Filosofía constitucional · Capítulo real 2 de 6

CAPITULO I

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 26 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO I

ORIGEN DE LAS SOCIEDADES Y DEL GOBIERNO

I. — Sistema teológico. Sistema racionalista. Método de observación.

II. — Primeras manifestaciones sociales. La familia en los animales. La familia humana.

III. — Origen del hombre. Evolución.

IV. — El Rebaño : la Tribu : el Estado : la Nacionalidad.

V. — Origen del gobierno. Unidad del poder primitivo. Especialización de los poderes.

Dos sistemas ; el sistema teológico, encarnado para el mundo occidental en la mitología judaico-cristiana, y el sistema

racionalista, especie de transacción entre

.^afi.

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la teología y la ciencia, han querido explicar el origen de las sociedades humanas, no buscando su base en la observación directa del hombre individual y del hombre colectivo cuando apenas empiezan á desarrollarse aquellas necesidades que originan instituciones permanentes , sino amoldando el hombre real á un ente metafísico forjado previamente por la fantasía..

El sistema teológico, principiando por el mito del paraíso, considera como origen de las sociedades las relaciones entre los dos seres primitivos, y como origen del gobierno el poder que desde el primer día tuvo el hombre sobre la mujer. Y como ve á los dos seres primitivos en estado de perfección y bajo la influencia directa del Creador, da á la sociedad un origen divino y le fija como objeto el cumplimiento de leyes providenciales.

El sistema racionalista, si bien no da

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esencial importancia al origen divino del hombre, cae en el mismo error disfrazando la influencia directa del Creador bajo la influencia de otro mito llamado la Naturaleza. Considera también al hombre primitivo como ente perfecto que en el transcurso de los siglos ha venido degenerando de todas las excelencias originales ; y aun cuando no vea en el pacto social un fenómeno absolutamente consciente, sino más bien una resultante de convenciones tácitas, coincide con el sistema teológico en la imposibilidad de explicar el progreso.

Una vez aplicado el método de observación al hombre y á los grupos étnicos, los sistemas expuestos, simples esfuerzos ideológicos, han pasado á archivarse en la historia de las aberraciones del espí* ritu. Si el hombre no es masque una forma, iquiera la menos imperfecta hoy, en la

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escala animal, está sometido, como los otros seres, á leyes naturales; y de consiguiente, en la esfera científica no pueden tener valor alguno ni los mitos teológicos en cuanto á la creación, ni las paradojas de Rousseau y su escuela en lo referente al pacto social, ni las brillantes síntesis poéticas á la manera del discurso de Bossuet sobre la historia universal.

La perfección del hombre es perfección de grado y no de esencia. Lo mismo las manifestaciones psíquicas que las organizaciones sociales tienen su génesis en grupos de animales anteriores al hombre. La simpatía, el amor maternal, la previsión, hasta el sentimiento de religiosidad

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de donde los metafísicos han pretendido deducir una característica del hombre, son sentimientos que encontramos esbagados en organismos que nacieron y empezaron á desarrollarse en remotos períodos de la evolución zoológica; ó igual cosa sucede con las variadas y complejas manifestaciones étnicas.

Considerada la familia como conjunto de las relaciones entre los padres, entre éstos y los hijos, y entre los últimos, ella no establece ninguna diferencia esencial entre el hombre y los animales anteriores. Los dos tipos principales de la familia humana : el patriarcado y el matriarcado, y además, todas nuestras formas de unión sexual, desde la promiscuidad hasta la monogamia, los encontramos realizados en la escala animal. Las abejas y hormigas viven en una familia matriarcal; los epinoches, en una familia

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patriarcal. Casi todos los rapaces son monógamos. La unión conyugal del águila de cabeza blanca dura hasta la muerte de uno de los esposos. El macho y la hembra de los panuros viven tan íntimamente unidos, dice Brehm, que la muerte del uno causa fatalmente la muerte de su compañero. En los monos existe la misma diversidad de uniones sexuales que en el hombre : el Macacas silenus no tiene más que una hembra y le es fiel hasta la muerte, — [ ideal del indisoluble matrimonio moderno ! El Gorüla gina forma pequeñas hordas dirigidas por un solo macho adulto, como sucede en los primeros rebaños de hombres.

La familia humana, bajo su aspecto patriarcal, es efecto de una larga evolución social. « Mucho antes, dice Letourneau, no sólo de la familia paterna sino también de la familia materna que ordinariamente la

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precede, encontramos la ganga social de donde ambas han salido. Esta fuente verdaderamente primitiva es el clan, pequeño grupo consanguíneo donde el parentesco es todavía muy confuso. El padre no se desprende como personaje principal sobre el fondo del clan familiar, ni tiene siquiera existencia social reconocida en el pequeño grupo. En la unidad social primitiva, el padre fisiológico no tenía parentesco comprobado con sus hijos : las mujeres tenían varios maridos y los maridos varias mujeres ; de suerte que los grados de parentesco no eran individuales, sino de clases de individuos. No distinguiéndose lo real y lo posible, la consanguinidad ficticia y la consanguinidad real, cada cual tenía grupos de padres, madres, hermanos y hermanas (1). » Entre el clan étnico y el

(1) Letourneau, LÉnolution du Mariage et de la Famille,

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idilio del paraíso hay un abismo insondable.

Si se da el nombre de sociedad al agrupamiento de seres de una misma especie, en un medio dado, con una. dirección reconocida y con propósitos de antemano determinados, esto sucede en la colmena de abejas, en el nido de hormigas y en la aldea de castores. El hombre primitivo no aparece nunca en tales organizaciones sacíales. Gomo los lobos y los simios, el hombre primitivo vaga en rebaños, en lucha desesperada con los elementos de la naturaleza, con sus enemigos y con sus propias necesidades; sin más armas que las que en la misma lucha ha podido conseguir, sin otro aguijón que sus apetitos materiales, sin más ideal que el de encontrar cada día cómo adormecer su hambre y cada, noche dónde dormir en seguro abrigo.

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La etnografía y la prehistoria nos demuestran que el hombre civilizado es descendiente directo del hombre salvaje. Lo que hoy sucede en el papua, en el bosquimano, en el botocudo, sucedió de igual modo en las razas indo-europeas cuando éstas pasaban por los primeros períodos de su evolución. La misma hacha de sílex, la misma habitación rudimentaria, el mismo monumento consagrado á los muertos ó á los dioses, caracterizan á los antepasados de los griegos, egipcios y orientales, de igual suerte que caracterizan á los antepasados del hombre que se ha desarrollado en el occidente de Europa y en América, de igual suerte que caracterizan al hombre primitivo que habita hoy la Australia y ei interior de África.

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Determinar en qué momento la última forma de los primates merece ya el calificativo de hombre es problema insoluble para el antropólogo, como lo es para el geólogo precisar dónde termina un terreno y empieza el que le sucede, y para el biólogo clasificar definitivamente las formas intermedias. La naturaleza no da saltos, decía Linneo. Todas las transformaciones vitales van verificándose por grados insensibles.

Los antropólogos escogen habitualmente un punto de partida convencional : el instante en que el hombre aparece dotado de la facultad de la palabra (1).

(1) El lenguaje tiene también su génesis en los animales inferiores. Muchas especies expresan diverso?

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€ Cómo, se pregunta HíBckel, el hombre más pitecoideo ha saHdo del mono más antropomorfo? Este hecho evolutivo resultó principalmente de dos aptitudes del mono antropomorfo ; á saber : la aptitud para la estación vertical y la aptitud para el lenguaje articulado. Estas dos importantes funciones fisiológicas coincidieron necesariamente con dos modificaciones morfológicas que les son conexas : la diferenciación, par á par, de las extremidades y la diferenciación de la laringe. Y á la vez, este perfeccionamiento orgánico debía necesariamente reaccionar sobre la diferenciación del cerebro y de las facultades

estados del ánimo. El Cebus azaree, del Paraguay, puede emitir hasta seis sonidos distintos que despiertan en los otros simios sensaciones correspondientes. (Darwin, The Descent of Man). El perro, una vez domesticado, ha aprendido á ladrar por lo menos en cinco ó seis modos diversos que corresponden á otros tantos estados del ánimo. (Darwin, VariaUon of Animáis and Plants under Domeftication.)

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intelectualeSj que lo son inherentes (1). » La misma dificultad de clasificación encontramos al querer determinar el origen de la sociedad. La evolución de la sociedad es un aspecto especial de la evolución de la vida al través de las épocas de la evolución terrestre.

La asociación empieza desde los organismos microscópicos. Ejemplo de ello el Myxodicímm sociaie : las moneras asociadas se unen entre sí por medio de sus pseudopodios para formar una masa de seres que viven una vida común, sin ninguna especial ización de funciones. En el pólipo hidi-ario, asociación de varias hidras unidas sobre un pedículo común, los elementos se especializan ya tomando formas adecuadas, los unos para pescar, los otros para digerir y los otros para

(1) Hieckelí Gener&Ue Morphologie der organUmen.

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reproducirse. El polimorfismo funcional continúa desarrollándose lentamente hasta llegar á la admirable organización de las sociedades de hormigas y abejas.

¿Qué fuerza origina estos cambios sucesivos en la manera de agruparse los organismos ? « Así como el químico explica, dice el doctor Bordier, todas las combinaciones de los cuerpos por la acción de una fuerza llamada afinidad, así mismo la tendencia de todos los seres vivos, incluso el hombre, á entrar en una serie evolutiva de combinaciones sociales más y más avanzadas, puede explicarse por una afinidad especial que íonia aquí el nombre de sociabilidad (1). »

La afinidad social es resultante al propio tiempo del medio físico y biológico, de la lucha por la existencia y de la selec-

(1) A. Bordier, La V¿e de$ Sociétés,

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ción natural. La evolución social es tanto más rápida cuanto más favorables son tas condiciones internas y externas en que vive la raza. Los fueganos, bosquimanos, botocudos, etc. permanecen en el estado más imperfecto, en la fas nutritiva de las sociedades. Su capacidad craneal no pasa en las mujeres, según las observaciones de Quatrefages y Hamy, de 1215 centímetros cúbicos y el peso de su cerebro sólo alcanza un término medio de í)74 gramos, datos que los ponen cuasi en contacto con los monos antropomorfos. Como otros animales salvajes, son esencialmente pantófagos : comen loque pueden y lo que encuentran. Sus únicos principios de gobierno son la fuerza y la astucia : su inteligencia es incapaz de toda concepción abstracta, de toda clasificación moral. Del estado anárquico primitivo los gru-

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pos humanos se elevan por grados sucecivos, pasando por los estados despótico, teocrático, monárquico, hasta llegar al estado constitucional. Desde aquel envilecimiento hasta la cima de la civilización, dice Buckle, hay una larga serie de grados consecutivos, en cada uno de los cuales se desprende algo del imperio de la fuerza para entrar en la autoridad del pensamiento.

El primer esbozo de la sociedad humana es el rebaño, del mismo modo que en los demás mamíferos. Los individuos que viven en una localidad se unen con fines muy determinados y efímeros ; por ejemplo : para hacer juntos una caza,

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una emigración ó una guerra. El rebaño es -siempre temporal r su duración depende de la necesidad ocasional que lo origina (1).

Las necesidades ocasionales hacen nacer el instinto social. Como el hombre obra siempre, sobre todo el hombre salvaje, empujado por el egoísmo individual, los agrupamientos efímeros van acostumbrándole á unir sus fuerzas con las de sus semejantes, para conseguir mayores comodidades en la vida y más segura protección contra sus enemigos.

La persistencia del rebaño da origen á la tribu, anárquica, aristocrática ó monárquica, la cual, si bien no pueda siempre diferenciarse esencialmente del rebaño,

(1) Análogas asociaciones temporales observamos en otros animales. El lobo de las praderas, Cani^ latrans, se asocia á veinte ó treinta de sus semejantes para vencer á un ciervo ó á un búfalo. Las aves de paso se asocian para hacer sus migraciones.

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presenta ciertos caracteres peculiares que la distinguen como un progreso. La tribu vive fija en un territorio ó peregrina continuamente, ora combatiendo con las tribus enemigas, ora buscando otro territorio más favorable. Los individuos que la componen están unidos por lazos permanentes^ sobre todo el parentesco, ya sea real ya ficticio como en el clan familiar. El gobierno conserva su esencia despótica, siquiera principie ya á aparecer cierta división de poderes. Para emprender una guerra ó una emigración, los ancianos de la tribu, guardadores del tesoro de la experiencia, y los guerreros más afamados, que representan las fuerzas vivas de) grupo, deliberan sobre la utilidad de la empresa y medios más eficaces de practicarla, constituyendo así un embrión de poder legislativo. El jefe supremo, á quien obedece la tribu en sus

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guerras ó viajes, representa ya el poder ejecutivo.

Cuando la tribu se fija en un territorio, construye habitaciones, se dedica á una actividad constante y reproductora, ya sea la pesca ó la caza, ya sea la cría de animales útiles ó el cultivo de la tierra, según el medio físico en que vive; y además, se fijan por la costumbre y la herencia las relaciones de los individuos entre sí y con sus jefes, relaciones que son el origen de las leyes, — la sociedad, con su conjunto de instituciones generalmente aceptadas, se eleva á la categoría de Estado.

El desarrollo de los Estados se verifica en plena civilización cuando se han constituido las nacionalidades, esas grandes armonías de los intereses humanos, análogas en la sociología á lo que son las razas en la antropología.

En el Rebaño domina la necesidad del

StXlIEDADES V GODIERNU ifl

momento ; en la Tribu se fija el lazo del parentesco ; el Estado se constituye por la unidad de territorio y la analogía de instituciones; la Nacionalidad se caracteriza por lá comunidad de historia y la armonía de tendencias intelectuales y morales*

Así como en las sociedades primitivas todas las funciones se ejercen á la vez por todos los individuos, en el gobierno primitivo todos los poderes están unidos en un solo individuo. Los revolucionarios del 93 declaraban solemnemente que « el gobierno es instituido para garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales é imprescriptibles ». La etnografía y la

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historia nos revelan como únicas bases originales del gobierno la necesidad y la fuerza. La forma primitiva del gobierno es el despotismo absoluto.

Los funciones sociales empiezan á especializarse cuando la vida en conjunto se complica de tal suerte que todos los individuos no pueden dedicarse al propio tiempo á la misma actividad y cuando los progresos de la ciencia, el arte y la industria fundan la libertad del trabajo y la relativa independencia de las corporaciones. En este estado el gobierno no puede ya ser unipersonal, tanto por la imposibilidad material de que una sola persona aprecie y resuelva todos los problemas referentes á los intereses públicos, como porque la civilización política consiste en someter la acción del gobierno á la resultante de los intereses y voluntades individuales. Cada función guber-

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namental es designada entonces á los que mejor pueden ejercerla. La función legislativa se reconcentra en una ó varias corporaciones, la función ejecutiva en uno ó varios individuos y la función judicial en tribunales creados con el solo fin de ejercerla. Cuando los ciudadanos han llegado á la plenitud de sus derechos en sus relaciones con el Estado y el Gobierno, formas políticas de la sociedad, las tres funciones se especializan aun más y nacen directamente de la función madre ; la función electoral.

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CAPÍTULO II

LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL

I, — Ambi*¿iieílíLd de los términos. El organismo indivíiJual y eí organismo social.

IL — Sistemas aociológicos. La Providencia. La Fatalidad.

líL — La Evolución. Evolución inconsciente. Evolución cerebral. Revolución.

IV. — CoQclusioues.

Indicado el origen de las sociedades, y antes de averiguar á qué leyes obedecen en su desenvolvimiento al travósdel tiempo y el espacio, determinemos la verdadera significación de un concepto empleado hoy comunmente por cuantos se dedican al estudio de los fenómenos sociales. En el

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actual período de propaganda y reconstitución es índispeosablej para evitar eonfusionas nefastas, definir los términos* Las metáforaSj necesarias y preciosas en el estilo literario^ están preñadas de inconvenientes en el estilo científico; y como os imposible desterrarlas por completOj (i menos que la ciencia no inventase a cada paso términos especialeSj las obras de vulgarización deben poner particular cuidado en explicarlas.

Desde el momento en que se ha empleado en todas las esferas de investigación el método científico y en que el estudio de los fenómenos sociales se haconsideradocomo un capítulo de la historia natural, los términos que en ésta tenían una significación muy concreta han adquirido aspectos diferentes al pasar á la sociología y á la política.

Á menudo decimos i las sociedades son

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seres vivos ; las sociedades son organismos. En rigor científico la palabra organismo no debiera aplicarse á la sociedad sino cuando se la considera en las primeras fases de su desarrollo; y esto sin llamar todavía sociedad ni al rebaño de salvajes ni á la tribu nómade y temporal.

Si empezamos por la tribu permanente^ es cierto que la sociedad tiene una unidad cuasi orgánica; pero á medida que evoluciona, tiende hacia una unidad que pudiéramos llamar intelectual y moral. En la tribu, regida por un gobierno esencialmente despótico y teocrático, el hombre es como la molécula de un cuerpo bruto, ó como el elemento animado de ciertas colonias marinas; el Myxodictyum sociale^ por ejemplo. La personalidad no se distingue todavía de la colectividad. No hay división de la propiedad ni especialización del trabajo. La voluntad del jefe ó de la

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clase gobernante mueve en el sentido deseado á toda la agrupación.

Pero como el perfeccionamiento de la sociedad consiste en ir dando cada vez mayor autonomía al individuo; en hacer que su actividad, su pensamiento, su voluntad influyan directamente en la dirección del cuerpo colectivo, se llega á una variedad complicadísima. En tal variedad van formándose luego corrientes de igual dirección, de una mañera cuasi inconsciente, á consecuencia de los adelantos de la ciencia, la industria y el arte, y de la semejanza de necesidades.

En la tribu, el hombre es elemento de la sociedad, sin saber por qué, sin quererlo de un modo deliberado : la sociedad es análoga entonces al pólipo hidrario. En. la sociedad civilizada el hombre es también elemento de ella; pero la fuerza más poderosa que le impulsa es el con-

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vencimiento de que así hallará mayores ventajas en la lucha por la vida. Y cuando se dice que la sociedad es también entonces un organismo, no se hace otra cosa que emplear una metáfora.

El mismo Novicow, que establece como base principal de su hermoso libro sobre la política internacional el concepto de que la sociedad es un organismo, se ve obligado á hacer una concesión. « La diferencia más notable, dice, que existe entre el organismo animal y el organismo social es que en el primero cada célula no forma parte más que de un solo órgano mientras que en el segundo puede formar parte de varios á la vez. Asi un militar, como Al* fred de Vigny, puede ser igualmente un gran poeta; es decir, que puede pertenecer al mismo tiempo al órgano de la defensa exterior y al cerebro social. Un rico agricultor, si se interesa por el movimiento

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LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL ti

intelectual de su país y lo favorece con su fortuna, puede formar parte á la vez de la clase productora y de los tejidos intelectuales. No debe, pues, comprenderse de una manera demasiado absoluta lo que decimos en el texto (1) ».

Las relaciones del hombre con sus semejantes, con el medio social, no son relaciones orgánicas, idénticas á las relaciones de las diversas partes de un ser individual; sino relaciones de intereses, influencias mediatas, armonización de tendencias intelectuales y morales. No es exacto llamar unidad á esa armonización, porque lo que observamos es la más complicada variedad, lo mismo en las aptitudes personales que en la aplicación de las actividades. Á lo sumo podríamos hablar de unidad entendiendo por tal la resultante

(1) J. Novicow, La Politique internaüonale, nota.

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Última de esa infinidad de fuerzas, que obran en sentidos diversos y aparentemente contrarios. .

De ahí que las leyes sociales sean del más difícil estudio. Es preciso, ante todo, tener cuenta de las leyes relativas al hombre considerado como individuo; luego, de las que se refieren á la asociación de individuos que emplean, en igual sentido y en la misma obra, su actividad; y por último, de las relativas al todo, á la sociedad, que es una armonización, ó conjunción, ó confluencia, lo mismo de los intereses del individuo que de los intereses de las diversas agrupaciones que en ella viven : tres campos de observación, ninguno de los cuales debe ser estudiado con menos detención que los otros, so pena de ver una unidad orgánica, que no existe en el sentido que le asigna la biología de los individuos, y so pena de no comprender en toda su

LKYES DE LA KVOLUCJÓN SOGIAI. ft*

compleja extensión la armonía última, la resultante de todas las energias socialos,

« La expresión corriente de orfjani$mo social — dice muy bien Letouriieau (1) —es simplemente metafórica y es prei'¡?io cuidarse de no tomarla al pie de la letra, como lo iia hecho con extraña candidez H, SpenceV, Las sociedades son aglomeraciones de individuos, en las cuales se ha establecido necesariameate cierto orden; pero es casi pueril buscar y encontrar en ellas una verdadera organización comparable, por ejemplOj al plan anatómico y fisiológico de un mamífero, »

Es tan capital la determinación precisa de este concepto, que, si extremásemos la analogía entre el organismo social y el organismo individual, caeríamos en el error sociológico de amenguar la impor-

¡1] Écotutioft íhi MarwQc et tic In P^arniUe.

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tancia de la evolución cerebral ó consciente, y en el error político de considerar á la sociedad como un conjunto gobernable por la dirección de una sola inteligencia ó de una sola clase.. Á lo cual se agregaría aún la aceptación de aquel triste y cruel principio de que el Estado puede sacrificar los intereses individuales en aras de una abstracción mal definida. Buckle ha determinado la evolución consciente, no orgánica, en una fórmula luminosa, al decir que el progreso consiste en la disminución de la presión exterior y en el aumento de la presión social.

¿ Cómo se verifica ese doble fenómeno ? ^ Cuáles son las leyes primordiales á que

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obedecen las sociedades y las naciones al través del tiempo y el espacio ?

Desde el momento en que se consideren los fenómenos sociales como esencialmente distintos de los que estudia la historia natural, se les aplica un método también esencialmente distinto; y de allí la serie de teorías contradictorias é irreconciliables que han venido disputándose la primacía.

Claro está que con tales teorías — producto las unas del exclusivo trabajo de la imaginación, y producto las otras de algunas observaciones imperfectas, desnaturalizadas después por la misma imaginación — no podían constituirse más que sistemas en absoluto metafísicos, los cuales se desvanecen al primer contacto con la piedra de toque de la realidad.

Entre esos sistemas merecen especial mención, por la importancia que en la

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historia han tenido, los dos siguientes : el que establece como ley suprema del hombre, de las sooiedades y de las naciones una fuerza consciente y extranatural á que se ha dado el nombre de Providencia ; y q\ que encuentra esa ley en los efectos de una fuerza ciega y natural^ llamada Fatalidad,

Si pretendiésemos discutir ahora una por una las inconsecuencias del primer sistema y su absoluto divorcio con las observaciones directas, tendríamos que repetir lo que respecto al método hemos dicho antes, y entrar además en una inútil discusión filosóiica ajena al carácter práctico de este estudio.

Circunscribámosnos á apuntar lo esencial- Si la ley suprema es la voluntad inflexible del ser sobrenatural, el fin que persiguen las sociedades y los Estados no puede ser otro que llegar á amoldarse á los propósitos de aquella voluntad. Los

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fines sociales y políticos no son entonces la satisfacción de las necesidades físicas, morales é intelectuales, por una parte, y por otra la consecución de la mayor suma de libertad en la actividad del individuo y de las agrupaciones, para que de esta suerte los intereses del Estado sean los mismos intereses de los elementos que lo constituyen, y su poder sea simple resultante del poder ejercido por cada individuo. Para ese sistema, los pueblos crecen y se fortifican, los imperios llegan á su apogeo, no porque los hombres consigan estos resultados con sus virtudes y su genio ; sino porque así lo ha determinado la Providencia^ con misteriosos designios. Cuando los pueblos y los imperios han representado ya en la historia el papel atribuido de antemano á cada cual, se debilitan, degeneran ó caen para siempre, cediendo el espacia en que se desarrollaron á otros

34 filosofía constitucional

imperios y pueblos llamados á cumplir peculiares objetos. Todo para el triunfo de una idea, la idea religiosa, y para gloria exclusiva del ser extranatural. De manera que el mundo es un vasto escenario donde los hombres y los pueblos se agrupan y separan sucesivamente obedeciendo á la fuerza incontrastable de la Providencia, y persiguen automáticamente un ideal que no ha nacido en el cerebro humano, sino que resplandece, eterno é inmóvil, fuera de los límites del tiempo y del espacio. El criterio histórico,, de consiguiente, se reduce á averiguar á qué fines providenciales obedeció cada acontecimiento ó cada pueblo. Si un imperio se desarrolla poderosamente, es señal evidente de que así lo ha querido el ser extranatural, y que á tal desarrollo no han podido oponerse ni obstáculos del medio físico ni obstáculos del medio social. Si un imperio desaparece de

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la geografía política, es que ha cumplido su misión divina y debe ceder el sitio á otro. Y escenario y personajes continuarán de igual modo hasta que estén realizados todos los designios providenciales, momento en el cual, el Creador de todo lo existente, se dará por satisfecho y destruirá su obra material...

Esta somera exposición basta para comprender que la ciencia no tiene parte alguna en tales fantasías y que las leyes sociales deben buscarse en otra parte.

Bien que falso é inconsecuente en su conjunto, el sistema, fatalista se diferencia del anterior en dos puntos capitales. En primer término, rechaza la influencia, y hasta la existencia, de todo poder extra^ natural ; y además, se basa hoy en una observación científica, siquiera desnatu^ ralizada por la fantasía. Decimos hoy, y nos referimos á la civilización occidental,

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porque el sistema fatalista tiene sus raíces, lo mismo que el providencial, en las primitivas aberraciones del espíritu humano, el cual j no pudiendo comprender las causas de los fenómenos sociales, inventaba fuerzas misteriosas, — conscientes unas veces j y de ahí la Providencia, ciegas otras veces, y de ahí la Fatalidad. Los griegos de los tiempos homéricos y los contemporáneos de Esquilo y Herodoto conservan todavía este mito.

La observación científica que da una parte de base sóhda al sistema fatalista es relativamente moderna. Divídense los psicólogos en dos escuelas irreconciliables ; la una que sostiene el libre albedrío absoluto, y la otra que pretende demostrar — y lo demuestra, en efecto, en cuanto se refiere al hombre individual — que todos nuestros actos conscientes no son resultado de un ente por completo

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libre, sino que, por el contrario, son resultantes necesarias de los medios físico, orgánico y cerebral en que vivimos. Pero este hecho, ya indiscutible, no destruye la libertad humana,como algunos prejuzgan ; sino que la reduce á sus verdaderos límites. El pensamiento, la conciencia, la palabra, la acción externa son libres , no por ser efecto de un agente metafísico, de un ente distinto de las funciones del encéfalo, de un ser inmaterial que preexista á nuestro organismo y le sobreviva; sino porque pueden manifestarse, en un medio civilizado , independientemente de poderes coercitivos encarnados en instituciones sociales, ora las constituya un solo individuo, ora las constituyan varios.

El alma es libre, y llamamos alma á la resultante de las funciones cerebrales, porque ningún poder, personal ó histórico, logra imponerle leyez inflexibles. Pero si

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ds filosofía constitucional

por libertad se entiende el poder del alma para obrar independientemente de las circunstancias de los medios en que vive, el concepto de libertad pierde su carácter positivo para convertirse en una idealidad misterio-sa, en una ilusión infantil.

La falsedad del sistema fatalista consiste en que desnaturaliza, como antes decíamos j una observación científica. Es cierto que, en última análisis, el libre albedrio absoluto desaparece ; pero también es cierto que no por eso el hombre pierde su carácter de agente racional. Las circunstancias de los medios en que se mueve influyen poderosamente en sus determinaciones, en sus actos; pero conserva siempre su iniciativa hasta un límite que va apartándose á medida que se hace más amplia y más profunda su ilustración intelectual y su educación moral. Entre estü concepto de la libertad y el fatalismo,

LEYES DE LA EVOLUCHhN bOCIAL íW

la distancia es considerable. El hombre para el fatalismo es Edipo : Sus acciones no pueden avergonzarle ni enaltecerle ; se mueve como la piedra desprendida del borde de un abismo ó como el humo que se levanta de una hoguera. El hombre, para la ciencia, obra obedeciendo á las circunstancias que concurren en un momento dado en los medios que le rodean ; pero puede, y aquí la libertad, apreciar en detalle y en cunjunto esas circunstancias, y de tal apreciación llegar á modificar favorablemente el medio físico, por la industria y la ciencia; el medio social, por el perfeccionamiento de las instituciones ; y el medio anímico, por el desarrollo de las facultades cerebrales y la depurización de las costumbres ; — poder del cual depende el progreso.

Las consecuencias del sistema fatalista aplicado á la sociología y á la política, se

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identifican con las del sistema teológico. Si el hombre no vive ni las naciones se desarrollan más que para cumplir los designios de la Providencia, el fin que persiguen no es humano, no es la realización de aquel noble ideal que consiste en satisfacer, libres de todo despotismo personal ó histórico, las necesidades individuales y sociales ; sino amoldarse á la voluntad suprema, sacrificando á sus caprichos la independencia, el bienestar temporal y hasta la vida. Y si el hombre no vive ni las naciones se desarrollan más que obedeciendo inertemente á una fuerza ciega, toda la actividad humana, — lo mismo la actividad interna que genera ideas y, comparándolas y relacionándolas forma ideales, que la actividad externa, que aplica á la realidad los principios abstractos para someter la naturaleza física á la voluntad del trabajador, — sería

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una actividad improductiva y necia, ya que no podría nunca sustraerse al despotismo inexorable de la fatalidad. En el sistema teológico, la vida perfecta para el hombre sería la vida contemplativa del convento, y la vida perfecta para las naciones la de España bajo Felipe II. En el sistema fatalista, la vida perfecta para el hombre sería la del fakir ó del estoico holgazán, y la vida perfecta para las naciones la que han llevado hasta ahora los más enervados imperios asiáticos. Ambos sistemas convergen así á una consecuencia tremenda : la negación del progreso como resultante del esfuerzo humano.

IIT

Sólo por la observación científica han podido descubrirse las leyes á que obede-

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cen las sociedades en su desenvolvimiento, leyes que se resumen en este concepto abstracto y general : la Evolución.

En el hombre social distinguimos dos especies de evolución ; á saber : evolución inconsciente y evolución cerebral^ ó consciente. Esta última toma aveces el nombre de revolución.

La primera puede aplicarse á la naturaleza en conjunto, lo mismo en su parte anorgánica que en su parte orgánica. La nebulosa, la estrella, el planeta, el satélite evolucionan ; es decir, cambian de aspecto material según leyes naturales y eternas, sin ser resultado de ninguna fuerza extraña á la misma materia. Las plantas y los animales, incluso el hombre evolucionan, se perfeccionan, cambiando de aspecto material las primeras, y de aspecto material y cerebral los últimos, según leyes fatales (lucha por la existencia, adaptación

LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL k¿

al medio, supervivencia del más apto). Y como evolucionan los cuerpos celestes, las plantas y los animales, evolucionan también los grupos de individuos humanos, la sociedad, la nación, la raza, la especie, sin que en este movimiento progresivo tenga influencia alguna una fuerza supramundana.

Á este progreso, necesario y fatal, de los grupos humanos, llamamos evolución natural ó inconsciente, la cual se verifica con mayor ó menor rapidez, según sean más ó menos favorables el medio físico y el medio orgánico.

Pero en el hombre colectivo se realiza además otro movimiento de progreso, que hemos llamado evolución cerebral ó consciente. Á medida que el cerebro se ensancha en la lucha por la existencia y en la vida social, el hombre va ensanchando la esfera de su actividad productora ; sus

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conocimientos científicos aumentan ; sus costumbres se depuran ; sus instituciones se perfeccionan; sus necesidades son satisfechas cada vez con mayor amplitud. Los esfuerzos cerebrales y sus resultados inmediatos — las ciencias, el arte, la industria — son agentes libres que imprimen fuerzas, las más poderosas de todas, al desenvolvimiento de las sociedades y las naciones. Este desenvolvimiento va haciéndose más rápido á medida que el hombre se aleja de su origen, y adquiere mejores instrumentos , materiales é intelectuales, de trabajo y de felicidad.

Louis Bourdeau expresa esta misma idea : c Así como la gravitación obra en razón directa de las masas ó inversa del cuadrado de las distancias, así el progreso parece efectuarse en razón directa de la suma de adelantos anteriormente reali-

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zades y en razón inversa de los obstáculos que se oponen á su difusión en el mundo ^ (1).

El progreso en el rebaño, en la tribu, en las primeras sociedades es lento é indeciso : el progreso moderno en las razas indoeuropeas es rápido y seguro. Cuando para las tribus nómades del África austral pasan miles de años sin que su constitución íntima cambie de un modo notable, en las sociedados europeas bastan años para que se verifiquen perfeccionamientos radicales. Charles Lyell escribía : « El progreso de un millón de años, en una época remota, puede corresponder al de un siglo en los tiempos modernos; y á medida que nos referimos á tiempos más remotos, vemos que el hombre se parece más al bruto y comparte con él aquella

(1) L'Histovre et les Hístoríens.

4G FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

cualidad que hace que una generación imite exactamente y en todo á la que le ha precedido i (1).

En las tribus nómades, los derechos civiles están confundidos en el conjunto, y los derechos políticos no han nacido todavía : la libertad no existe. En las sociedades civilizadas, los derechos civiles son propiedad inviolable del individuo, porque éste conserva la mayor parte de su independencia al lado de la independencia de su semejante^ y los derechos políticos constituyen la soberanía individual, que no desaparece nunca ante el Estado, poder que representa nada más que la cunj unción y resultante de los intereses particulares : ha nacido la libertad, la cual se ensancha en razón directa del desarrollo de los cerebros, de la civilización social y del per-

{!) Antigüedad fhd hombre.

LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL 47

feccionamiento de las instituciones políticas.

Conclusiones.

I. Ningún sistema metafísico — y todos se resumen en estos dos : el de la Providencia y el de la Fatalidad — puede explicar las leyes sociales, porque, desconociendo y contrariando el método científico, someten al hombre, como individuo y como colectividad, al poder despótico de fuerzas extrañas, ante las cuales desaparecen por completo las fuerzas cerebrales y sociales. Admitida como ley suprema la Providencia, los ideales de la vida serían el histerismo de los santos y la holgazanería de los monasterios. Los fenómenos

18 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

sociológicos, tales como el nacimiento de una nación, su desarrollo, su apogeo, su muerte, serían simples efectos de la voluntad misteriosa del ser extranatural. Las ciencias sociales se resumirían en esta fórmula necia : la Providencia lo ha determinado así. Admitida como ley suprema y única la Fatalidad^ los ideales de la vida serían los mismos que para el sistema teológico : la inacción como distintivo social y el enervamiento absoluto como su consecuencia directa. La Fatalidad pudiera armonizarse hasta cierto punto con lo que llamamos evolución natural; pero si se la considera como única ley sociológica, quedan sin explicación posible los fenómenos que se verifican en el seno de la civilización, tales como la influencia del desarrollo cerebral, la iniciativa humana en las revoluciones sociales y políticas, y la circunstancia de que el progreso va ha-

LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL A3

ciéndose cada vez más rápido á medida que el hombre se aleja de su origen. Los fatalistas no hacen más que sustituir en la fórmula de los teólogos el término Providencia, para decir : el Destino, la Naturaleza, la Fatalidad lo ha querido así.

11. El hombre, como individuo y como colectividad, está sometido á dos leyes permanentes; á saber : la evolución natural y la evolución consciente. La evolución natural es común á todos los seres; la evolución consciente, si bien principia á determinarse vagamente en algunos insectos y en los mamíferos superiores, no se verifica en toda su amplitud sino en las sociedades humanas ya muy civilizadas. La evolución natural es un movimiento que se realiza sin intervención alguna del hombre; y está en razón directa de los circunstancias favorables de los medios físico y orgánico. De este modo evolucionan, lo

60 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

mismo las tribus del África austral y del interior de Australia que los imperios asiáticos y que las naciones europeas y americanas; pero la evolución en las primeras es cuasi imperceptible, la evolución de los segundos muy lenta y la de las últimas cada vez más rápida, efecto todo de las diversas circunstancias externas en que viven y de las distintas cualidades de las razas* La evolución consciente, por el contrarioj es un movimiento progresivo en razón directa de la ilustración intelectual y de! perfeccionamiento del medio social, efecto todo del poder de la ciencia, el arte y la industria. Las libertades civiles y políticas se desarrollan y arraigan al mismo tiempo que se acelera la evolución consciente.

IIL En las sociedades primitivas predomina la evolución natural. En las sociedades civilizadas de Europa, América y

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LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL 61

hoy parte del Asia y norte del África, se realizan las dos evoluciones, pero predominando siempre la evolución consciente. Ésta es distintivo de la Especie Mediterránea.

IV. La civilización pcjítica es efecto inmediato del predominio de la evolución consciente, la cual toma el nombre de revolución cuando se destruye de una manera radical y á veces viojenta, obedeciendo á un propósito de antemano determinado, un régimen existente para sustituirlo con otro que se juzga más perfecto.

V. La evolución es un término complejo que resume los varios movimientos progresivos de las' sociedades, movimientos que reciben nombres particulares según el aspecto baja el cual se considera la actividad de aquéllas. Boccardo hace la especialización siguiente (1) :

(1) L'Ardmále e Vuomo.

52 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

Las modificacioaes á que están sujetas las condiciones orgánicas de una sociedad se resuelven en cinco distintas formas de movimientos. En otros términos, cada sociedad presenta :

1."* Un dinamismo /tóíco, que es : ó subjetiüOy en las variaciones antropológicas y etnográficas de los hombres asociados ; ú objetivo, en las variaciones climatéricas y geográficas del ambiente;

2.° Un dinamismo intelectual, en la sucesión, y generalmente en el progreso de las opiniones, de las doctrinas, del conocimiento de la verdad, de la manifestación de lo bello; en otros términos, en la variación del valor psicológico de los hombres asociados;

3.° Un dinamismo moraly en las formas y en las instituciones dirigidas á la manifestación del bien; ó en otros términos, en

LEYES DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL 03

la variación del valor ético de los hombres asociados;

4/ Un dinamismo económico^ en las condiciones creadas al trabajo y al capital, á la producción, distribución y consumo de las riquezas;

5."* Un dinamismo politicoy en la forma del Estado y de las instituciones que lo reglamentan.

CAPITULO III

LAS FORMAS DE GOBIERNO

I. — Sistemas políticos. La voluntad humana. El fatalismo. Doble origen de las formas de gobierno.

IL — Dificultades de la clasificación. Identidad de la forma del Estado y la forma del Gobierno.

in. — Los tipos generales : Gobiernos despóticos; Democracia directa; Monarquía constitucional; República.

IV. — Formas müctas : La Monarquía ; absoluta, constitucional, electiva, hereditaria.

V. — Formas mixtas : La República; vitalicia, dictatorial, aristocrática, democrática, unitaria, federal, parlamentaría, representativa.

VI. — Confederación de Estados.

Hemos visto cómo el origen del gobierno se confunde con el origen de la sociedad, pues es condición inherente á la existencia de ésta vivir sometida á un régimen cual-

LAS FORMAS DE GOBIERNO 55

quiera. Sabemos, además, que el origen de la sociedad y del gobierno no es efecto ni de una voluntad extranatural,como pretende el sistema teológico, ni de un pacto expreso ó tácito entre los individuos, como pretende el sistema racionalista, sino efecto lógico, natural, necesario de las condiciones de vida en que se encuentra el hombre primitivo y de las ventajas inmediatas que adquiere en la lucha por la existencia, uniéndose con sus semejantes. Pero esto no basta para comprender el origen de las diversas formas de gobierno en que observamos las sociedades, según el medio físico y el medio histórico en que se desarrollan.

¿ Por qué pueblos pertenecientes á una misma especie y hasta á una misma raza, tienen en el mismo período histórico, y en medios orgánico y social análogos, formas de gobierno diversas? ¿Por qué el mismo

56 filosofía constitucional

pueblo cambia repetidas veces su forma de gobierno ? ¿ Qué relaciones íntimas existen entre el estado intelectual y social de un pueblo y su forma de gobierno?

Así como para explicar el desenvolvimiento de las sociedades, los sociólogos se dividieron en dos escuelas antagónicas, la una que admitía como ley suprema la Providencia y la otra que admitía la Fatalidad, hasta que el método científico comprobó la existencia de las verdaderas leyes sociales; así también, para resolver el problema que ahora nos ocupa, los políticos se han dividido en dos escuelas esencialmente opuestas. Los unos sostienen que las formas de gobierno son efectos puramente fatales y cada pueblo tiene aquella forma que más se armoniza con las circunstancias internas y externas en que vive, sin que en ello tome parte alguna la iniciativa consciente, la voluntad hu-

LAS FORMAS DE GOBIERNO 57

mana ; y sostienen los otros que cada pueblo se da á sí propio la forma de gobierno que más le conviene, sin que en ello influya nada la fatalidad.

Estos dos sistemas absolutistas no logran comprobarse en la realidad. Si las formas de gobierno son efecto exclusivo de la voluntad humana, este origen tendría entonces el despotismo del gobierno en el rebaño, la tribu y las sociedades primitivas, cosa que no puede admitirse después de las comprobaciones de la etnografía, la etnología y la prehistoria. Y si las formas de gobierno son efecto exclusivo de la fatalidad ¿qué significan entonces los esfuerzos continuos de las modernas sociedades por perfeccionar sus instituciones políticas; esfuerzos que producen inevitablemente cambios más ó menos radicales en el régimen constitucional?

58 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

El sistema de la influencia exclusiva de la voluntad humana olvida que el Estado es resultante de diversos factores naturales y se engaña sobre el concepto de la soberanía^ el cual se ha prestado siempre a los más oscuros idealismos, sobre todo cuando los pueblos han empezado á negar el derecho divino de los reyes. La monarquía y la democracia ideológica han caído en un error análogo. En la monarquía, la soberanía se confunde con la voluntad del monarca (monarquía absoluta), ó con la armonía entre la voluntad del monarca y la voluntad del pueblo (monarquía constitucional). En la democracia ideológica^ la soberanía es el poder inherente á la sociedad de darse las instituciones políticas que desea ; es el animus reipublicce^ según la expresión de Vico. Pero así como el hombre no ha constituido por su propia voluntad las sociedades, así éstas no han

LAS FORMAS DE GODIERíNO ü'J

constituido deliberadamente los primeros Estados. Los regímenes sociales determinan el gobierno — dice muy bien Littré — y no son determinados por él (1). La soberanía es simplemente un fenómeno histórico. Á medida que evoluciona la sociedad, ios individuos ven aumentado el número de sus derechos civiles y políticos, y el funcionamiento del gobierno depende directamente del ejercicio de esos derechos. Los gobernantes se someten así cada vez más á la voluntad, expresada en leyes, de los asociados. Los pueblos salvajes tienen por forma de gobierno un despotismo absoluto y los pueblos poco civilizados un despotismo atenuado : la soberanía no se manifiesta sino en los pueblos que han llegado á un notable progreso social. De manera que al investigar el origen de las

(1) VÉtat et la Société*

60 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

formas de gobierno es preciso distinguir la especie, la raza, el grado de desarrollo orgánico y las circunstancias de los medios físico é histórico.

Si observamos sólo los pueblos civilizados vemos que sus formas de gobierno, en el actual momento histórico y en los que seguirán al actual, tienen un doble origen. Estos pueblos adoptan las formas que desean; pero atendiendo siempre á ciertas fuerzas sociales de cuya influencia no pueden sustraerse de pronto y radicalmente, porque el progreso no se verifica en ningún sentido por saltos vertiginosos. Trabajan por darse aquellas instituciones bajo las cuales se desarrollen mejor el espíritu nacional, los elementos de riqueza, las libertades públicas, todo cuanto represente su poder y su influencia ante los otros pueblos; pero esto no es más que una tendencia.

LAS FORMAS DE GOBIERNO 61

Ni siquiera en el terreno puramente abstracto es lógico admitir que hoy las formas de gobierno sean efecto exclusivo de la voluntad de cada nación. Las naciones, como grupos que van pasando por sucesivos períodos de desenvolvimiento, están sometidas á una evolución natural permanente, de que^no pueden sustraerse ; y de ahí que en los progresos constitucionales tenga grandísima parte la evolución ciega, necesaria, fatal. Pero al propio tiempo, en la nación existen fuerzas libres, representadas por la ciencia, la industria, el arte, los ideales, la libertad del individuo y la iniciativa de las agrupaciones ; todo lo cual constituye la evolución consciente, que va predominando sobre la otra en razón directa del desarrollo de aquellas fuerzas libres.

De consiguiente, en el seno de la civilización las formas de gobierno tienen este

62 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

doble origen : son fatales en aquella parte resultante de la evolución natural á que obedece ciegamente todo organismo y toda agrupación de organismos; y son libres en cuanto resultan de los esfuerzos deliberados, de la evolución consciente que predomina en los pueblos modernos y que á veces toma el carácter de revolución.

Las formas de gobierno, por su misma diversidad y por los puntos de contacto que tienen unas con otras, se resisten á una clasificación sistemática, de igual modo que aquellos imperfectos organismos á quienes Hseckel ha dado el nombre de protistas. Como las formas de gobierno no preexisten á las sociedades, sino que

LAS FORMAS DE GOBIERNO aS

más bien son resultantes de la organización interna de éstas, no podemos presentarlas como moldes prehechos, con los cuales debamos ir comparando cada Estado para determinar qué fórmale corresponde. Así, toda clasificación tiene que resultar necesariamente imperfecta, porque si exceptuamos lias dos formas simples; á saber : el despotismo absoluto y la democracia directa, no hay forma actual que ajuste en aquellas especies ideales que la generalidad de los tratadistas se complacen en determinar.

Expondremos también nosotros una clasificación; pero con la previa advertencia de que las especies que admitimos no tienen en la realidad un carácter exclusivo, sobre todo en lo que se refiere á las formas mixtas, que predominan en el mundo civilizado.

No hacemos una distinción esencial en-

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64 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

tre la forma del Estado y la forma del Gobierno, como algunos tratadistas italianos y alemanes. Para nosotros, el Estado es la misma sociedad, cuando en su evolución llega á presentarse con instituciones debidamente ordenadas y el Gobierno es el funcionamiento de esas instituciones. Entre la forma política de la sociedad y las funciones gubernativas, ejercidas por individuos que reciben un mandato por tiempo determinado, no puede establecerse ninguna diferencia capital. Estado y Gobierno son para la política la misma cosa, la sociedad, vista bajo su aspecto constitutivo: el Estado, ó bajo su aspecto funcional: el Gobierno. En cuanto á la Confederación (no confundirla con el Estado federal), el Protectorado y la Unión colonial, ejemplos que se citan para diferenciar la forma del Estado y la forma del Gobierno, no debe olvidarse que la primera es un pacto

LAS FORMAS DE GOBIERNO t5

expreso entre los Estados; que en el segundo, un Estado pierde hasta cierto límite su independencia; y que en la Unión colonial la colonia forma parte integrante de la potencia á que pertenece y que, por consiguiente, no constituye ella sola un Estado.

Todas las formas de gobierno pueden referirse á tres tipos generales :

I. Gobiernos en los cuales la soberanía reside fuera de la nación : Gobiernos despóticos;

II. Gobiernos en los cuales la soberanía reside en la nación, y se ejerce directamente por ella : Democracia directa;

III. Gobiernos en los cuales la sobera-

66 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

nía reside en la nación, y se ejerce con las formas del sistema representativo : Monarquía constitucional. República parlamentaria (1) y República representativa.

De estos tres tipos se desprenden las formas especiales, que presentan caracteres peculiares según los pueblos á que se aplican.

El despotismo absoluto es la forma primitiva, el gobierno de la tribu y de las sociedades más imperfectas. El Jefe ó Rey dirige el conjunto sin obedecer á otra regla que á su propia voluntad. Los derechos individuales no tienen más garantía que la que cada cual logre darles, rebelándose contra la voluntad suprema. El hombre no es entidad libre que concurra con sus semejantes áconstituírelgobierno. Es un elemento inerte que, al querer en-

(1) Attilio Brunialti, Guida alio Btudio del Dirítto coBtituzionale,

LAS FORMAS DE GOBIERNO 67

carnar cierta autonomía, queda separado de la agrupación. Bajo este régimen viven los pueblos salvajes del África central y de Australia, y vivieron, en los más remotos períodos de la historia, nuestros antepasados indoeuropeos. Y hasta existen aún pueblos donde el despotismo absoluto sería más bien un perfeccionamiento ; los botocudos y los bosquimanos, por ejemplo, los cuales viven en rebaños nómades; no eligen un jefe, sino que el salvaje más fuerte toma de hecho el mando supremo hasta que otro salvaje lo destituye,sin ningún a formalidad previa : estado social exactamente igual al de los monos antropomorfos, especialmente los chimpancés, entre los cuales un macho adulto representa el poder supremo hasta que otro macho lo vence y lo mata... Sobre esto debieran meditar un poco los que hasta en el siglo decimonono atri-

6s filosofía constitucional

buyen á la autoridad un origen divino !

En el despotismo absoluto el jefe tiene, además del derecho indiscutible sobre la propiedad de sus subditos, el derecho sobre su vida. Es el único dispensador de la justicia, y, por añadidura, representante de Dios sobre la tierra.

Cuando la soberanía reside en una clase privilegiada, ó en un colegio de los individuos más ilustrados y más fuertes, como en las grandes teocracias antiguas, el despotismo adquiere caracteres menos salvajes; pues si bien todo el poder político se reconcentra en la clase privilegiada ó en el colegio sacerdotal, y de consiguiente los gobernados no poseen aún autonomía alguna, por el solo hecho de ser plural el soberano, comienza ya cierta especie de deliberación en el gobierno de la sociedad.

Completamente contraria á la forma

LAS FORMAS DE GOBIERNO «9

anterior es la democracia directa. Mientras en el despotismo absoluto los coasociados no participan para nada en la dirección de los intereses públicos, en la democracia directa cada asociado concurre á formar el gobierno, con sus indicaciones, con su voto y con el prestigio que su inteligencia ejerce sobre el conjunto. Siendo así, la democracia pura no ha podido practicarse sino en medios sociales muy civilizados. En la antigüedad, el único pueblo que practicó esta forma simple fué el pueblo griego, sin que ello indique, sin embargo, que antes no pasase por todas las fases del despotismo, de igual modo que los otros pueblos.

Esta forma de gobierno — decía Pericles — tiene por objeto el interés general, no el de un pequeño número, y por eso se llama democracia : las leyes aseguran á todos la igualdad en los procesos particu-

70 FlLOSObiA. CONSTITUCIONAL

lares : el rango está en proporción de los méritos de cada cual.

En la República de Atenas la nación ejercía por sí misma la soberanía. Todos los asuntos del Gobierno, lo mismo los graves asuntos políticos como la declaración de una guerra ó la necesidad de una alianza, que los asuntos judiciales de menor importancia, se decidían por mayoría de votos, en la asamblea del pueblo, Ecclesia, Todos los ciudadanos mayores de veintiún años hablaban en ella libremente y votaban. La compilación de las leyes quedaba luego encomendada á especiales nomoteti, elegidos por la ecclesia. La soberanía era de consiguiente resultante immediata de la voluntad de todos (1).

(1) Al hablar de la democracia griega es preciso hacer una advertencia esencial. El pueblo griego no es equivalente á lo que hay designamos con el mismo nombre. En el segundo siglo antes de nuestra era había en el Ática 100,000 esclavos y 15,000 hombres libres,

LAS FORMAS DE GOBIERNO 71

Basta la simple indicación de cómo funciona la sociedad bajo esta forma de gobierno para comprender que no ha podido manifestarse sino en las ciudades griegas, donde, por la existencia de la esclavitud, los ciudadanos disponían de todo el tiempo necesario para dedicarse diariamente á la vida política; y que en el seno de nuestra civilización, aun suponiéndola posible, sería perjudicial y enervante.

Al establecimiento de la democracia pura se oponen hoy :

1.® La extensión del territorio y la densidad de la población. Como las funciones del gobierno son permanentes, y en la

y únicamente los últimos tenían derecho á tomar parte en las funciones públicas. De manera que el gobierno era un privilegio de los hombres libres; y estos mismos, aunque poseían en la forma instituciones democráticas, eran dominados de hecho, siquiera temporalmente, por los ciudadanos más eminentes : guerreros, oradores, etc. La democracia griega equivaldría más bien á lo que hoy llamamos oligarquía.

7á FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

mayoría de los casos es indispensable la rapidez en la acción, es imposible consultar previamente, para resolver cada asunto, á todos los asociados;

S.** La civilización científica, artística é industrial produce en la sociedad un fenómeno análogo al que en los organismos produce la evolución; á saber : la división del trabajo y la especialización de las funciones. El sabio no puede abandonar el laboratorio, el artista sus creaciones, el industrial sus empresas, el obrero el taller, para concurrir diariamente al parlamento á discutir una ley, ó al tribunal á sentenciar un proceso ;

3.° Cada función del gobierno requiere aptitudes peculiares, que no se consiguen sino después de haberse dedicado por completo á estudios circunscritos. La civilización empieza á introducir en el gobierno las especialidades. Cada hombre público

LAS FORMAS DE GOBIERNO 78

procura sobresalir en un solo ramo de conocimientos políticos; y únicamente de este modo se logra el mayor grado posible de acierto en cada función.

La democracia directa, el gobierno de todos por todos, no se armoniza ya sino con una sola función política, con la que da origen á todas las otras, con la función electoral.

De la imposibilidad de practicar las formas simples— el despotismo absoluto, porque viola todos los derechos individúales, convirtiendo al hombre en elemento inerte y al organismo político en simple máquina, dirigida por una voluntad irresponsable ; y la democracia directa, porque es incom-

74 filosofía constitucional

patible con el progreso moderno, — han nacido las formas mixtasy así llamadas porque presentan caracteres tanto del despotismo como de la democracia; bien que todos los esfuerzos populares hayan tendido siempre á dar mayor preponderencia al elemento democrático, y bien qu6 en un porvenir próximo no quedarán ya raíces del elemento despótico. Al estudiar la organización y funcionamiento de los poderes públicos indicaremos los restos de despotismo que prevalecen todavía en todos los Estados.

Las formas mixtas son :

La Monarquía : el jefe supremo del gobierno ejerce sus funciones por derecho propio desde el momento en que sube al trono ; gobierna durante toda su vida y es personalmente irresponsable. : La Monarquía es : Absoluta^ Constituí cionalj Hereditaria^ ó Electiva.

LAS FORMAS DE GOBIERNO 76

La Monarquía absoluta es la forma mixta que más puntos de contacto tiene con la forma simple, despotismo absoluto ; y se identifica con éste cuando el monarca encarna en sí toda la soberanía^ no estando obligado á respetar ni ley alguna escrita, ni la opinión de corporaciones políticas permanentes : su voluntad es expresión de la voluntad divina, y de esta suerte omnipotente é infalible. La monarquía absoluta nació en Europa de las luchas contra el feudalismo y de la aplicación de los principios del derecho romano á la formación de grandes Estados indivisibles. En Francia empezó con Luis XI y llegó á su apogeo bajo Luis XIV. € La monarquía es un supremo poder — escribió Le Bret — que confiere el derecho de mandar sin límites, y que tiene por único objeto la tranquilidad y el bien público. El primer carácter de la soberanía

76 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

es depender de Dios solo. Únicamente el Rey tiene el derecho de hacer leyes en el reino, de cambiarlas é interpretarlas. La soberanía del Rey es indivisible como el punto en geometría (i) ».

Hoy, sin embargo, en la civilización occidental, ninguna Monarquía puede confundirse con el despotismo absoluto. Hasta en Rusia y Turquía la voluntad del monarca no puede traspasar ciertos límites, dentro de los cuales la mantienen tradiciones, costumbres, leyes, que si bien no imponen directamente deberes al monarca, sancionan derechos de los subditos.

En la Monarquía constitucional y la voluntad del monarca está obligada á respetar una ley fundamental que determina las relaciones entre el Soberano y los asociados. El Monarca es siempre irresponsable

(1) C, Le Bret, De la souceraineté du RoL

LAS FORMAS DE GOBIERNO 77

•personalmente; pero de los actos del Poder Ejecutivo responden los consejeros de la -corona, los ministros.

La monarquía constitucional presenta, según los países, variados matices, desde los caracteres menos despóticos de la monarquía absoluta, como sucede en la actual monarquía española, hasta los caracteres menos radicales de la democracia, poniéndose ya en contacto con la forma republicana, como sucede en la actual monarquía inglesa y en la monarquía belga..

La Constitución puede estar resumida en una sola ley votada por el Parlamento, como en Bélgica, en Italia, en España ; ó ser un todo complejo, de diversos orígenes; á saber : leyes escritas en distintas épocas, tradiciones y costumbres, como en Inglaterra.

En la Monarquía hereditaria y el monarca lo es por derecho de familia, derecho

78 filosofía constitucional

que se hace efectivo al morir su antecesor. Si á la muerte de éste, no tiene todavía la edad que la Constitución requiere, gobierna e^z nombre suyo una Regencia. De tal suerte, el poder dinástico es permanente; no hay solución de continuidad entre uno y otro reinado : al morir un monarca empieza el gobierno de su sucesor, bien personalmente, bien representado por la regencia. Este fenómeno lo caracteriza la fórmula clásica : « El Rey ha muerto, viva el Rey »•

En la Monarquía electiva, el poder real nace de una elección hecha directamente por el pueblo ó por el Parlamento.

La generalidad de las monarquías europeas son hereditarias : electiva lo fué la monarquía española á consecuencia de la Revolución de Setiembre que desterró la dinastía borbónica, y esta forma tienen hay los principados de la Europa oriental,

LAS FORMAS DE GOBIERNO 79

m^s Ó menos sometidos al protectorado de las grandes Potencias.

La República : los individuos que gobiernan lo hacen por delegación del pueblo, durante un período de tiempo determinado y son personalmente responsables.

Cuando la presidencia de una república es vitalicia^ se confunde esta forma con la monarquía constitucional.

La Dictadura^ es decir : las facultades discrecionales que el jefe del gobierno tiene en momentos dados y en virtud de excepcionales circunstancias, es siempre un despotismo, que rara vez produce favo-

80 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

yables resultados. Á la dictadura del ciudadano más prestigioso y honrado apelaban los romanos, siquiera por tiempo muy Beducido, en las crisis difíciles ; y á ella han apelado frecuentemente en este siglo las repúblicas de la América latina, para contener la anarquía y la guerra civil. Pero lo mismo la presidencia vitalicia que la dictadura son formas que el progreso político de los pueblos republicanos tiende á suprimir para siempre del número de los procedimientos gubernamentales.

Cosa igual sucede respecto á la. República aristocrática y en a cual existe una clase social privilegiaaa en cuanto á las funciones del gobierno.

Es carácter esencial de la República moderna el ser democrática : en ella todos los ciudadanos deben ser elegibles, sin atender más que al grado de inteligencia y honradez, cualidades que son determina-

LAS FORMAS DE GOBIERNO SI

das por los mismos ciudadanos en la función electoral.

La República es Unitaria^ Federal, Parlamentaria ó Representativa.

En la República unitaria^ el gobierno supremo se reconcentra en un solo punto, en la capital de la nación, sin que las diversas fracciones del país gocen de perfecta autonomía con relación á las demás. El supremo poder político irradia del centro y llega con igual influencia hasta el más insignificante municipio, por modo análogo á como se distribuye la sangre en un mamífero, desde el corazón hasta las partes superficiales del organismo. La legislación civil, penal y de procedimiento es una para toda la nación. Francia es hay el tipo de la República unitaria.

En la Re pública federal la nación está dividida en Cantones (Suiza) ó Estados (América), los cuales se unen delegando

82 filosofía constitucional

una parte igual de su autonomía para constituir un Poder federal. Este Poder* tiene aquellas funciones generales que se refieren á los intereses comunes de todos los Cantones ó Estados, funciones que se determinan previamente en una ley fundamental, votada por todos los Cantones ó Estados, quienes conservan incólume su autonomía en cuanto atañe á sus intereses particulares.

Los Cantones — dice la Constitución suiza — son soberanos en cuanto no esté limitada por la Constitución federal su soberanía : como tales ejercen todos los derechos que no estén delegados al Poder federal. (Artículo S\)

Los poderes que la Constitución no delega á los Estados Unidos ni prohibe á los Estados, son respectivamente de los Estados ó del pueblo. (Enmiendas, artículo 10.)

Cada Estado se da á su vez una consti-r

LAS FORMAS DE GOBIERNO 83

tución armónica con la Constitución federal; y conserva, además, el derecho de darse una legislación civil, penal y de procedimiento, sin necesidad de armonizarla con las de los otros Estados ; pero cuidando siempre de no sancionar ninguna ley que se oponga á la Constitución federal ó la modifique.

En cuanto á este derecho de legislación especial hay, sin embargo, profundas diferencias entre repúblicas constituidas todas bajo el régimen federativo. Mientras que en los Estados Unidos y en Suiza cada Estado ó Cantón conserva la autonomía legislativa que hemos mencionado, en las Repúblicas federales de la América latina la legislación es una como en las Repúblicas unitarias...

La forma federal puede plantearse en una república por dos modos distintos ; á saber : ó diversas fracciones de un terrí-

84 FILOSOFÍA CONSTITUCIONAL

torio, que anteriormente formaban naciones independientes, ó que estaban unidas como colonias á otra nación (esto último sucedjó en los Estados Unidos) se constituyen en Federación, delegando cada una parte igual de autonomía para crear un Poder central, cuyas funciones determinan previamente, — ó una república unitaria se divide en Estados autonómicos que reconocen un Poder central con atribuciones de antemano determinadas en el pacto federal, como ha sucedido varias iFeces en la América latina.

En la República parlamentaria^ el Ministerio, órgano del Poder Ejecutivo, depende siempre de la opinión dominante en la mayoría parlamentaria. Desde el instante en que un ministerio, (Jespués de haber declarado que hace del asunto que se discute una « cuestión de gabinete », es derrotado por el Parlamento, el jefe del Poder

LAS FORxMAS DE GOBIERNO 85

Ejecutivo tiene que sustituirlo con otro que cuente con la mayoría de la Cámara de Diputados : el voto contrario del Senado no se considera, á lo menos en Francia, como motivo de crisis ministerial. Los ministros son casi siempre miembros de alguna de las dos Cámaras : el Presidente del Consejo lo es siempre.

YéVil^ República representativa y el Poder Ejecutivo conserva su independencia respecto del Poder Legislativo. El Presidente de la República no está obligado á nombrar sus ministros del seno del Parlamento, ni á constituir un ministerio que represente siempre la opinión de la mayoría parlamentaria.

filosofía constitucional

Para terminar la clasificación de las formas de gobierno nos falta indicar lo que en la política se llama Confederación de Estados. Dos ó más Estados independientes se unen entre sí, de un modo permanente, para objetos determinados, conservando cada uno su forma de gol)ierno especial.

De la confederación de Estados escribe Scháfñe (1) : « Los Estados que forman la Confederación se consideran como teniendo iguales derechos, si bien algunos de ellos, como Estados egemónicos ( Vororté) ó potencias presidíales (Prásidial-

(1) Alberto E. Fr. Schaffle, Struttura e Vita del corpa socíale : edición italiana de 1881, 2' volumen.

LAS FORMAS DE GOBIERNO 87

máchte) pueden estar revestidos de poderes directivos. Los principales objetos de la confederación de Estados son : proveer en común á la propia defensa contra los enemigos exteriores y al mantenimiento del orden interno ; excluir la violencia, la justicia de propia mano entre los Estados confederados; asegurar á los subditos de cada uno de estos Estados la igualdad de tratamiento; garantirlos derechos de la soberanía y también ciertos derechos individuales de los subditos. Es causa de debilidad, para la confederación de Estados, el carecer de un gobierno, de una legislación, de una representación popular, de una administración, de una jurisdicción y de una diplomacia especialmente federales. El llamado Poder federal Bundesgewalt) — congreso, dieta federal — es un colegio de enviados ó delegatarios de los Estados, con poderes limitados y votando

88 filosofía constitucional

según las instrucciones recibidas. Los Estados particulares proveen por sí á su representación en el extranjero, y de mal grado se resignan á ver inspeccionados sus gastos y sus organizaciones militares. En tiempos de guerra, se hecha de menos la prontitud de resolución y la unidad de mando. En vez de una legislación federal no existen más que concordatos, combinados trabajosamente; en vez de tribunales federales, no hay más que tribunales « componedores M (Austragal) y c arbitrales » {Schtedsgeríchté) ; en vez de fuentes propias de entrada, la Confederación no tiene más que las contribuciones matriculares {Matricularbeitrágé) de los varios Estados. — Esta fué la forma política de suiza hasta 1847, de la Unión americana desde 1776 hasta 1787, y de la Germania desde 1815 hasta 1866. » Las confederaciones actuales no tienen

LAS FORMAS DE GOBIERNO 89

ya la mayor partede los inconvenientes señalados por Scháffle. Su tipo es el Imperio Alemán, fundado en 1871, que reconoce la egemonía de Prusia, de una manera análoga á como sucedió en la antigüedad con Esparta y Atenas. El Imperio tiene rentas propias determinadas según el sistema del Zollverein; el ejército es nacional, y lo mismo la representación en el extranjero. En cuanto al poder legislativo, el Imperio lo ejerce sobre todo el territorio en la medida que la Constitución indica. (Artículo 2°.)

La diferencia entre el Estado federal y la confederación de Estados es, pues, esencial. En el primero, los componentes deben tener la misma forma republicana de gobierno : en la segunda es indiferente la forma de gobierno que cada Estado confederado tenga. En la actual Confederación alemana han entrado pueblos de la más

90 filosofía constitucional

diversa constitución política interna; desde los que viven de antiguo bajo un régimen democrático, hasta, los que han vivido siempre bajo el régimen monárquico menos HberaL