Fábulas originales · Unidad 6 de 17
Unidad 6 · FÁBULA XV.
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FÁBULA XV.
I^a dielia es un aeaeo*
Y'ELÍ
Si mal no lo recuerdo ,
un bobo entre cien cuerdos por acaso ,
(y .aqui diré de paso
que hay aveces mil bobos por un cuerdo) ^
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miraban el espléndido palacio
dó la fortuna desigual moraba,
tan rico , que á sus ojos se mostraba
con puertas de oro y muros de topacio.
La señora fortuna ,
que del mundo entre todas las señoras
tal vez no habrá ninguna
que la gane á mudarse á todas horas ^
se la antojó salir en aquel dia
á hacer á uno infeliz: ¡quién lo diria!
Al verla los cien cuerdos ,
(en verdad nada lerdos),
con presteza importuna
«¡LaTortuna! «-prorrumpen «¡La fortuna!»
y arrancan en pos de ella ,
mientras que presurosa ,
si bien como ellas bella ,
como mujer al fin, huyó alevosa;
y si como ellas es verdad que huia ,
como mujer también les sonreía.
Al verla el bobo huir con tal esceso ,
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-((Vaya con Dios))-]a dijo el muy comueso; y en celestial arrobo , dándosele una higa porque alguno la siga ó no la siga , á dor^nir se tendió: ¡maldito bobo! Siguiéronla los cuerdos locamente ; pero con tal ahinco ,
que alguno por correr, dio un falso brinco, y se aplastó la frente. Otros perdieron solo el sufrimiento ; y otros menos felices, el camino sembraron , y no es cuento , de piernas, ojos, brazos ó narices. De engañar á los cuerdos ya cansada la señora Fortuna , siempre porra, ganándoles las vueltas como zorra, determinó volverse á su morada. Mas ¡oh imprevisto caso! pues^ cuando al ir su paso .el linde á trasponer de la ancha puerta, tropieza con el bobo, y le despierta.
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— «jCaisleen el garlito!» —
gritó el simple, cual bollos los mofletes:
y sin andarse en dimes ni diretes,
con ella en casa entró : ; Bobo maíditol
No llames, Fabio, tonto , al que cual tú no corre tras la gloria; por correr mas, no llegarás mas pronto, pregúntaselo al bobo de la historia.
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FÁBULA XVI.
]ja euiia y la liuesa»
EL VIAJSRO V EL AVE MORIBÜBIDA.
Paróse, un§ voz sentida cierto viajero escuchando; y vio un ave que rendida al -pié de un árbol piando, triste ^exhalaba la vida.
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Yal ver que, al árbol querido mirando desde la grama» alzaba el postrer jemido hacia la flexible rama dó aun columpiaba su nido,
— «Hé aqui,» dijo en su sorpresa, «la imagen de la fortuna; vagando sin ley alguna, al fin hallamos la huesa al mismo pié déla cuna.-»
Y alejándose al momento,
por templar su mal no escaso,
añadió en su pensamiento;
— «Cuánto las separa? — \unpasol
¿Y qué media entre ambas? — ¡v'entol»