Entremeses selectos · Unidad 3 de 10

Unidad 3 · DICHOS y DOS MÚSICOS

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DICHOS y DOS MÚSICOS

Músico.—Señor Juez: aquellos dos casados tan desaveni¬ dos, que vuestra merced concertó, redujo y apaciguó el otro día, están esperando á vuestra merced cori una gran fiesta en su casa; y.£or nosotros le envían á supli¬ car sea servido de hallarse en ella, y honrallos.

Juez.— Eso haré yo de muy buena gana; y pluguiese á Dios que todos los presentes se apaciguasen como ellos.

Procura Dor^-De esa manera moriríamos de hambre los escribanf J|4 T procuradores de esta audiencia: que no, no, sino], ú o el mundo ponga demandas de divorcios: que al cbfey'.al cabo, los más se quedan como estaban, y nosotrosro h emos gozado del fruto de sus pendencias y necedacé^fY

Músico.—Pues en verdad que desde aquí hemos de ir rego¬ cijando la fiesta.

(1) También se llama así á los mandaderos ó mozos de cuerda.

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CANTAN LOS MÚSICOS

Entre casados de honor, Cuando hay pleito descubierto, Más vale el peor concierto Que no el divorcio mejor.

Donde no ciega el engaño Simple, en que algunos están, Las riñas de por San Juan Son paz para todo el año¡

Resucita allí el honor,

Y el gusto, que estaba muerto, Donde vale el peor concierto Más que el divorcio mejor.

Aunque la rabia de celos Es tan fuerte y rigurosa,

Si los^exige una hermosa,

No son celos, sino cielos.

Tiene esta opinión amor, Que es el sabio más experto: Que vale el peor concierto Más que el divorcio mejor.

El retablo de las Maravillas

La Chirinos.

Chanfalla.

Rábelin.

PERSONAJES

El Gobernador. El Escribano.

El Alcalde. luana Castrada.

El Regidor. Teresa Repolla.

El sobrino del A Icalde. Un furrier.

Aldeanos.

furrier. Un músico.

PATIO DE UNA POSADA

Escena primera.

CHANFALLA Y LA CHIRINOS.

Chanfalla.— No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos, principalmente los que te he dado para este nuevo embuste, que ha de salir tan á luz, como el pasado del llovista.

Chirinos.— Chanfalla ilustre, lo que en mí fuere, tenlo como de molde: que tanta memoria tengo, como entendimien¬ to, á quién se junta una voluntad de acertar á satisfa¬ certe, que excede á las demás potencias; pero dime ¿de qué sirve este Rabelín que hemos tomado? ¿Nosotros dos sólos no pudiéramos salir con esta empresa?

Chanfalla.— Habíamosle menester, como el pan de la boca, para tocar en los espacios que tardaren en salir las figuras del retablo*de«£¿s maravillas.

Chirinos. —Maravilla será si no nos apedrean por sólo el. Rabelín; porque tan desventürada criaturilla no la he visto en 1 los días de mi vida.

Escena II

bfe,- DICHOS Y RABELIN.

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Rabelín. —¿íf ív- de hacer algo en este pueblo, señor autor? Que ya méTliCtero porque vuestra merced vea que no me tomó á carga cerrada (1).

(1) Que só hacer algo, que sé mi obligación, y no se reduce todo & palabras generales y meras ofertas

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Chirinos.— Cuatro cuerpos de los vuestros no harán un ter¬ cio, cuanto más una carga: sino sois más gran músico, que grande, medrados estamos.

Rabelín— Ello dirá: que en verdad que me ■ han escrito para entrar en una compañía de partes, por chico que

Chanf'alla.—S i os han de dar la parte A medida del cuerpo casi será invisible. Chirinos, poco á poco estamos ya en el oueblo; v éstos que aquí vienen, deben de ser, como lo son sin duda, el gobernador y los alcaldes: salgámos- ?s a"eñ?uentr¿; yódate un filo á la lengua en la piedra de la adulación (1); pero no despuntes de aguda (2).

Escena III