El conde Lucanor · Unidad 24 de 26

PRÓLOGO — parte 23

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Si hobo ende grand pesar, non lo debedes poner en dubda, pero doliéndose del mal de su señor comenzó a dar muy grandes voces a su padre et a decirle, llamandol por su nombre: que dejase a su señor, ca como quier que él era su fijo que era otrosí vasallo de aquel señor que él tenía de aquella guisa, que si non lo dejase, que fuese cierto quel mataría.

Et el padre porque non lo oyó, o non lo guisó facer, non lo dejó. Et desquel fijo vió a su señor en tal periglo et que su padre non lo quería dejar, membrándose de la lealtad que había de facer, olvidó et echó tras las cuestas el debdo et la naturaleza de su padre, et entendió que si descendiese del caballo, que con la priesa de los caballos que y estaban que por aventura ante que él pudiese acorrer, que su señor que sería muerto: et llegó así de caballo como estaba, todavía dando voces a su padre que dejase a su señor, et nombrando a su padre et a si mismo. Et desque vió que en ninguna guisa non le quería dejar, tan grand fué la cuita, et el pesar, et la saña que hobo, que como vió que estaba su señor, que dió tan grand ferida a su padre por las espaldas que pasó todas las armaduras et todo el cuerpo. Et aun tan grand fué aquel desaventurado golpe que pasó a su señor el cuerpo et las armás así como a su padre, et murieron entramos de aquel golpe.

Otrosí, otro caballero de parte de aquel señor que era muerto, ante que sopiese de la muerte de su señor, había muerto el señor de la otra parte. Et así fué aquella lit de todas partes mala et ocasionada.

Et desque la lit fué pasada et el caballero sopo la desaventura quel acaesciera por matar en aquella ocasión a su señor et a su padre, enderezó a casa de todos los reyes et grandes señores que había en aquellas comarcas et trahendo las manos atadas et una soga a la garganta, dicía a los reyes et señores que iba: que si ningún homne merescía muerte de traidor por matar su señor et su padre, que la merescía él; et que les pidía él por merced que cumpliesen en él lo que fallasen quél merescía, pero si alguno dijiera que los matara por talante de facer traición, que él se salvaría ende como ellos fallasen que lo debía facer.

Et desque los reyes et los señores sopieron cómo acaesciera el fecho, todos tovieron que comoquier que él fuera muy mal ocasionado, que non ficiera cosa porque meresciera haber ninguna pena, ante le preciaron mucho et le fecieron mucho bien por la grand lealtad que ficiera en ferir a su padre por escapar a su señor. Et todo esto fué porque, comoquier que él fizo mala obra, non la fizo mal, nin por escogimiento de facer mal.

Et asi, señor Conde Lucanor, debedes entender por estos enjiemplos la razón porque las obras para que el homne vaya a Paraiso es mester que sean buenas, et bien fechas, et por escogimiento. Et las por quel homne ha de ir al Infierno conviene que sean malas, et mal fechas, et por escogimiento; et esto que dice que sean bien fechas, o mal, et por escogimiento es en la entención; ca si quier dijo el poeta: «Quicquid agant hómines Intencio judicat omnes», que quiere decir: quequier que los homnes fagan todos serán juzgados por la entención a que lo ficieren.

Agora, señor conde Lucanor, vos he dicho las maneras porque yo entiendo que el homne puede guisar que vaya a la gloria del Paraiso et sea guardado de ir a las penas del Infierno. Et aún porque entendades cuanto engañado es el homne en fiar del mundo, nin tomar lozanía, nin soberbia, nin poner grand esperanza en su honra, nin en su linaje, nin en su riqueza, nin en su mancebía, nin en ninguna buena andanza que en el mundo pueda haber, fablarvos he un poco en dos cosas porque entendades que todo homne que buen entendimiento hobiese debía facer esto que yo digo.

La primera, qué cosa es el homne en si: et quien en esto cuidare entendrá que non se debe el homne mucho presciar: la otra, qué cosa es el mundo et cómo pasan los homnes en él, et qué gualardón les da de lo que por él facen; quien de esto cuidare si de buen entendimiento fuere, entendrá que non debría facer por él cosa porque perdiese el otro que dura sin fin.

La primera, qué cosa es el homne en sí; ciertamente esto tengo que sería muy grave de decir todo, pero, con la merced de Dios, decirvos he yo tanto que cumpla asaz para que entendades lo que yo vos quiero dar a entender.

Bien cred, señor conde, que entre todas las animalias que Dios crió en el mundo, nin aun de las corporales, non crió ninguna tan complida, nin tan menguada como el homne. Et el complimiento que Dios en él puso non es por al sinón porquel dió entendimiento, et razón, et libre albedrío, porque quiso que fuese compuesto de alma et de cuerpo; mas, desta razón non vos fablaré más, que es ya puesto en otros logares asaz complidamente en otros libros que don Johan fizo; mas, fablarvos he en las menguas et vilezas que el homne ha en si, en cosas, tanto como otras animalias; et en cosas, más que otra animalia ninguna.

Sin dubda, la primera vileza que el homne ha en si, es la manera de que se engendra, también de parte del padre como de parte de la madre, et otrosí la manera cómo se engendra. Et porque este libro es fecho en romance--que lo podrían leer muchas personas tambien homnes como mujeres que tomarían vergüenza en leerlo, et aún non ternian por muy guardado de torpedat al que lo mandó escribir,--por ende non fablaré en ello tan declaradamente como podría, pero el que lo leyere, si muy menguado non fuere de entendimiento, asaz entendrá lo que a esto cumple.

Otrosí, después que es engendrado en el vientre de su madre non es el su gobierno sinón de cosas tan sobejanas que naturalmente non pueden fincar en el cuerpo de la mujer sinón en cuanto está preñada. Et esto, quiso Dios que naturalmente hobiesen las mujeres aquellos humores sobejanos en los cuerpos, de que se gobernasen las criaturas: otrosí, el logar en que están, es tan cercado de malas humidades et corrompidas, que sinón por una teliella muy delgada que crió Dios que está entre el cuerpo de la criatura et aquellas humidades, que non podría vevir en ninguna manera.

Otrosí, conviene que sufra muchos trabajos et muchas cuitas en cuanto está en el vientre de su madre. Otrosí, porque a cabo de los siete meses es todo el homne complido et non le cumple el gobierno de aquellos humores sobejanos de que se gobernaba en cuanto non había mester tanto dél, por la mengua que siente del gobierno, quéjase; et si es tan recio que pueda quebrantar aquellas telas de que está cercado, non finca más en el vientre de su madre. Et estos tales son los que nascen a siete meses et pueden tan bien vevir como si nasciesen a nueve meses, pero si entonce non pueden quebrantar aquellas telas de que está cercado, finca cansado et como doliente del grant trabajo que levó, et finca todo el ochavo mes flaco et menguado de gobierno. Et si en aquel ochavo mes nasce, en ninguna guisa non puede vevir. Mas, de que entra en el noveno mes, porque ha estado un mes complido es ya descansado et cobrado en su fuerza, et [en] cualquier tiempo que nasca en el noveno mes cuanto por las razones dichas non debe morir; pero cuanto más tomare del noveno mes, tanto es más sano et más seguro de su vida; et aun dicen que puede tomar del deceno mes fasta diez días, et los que a este tiempo llegan son muy más recios et más sanos, como quier que sean más periglosos para sus madres. Et asi bien podedes entender, que por cualquier destas maneras, por fuerza ha de sufrir muchas lacerias et muchos enojos et muchos periglos.

Otrosí, el periglo et la cuita que pasa en su nascimiento, en esto non he porque fablar, ca non ha homne que non sepa que es muy grande a maravilla. Otrosí, como quier que cuando la criatura nasce non ha entendimiento porque lo sepa ese facer por si mismo, pero Nuestro Señor Dios quiso que naturalmente todas las criaturas fagan tres cosas: la una es llorar: la otra es que tremen: la otra es que tienen las manos cerradas. Por el llorar se entiende, que vienen a morada en que ha de vevir siempre con pesar et con dolor et que lo ha de dejar aún con mayor pesar et con mayor dolor. Por el tremer se entiende, que viene a morada muy espantosa, en que siempre ha de vivir con grandes espantos et con grandes recelos, de que es cierto que ha de salir aún con mayor espanto. Por el cerrar de las manos se entiende, que viene a morada en que ha de vivir siempre cobdiciando más de lo que puede haber, et que nunca puede en ella haber ningund complimiento acabado.

Otrosí, luego que el homne es nascido, ha por fuerza de sofrir muchos enojos et mucha laceria, ca aquellos paños con que los han de cobrir por los guardar del frío, et de la calentura, et del aire a comparación del cuero del su cuerpo, non ha paño, nin cosa que a él llegue por blanda que sea, que non le paresca tan áspero como si fuese todo de espinas. Otrosí, porque ellos non han entendimiento, nin los sus miembros non son en estado, nin han complisión porque puedan facer sus obras como deben, non pueden decir nin aun dar a entender lo que sienten. Et los que los guardan et los crian, cuidan que lloran por una cosa, et por aventura ellos lloran por otra, et todo esto les es muy grant enojo et muy grant queja. Otrosí, de que comienzan a querer fablar, pasan muy fuerte vida, ca non pueden decir nada de cuanto quieren nin les dejan complir ninguna cosa de su voluntad, asi que en todas las cosas han de pasar a fuerza de si et contra su talante.

Otrosí de que van entendiendo, porque el su entendimiento non es aun complido, cobdician et quieren siempre lo que les non aprovecha, o por aventura que les es dañoso. Et los que los tienen en poder non gelo consienten, et fácenles facer lo contrario de lo que ellos querían, porque de los enojos non hay ninguno mayor que el de la voluntad; por ende pasan ellos muy grand enojo et grand pesar.

Otrosí, de que son homes, et en su entendimiento complido, lo uno por las enfermedades, lo al por ocasiones et por pesares et por daños que les vienen, pasan siempre grandes recelos et grandes enojos. Et ponga cada uno la mano en su corazón, si verdat quisiere decir, bien fallará, que nunca pasó día que non hobiese más enojos et pesares que placeres.

Otrosí, de que va entrando la vejedat, ya esto non es de decir, ca también del su cuerpo mismo como de todas las cosas que vee de todas toma enojo, et por aventura todos los quel veen toman enojo dél. Et cuanto más dura la vejez tanto más dura et cresce esto, et en cabo de todo viene la muerte que se non puede escusar, et ella lo face partir de si mismo et de todas las cosas que bien quiere, con grand pesar et con grand quebranto.

Et desto non se puede ninguno escusar et nunca se puede fallar buen tiempo para la muerte; ca si muere el homne mozo, o mancebo, o viejo, en cualquier tiempo le es la muerte muy cruel et muy fuerte para si mismo et para los quel quieren bien. Et si muere pobre o lazdrado, de amigos et de contrarios es despreciado; et si muere rico et honrado, toman sus amigos grand quebranto, et sus contrarios grand placer, que es tan mal como el quebranto de sus amigos. Et demás al rico contesce como dijo el poeta: «Dives divitias» etc. que quiere decir: «Que el rico ayunta las riquezas con grand trabajo, et poséelas con grand temor, et déjalas con grand dolor.»

Et asi podedes entender, que por todas estas razones, todo homne de buen entendimiento que bien parase mientes en todas sus condiciones debía entender que non son tales de que se debiese mucho presciar.

Demas desto, segund es dicho desuso, el homne es más menguado que ninguna otra animalia, ca el homne no ha ninguna cosa de suyo con que pueda vevir, et las animalias todas son vestidas o de cueros, o de cabellos, o de conchas, o de péñolas, con que se pueden defender del frío et de la calentura et de los contrarios, mas el homne desto non ha ninguna cosa, nin podría vevir si de cosas ajenas non fuese cubierto et vestido.

Otrosí, todas las animalias ellas se gobiernan que non han mester que ninguno gelo apareje, mas los homnes non se pueden gobernar sin ayuda de otri, nin pueden saber cómo pueden vevir si otri non gelo muestra. Et aun en la vida que facen, non saben en ella guardar tan complidamente como las animalias lo que les cumple para pro et para salut de sus cuerpos.

Et asi, señor Conde Lucanor, pues veedes manifiestamente que el homne ha en sí todas estas menguas, parad mientes si face muy desaguisado en tomar en si soberbia, nin lozanía desaguisada.

La otra: que fabla del mundo, se parte en tres partes: la primera, qué cosa es el mundo; la segunda cómo pasan los homnes en él; la tercera qué gualardón les da de lo que por él facen.

--Ciertamente, señor conde, quien quisiese fablar en estas tres maneras complidamente, habría manera asaz para facer un libro, mas porque he tanto fablado tomo recelo que vos et los que este libro leyeren me ternedes por muy fablador o tomaredes dello enojo, por ende non vos fablaré sinón lo menos que yo pudiere en esto, et facervos he fin a este libro, et ruégovos que non me afinquedes más, ca en ninguna manera non vos respondería más a ello, nin vos diría otra razón más de las que vos he dicho. Et lo que agora vos quiero decir es esto: que la primera de las tres cosas; qué cosa es el mundo: ciertamente esto seríe grand cosa de decir, mas yo decirvos he lo que entiendo lo más brevemente que pudiere.

Este nombre del mundo, tómase de movimiento et de mudamiento, porque el mundo siempre se mueve et siempre se muda, et nunca está en un estado, nin él, nin las cosas que están en él son, et por esto ha este nombre. Et todas las cosas que son criadas son mundo, mas él es criatura de Dios et El lo crió cuando El tovo por bien et durará cuanto El toviere por bien. Et Dios solo es el que sabe cuando se ha de acabar et qué será despues que se acabare.

La segunda, cómo pasan en él los homnes, otrosí sin dubda sería muy grave de se decir complidamente. Et los homnes todos pasan en el mundo en tres maneras: la una es, que algunos ponen todo su talante et su entendimiento en las cosas del mundo, como en riquezas, et en honras, et en deleites, et en complir sus voluntades en cualquier manera que pueden non catando al sinón a esto, asi que dicen que en este mundo pasasen ellos bien, ca del otro nunca vieron ninguno que les dijiese cómo pasaban los que allá eran. La otra manera es, que otros pasan en el mundo cobdiciando facer tales obras por que hobiesen la gloria del Paraiso, pero non pueden partirse del todo de facer lo que les cumple para guardar sus faciendas et sus estados, et facen por ello cuanto pueden et, otrosí, guardan sus almas cuanto pueden. La tercera manera es, que otros pasan en este mundo teniendose en él por estraños et entendiendo que la principal razón para que el homne fué criado, es para salvar el alma et pues nascen en el mundo para esto, que non deben facer al, sinón aquellas cosas por que mejor et más seguramente pueden salvar las almas.

La primera manera, de los que ponen todo su talante et su entendimiento en las cosas del mundo, ciertamente son estos tan engeñados [engañados] et facen en ello tan sin razón et tan grand su daño et tan grand poco seso; que non ha homne en el mundo que complidamente lo pudiese decir; ca vos sabedes que non ha homne del mundo que diese por una cosa que valiese diez marcos ciento, que todos non toviesen que era asaz de mal recabdo; pues el que da el alma que es tan noble criatura de Dios, al Diablo que es enemigo de Dios, et dal el alma por un placer o por una honra que por aventura non le durará dos días--et por mucho quel dure en comparación de la pena del Infierno en que siempre ha de durar non es tanto como un día,--demás, que aun en este mundo aquel placer o aquella honra o aquel deleite por que todo esto quiere perder, es cierto quel durará muy poco, ca non ha deleite por grande que sea, que de que es pasado, que non tome enojo dél, nin ha placer por grande que sea que mucho pueda durar et que se non haya a partir tarde o aina con grand pesar; nin honra por grande que sea, que non cueste muy cara si homne quisiere parar mientes a los cuidados et trabajos et enojos que homne ha de sofrir por la acrescentar et por la mantener. Et cate cada uno et acuérdese lo quel contesció en cada una destas cosas; si quisiere decir verdat, fallará que todo es asi como yo digo.

Otrosí, los que pasan en el mundo cobdiciando facer porque salven las almas, pero non se pueden partir de guardar sus honras et sus estados: estos tales pueden errar et pueden acertar en lo mejor; ca si guardaren todas estas cosas que ellos quieren guardar, guardando todo lo que cumple para salvamiento de las almas aciertan en lo mejor et puédenlo muy bien facer; ca cierto es, que muchos reis et grandes homnes et otros de muchos estados guardaron sus honras et mantenieron sus estados et faciéndolo todo, supieron obrar en guisa que salvaron las almas et aun fueron sanctos, et tales como estos non pudo engañar el mundo, nin les hobo a dar el gualardón que el mundo suele dar a los que non ponen su esperanza en al sinón en él, et estos guardan las dos vidas que dicen activa et contemplativa.

Otrosí, los que pasan en este mundo teniéndose en él por estraños et no ponen su talante en al sinón en las cosas por que mejor puedan salvar las almas, sin dubda estas escogen la mejor carrera, et digo et atrévome a decir que cierto estos escogen la mejor carrera porque desta vida se dice en el Evangelio: que María escogió la mejor parte porque la cual nuncal sería tirada. Et si todas las gentes pudiesen mantener esta carrera, sin dubda esta sería la más segura et la más aprovechosa para aquellos que lo guardasen; mas, porque si todos lo ficiesen sería desfacimiento del mundo, et Nuestro Señor non quiere del todo que el mundo sea de los homnes desamparado, por ende non se puede escusar que muchos homnes non pasan en el mundo por estas tres maneras dichas.

Mas, Dios por la su merced quiera que pasemos non por la segunda o por la tercera destas tres maneras, et que vos guarde de pasar por la primera; ca cierto es que nunca homne por ella quiso pasar que non hobiese mal acabamiento. Et dígovos que desde los reis fasta los homes de menores estados, que nunca vi homne que por esta manera quisiese pasar que non hobiese mal acabamiento paral su cuerpo et que non fuese en sospecha de ir la su alma a mal logar. Et siempre el Diablo que trabaja cuanto puede en guisar que los homnes dejen la carrera de Dios por las cosas del mundo, guisa de les dar tal gualardón--como cuenta en este libro el capítulo tal--que dió el Diablo a don Martín que era mucho su amigo.

Agora, señor Conde Lucanor, demás de los enjiemplos et proverbios que son en este libro vos he dicho asaz a mi cuidar para poder guardar el alma, et aun el cuerpo, et la honra, et la facienda, et el estado, et, loado sea Dios, segund el mio flaco entendimiento tengo que vos he complido et acabado todo lo que vos dije.

Et asi pues, en esto fago fin a este libro: et acabolo don Johan en Salmerón, lunes XII dias de junio, Era de mil et CCC et LXX et tres años.

FIN

NOTA FINAL