Elementos de zoología · Capítulo real 5 de 49

CAPITULO VIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

CAPITULO VIII

Sangre. — La sangre es un líquido que contiene to¬ dos los elementos que deben servir para la nutrición: es roja en los mamíferos, aves, reptiles, batracios y peces, salvo el Anfioxus, y también algunos inverte¬ brados como ciertos gefirianos, nemertianos, equino¬ dermos, moluscos gasterópodos, copépodos parásitos, apus, etc.; en estos animales existe la hemoglobina disuelta en el plasma. Los demas animales tienen la sangre de color claro.

En la del hombre encontramos:

ElEMENTOS.

Corp Asenlos.. Plasma .

Gases .

(Hematías .

¡Leucocitos . ¡-Coágulo.

J Fibrina . J

1 Suero . —Parte líquida.

f Acido carbónico.

-! Oxígeno.

(Azoe.

Las hematías del hombre son discoidales como las de casi todos los mamíferos; son elipsoidales en los ca¬ mellos y llamas y en las aves, reptiles, batracios y pe¬ ces: entre estos últimos, los ciclóstomos las tienen es¬ féricas, según Pablo Gervais. Las del hombre tienen próximamente un diámetro de un ciento-cincuentavo de milímetro: Robín les da de 0’™006 á 0““008; las de la cabra de Ua; las de las aves de tV á las de los reptiles de 4V á »V; las de la rana de 47 á Ar! las

del proteo de TV á^: como se ve, estas últimas son re¬ lativamente enormes y casi se distinguen sin el auxilio del microscopio. Estos corpúsculos ó glóbulos son pla¬ nos: en el hombre son bicóncavos y la membrana de envoltura es roja: el profesor Arturo Boettcher de Dorpat1 ha encontrado algunos con núcleo claro y ] trotoplasma granuloso, pero en general está admitido que no tienen núcleo y sólo los ovíparos tienen hematías con un núcleo pálido. Hayem dice que existen tam¬ bién en la sangre unos hematoblastos ó corpúsculos que se han de convertir en hematías y son grandes y traspalantes en los ovíparos, pequeños y ya colorea¬ dos por la hemoglobina en los mamíferos; lo cierto es, según Robín, que las hematías preexisten á los leuco¬ citos y aun al plasma.

Los leucocitos son esferitas granulosas, blancas, en la proporción de uno por quinientas ó setecientas he¬ matías, proporción igual á la de los hematoblastos. En fin, la sangre contiene también granulaciones muy pe¬ queñas ó globulinas. En los invertebrados los corpús¬ culos son irregulares ó granulosos.

La sangre consta de agua, fibrina, albúmina, liematosina, caseína, urea, grasas, glucosa, sales, nitrógeno, oxígeno, ácido carbónico,2 fierro, etc.; P. Pécard ha demostrado que la composición de esto líquido es muy variable, pero aproximadamente se puede fijar como

1 Tratando la sangre con una solución de bicloruro do mer¬ curio.

2 Por término medio la sangro arterial do un perro contieno por 100 volúmenes 20 de oxígeno y 40 do ácido carbónico, mien¬ tras la sangre venosa cogida en el corazón tiene 12 de oxígono y 50 de ácido carbónico.

sigue: agua, 79; albúmina, 19; sales, 1; resto, inclusa la fibrina, 1: el hierro se encuentra hasta en los cara¬ coles (Boussingault), y en el hombre la dosis de este metal es de 5 centigramos por 100 gramos de sangre; en las ranas la proporción de agua llega á 88 por 100. Las aves poseen menos hematías que los mamíferos, pero ellas son mucho más ricas cu hemoglobina; en los peces, reptiles y batracios hay menos glóbulos y son más ricos en hemoglobina; pero no lo suficiente para compensar su pequeño número: hay excepciones á estas reglas generales (Malassez).

La sangre expuesta al aire, se cuaja, y este fenóme¬ no es debido á la presencia de la fibrina: se forma en¬ tonces una parte líquida que es el suero, y crúor ó coágulo rojo compuesto de fibrina y hematías. Batien¬ do la sangre con varillas delgadas, que recogen la fibri¬ na, ó filtrándola de manera que la fibrina pase con el suero, ella no se coagula: en el caso de la filtración se observa un coágulo blanco debido al suero que contie¬ ne la fibrina en disolución, y queda sobre el filtro la masa de hematías casi secas.

La sangre sirve no solamente para reparar las pér¬ didas de la economía, sino también para excitar el sis¬ tema nervioso, tal vez por su oxígeno ozonizado, pero con más probabilidad por su calórico que lleva á este sistema los elementos del movimiento vital. Un cone¬ jo colocado parado por algún tiempo, comienza á res¬ pirar con más lentitud, su corazón late con menos fre¬ cuencia, la sensibilidad se embota, se observan convul¬ siones y poco á poco sobreviene el desmayo y la mueite por la anemia del bulbo; si se coloca en la posición inversa ántes que los fenómenos estén demasiado in-

tensos, el conejo vuelve á la vida.1 Sangrando un ca¬ ballo se le ve desfallecer y hasta morir si la hemorra¬ gia se prolonga; pero si en el momento del desfalleci¬ miento se practica la trasfusion, es decir, la inyección de un poco de sangre de otro caballo, se le verá resta¬ blecerse: respecto al resultado de esta operación hay cpue advertir que muchos fisiologistas pretenden que el agua (Onimus), algunas gotas de éter (Ycrneuil) y la leche (Gaillard Tilomas), producen el mismo re¬ sultado activando simplemente la circulación. Un ór¬ gano muy vascular es siempre más fuerte que otro menos provisto de vasos sanguíneos. Do ahí se infiere que una parte que accidentalmente reciba menos san¬ gre que de costumbre, deberá disminuir de Auilúmcn, atrofiarse más ó menos.

A medida que la sangre cede á nuestros órganos los elementos necesarios para su constitución, ella se em¬ pobrece; pero además de esto, como era necesario que las partes que ya lian sido usadas en el ejercicio de las funciones salieran fuera del cuerpo, este mismo vehí¬ culo carga con ellas para llevárselas y expulsarlas: verémos después cómo esta sangre, negruzca y conte¬ nida en las venas, viene á desembarazarse do la urca en los riñones y de su ácido carbónico en los pulmo¬ nes y se vuelve sangre arterial roja, sangre nutricia.

En el hombre se calcula que la cantidad del líquido en cuestión es una décimatercera parte del peso del cuerpo, de manera cpie un hombre que pesa setenta y cinco kilogramos, tiene poco más ó menos cinco kilos de sangre.

1 Salathé.

Circulación. — En el año de 1553 Miguel Sérvelo descubrió una parte déla circulación, según la opinión común; pero parece (pie Cesalpino y Realdo Colombo de Cremona (Chéreau) conocian ya el paso de la san¬ gre en los pulmones. En 1019, Harvey, médico de Car¬ los I de Inglaterra, descubrió la gran circulación ó sea el trayecto de la sangre entre el corazón y las partes del cuerpo más lejanas, completando así los conoci¬ mientos sobre el curso total de este líquido en el orga¬ nismo de los mamíferos.' Se ha dado el nombre de cir¬ culación al movimiento de la sangre, porque ella sale de un órgano central de impulsión para volver á él des¬ pués de un camino más ó ménos complicado que se puede representar teóricamente por un círculo. En los animales inferiores esta función se verifica en parte enlagunas ó más bien senos circunscritos por una membrana á veces casi imperceptible; en los superiores ella tiene lugar en vasos ó canales con un órgano cen¬ tral de impulsión que es el corazón; pocos animales (amphioxus, zoófitos, etc.) carecen de esto último: de él parten unos vasos que se llaman arterias y los que le vuelven á llevar la sangre son venas: en sus extre¬ midades las arterias comunican con las venas por to¬ billos delgados que se conocen con el calificativo de capilares.

Enera de la circulación de la sangre, hay otra linfᬠtica de la que hemos dicho ya algo Los linfáticos cons¬ tituyen un aparato de drainage , de canalización, y ha¬ cen volver á entrar en la circulación general el exceso de plasma no utilizado para la nutrición y las secieciones, y para esto ayudan las fibras musculares y «elásticas que continen las túnicas media é interna de

estos vasos. La linfa pasa en ellos por la presión de la sangre, y no puede retroceder merced á las válvu¬ las que ya describimos; es atraída también por las inspiraciones que hacemos al respirar y que aceleran la circulación en el canal torácico y la gran vena lin¬ fática derecha; en fin, la contractilidad propia de los linfáticos interviene como lo dijimos arriba. La rapi¬ dez de la corriente es de cuatro milímetros por segun¬ do, según Weiss. Los reptiles y batracios poseen unas bolsitas contráctiles que se conocen por corazones lin¬ fáticos.

Antes de acabar este capítulo, diremos dos palabras sobre las glándulas vasculares, mejor llamadas órga¬ nos linfóides: éstos constan de una aglomeración de vesículas ó folículos cerrados engastados en un estro - ma fibroso y rodeados de capilares: la sangre al salir de ellos se encuentra modificada, y so cree que parte de las hematías se destruyen mientras aumenta el mí¬ melo de leucocitos: según Oh. Robín, ni el bazo ni los ganglios linfáticos producen leucocitos, pues estos cor¬ púsculos existen en la sangre de los embriones ántes de la aparición délos órganos en cuestión, y también en los peces ciclóstomos que nunca tienen bazo ni gan¬ glios linfáticos. Como ejemplo de estos órganos lin¬ fóides, citarémos el bazo ó pajarilla, el cuerpo tiroides, el timo ó molleja y las cápsulas suprarenales.