Fábulas originales · Unidad 8 de 17
Unidad 8 · FÁBULA XX,
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FÁBULA XX,
Placeres falsos»
121 tttUíTlfiaiefío ^ la mangana.
Tiró Andrés una piedra á una manzana, j por dar á la fruta , dio al ambiente ; tiróle la segunda — ¡empresa vana! la tercera tiró — ¡malditamente!
-asTiró otra en fin ; cayó ; mas de tal gana, i que con golpe mortal hirió su frente.
Hay bienes que en llegando, al mal iguales^ lü cabeza nos rompen cual los males.
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FÁBULA XXI.
lia mriosidad.
LOS DOS ESPOSOS Y EL VENENO.
Para matar ratones hizo Guzman algunas confecciones , las que encerradas con rigor tenia en un lugar , en el que escrito habia^ :
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«Ninguno para cosa mala ó buena , me llegue á esU alhacena. » 'Su mujer Blasa, que con él reñida la mayor parte estaba de su vida , (porque según la vecindad pregona, tanto como curiosa, ei>a gruñona), presumió que su esposo allí encerraba el tósigo fatal con que trataba de castigar su eterna impertinencia , (señal que la argüía la conciencia), y buscando las viles confecciones, encontró el solimán. ¡Qué imprecaciones! — «;Un veneno!» — frenética decia. — c(|Un veneno !! ;un veneno!!!»- repetía; y con verle y tocarle aun no contenta , llega, lo huele , pruébalo y revienta.
Si lo ven por acaso , atad d los curiosos corto el freno ; J> apurarán el vaso aunjiue escribáis sobre él :-aqui hay veneno.
FÁBULA XXIL
De dos males el mas visto.
(á?/ ^.
auca y ei tni/aáda.
Un inválido á un médico decia: ^
— «Si rae corto esta pierna gangrenada,^
¿podré vivir, al parecer deusia?» —
Y el médico dudando respondia :
— «Podrá ser por acaso, camarada,»-^
— « La duda, replicó, no me hace al caso . ;Mas si la corto, ¿ sabe si de fijo l'podré vivir, aunque no dé ni un paso?» — - Dudando siempre el médico le dijo : —«Podrá ser camarada , por acaso.» — -
— « Pues si al cortarla ataco la ecsistencia , y el no cortarla es un dudosQ medio, á la cura , prefiero la dolencia.» —
Yo también 'prefiriera en mi conciencia , morir antes del mal , que del .remedio.
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FÁBULA XXIII.
li» vida j la muerte.
EL PADBETÍ
Juntos con su padre estando Ana y Luis una mañana, ai plañir de una campana Luis se sanli^uó rezando .
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Y Ana esclamó con desprecio :
— «¿Por qué rezas?»— Y él al punto,»
— «Rezo, dijo, á ese difunto.»
— «Si es que ha nacido uno, necio.» —
Y viendo afrentado al h4jo, el padre , con faz severa mirando á la retrechera , con voz solemne la dijo :
— «j/Vo es rara equivocación , pues para ambas cosas^ Ana , • siempre una misma campana toca con un mismo son ! »