha fallado y condenado, el arrepentimiento de los reyes es tardío, y solo puede contribuir á su mayor mengua. El arrepentimiento debe ser anterior al juicio. Después de la condeuacion , nidia est redeníio. —Los Borbones de Italia se han acordado de ser liberales y patriotas cuando ya no era tiempo. — La duquesa de Parma debió conocer que, si no sus errores , los de sus parientes , amigos y aliados , la habían perdido para siempre. — ¡ Además, que su gobierno era absoluto, y se apoyaba cuando era menester en las bayonetas austríacas ! . . .
Pero bénos ya en la capital del Ducado. — Digamos rápidamente que la población, el territorio, el presupuesto y el ejército del Estado de Parma y Plasencia eran sobre poco mas ó menos iguales que los del de Módena, y entremos en la antigua corte de los Farnesio.
Parma es una hermosa y alegre dudad , de anchas , rectas y limpias calles, rodeada de muros, llena de antiguos palacios y buenas casas modernas, atravesada de Este á Oeste por la via Emiliana , que se convierte aquí, como en Módena, en una especio de bouleva/d, con el nombre de Strada-Maestra , y cruzada de Sur á Norte por el rio Parma , sobre el cual hay tres dilatados puentes.
Siguiendo mi costumbre, he tomado un coche en la estación , el cual no solo me ha traído á la ciudad , sino que me servirá en ella de albergue durante todo el día. En él va mi equipaje : en él escribo : él me llevará á ver lodo lo notable que encierra la capital , y él me conducirá á la noche á cualquiera fonda en busca de mesa y cama. Además de esto, el cochero mo economiza un cicerone. — Creo que no se puede simplificar mas un viaje.
Parma está vestida de fiesta como Ferrara, Bolonia y Módena. Por todas partes bandoras, músicas, letreros, alegría... — Parece ser que U Re Galanluomo y Garibaldi vencen todos los dias en el Sur do Italia, y que el reino de Ñapóles pertenece ya á la historia.
Todas las escetencias históricas y artísticas de Parma hállanse reunidas en un mismo paraje: en el Palacio Ducal.
El Palacio Ducal es una reunión do edificios, que comprende la regia morada de los duques, el famoso Teatro Farnesio, la Academia de Bellas Artes, célebre en toda Europa por las obras maestras de Corregió que aun se ven en ella, los Archivos, la Biblioteca, el Museo de antigüedades, y por ultimo, el vasto y frondoso Jardín Ducal, que sirve de paseo público.
Yo me paso, pues, la tarde sin salir de este laberinto de patios, escaleras, galerías y salones, ora buscando las huellas de los principes españoles que aquí han vivido, ora las de la ex-emperatriz , de quien tanto he abominado esta mañana; ya evocando la sombra de la fastuosa reina de Etruria, ya pensando en la duquesa de Parma y en su hijo ,— que ayer se sentaban en este trono vacío y empolvado, y hoy vagan por reinos estranjeros, pidiendo hospitalidad á sus correligionarios políticos.
Antes de venir al palacio , he pasado por la catedral , vieja y de estilo lombardo como la de Módena. Las torras y la fachada se hallan todavía por concluir,
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y eso que la obra fue principiada en el siglo XII. Aquel templo es , sin embargo, célebre en todo el mundo, por encerrar una de las mas grandes maravillas que ha producido el arte ;— la cúpula pintada por Correggio.
Kl último rej de N»p«lfí.
Este inmenso fresco représenla la Asunción de la Virgen, asunto predilecto de los pintores de Italia. Todos convienen en que el triunfo de María no lia sido imaginado por nadie con lauta inspiración, con tan lo fuego, eon tanta gracia como por el maestro parmesano. Kn cnanto á mf, prefiero su Asunción a toda* las que hasta ahora he visto ; a la famosísima de Rubens que tenemos en Yalladolid, a la de Ticiano, a la de P«rugino, á la de Caraeci.
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Correggio es el verdadero jefe de la escuela lombarda ; pero original é inspirado como ninguno , resume en sí las escelencias de otras escuelas. La visla de un cuadro de Rafael le reveló su genio: las obras de Ticiano le descubrieron los secretos del color : en Viuci admiró la gracia de la forma ; en Miguel Angel la osadía y el poder del dibujo. El , por su parte , traía en el alma la noción de la luz y de la sombra, la magia del claro-oscuro, la intuición de los esplendores celestes. Con todos estos elementos , aspiró á pintar lo que nadie había pintado hasta entonces : el color en la luz y el color en la sombra ; la luz sobre la luz; las medias tintas de la penumbra; los crepúsculos misteriosos determinados por la distancia. El y Murillo son ios únicos que han sabido copiar la luz sobrenatural de la gloria , tal como la percibe el alma en éxtasis. Aquel mismo radioso ambiente en que flotan las Concepciones M Rafael andaluz, sirve de fondo á las inspiraciones de Correggio. También se parecen los dos en su afición á pintar niños , y en el amor, la gracia, la inocencia y la hermosura de que los revestían. Pero dicho sea en verdad , Correggio no es tan místico , tan ascético , tan inmaterial como Murillo.— Para deslindar este punto , me bastará con describir la Asunción de que hablábamos antes.
He dicho como pinta Correggio : réstame decir como dibuja. Correggio evita siempre las líneas rectas: sus figuras no están nunca en un término dado: el escorzo es su constante empeño. No se contenta con presentar una fase del cuerpo humano, sino el cuerpo entero, visto por todos lados. Yo no podré esplicaros como lo consigue , pero lo cierto es que coloca las figuras de tal modo que la mirada gira en torno de ellas , como alrededor de una estatua.
La Virgen de la cúpula de la catedral , por ejemplo, va acostada enteramente sobre uu lecho de nubes , de cara al cielo. Diríase que está pintada para vista, no desde la tierra, sino desde la gloria; para contemplada desde arriba, no desde abajo.— Desde abajo solo debería verse la nube en que va tendida, ó cuando mas, su túnica flotante y su cabellera de oro.— Pues bien: lo mismo desde el altar mayor que desde lo alto de la cúpula, adonde he subido, se ve toda la figura de María; se ve su cara; se ven sus ojos; se la ve de frente y de espaldas; como si se levantara alejándose de vos , y como si se os acercara al mismo tiempo; como si estuvierais esperándola en el cielo y la vierais subir en vuestra busca. — ¡Y qué mirada; qué' leve sonrisa la suya! ¡Qué boca entreabierta 1 ¡Qué ojos, anegados en amor y alegría! jQué fuego en su actitud!... |Es la primera vez que estalla el júbilo de la que había sufrido tanto! — Allá en el éter, en medio de una luz que no es de este mundo, se ve un ejército de arcángeles , de querubines y de santos que sale á recibirla. De los querubines solo se distinguen las inspiradas cabezas entre nubes de ópalo y rosa. Los arcángeles so hallan mas próximos, con las alas estendidas. Entre los santos se destacan los Apóstoles, los amigos de la madfe de Jesús.— Los ángeles, esto es, un tropel de niños alegres y graciosos , sostienen á María ; empujan la nube que le sirve de carro triunfal; rompon el aire como abriéndole camino... ¡ Este es su acompañamiento! i Con aquellos inocentes ha hecho el viaje de la tierra al cielo! ¡Y cuán ufa-
DK MADRID A ÑAPOLES. 419 nos van ellos con su reina y madre! i Con qué entusiasmo y regocijo tocau instrumentos y bailan en derredor suyo , la aplauden palmoteando, la requiebran, levantan por alto inútiles antorchas, queman perfumes, esparcen Dores...— Es una esplosion de gozo, de caridad, de bienaventuranza, que no tiene rival en la historia del arte— Hay quien dice que, masquo el místico triunfo, aquella pintura es la apoteosis de María. — Tal vez sea cierto, y por eso he establecido yo la comparación entre Correggio y Murillo.
Con que volvamos al Palacio Ducal, y penetremos en la Academia, donde el gran pintor de Parma tiene otra obra maestra.
Esta es su famoso lienzo, conocido con el nombre de San Gerónimo, llamado asi , no porque este santo sea la ligara principal del cuadro , sino por lo admirablemente representado que se ve en él al insigne autor de la VuUjata.
La Qgura principal de la composición es la Virgen con el niño Jesús , al cual le besa los pies la Magdalena , mientras que un ángel le muestra un libro abierto y San Gerónimo le contempla con indecible amor.
Este cuadro, radiante de luz y de vida, se llama generalmente el Dio, en contraposición a otro que pintó el mismo Correggio, y que fue denominado la Nocla, por la suprema inteligencia de las sombras que en él demostró el artista.
La Noche (ó sea la Natividad) se encuentra en el Museo de Dresde.
Como en todos los cuadros de Correggio , lo que mas sorprende en el Dia es la silueta de una luz sobre otra luz y de la carne en la carne ; el gran movimiento y vida de las figuras; la belleza de las formas... á pesar de ser algo flamencas , y la riqueza y la armonía del color, que parece una descomposición natural de los rayos solares.
Esta Academia encierra otras obras notabilísimas del mismo autor, enlre las cuales merece especial mención la Madonna della Scodella , interesante episodio de la Huida á Egipto.
En la Biblioteca veo unos magníficos grabados, que se están haciendo ahora, de todas las pinturas de Correggio que hay en Parma, y su hermosísimo fresco, la fncoronata, cuidadosamente trasportado á este lugar desde una ruinosa
De vuelta en la Academia , contemplo el busto de la esposa de Napoleón , esculpido por Cánova ; un Apostolado de nuestro Ribera , que no vale ni con mucho lo que el que tenemos en Madrid ; un Jesús Nazareno de Ticiano , y un Viejo de Murillo , pálidos vislumbres del genio de estos artistas , y una Madonna del inimitable Francia, cuya celestial belleza escede á toda ponderación.
La falta de luz (pues el sol empieza ya á decliuar) me obliga á salir de la Academia.
Ninguna hora mas á propósito para visitar el Teatro- Farnesio.
El Teatro- Farnesio , que como dejo dicho, forma parte del palacio ducal, es el coliseo mas grande del mundo. Fue edificado á principios del siglo XVII , y en él se han dado espectáculos de todos géneros (hasta simulacros de combates
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navales) en presencia de muchos reyes y emperadores. Todo el edificio es de madera, asi como las estatuas colosales que lo adornan.— Hoy empieza ya a arruinarse tan gigantesca máquina.
¡ Y cuán melancólico aspecto ofrece á la consideración del viajero esta costosa y magnífica obra , levantada para templo del bullicio y la alegría , abandonada ya para siempre , sepultada en el silenoio de lo pasado , entristecida por la soledad de las tumbas, como los tiempos y las generaciones que fueron testigos de su grandeza ! —Las vacilantes esculturas, las tablas hendidas, los adornos desprertigiados , el anfiteatro que se hunde , todo gesticula y se descompone , como trabajado por la vida de ta muerte. La vaga y confusa luz de la tarde, penetra dudosamente por las rotas ventanas y apolillados techos, dando una fisonomía fantástica al empolvado y desvencijado edificio , y haciéndole asemejarse á un descomunal esqueleto,— al esqueleto de la antigua Parma.
Cuando dejo el teatro y salgo á la calle, todavía no es de noche.
El cochero me brinda con un paseo por el Stradone, — donde a esta hora, dice, se reúnen todos los paseantes de la ciudad, — y yo acepto.
El Stradone es una magnífica arboleda, situada al Sur de Parma, entre la Ciudadela y el Jardín botánico.
En él encuentro solamente cinco ó seis coches cerrados , al través de cuyos cristales percibo algunas encantadoras cabezas.
La tarde esta muy fría , pero diáfana y apacible.
Los coches giran aceleradamente alrededor de esta especie da Bosque de Botona ó de Fuente Castellana.
El crepusculoscapaga sóbrelas cumbresdel Apenino, teñidas de color de violeta.
El paseóse va quedando solo...— Ya no hay mas coche qne el mió.— Esto me pone melancólico.
Hace diez y ocho dias que vago de ciudad en ciudad , sin encontrar un español. Hace cuatro dias qne no resuena en mis oídos la lengua patria. Desde que me despedí del prusiano , no he vuelto á decir usted, ni nada de lo que be pensado.—Decididamente estoy muy triste.— Hablar idiomas estranjeros equivale á vestir las ideas de máscara. — No puedo mas.
Pero ya es hora de buscar un techo bajo el cual pasar la noche; una luz que sustituya á la que se eslingue en el ocaso; una mesa en que hacer la triste y solitaria colación del caminante; un hogar comprado, que mañana prestará su calor á otro peregrino ; una cama que desconozco y que desconocerá mis sueños. —No puedo mas...
El Albergo delta Croce Bianca , donde me he alojado, hospeda esta noche á no sé qué general recien llegado de Nápoles.
Una inmensa muchedumbre inunda el patio, las escaleras y los corredores que he atravesado para venir á mi cuarto.
En el patio hay una música militar, qne toca himnos y walses en tanto que el general come.
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La multitud aplaude los himnos, grilaudo al mismo tiempo: ; Viva Italia ! Algunas mozuelas de buen humor bailan los walses á la puerta del Albergo.
Yo como entre tanto en un vasto salón lleno de largas mesas , á las cuales están sentados en dobles Olas mas de cien parroquianos ó pasajeros , casi todos militares.
Cada uno pide por su cuenta; pero todos comemos lo mismo. La lista de los albergos y Iraltorias de esta parte de Italia es muy limitada y siempre igual.— En Pádua , Ferrara y Módena , lo mismo que aquí , el menú se compone siempre debrodo, menestra, vianso, cervello, formaggio é [rutti, ó sea de caldo, legumbres, buey, sesos, queso (estamos en la tierra de uno muy famoso) y Irutas. — El vino de Reggio es escelen te.
Después de comer voy al Teatro Nuovo , que es de primer orden , edificado durante el gobierno de la viuda de Napoleón.
Se representa un drama muy patriótico, titulado:
I Carbonari otcero Silvio Pellico.
Es una segunda edición del Daniele Manin que vi en Milán.
La sala está muy concurrida y bien alumbrada.
París no tiene teatros tan bellos y cómodos como los de estas pequeñas cortes de Italia.
Por lo demás, el mismo entusiasmo, las mismas declamaciones que anoche en Módena...— Estos pobres italianos no saben lo que les pasa.— ¡Quiera Dios que tanto patriotismo no se evapore en gritos y en aplausos !
Yo preferiría encontrarlos serios y tranquilos como vi á los piamonteses.— El porvenir de la nueva Italia depende ahora de la virtud , do la cordura, de la abnegación, de la concordia, de la laboriosidad de sus hijos : no de ociosas manifestaciones de entusiasmo y alegría; no de vítores y canciones; no de estériles alardes de liberalismo. Semejantes desahogos están en su lugar la víspera de la batalla y el día de la victoria; pero una vez que han vencido (y de esto hace ya algunos meses), yo creo que están en el caso de trabajar mas y divertirse menos; de ayudar al Piamonte en su tarea de unificar y fortalecer la patria común , y de afilar las armas para el dia en que los abandone Napoleón III y vuelvan los austríacos á pasar el Po y el Mínelo.
Con que vámonos al albergo ; que mañana hemos de madrugar á fin de coger el tren-correo quo sale A las siete para Génova.
CAPULLO VIII.
GÉNOVA.
Entreacto.— El autor hace novillos.— Vuelvo á Turin.— Visita al conde de Cavour.— Teatros.— Viaje á Genova.— Un ferro-carril en los Apeninos.
Genova 8 de diciembre
Haoe mas de quince (lias cpie nos despedimos en Parma, lector amigo, dándonos cita para la mañana siguiente, en que debíamos llegar á Génova; y aun recuerdo que era cosa convenida el dirigirnos a Florencia sin pérdida de tiempo.
Pero el autor pone y el hombre dispone. — Hasta esta mañana no he llegado a Génova , y todavía no he visitado la Toscana.
Pues ¿y estos quince dias? me diréis. ¿Dónde los has pasado? ¿Cómo has tardado medio mes en un viajo que debiste hacer en seis horas?
Esto es largo de contar; pero os lo indicaré en pocas palabras.
Es el caso que aquella mañana (la mañana siguiente a la noche que pasamos en el teatro de Parma) amanecí muy mas triste que me había acostado, lo cual no me impidió tomar el primer tren y salir con dirección á Génova, adonde esperaba llegar á la una y media de la tardo.
Para ir de Parma á Génova , el tren-**.v/>/V.v pasa por Alejandría , ciudad que ya conocemos...
De Parma á Alejandría todo fué perfectamente. Crucé á la vista de Plasencia (Piacensa), triste y solitaria capital de otro antiguo ducado; vi á lo lejos el sitio en que oxistió Veleya, ciudad importantísima, sobre la cual se hundieron hace mil y quinientos años los vecinos montos, sepultándola completamente con todos sus habitantes ; y por íiltimo , llegué á Casfef/gh , en donde el camino empezaba á serme conocido, por haberlo andado, como recordareis, cuando hicimos el viajo de Turin á Milán pasando por Pavía.
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Una vez en Alejandría de la Paja , el tren hizo alto durante media hora, que yo pasé sentado á la misma mesa ea que almorcé veinte y tres dias antes. Hallábame á dos horas de Turin...
En Turin habia españoles; tenia amigos... — y ya os dije en Parma que estaba cansado de viajar solo y de no hablar el idioma patrio.
Por otra parte , un antiguo y esoelente camarada mió , do quien ya he hablado otra vez, — don José del Saz Caballero, el compañero de viaje, ó sea el amo del marroquí Jussuf, — me habia escrito desdo la capital del Piamonle (adoude habia llegado después que yo pirtl) diciéndome que pensaba ir a Florencia y Roma y que se alegrarla de que hiciésemos juntos el viaje , para lo cual me pedia razón de mi itinerario , prometiéndome salirme al encuentro cuando menos lo pensara...
Ahora bien : Caballero estaba todavía en Turin esperando mi contestación.
— ¿Por qué no he de llevársela yo mismo? me dige entonces. ¿Qué me importan dos horas mas de viaje? ¿No deseo tanto verme entre compatriotas? ¿No tengo necesidad de un compañero, de un amigo?Pues en Turin me lo depara Dios. — Yo le avisaría por el telégrafo... dicióndole que le aguardo en Góuova... Pero ¿y si tarda? ¿Qué voy á hacerme allí solo? — ¿Y mis otros amigos de Turin? ¿Y Duro? ¿Y la Roca? ¿Y Campredon? ¿Y Escalante?
(El señor Coello habia protestado en nombre de España contra los recientes sucesos, y partido á Madrid con su familia.)
Por aquí iba en mis reflexiones, cuando vi sobre la mesa la Gazzetía dt Torino.
En aquel periódico se anunciaba que la célebre actriz Adelaida Rislori llegaría á Turin aquella misma tarde, de paso para Rusia, y que antes de partir daría dos representaciones en el Teatro-Carignano.
Esta última noticia acabó do decidirme. — Yo no encontraría solamente en la Ristori á la inspirada artista de quien soy fanático admirador, sino también á una noble y antigua amiga , que estimo mucho , y á la cual no habia visto desde 1857. — Dejó, pues, marcharse el tren de Génova; entré en otro que salia en aquel mismo instante con dirección contraria, y dos horas después me encontraba á las puertas de Turin.
Como ya os he descrito aquella ciudad , pasaré muy de ligero sobre mi segunda estancia en ella.
Solo os diré quo durante dos semanas he cambiado un poco de vida y de equipaje; he dejado el estudio de pinturas y de estatuas por el trato y comunicación con gentes de- carne y hueso; he vivido en la sociedad; me he divertido mucho, y he habladó español hasta por los codos.
Para colmo de dicha , he visto representar á la Ristori la Fedra y la Medea. —La eminente actriz sigue digna de su fama, y los turineses la han oido con verdaderos trasportes de entusiasmo. — A estas horas se enconü-ará ya en San Petersburgo.
ok Mumin a napoi.es.
Torre «li- l'lsa.
También he tenido el honor de hablar con el conde de Cavour, á quien me ha presentado nuestro encargado de negocios.
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El conde de Cavour, cuya figura os he descrito ya, es tan sencillo y apacible en su trato como en su aspecto y en sus costumbres. Difícil sería bailar una afabilidad como la suya en otro hombre de su importancia y de su celebridad. La mansedumbre de su palabra y el agrado y la paciencia con que escucha á sus interlocutores,, tienen algo de frailuno, y perdonadme la espresion. Se ve que el grande hombre de Estado ha formado ya un juicio inapelable acerca de las cosas y las personas , y que va derecho a su fin , sin gastar pólvora en salvas.
Nuestra conversación ha girado sobre la actitud de España en presencia de los hechos que se cumplen en Italia, y el señor conde ha sabido distinguir y separar la causa de nuestro gobierno de la causa nacional ; la causa nacional de la causa de los partidos; y la causa de estos partidos, de la causa de la dinastía.
Yo no olvidaré nunca estas frases, resumen y compendio de todo lo que me d(jo el presidente del Consejo de Ministros de Víctor Manuel. — «Si en vez de nacer yo en esta península hubiera nacido en la vuestra, y hubiese llegado á ser allí lo que soy aquí , habría seguido la misma política que estoy siguiendo. La causa de los españoles es la misma que la de los italianos. Teuemos intereses y enemigos comunes. El malestar de IUlia era mas apremiante , y por eso hemos principiado nosotros. Ya nos seguiréis con el tiempo.»
Mucho mas me dijo; pero yo no debo publicarlo.
Asimismo he tenido el gusto de asistir al estreno de una ópera nueva , titulada Víctor Pisani. — La música era de un tal Agutíes Peri. — El éxito fue desgraciadísimo.
En cambio he aplaudido de todas veras en el teatro Alfieri al famoso actor Módena,e\ primer trágico de Italia.— Representaba la Claudia de Jorge Sand.
La buena sociedad turinesa, que empezaba ya á volver de sus espediciones campestres , so reunía por lo regular en el teatro Carignano , donde la Salvioni seguia bailando la Esmeralda.
Pero mí espectáculo favorito en Turin ha sido la magnífica colección de fieras del célebre Mr. Charles , establecida en sólidas jaulas en una plaza del Boryo nuevo. — Los rugidos de los leones se oían en todo Turin durante el silencio de la noche, y rara ha sido la mañana que no he ido á ver al domador darles de comer y enseñarles algunas habilidades. Entre los animales mas bellos y terribles de que me ha hecho amigo el amabilísimo Mr. Charles , figuraban tres leones (uno de ellos árabe , digno de acompañar á San Gerónimo) ; dos leonas; un hermoso tigre de Bengala sumamente grande ; un oso blanco y otro negro, que se aborrecían de muerte ; un elefante enorme , pero muy tratable y afectuoso, y la familia de monos mas divertida y malvada que he conocido en parte alguna.
— Los leones se doman por hambre... me he dicho un día; y el hambre no consiguió domar A los habitantes de Numancia.— Hacen, pues, mal los poetas en comparar con el león al hombre fuerte.
Ni han quedado aquí mis paralelos entre los irracionales y la raza humana.
DE MADRID A ÑAPOLES. , 427
— La honradez del elefaote , la sagacidad y los vicios del mono , la ferocidad del tigre, la hipocondría de la hiena, la ternura imbécil del oso, la abnegación sublime del perro, y otros muchos afectos, instintos y hasta pasiones que he estudiado detenidamente en la vida privada de la compañía de artistas que enriquece á Mr. Charles , me han dado asunto para todo un libro , que escribiré con el tiempo, cuando haya completado y madurado mis ¡deas acerca de los que llamamos brutos.
Por las tardes, he admirado desde la Plaza de Armas el magnIQoo y siempre nuevo panorama de los Alpes , cubiertos ya de nieve hasta su anchurosa falda. ¡Cuántos y cuantos sitios de los que yo recorrí en octubre son ahora inaccesibles ó han desaparecido bajo masas enormes de nieve y hielo 1
Finalmente , hoy , dia de la Concepción , he sacudido la pereza y el irresistible hechizo que me retenian en una ciudad tan monótona y triste , al decir de algunos, y tan agradable y deliciosa , en mi opinión , como la capital del Piamonte, y acompañado de mi amigo Caballero y de Jussuf, del inimitable Jussuf, ha reanudado mi viaje, firmemente resuelto á pasar la Noche-Buena en Roma.
Del camino que enlaza á Turin y Gónova , ya conocéis la mitad , ó sea hasta Alejandría.
Al llegar por tercera vez á aquel centro estratégico de mi viaje, saludó el vasto horizonte que se dilataba á mi izquierda. — Por allí mo habia alejado cuarenta dias antes : aquel cielo cobijaba á Pavía , a Milán , a Verona , á Venecia , á Pádua, á Ferrara, á Bolonia, á Modena, áParma... ¡á tantas y tantas ciudades como habia recorrido solo y triste ; pero cuyo recuerdo me era ya tan grato ! — Esta vez dejé partir el tren que iba á atravesar en breves horas aquellas ciento veinte leguas de amenos campos y de maravillas de arte , y seguimos hacia el Mediodía en el mismo coche que nos sacó de Turin.
Pronto pasamos por Novi, rica ciudad, á cuyas puertas fueron vencidos ios franceses en 1 799 , es decir, cuando ya empezaban á acostumbrarse á vencer á todo el mundo.
A pocas leguas de Novi , el camino de hierro principió á engolfarse en los Apeninos. — \ Al fin iba á atravesar aquella azulada cordillera que habia estado viendo constantemente á mi derecha cuando recorría la via Emiliana I
Al llegar á Arquata, oncontrámonos ya cercados por los montes, cuyas mas altas cimas se levantaban delante de nosotros como cerrándonos el paso. —Desde Arquata á Génova solo hay siete leguas ; pero estas siete leguas puede decirse que constituyen el espesor de un muro de granito, al través del cual tiene que abrirse camino la locomotora.
Los trabajos practicados para salvar tan enorme obstáculo son verdaderamente admirables. El camino de hierro es una sucesión de largos túneles , de terraplenes inmensos , de fabulosos desmontes , de puentes atrevidísimos , de viaduotos ciclópeos, de edificaciones de titanes. ¡Y cuán bellas, cuán sorprendentes son todas estas obras en el seno de una salvaje naturaleza ; entre peñas y árboles , bajo nieves eternas , sobre torrentes impetuosos, al lado de los abismos , en
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los flancos de descomunales rocas, en el corazón de gigantescas montañas.— Para vencer de esta manera la tenaz resistencia del áspero Apenino, diriase que el hombre ba dispuesto del terremoto.— Atlas y Hércules no hubieran bastado á tamaña empresa.
Después de haber admirado los Alpes , encuéntrense pequeños los panoramas del Apenino. Sin embargo, son sumamente pintorescos, aunque por un estilo diferente. Los Alpes, con ser mas abruptos y poderosos y estar cubiertos de un eterno sudario de nieves, ostentan no sé qué aire risueño, inocente, feliz; no sé qué paz y alegría; no sé qué luz gozosa que aleja todo terror del hombre que vaga por sus mas ocultas soledades. Los Apeninos, hijos de los Alpes, son Distes y severos, oscuros y misteriosos. En ellos, mas que la solemne melancolía y augusta soledad de las grandes eminencias, se advierten los tormentos de un corazón atormentado por hondas convulsiones. Los Alpes nos muestran su frente encanecida que se levanta al cielo, libre ya de todo recuerdo de la tierra. Los Apeninos nos dejan ver sus desgarradas entrañas , palpitantes de miedo y de dolor. Aquellos son como un anciano feliz : estos , como un joven sin ventura ni esperanza. Los Alpes representan un edificio levantado por todo el poder de la naturaleza. Los Apeninos, las ruinas de una comarca, los resultados de un cataclismo espantoso, la obra de la destrucción.
Volviendo al camino de hierro , enumeraré rápidamente los D*abajos que mas llaman la atención en él.
£1 primer túnel que se encuenUra es el de Pittra Bissara, de 682 metros. Luego se pasa una garganta esD/echísima entre dos montañas casi verticales. Para cruzar aquel barranco , ha sido menester levantar una altísima calzada de 300 metros de longitud , sobre el lecho mismo de un torrente , y hacer luego un puente de cincuenta metros de luz, á Bn de saltar de una montaña á otra.— En seguida se repiten los viaductos y llegan tres túneles sucesivos, uno de 858 metros, oD*o de 440, el tercero de 708, enlazados por temerarios puentes, que conducen á la famosa Galería dei Giovi. Esta galería ó túnel , tiene cerca de una legua de largo y se halla cooitruida á 1 ,200 pies sobre el nivel del mar.— Cuando se sale de ella, empieza á hajar el terreno; pero Din rápidamente, que no se conoce ferro-carril de una inclinación semejante. — Y es que en aquel punto se encuentra ya el tren á muy poca distancia de Génova ; pero & una grande altura sobre la ciudad.
Asi es que al salir de un último túnel de 714 metros, se abre el horizonte, y se halla uno con Génova y el mar debajo del camino; pero tan próximos y tan distantes al mismo tiempo, que no se comprende como podrá el convoy llegar á la ciudad , si no se hunde por escotillón.
Y lo que sucede es que el ferro-carril traza entonces una amplia curva en tomo de los montículos en que se asienta Génova , pasando por encima de los tejados del barrio delle Grazie, hasta que al fln logra encontrar acceso en la ciudad de los Doria por su estremo occidental.
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Vista de Genova — Recuerdos históricos.— Cristóbal Colon. -Paseos por ta ciudad.— Los garibaldmos.— Una manifestación pacifica.— Me embarco para la Toscana.
La gran vista de Génova, dicen, es la que se goza cuando se llega por mar á su magnifico puerto. — Ta tendremos nosotros ocasión de contemplarla de este modo , cuando regresemos del viaje que vamos á emprender al Mediodía. — En cuanto al panorama que ofrece la ciudad á los que llegan por tierra , es también sumamente bello , á lo menos para mi gusto.
Desde que se empieza á salir de las cordilleras del Áponino; esto es, poco mas de dos leguas antes de entrar en Génova , principian á aparecer por todas partes, asi en las cumbres de ta colina, como en las verdes soledades Je los barrancos, hermosísimas casas de recreo , pintadas de los mas vivos colores, palacios campestres, graciosas quintas, aldeas enteras compuestas de jardines y soberbios edificios. . .
Todas estas viviendas , diseminadas en las suaves estrivaciones de los montes , sirven de refugio á la aristocracia genovesa en la estación del calor. — La mayor parte de aquellas cillas tienen pintadas al fresco sus cuatro fachadas, con üguras , y hasta composiciones , que producen el mas singular efecto en medio de los pomposos árboles, de las rocas y de las aguas despeñadas. — Es la primera vez que he visto la pintura asociada á la agreste naturaleza.
Para llegar á la estación, término del viaje, se pasa por túneles abiertos debajo de algunos palacios y por encima de los techos de humildes casas. Desde aquellas alturas se ve la capital de la antigua Liguria, escalonada en anfiteatro entre el mar y el Apenino; apretada por las murallas y las olas; semejante á las ruinas de un inmensurable circo de mármol. La arena de este circo es el puerto, casi cerrado , dentro de! cual se ven millares de buques de todas las naciones del mundo. Detrás de los dos espigones del muelle se perciben las eslendidas aguas del golfo.
Una vivísima luz, un esplendente cielo una infinidad de jardines entremezclados con las casas, y un aire tibio y aromoso, en que apenas se perciben las salobres emanaciones del mar , revelan al viajero que se halla en una de esas ciudades del Mediodía de Europa, que reflejan algo del opuesto litoral africano; en una Málaga, en una Marsella ó en un Nápoles ; en un pueblo levantisco, en fin, animado por el comercio, enriquecido por las olas, amigo, si no dueño, de otras muchas poblaciones marítimas situadas en apartados mares , como lo fueron Pisa, Yenecia y Cádiz y antiguos puertos fenicios y los cartagineses.
Y al mismo tiempo que la fisonomía material de Génova , veis , con los ojos de la imaginación , su fisonomía histórica.
La ciudad en que entráis es Génova la Soberbia , emporio del comercio
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europeo durante muchos siglos,— la que compartía el dominio de los mares con Venecia y Pisa, y las combatió y las venció;— la que llevó á los cruzados a Oriente; — la que ganó tierras y estableció colonias en el Archipiélago griego, en Crimea, eo las puertas mismas do Constantinopla ; — la ciudad de las revueltas y las conmociones populares , inquieta siempre por su libertad ; que cambió cien veces de forma de gobierno, ensangrentando un dia y otro sus plazas y sus calles, y sufrió el yugo estranjero con la misma facilidad'que lo rompió entre sus manos, según le pareció mejor á sus inconstantes hijos... — Génova, la de aquellos Dux (no menos gloriosos que los de Yenecia) que se llaman Simón Bocauegra, Adorno, Fregoso, Monlalto; la de los Doria, Fieschi, Grimaldi y Spinola, patricios ilustres , famosísimos guerreros por mar y tierra , entre los que se cuenta el insigue Andrés Doria , acaso la primera figura de su siglo , y eso que vivió en el siglo de los grandes capitanes...— Génova, en íin, la patria de Cristóbal Colon... ¡ título el mas grande que tiene á la veneración y al amor de los españoles que la visitan I
¡ Cristóbal Colon ! — La primera cosa que vimos al entrar en la ciudad (en una pequeña plaza que se encuentra al salir de la estación del ferro-carril) es un monumento, — empezado hace muchos años y que ahora se trata de concluir, — en honor del infortunado y sublime descubridor del Nuevo-Mundo.
Ál votar la ciudad de Génova este público testimonio de admiración al mas ilustre de sus hijos, ha dado una prueba de alta justicia y noble abnegación. — El descubrimiento de América acabó por ser tan perjudicial á los genoveses como antes lo había sido á los venecianos , según hemos dicho en otra parte. El señaló la hora de la decadencia á las dos repúblicas comerciales de Italia; él arruinó el tráfico de Orieote ; él empobreció a los navegantes que iban á Constantinopla y á Alejandría á esperar las caravanas cargadas de las riquezas de la India. La aparición del continente americano, verificada bajo los auspicios de la nación española y coincidiendo con el descubrimiento dol Cabo de Buena-Esperanza , despobló de naves el Mediterráneo, y dió una suma importancia á Cádiz.— \Plus nitral esclamaron todos los pueblos de Europa, lanzándose al Occidente...
Y sin embargo, Génova tributa homenajes y alabanzas y erige monumentos á su inmortal hijo. — Entre tanto, España, que debió un mundo al peregrino de la Rápita; que le debió la mayor gloria quo ilustra los anales de pueblo alguno; que le debió tantas riquezas y tanto poderío , no ha levantado todavía una estatua, una sencilla piedra, un testimonio material, cualquiera que sea, de su gratitud y su admiración á aquel grando hombre!... ¡Verdad es que ya le pagó en vida tantos beneficios, cargándole de cadenas y encerrándole en una prisión! 1 —¿Qué mayor recompensa que el martirio para el bienhechor de la humanidad? ¿ No habia echado él sobre sus hombros la Cruz de Cristo y la habia llevado de un continente á otro? ¿No lo proclamaba asi al escribir su sagrado nombre:— Xpo. ferens? ¿No mendigó el pan del sustento antes de redimir un mundo? ¿No fue tenido por loco? ¿No le escarnecieron los escribas y fariseos de la ciencia? ¿No 1c negaron sus compañeros la víspera de su gloria? ¿No le crucificó la ingratitud?
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— f Pues á fe que no le hemos desconocido ! [ En verdad que le hemos tratado como á quien era! — t)ios lo quería para si , y nosotros lo purilicamos en el purgatorio de nuestra injusticia. ¿Qué importa que no le levantemos estatuas en la tierra, si le hemos dado un trono en el cielo?
¡Oh hidalga España! ¿Cuándo será que tu noble orgullo se traduzca en obras? ¿Cuándo recobraras el concepto de tí misma?
Génova me recuerda mucho á Venecia , á la Venecia terrestre. Las mismas callejuelas oscuras, moriscas, formadas por altísimos palacios ; la misma suntuosa arquitectura , aunque de diforentc estilo; los mismos puentes, las mismas escaleras para ir de una calle á otra ; igual acumulación y superposición de edificios; idéntica abundancia de mármoles. — Ya os ho dicho que la ciudad está construida en anfiteatro ; y de tal manera es esto cierto , que hay en ella calles que se cruzan en el aire; otras que suben desde la orilla del mar á una inmensa altura ; palacios escondidos entre miserables viviendas ; salones edificados allá en las nubes, en los que se ven relucir por la noche lujosos dorados, al fulgor de mil bugías , mientras que resuena en ellos el compás de la música y del baile, y se ven cruzar voluptuosas Qguras al través de las artísticas ventanas...— Durante el día, la animación de la ciudad es estraordinaria. — Ya supondréis que , en esto no sigue pareciéndose á Venecia. — Los genoveses son alegres , decidores, entusiastas. Las mujeres se parecen á todas las hijas del Mediterráneo: gracioso andar, talles esbeltos, morenos rostros muy descoloridos, noble perfil, hechiceras miradas... hé aquí sus principales caractóres, propios de Venecia como de Málaga, de Marsella como de Valencia. Casi todas llevan una toca ó mantilla blanca, llamada mezzaro. El mezzaro de las de poca fortuna es de percal vistosamente floreado de vivísimos colores.
La población de Génova (140,000 almas) cabe apenas en el reducido perímetro de la ciudad. En los hombres del pueblo se advierte una díscola soberbia, impropia de los italianos. Hoy, sin duda por ser día de la Concepción , habia una infinidad de gente ébria en todas las calles y plazas. Esta gente cantaba , bailaba, jugaba y se divertía de mil modos , sin incomodar á nadie; pero como si supiera también que nadie se atrevería á incomodarla.
Dentro de Génova , como en sus afueras , casi todas las casas están pintadas de fuertes y contrastados colores; las unas de rojo, las otras de verde; estas de azul , aquellas de amarillo. Las portadas que mas abundan son las platerescas y las salomónicas. En muchas fachadas se ven además estensos frescos, colosales estatuas de los antiguos señores que állí moraron , ó abultadas cariátides que exhiben su desnudez á los transeúntes. También hay muchos jardines ; y, como en Granada , se ven árboles y flores encima de balcones y azoteas y hasta en los tejados. Esto ultimo depende de una ilusión óptica, y consiste en la disposición de la ciudad , escalonada sobre los erguidos montes.
La proximidad de Carrara se revela en la profusión con que se ha empleado en Génova el mas rico mármol blanco. — Encima del muelle hay una gran mu-
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ralla coronada por una azotea de doce metros de anchura, de la que pudiera decirse que lo que allí se ha construido es una cantera de precioso mármol. Yo dudo que exista en el mundo una muralla tan lujosa y bella. Su plataforma sirve de paseo público. Desde aquel estenso balcón se domina todo el puerto, y se tienen casi al alcance de la mano los millares de buques surtos en él.
Genova ha recobrado su antigua importancia desde que se unió al Piaraonte en 1814. El camino de hierro la ha hecho el puerto de Turin.
Otro de los puntos notables de la ciudad es la Strada Nuova, formada por dos hileras de magníficos palacios , debidos casi todos al celebre arquitecto Galeazzo Alessi , el restaurador de Génova. — La Strada Auova es en Génova lo que el Canal Gratule en Venecia.
En medio de aquella suntuosa calle se encuentra el Municipio, antiguo Palacio Doria , uno de los muchos que esta ilustre familia levautó en su uiudaJ natal.— En el portal del Municipio hay varios frescos, que antes adornaban el palacio Grimaldi. Entre ellos ha llamado vivamente mi atención uno que represeuta la llegada de don Juan de Austria á Génova. . . (creo que después de la batalla de Lepanto,) y la obsequiosa recepción que le hacen el dux Grimaldi y el Consejo de la república.
Arriba, en el salón de sesiones del que nosotros llamaríamos Ayuntamiento, he visto, con la emoción que podréis imaginaros, un busto de Cristóbal Colon, levantado en frente de la presidencia. En el basamento que sostiene el busto hay una puertecilla de plata sobredorada , que se abre con tres llaves. AHI se conservan tres cartas en español, escritas por el descubridor de América, y el original de los privilegios dados al mismo por los Heyes Católicos. En él he visto las Armas de Isabel y Fernando y el escudo de armas de Colon , tal vez el primero que se dibujó para la ¡lustre familia que principiaba en él. En uno de los cuarteles hay un grotesco y numeroso archipiélago y luego una costa de tierra Arme... — ¡Sí, sí! | Eso fue, ingratos y celosos royes! ¡Tales eran sus conquistas!... ¡Todo un mundo !— ¡ Y ese mundo no llevó su nombre; y esos privilegios que le disteis, se los quitasteis después : y esas mismas firmas con que le agasajabais tanto , autorizaron al fin la urden de su encarcelamiento !
Después del Municipio , he visitado el Palacio Ducal ó de la ciudad , asiento hoy de la policía , construido en 1 262 por el abuelo de Simón Bocanegra y reedificado en 1778.— AHI moraron todos los dux de la antigua república geno vesa.
Luego he ido (atravesando toda la población) al célebre Palacio de Andrés Doria, en cuya puerta se lee una inscripción que dice que este hombre ilustre, después de haber sido almirante del Papa, de Carlos V, de Francisco I y de su patria , edificó aquel asilo en 1 520 , con el propósito de descansar en los dias de su vejez.
El palacio, que ha debido de ser hermosísimo , se halla abandonado y ruinoso; pero no asi los magníficos jardines quo lo cercan , desdo los cuales se domina t oí lo el puerto.
DE MADRID A ÑAPOLES. «3 En ellos me han enseñado ((Singular monumento!) el sitio que ocupó durante muchos años el mausoleo do cierto perro llamado Atufan , que Cirios V le regaló á Andrea Doria...
hl gcueral Culdúii.
uAqut yace mi mejor amigo;» — ascribió lord Ilyron en la tumba de otro perro...
Tales son hasta ahora mis impresiones en Genova. La noche no me ha dejado Ver
434 l)K MAbltm A ÑAPOLES.
mas.— -Pero tiempo de sobra tendremos de hacer nuevas escursiones; pues el vapor que lia de llevarnos a Liorna no sale hasta pasado mañana á la noche.. . — Por lo tanto, buonasera.
Se me habia olvidado deciros que en Génova todavía es verano.
Génoia 10 de dlciembra,— a las nueve de la noche.
Dentro de una hora nos embarcamos para Liorna , y mañana al amanecer nos encontraremos en la Toscana, en la tierra clásica de las flores y las artes, en la patria de la hermosura L
Antes de abandonarnos a tan dulces emociones , y por si la mar, que está agitada, no me permite escribir esta noche á bordo, voy á referiros brevemente las principales cosas que he visto ayer y hoy en la encantadora Génova.
Ayer empecé por seguir recorriendo los mas célebres palacios de la ciudad. — Después del Palazzo Rede, comprado por Carlos Alberto á no sé qué patricio genovés , y solo notable por su magnitud , fui á ver la famosa galería de pinturas del Palacio Brignolc-Sale, llamado comunmente ol Palacio Rojo, por estar pintado de este color. Su dueño vive casi siempre en París, adonde ha trasladado muchas obras de dicha galería ; pero aun quedan en ella algunos retratos de Ticiano y do Van-Dick , y varios cuadros religiosos de Reñí, Gucrcino, Lucas Jordán y los dos Palmas. — En los palacios Adorno y Pallavicitti hay muchas y muy buenas pinturas de los mismos maestros y de otros de la escuela holandesa.
También merece ser visitada la Universidad , grandioso y elegante ediGcio, lleno de luz y de gracia.— Una doble columnata dórica gira en torno del patio, y sobre ella se levanta otra de órden jónico. En frente de la puerta de entrada está la escalera, que es magnífica, y al través de sus arcos se perciben los naranjos, laureles y cedros de un alto jardín, cuya verde pompa da mayor realce atan soberbia arquitectura.— En el salón de exámenes hay seis bellas estatuas del céiebre Juan de Bolonia.
Las iglesias de Génova son tan celebradas como criticadas por su escesivo lujo, y sobre todo por el estra vagante empleo que se ha hecho en ellas de mármoles negros y blancos.
La Catedral, ó sea San Lorenzo, revestida por el esterior de esta manera, do ofrece en el interior nada de particular; pues aunque data del siglo Xf, perdió todo su carácter al ser restaurada en el siglo XVI.
Lo único que me ha llamado la atención en aquel templo ha sido el tan famoso Sacro Calino (fuente sagrada) traído de Cesárea por los Cruzados.
Los genoveses dicen que aquella fuente es de esmeralda, y que por lo lanío vale muchos millones. — Yo solo puedo asegurar que es verde, de una sola pieza y de una tercia de diámetro.— Añade la conseja popular que la reina de Saba le regaló esta joya al mismísimo Salomón...— j Dado lo de la esmeralda, el presen-
uigmz
DE MADRID A ÑAPOLES. 435 te es digno de tan altos personajes! — Díccse , en fio (y esto último me lo ha repetido un señor canónigo de la catedral), que en esta fuente sirvieron a Jesús el Cordero Pascual la noche de la Cena.
Oigamos ahora á los incrédulos. —Los incrédulos dicen que el Sacro Calmo no es de esmeralda, sino de vidrio, y que por eso dio la república de Génova, en 1476, aquella estraña é incomprensible ley que condenaba nada menos que á muerte al que lo tocase con cualquier materia dura. En seguida añaden que si la república atribula con tal ahinco un vil valor material al inmenso valor moral de tan sagrado objeto , era con el solo fin de que los judíos de la ciudad siguiesen prestándole enormes sumas bajo la hipoteca de la supuesta esmeralda. Después cuentan que el famoso naturalista francés Mr. Charles Marte de La Contamine estovo en Génova en i 750 , y que habiendo notado en el Sacro Calino ciertas burbujas propias del vidrio, trató de rayarlo con un diamante que llevaba preparado; pero que el fraile que le acompañaba se lo estorbó violentamente, y fueron necesarios todos los respetos del célebre académico para que la sola tentativa no le costase cara. Y por último refieren (y yo creo que debían empezar por aquí) que Napoleón I se llevó á París en 1809 el Sacro Catino , creyéndolo de esmeralda; pero que examinado allí por personas competentes, se encontró que era de vidrio , y fue devuelto á la catedral de Génova.
Por mi parte, diré una sola cosa: de vidrio ó de esmeralda, el Sacro Catino tendrá siempre el inapreciable mérito de haber pasado por las manos do Jesucristo, de Salomón y de la reina de Saba. — Lo demás importa poco.
La iglesia de fAnnunziata (cuya fachada está también revestida de mármol blanco y negro , en alternados cuadros , lo que la da el aire de un tablero de damas) es suntuosísima por dentro. La cúpula y las naves, completamente doradas, relucen al sol como los incendiados celajes de una Gloria de Murillo. Entre tanto fulgor se perciben algunos frescos malamente restaurados.
Otro de los templos notables de Génova es San Siró, \ fundado en el siglo III!... y el mas grande de la ciudad.— En él se celebraban las elecciones de los Dux.— Hasta el siglo X fue catedral. — Posteriormente ha sido reedificado de modo que no queda nada de la primitiva obra... — Es lástima.
En San Mateo he visitado una profunda y lujosa cripta en que se halla enterrado Andrés Doria. — En la sacristía me han enseñado una espada que el papa Paulo III le regaló al célebre almirante , y que este usaba en las grandes ocasiones.
Finalmente, he subido á Santa María de Carignan, situada en una áspera cumbre.
Desde la torre de este templo se abarca de una ojeada toda la ciudad de Génova, con sus pintorescas cercanías, con sus murallas , con sus jardines, con su puerto, con sus barcos... toda en finí... y en verdad os digo que es un panorama digno de verse.
En cuanto á la iglesia, es también la mejor de la ciudad como obra de arte. —El Renacimiento no ha levantado edificio mas regular, mas armonioso, mas puro.
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En aquella altura me pasó la tarde. A la noche fui al Teatro Paganini.
El tan famoso de Carlo-Felice se está restaurando para la próxima temporada linca.
En el Teatro Paganini, nuevo y hermoso , se cantaba la Traviata por una señorita llamada la Dégola , hija tercera de un difunto senador.
Esta jóven, que ha sido algunos años el mejor adorno de los mas aristocráticos salones , se ha visto obligada últimamente , por graves desgracias de familia, á dedicarse al teatro. — Es bella y elegante; pero se dice que está tísica. — Todas estas circunstancias, unidas á la inspiración y al gusto con que canta, hacían que el público la escuchase con respetuoso entusiasmo, con afectuosa considera! ¡ion , con piedad y con cariño. Hubiérase dicho que era la misma heroína de la ópera la que estaba en escena. — A mí me hacia daño aquel espectáculo doloroso.
La infortunada Dégola no puede ya cantar bien sino el tercer acto de la ópera; aquel en que Violeta lucha desesperamente con la tisis 1... — Esto es horrible, bárbaro, inhumano l — El público hubiera hecho mejor en socorrer privadamente á la enferma, relevándola de la cruel necesidad de vender su agonía.
En un palco próximo al mió, estaba el fiunoso pintor, poeta, militar, músico, novelista y hombre de Estado Masstmo étAzeglio, uno de los hombres mas ilustres del Piamonte; presidente del Consejo de Ministros del rey Víctor Manuel durante algunos años y precursor de Cavour en aquel puesto ; autor de muy célebres cuadros, que se conservan en los Museos del Louvre y de Turin ; creador de las célebres novelas Héctor de Fieramotca y Niccolá dei Lapi; aguerrido soldado, cubierto de honrosas cicatrices; publicista eminente en favor de la independencia y libertad de Italia... y yerno del inmortal Mansoni, — lo cual es también una gloria en mi concepto.
Massimo d'Azeglio tendrá hoy sesenta años : es rubio , alto , delgado , elegante , de aspecto melancólico. — Se parece mucho á nuestro general Ros de Glano. — Acompañábale en el palco una hermosísima señora, tal vez hija suya, nieta del autor de / Prommi Sposi y ta taran ¡eta del ¡lustre Beccaria , abuelo materno de Manzoni.
Tal fue mi día de ayer. -Hoy he hecho muy diferente vida.
Esta mañana aparecieron todas las esquinas de Génova cubiertas de carteles recordando que hoy era aniversario del dia 10 de diciembre de 1 746 , en que los genoveses, con fiero atto de maestá nazionale, tendicabano le sue mura, viólate degli austraci invasor i etc.
Los carteles se olvidaban de decir que si los genoveses arrojaron á los austríacos en la fecha citada, fue con ayuda del torrente Bisagno, que corre á las puertas de la ciudad , el cual salió de madre á consecuencia de un repentino y espantoso aguacero , ó inundó y asoló los parajes en que estaban acampadas las huestes invasoras, poniéndolas en la mayor tribulación. — Los hijos de Génova tuvieron quo hacer poco para acabar de aniquilarlas.
DE MADRID A ÑAPOLES. 437 Como quiera que sea, desde el amanecer se notó boy en la ciudad un gran movimiento, acompañado de ruido de cornetas y tambores , atronadores vivas y músicas militares.
Era que la población se reunía para ir á celebrar el aniversario en el mismo lugar de la catástrofe de 1 746.
Con este motivo, he visto en calles y plazas muchos voluntarios de Garibaldi, recien llegados de Ñapóles , que vuelven á sus casas locos de orgullo y alegría con la fabulosa empresa que acaban de llevar á cabo.
Hace cinco meses que salieron de Génova, en número de mil, decididos a conquistar un reino de 10.000,000 de habitantes, de los que 160,000 eran soldados.— Primero solos; después ayudados por los movimientos populares; engrosadas luego sus filas por las defecciones del ejército enemigo, y últimamente auxiliados por el ejército piamontés , han conseguido su temerario propósito. Pero de todas maneras, les corresponde la gloria de haber iniciado, y sostenido constantemente en la vanguardia, una lucha siempre ventajosa, por el número, para los borbónicos, y siempre favorable, por el éxito, para las armas italianas.
Los héroes de Calafatimi, Palermo, Garegliano y el Yolturno son en su mayar parte jóvenes de diez y seis a veinte años. Básteos saber que de los mil voluntarios que llevó Garibaldi á Marsala, ciento setenta eran estudiantes déla universidad de Pavia. La única gente granada que ha habido entre ellos han sido ochenta emigrados venecianos y ciento diez fugitivos de Nápoles y Sicilia. — El traje rojo de los garibaldinos tiene algo de fantástico , y no carece de elegancia.
Mientras qus la entusiasmada muohedumbre se ha divertido á las orillas del Bisagno , que corre al Este de la ciudad , Caballero y yo hemos hecho una escursion al campo por la parte del Oeste.
Jussuf se había marchado con los patriotas.
El día ha sido magnifico.— El campo de Génova tiene todavía llores de otoño, y el mes que viene las tendrá de primavera.
A la caída de la tarde dirigimos nuestro paseo por el hermoso camino de Niza. — Aquella famosa carretera, tallada, por decirlo asi, en altas rocas, que salen bruscamente del mar (lo que le ha dado el nombre de la Cornisa) , sigue las ondulaciones del estenso golfo, sobre el cual forma un continuado balcón de {Medra, mientras que al otro lado no deja ver horizonte alguno, sino la enhiesta muralla del gigantesco Apenino, rasgada á veces por arroyos torrentales. — Al decir de los que han ido á Francia por aquel lado , el camino de la Cornisa sigue leguas y leguas del mismo modo , dominando siempre las azules ondas del Mediterráneo.
Nosotros hemos prolongado nuestro paseo algunos kilómetros , hasta llegar á un punto desde el cual vimos á toda Génova y á su ancho puerto, recogidos , por decirlo asi , en un solo cuadro.
El cielo estaba azul , y el sol se ponia hiriendo de frente los cristales y las pintorescas fechadas de los palacios escalonados en las colinas.— En lámar, agi-
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tada como he dicho , se mecían centenares de buques, de los que algunos se hallaban ya en franquía...
Los vapores encendían ó calentaban sus máquinas, disponiéndose a partir...
Entre ellos distinguíamos el que debe llevarnos esta nocho á Liorna,.. Llámase la Princesa y es inglés.
Se hacia tarde, y ni Caballero ni yo mandábamos al cochero que retrocediese...
Nos encontrábamos á una legua de Génova... es decir, nos hablamos acercado una legua á España!
Este pequeño viaje hácia la patria , realizado pocas horas antes de emprender otro que iba á alejarnos mas y mas do ella, adulaba nuestra melancolía de estranjeros...
Los dos pensábamos una misma cosa : «Si siguiéramos caminando de este modo, siempre por la orilla del mar, dentro de algunos dias entraríamos en España por Cataluña.»
El cochero nos llamó á la razón , dicíéndonos que , si nes parecía, ya era hora do volver á Génova.
— Volvamos , le respondimos.
El sol se ponía en aquel instante.
— Todavía le verán allí algunos minutos, le dije yo á mi amigo, como siguiendo una conversación...
Al llegar á la ciudad , he leido estas palabras , escritas sobre la puerta por donde antes habíamos salido y entonces entrábamos :
ckioya, arrÁ di mama saxtíssima. Lo mismo dicen de su tierra los andaluces.
Cuando ya estábamos cerca del Hotel de la Ville , donde vivimos , hemos encontrado la procesión patriótica que volvía de celebrar el aniversario.
Todas las calles que van á parar á la de Cario Alberto, en que se levanta este hotel , se hallaban ocupadas por una densa muchedumbre.
Hemos tenido , pues , que echar pió á tierra y confundirnos con la turba, á fin de llegar á nuestra casa , lo cual no hemos conseguido sino al cabo de una hora.
Quince ó veinte mil jóvenes, — soldados, milicianos, garibaldinos , marineros, estudiantes, labradores y mendigos , — cogidos del brazo por hileras de diez ó doce individuos, cada uno con un ramo de oliva en la mano, marchaban lentamente y á compás , cantando un coro de interminables estrofas en favor de Italia y de Garibaldi , y en contra de los gobiernos de Roma y de Venecia. Enormes banderas tricolores ondeaban de trecho en trecho sobre las apretadas Olas. En todos los balcones se veian gentes con Juces en la mano. Los puentes y calzadas que cortan ó flanquean casi todas las calles, estaban coronados de mujeres con mantilla blanca , que agitaban sus pañuelos ó victoreaban á Garibaldi. A veces se
ÜE MADRID A ÑAPOLES. 439 interrumpía el prolongado coro que entonaban á un mismo tiempo cuarenta mil voces, y se oía un breve discurso, un viva, una frase, un nombre; y cuando aquello que se oia condensaba el sentimionto general , estallaba un aplauso unánime, un estruendoso palmoteo, en calles y balcones y á todo lo largo de la procesión. Todas estas cosas las hadan ordenada y gravemente, sin perder el compás de la marcha , sin escándalo , sin atropello alguno.
A la verdad , el cuadro no podía ser mas sorprendente. Tantas luces en el aire, tanta gente en los balcones, tantos ondulantes pañuelos, tanta mantilla blanca en las escaleras que conducen de una calle á otra , tantos kepis encarnados, tantas verdes olivas, y el coro, y el aplauso, y el acompasado andar, y las banderas/ y las aclamaciones... todo esto tenia algo de solemne. — No era el motin ni la parada ; no era la iracunda amenaza que precede á las revoluciones, ni la desenfrenada alegría que sigue al triunfo popular : era una cosa que yo no conocía; que yo no había visto nunca; pero de la cual había oido hablar muchas veces: — era, en fln, una manifestación pacifica.
Esta manifestación me hubiera hecho acaso reír en otra ciudad de Italia; pero en Genova me ha impuesto verdaderamente. — Ya os he dicho que Génova es uno de los pueblos mas inquietos , mas belicosos y mas terribles de toda Europa.
Con que partamos.— Ya son las diez, y el vapor lova anclas á las once.— Dejemos por unas horas el suelo italiano , y surquemos las soledades del mar bajo el pabellón de Inglaterra.
Mañana al amanecer penetraremos de nuevo en Italia y saludaremos los poéticos vergeles bañados por el Amo...
¡Al mar! ¡al mar!— Y adiós ¡oh Monalisa\... Se rae olvidaba decir que Jussuf es garibaldino.