El Capital · Capítulo real 3 de 6

Capítulo II

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

Capítulo II

El proceso del cambio.

Las mercancías no pueden por sí solas ir al mercado ni cambiarse entre sí. Tenemos, pues, que mirar á quienes las guardan, á sus poseedores. Las mercancías son cosas y, por lo tanto, no ofrecen resistencia al hombre. Si no son dóciles, él puede hacer uso de la fuerza ó, en otras palabras, apoderarse de ellas . Para referir esas cosas unas á otras como mercancías, sus dueños tienen que comportarse entre sí como personas cuya voluntad se aloja en dichas cosas, de manera que el uno no se apropia la mercancía ajena sino con la vo luntad del otro, es decir, mediante un acto voluntario común á los dos, y enajenando la mercancía propia. Ellos tienen, por lo tanto, que reconocerse como propietarios privados. Esta relación de derecho, cuya forma es el contrato, legalmente desarrollado ó no, es una relación de voluntades en que se refleja la relación económica. Esta misma es la que da el contenido de la relación de derecho y de la relación de voluntades . Las personas sólo existen aquí unas para otras como representantes de mercancías, esto es, como propietarios de mercancías. Encontraremos en el curso de la exposición que las máscaras económicas de las personas no son sino la personificación de las relaciones económicas que esas personas representan las unas para las otras.

Lo que distingue sobre todo al poseedor de mercancías de la mercancía misma es la circunstancia de que para ésta toda otra mercancía sólo es una forma de aparición de su propio valor. Niveladora y cínica de nacimiento, está siempre á punto de cambiar, no sólo el alma, sino el cuerpo, con cualquiera otra mercancía, aunque sea más desagradable que Maritornes. Ese sentido que falta á la mercancía para lo concreto del cuerpo de la mercancía, lo compensa el propietario con sus más de cinco sentidos. Su mercancía no tiene para él valor de uso inmediato alguno. De otra manera, no la llevaría al mercado. Ella tiene valor de uso para otros. Para él no tiene más valor de uso inmediato que el de ser portadora de valor de cambio y, así, medio de cambio . Por eso quiere él enajenarla por mercancías cuyo valor de uso le satisfaga. Todas las mercancías son no-valores de uso para sus poseedores y valores de uso para sus no-poseedores. Tienen, pues, que pasar todas de una mano á otra. Pero este traspaso constituye su cambio, y su cambio las relaciona como valores unas con otras y las realiza como válores. Las mercancías tienen, pues, que realizarse como valores antes de que puedan realizarse como valores de uso.

Por otra parte, su valor de uso tiene que estar probado antes de que puedan realizarse como valores, pues el trabajo humano gastado en ellas sólo se cuenta en tanto qué es gastado en una forma útil para otros. Ahora bien; sólo su cambio puede probar que este trabajo es útil para otros, que su producto llena necesidades extrañas.

Todo poseedor de mercancías quiere cambiarlas sólo por otras cuyo valor de uso llene sus necesidades. En ese sentido, el cambio sólo es para él un asunto individual. Por otra parte, él quiere realizar su mercancía, como valor, en cualquiera otra mercancía que le plazca, del mismo valor que su propia mercancía, tenga ó no valor de uso para el poseedor de la otra. Con este carácter, el cambio es para él un proceso social general. Pero el mismo proceso no puede ser al mismo tiempo para todos los poseedores de mercancías simplemente individual, y á la vez simplemente social y general.

Miremos más de cerca, y veremos que para todo poseedor de mercancías toda mercancía ajena es un equivalente especial de la suya y ésta, por lo tanto, el equivalente general de todas las otras. Pero como todos los poseedores de mercancías hacen lo mismo, ninguna mercancía es equivalente general, ni tienen tampoco las mercancías una forma general del valor relativo, en la cual se igualen como valores y se comparen como magnitudes de valor. Por eso, en general, ellas no se presentan las unas á las otras como mercancías, sino como simples productos ó valores de uso.

En la dificultad, nuestros poseedores de mercancías piensan como Fausto. Al principio fué la acción. Por eso ellos han obrado ya, antes de haber pensado. Las leyes de la naturaleza de la mercancía se manifiestan en el instinto natural de los poseedores de mercancías. Ellos no pueden relacionar sus mercancías entre sí como valores y, así, como mercancías, sino refiriéndolas á otra mercancía cualquiera como equivalente general. Es lo que ha resultado del análisis de la mercancía. Pero solamente la acción social puede hacer de una mercancía determinada el equivalente general. La acción social de todas las otras mercancías excluye por eso á una mercancía determinada, en la cual ellas expresan todos sus valores. Y así la forma natural de esa mercancía pasa á ser la forma de equivalente socialmente válida. Ser el equivalente general es la función social específica de la mercancía excluída en virtud del proceso social. Así pasa ella á ser moneda. « Illi unum consilium habent et virtutem et potestatem suam bestiæ tradunt. Et ne quis possit emere aut vendere, nisi qui habet characterem aut nomen bestiæ, aut numerum nominis ejus.» (Apocalipsis.)

La cristalización monetaria es consecuencia necesaria del proceso del cambio, en el cual productos diversos del trabajo son igualados de hecho entre sí, y por eso mismo transformados de hecho en mercancías. El desarrollo histórico del cambio despierta el contraste entre valor de uso y valor, que dormita en la naturaleza de la mercancía. La necesidad, para el comercio, de expresar exteriormente ese contraste, tiende á crear una forma autónoma del valor-mercancía, y no descansa hasta conseguirla por el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y moneda. Á medida, pues, que se hace la transformación de los productos del trabajo en mercancías se realiza la transformación de una mercancía en moneda .

El trueque inmediato de productos tiene, por una parte, la forma de la expresión simple del valor y, por la otra, no la tiene todavía. Esa forma era: x mercancía A = y mercancía B. La forma del trueque inmediato es: x objeto de uso A = y objeto de uso B . Las cosas A y B no son aquí mercancías antes del cambio, sino que pasan á serlo en virtud del mismo. La primera manera como un objeto de uso puede ser valor de cambio es su existencia como no-valor de uso, como quantum de valor de uso que excede á las necesidades inmediatas de su poseedor. Las cosas son por sí mismas exteriores al hombre y, por lo tanto, enajenables. Para que la enajenación sea recíproca, los hombres no necesitan sino ponerse, silenciosos, unos frente á otros como propietarios privados de esas cosas enajenables y, por eso precisamente, como personas independientes entre sí. Semejante relación de independencia recíproca no existe, sin embargo, para los miembros de una comunidad primitiva, cualquiera que sea su forma: familia patriarcal, comunidad inda antigua, estado inca, etcétera. El cambio de mercancías principia donde las comunidades terminan, en sus puntos de contacto con comunidades extrañas ó con miembros de comunidades extrañas. Pero una vez que para la vida exterior de la comunidad las cosas se transforman en mercancías, por contragolpe se transforman también en ellas para la vida comunal interna. La proporción cuantitativa en que se cambian es al principio completamente accidental. Son cambiables por el acto voluntario de sus poseedores de enajenarlas recíprocamente. Entre tanto, la necesidad de objetos de uso extranjeros va poco a poco arraigándose. La continua repetición del cambio hace de él un proceso social regular. Con el transcurso del tiempo, á lo menos una parte de los productos es producida intencionadamente á los fines del cambio. Desde ese momento, por una parte, se consolida la separación entre la utilidad de las cosas para la necesidad inmediata y su utilidad para el cambio: su valor de uso se separa de su valor de cambio. Por otra parte, la proporción cuantitativa en que ellas se cambian pasa á depender de su misma producción. La costumbre las fija como cantidades de valor.

En el trueque inmediato de productos, toda mercancía es inmediatamente medio de cambio para quien la posee y equivalente para quien no la posee, aunque sólo en tanto que tiene valor de uso para éste. El artículo de cambio no adquiere, pues, todavía forma alguna de valor independiente de su propio valor de uso ó de la necesidad individual de los cambistas. La necesidad de esta forma se desarrolla con el número y la diversidad crecientes de las mercancías que entran en el proceso del cambio. El problema nace al mismo tiempo que los medios para resolverlo. No puede suceder que poseedores de mercancías cambien y comparen sus propios artículos con otros diversos, sin que diversas mercancías sean cambiadas y comparadas como valores con una tercera y misma mercancía por poseedores diversos. Esta tercera mercancía, al pasar á ser equivalente de diversas otras, adquiere inmediatamente, aunque en límites estrechos, la forma de equivalente general ó social. Esta forma de equivalente general nace y desaparece con el instantáneo contacto social que le dió vida. Cambiante y fugitiva, toca á esta ó á aquella mercancía; pero con el desarrollo del cambio se fija exclusivamente en ciertas mercancías especiales ó se cristaliza en forma de moneda. Al principio es accidental en qué mercancía se fija, aunque, en general, deciden dos circunstancias. La forma moneda se fija, ya en los más importantes artículos importados del Extranjero, que en realidad son formas naturales de manifestación del valor de cambio de los productos indígenas, ya en el objeto de uso que constituye el elemento capital de la riqueza indígena enajenable, por ejemplo, en el ganado. La forma moneda se desarrolla primero en los pueblos nómadas, porque todos sus bienes y haber son movibles y, por consiguiente, inmediatamente enajenables, y porque su modo de vivir los pone en continuo contacto con comunidades extranjeras y los incita al cambio de productos.

Los hombres han hecho muchas veces material monetario primitivo del hombre mismo, en la forma de esclavo, pero nunca del suelo. Semejante idea sólo ha podido aparecer en la sociedad burguesa ya desarrollada. Data del último tercio del siglo XVII , y su realización en escala nacional no fué ensayada sino un siglo después, en la revolución burguesa de Francia.

Á medida que el cambio de mercancías rompe sus ligaduras locales y el valor de las mercancías se eleva por eso á materialización de trabajo humano en general, la forma moneda pasa á mercancías apropiadas por su naturaleza para la función social de equivalente general, á los metales preciosos.

Que ahora, «aunque el oro y la plata no son naturalmente moneda, la moneda sea naturalmente oro y plata» , lo muestra la congruencia de sus propiedades naturales con sus funciones . Pero hasta ahora no conocemos más que una función del dinero, la de servir como forma de manifestación del valor de las mercancías ó como la materia en que se expresan socialmente las magnitudes de valor de las mercancías. Sólo una materia cuyos ejemplares todos son de la misma calidad uniforme puede ser una forma adecuada de manifestación de valor ó de materialización de trabajo humano abstracto y, por eso, igual. Por otra parte, como la diferencia de las cantidades de valor es puramente cuantitativa, la mercancía-moneda tiene que ser susceptible de diferencias puramente cuantitativas y divisible á voluntad en partes capaces de volver á unirse. El oro y la plata poseen naturalmente esas propiedades.

El valor de uso de la mercancía-moneda se duplica. Además de su valor de uso especial como mercancía, del oro, por ejemplo, para rellenar dientes huecos, como materia prima para artículos de lujo, etcétera, ella adquiere un valor de uso formal que proviene de sus funciones sociales específicas.

Como todas las otras mercancías no son más que equivalentes particulares de la moneda, y la moneda es su equivalente general, ellas se comportan para con la moneda como mercancías particulares respecto de la mercancía general .

Hemos visto que la forma moneda no es más que el reflejo fijado en una mercancía de las relaciones de todas las otras. Que la moneda es una mercancía , sólo es un descubrimiento para quien, al anali zarla, toma su forma definitiva como punto de partida. El proceso del cambio da á la mercancía que transforma en moneda, no su valor, sino su forma específica de valor. La confusión de ambos caracteres ha conducido al error de considerar imaginario el valor del oro y de la plata . Porque, en ciertas funciones, la moneda puede ser reemplazada por simples signos que la representan, ha nacido el otro error de que ella es un simple signo. Esto encierra, por otra parte, la sospecha de que la forma moneda es extraña á la cosa misma y la simple forma de manifestación de relaciones humanas ocultas detrás de ella.

En este sentido, toda mercancía sería un signo, pues como valor no es más que la envoltura material del trabajo humano gastado en ella . Pero al considerar como simples signos los caracteres sociales que adquieren las cosas ó los caracteres materiales que adquieren las determinaciones sociales del trabajo, sobre la base de un modo determinado de producción, se les declara productos arbitrarios de la reflexión humana. Este era el modo favorito de explicar del siglo XVIII , para quitar á lo menos la apariencia de extrañeza á las enigmáticas formas de relaciones humanas cuyo origen no se sabía aún descifrar.

Ya hemos visto que la forma de equivalente de una mercancía no comprende la determinación cuantitativa de la magnitud de su valor. Cuando se sabe que el oro es moneda, y por eso inmediatamente cambiable con todas las otras mercancías, no se sabe, sin embargo, cuánto valen, por ejemplo, 10 libras de oro. Como toda mercancía, la moneda sólo puede expresar su propia magnitud de valor relativamente, en otras mercancías. Su propio valor está determinado por el tiempo de trabajo exigido para su producción, y se expresa en la cantidad de toda otra mercancía que contenga igual tiempo de trabajo . Esta fijación de la magnitud de su valor relativo se verifica en el trueque inmediato en sus puntos de producción. Desde el momento en que entra en circulación como moneda, su valor ya está fijado. Ya en las últimas décadas del siglo XVII , el análisis de la moneda hizo ver que ésta es mercancía; pero eso no fué más que el principio del análisis. La dificultad no está en comprender que la moneda es mercancía, sino cómo, por qué, en virtud de qué una mercancía es moneda .

Hemos visto que ya en la más simple expresión de valor, x mercancía A = y mercancía B, la cosa en que se manifiesta la magnitud del valor de otra cosa parece poseer su forma de equivalente independientemente de esa relación, como propiedad social natural. Hemos seguido la consolidación de esa falsa apariencia. Ella es completa desde el momento en que la forma de equivalente general se confunde con la forma natural de una mercancía particular ó se cristaliza en forma de moneda. Una mercancía no parece hacerse moneda porque todas las otras mercancías expresan su valor en ella, sino, al contrario, éstas parecen expresar en general su valor en ella porque es moneda. El movimiento intermedio desaparece, en su propio resultado, sin dejar huella. Las mercancías encuentran su propia forma de valor, ya lista, en un cuerpo-mercancía que existe fuera de ellas y junto á ellas, sin participación de ellas mismas. El oro y la plata, como salen de las entrañas de la tierra, son al punto la encarnación inmediata de todo trabajo humano. De ahí la magia de la moneda. La conducta simplemente atomística de los hombres en el proceso social de la producción, y, así, el aspecto material de sus propias relaciones de producción, que son independientes de su crítica y de su acción individual consciente, se manifiesta desde luego en la forma de mercancía que toman los productos del trabajo en general. El enigma del fetiche-moneda no es, pues, más que el enigma del fetiche-mercancía, visible y deslumbrador.

↑ En el siglo XII , tan famoso por su devoción, aparecen á menudo entre las mercancías cosas muy delicadas. Así, un poeta francés de esa época enumera entre las mercancías que se encontraban en el mercado de Landit, junto con telas, zapatos, cueros, útiles de labranza, pieles, etc., « des femmes folles de leurs corps ».

↑ Proudhon saca su ideal de justicia, la justice éternelle , de las relaciones jurídicas que corresponden á la producción mercantil, con lo cual, dicho sea de paso, obtiene también la prueba, tan consoladora para todos los pequeños burgueses, de que la forma de la producción mercantil es tan eterna como la justicia. Y después quiere reformar la producción real de mercancías, y el derecho real que á ella corresponde, según ese ideal. ¿Qué se pensaría de un químico que, en lugar de estudiar las leyes reales de los cambios de la Materia, para resolver determinados problemas, basándose en ellas, quisiera moldear esos cambios por las «ideas eternas» de la «naturalidad» y de la «afinidad»? ¿Se sabe más, acaso, sobre la «usura» cuando se dice que está en contradicción con la «justicia eterna», y la «equidad eterna», y la «mutualidad eterna», y otras «verdades eternas», que los Padres de la Iglesia cuando decían que está en contradicción con la «gracia eterna», la «fe eterna», la «voluntad eterna» de Dios?

↑ «Pues el uso de toda cosa es doble.—El uno es propio de la cosa misma, el otro no, como en una sandalia el servir de calzado y el ser cambiable. Ambos son valores de uso de la sandalia, pues también quien cambia la sandalia por lo que le falta, por ejemplo, el alimento, utiliza la sandalia como sandalia; pero no en su modo de uso natural, pues ella no está ahí á causa del cambio.» ( Aristóteles , De Rep ., 1. 1, cap. IX .)

↑ Júzguese, según eso, de la perspicacia del socialismo de la pequeña burguesía, que quiere eternizar la producción mercantil y suprimir al mismo tiempo el «contraste de mercancía y moneda», es decir, la moneda misma, pues ésta sólo existe en ese contraste. Eso es tan posible como suprimir el Papa y dejar subsistente el Catolicismo. Véase sobre este asunto mi obra Zur Kritik... etc ., pág. 61 y sig.

↑ Mientras no se cambian dos distintos objetos de uso, sino que, como lo vemos á menudo entre los salvajes, se ofrece una masa caótica de cosas como equivalentes de otra, el mismo cambio inmediato de productos está todavía en su nacimiento.

↑ Karl Marx , ob. cit., pág. 135. «Los metales..... naturalmente moneda.» ( Galiani , Della Moneta , en la colección de Custodi, parte moderna, t. III , pág. 72.)

↑ Para más detalles sobre este punto, véase en mi obra ya citada la sección Los metales preciosos .

↑ «El dinero es la mercancía universal.» ( Verri , ob. cit., pág. 16.)

↑ «También el oro y la plata, que en general podemos denominar bullion , son..... mercancías..... que suben y bajan de..... valor..... El bullion puede, pues, ser considerado de mayor valor donde con un peso menor pueda comprarse una cantidad mayor del producto ó manufactura del país, etc.» ( A Discourse of the General Notions of Money, Trade, and Exchange, as they stand in relations to each other. By a Merchant . Londres, 1695, pág. 7.) «La plata y el oro, acuñados ó no, aunque son usados como medida de todas las otras cosas, son tan mercancías como el vino, el aceite, el tabaco, el paño ó las telas.» ( A Discourse concerning Trade, and that in particular of the East-Indies , etc., Londres, 1689, pág. 2.) «El capital y la riqueza del reino no pueden propiamente limitarse á la moneda, ni el oro y la plata deben ser excluidos de las mercancías.» ( The East India Trade a most Profitable Trade , Londres, 1677, pág. 4.)

↑ «El oro y la plata tienen valor como metales antes de ser moneda.» ( Galiani , ob. cit.) Locke dice: «El acuerdo general de los hombres ha dado á la plata, á causa de sus cualidades, que la han hecho apropiada para moneda, un valor imaginario.» Law, por el contrario: «¿Cómo podrían diversas naciones dar un valor imaginario á una cosa cualquiera..... ó cómo podría haberse sostenido ese valor imaginario?» Pero cuán poco entendía él mismo de la cosa. «La plata se cambiaba según el valor de uso que tenía, es decir, según su valor real. Por su adopción como moneda, adquirió un valor adicional.» ( Jean Law , Considérations sur le numéraire et le commerce , en la edición de los Economistes financiers du XVIII siècle , de E. Daire, pág. 470.)

↑ «La moneda es su signo (de las mercancías).» ( V. de Forbonnais , Eléments du Commerce, nouv. édit ., Leyde, 1766, t. II , pág. 143.) «Como signo, es atraido por las mercancías.» (Ob. cit., pág. 155.) «El dinero es un signo de una cosa, y la representa.» ( Montesquieu , Esprit des Lois, OEuvres , Londres, 1767, t. II , pág. 2.) «El dinero no es un simple signo, porque es riqueza por sí mismo; él no representa los valores, equivale á ellos.» ( Le Trosne , ob. cit., pág. 910.) «Al considerar el concepto del valor, la cosa misma no es mirada sino como un signo, y ella no figura ya por sí misma, sino por lo que vale.» ( Hegel , ob. cit., pág. 100.) Mucho antes que los economistas, lanzaron los juristas la idea de que el oro es un simple signo, y también la del valor puramente imaginario de los metales preciosos, sirviendo de sicofantes del poder Real, cuyo derecho de falsificar la moneda apoyaron durante toda la Edad Media, siguiendo las tradiciones del Imperio romano y el concepto del dinero que se encuentra en las Pandectas. « Qu'aucun puisse ni doive faire doute », dice su aprovechado discípulo Felipe de Valois, en un decreto de 1346, « que á nous et á notre majesté royale n'appartienne seulement..... le mestier, le fait, l'état, la provision et toute l'ordonnance des monnaies, de donner tel cours, et pour tel prix comme il nous plait et bon nous semble .» Era un dogma del derecho romano que el emperador decretaba el valor de la moneda. También estaba expresamente prohibido tratar la moneda como mercancía. « Pecunias vero nulli emere fas erit, nam in usu publico constitutas oportet non esse mercem .» Buenos comentarios sobre este punto, por G. F. Pagnini , Saggio sopra il giusto pregio delle cose , 1751, en Custodi, parte moderna, t. II . Sobre todo en la segunda parte de la obra, Pagnini refuta á los señores juristas.

↑ «Si un hombre puede traer á Londres una onza de plata extraída del suelo del Perú en el mismo tiempo en que puede producir una cuartilla de grano, la una es el precio natural de la otra. Ahora, si por causa de hallar nuevas minas y más fáciles, un hombre puede procurarse dos onzas de plata tan fácilmente como antes una, el grano estará tan barato á 10 chelines la cuartilla como lo estaba antes á 5 chelines, cæteris paribus .» ( William Petty , A Treatise on Taxes and Contributions , Londres, 1667, pág. 31.)

↑ El señor profesor Roscher, después de enseñarnos que «las definiciones falsas de la moneda pueden dividirse en dos grupos principales, las que la tienen por más y las que la tienen por menos que una mercancía», nos da un abigarrado catálogo de escritos sobre la naturaleza de la moneda, que no revelan ni la más remota comprensión de la historia real de la teoría, y en seguida la moral: «No se puede negar, por lo demás, que la mayor parte de los nuevos economistas no tienen bastante en cuenta las particularidades que distinguen á la moneda de las otras mercancías (¿es, pues, más ó menos que mercancía?)..... En ese sentido, no carece completamente de fundamento la reacción semimercantilista de Ganilh, etc.» ( Wilhelm Roscher , Die Grundlagen der Nationalœconomie , tercera edición, 1858, páginas 207-210.) ¡Más—menos—no bastante—en ese sentido—no completamente! ¡Qué precisión de conceptos! ¡Y á semejante jerigonza de profesor ecléctico bautiza modestamente el Sr. Roscher de «método anátomofisiológico» de la Economía política! Se le debe, sin embargo, un descubrimiento, á saber: que el dinero es «una mercancía agradable».