El Capital · Capítulo real 4 de 6
Capítulo III
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 8 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Capítulo III
La moneda ó la circulación de las mercancías.
I.—Medida de los valores.
En toda esta obra, para simplificar, supongo que el oro es la mercancía-moneda.
La primera función del oro consiste en dar al conjunto de las mercancías la materia de expresión de su valor ó en representar los valores como cantidades del mismo nombre, cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables. Así funciona como medida general de los valores, y sólo en virtud de esta función el oro, mercancía equivalente específica, pasa á ser moneda.
No es la moneda lo que hace comensurables á las mercancías. Al contrario. Las mercancías pueden medir en común sus valores en la misma mercancía específica y transformar á ésta en la medida común de valor ó moneda, porque todas, como valores, son trabajo materializado y, por eso, comensurables por sí mismas. La moneda, como medida del valor, es la forma que necesariamente reviste la medida inmanente del valor de las mercancías, el tiempo de trabajo .
La expresión en oro del valor de una mercancía— x mercancía A = y mercancía-moneda—es su forma moneda ó su precio. Una ecuación aislada, como 1 tonelada de hierro = 2 onzas de oro, basta ahora para expresar el valor del hierro de una manera socialmente válida. La ecuación no necesita ya presentarse en línea con las ecuaciones de valor de las otras mercancías, porque la mercancía equivalente, el oro, tiene ya el carácter de moneda. La forma general del valor relativo de las mercancías vuelve á tomar ahora, por lo tanto, el aspecto de su primitiva forma simple. La expresión desarrollada del valor relativo, ó la serie interminable de expresiones del valor relativo, pasa á ser, por otra parte, la forma específica del valor relativo de la mercancía-moneda. Pero esta serie ya está socialmente constituída en los precios de las mercancías. Léanse en sentido inverso las cotizaciones de una nota de precios corrientes, y se tiene expresada en todas las mercancías posibles la magnitud del valor de la moneda. La moneda, pues, no tiene precio. Para participar de esta forma unitaria del valor relativo de las otras mercancías, tendría que referirse á sí misma como su propio equivalente.
Como la forma del valor en general, el precio ó la forma moneda de la mercancía es sólo una forma ideal ó representada, distinta de su forma corporal tangible y real. El valor del hierro, de la tela, del trigo, etc., aunque invisible, existe en esas cosas mismas; él es representado por su igualdad con el oro, por una relación con éste que, por decirlo así, no existe sino en la cabeza de las mercancías. El dueño de las mercancías tiene, pues, que prestarles su propia lengua ó pegarles rótulos que anuncien sus precios al mundo exterior .
Como la expresión del valor de las mercancías en oro es ideal, para esa operación se puede emplear también oro simplemente ideal ó representado. Todo dueño de mercancías sabe que está lejos de haber transformado sus mercancías en oro cuando da á su valor la forma de precio ó la forma oro imaginada, y que no necesita ni un grano de oro real para apreciar en oro un valor de millones en mercancías. En su función de medida del valor, la moneda sirve, pues, sólo como moneda ideal ó representada. Esta circunstancia ha motivado las más locas teorías . Aunque para la función de medir el valor la moneda sólo sirve idealmente, el precio depende por completo de la materia moneda real. El valor, es decir, la cantidad de trabajo humano contenida, por ejemplo, en una tonelada de hierro, se expresa en una cantidad ideal de la mercancía-moneda, que contiene otro tanto de trabajo. Según, pues, sirvan como medida del valor el oro, la plata ó el cobre, el valor de la tonelada de hierro recibe expresiones de precio completamente distintas ó es representado en cantidades muy distintas de oro, plata ó cobre.
Por lo tanto, cuando dos distintas mercancías, por ejemplo, el oro y la plata, sirven al mismo tiempo como medida del valor, todas las mercancías tienen dos expresiones de precio diferentes, precio oro y precio plata, que marchan tranquilamente juntas, en tanto que no varía la proporción del valor del oro y la plata, por ejemplo, 1: 15. Pero toda variación de esta relación de valor altera la relación entre los precios oro y los precios plata de las mercancías, y demuestra así de hecho que la duplicidad de la medida del valor contradice su función .
Las mercancías cuyo precio está determinado se presentan todas en esta forma: a mercancía A = x oro, b mercancía B = z oro, c mercancía C = y oro, etc., forma en que a, b, c representan masas determinadas de las mercancías A, B, C, y x, z, y masas determinadas de oro. Los valores de las mercancías se transforman así en quanta ideales de oro, de diferente magnitud, y, por lo tanto, á pesar de la abigarrada variedad de los cuerpos-mercancías, en magnitudes del mismo nombre, en cantidades de oro. Como tales cantidades distintas de oro, ellas se comparan y se miden entre sí, y así se desarrolla la necesidad técnica de referirlas á una cantidad fija de oro como á su unidad de medida, y esta misma unidad de medida se transforma en escala de medida, dividiéndose en partes alícuotas. Antes de pasar á ser moneda, el oro, la plata y el cobre poseen ya esa escala en sus medidas de peso; de manera que, por ejemplo, una libra sirve de unidad de medida, que por un lado se subdivide en onzas, etc., y por el otro se adiciona en quintales, etc. En toda circulación metálica, los nombres preexistentes de la escala de pesas son por eso también los nombres originarios de la escala monetaria ó escala de los precios.
Como medida de los valores y como escala de los precios, la moneda llena dos funciones completamente diversas. Es medida de los valores, como encarnación social del trabajo humano; medida de los precios, como un peso fijo de metal. Como medida de los valores, sirve para transformar los valores de las diversas mercancías en precios, en cantidades ideales de oro; como medida de los precios, mide estas cantidades. En la medida de los valores, las mercancías se miden como valores; la escala de los precios mide, al contrario, cantidades de oro según un quantum de oro, y no el valor de un quantum de oro en el peso de otro. Para la escala de los precios hay que fijar un peso determinado de oro como unidad de medida. Aquí, como en todas las otras determinaciones de medida de magnitudes del mismo nombre, es decisiva la fijeza de las relaciones de medida. La escala de los precios llena, pues, sus funciones tanto mejor, cuanto más invariable es la cantidad de oro que sirve de medida. Como medida de los valores, el oro no sirve sino porque él mismo es producto del trabajo, es decir, un valor que puede variar .
Desde luego es claro que un cambio en el valor del oro no dificulta en lo más mínimo su función como escala de los precios. Aun cuando varíe el valor del oro, cantidades distintas de oro conservarán siempre entre sí la misma relación de valor. Si el valor del oro bajara 1.000 por 100, 12 onzas de oro tendrían siempre 12 veces más valor que una onza, y en los precios sólo se trata de la relación de distintas cantidades de oro entre sí. Como, por otra parte, una onza de oro no varía absolutamente en peso con la baja ó con el alza de su valor, no varía tampoco el de sus partes alícuotas; de modo que el oro, como escala fija de los precios, presta siempre el mismo servicio, aun cuando varíe su valor.
La variación del valor del oro no impide tampoco su función como medida del valor. Esa variación toca á todas las mercancías al mismo tiempo; deja, pues, cæteris paribus , sin modificar sus valores relativos recíprocos, aunque todos ellos se expresen ahora en precios oro más altos ó más bajos que antes.
Lo mismo que al representar el valor de una mercancía en el valor de uso de cualquiera otra, al apreciar las mercancías en oro se supone también que en el momento dado la producción de una cantidad determinada de oro cuesta una cantidad determinada de trabajo. Respecto del movimiento de los precios de las mercancías en general, es regulado por las leyes de la expresión simple relativa del valor, que ya hemos desarrollado.
Un alza general de los precios de las mercancías implica un alza de los valores de las mercancías, si el valor de la moneda no varía, y la inmovilidad de los valores de las mercancías, si el valor de la moneda baja. Inversamente, una baja general de los precios, si el valor de la moneda no varía, sólo es posible cuando bajan los valores de las mercancías; si los valores de las mercancías no varían, cuando sube el valor de la moneda. De donde no se deduce absolutamente que el alza del valor de la moneda traiga una baja proporcional de los precios de las mercancías, ni una baja del valor de la moneda una elevación proporcional de los precios de las mercancías. Esto sólo es cierto para las mercancías cuyo valor no varía. Las mercancías, por ejemplo, cuyo valor sube uniforme y simultáneamente con el valor de la moneda, conservan los mismos precios. Si su valor sube más despacio ó más de prisa que el valor de la moneda, la baja ó el alza de sus precios será determinada por la diferencia entre su movimiento de valor y el de la moneda, etc.
Volvamos ahora al examen de la forma precio.
Los nombres de las piezas de moneda se separan poco á poco de sus primitivos nombres de pesos, por diferentes causas, entre las cuales son históricamente decisivas: 1.ª La introducción de moneda extranjera en los pueblos menos desarrollados, como circularon, por ejemplo, al principio, en la Roma antigua, las monedas de plata y oro como mercancías extranjeras. Los nombres de ese dinero extranjero difieren de los nombres de las pesas indígenas.—2.ª Con el desarrollo de la riqueza, el metal menos precioso es desalojado por el más precioso de la función de medida de los valores, el cobre por la plata, la plata por el oro, por más que este orden contradiga á toda cronología poética . El nombre de libra, por ejemplo, se debe á una pieza de moneda que pesaba realmente una libra de plata. Desde que el oro desaloja á la plata como medida del valor, el mismo nombre se adhiere quizá á 1 / 13 de libra de oro ú otra fracción de ésta, según la proporción de valor del oro y la plata. Libra como nombre de moneda, y libra como peso ordinario de oro, son ahora diferentes .—Y 3.ª La falsificación de moneda por los príncipes durante siglos, que del peso primitivo de las piezas de moneda no dejó, en realidad, más que el nombre .
Esos procesos históricos dan á la separación del nombre monetario y del nombre ordinario de los pesos de metal el carácter de una costumbre. Como la escala monetaria es, por una parte, puramente convencional y necesita, por la otra, tener validez general, es finalmente regulada por la ley. Un peso determinado de metal precioso, por ejemplo, una onza de oro, es dividido oficialmente en partes alícuotas, que reciben nombres de bautismo legales, como libra, escudo, etc. Una de estas partes alícuotas, que figura como unidad propiamente dicha de la moneda, es subdividida en otras partes alícuotas que la ley bautiza de chelín, penique, etc . Siempre pesos determinados de metal forman la escala de la moneda metálica. Lo que ha variado es la división y la nomenclatura.
Los precios ó las cantidades de oro en que los valores de las mercancías se transforman idealmente, son expresados, pues, ahora en los nombres legalmente válidos de la escala monetaria. En lugar, pues, de decir que la cuartera de trigo es igual á una onza de oro, en Inglaterra se diría que es igual á 3 libras esterlinas 17 chelines 10 1 / 2 peniques. Las mercancías dicen, pues, lo que valen por medio de sus nombres en dinero, y éste sirve para contar siempre que se trata de fijar una cosa como valor, es decir, en forma moneda .
El nombre de una cosa es completamente ajeno á su naturaleza. Yo no sé nada de un hombre sabiendo solamente que se llama Jacobo. De la misma manera, en los nombres monetarios de libra, escudo, franco, ducado, etc., desaparece todo vestigio de la relación de valor. La confusión sobre el sentido oculto de estos signos cabalísticos es tanto más grande, cuanto que los nombres monetarios expresan al mismo tiempo el valor de las mercancías y las partes alícuotas de un peso de metal de la escala monetaria . Es necesario, por otra parte, que el valor, distinguiéndose de los variados cuerpos de las mercancías, se desarrolle hasta revestir esa forma material y sin significado, pero también simple y social .
El precio es el nombre monetario del trabajo materializado en la mercancía. La equivalencia de la mercancía y de la cantidad de moneda cuyo nombre es su precio, es, pues, una tautología ; como que, en general, la expresión del valor relativo de una mercancía es siempre la expresión de la equivalencia de dos mercancías. Pero de que el precio, como exponente de la magnitud del valor de la mercancía, es el exponente de su relación de cambio con la moneda, no se sigue que, inversamente, el exponente de su relación de cambio con la moneda sea necesariamente el exponente de su magnitud de valor. En 1 fanega de trigo y en 2 libras esterlinas (poco más ó menos ½ onza de oro) se expone un trabajo socialmente necesario de la misma magnitud. Las dos libras esterlinas son la expresión monetaria de la magnitud del valor de la fanega de trigo, ó su precio. Ahora bien; si las circunstancias permiten estimar la fanega de trigo en 3 libras esterlinas, ú obligan á bajarla á 1 libra, como expresiones de la magnitud del valor del trigo, 1 libra esterlina y 3 libras esterlinas son demasiado poco ó un exceso, pero son, sin embargo, precios del mismo; pues, en primer lugar, ellas son su forma de valor, moneda, y, en segundo lugar, exponentes de su relación de cambio con la moneda. Para reproducir la fanega de trigo, si las condiciones de la producción ó la fuerza productiva del trabajo permanecen las mismas, hay que gastar antes como después la misma cantidad de tiempo social de trabajo. Esta circunstancia no depende de la voluntad del productor del trigo ni de los otros poseedores de mercancías. La magnitud del valor de la mercancía expresa, pues, una relación necesaria é inmanente de su proceso de formación con el tiempo de trabajo social. Con la transformación de la magnitud del valor en precio, esa relación necesaria aparece como relación de cambio de una mercancía con la mercancía-moneda existente fuera de ella. Pero en esta relación puede expresarse tanto la magnitud del valor de la mercancía como el más ó el menos por qué en circunstancias dadas es enajenable. La posibilidad de incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, ó la divergencia entre el precio y la magnitud del valor, está, pues, en la misma forma precio. Esto no es un defecto de ella, sino que, al contrario, la hace adecuada á un modo de producción en que la regla no puede cumplirse sino como ciega ley del término medio de la irregularidad.
Pero en la forma precio, no sólo puede haber incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, es decir, entre la magnitud del valor y su propia expresión monetaria, sino que ella puede encerrar una contradicción cualitativa y el precio no ser absolutamente una expresión de valor, aunque la moneda no es sino la forma del valor de las mercancías. Cosas que por sí mismas no son absolutamente mercancías, por ejemplo, conciencia, honra, etc., pueden ser puestas en venta por sus poseedores y adquirir, por medio de su precio, la forma de mercancía. Una cosa puede, pues, tener formalmente un precio sin tener un valor. Aquí la expresión de precio es imaginaria, como ciertas magnitudes de las Matemáticas. Por otra parte, la forma imaginaria de precio, por ejemplo, el precio del suelo no cultivado, que no tiene valor alguno porque ningún trabajo humano está incorporado á él, puede también ocultar una relación real de valor ó derivada de ella.
Como la forma relativa del valor en general, el precio expresa el valor de una mercancía, por ejemplo, el de una tonelada de hierro, en que una cantidad determinada del equivalente, por ejemplo, una onza de oro, es inmediatamente cambiable con el hierro; pero de ninguna manera en que, inversamente, el hierro sea inmediatamente cambiable con el oro. Para ejercer, pues, prácticamente la acción de un valor de cambio, la mercancía tiene que despojarse de su cuerpo natural, y de oro simplemente ideal transformarse en oro real, aunque esta transubstanciación pueda serle más desagradable que á la «idea» de Hegel el paso de la necesidad á la libertad, ó al cangrejo la ruptura de su cáscara, ó al Padre de la Iglesia Jerónimo desprenderse del viejo Adán . La mercancía puede tener en el precio una apariencia ideal de valor ó una forma ideal de oro, junto con su forma natural de hierro, por ejemplo; pero no puede ser al mismo tiempo hierro y oro en realidad. Para darle un precio, basta igualarla á oro representado; pero hay que reemplazarla con oro para que preste á su poseedor el servicio de equivalente general. Si el poseedor del hierro se presentara, por ejemplo, al poseedor de un artículo de consumo vulgar, y le propusiera adquirir su hierro, cuyo precio tiene la forma de oro, recibiría la misma respuesta que en el cielo recibió el Dante de San Pedro, al terminar de recitarle las fórmulas de la fe:
Assai bene è trascorsa D'esta moneta già la lega e'l peso , Ma dimmi se tu l'hai nella tua borsa .
La forma precio implica la enajenabilidad de las mercancías por moneda, y la necesidad de esta enajenación. Por otra parte, el oro no funciona como medida ideal del valor sino porque ya en el proceso del cambio circula como mercancía-moneda. En la medida ideal de los valores está, pues, en acecho la moneda sonante.
II.—Medio de circulación.
A.— La metamorfosis de las mercancías .
Hemos visto que el proceso del cambio de las mercancías comprende relaciones contradictorias que se excluyen recíprocamente. El desarrollo de la mercancía no suprime esas contradicciones, pero crea la forma en que ellas pueden moverse. Este es, en general, el método por el cual se solucionan las contradicciones reales. Es, por ejemplo, una contradicción que un cuerpo caiga constantemente sobre otro y con la misma constancia se aleje de él. La elipse es una de las formas de movimiento en que esa contradicción se realiza y se resuelve á la vez.
En tanto que el proceso del cambio pasa las mercancías de la mano en que no son valores de uso á la mano en que lo son, es él la circulación social de la materia. El producto de un trabajo útil reemplaza al de otro. Una vez llegada al punto en que sirve de valor de uso, la mercancía cae de la esfera del cambio á la esfera del consumo. Sólo la esfera del cambio nos interesa aquí. Tenemos, pues, que examinar el conjunto del proceso desde el punto de vista de la forma, es decir, sólo el cambio de forma ó la metamorfosis de la mercancía por cuyo medio se verifica la circulación social de las materias.
Que este cambio de forma sea muy imperfectamente comprendido, se debe, prescindiendo de la falta de claridad sobre el concepto mismo del valor, á la circunstancia de que todo cambio de forma de una mercancía se pasa en el cambio de dos mercancías, una mercancía común y la mercancía-moneda. Si uno se atiene sólo al elemento material, el cambio de mercancía por oro, no se entera precisamente de lo que debe ver, á saber: lo que se pasa con la forma. No advierte que el oro como simple mercancía no es moneda, y que las otras mercancías se refieren ellas mismas en sus precios al oro como á su propia figura de moneda.
Sin dorarlas ni azucararlas, las mercancías entran en el proceso del cambio. Éste produce el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y moneda, contraste externo en que ellas exponen su contraste inmanente de valor de uso y valor. En ese contraste, las mercancías se presentan ante la moneda como valores de uso ante el valor de cambio. Ambos lados del contraste son, por otra parte, mercancías y, por lo tanto, combinaciones de valor de uso y valor. Pero esta combinación se manifiesta en ambos polos en sentido contrario, y manifiesta al propio tiempo así la relación recíproca de éstos. La mercancía es valor de uso real, mientras que su valor de cambio sólo aparece idealmente en el precio, que la refiere al oro como á la figura real de su valor. El oro, por el contrario, sólo figura como materialización del valor, como moneda, y por eso es realmente valor de cambio. Pero su valor de uso no aparece sino idealmente en la serie de las expresiones relativas del valor, en que él se refiere á las otras mercancías como al círculo de sus formas de uso reales. Estas formas opuestas de las mercancías son las formas reales del movimiento del proceso de su cambio.
Acompañemos ahora á un poseedor cualquiera de mercancías, por ejemplo, á nuestro antiguo conocido el tejedor de tela, á la escena del cambio, al mercado. Su mercancía, 20 metros de tela, ya tiene un precio determinado, el de 2 libras esterlinas. Él la cambia por 2 libras esterlinas, y, como hombre de tradición y de creencias, cambia de nuevo las 2 libras esterlinas por una biblia del mismo precio. La tela, que para él no es más que mercancía, portavalor, es enajenada por oro, y esta figura de su valor vuelta á enajenar por otra mercancía, la biblia, que, como objeto de uso, pasa á la casa del tejedor para llenar allí edificantes funciones.
El proceso del cambio de la mercancía se pasa, pues, en dos metamorfosis opuestas y recíprocamente complementarias: transformación de la mercancía en moneda y retransformación de la moneda en mercancía . Los momentos de la metamorfosis de la mercancía son los del comercio de su poseedor: venta, cambio de la mercancía por dinero; compra, cambio del dinero por mercancía, y unión de ambos actos: vender para comprar.
Si el tejedor considera ahora el resultado final del comercio, ve que posee una biblia en lugar de la tela; en lugar de su mercancía primitiva, otra del mismo valor, pero de diferente utilidad. De una manera idéntica se apropia él los otros medios de vida y de producción. Desde su punto de vista, la operación entera tiene por objeto el cambio del producto de su trabajo por el producto del trabajo de otros, el cambio de productos.
El proceso del cambio de la mercancía se realiza, pues, en el cambio de forma siguiente:
Mercancía — Dinero — Mercancía
M — D — M
En su contenido material, es el movimiento M—M, cambio de mercancía por mercancía, circulación del trabajo social, en cuyo resultado termina el proceso.
M — D. Primera metamorfosis de la mercancía, ó venta. El paso del valor de la mercancía del cuerpo de ésta al del oro es, como lo he designado en otra parte, el salto mortal de la mercancía. Si fracasa, á la mercancía no le pasará nada, pero sí á su poseedor. La división social del trabajo hace que su trabajo sea tan unilateral como múltiples sus necesidades. Por eso justamente su producto sólo le sirve como valor de cambio. Pero éste no adquiere la forma de equivalente general, socialmente válido, sino en la moneda, y la moneda está en el bolsillo de otros. Para sacarla de ahí, la mercancía tiene ante todo que ser valor de uso para el poseedor del dinero, y el trabajo gastado en ella, gastado en una forma socialmente útil ó legitimado como rama de la división social del trabajo. Pero la división del trabajo es un organismo natural de producción, cuyos hilos han sido tejidos y se tejen todavía sin saberlo los productores. La mercancía es tal vez producto de un nuevo modo de trabajo, que pretende satisfacer una necesidad nueva ó crearla. Una función que ayer aún, junto con otras muchas, correspondía á un mismo productor, rompe tal vez hoy esa conexión y se independiza como trabajo especial, y envía, precisamente por eso, su producto parcial al mercado como mercancía independiente. Las circunstancias pueden estar ó no maduras para esa separación. El producto satisface hoy una necesidad social; mañana será quizá desalojado por otro producto análogo. Aunque un trabajo, como el de nuestro tejedor, sea rama privilegiada de la división social del trabajo, no está absolutamente garantizado con eso el valor de uso de todos sus 20 metros de tela. Si la necesidad social de tela, que tiene su medida, como toda otra cosa, está ya satisfecha por tejedores rivales, el producto de nuestro amigo está en exceso, es superfluo y, por lo tanto, inútil. Pero supongamos que el valor de uso de su producto se confirme, y que la mercancía atraiga á la moneda. La cuestión es ahora: ¿cuánta? El precio de la mercancía, exponente de la magnitud de su valor, anticipa la respuesta. Prescindimos de las faltas de cálculo, puramente subjetivas, del poseedor de la mercancía, que en el mercado son inmediatamente corregidas. Debe de haber gastado en su producto sólo el término medio de tiempo de trabajo socialmente necesario. El precio de la mercancía no es, pues, más que el nombre en moneda de la cantidad de trabajo social en ella materializada. Pero sin permiso ni conocimiento de nuestro tejedor, las condiciones de producción del tejido se han trastornado. Lo que ayer era indudablemente tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un metro de tela, deja hoy de serlo, como presurosamente lo demuestra el poseedor del dinero con las tarifas de precios de diversos rivales de nuestro amigo. Por su desgracia, hay muchos tejedores en el mundo. Supongamos, por fin, que todo pe dazo de tela que se encuentre en el mercado no contenga sino el tiempo de trabajo socialmente necesario. El conjunto de esos pedazos puede, sin embargo, contener tiempo de trabajo superfluamente gastado. Si el mercado no consigue absorber la totalidad de la tela al precio normal de 2 chelines por metro, esto prueba que se ha gastado en la forma de tejido una parte demasiado grande del total del tiempo de trabajo social. El efecto es el mismo que si cada tejedor particular hubiera gastado en su producto individual más que el tiempo de trabajo socialmente necesario. Es el caso de decir: agarrados juntos, colgados juntos. Toda la tela que hay en el mercado no forma sino un artículo, del cual cada pieza es una parte alícuota. Y en realidad, el valor de cada metro de ella no es más que la materialización de la misma cantidad socialmente determinada de trabajo humano igual.
Como se ve, la mercancía ama al dinero; pero « the course of true love never does run smooth ». La ramificación cuantitativa del organismo social de la producción, que muestra sus membra disjecta en el sistema de la división del trabajo, es tan espontánea y natural como la cualitativa. Nuestros poseedores de mercancías descubren, pues, que la misma división del trabajo que los hace productores independientes, independiza de ellos al proceso social de la producción y á sus relaciones en este proceso, y que la independencia de las personas entre sí se complementa con un sistema de dependencia general de las cosas.
La división del trabajo transforma en mercancía el producto del trabajo y hace así necesaria su transformación en dinero. Á ella también se debe que el éxito de esta transubstanciación sea eventual. Pero aquí tenemos que considerar el fenómeno en su pureza, y suponer, por lo tanto, su marcha normal. Por lo demás, si simplemente se realiza, si la mercancía no es invendible, su cambio de forma verifícase siempre, aunque en él pierda ó se agregue substancia—magnitud del valor—de una manera anormal.
Un poseedor de mercancía reemplaza su mercancía con oro; el otro, su oro con mercancía. El fenómeno perceptible para los sentidos es el cambio de manos ó de lugar de la mercancía y el oro, de 20 metros de tela y 2 libras esterlinas, es decir, su cambio. Pero ¿con qué se cambia la mercancía? Con su propia figura general de valor. ¿Y el oro? Con una forma particular de su valor de uso. ¿Por qué el oro se presenta como moneda á la tela? Porque el precio de ésta, 2 libras esterlinas, la refiere ya al oro como moneda. La mercancía muda su forma primitiva al enajenarse, es decir, en el momento en que su valor de uso atrae realmente al oro, que en su precio no está sino representado. La realización del precio ó de la forma puramente ideal del valor de la mercancía es, pues, al propio tiempo la realización inversa del valor de uso puramente ideal del dinero: la transformación de la mercancía en dinero es al propio tiempo transformación del dinero en mercancía. El proceso único es bilateral: del lado del poseedor de la mercancía, venta; del lado del poseedor del dinero, compra. Ó venta es compra: M — D al propio tiempo D — M .
Hasta ahora no conocemos más relación económica entre los hombres que la de poseedores de mercancías, relación en que ellos no se apropian el producto del trabajo de otro sino enajenando el suyo propio. Un poseedor de mercancías no puede, pues, presentarse ante otro como poseedor de dinero, sino porque el producto de su trabajo posee por naturaleza la forma moneda, es decir, es material monetario, oro, etc., ó porque su propia mercancía ya ha mudado de piel y se ha despojado de su primitiva forma de valor de uso. Para funcionar como moneda, el oro tiene naturalmente que entrar en el mercado por algún punto. Este punto está en su fuente de producción, donde se cambia como producto inmediato del trabajo con otro producto del trabajo del mismo valor. Pero á partir de ese instante, él representa constantemente precios realizados de mercancías . Excepto en el trueque del oro por mercancías en su fuente de producción, el oro es en manos de todo poseedor de mercancías la figura de su mercancía enajenada, el producto de la venta ó de la primera metamorfosis de la mercancía, M—D . El oro ha llegado á ser medida del valor ó moneda ideal porque todas las mercancías medían en él sus valores y hacían así de él la figura ideal de su valor, opuesta á su figura de uso. Pasa á ser moneda real porque las mercancías todas, al enajenarse, hacen de él su figura de uso realmente transformada y, así, su figura real de valor. En su figura de valor, la mercancía se despoja de todo vestigio de su valor de uso originario y del trabajo útil especial que la ha creado, para reducirse á la materialización uniforme y social de trabajo humano indistinto. Por eso no se ve en la moneda de qué especie es la mercancía transformada en ella. En su forma moneda, la una tiene el mismo aspecto que la otra. La moneda, por lo tanto, puede ser lodo, aunque el lodo no es moneda. Supongamos que las dos piezas de oro por las cuales nuestro tejedor ha enajenado su mercancía son la figura transformada de una fanega de trigo. La venta de la tela, M — D, es al propio tiempo su compra, D — M. Pero bajo su faz de venta de la tela, este proceso principia un movimiento que termina con su contrario, la compra de la biblia; bajo su faz de compra de la tela, termina un movimiento que principió con su contrario, la venta del trigo. M — D (tela — dinero), primera fase de M — D — M (tela — dinero — biblia), es al propio tiempo D — M (dinero — tela), última faz de otro movimiento, M — D — M (trigo — dinero — tela). La primera metamorfosis de una mercancía, su paso de la forma mercancía á la forma moneda, es siempre al propio tiempo la segunda y opuesta metamorfosis de otra mercancía, su vuelta de la forma moneda á mercancía .
D — M. Metamorfosis segunda ó final de la mercancía: compra. La moneda es la mercancía absolutamente enajenable porque es el producto de la enajenación de todas las mercancías. Ella lee todos los precios al revés, y se mira así en los cuerpos de todas las mercancías como en la materia en que pasa á ser mercancía ella misma. Al propio tiempo, los precios, amorosas miradas que le lanzan las mercancías, indican el límite de su capacidad de conversión, á saber: su propia cantidad. Puesto que la mercancía desaparece al hacerse dinero, no se ve en éste cómo ha llegado á manos de su poseedor ni qué cosa se ha transformado en él. Non olet , cualquiera que sea su origen. Si por un lado representa mercancías vendidas, representa del otro mercancías comprables .
D — M, la compra, es al propio tiempo venta, M — D; y así la última metamorfosis de una mercancía es al propio tiempo la primera de otra mercancía. Para nuestro tejedor, la carrera de su mercancía se cierra con la biblia, en la cual él ha convertido las 2 libras esterlinas. Pero el vendedor de biblias permuta por aguardiente las 2 libras esterlinas desprendidas del tejedor. D — M, fase terminal de M — D — M, (tela — dinero — biblia), es al propio tiempo M — D, primera fase de M — D — M (biblia — dinero — aguardiente). Como el productor sólo provee de un artículo especial, lo vende á menudo en grandes masas, mientras que sus múltiples necesidades le obligan constantemente á dividir en numerosas compras el precio realizado ó la suma de dinero disponible. Una venta es, pues, el punto de partida de muchas compras de mercancías diversas. La metamorfosis final de una mercancía constituye así una suma de primeras metamorfosis de otras mercancías.
Si consideramos ahora la metamorfosis de conjunto de una mercancía, por ejemplo, de la tela, vemos desde luego que consta de dos movimientos opuestos y complementarios entre sí, M — D y D ― M. Estas dos transformaciones opuestas de la mercancía se pasan en dos distintos actos sociales de su poseedor y se reflejan en dos caracteres económicos opuestos del mismo. Como agente de la venta, es él vendedor; como agente de la compra, comprador. Pero así como en toda transformación de la mercancía, sus dos formas, forma mercancía y forma moneda, existen simultáneamente, bien que en polos opuestos, frente al poseedor de mercancías como vendedor está otro como comprador, y frente al comprador, otro como vendedor. Así como la misma mercancía pasa sucesivamente por las dos transformaciones contrarias, de mercancía pasa á moneda y de moneda á mercancía, así alterna el mismo poseedor de mercancías los papeles de vendedor y comprador. Estos no son, pues, absolutamente caracteres fijos, sino que constantemente cambian de persona.
La metamorfosis completa de una mercancía supone en su forma más simple cuatro términos y tres personæ dramatis . Primero se presenta ante la mercancía la moneda como figura de su valor, que está en el bolsillo ajeno dura y sonante como es en realidad, y así ante el poseedor de mercancías se presenta el poseedor de moneda. Pero tan pronto como la mercancía se ha transformado en moneda, esta última pasa á ser su pasajera forma de equivalente, cuyo valor de uso ó contenido existe en otros cuerpos-mercancías. Como punto final de la primera transformación de la mercancía, la moneda es punto de partida de la segunda. Y así el vendedor del primer acto pasa á ser comprador en el segundo, en que un tercer poseedor de mercancías se le presenta como vendedor .
Las dos fases inversas del movimiento metamórfico de la mercancía constituyen un círculo: forma mercancía, muda de esta forma, vuelta á ella. Por supuesto, que la mercancía misma está aquí contrariamente determinada. Para su poseedor no es valor de uso en el punto de partida; sí lo es en el punto final. Así aparece primero la moneda como el sólido cristal de valor en que se transforma la mercancía, para desvanecerse después como su simple forma de equivalente.
Las dos metamorfosis que constituyen el movimiento circular de una mercancía, constituyen al propio tiempo las metamorfosis parciales inversas de otras dos mercancías. La misma mercancía (tela) abre la serie de sus propias metamorfosis y cierra la metamorfosis total de otra mercancía (del trigo). Durante su primer cambio, la venta, desempeña por sí misma esos dos papeles. Por el contrario, como crisálida monetaria, forma en que muere, termina al propio tiempo la primera metamorfosis de una tercera mercancía. El círculo descrito por la serie de metamorfosis de cada mercancía se entrelaza de modo inextricable con los círculos de otras mercancías. Del proceso total resulta la circulación de las mercancías.
La circulación de las mercancías se distingue, no sólo en la forma, sino en la esencia, del trueque inmediato de los productos. Veamos, si no, lo que ha pasado. El tejedor ha cambiado sin reserva la tela por la biblia, su propia mercancía por la de otro. Pero este fenómeno no es verdadero sino para él. El vendedor de la biblia, que prefiere el calor al frío, no ha pensado en cambiarla por tela, como el tejedor no sabe que su tela ha sido cambiada por trigo, etc. La mercancía de B reemplaza á la mercancía de A; pero A y B no cambian recíprocamente sus mercancías. Puede suceder, en realidad, que A y B compren recíprocamente el uno del otro; pero esa relación especial no es absolutamente impuesta por las relaciones generales de la circulación de las mercancías. En ésta se ve, por una parte, cómo el cambio de las mercancías rompe los límites individuales y locales del trueque inmediato de productos y desarrolla la asimilación y desasimilación del trabajo humano. Por otra parte, se desarrolla todo un círculo de conexiones sociales naturales, independientes de las personas que hacen el comercio. El tejedor no puede vender tela sino porque el campesino ya ha vendido trigo, ni el agente la biblia sin que el tejedor haya vendido tela, ni el destilador aguardiente sino porque el otro ha vendido ya el agua de la vida eterna, etc.
El proceso de la circulación no se detiene, pues, como el trueque inmediato de productos, con el cambio de lugar ó de manos de los valores de uso. El dinero no desaparece, aunque al fin salga de la serie de metamorfosis de una mercancía. Él se precipita siempre sobre un punto de la circulación evacuado por las mercancías. Por ejemplo: en la metamorfosis total de la tela, tela — dinero — biblia, sale primero la tela de la circulación, y en su lugar entra moneda; sale después la biblia de la circulación, y en su lugar entra moneda. El reemplazo de mercancía por mercancía pone la mercancía-moneda en manos de un tercero . La circulación suda constantemente dinero.
Nada más necio que el dogma según el cual la circulación de las mercancías implica necesariamente un equilibrio entre las ventas y las compras, porque toda venta es compra, y viceversa. Si quiere decir que el número de las ventas realmente realizadas es igual al de las compras, es una mezquina tautología. Pero con eso se pretende probar que el vendedor conduce al mercado á su propio comprador. Venta y compra son un acto idéntico como relación recíproca entre dos personas poláricamente opuestas: el poseedor de la mercancía y el poseedor de la moneda. Son dos actos poláricamente opuestos como acciones de la misma persona. La identidad de venta y compra implica, pues, que la mercancía se vuelve inútil cuando, arrojada en la retorta alquimista de la circulación, no sale de ella como moneda, no es vendida por su poseedor, es decir, comprada por el poseedor de moneda. Esa identidad implica, además, que el proceso, si sale bien, constituye un punto de reposo, un período de la vida de la mercancía, que puede durar más ó menos tiempo. Como la primera metamorfosis de la mercancía es al propio tiempo venta y compra, ese proceso parcial es al propio tiempo proceso independiente. El comprador tiene la mercancía; el vendedor, la moneda, es decir, una mercancía de forma apta para la circulación, cualquiera que sea el momento de su reaparición en el mercado. Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita inmediatamente comprar porque ha vendido. La circulación rompe las barreras individuales, locales y de tiempo que limitan el cambio de productos, suprimiendo precisamente la identidad inmediata del cambio del producto del trabajo propio y la adquisición del producto del trabajo extraño, dividiéndola en el contraste de venta y compra. Que ambos procesos independientes forman una unión interna, significa tanto como que su unidad interna se mueve en contrastes externos. Llegada á cierto punto la independización externa de los procesos internamente dependientes, como que se complementan entre sí, la unión se impone violentamente por una crisis. El contraste inmanente en la mercancía, de valor de uso y valor, de trabajo privado que tiene que exponerse al propio tiempo como trabajo inmediatamente social, de trabajo concreto especial, que al propio tiempo no vale sino como trabajo abstracto general; esta inmanente contradicción adquiere sus formas desarrolladas de movimiento en los contrastes de la metamorfosis de la mercancía. Estas formas encierran, pues, la posibilidad, pero sólo la posibilidad, de las crisis. El paso de esa posibilidad á la realidad exige todo un conjunto de circunstancias que desde el punto de vista de la circulación simple de mercancías no existen aún .
Como mediador de la circulación de las mercancías, adquiere el dinero la función de medio de circulación.
B.— Curso de la moneda .
El cambio de forma en que se realiza la circulación de los productos del trabajo, M — D — M, hace que el mismo valor constituya como mercancía el punto de partida del proceso, y como mercancía vuelva á él. Este movimiento de las mercancías es, pues, circular. La misma forma excluye, por otra parte, la circulación de la moneda. Su resultado es el constante alejamiento del dinero respecto de su punto de partida, en lugar de acercarse á él. Mientras el vendedor conserva el dinero, figura transformada de su mercancía, ésta se encuentra en el estadio de la primera metamorfosis, ó no ha recorrido sino la primera mitad de su círculo. Una vez completo el proceso, vender para comprar, la moneda se aleja otra vez de manos de su primitivo poseedor. Es cierto que cuando el tejedor, después de haber comprado la biblia, vuelve á vender tela, vuelve también el dinero á sus manos. Pero no vuelve por la circulación de los primeros 20 metros de tela, en virtud de la cual pasó, por el contrario, de manos del tejedor á las del vendedor de biblias. No vuelve sino por la renovación ó repetición del mismo proceso de circulación de nueva mercancía, y termina aquí como allí con el mismo resultado. La forma de movimiento inmediatamente comunicada al dinero por la circulación de las mercancías es, pues, su constante alejamiento del punto de partida, su paso de las manos de un poseedor de mercancías á las de otro, ó su curso ( currency , cours de la monnaie ).
El curso de la moneda presenta una repetición constante y unísona del mismo proceso. La mercancía está siempre del lado del vendedor; la moneda, siempre del lado del comprador, como medio de compra. Funciona como medio de compra realizando el precio de la mercancía. Al realizarlo, la moneda pasa la mercancía de las manos del vendedor á las del comprador, transportándose al propio tiempo ella misma de las manos del comprador á las del vendedor, para repetir con otra mercancía el mismo proceso. No se ve á primera vista que esta forma unilateral del movimiento de la moneda proviene de la forma bilateral del movimiento de la mercancía. La misma natu raleza de la circulación de mercancías engendra la apariencia opuesta. La primera metamorfosis de la mercancía es visible, no sólo como movimiento de la moneda, sino como movimiento suyo propio; pero su segunda metamorfosis sólo es visible como movimiento de la moneda. En la primera mitad de su circulación, la mercancía cambia de sitio con la moneda y, así, al propio tiempo sale de la circulación y cae en el consumo . Su figura de valor ó larva metálica ocupa su puesto. Bajo esta piel de oro es como ella hace la segunda mitad de su circulación, y no bajo su propia cubierta natural. La continuidad del movimiento corresponde toda á la moneda, y el mismo movimiento que para la mercancía comprende dos procesos opuestos, como movimiento propio de la moneda comprende siempre el mismo proceso, su cambio de lugar con mercancías siempre distintas. El resultado de la circulación de las mercancías, el reemplazo de una mercancía por otra, no parece, pues, producido por el cambio de forma de ellas, sino por el funcionamiento de la moneda como medio de circulación, que hace circular las mercancías, inmóviles por sí mismas, pasándolas de las manos en que no son valores de uso á aquellas en que lo son, y siempre en una dirección opuesta á su propio curso. La moneda aleja constantemente á las mercancías de la esfera de la circulación, entrando constantemente en circulación en lugar de ellas, y alejándose así de su propio punto de partida. Por lo tanto, aunque el movimiento de la moneda no sea sino la expresión de la circulación de las mercancías, ésta aparece, por el contrario, como resultado del movimiento de la moneda .
Por otra parte, la función de medio de circulación toca sólo á la moneda, porque ella es el valor independizado de las mercancías. Su movimiento, como medio de circulación, no es, pues, en realidad, sino su propio movimiento de forma. Éste tiene, pues, también que reflejarse para los sentidos en el curso de la moneda. Así la tela, por ejemplo, pasa primero de su forma mercancía á su forma moneda. El último extremo de su primera metamorfosis, M — D, la forma moneda, pasa después á ser primer extremo de su última metamorfosis D — M, su nueva transformación en la biblia. Pero cada uno de estos dos cambios de forma se realiza por un cambio de mercancía y moneda, por su recíproca mutación de lugar. Las mismas piezas de moneda llegan á manos del vendedor como figura enajenada de la mercancía, y salen de ellas como figura absolutamente enajenable de la mercancía. Cambian dos veces de lugar. La primera metamorfosis de la tela lleva esas piezas de moneda al bolsillo del tejedor; la segunda las saca de él. Los dos opuestos cambios de forma de la misma mercancía se reflejan, pues, en dos sucesivos cambios de lugar de la moneda en sentido contrario.
Si, por el contrario, las metamorfosis de las mercancías sólo se verifican en un sentido, simples ventas ó simples compras, según se quiera, la moneda cambia también de lugar sólo una vez. Su segundo cambio de lugar siempre expresa la segunda metamorfosis de la mercancía en que se despoja de la forma dinero. En la frecuente repetición del cambio de lugar de las mismas piezas de moneda se refleja, no sólo la serie de metamorfosis de una mercancía única, sino también el entrelazamiento de las innumerables metamorfosis de las mercancías en general. Por supuesto, que todo esto se aplica únicamente á la forma simple de la circulacion de mercancías que aquí consideramos.
Al dar su primer paso en la circulación, en su primer cambio de forma, toda mercancía sale de la circulación, en la cual entran siempre nuevas mercancías. La moneda, por el contrario, como medio de circulación, está siempre en la esfera de la circulación y se mueve constantemente en ella. Se presenta, pues, la cuestión de la cantidad de moneda que esta esfera absorbe constantemente.
Todos los días se verifican en un país numerosas y simultáneas metamorfosis unilaterales de mercancías ó, en otras palabras, simples ventas por un lado, simples compras por el otro. Las mercancías están ya igualadas en sus precios á cantidades determinadas é ideales de moneda. Ahora bien; como la forma de circulación inmediata, aquí considerada, pone siempre corporalmente frente á frente la mercancía y la moneda, la una en el polo de la venta, la otra en el polo de la compra, la masa de medios de circulación necesaria para el proceso de la circulación del mundo de las mercancías está ya determinada por la suma de los precios de las mercancías. La moneda no hace más que exponer realmente la suma de oro expresada ya idealmente en la suma de los precios de las mercancías. La igualdad de estas sumas se sobreentiende. Sabemos, sin embargo, que si los valores de las mercancías permanecen iguales, sus precios varían con el valor del oro (del material monetario): relativamente suben, cuando él baja, y bajan, cuando él sube. Si la suma de los precios de las mercancías sube así ó baja, la masa de la moneda circulante tiene igualmente que subir ó bajar. La variación en la masa de los medios de circulación proviene aquí de la misma moneda; pero no de su función como medio de circulación, sino de su función como medida del valor. Primero varía el precio de las mercancías al contrario del valor de la moneda, y después varía la masa de los medios de circulación directamente como el precio de las mercancías. Un fenómeno idéntico acaecería si, por ejemplo, el valor del oro no descendiera, sino que la plata lo reemplazara como medida del valor, ó el valor de la plata no subiera, sino que el oro la desalojara de la función de medida del valor. En el primer caso, debería circular más plata que antes oro; en el segundo, menos oro que antes plata. En ambos casos habría variado el valor del material monetario, es decir, de la mercancía que funciona como medida de los valores, y, por lo tanto, la expresión precio de los valores de las mercancías y la masa de la moneda circulante que sirve para realizar esos precios. Hemos visto que la esfera de la circulación de las mercancías tiene un agujero por donde el oro (la plata, en una palabra, el material de la moneda) entra en ella como mercancía de un valor dado. Este valor es supuesto al funcionar la moneda como medida del valor, es decir, en la determinación de los precios. Ahora, si, por ejemplo, baja el valor de la medida misma del valor, esto se manifiesta, en primer lugar, en el cambio de precio de las mercancías que en las fuentes de producción de los metales preciosos se cambian inmediatamente con ellos como mercancías. Una gran parte de las otras mercancías, sobre todo donde la sociedad burguesa esté aún poco desarrollada, serán avaluadas por largo tiempo todavía según el antiguo valor, ahora ilusorio, de la medida del valor. Pero una mercancía contagia á la otra por medio de su relación de valor con ella; los precios oro ó precios plata de las mercancías se igualan gradualmente en las proporciones determinadas por sus valores mismos, hasta que al fin los valores de todas las mercancías son apreciados según el nuevo valor del metal moneda. Este proceso de nivelación es acompañado por el continuo aumento de los metales preciosos que entran á reemplazar las mercancías directamente trocadas con ellos. Á medida, pues, que se generaliza el precio corregido de las mercancías, ó que sus valores son apreciados según el nuevo, más bajo, y hasta cierto punto descendente, valor del metal, está ya disponible la nueva cantidad de éste necesaria para su realización. La observación unilateral de los hechos que siguieron al descubrimiento de las nuevas minas de oro y plata, condujo en el siglo XVII , y sobre todo en el XVIII , á la equivocada conclusión de que los precios de las mercancías habían subido porque mayores cantidades de oro y plata funcionaban como medios de circulación. En lo que sigue, el valor del oro se supone dado, como de hecho lo está en el momento de la fijación de los precios.
En este supuesto, pues, la masa de los medios de circulación es determinada por la suma de los precios de las mercancías que hay que realizar. Supongamos dado también ahora el precio de cada es pecie de mercancía: la suma de los precios de las mercancías depende entonces, evidentemente, de la masa de las mercancías que se encuentran en circulación. No hay que romperse la cabeza para comprender que si 1 cuartera de trigo cuesta 2 libras esterlinas, 100 cuarteras cuestan 200 libras esterlinas, 200 cuarteras 400 libras esterlinas, etc.; es decir, que con la masa del trigo tiene que crecer la masa de moneda que en la venta cambia de lugar con él.
Si suponemos dada la masa de las mercancías, la masa de la moneda circulante tiene un flujo y reflujo con las oscilaciones del precio de las mercancías. Ella sube ó baja, porque la suma de los precios de las mercancías aumenta ó disminuye á consecuencia de la variación de su valor. Para eso no es necesario absolutamente que los precios de todas las mercancías suban ó bajen al propio tiempo. El alza de cierto número de los principales artículos, ó su baja, basta para elevar ó bajar la suma total de los precios de las mercancías circulantes que hay que realizar, y para poner, pues, también más ó menos moneda en circulación. Que el cambio de precio de las mercancías refleje un cambio real de su valor, ó simples oscilaciones de los precios de mercado, la acción sobre la masa de los medios de circulación es siempre la misma.
Supongamos un número de ventas ó metamorfosis parciales sin lazo que las una, simultáneas, y, por eso, verificándose unas al lado de otras, por ejemplo, de 1 cuartera de trigo, 20 metros de tela, 1 biblia, 4 galones de aguardiente. Si el precio de cada artículo es de 2 libras esterlinas, la suma de los precios que hay que realizar es, por lo tanto, de 8 libras esterlinas, y una masa de moneda de 8 libras esterlinas tiene que entrar en la circulación. Si, por el contrario, esas mismas mercancías forman la serie de metamorfosis que ya conocemos, de 1 cuartera de trigo—2 libras esterlinas—20 metros de tela—2 libras esterlinas—1 biblia—2 libras esterlinas—4 galones de aguardiente—2 libras esterlinas, entonces 2 libras esterlinas hacen circular en serie las diversas mercancías, realizando por orden los precios de éstas y también, pues, la suma de los precios de 8 libras esterlinas, para quedarse por fin en manos del destilador. Ellas tienen un cuádruple curso. Este repetido cambio de lugar de las mismas piezas de moneda expone el doble cambio de forma de la mercancía, su movimiento al través de dos estadios opuestos de la circulación y el entrelazamiento de las metamorfosis de distintas mercancías . Las fases opuestas y complementarias que recorre ese proceso, no pueden pasarse simultáneamente, sino sucederse en el tiempo. La medida de su duración está constituída, pues, por fracciones de tiempo ó, lo que es lo mismo, el número de traspasos de las mismas piezas de moneda en un tiempo dado mide la rapidez del curso de la moneda. El proceso de la circulación de aquellas cuatro mercancías dura, por ejemplo, un día. La suma de los precios que hay que realizar alcanza á 8 libras esterlinas; el número de traspasos de las mismas piezas de moneda durante el día es de 4, y la masa de la moneda circulante 2 libras esterlinas, ó, para un período determinado de tiempo del proceso de la circulación, Suma de los precios de las mercancías / Número de traspasos de las piezas de moneda del mismo nombre = Medida de la moneda que funciona como medio de circulación. Esta ley es general. El proceso de la circulación de un país en un momento dado, comprende, por una parte, muchas ventas (ó compras) sueltas y simultáneas, que se pasan unas al lado de otras, ó metamorfosis parciales en que las mismas piezas de moneda sólo cambian una vez de lugar ó sólo tienen un traspaso, y, por la otra, muchas series más ó menos largas de metamorfosis que corren paralelas ó entrelazadas, en que las mismas piezas de moneda sufren traspasos más ó menos numerosos. El número total de traspasos de todas las piezas de moneda del mismo nombre que se encuentran en circulación da, sin embargo, el número medio de los traspasos de cada pieza de moneda ó la rapidez media del curso de la moneda. La masa de moneda que al principiar, por ejemplo, el proceso diario de la circulación se arroja en él, es naturalmente determinada por la suma de los precios de las mercancías que circulan simultáneamente las unas al lado de las otras. Pero dentro del proceso, una pieza de moneda es, por decirlo así, responsable de la otra. Si la una acelera su curso, paraliza el de la otra ó la pone por completo fuera de la esfera de la circulación, pues ésta puede absorber sólo una masa de oro que multiplicada por el número medio de traspasos de cada elemento aislado sea igual á la suma de los precios que hay que realizar. Si aumenta, pues, el número de traspasos de las piezas de moneda, disminuye su masa circulante. Si disminuye el número de sus traspasos, aumenta su masa. Como la masa de moneda que puede funcionar como medio de circulación, para una rapidez media dada, es también dada, basta, por ejemplo, poner en circulación una cantidad determinada de billetes de una libra para echar fuera de ella otros tantos soberanos, golpe artístico bien conocido de los Bancos.
Así como en el curso de la moneda en general no aparece sino el proceso de la circulación de las mercancías, es decir, su paso por metamorfosis opuestas, en la rapidez del curso de la moneda no apa rece sino la rapidez de su cambio de forma, el continuo encadenamiento de las series de metamorfosis, la prisa de la asimilación y desasimilación, la pronta desaparición de las mercancías de la esfera de la circulación y su reemplazo igualmente rápido por otras mercancías. En la rapidez del curso de la moneda aparece, pues, la unidad fluida de las fases opuestas y complementarias, transformación de la figura de uso en la figura de valor y vuelta de la figura de valor á la figura de uso, ó de los dos procesos de la venta y de la compra. Por el contrario, en un curso más lento de la moneda aparece la separación é independencia recíproca de esos procesos, la detención del cambio de forma y, así, de la circulación. De qué proviene esa detención, no se puede ver, naturalmente, en la misma circulación. Ella no muestra sino el fenómeno mismo. La opinión popular, que en en el curso lento de la moneda la ve aparecer y desaparecer con menos frecuencia en todos los puntos de la circulación, se inclina á atribuir el fenómeno á la cantidad insuficiente de los medios de circulación .
La cantidad total de moneda que funciona como medio de circulación en un momento dado es determinada, pues, de una parte, por la suma de los precios de las mercancías circulantes; de la otra, por la marcha más ó menos rápida de los procesos contrarios de su circulación, de cuya rapidez ó lentitud depende la porción de esa suma de precios que las mismas piezas de moneda pueden realizar. Pero la suma de los precios de las mercancías depende tanto de la masa como del precio de cada especie de mercancía. Pero los tres factores, el movimiento de los precios, la masa circulante de mercancías y, finalmente, la rapidez del curso de la moneda, pueden variar en dirección y proporciones diversas, y, por lo tanto, la suma de los precios á realizar y la masa de los medios de circulación que ella determina pueden pasar por combinaciones muy numerosas. Mencionaremos solamente las más importantes en la historia de los precios.
Si los precios de las mercancías no varían, la masa de los medios de circulación puede aumentar, porque aumenta la masa de las mercancías circulantes, ó porque disminuye la rapidez del curso de la moneda, ó por ambas circunstancias juntas. La masa de los medios de circulación puede, por el contrario, disminuir, si disminuye la masa de las mercancías ó aumenta la rapidez de la circulación.
Si suben los precios de las mercancías en general, la masa de los medios de circulación puede no variar si la masa de las mercancías circulantes disminuye en la misma proporción en que aumenta su precio, ó si la rapidez del curso de la moneda aumenta tanto como suben los precios, mientras permanece constante la masa de mercancías en circulación. La masa de los medios de circulación puede disminuir, si la masa de mercancías disminuye ó la rapidez de la circulación aumenta más rápidamente que los precios.
Si bajan los precios de las mercancías en general, la masa de los medios de circulación puede no variar si la masa de mercancías crece en la misma proporción en que su precio baja, ó si la rapidez del curso de la moneda disminuye en la misma proporción que los precios. Puede crecer si la masa de mercancías crece más rápidamente ó si la rapidez de la circulación disminuye más rápidamente que los precios bajan.
Las variaciones de los diversos factores pueden compensarse recíprocamente, de manera que, á pesar de su constante instabilidad, la suma total de los precios de las mercancías á realizar permanezca constante, y también, pues, la masa de moneda circulante. El nivel medio de la masa de moneda circulante en un país, sobre todo si se considera por períodos algo prolongados, es, pues, mucho más constante, y, con excepción de las fuertes perturbaciones que periódicamente resultan de las crisis de producción y de comercio, y más rara vez de un cambio en el valor de la moneda misma, está expuesto á desviaciones de ese nivel medio mucho menores de lo que se creería á primera vista.
La ley de que la cantidad de los medios de circulación es determinada por la suma de los precios de las mercancías circulantes y la rapidez media del curso de la moneda , puede expresarse también diciendo que, dadas la suma del valor de las mercancías y la rapidez media de sus metamorfosis, la cantidad de la moneda circulante ó del material monetario depende de su propio valor. La ilusión de que, al contrario, los precios de las mercancías son determinados por la masa de los medios de circulación, y ésta á su vez por la masa del material monetario que se encuentra en un país , ha nacido en sus primeros representantes de la absurda hipótesis de que las mercancías entran en la circulación sin precio y la moneda sin valor, reduciéndose todo al trueque de una parte alicuota del montón de mercancías por una parte alícuota de la montaña de metal .
C.— El numerario. El signo de valor .
El numerario resulta de la función de la moneda como medio de circulación. La fracción de peso de oro representada en el precio de las mercancías, tiene que presentarse ante ellas en la circulación como pieza ó moneda de oro del mismo nombre. Lo mismo que la fijación de la escala de los precios, toca al Estado el negocio de la acuñación. En los diversos uniformes nacionales que usan el oro y la plata amonedados, aunque para quitárselos en el mercado universal, se manifiesta la separación entre las esferas internas ó nacionales de la circulación de las mercancías y su esfera general del mercado universal.
El oro amonedado y las barras de oro no se distinguen originariamente, pues, sino por su figura, y el oro puede constantemente pasar de una forma á la otra . Pero al salir de la Casa de Moneda, el metal ya está camino del crisol. Unas más, otras menos, las piezas de moneda se gastan en su curso. El titulo de oro y la substancia de oro, el contenido nominal y el contenido real, principian su proceso de separación. Piezas de oro del mismo nombre pasan á ser de valor desigual, porque son de peso distinto. El oro como medio de circulación se separa del oro como escala de los precios, y cesa con eso de ser el equivalente real de las mercancías cuyos precios realiza. La historia monetaria de la Edad Media y de los tiempos modernos, hasta el siglo XVIII , es la historia de esos embrollos. La tendencia natural del proceso de la circulación á transformar en apariencia la realidad de la moneda ó á hacer de ésta un símbolo de su contenido oficial en metal, es reconocida hasta por las leyes más modernas sobre el grado de la pérdida de metal que pone fuera de curso ó desmonetiza una pieza de moneda.
Si el curso mismo de la moneda separa el contenido real de las piezas de su contenido nominal, su existencia como metal de su existencia funcional, él encierra la posibilidad latente de reemplazar el dinero metálico, en su función monetaria, con signos de otro material ó símbolos. Las dificultades técnicas de la acuñación de muy pequeñas fracciones de oro y plata, y la circunstancia de que metales inferiores sirvieron originariamente como medida del valor en lugar de los más preciosos, la plata en lugar del oro, el cobre en lugar de la plata, los cuales circulaban como moneda en el momento de ser destronados por el metal más noble, explican históricamente el papel de los signos de plata y cobre como sustitutos de las monedas de oro. Ellos reemplazan al oro en aquellas partes de la circulación de las mercancías donde más rápidamente circulan las monedas y, por eso, más rápidamente se gastan, es decir, donde las compras y las ventas se renuevan incesantemente en la más pequeña escala. Para impedir que esos satélites se establezcan en lugar del oro, la ley determina las muy pequeñas proporciones dentro de las cuales solamente deben ser aceptados en pago en lugar del oro. Los círculos particulares en que tienen curso las diferentes clases de moneda, se unen naturalmente entre sí. La moneda divisionaria aparece junto al oro para el pago de fracciones de las más pequeñas monedas de oro; el oro entra constantemente en la circulación por menor, pero constantemente también es arrojado fuera de ella por su cambio con moneda menor .
El contenido metálico de los signos de plata y cobre es arbitrariamente determinado por la ley. En su curso, ellos se gastan aun más rápidamente que las monedas de oro. Su función como numerario pasa, pues, de hecho á ser completamente independiente de su peso, es decir, de su valor. La existencia del oro como numerario se separa completamente de su substancia de valor. Cosas relativamente sin valor, como billetes de papel, pueden funcionar, pues, en su lugar como numerario. En los signos monetarios metálicos, su carácter puramente simbólico está aún hasta cierto punto oculto. En el papel-moneda salta á la vista. Como se ve, ce n'est que le premier pas qui coûte .
No se trata aquí sino del papel-moneda de Estado con curso forzoso. Aquél nace inmediatamente de la circulación metálica. La moneda de crédito, por el contrario, supone relaciones que, desde el punto de vista de la circulación simple de mercancías, nos son aún completamente desconocidas. Notemos, no obstante, de paso que así como el papel-moneda propiamente dicho resulta de la función de la moneda como medio de circulación, la moneda de crédito tiene sus raíces naturales en la función de la moneda como medio de pago .
El Estado lanza á la circulación billetes en los cuales se han impreso nombres de moneda, como 1 libra esterlina, 5 libras esterlinas, etcétera. Mientras ellos circulan realmente en lugar de una suma de oro del mismo nombre, en su movimiento no se reflejan sino las leyes del curso de la moneda. Una ley específica de la circulación del papel no puede resultar sino de su relación de representación del oro. Y esta ley es simplemente que la emisión de papel-moneda debe limitarse á la cantidad en que tendría realmente que circular el oro (ó la plata), simbólicamente representado por él. Es cierto que la cantidad de oro que la esfera de la circulación puede absorber oscila constantemente arriba y abajo de cierto nivel medio. Sin embargo, la masa del medio circulante en un país dado nunca baja de cierto minimum , que se determina por la experiencia. El hecho de que esa masa mínima cambia continuamente en sus componentes, es decir, consiste siempre en otras piezas de oro, no modifica en nada su monto ni su constante movimiento en la esfera de la circulación. Ella puede por eso ser reemplazada por símbolos de papel. Si, por el contrario, se llenan hoy de papel-moneda los canales de la circulación en toda su capacidad de absorción, á consecuencia de las oscilaciones de la circulación de las mercancías tal vez mañana estén demasiado llenos. Se pierde toda medida. Pero si el papel sobrepasa su medida, es decir, la cantidad de moneda de oro de igual denominación que podría circular, prescindiendo del peligro de descrédito general, él no representa dentro del mundo de las mercancías más que la cantidad de oro determinada por sus leyes inmanentes, la única representable. Si, por ejemplo, la masa de billetes expresa 2 onzas de oro en lugar de cada onza, 1 libra esterlina pasa á ser de hecho el nombre monetario, digamos, de 1 / 8 de onza en lugar de 1 / 4 de onza. El efecto es el mismo que si el oro hubiera variado en su función como medida de los precios. Por eso, los mismos valores que se expresaban antes en precios de 1 libra esterlina, se expresan ahora. en precios de 2 libras esterlinas.
El papel-moneda es signo de oro ó signo de moneda. Su relación con los valores de las mercancías consiste sólo en que ellos se expresan en las mismas cantidades de oro que el papel representa simbólicamente ante los sentidos. El papel no es signo de valor sino en tanto que representa cantidades de oro, que, como todas las otras cantidades de mercancías, son también cantidades de valor .
¿Podemos preguntarnos, por fin, por qué el oro puede ser reem plazado por simples signos sin valor? Como hemos visto, sólo es reemplazable de esa manera en tanto que está aislado ó independizado en su función de numerario ó medio de circulación. Ahora bien; esa función exclusiva no es propia de las piezas de moneda, aunque se manifiesta en que piezas gastadas continúan circulando. Las piezas de oro no son simple numerario ó medio de circulación sino en tanto que se encuentran realmente en curso. Pero lo que no es cierto respecto de cada pieza de oro, lo es respecto de la masa mínima de oro que se puede reemplazar con papel. Ella está constantemente alojada en la esfera de la circulación, funciona continuamente como medio de circulación y no existe sino como portadora de esta función. Su movimiento no presenta, pues, sino la continua sucesión de los opuestos procesos de la metamorfosis de la mercancía, M-D-M, en que la figura de su valor no se presenta ante la mercancía sino para desaparecer en seguida. La exposición independiente del valor de cambio de la mercancía es un momento fugitivo. Ella es en seguida reemplazada por otra mercancía. Basta, pues, la existencia simplemente simbólica de la moneda para un proceso que constantemente la pasa de una mano á otra. Su existencia funcional absorbe, por decirlo así, su existencia material. Reflejo fugitivo de los precios de las mercancías, ella no funciona sino como signo de sí misma, y puede así ser reemplazada por signos . El signo de la moneda no necesita sino de su propia validez social objetiva, que el símbolo de papel recibe por medio del curso forzoso. Esta imposición del Estado sólo rige dentro de la esfera de circulación interna, encerrada en los límites de una colectividad; pero también sólo dentro de esos límites la moneda desempeña exclusivamente el papel de medio de circulación ó numerario, y puede así adquirir en el papel-moneda un modo de existencia simplemente funcional é independiente de su substancia metálica.
III.—Moneda.
La mercancía que funciona como medida del valor, y así también, corporalmente ó representada, como medio de circulación, es moneda. El oro (ó la plata) es por eso moneda. Funciona como moneda, por una parte, cuando tiene que presentarse en su cuerpo de oro (ó de plata), esto es, como mercancía-moneda, y, por lo tanto, ni simplemente ideal, como en la medida del valor, ni susceptible de ser representado, como en el medio de circulación; por otra, cuando su función, que la desempeñe en persona ó por medio de suplentes, lo fija como figura única del valor ó única existencia adecuada del valor de cambio de todas las otras mercancías como simples valores de uso.
A.— Atesoramiento .
El continuo movimiento circular de las dos opuestas metamorfosis de las mercancías, ó la fluida sucesión de venta y compra, se manifiesta en el incesante curso de la moneda ó en su función como perpetuum mobile de la circulación. Tan pronto como se interrumpe la serie de metamorfosis, y la venta no es completada por una compra subsiguiente, ella se inmoviliza ó se transforma, como dice Boisguillebert, de meuble en inmeuble , de numerario en dinero.
Con el primer desarrollo de la circulación de mercancías, ya se desarrolla la necesidad y la pasión de conservar el producto de la primera metamorfosis, la figura transformada de la mercancía ó su crisálida de oro . Se vende mercancía, no para comprar mercancía, sino para reemplazar la forma mercancía con la forma moneda. De simple mediación para que circulen las materias, ese cambio de forma pasa á ser un fin por sí mismo. La figura enajenada de la mercancía es impedida de funcionar como su figura absolutamente enajenable ó su fugitiva forma moneda. El dinero se petrifica en forma de tesoro; el vendedor pasa á ser atesorador.
Precisamente en los principios de la circulación de mercancías, sólo el exceso de valores de uso se transforma en moneda. El oro y la plata son entonces por sí mismos expresiones sociales de lo superfluo ó de la riqueza. Esta forma ingenua de atesoramiento se eterniza entre los pueblos donde el modo de producción tradicional, destinado á satisfacer necesidades propias, corresponde á un círculo fijo y limitado de estas necesidades. Así sucede entre los asiáticos, sobre todo entre los hindus. Vanderlint, en su fantasía de que la masa de oro y plata existente en un país determina el precio de las mercancías, se pregunta: ¿por qué son tan baratas las mercancías de la India? Respuesta: porque los hindus entierran el dinero. De 1602 á 1734, hace él notar, enterraron 150 millones de libras esterlinas en plata, que originariamente vino á Europa de América . De 1856 á 1866, es decir, en diez años, Inglaterra exportó á la India y la China (el metal exportado á China refluye en su mayor parte á la India) 120 millones de libras esterlinas en plata, que había sido cambiada anteriormente por oro australiano.
Cuando la producción mercantil se ha desarrollado más, todo productor tiene que asegurarse el nexus rerum , la «prenda de Fausto de la sociedad» . Sus necesidades se renuevan incesantemente, é incesantemente exigen la compra de mercancías extrañas, mientras que la producción y la venta de su propia mercancía cuestan tiempo y tienen eventualidades. Para comprar sin vender, tiene él que haber vendido sin comprar. Esta operación, realizada en grande escala, parece estar en contradicción consigo misma. Sin embargo, en los puntos de su producción los metales preciosos se truecan directamente con otras mercancías. Allí se verifica una venta (por parte del poseedor de mercancías) sin compra (por parte del poseedor del oro ó de la plata) . Las ulteriores ventas sin compra consecutiva distribuyen simplemente los metales preciosos entre todos los poseedores de mercancías. Así se forman en todos los puntos del tráfico tesoros de oro y plata de las más diversas proporciones. Con la posibilidad de conservar la mercancía como valor de cambio, ó el valor de cambio como mercancía, se despierta la avidez de oro. Con la extensión de la circulación mercantil crece el poder del dinero, forma siempre lista y absolutamente social de la riqueza. «¡El oro es una cosa maravillosa! Quien lo posee es dueño de todo lo que desea. Por medio del oro se puede aun abrir á las almas las puertas del Paraíso.» (Colón, en carta de Jamaica, 1503.) Como en el dinero no se ve lo que se ha transformado en él, todo, mercancía ó no, se transforma en dinero. Todo es vendible y comprable. La circulación es la gran retorta social en que todo entra para salir en forma de cristal monetario. Á esta alquimia no resisten ni los huesos de los santos, y aun mucho menos res sacrosanctæ, extra commercium hominum , más delica das. Así como en el dinero se disipa toda diferencia cualitativa de las mercancías, como nivelador radical, él borra todas las diferencias . Pero el dinero es él mismo mercancía, una cosa exterior, que puede ser propiedad de cualquiera. El poder social pasa así á ser poder privado de los particulares. La sociedad antigua lo denuncia por eso como el disolvente de su orden económico y moral . La sociedad moderna, que ya en su niñez ha sacado á Plutón por los cabellos de las entrañas de la tierra , saluda en el Graal de oro á la brillante encarnación del principio mismo de su vida.
Como valor de uso, la mercancía satisface una necesidad especial y constituye un elemento especial de la riqueza material. Pero el valor de la mercancía mide el grado de su fuerza de atracción para todos los elementos de la riqueza material, y, así, la riqueza social de su poseedor. Para el poseedor de mercancías simple y bárbaro, y aun para el campesino de la Europa Occidental, el valor es inseparable de su forma, y el aumento del tesoro de oro y plata, aumento de valor. Es cierto que el valor de la moneda varía á consecuencia de la variación de su propio valor ó de la del valor de las mercancías. Pero eso no impide que 200 onzas de oro, antes como después, contengan más valor que 100, 300 más que 200, etc., ni tampoco que la forma natural metálica de esta cosa siga siendo la forma de equivalente general de todas las mercancías, la encarnación inmediatamente social de todo trabajo humano. La tendencia á atesorar es, naturalmente, sin medida. Por su cualidad ó por su forma, el dinero no tiene límites, y es el representante general de la riqueza material, porque se le puede transformar inmediatamente en cualquier mer cancía. Pero al mismo tiempo toda suma real de dinero es cuantitativamente limitada y, por lo tanto, medio de compra de efecto limitado. Esta contradicción entre la limitación cuantitativa y la ilimitación cualitativa del dinero empuja al atesorador siempre de nuevo al trabajo de Sísifo de la acumulación. Le pasa á él lo que al conquistador, que con cada país conquistado no conquista sino una nueva frontera.
Para conservar el oro como dinero, y así como elemento de atesoramiento, hay que impedirle circular ó resolverse como medio de compra en medio de consumo. El atesorador sacrifica, pues, sus apetitos al fetiche oro. Toma á lo serio el evangelio del renunciamiento. Él no puede, por otra parte, extraer de la circulación en dinero sino lo que á ella da en mercancía. Cuanto más produce, tanto más puede vender. La laboriosidad, la economía y la avaricia son, pues, sus tres virtudes cardinales, y vender mucho y comprar poco, la suma de su Economía política .
Además de la forma inmediata del tesoro, hay su forma estética, la posesión de objetos de oro y plata, que se desarrolla junto con la riqueza de la sociedad burguesa. « Soyons riches ou paraissons riches .» (Diderot.) Así se constituyen un mercado cada vez más extenso para el oro y la plata, independientemente de sus funciones como moneda, y una fuente latente de moneda, que provee de ella, sobre todo en los períodos de crisis social.
El atesoramiento llena diversas funciones en la economía de la circulación metálica. La primera resulta de las condiciones del curso del numerario de oro ó plata. Hemos visto que con las continuas oscilaciones del monto, de los precios y de la rapidez de la circulación de las mercancías, la masa de la moneda en curso baja y sube continuamente. Ella tiene que ser, pues, capaz de contraerse y de distenderse. Unas veces el dinero es atraído como numerario, otras el numerario repelido como dinero. Para que la masa de moneda realmente en curso corresponda siempre al punto de saturación de la esfera de circulación, la cantidad de oro ó plata existente en un país tiene que ser mayor que la que funciona como numerario. Esto se realiza mediante el atesoramiento del dinero. Las arcas de los tesoros sirven al mismo tiempo de canales de salida y de entrada para la moneda circulante, que así no llena nunca en exceso los canales de su curso .
B.— Medio de pago .
En la forma inmediata de la circulación de mercancías que hemos considerado hasta ahora, la misma magnitud de valor se ha presentado siempre doble: mercancía en un polo, moneda en el polo opuesto. Los poseedores de mercancías no han entrado, pues, en contacto sino como representantes de equivalentes recíprocos. Al desarrollarse la circulación de mercancías se desarrollan, sin embargo, relaciones por las cuales la enajenación de la mercancía se separa en el tiempo de la realización de su precio. Basta indicar aquí las más simples de esas relaciones. Una especie de mercancía exige para su producción más tiempo que otra. La producción de diversas mercancías está ligada á diversas estaciones del año. Una mercancía nace en su propio mercado; la otra tiene que viajar hasta un mercado lejano. Un poseedor de mercancías puede, pues, aparecer como vendedor antes que el otro como comprador. Cuando las mismas transacciones se repiten continuamente entre las mismas personas, las condiciones de venta de las mercancías se regulan según las condiciones de su producción. Además, el uso de ciertas especies de mercancías, por ejemplo, de una casa, se vende por un espacio determinado de tiempo. Sólo después de corrido el término ha recibido realmente el comprador el valor de uso de la mercancía. El la compra, pues, antes de pagarla. Uno de los poseedores de mercancías vende mercancía existente; el otro compra como simple representante de dinero ó como representante futuro de dinero. El vendedor se hace acreedor, y el comprador deudor. Como aquí se modifica la metamorfosis de la mercancía ó el, desarrollo de su forma valor, el dinero adquiere también otra función: pasa á ser medio de pago .
El carácter de acreedor ó deudor surge aquí de la circulación simple de las mercancías. Su cambio de forma imprime ese nuevo sello al vendedor y al comprador. Al principio, esos son papeles representados tan pasajera y alternativamente por los mismos agentes de la circulación, como los de vendedor y comprador. Sin embargo, el contraste es desde su origen menos afectuoso y es susceptible de mayor cristalización . Pero los mismos caracteres pueden presentarse fuera de la circulación de mercancías. La lucha de clases del mundo antiguo, por ejemplo, ofrece en lo principal la forma de un combate entre acreedores y deudores, y termina en Roma con la derrota del deudor plebeyo, que es reemplazado por el esclavo. En la Edad Media, la lucha termina con la caída del deudor feudal, que junto con su base económica pierde su poder político. Sin embargo, en estos casos la forma dinero—y la relación entre acreedor y deudor posee la forma de una relación de dinero—sólo refleja el antagonismo de condiciones económicas más profundas.
Volvamos á la esfera de la circulación de mercancías. La aparición simultánea de los equivalentes mercancía y moneda en ambos polos del proceso de la venta ha cesado. La moneda funciona ahora, primero, como medida del valor en la determinación del precio de la mercancía vendida. Su precio, fijado por contrato, mide la obligación del comprador, es decir, la suma de dinero que él debe en un plazo determinado. En segundo lugar, la moneda funciona como medio ideal de compra. Aunque no existe sino en la promesa de dinero del comprador, realiza el paso de la mercancía de unas manos á otras. Sólo al vencerse el plazo entra realmente en circulación el medio de pago, es decir, pasa de las manos del comprador á las del vendedor. El medio de circulación se transforma en tesoro cuando el proceso de la circulación se interrumpe con su primera fase ó la figura transformada de la mercancía es sustraída á la circulación. El medio de pago no entra en la circulación sino después que la mercancía ha salido de ella. La moneda ya no sirve de intermediario en el proceso, sino que lo cierra por sí misma, como existencia absoluta del valor de cambio ó mercancía general. El vendedor transforma la mercancía en dinero para satisfacer con éste una necesidad; el atesorador, para conservar la mercancía en la forma moneda; el comprador endeudado, para poder pagar. Si no paga, realízase la venta forzosa de sus bienes. La figura del valor de la mercancía, la moneda, pasa así á ser ahora el fin mismo de la venta, por una necesidad social resultante de las relaciones del proceso de la circulación.
El comprador transforma dinero en mercancía antes de haber transformado mercancía en dinero, ó realiza la segunda metamorfosis de la mercancía antes que la primera. La mercancía del vendedor circula; pero no realiza su precio sino á título de derecho privado sobre dinero. Ella se transforma en valor de uso antes de haberse transformado en moneda. La realización de su primera metamorfosis no sobreviene sino después .
En cada período determinado del proceso de la circulación, las obligaciones vencidas representan la suma de los precios de las mercancías cuya venta les dió origen. La masa de moneda necesaria para la realización de la suma de esos precios depende, en primer lugar, de la rapidez del curso del medio de pago. Ésta depende de dos circunstancias: el encadenamiento de las relaciones de acreedor y deudor, de manera que A reciba el dinero de su deudor B, lo entregue en pago á su acreedor C, y así sucesivamente; y el tiempo que separa los distintos plazos de pago. La progresiva cadena de pagos, ó primeras metamorfosis consecutivas, es esencialmente distinta del entrelazamiento de las series de metamorfosis que hemos considerado antes. La conexión de vendedores y compradores no solamente se expresa en el curso del medio de circulación; la conexión misma no nace sino en y con el curso de la moneda. El movimiento del medio de pago, por el contrario, expresa una conexión social existente ya antes que él.
La simultaneidad y la contigüidad de las ventas limitan el reemplazo de la masa de numerario por la rapidez de su curso; pero forman una nueva palanca en la economía de los medios de pago. Al concentrarse los pagos en el mismo lugar, se desarrollan naturalmente instituciones y métodos propios para su compensación. Por ejemplo, los virements en Lyon, durante la Edad Media. Los créditos de A contra B, de B contra C, de C contra A, y así sucesivamente, no necesitan sino ser confrontados para anularse recíprocamente hasta cierto monto, como cantidades positivas y negativas. No queda sino que saldar un balance de deudas. Cuanto mayor sea la concentración de los pagos, tanto menor será, relativamente, el balance y, por lo tanto, la masa de los medios de circulantes.
La función de la moneda como medio de pago implica una contradicción sin término medio. En tanto que los pagos se compensan, funciona ella sólo idealmente como moneda de cuenta ó medida de los valores. En tanto que se hacen pagos reales, ella no se presenta como medio de circulación, como forma simplemente intermediaria y pasajera de la circulación, sino como encarnación individual del trabajo social, como existencia autónoma del valor de cambio, como mercancía absoluta. Esta contradicción se manifiesta en el momento de las crisis de producción y de comercio, llamado crisis monetaria . No sobreviene sino donde están completamente desarrollados la progresiva cadena de los pagos y un sistema artificial para su compensación. Con el trastorno general de este mecanismo, cualquiera que sea su causa, pasa la moneda directa y repentinamente de la figura simplemente ideal de la moneda de cuenta á moneda sonante. Las mercancías profanas ya no la pueden reemplazar. El valor de uso de la mercancía carece de valor; su valor desaparece ante su propia forma de valor. Ebrio de prosperidad, declaraba recientemente el burgués, con presuntuosa suficiencia, que la moneda es una vana ilusión. No hay más moneda que la mercancía. ¡No hay más mercancía que la moneda!, es el grito que ahora resuena en el mercado universal. Como el ciervo muge por agua fresca, así grita su alma por dinero, la sola y única riqueza . El contraste entre la mercancía y la figura de su valor, la moneda, se exagera hasta la contradicción absoluta durante la crisis. Por eso también la forma de aparición de la moneda es entonces indiferente. La escasez de moneda es la misma, que haya que pagar en oro ó en moneda de crédito, en billetes de Banco, por ejemplo .
Si consideramos ahora la suma total de la moneda circulante en un período dado de tiempo, vemos que, para una velocidad determinada del curso del medio de circulación y de pago, es igual á la suma de los precios de las mercancías á realizar, más la suma de los pagos que se vencen, menos los pagos que se compensan, menos, en fin, el número de traspasos en que la misma pieza de moneda funciona alternativamente como medio de circulación ó como medio de pago. Por ejemplo, el campesino vende su trigo en 2 libras esterlinas, que sirven así de medio de circulación. El día del vencimiento paga él con ellas tela que le ha sido proporcionada por el tejedor. Las mismas 2 libras esterlinas funcionan ahora como medio de pago. El tejedor compra, á su vez, una biblia al contado—vuelven á funcionar como medio de circulación—, y así sucesivamente. La masa de moneda en curso y la masa de mercancías circulantes durante un período, por ejemplo, un día, no se cubren, pues, más tiempo, aunque sean los mismos los precios, la velocidad del curso de la moneda y la economía de los pagos. Hay moneda en curso que representa mercancías largo tiempo antes sustraídas á la circulación. Circulan mercancías cuyo equivalente en moneda no aparece sino en lo futuro. Las deudas contraídas y las deudas vencidas cada día son, por otra parte, magnitudes completamente inconmensurables .
La moneda de crédito proviene inmediatamente de la función de la moneda como medio de pago, pues los mismos certificados de deuda por las mercancías vendidas vuelven á circular para transferir los créditos. Por otra parte, á medida que se extiende el crédito, se extiende la función de la moneda como medio de pago. Ella adquiere como tal formas propias de existencia, bajo las cuales se aloja en la esfera de las grandes transacciones comerciales, mientras que el numerario de oro y plata es empujado sobre todo á la esfera del comercio por menor .
Cuando la producción de mercancías ha llegado á cierta altura y amplitud, la función de la moneda como medio de pago alcanza más allá de la esfera de la circulación de mercancías. Pasa á ser la mercancía general de los contratos . Las rentas, los impuestos, etc., ya no son pagos en productos, sino en dinero. Hasta qué punto depende esta transformación del aspecto de conjunto del proceso de la producción, lo prueba, por ejemplo, el ensayo, dos veces fracasado, del Imperio romano de levantar en dinero todos los impuestos. La enorme miseria del pueblo de la campiña francesa bajo Luis XIV, que tan elocuentemente denuncian Boisguillebert, el mariscal Vauban y otros, no era debida sólo al monto de los impuestos, sino al paso del impuesto en productos al impuesto en dinero . Si, por otra parte, la forma natural de la renta de la tierra es en Asia al propio tiempo el elemento principal de los impuestos del Estado, ella está allí basada sobre relaciones de producción invariables como las relaciones naturales, y obra en retroceso conservando el viejo modo de producción. Esa forma de pago es uno de los secretos de la conservación del Imperio turco. Si el comercio exterior impuesto al Japón por Europa lleva consigo la transformación de la renta natural en renta en moneda, está perdida su agricultura modelo, pues desaparecerán sus estrechas condiciones económicas de existencia.
En todo país se establecen ciertas fechas generales de pago. Prescindiendo de otras órbitas de la reproducción, ellas reposan en parte sobre las condiciones naturales de producción propias de las diversas estaciones del año. Ellas rigen también para pagos que no se originan directamente en la circulación de mercancías, como impuestos, rentas, etc. La masa de dinero requerida en ciertos días del año para estos pagos diseminados sobre toda la superficie social, ocasiona perturbaciones periódicas, pero completamente superficiales, en la Economía de los medios de pago . De la ley de la velocidad del curso de los medios de pago se sigue que para todos los pagos periódicos, de cualquiera naturaleza que sean, la masa necesaria de medios de pago está en razón inversa del largo de los períodos de pago .
El desarrollo de la moneda como medio de pago hace necesarias las acumulaciones de dinero para los vencimientos de las sumas adeudadas. Mientras que con el progreso de la sociedad burguesa desaparece el atesoramiento como forma propia de enriquecimiento, se desarrolla, por el contrario, en la forma de fondo de reserva de medios de pago.
C.— La moneda universal .
Al salir de la esfera de la circulación interna, la moneda se despoja de las formas locales de escala de los precios, numerario, moneda menor y signo de valor que en aquélla nacen, y vuelve á la primitiva forma de lingotes de metales preciosos. En el comercio universal, las mercancías desarrollan universalmente su valor. Su figura de valor se les presenta, pues, en él como moneda universal. Sólo en el mercado universal funciona la moneda en toda su amplitud como la mercancía cuya forma natural es al propio tiempo inmediatamente la forma social de realización del trabajo humano in abstracto . Su modo de existencia se hace adecuado á su concepto.
En la esfera interna de la circulación sólo una mercancía puede servir de medida del valor y, por lo tanto, de moneda. En el mercado universal reina una doble medida del valor, el oro y la plata .
La moneda universal funciona como medio general de pago, medio general de compra y materialización social absoluta de la riqueza en general ( universal wealth ). Predomina su función como medio de pago, para nivelar los balances internacionales. De ahí la consigna del sistema mercantil: ¡balance de comercio! El oro y la plata sirven como medio internacional de compra, principalmente cuando se perturba de repente el equilibrio tradicional del comercio entre distintas naciones. Por fin, como materialización social absoluta de la riqueza, cuando no se trata de compra ni de pago, sino de la transferencia de la riqueza de un país á otro, y cuando esa transferencia no se puede hacer en forma de mercancías, ya por las circunstancias del mercado, ya por el fin que se trata de llenar .
Lo mismo que para su circulación interna, cada país necesita un fondo de reserva para la circulación universal. Las funciones de los tesoros provienen, pues, en parte, de la función de la moneda como medio interno de circulación y de pago, y, en parte, de su función como moneda universal . Para este último papel se requiere siempre la mercancía-moneda real, oro y plata, por lo cual James Steuart distingue el oro y la plata de sus suplentes simplemente locales, y los caracteriza expresamente como money of the world .
El movimiento de la corriente de oro y plata es doble. Por una parte, desde sus fuentes se derrama sobre todo el mercado universal, donde se encierra en diferentes proporciones en las diversas esferas nacionales de la circulación, para recorrer sus canales de curso interno, reemplazar las piezas gastadas de oro y plata, dar el material de artículos de lujo y petrificarse en forma de tesoros . Este primer movimiento se hace por medio del cambio directo del trabajo nacional realizado en las mercancías con el trabajo de los países productores de oro y plata realizado en los metales preciosos. Por otra parte, el oro y la plata corren constantemente de un lado para otro entre las diversas esferas nacionales de la circulación, movimiento que sigue las incesantes oscilaciones del curso del cambio .
Los países de producción capitalista avanzada limitan los tesoros concentrados en masa en las Cajas de los Bancos al minimum necesario para sus funciones específicas . Con ciertas excepciones, una repleción de esas Cajas, notablemente superior á su nivel medio, indica el estancamiento de la circulación de las mercancías ó la interrupción de su serie de metamorfosis .
↑ La cuestión de por qué la moneda no representa inmediatamente el tiempo de trabajo, de modo que, por ejemplo, un billete represente x horas de trabajo, se reduce simplemente á la cuestión de por qué, sobre la base de la producción mer- cantil, los productos del trabajo tienen que presentarse como mercancías, pues el carácter de la mercancía implica su desdoblamiento en mercancía y mercancía-moneda. O por qué el trabajo privado no puede ser tratado como trabajo inmediatamente social, es decir, como su contrario. En otra parte he discutido extensamente el trivial utopismo de una «moneda de trabajo» sobre la base de la producción mercantil (ob. cit., pág. 61 y sig.). Notemos aquí que, por ejemplo, el «bono de trabajo» de Owen está tan lejos de ser moneda como una contraseña de teatro. Owen supone trabajo inmediatamente socializado, forma de producción diametralmente opuesta á la producción mercantil. El certificado de trabajo hace constar la parte individual del productor en el trabajo común, y lo que le corresponde de la porción del producto común destinada al consumo; pero no se le ocurre á Owen suponer la producción mercantil y querer, sin embargo, sustraerse á sus condiciones necesarias por medios de chapucería monetaria.
↑ El salvaje ó semisalvaje usa la lengua de otro modo. Por ejemplo, el capitán Parry cuenta lo siguiente de los habitantes de la costa occidental de la bahía de Baffin «En este caso (al cambiar productos)..... la lamían (la cosa que recibían) dos veces con la lengua, después de lo cual parecían considerar el trato satisfactoriamente concluido.» Entre los esquimales del Este, el receptor lamía también el artículo en el momento de cambiarlo. Si la lengua figura así en el Norte como órgano de la apropiación, no es asombroso que el abdomen pase en el Sur por el órgano de la propiedad acumulada, y que el cafre aprecie la riqueza de un hombre según la gordura de su panza. Los cafres son gente que lo entiende, pues mientras que el informe oficial de 1864 sobre la salud pública en Inglaterra lamenta que una gran parte de la clase trabajadora carece de substancias formadoras de grasa, un Dr. Harvey, que no ha descubierto la circulación de la sangre, labró su fortuna ese mismo año con recetas charlatanescas que prometían librar á la Burguesía y á la Aristocracia de su exceso de grasa.
↑ Véase Karl Marx , Zur Kritik... etc ., Teorias sobre la unidad de medida de la moneda .
↑ «Donde el oro y la plata son legalmente moneda, es decir, medida del valor, siempre se ha intentado en vano de tratarlos como una sola y misma materia. Suponer que el mismo tiempo de trabajo tiene que materializarse invariablemente en la misma proporción de plata y oro, es supoñer en realidad que la plata y el oro son una misma materia, y que una masa determinada del metal menos valioso constituye una fracción invariable de una masa determinada de oro. Desde el gobierno de Eduardo III, hasta el tiempo de Jorge II, la historia de la moneda inglesa presenta una serie continua de perturbaciones resultantes del conflicto entre la fijación legal de la relación de valor del oro y la plata y las oscilaciones de su valor real. Unas veces el oro era apreciado demasiado alto; otras, la plata. El metal menospreciado era sustraído á la circulación, fundido y exportado. La ley modificaba después la proporción de valor entre los dos metales; pero su nuevo valor nominal pronto entraba en el mismo conflicto que el antiguo con la proporción de valor real.—La muy débil y transitoria baja del valor del oro respecto de la plata, á consecuencia de la demanda de plata en la India y la China, ha originado en nuestros propios tiempos el mismo fenómeno en la más grande escala, determinando en Francia la exportación de la plata y su desalojo de la circulación por el oro. Durante los años 1855, 1856 y 1857, el exceso del oro importado sobre el oro exportado fué en Francia de 41.580.000 libras esterlinas, mientras que la exportación de plata excedió en 14.704.000 libras esterlinas á la importación del mismo metal. En los países donde ambos metales son medidas legales del valor, y deben por eso ser aceptados ambos en pago, mientras que se puede pagar á voluntad en plata ó en oro, el metal en alza tiene en realidad un premio y, como toda otra mercancía, mide su precio en el metal apreciado con exceso, que es el único que sirve como medida del valor. Toda la experiencia histórica sobre este punto se reduce simplemente á que donde la ley atribuye á dos mercancías la función de medida del valor, sólo una de ellas se mantiene de hecho como tal.» ( Karl Marx , ob. cit., páginas 52-53.)
↑ La particularidad de que en Inglaterra la onza de oro, unidad de la escala monetaria, no se divide en partes alícuotas, se explica como sigue: «Originariamente, nuestra acuñación se adaptaba sólo al empleo de la plata.—De ahí que una onza de plata puede siempre ser dividida en cierto número adecuado de piezas de moneda; pero como el oro se introdujo más tarde, en una acuñación apropiada sólo para plata, una onza de oro no puede ser acuñada en un número adecuado de piezas.» ( Maclaren , History of the Currency , Londres, 1858, pág. 16.)
↑ Es indecible la confusión que hay en las obras inglesas respecto de la medida de los valores ( measure of value ) y la escala de los precios ( standard of value ). Las funciones son constantemente confundidas, así como sus nombres.
↑ Tampoco este orden se realiza siempre en la Historia.
↑ Así, la libra inglesa designa menos de un tercio de su peso primitivo; la libra escocesa, antes de la unión, sólo 1 / 36 ; la livre francesa,; el maravedí español, menos de 1 / 1000 y el rei portugués una proporción todavía mucho menor.
↑ «Las monedas que hoy son ideales son las más antiguas de todas las naciones, y todas fueron reales en un tiempo, y porque eran reales, con ellas se contaba.» ( Galiani , Della Moneta , ob. cit., pág. 153.)
↑ El Sr. David Urquhart observa en sus Familiar Words que una libra (libra esterlina), la unidad de la escala monetaria inglesa, es hoy en día, poco más ó menos, igual á 1 / 4 de onza de oro. «Esto es falsificar una medida, no establecer una escala.» Como en todo lo demás, él ve en esta «falsa denominación» del peso del oro la mano falsificadora de la civilización.
↑ «Como se preguntara á Anacarsis para qué usaban los helenos de la moneda, respondió:—Para contar.» ( Athen ., Deipn ., l. IV , 49.)
↑ «Porque la moneda, como escala de los precios, aparece con los mismos nombres que los precios de las mercancías, de modo que, por ejemplo, una onza de oro, lo mismo que el valor de una tonelada de hierro, se expresa en 3 libras esterlinas 17 chelines 10 1 / 2 peniques, se ha dado á estas expresiones el nombre de precio, de moneda. De ahí há nacido la peregrina idea de que el oro (ó la plata) es evaluado en su propia substancia y, á diferencia de todas las mercancías, recibe un precio fijo por vía del Estado. Se ha tomado la fijación de los nombres de pesos de oro determinados por la fijación del valor de esos pesos.» ( Karl Marx , ob. cit., página 52.)
↑ Compárese Teorías sobre la unidad de medida de la moneda , en Zur Kritik der Politischen OEconomie , etc., pág. 53 y sig. La fantasía sobre elevación ó rebaja del «precio de la moneda», que consiste en que el Estado transporte los nombres monetarios fijados por la ley para cantidades fijas de oro y plata á cantidades mayores ó menores del modo de acuñar, por ejemplo, 1 / 4 de onza de oro en 40 chelines en vez de 20. Estas fantasías, en tanto que no son inhábiles operaciones financieras contra acreedores del Estado ó privados, sino «curas maravillosas» económicas, las ha tratado Petty en su obra Quantulumcumque concerning money. To the Lord Marquis of Halifax , 1682, de una manera tan completa, que ya sus inmediatos sucesores, Sir Dudley North y John Locke, para no decir nada de los posteriores, no pudieron sino repetirlo malamente. «Si la riqueza de una nación—dice aquél, por ejemplo—pudiera ser decuplicada por medio de un edicto, sería extraño que nuestros gobernantes no hayan hecho edictos semejantes hace mucho tiempo.» (Ob. cit., pág. 36.)
↑ «O bien hay que consentir en decir que un valor de un millón en plata vale más que un valor igual en mercancías ( Le Trosne , ob. cit., pág. 922); por lo tanto, «que un valor vale más que un valor igual».
↑ Si en su juventud San Jerónimo tuvo que luchar mucho contra la carne material, como lo muestra su combate del desierto con imágenes de mujeres hermosas, en su vejez luchó con la carne espiritual. «Yo me figuraba—dice él, por ejemplo—en espíritu ante el Juez universal.—¿Quién eres tú?—preguntó una voz. —Soy un cristiano. —¡Mientes!— dijo el Juez universal con voz de trueno—¡no eres más que un ciceroniano!»
↑ « Ἐκ δὲ τοῦ... πυρὸς ἀνταμείβεσϑαι πάντα , φησὶν ὁ Ἡράκλειος, καὶ πῦρ ἀπάντων, ὥσπερ χρυσοῦ χρήματα καὶ χρημάτων χρυσος .» ( F. Lassalle , Die Philosophie Herakleitos des Dunkeln , Berlín, 1858, t. I , pág. 222.) En su nota sobre este punto, pág. 223, n. 3, Lassalle dice erróneamente que la moneda es un simple signo del valor.
↑ «Toda venta es compra» (Dr. Quesnay , Dialogues sur le Commerce et les Travaux des Artisans , Physiocrates , ed. Daire, primera parte, París, 1846, pág. 170), ó, como dice Quesnay en sus Maximes Générales , «vender es comprar».
↑ «No pudiendo pagarse el precio de una mercancía sino con el precio de otra mercancía.» ( Mercier de la Riviére , L'Ordre naturel et essentiel des sociétés politiques, Physiocrates , ed. Daire, segunda parte, pág. 554.)
↑ «Para tener ese dinero es preciso haber vendido.» (Ob. cit., pág. 543.)
↑ El productor de oro y plata que cambia su producto sin haberlo vendido previamente, constituye una excepción, como ya se ha hecho notar.
↑ «Si el dinero representa en nuestras manos las cosas que podemos desear comprar, representa también en ellas las cosas que hemos vendido por ese dinero.» ( Mercier de la Riviere , ob. cit., pág. 586.)
↑ «Hay, pues, cuatro términos y tres contratantes, de los cuales uno interviene dos veces.» ( Le Trosne , ob. cit., pág. 908.)
↑ Por palpable que sea este fenómeno, pasa inadvertido, sin embargo, para la mayor parte de los economistas, sobre todo para el librecambista vulgar.
↑ Compárense mis observaciones sobre James Mill, en Zur Kritik... etc ., páginas 74-76. En esta cuestión, dos puntos son característicos del método de la Economía apologética: primero, la identificación de la circulación de mercancías con el trueque inmediato de productos, haciendo simplemente abstracción de sus diferencias, y segundo, la tentativa de negar las contradicciones del proceso de la producción capitalista, reduciendo las relaciones de sus agentes á las relaciones simples que resultan de la circulación de mercancías. Pero la producción y la circu- lación de mercancías son fenómenos pertenecientes á los más diversos modos de producción, aunque en amplitud y alcance distintos. No se sabe, pues, nada acerca de la differentia specifica de esos modos de producción, ni se los puede juzgar cuando se conoce únicamente las categorías abstractas de la circulación de mercancías que les son comunes. No hay ciencia como la Economía política para darse una gran importancia con los lugares comunes más elementales. J.—B. Say, por ejemplo, se permite opinar acerca de las crisis porque sabe que la mercancia es producto.
↑ Aun cuando la mercancía sea vuelta á vender repetidas veces, fenómeno que todavía no existe para nosotros, con la última y definitiva venta ella cae de la esfera de la circulación en la del consumo, para servir en ésta como medio de vida ó de producción.
↑ «El (el dinero) no tiene más movimiento que el que le imprimen las producciones.» ( Le Trosne , ob. cit., pág. 885.)
↑ «Son las producciones las que lo (al dinero) ponen en movimiento y lo hacen circular... La celeridad de su movimiento (del dinero) suple á su cantidad. Cuando es necesario, no hace más que deslizarse de una mano á otra sin detenerse un instante.» ( Le Trosne , ob. cit., págs. 915-916.)
↑ «Siendo la moneda..... la medida común para comprar y vender, todo el que tiene algo que vender, y no encuentra comprador, tiende á pensar que la falta de moneda en el reino ó país es la causa de que no salga de sus mercancías, y por eso falta de moneda es el grito general; lo que es un gran error..... ¿Qué necesita esa gente que clama por dinero?.... El agricultor se queja..... piensa que si hubiera más dinero en el país obtendría un precio por sus productos. Parece, pues, que lo que le hace falta no es moneda, sino un precio por su grano y su ganado, que él vendería, pero no puede..... ¿por qué no puede obtener un precio?.... 1.º, ó hay demasiado grano y ganado en el pais, de modo que la mayor parte de los que van al mercado necesitan, como él, vender y pocos comprar; ó 2.º, falta la salida al Exterior por el transporte; ó 3.º, el consumo decae, como cuando, por razón de pobreza, la gente no gasta tanto como antes en sus casas, por lo cual no sería el aumento de moneda específica lo que mejoraria los productos del agricultor, sino la supresión de alguna de esas tres causas, que son en realidad las que deprimen el mercado..... El comerciante y el tendero carecen de dinero de la misma manera, es decir, necesitan salida para las mercancías en que comercian, porque el mercado les falta..... Una nación nunca prospera tanto como cuando las riquezas son lanzadas de mano en mano.» (Sir Dudley North , Discourses upon Trade , Londres, 1691, págs. 11-15 y sig.) Toda la charlatanería de Herrenschwand se reduce á que las contradicciones resultantes de la naturaleza de la mercancía, y que aparecen en la circulación de las mercancías, pueden ser suprimidas aumentando los medios de circulación. De la ilusión popular que atribuye las interrupciones del proceso de la producción y de la circulación á de la circulación á la falta de medios de circulación, no se deduce absolutamente que, por el contrario, la falta real de medios de circulación, á consecuencia, por ejemplo, de chapucerías oficiales en la regulation of currency , no pueda, á su vez, ocasionar esas interrupciones.
↑ «Hay cierta medida y proporción de moneda, necesaria para llevar adelante el comercio de una nación, que se perjudicaría con más ó menos que eso. Exactamente como en un pequeño negocio por menor se necesita cierta proporción de céntimos para cambiar la moneda de plata y para ajustar algunas cuentas que no pueden ser ajustadas con las más pequeñas piezas de plata..... Ahora, así como la proporción del número de céntimos requerido para el comercio se saca del número de personas, de la frecuencia de sus cambios, como también, y principalmente, del valor de las más pequeñas piezas de plata, de la misma manera la proporción de moneda (oro y plata en especie) requerida para nuestro comercio se saca de la frecuencia de los cambios y de la cuantía de los pagos.» ( William Petty , A Treatise on Taxes and Contributions , Londres, 1667, pág. 17.) La teoria de Hume ha sido defendida, contra J. Steuart y otros, por A. Young, en su Political Arithmetic , Londres, 1774, á la cual dedica todo un capitulo: «Los precios dependen de la cantidad de moneda», pág. 112 y sig. Yo noto en Zur Kritik... etc ., pág. 149: «El (A. Smith) aparta silenciosainente á un lado la cuestión de la cantidad de moneda. circulante, tratando muy equivocadamente del dinero como de una simple mercancía.» Esto sólo se refiere á lo que dice A. Smith en tanto que trata ex officio del dinero. Ocasionalmente, sin embargo, por ejemplo, al criticar los sistemas anteriores de Economía política, dice lo exacto: «La cantidad de moneda es regulada en cada país por el valor de las mercancías que ella tiene que hacer circular..... El valor de los artículos anualmente comprados y vendidos en un pais requiere cierta cantidad de moneda para hacerlos circular y distribuirlos á sus consumidores, y no puede dar empleo á más. El canal de la circulación atrae necesariamente hacia sí una suma suficiente para llenarlo, y nunca admite más.» ( Wealth of Nations , l. IV , cap. I .) A. Smith empieza también su obra ex officio con una apoteosis de la división del trabajo. Después, en el último libro, sobre las fuentes de la renta del Estado, reproduce ocasionalmente la condena de la división del trabajo por A. Ferguson, su maestro.
↑ «Los precios de las cosas subirán seguramente en una nación si aumentan el oro y la plata del pueblo, y, por consiguiente, si en una nación disminuyen el oro y la plata, los precios de todas las cosas tienen que bajar proporcionalmente á esa disminución de la moneda.» ( Jacob Vanderlint , Money answers all Things , Londres, 1734, pág. 5.) Una detenida comparación entre Vanderlint y los Essays de Hume no me deja la menor duda de que éste conoció y utilizó la obra de Vanderlint, que, por lo demás, era importante. La opinión de que la masa de los medios de circulación determina los precios, se encuentra también en Barbon y en escritores todavía mucho más antiguos. «Ningún inconveniente—dice Vanderlint—puede resultar de un comercio sin restricciones, sino muy grandes ventajas..... puesto que, si el numerario de la nación disminuyera por él, lo que las prohibiciones están destinadas á impedir, las naciones que reciben el numerario verán seguramente subir de precio todas las cosas, á medida que la moneda aumente en su seno. Y..... nuestras manufacturas y toda otra cosa serán pronto de un precio tan moderado, que invertirán en nuestro favor la balanza del comercio y nos traerán así de nuevo la moneda.» (Ob. cit., pág. 44.)
↑ Es evidente que cada especie de mercancía constituye, por su precio, un elemento de la suma de los precios de todas las mercancías circulantes. Pero es de todo punto inconcebible cómo valores de uso inconmensurables entre sí puedan cambiarse en masse con la masa de oro y plata que se encuentra en un país. Si todas las mercancías se redujeran á una sola mercancía total, de la cual cada mercancía no fuera sino una parte alicuota, resultaría esta hermosa cuenta: mercancía total = x quintales de oro, mercancía A = parte alícuota de la mercancía total = la misma parte alícuota de x quintales de oro. Lo dice muy ingenuamente Montesquieu: «Si se compara la masa de oro y plata que hay en el mundo con la suma de las mercancías que en él existen, es seguro que cada artículo ó mercancia en particular podrá ser comparada á cierta porción de la otra. Supongamos que no haya más que un solo artículo ó mercancía en el mundo, ó que no haya más que una sola que se compre, y que ésta se divida como la moneda: esta parte de una mercancía corresponderá á una parte de la masa del dinero; la mitad del total de la una, á la mitad del total del otro, etc. El establecimiento del precio de las cosas depende siempre fundamentalmente de la razón del total de las cosas al total de los signos.» ( Montesquieu , ob. cit., t. III , págs. 12-13.) Sobre el desarrollo ulterior de esta teoría por Ricardo, su discipulo James Mill, Lord Overstone y otros, véase Zur Kritik... etc ., págs. 140-146 y pág. 150 y sig. Con la lógica ecléctica que le es usual, el Sr. J. St. Mill se da maña para ser de la opinión de su padre J. Mill y al mismo tiempo de la opuesta. Si se compara el texto de su compendio Princ. of Pol. Econ . con el prefacio (primera edición), en que él se anuncia á sí mismo como el Adam Smith de la actualidad, no se sabe qué admirar más, si la ingenuidad del hombre, ó la del público que le ha tomado de buena fe por un Adam Smith, respecto de quien él es lo que el general Williams Kars de Kars para el duque de Wellington. Las investigaciones originales del Sr. J. St. Mill en el campo de la Economía política, que no son extensas ni substanciales, están todas puestas en fila en su pequeña obra, aparecida en 1844, Some Unsettled Questions of Political Economy . Locke enuncia directamente la conexión entre la carencia de valor del oro y la plata y la determinación de su valor por su cantidad. «Habiendo consentido la Humanidad en dar un valor imaginario al oro y la plata..... el valor intrínseco, considerado en estos metales, no es sino la cantidad.» ( Some Considerations , etc., 1691; Works, ed. 1777, vol. II , pág. 15.)
↑ Está, por supuesto, completamente fuera de mi propósito tratar de detalles como el derecho señorial, etc. Sin embargo, frente al romántico sicofante Adam Müller, que admira la «grandiosa liberalidad» con que el Gobierno inglés acuña gratis», vaya el siguiente juicio de Sir Dudley North: «La plata y el oro, como los otros artículos, tienen su flujo y su reflujo. Cuando llegan cantidades de España..... es llevado a la Torre y acuñado. Poco después habrá demanda de lingotes para la exportación. Si no los hay, pues todo está acuñado, ¿qué hacer? Fundirlo de nuevo. Nada se pierde con ello, porque la acuñación nada cuesta al propieta- rio. Así, la nación ha sido burlada y ha pagado por torcer paja para que coman los asnos. Si el comerciante (el mismo North era uno de los más grandes comerciantes del tiempo de Carlos II) tuviera que pagar el precio de la acuñación, no enviaría sin consideración su plata á la Torre, y la moneda acuñada conservaría siempre un valor superior al de la plata sin acuñar.» ( North , ob. cit., pág. 18.)
↑ Si la plata no excede nunca de lo necesario para los pequeños pagos, no puede ser reunida en cantidades suficientes para los grandes pagos..... El uso del oro en los principales pagos implica también necesariamente su uso en el comercio por menor, pues los que tienen oro acuñado lo ofrecen en pequeñas compras y reciben la vuelta en plata, junto con el artículo comprado; por cuyo medio el exceso de plata, que de otra manera estorbaría al comerciante por menor, es removido y lanzado á la circulación general. Pero si hay bastante plata para hacer los pequeños pagos independientemente del oro, el comerciante por menor tiene entonces que recibir plata por las pequeñas compras, y ésta tiene necesariamente que acumularse en sus manos.» ( David Buchanan , Inquiry into the Taxation and Commercial Policy of Great Britain , Edimburgo, 1844, págs. 248-249.)
↑ Al mandarín de la Hacienda Wan-mao-in se le ocurrió presentar al Hijo del Cielo un proyecto que tendía ocultamente á transformar los asignados del Imperio chino en billetes de Banco convertibles. En el informe del Comité de Asignados de abril de 1854 se le lava la cabeza como es debido. No se dice si recibió también la correspondiente paliza de caña de bambú. «El Comité—dice al fin del informe—ha pesado detenidamente su proyecto y encuentra que todo él es en ventaja de los comerciantes y nada ventajoso para la Corona.» ( Arbeiten der Kaiserlich Russischen Gesandtschaft zu Peking über China. Aus dem Russischen von Dr. K. Abel und F. A. Mecklenburg . Berlín, 1858, t. I , pág. 47 y sig.) Respecto de la continua pérdida de peso de las piezas de oro, debida á su circulación, un governor del Banco de Inglaterra, como testigo ante el Comité de la Cámara de los Lores (sobre Bankacts ), ha declarado lo siguiente: «Cada año, una nueva clase de soberanos (no políticos, sino como nombre de las libras esterlinas) se hace demasiado liviana. La clase que un año pasa por de peso legal, pierde tanto por el frote, que al año siguiente inclina la balanza en su contra.» ( H. o. Lords' Committee , 1848, n. 429.)
↑ El siguiente pasaje de Fullarton muestra la oscuridad de ideas que acerca de las diversas funciones de la moneda reina hasta entre los mejores escritores sobre el tema: «Que en lo que se refiere á nuestros cambios internos, todas las funciones monetarias, usualmente desempeñadas por el oro y la plata acuñados, pueden ser desempeñadas con igual eficacia por una circulación de billetes inconvertibles, sin más valor que el ficticio y convencional que se deriva de la ley, es un hecho que, en mi concepto, no puede absolutamente negarse. Un valor de esta clase puede responder á todos los fines del valor intrínseco, y aun suprimir la necesidad de una marco de valor, con tal que se limiten debidamente las cantidades emitidas.» ( Fullarton , Regulation of Currencies , segunda edición, Londres, 1845, pág. 21.) Es decir porque la mercancía-moneda puede ser reemplazada en la circulación por simples signos de valor, ¡es superffua como medida de los valores y escala de los precios!
↑ De que el oro y la plata como numerario, ó en su función exclusiva de medios de circulación, pasan á ser signos de sí mismos, deduce Nicolás Barbon el derecho de los Gobiernos « to raise money »; es decir, de dar, por ejemplo, á una cantidad de plata que se llamaba franco el nombre de una cantidad mayor, como escudo, y así de pagar á los acreedores francos en lugar de escudos. «La moneda se gasta y se hace más liviana por su frecuente traspaso.... Lo que los hombres tienen en cuenta al negociar es la denominación y curso de la moneda, y no la cantidad de plata..... Es la autoridad pública sobre el metal lo que le hace moneda.» ( N. Barbon , ob. cit., págs. 29, 30 y 25.)
↑ «Una riqueza en dinero no es sino..... riqueza en producciones, convertidas en dinero.» ( Mercier de la Riviére , ob. cit., pág. 557.) «Un valor en producciones no ha hecho más que cambiar de forma.» (Idem, pág. 486.)
↑ «Es por esta práctica como mantienen todos sus artículos y manufacturas á tan bajos precios.» ( Vanderlint , ob. cit., págs. 95-96.)
↑ «El dinero es una prenda.» ( John Bellers , Essays about the Poor, Manufactures, Trade, Plantations, and Immorality , Londres, 1669, pag. 13.)
↑ Compra, en el sentido categórico, supone ya, en efecto, el oro ó la plata como figura transformada de la mercancía, ó producto de la venta.
↑ Enrique III, rey cristianísimo de Francia, despoja los claustros, etc., de sus reliquias, para hacer moneda de ellas. Es bien conocido el papel del robo de los tesoros del templo de Delfos por los focenses en la historia griega. Entre los antiguos, como se sabe, los templos servían de habitación al dios de las mercancías. Eran «Bancos santos». Para los fenicios, pueblo comercial por excelencia, el dinero era la figura enajenada de todas las cosas. Era, pues, de rigor que las vírgenes que se entregaban á los extranjeros en las fiestas de la diosa del Amor ofreciesen á ésta la pieza de moneda que reciban en pago.
↑ «Gold! yellow, glittering precious gold! Thus much of this, will make black white; foul, fair; Wrong, right; base, noble; old, young; coward, valiant. ..............What this, you gods! Why this Will lug your priests and servants from your sides; Pluck stout men's pillows from below their heads. This yellow slave Will knit and break religions; bless the accurs'd; Make the hoar leprosy ador'd; place thieves And give them title, knee and approbation With senators of the bench; this is it, That makes the wappen'd widow wed again ..............Come damned earth, Thou common whore of mankind.» ( Shakespeare , Timon of Athens .)
↑ «Οὐδὲν γὰρ ἀνϑρώποισιν οἷον ἄργυρος Κακὸν νόμισμα ἔβλαστε · τοῦτο καὶ πόλεις Ηορϑεῖ, τόδ’ ἄυδρας ὲξανίστησιν δόμων. Τόδ’ ἐκδιδάσκει καὶ παραλλάσσει φρέυας Χρηστὰς πρὸς αἴσχρὰ ἀνϑρώποις ἔχειν, Καὶ παντὸς ἔργου δυσσένειαν εἰδέναι.» ( Sofocles , Antígona .)
↑ « Ἐλπιζούσηες τῆς πλεονεξίας ὰνάξεομ ὲλ τῶν μυχῶν τῆς γῆϲ αὐτὸν τὸν Ηλούτωνα. »( Athen ., Deipnos .)
↑ «Aumentar cuanto se puede el número de vendedores de cada mercancía: disminuir cuanto se puede el número de los compradores; tales son los puntos sobre que giran todas las operaciones de la Economía política.» ( Verri , ob. cit., página 52.)
↑ «Para llevar adelante el comercio de la nación se requiere una suma determi- nada de moneda específica, que varía, y es á veces más, á veces menos, según lo requieren las circunstancias..... Este flujo y reflujo de la moneda se hace y arregla por sí mismo, sin ayuda alguna de los políticos..... Los baldes trabajan alternativamente cuando la moneda escasea, se acuñan lingotes; cuando los lingotes están escasos, se funde moneda.» (Sir D. North , ob. cit., pág. 22.) John Stuart Mill, empleado de la Compañía de la India Oriental durante largo tiempo, atestigua que en la India los adornos de plata funcionan siempre inmediatamente como tesoro. Los «adornos de plata son retirados y acuñados cuando hay un alto tipo de interés, y vuelven cuando el tipo del interés baja». ( J. St. Mill's Evidence, Repts. on Bankacts , 1857, n. 2.084.) Según un documento parlamentario de 1864, sobre importación y exportación de oro y plata en la India, en 1863 la importación de oro y plata excedió á la exportación en 19.367.764 libras esterlinas. En los últimos ocho años anteriores á 1864, el exceso de la importación sobre la exportación de los metales preciosos fué de 109.652.917 libras esterlinas. Durante este siglo se ha amonedado en la India mucho más de 200 millones de libras esterlinas.
↑ Lutero distingue en la moneda el medio de compra del medio de pago. « Machest mir einen Zwilling aus dem Schadewacht, das ich hie nicht bezalen und dort nicht kauffen kann .» ( Martin Luther , An die Pfarrherm, wider den Wucher zu predigen , Wittenberg, 1540.).
↑ Sobre las relaciones de deudores y acreedores entre los comerciantes ingleses á principios del siglo XVIII : «Aquí, en Inglaterra, reina entre los hombres de comercio un espíritu de crueldad tal como no se encuentra en ninguna otra sociedad humana ni en ningún otro reino del mundo.» ( An Essay on Credit and the Bankrupt Act , Londres, 1707, pág. 2.).
↑ En la cita siguiente, tomada del libro que publiqué en 1859, se verá por qué no me ocupo en el texto de una forma contraria: «La moneda puede inversamente ser enajenada como medio real de compra en el proceso D—M, y el precio de la mercancía realizarse así antes de que se realice el valor de uso de la moneda ó de que se enajene la mercancía. Esto se verifica, por ejemplo, en la forma ordinaria de la suscripción adelantada, ó en la forma en que el Gobierno inglés compra el opio de los Ryots de la India..... Pero así la moneda no actúa sino en la forma ya conocida de medio de compra..... También se adelanta, naturalmente, capital en la forma de moneda..... Pero este punto de vista no está dentro del horizonte de la circulación simple.» ( Zur Kritik... etc ., págs. 119-120.)
↑ La crisis monetaria á que se refiere el texto como fase especial de toda crisis general de producción y de comercio, es bien distinta de la clase especial de crisis, llamadas también crisis monetarias, que pueden sobrevenir por sí mismas y repercutir sobre la industria y el comercio. El centro de movimiento de estas crisis es el capital-moneda, y, por lo tanto, la Banca, la Bolsa y la Hacienda son su inmediata esfera de acción.
↑ «Este paso repentino del sistema del crédito al sistema monetario agrega el terror teórico al pánico práctico, y los agentes de la circulación se extremecen ante el impenetrable secreto de sus propias relaciones.» ( K. Marx , ob. cit., pág. 126.) «Los pobres están parados porque los ricos no tienen dinero para emplearlos, aunque tienen la misma tierra y las mismas manos para proveer de alimentos y vestidos que han tenido siempre; lo cual es la verdadera riqueza de una nación, y no la moneda.» ( J. Bellers , Proposals for raising a Colledge of Industry , Londres, 1696, pág. 3.)
↑ He aquí cómo esos momentos son aprovechados por los amis du commerce : «Una vez (1839), un codicioso viejo banquero (de la City) levantó la tapa del escritorio á que estaba sentado en su gabinete, y mostró á un amigo rollos de billetes de Banco, diciéndole con intenso júbilo que los había allí por valor de 600.000 libras esterlinas; que estaban guardados para poner «tirante» el dinero, y que todos saldrían después de las tres de la tarde del mismo día.» ( The Theory of the Exchanges . The Bank Charter Act of 1844 . Londres, 1864, pág. S1.) El órgano semioficial The Observer decía el 24 de abril de 1864: «Corren rumores muy curiosos respecto de los medios que se han puesto en juego á fin de crear una escasez de billetes de Banco.... Aunque sea dudoso que se haya recurrido á ninguna treta de ese género, la voz ha sido tan general, que realmente merece mención.»
↑ «El monto de las ventas ó las contratas hechas en el curso de un día determinado, no afectará á la cantidad de moneda circulante ese día, sino que en la gran mayoría de los casos ellos se resolverán es una multitud de libranzas sobre la cantidad de moneda que circule en subsiguientes fechas más ó menos distantes...... Los pagarés firmados ó créditos abiertos hoy no necesitan tener semejanza alguna, en cantidad, monto ni duración, con los firmados ó abiertos mañana ó al día siguiente; aun más, muchos de los pagarés y créditos de hoy, á su vencimiento coincidirán con una masa de obligaciones originadas al través de una serie completamente indefinida de fechas anteriores, pues á menudo se juntan pagarés á uno, tres, seis ó doce meses, para hinchar las obligaciones comunes en un día determinado....( The Currency Question Reviewed; a letter to the Scotch people. By a Banker in England . Edimburgo, 1845, págs. 29, 30 y sig.)
↑ Como ejemplo de la poca cantidad de dinero que interviene en las operaciones comerciales propiamente dichas, va á continuación el cuadro de las entradas de dinero y pagos anuales de una de las más grandes Casas comerciales de Londres (Morrison, Dillon & Co.). Sus transacciones del año 1856, que importan muchos millones de libras esterlinas, son reducidas á la escala de un millón. Libras esterlinas.
( Report from the Select Committee on the Bankacts . Julio, 1858, pág. LXXI .)
↑ «Transformado así el curso del comercio de cambio de mercancías por mercancías, ó entrega y toma, en venta y pago, todos los tratos..... se establecen ahora sobre un pie de moneda.» ( An Essay upon Publick Credit , tercera edición, Londres, 1710, pág. 8.)
↑ «El dinero se ha hecho el verdugo de todas las cosas.» El arte financiero es el alambique que ha hecho evaporar una espantosa cantidad de bienes y de artículos para hacer ese fatal précis ». «El dinero declara la guerra á todo el género humano.» ( Boisguillebert , Dissertation sur la nature des richesses, de l'argent et des tributs , ed. Daire, Economistes financiers , Paris, 1843, t. I , págs. 413, 419, 417.)
↑ «El lunes de Pentecostés de 1824—refiere el Sr. Craig al Comité investigador parlamentario de 1826—era tan inmensa en Edimburgo la demanda de billetes de Banco, que á las once ya no teníamos ni un billete en nuestra cartera. Enviamos á pedir prestados sucesivamente á los diversos Bancos, pero no conseguimos ninguno, y muchas transacciones no pudieron concluirse sino en pedazos de papel. A las tres de la tarde, sin embargo, todos los billetes habían vuelto ya á los Bancos de que habían salido. Sólo habian cambiado de manos.». Aunque en Escocia la circulación media efectiva de billetes de Banco no alcanza á 3 millones de libras esterlinas, en diversos términos de pago que hay en el año son puestos en actividad todos los billetes que están en poder de los banqueros, más ó menos, 7 millones de libras esterlinas en totalidad. En esas ocasiones los billetes tienen que desempeñar una función única y específica, y tan pronto como la han desempeñado afluyen de nuevo á los respectivos Bancos, de que salieron. ( John Fullarton , Regulation of Currencies , segunda edición, Londres, 1845, pág. 86, nota.) Para que se comprenda lo anterior hay que agregar que en tiempo de la obra de Fullarton en Escocia no se daban cheques, sino billetes, por los depósitos.
↑ A la pregunta: dada la ocasión de juntar 40 millones por año, ¿bastarían los mismos 6 millones (oro) para las revoluciones y circulaciones que requiere el comercio?, responde Petty con su acostumbrada maestría: «Respondo que sí; porque siendo el gasto de 40 millones, si las revoluciones fueran de órbita tan estrecha, á saber, semanales, como sucede entre los pobres artesanos y trabajadores, que reciben y pagan cada sábado, 40 / 52 partes de un millón de moneda responderían á esos fines; pero si los círculos fueran trimestrales, según nuestra costumbre de pagar alquileres y cobrar impuestos, serían necesarios 10 millones. De modo que suponiendo que los pagos en general fueran de una órbita intermedia entre 1 y 13 semanas, hay que añadir 10 millones á 40 / 52 , la mitad de lo cual, 5 1 / 2 millones, seria suficiente.» ( William Petty , Political Anatomy of Ireland , 1672, ed. Londres, 1691, págs. 13-14.)
↑ Por eso es absurda toda legislación que prescriba á los Bancos nacionales no atesorar sino el metal precioso que funciona como moneda en el interior del país. Son conocidas las «propicias dificultades» que así se ha puesto á sí mismo el Banco de Inglaterra. Sobre las grandes épocas históricas de la variación relativa del valor del oro y de la plata, véase Karl Marx , ob. cit., pág. 136 y sig. En su Bankact de 1844, Sir Roberto Peel trató de remediar el inconveniente permitiendo al Banco de Inglaterra emitir billetes sobre lingotes de plata, con la condición, sin embargo, de que la reserva de plata nunca pasara de un cuarto de la reserva de oro. Al propósito indicado se aprecia el valor de la plata según su precio en oro en el mercado de Londres. [ Nota de la cuarta edición —Nos encontramos de nuevo en una época de fuerte variación relativa del valor del oro y la plata. Hace unos veinticinco años, la proporción del valor del oro al de la plata era = 15 1 / 2 ; ahora es más ó menos 22 : 1, y la plata continúa bajando respecto del oro. Esto es esencialmente debido á una revolución en el modo de producir ambos metales. Antes se obtenia el oro casi exclusivamente por el lavado de capas aluviales auriferas, producto de la disgregación de rocas auríferas. Ahora ya no basta este método, y ha sido relegado á un segundo término por la elaboración de la misma ganga cuarzosa aurifera, procedimiento antes sólo secundario, aunque ya bien conocido de los antiguos ( Diodoro , III , 12, 14). Por otra parte, además de haberse descubierto al oeste de las montañas Rocosas americanas nuevos é inmensos depósitos de plata, éstos y las minas mejicanas se han hecho accesibles por los ferrocarriles á la maquinaria moderna y al combustible, que permiten obtener la plata en gran cantidad y con poco costo. Pero hay una gran diferencia en la manera como ambos metales se presentan en los filones. El oro está casi siempre puro, pero esparcido en muy pequeñas cantidades en el cuarzo; es necesario, pues, moler toda la ganga y lavar el oro ó extraerlo por medio del mercurio. De 1 millón de gramos de cuarzo á veces salen apenas de 1 á 3 gramos, muy rara vez de 30 á 60 gramos de oro. La plata se presenta rara vez pura; pero, en cambio, está contenida en un mineral fácil de separar de la roca, y que contiene la mayor parte de las veces de 40 á 90 por 100 de plata, ó está contenida en pequeñas cantidades en los minerales de cobre, plomo, etc., cuya elaboración es lucrativa. Como se ve, mientras que el trabajo de producción del oro más bien aumenta, el de la plata seguramente ha disminuído, y la baja del valor de ésta es muy explicable. Esta baja de valor se manifestaría en una baja de precio aun mayor, si aun hoy no se mantuviera alto el precio de la plata por medios artificiales. Los tesoros de plata de América no están abiertos, sin embargo, sino en una pequeña parte, y todo hace prever que el valor de la plata continuará bajando por largo tiempo. A esto tiene también que contribuir la disminución de la necesidad de plata para artículos de uso y de lujo, debido á su reemplazo por artículos plateados, de aluminio, etc. Júzguese, pues, del utopismo de la idea bimetalista de elevar de nuevo la plata á la antigua proporción de valor de 1 : 15 1 / 2 , por medio de su curso forzoso internacional. Mas seguro es que también en el mercado universal la plata pierda más y más su cualidad de moneda.— F. E .]
↑ Los adversarios del sistema mercantil, según el cual el fin del comercio universal era recibir en oro y plata el saldo del balance del comercio, han desconocido á su vez por completo la función de la moneda universal. He demostrado extensamente, á propósito de Ricardo (ob. cit., pag. 150 y sig.), cómo el falso concepto de las leyes que regulan la masa de los medios de circulación se refleja en el falso concepto del movimiento internacional de los metales preciosos. Su falso dogma: «Un balance desfavorable del comercio nunca proviene sino de una superabundancia de moneda..... La exportación del numerario es causada por su baratura, y no es el efecto, sino la causa de un balance desfavorable», ya se encuentra por eso en Barbon: «El balance del comercio, si es que lo hay, no es la causa del envío de la moneda al exterior del país, sino que proviene de la diferencia del valor de los lingotes en cada país.» ( N. Barbon , ob. cit., págs. 59-60.) MacCulloch, en The Literature of Political Economy, a classified catalogue , Londres, 1845, alaba á Barbon por esa anticipación; pero evita prudentemente hasta el mencionar las formas ingenuas que dá él todavía á sus absurdas suposiciones del currency principle . La falta de crítica, y aun de honradez, de ese catálogo resaltan en las secciones sobre la historia de la teoría de la moneda, porque en ellas MacCulloch mueve la cola como sicofante de Lord Overstone (ex banquero Loyd), á quien llama « facile princeps argentariorum ».
↑ Por ejemplo, en caso de subsidios, de empréstitos de guerra ó para Bancos que van á restablecer sus pagos en moneda sonante, etc., el valor puede ser requerido precisamente en la forma de moneda.
↑ «No quisiera, en verdad, prueba más convincente de la aptitud del mecanismo de las reservas en los países de curso metálico para desempeñar toda función necesaria en los ajustes internacionales, sin ayuda sensible alguna de la circulación general, que la facilidad con que Francia, apenas repuesta de la conmoción de una destructora invasión extranjera, dentro del término de veintisiete meses completó el pago de su contribución forzosa de cerca de 20 millones á las potencias aliadas, y una proporción considerable de ella en metálico, sin contracción perceptible ni desarreglo de su circulación, ni tampoco fluctuaciones alarmantes de su cambio.» ( Fullarton , ob. cit., pág. 191.) [ Nota de la cuarta edición .—Un ejemplo todavía más notable es la facilidad con que la misma Francia ha podido pagar en treinta meses, de 1871 á 1873, una indemnización de guerra más de diez veces mayor, también en gran parte en metálico.— F. E .]
↑ «La moneda se reparte entre las naciones según la necesidad que tienen de ella..... siendo siempre atraída por las producciones.» ( Le Trosne , ob. cit., página 916.) «Las minas que están continuamente dando oro y plata, dan suficiente para proveer á cada nación del balance que necesita.» ( J. Vanderlint , ob. cit., página 40.)
↑ «Los cambios suben y bajan cada semana, y en ciertas épocas del año se elevan mucho contra una nación, y en otras otro tanto en sentido contrario.» ( N. Barbon , ob, cit., pág. 39.)
↑ Estas diversas funciones pueden entrar en peligroso conflicto desde que á ellas se agrega la de fondo de conversión de billetes de Banco.
↑ «El dinero que excede á lo que es de absoluta necesidad para el comercio interno, es capital muerto y no da ganancia alguna al país en que se lo guarda, but as it is transported in Trade, as well as imported .» ( John Bellers , ob. cit., pág. 12.) ¿Y si tenemos demasiada moneda acuñada? Podemos fundir la más pesada y hacer de ella espléndida vajilla, vasos ó utensilios de oro y plata, ó exportarla como mercancía adonde se la necesita ó desea, ó colocarla á interés donde el interés es alto.» ( W. Petty , Quantulumcunque , pág. 39.) «La moneda no es sino la grasa del cuerpo político, de modo que, en exceso, impide su agilidad, y su falta, lo enferma... Como la grasa lubrifica el movimiento de los músculos, alimenta cuando faltan los viveres, llena las cavidades y embellece el cuerpo, así el dinero acelera las acciones del Estado, trae alimentos de fuera cuando faltan en el país, nivela las cuentas... y embellece el conjunto, aunque—dice al fin con ironía—más especialmente á aquellas personas que lo tienen en abundancia.» ( W. Petty , Political Anatomy of Ireland , pág. 14.)