El buey suelto... Cuadros edificantes de la vida de un solterón · Unidad 8 de 32

JORNADA SEGUNDA · 1 — parte 3

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Por lo demás, cuando no habla de su dolencia, echando candelas por los ojos, brasas por las mejillas y rociadas de saliva por entre las cerdas de sus bigotes, aturde á los circunstantes con la estadística de sus caudales. En la Mancha, porque la erudita citó á don Quijote, tiene él tres haciendas que le produjeron el año pasado, y sólo en renta, doce mil fanegas de trigo. Porque se habla de dormir la siesta, ó de si es sana ó dañosa esta costumbre, niega él, sin que nadie lo haya afirmado en la mesa, que los extremeños hagan siete comidas y duerman cinco siestas al día. Precisamente conoce á palmos la provincia de Extremadura... ¡como que tiene en ella seis dehesas y más de veinte mil cerdos!

Por análogos procedimientos trae á colación sus cortijos de Jerez y sus posesiones de Salamanca, siendo de notar que en cada dehesa, y en cada cortijo, y en cada hacienda, tiene, no solamente palacio con la necesaria servidumbre de criados para él y de doncellas para su señora, sino hasta _templo_, pues _capilla_ se la permite cualquier zarramplín de aldea.

Porque se cita el escamoteo de un reló ó el de los calzoncillos que llevaba puestos el vecino de al lado, cualquiera ratería de esas tan usuales, impunes y corrientes en la hidalga patria de Candelas y José María, cuenta él que en una ocasión le robaron su casa de Madrid, estando con su señora recibiendo á los duques de Montpensier en su palacio de la Serranía de Ronda; siendo lo admirable del caso, en su concepto, que los ladrones abrieron la puerta del _gabinete de raso azul_, del cual pasaron á la _galería de esculturas_; de ésta á la _sala de los tapices flamencos_, y de aquí á su despacho, cuajado de primores de arte y de objetos de lujo. Sin señales de titubear para encontrarla, abrieron una puerta oculta detrás de una librería de palo santo con columnitas de oro macizo, y entraron en un retrete, en el cual había hasta tres cofres llenos de alhajas de incalculable valor; pero no pudiendo abrirlos, á causa del secreto de sus cerraduras, ni cargar con ellos, por lo mucho que pesaban, se conformaron con robar unas botitas usadas de su señora, dos libros de genealogías, y como tres cuarterones de azucarillos.

Mientras Malambruno cuenta estas cosas y otras tan estupendas como ellas, con voz estentórea y lento diapasón, su señora no deja oir la suya más que para rectificar algún error de cantidad en que haya incurrido su esposo.

--Eran trece mil--dice, verbigracia, al asegurar éste que eran doce mil solamente las fanegas de trigo cosechadas por rentas en la Mancha; ó--creo que eran cuatro,--aludiendo á los cofres llenos de alhajas.

Entre tanto, Malambruno está vestido de paño de Munilla, y parte por la mitad los trabucos del estanco, para fumarlos en dos veces; su señora viste con más aparato que riqueza; no trae consigo una sola doncella de tantas como deja holgando en cada palacio, y todo el equipaje del pomposo matrimonio viene metido en un baúl de tres celemines.

Fáltame decir que doña Ambrosia asiste á casi todas las exhibiciones retumbantes del caudal de Malambruno, y que á cada rociada de millones que éste suelta, mira ella á sus huéspedes y parece decirles con los ojos, mientras se revuelve nerviosa en su silla:

--¿Qué tal, caballeros y señoras? ¿Tengo yo pelones en mi casa?

[Ilustración]

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VI

ENTRE VENUS Y MARTE

Durante la primera semana, halla Gedeón hasta cierto deleite en las originalidades de sus compañeros de mesa; pero á la segunda ya no puede con ellas. Asústale el temor de que aquello dure indefinidamente; y comparándolos con tan grotesco cuadro, le parecen de color de rosa los que á él le echaron de su casa.