El consejero de la juventud · Capítulo real 18 de 28
CAPÍTULO V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO V
El buen carácter
Creo haberte dicho en uno de los anteriores capítulos, que no existe lo que llaman vulgarmente mal carácter. No existe sino mala crianza, que no es otra cosa que el abandono en que se deja al niño, sin corregirle sus faltas ni modificarle sus instintos.
Crece así el niño, dejado de la mano de sus padres y de sus maestros: va ha¬ bituándose á la licencia, á la soberbia y á la maldad, y llegaá ser un hombre criminal ó desgraciado.
Muchos padres creen que es amar á sus hijos consentirles todo lo que quie¬ ren hacer, mimarles á todo instante, abandonarles á sus caprichos y no contrariarles absolutamente. Ese es un amor negativo, porque no procura sino darle al hijo una mala crianza, que lo
— 78 —
haVá pesado y repugnante ante sus compañeros de niñez y que le prepara infelicidades para su juventud y para su edad madura.
No es, pues, que haya distintos ca¬ racteres, sino diversas educaciones. Unos se forman en el buen ejemplo, otros en el abandono: unos en la co¬ rrección, otros en el consentimiento: unos han crecido bajo la mirada atenta de los padres que verdaderamente aman, otros al calor de los padres que todo lo toleran.
La consecuencia de esta diversidad de procederes no se hace esperar, y es muy posible que la palpes. Tú debes tener algún compañero que se tire de los cabellos, que dé al maestro malas respuestas, que pronuncie palabras in¬ solentes, que sea intolerante, que todo lo quiera para sí, que sea propenso á los pleitos y que tenga muchos enemi¬ gos. Ese tal no será sino un malcriado, que si crece sin corrección, hará la des¬ gracia de cuantos le rodean.
Pero el niño que es vigilado, aten¬ dido, corregido y educado en las prác¬ ticas decentes y cultas, no podrá crecer
— 79 —
sino con un bellísimo carácter, que'in¬ dudablemente le abrirá todas las puer¬ tas y le franqueará todas las amistades.
El hombre bien educado tendrá siempre buen carácter. Observa que no te digo el hombre instruido, porque yo establezco una diferencia entre la ins¬ trucción y la educación. Aquella nos abre el ancho círculo de los conoci¬ mientos humanos, esta perfecciona mo¬ ralmente nuestro individuo; y he aquí porque la juzgo de más utilidad para rodearnos de goces y evitarnos sufri¬ mientos.
Si tu carácter es bueno, serás afa¬ ble, serás cariñoso, buen hijo, buen hermano, buen esposo, buen amigo y un miembro útil á la sociedad. No ten¬ drás en tu hogar pendencias ni desa¬ grados, ni tampoco fuera de él. No se¬ rás susceptible ni exageradamente im¬ presionable y podrás gozar mucho y sustraerte á infinidad de sufrimientos.
- 80 —