Facundo · Unidad 33 de 43

CAPÍTULO PRIMERO — parte 4

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¿No hay una exquisita penetración en estas medidas? ¿No se hace la verdadera guerra a la Francia, que en luces está a la cabeza de la Europa, atacándola en la educación pública? El Mensaje de Rosas anuncia todos los años que el celo de los ciudadanos mantiene los establecimientos públicos. ¡Bárbaro! ¡Es la _ciudad_, que trata de salvarse de no ser convertida en pampa si abandona la educación que la liga al mundo civilizado! Efectivamente: el doctor Alcorta y otros jóvenes dan lecciones gratis en la Universidad durante muchos años, a fin de que no se cierren los cursos; los maestros de escuela continúan enseñando y piden a los padres de familia una limosna para vivir, porque quieren continuar dando lecciones.

La Sociedad de Beneficencia recorre secretamente las casas en busca de suscripciones; improvisa recursos para mantener a las heroicas maestras, que, con tal que no se mueran de hambre, han jurado no cerrar sus escuelas, y el 25 de Mayo presentan sus millares de alumnas todos los años, vestidas de blanco, a mostrar su aprovechamiento en los exámenes públicos... ¡Ah, corazones de piedra! ¿Nos preguntaréis todavía por qué combatimos?

Diera con lo que precede por terminadas las consecuencias que de la vida de Facundo Quiroga se han derivado en los hechos históricos y en la política de la República Argentina, si por conclusión de estos apuntes aún no me quedara que apreciar las consecuencias morales que ha traído la lucha de las campañas pastoras con las ciudades y los resultados, ya favorables, ya adversos, que ha dado para el porvenir de la República.