Entremeses selectos · Unidad 4 de 10

Unidad 4 · DICHOS, EL GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, ALCALDE, JUAN CASTRADO, REGIDOR,

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DICHOS, EL GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, ALCALDE, JUAN CASTRADO, REGIDOR,

Y PEDRO CAPACHO, ESCRIBANO

Citanfalla. -Beso á vuestras mercedes las manos: ¿quién de vuestras mercedes es el gobernador de este pueblo?

Gobernador.— Yo soy el gobernador: ¿que es lo que que

Chanfaela.— ATene?yo dos onzas de entendimiento, hu¬ biera echado de ver que esa peripatética y anchurosa Di-esencia no podía ser de otro que del dignísimo gober¬ nador de este aburado pueblo, que con venirlo á ser de las Algarrobillas, lo deseche vuestra merced.

Chirinos.— En vida de la señora y de los señoritos, si es que el señor gobernador los tiene.

Capacho.— No es casado el señor gobernador.

Chirinos.— Para cuando lo sea: que no se perderá nada.

Gobernador.— Y bien, ¿qu^es lo que queréis, hombre hon-

Chirinos.— Honrados días viva vuestra merced, que así nos honra: en fin la encina da bellotas, el pero peras, la pa¬ rra uvas, y el honrado honra, sin pod^ 'hacer otra cosa.

Benito .—Sentencia ciceronianca, sin q^ \ ni poner un

Capacho.— Ciceroniana quiso decir elsej

Benito .— 1 siempre quiero decir lo que £ jejor, sino que (1) Disponte, prepárate á adular y lisonjear con tu parlar á los

espectadores.^ ¿0 agadezag) ¿ remontes demasiado el estilo de modo

Cjue no te entiendan.

ilcalde Benito

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las más veces no acierto: en fin, buen hombre, ¿qué queréis ?

Cu anfalla.— Yo, señores míos, soy Montiel, el que trae el retablo de las maravillas: hanme enviado á llamar de la corte los señores cofrades de los hospitales; porque no hay autor de comedias en ella, y perecen los hospitales; y con mi ida se remediará todo.

Gobernador.— ¿Y qué quiere decir retablo de las mara¬ villas?

Ciianfalla.— Por las maravillosas cosas, que en él se ense¬ ñan y muestran, viene á ser llamado retablo de las ma¬ ravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga al¬ guna raza de confeso (1), ó no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere con¬ tagiado de estas dos tan usadas enfermedades, despída¬ se de ver las cosas jamás vistas ni oídas de mi retablo.

Benito. —Ahora echo de ver que cada día se ven en el mun¬ do cosas nuevas. ¿Y qué se llamaba Tontonelo el sabio que el retablo compuso?

Chirinos.— Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela: hombre de quien hay fama que le llegaba la barba á la cintura.

Benito.— Por la mayor parte los hombres de grandes bar¬ bas son sabiondos.

Gobernador.— Señor regidor Juan Castrado, yo determino, debajo de su buen parecer, qué esta noche se despose la señora Teresa Castrada, su hija, de quien yo soy padri¬ no; y en regocijo de la fiesta, quiero que el señor Mon¬ tiel muestre en vuestra casa su retablo.

Juan.— Eso tengo yo por servir al señor gobernador, con cuyo parecer me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.

Chirinos.— La cosa que ha^ esí-~contrario es, que si no se nos paga primero nuestro trabajo, así verán las figuras como por el cerro de Ubeda. ¿Vuestras mercedes, seño¬ res justicias^j&k.nen conciencia y alma en esos cuerpos? Bueno seríC^-^ entrase esta noche todo el pueblo en casa del se/V v'r Juan Castrado, ó como es su gracia, y viese lo efundo en el tal retablo; y mañana cuando quisiésemcbfe,. )S tralle al pueblo, no hubiese ánima que le viese: ncVo fiares, no señores, ante omnia nos han de

- pagar lo q^A- re justo.

Benito.— Señora" autora, aquí no os ha de pagar ninguna Antona ni ningún Antoño; el señor regidor Juan Castra -

(1) Judío convertido,

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do os pagará más que honradamente,^ si no el concejo: b£n conocéis el lugar por cierto: aquí, hermana, no aguardamos á que ninguna Antona pague por nosotros, r apacho - Pecador de mí, señor Benito Repollo, y que le ios da del blanco: no dice la señora autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen adelantado y ante todas cosas, que eso quiere decir ante omina.

Benito.— Mirad, escribano Pedro Capacho, haced vos que me hablen á derechas, que yo entendere á pie llano, vos, que sois leído y escribido, podéis entender esas algara-

IoA b N f - Ahor'a bfen.lcontóntarse ha el seflor autor con que J yo le dé adelantados media docena de ducados? y mas que se tendrá cuidado que no entre gente del pueblo

CiianfallaÍ-- Soy'oontento; porque yo me fío de la diligencil de vuestra merced y de su buen término. .

t 11an —Pues véngase conmigo, recibirá el dinero, y vera mi J casaf y la comodidad que hay en ella para mostrar ese

r™ b TLA-Vamos;y no se les pase délas mientes las C calidades que han efe tener los que se atrevieren á mirar

Benito!—A mícargo queda eso; y sele decir que por mi n^rte ouedo ir seguro á juicio, pues tengo el padre alcalde ,P cuatro dedos de enjundia de cristiano viejo ran¬ cioso tengo sobre los cuatro costados de mi linaje, mi-

Capacho —Todos^VpOTsamos ver, señor Benito Repollo. Juan.—N o nacimos acá en las malvas, señor Pedro Ca-

GOBERNADOR.-Todo será menester, según voy viendo, se¬ ñores alcalde, regidor y escribano.

Tu an —Vamos, autor, y manos á la obra: que Juan Castra- ^ do me llamo, hijo de Antón Castrado y de Juana Macha, y no digo más en aboc3 y seguro que podre ponerme cara á cara y á pie quedo delante del referido retablo. Chirinos.-Díos lo haga. (Vavise Juan, Castrado y Litan*

falla.)

Escena IV