Entremeses selectos · Unidad 7 de 10
Unidad 7 · PERSONAJES
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PERSONAJES
Un Corchete. Sarmiento. Doña Beatriz.
Inés.
Roldan.
CALLE
Escena primera.
EL PROCURADOR, SARMIENTO y ROLDÁN en hábito roto, cuera, espada y calcillas.
Sarmiento.— Tome, señor Procurador, estos doscientos du¬ cados; y doy palabra á usted que aunque me costara cuatrocientos, holgara que fuera la cuchillada de otros
PROCURADO^-listed ha hecho como caballero en dársela, y como cristiano en pagársela; y yo llevo el dinero con¬ tento de que me descanse y él se remedie.
Roldán.- ¡Ah! Caballero, ¿es usted procurador?
Procurador. —Sí soy; ¿qué manda usted?
Roldán.— ¿Oué dinero es ese?
Procurador.— Dámele este caballero para pagar la parte á quien dió una cucbLAd,”, de doce puntos.
Roldán.— ¿Y cuánto es el dinero?
Procurador.— Doscientos ducados.,
Roldán.— Vaya usted con Dios. (
Procurador.— Dios guarde á usted.
Roldán.— ¡Ah, caballero!
Sarmiento.— ¿A mí, gentilhombre?
Roldán.— A usted digo.
Sarmiento. - ¿Y qué es lo que manda
Roldán.— Cúbrase usted, que si no
Sarmiento.— Ya estoy cubierto. j
Roldán. —Señor mío: yo soy un poUI^-iiAu«i & «, — — he visto en honra: tengo necesidad, y he sabido que us¬ ted ha dado doscientos'ducados á un hombre á quien ha
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jlaré palabra.
Hidalgo, aunque me
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dado una cuchill&da; y por si usted tiene deleite en dar¬ las, vengo á que usted me dé una adonde fuere servido; que yo lo haré con cincuenta ducados menos que otro.
oarmiento. Si no estuviera tan mohíno, me obligara á reir. ¿Usted dícelo de veras? Pues venga acá: ¿piensa que las cuchilladas se dan sino á quien las merece?
Roldan.— ¿Pues quién las merece como la necesidad? ¿No dicen que tiene cara de hereje? ¿Pues dónde estará me¬ jor una cuchillada que en la cara de un hereje?
oarmiento. —Usted no debe de ser muy leído: que el pro¬ verbio latino no dice sino que necessitas caret le ge, que quiere decir que la necesidad carece de ley.
Roldan.— Dice muy bien usted; porque la ley fué inventa¬ da para la quietud, y la razón es el alma de la ley; y quien tiene alma tiene potencias: tres son las potencias del alma: memoria, voluntad y entendimiento: usted tiede muy buen entendimiento; porque el entendimiento se conoce en la fisonomía, y la de usted es perversa, por la concurrencia de Saturno y Júpiter; aunque Venus le mira en cuadrado, en la decanátoria del signo ascenden¬ te por el oróscopo.
Sarmiento.— ¡Por el diablo que acá me trajo, esto es lo que yo había menester, después de haber pagado doscientos ducados por la cuchillada!
Roldán.— ¿Cuchillada dijo usted? Está bien dicho. Cuchi¬ llada fué la que dió Caín á su hermano Abel, aunque en¬ tonces no había cuchillos: cuchillada fué la que dió Ale¬ jandro Magno á.la reina Patasilea, sobrequitalle á Zamo¬ ra la bien cercada; y asimismo Julio César al conde don Pedro Anzures, sobre el Jugar á las tablas con dos Gai¬ teros entre Cavañas y Olías. Pero advierta usted que las heridas se dan de dos maneras, pqrque hay traición y alevosía: la traición se comete al rey; la alevosía con¬ tra los iguales: por lag armas lo han de ser; y si yo riñe¬ re con ventaja; porque dice Carranza en su filosofía de Ja espada, y Terencio en la¿co£piración de Catilina.
Sarmiento.— Váyase con el diablo, que me lleva sin juicio: ¿no echa de ver qtuyme dice bernardinas? (1).
Roldán.— ¿BérnardM^ dijo usted? Y dijo muy bien, porque es muy lindo'y una mujer que se llamase Ber¬ nardina, estabf .Angada á ser monjil de San Bernardo; porque si se |> ~g V&e Francisca no podía ser: que las Franciscas tiefófe, Aiatro efes: la F es una de las letras del ABC: lasjto n>. del A B C son veintitrés: la K sirve en castellano o|>.íFsomos niños, porque entonces de¬ cimos la. qWAm compone de dos veces esta le¬
tra K: dos veces^.ifiien ser de vino: el vino tiene gran-
(1) Embustos, mentiras, embrollos,
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des virtudes: no se ha de tomar en” ayunas ni aguado, porque las partes raras del agua penetran los poros y se suben al celebro; y entrando puros...
Sarmiento.— Téngase, que me ha muerto; y pienso que al¬ gún demonio tiene revestido en esa lengua.
Roldan.— Dice usted muy bien; porque quien tiene lengua á Roma va: yo he estado en Roma y en la Mancha, en Transilvania y en la Puebla de Montalbán: Montalbán era un castillo, de donde era señor Reinaldos: Reinal¬ dos era uno de los doce Pares de Francia y de los que comían con el emperador Cario Magno en la mesa re¬ donda, porque no era cuadrada ni ochavada: en Valladolid hay una placetilla que llaman el ochavo: un ocha¬ vo es la mitad de un cuarto y un cuarto se compone de cuatro veces un maravedí: el maravedí antiguo basta tanto como agora un escudo: dos maneras hay de escu¬ dos: hay escudos de paciencia, y hay escudos...
Sarmiento.— Dios me la dé para sufrille: téngase, que me lleva perdido.
Roldán.— Perdido dijo, y dijo usted muy bien; porque el perder no es ganar.: hay siete maneras de perder: per¬ der al juego, perder la hacienda, el trato, perder la hon¬ ra, perder el juicio, perder por descuido una sortija ó un lienzo, perder...
Sarmiento.— Acabe con el diablo.
Roldán.— ¿Diablo dijo usted? Y dijo muy bien; porque el diablo nos tienta con varias tentaciones; la mayor de todas es la de la carne: la carne no es pescado: el pesca¬ do es flemoso: los flemáticos no son coléricos: de cuatro elementos está compuesto el hombre: de cólera, sangre, flema y melancolía: la melancolía no es la alqgría; por¬ que la alegría consiste en tener dineros: los dineros ha¬ cen á los hombres: los hombres no son bestias: las bes¬ tias pacen' y finalmente...
Sarmiento.—Y finalmente me, quitará usted el juicio ó poco podrá; pero le suplico en cortesía me escuche una pala¬ bra sin decirme lo que es palabra, que me caeré muerto.
Roldán.— ¿Qué manda usted? /
Sarmiento.— Señor mío: yo tengo unV : er, por mis peca¬
dos, la mayor habladora que se ha^ ) desde que hubo mujeres en el mundo: es de suei® que habla, que yo me he visto muchas veces resuW i matalla por las palabras, como otros por las obras® aedios he busca¬ do; ninguno ha sido á propósito: me ha parecido
que si yo llevase á usted á mi caj^B hablase con ella seis días á reo (1), me la pondría BPL manera que están los que comienzan á ser valientes delante de los que ha
(1) De seguida ó seguidos.
muchos días que lo son. Véngase usted conmigo, suplícoselo; que yo quiero fingir que usted es mi primo, y con este achaque tendré á usted en mi casa.
Roldán.— ¿Primo dijo usted? ¡Oh, qué bien que dijo usted! Primo decimos al hijo del hermano de nuestro padre; primo á un zapatero de obra prima: prima es una cuer¬ da de una guitarra: la guitarra se compone de cinco ór¬ denes: las órdenes mendigantes son cuatro: cuatro son los que no llegan á cinco: con cinco estaba obligado á reñir antiguamente el que desafiaba de común, como se vió en don Diego Ordóñez y los hijos de Arias Gonzalo cuando el rey don Sancho...
Sarmiento.— Téngase, por Dios, y réngase conmigo, que allá dirá lo demás.
Roldán. —Camine delante usted, que yo le pondré esa mu¬ jer en dos horas muda como una piedra; porque la pie¬ dra...
Sarmiento.—N o le oiré palabra.
Roldan.— Pues camine, que yo le curaré á su mujer. (Víse Sarmiento y Roldán.—Mutación.—Casa de Sarmiento. Llega Beatriz é Inés.)
Escena II