Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 7 de 16

CAPITULO IV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 7 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO IV.

DE LA GANGRENA Y ESPÁCELO.

Definición y sus señáis.— La gangrena es un principio de corrupción de las partes carnosas, ya con llaga ya sin ella, las cuales todavía tienen algún sentido á modo de entumecimiento; y se disminuye en la parte el pulso cada instante; y así mismo le va faltando el sentido; que picándolo con abuja, casi no lo siente; pasa el color propio y natural de la carne, al color flavo ó al color de plomo 6 como verengenado ó á moratado, que tira á lo negro; y también [seenfria al tacto; y cuando la dicha carne se aprieta con un dedo^hace hoyo, y no vuelve á levantarse fácilmente. Júntanselo unos accidentes como: calenturas, desvarios, espasmo, y unas veces sínc :pes;p«ro no se ven juntas todas estas señales, en todas las gangrenas, sino varias de ellas.

Se distinguen de la gangrena el espacerlo, que en la gangrena empieza la corrupción y en el espacelo, ya está corrupto; y se conoce cuando á la tal parte le falta el sentido totalmente, que aunque se saje 6 cauterice, no siente el paciente nada; y no sale sangre de las sajas, sino un humor aguoso y hediondo^

Causa.r-Las causas que suelen ocasionar las grangrenas, son muchas, como: por los muchos fríos y eladas; por mordeduras de animales ponzoñosos; por mucha abundancia de los humores en los apostemas, que no se pueden resolver ni ma-

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durar; también por las ataduras 6 ligaduras fuertes y otra»

semejantes.

Pronóstico.— La gangrena solo muy á los principios se puede curar, y cuando no estuviere en el pecho ó en el vientre; porgue alli no admite "cura. Y cuando pasa á espacelo, que también llaman estiomeno 6 cuando se ha confirmado la gangrena totalmente; entonces no es remediable, sino es alguna8 veces, cortando ó mutilando en breve el tal miembro espacelado.

Cura general. — En la cura de la gangrena se atienden las primeras dos intenciones de la guarda, dieta y de las evacuaciones, como queda referido en el capítulo antecedente dej flemón. Solo se advierte cuando la gangrena tuviere su origen de mordedura ponzoñosa; que entonces no se deben usar, ni sangrías, ni friegas, con intención de reveler 6 de derivar bien se podrá con la intención de evacuar, sangrar cerca de la misma parte herida ó usar de algunas purguiüas leves y frescas, como para evacuar el humor' colérico se ponen en el catálogo de los medicamentos; también conduce tomar de cuando en cuando unos confortativos^cordiales, puestos en las calenturas malignas del libro II cap. 11,

Cura específica.— Para quitar la causa adjunta; luego que se conozca que empieza la gangrena, por las señales susodichasj en cualquiera paite en donde se pudiere sajar, sájese toda la parte cangrenada y a'go de las» partes vecinas latitudinalmente, tanto hasta que lo sienta bien el paciente, atendiendo no se corten venas mayores ó arterias 6 nervios; hechas las sajas exprimir bien la sangre y lavar después las sajas muy bien con salmuera 6 con agua salada caliente; 6 lavarlas con vinagre salado caliente; 6 con lejía en que se habían cocido chochos ó habas, y renovar tales baños, dos 6 tres veces al dia.

Emplasto de las harinas.— Hechas estas diligencias se poñ* drá el emplasto de las harinas de lentejas 6 habas 6 de chochos fun.aj3an.dQ unas 0 más de ellas con la lejía de barberos (que

se hace de cenisa y tequesquite; ó con lejía hecha de cenisa y cal) cuanto basta para el punto 6 forma de emplasto, añadiéndole al fin un poco de ojimiel ó miel virgen, con un poco de -vinagre; y con esto se prosigue la cura, hasta tanto que se viere buena materia (blanca, leve é igual) en las sajas; estando de esta fuerte, se curará como llaga ordinaria.

Defensivo ordinario.— Al tiempo de usar del dicho emplasto conviene poner en la parte sana, al rededor de la gangrena, un defensivo de agua envinagrada, y si el agua fuere de poleo es mejor, deshaciendo en ella un poco del bolo armenio tierra sigilata ó plomo preparado 6 en falta de estos, un poco del barro colorado y sino, mojando unos pañitos en dicho licor, los cuales se aplican al rededor, como queda referido.

Reconociendo que en uno, dos ó tres dias no hicieren su efecto los dichos emplastos; es menester usar de medicamentos mas fuertes, como es, poner en las fajas lechinos 6 hilas mojabas en el ungüento Egipciaco al cual para mayor eficacia, se añade una poca de sal molida. A falta de este ungüento, tómese miel virgen mezclada con polvo de cal viva 6 coa polvo de juanes de vigo: y si hubiere ungüento Isis, es muy seguro.

No bastando aun lo dicho; háganse otras sajas mas hondas 6 mas en número y póngase en las sajas unas hilas mojadas en un poco de vino en el cual esté deshecho un polvíto muy sutil de solimán, ó en lugar de esto mojar'.un pincel ó un poco do algodón amarrado en un palito con agua fuerte de los plateros y topar con ella, solo la carne corrompida. Encimase pondrán luego unas hilas secas, y jsobre todo se aplicará el emplasto susodicho de harinas y al rededor su defensivo asi mismo arriba mencionado, y si fuere con poleo dicho emplasto y polvos de plomo quemado, es mas seguro.

Y por cuanto los medicamentos del solimán, ó los polvos d^ juanes, la cal y el agua fuerte, hacen escara, ó una cortecilla de lo corronpido y aparta lo malo de lo gano, es mcnes-

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ter atender también á que no se dáñenlo sano con dicho» cáusticos; y asi descubiéudose en las sajas algún nervio, vena 6 arteria, combiene poner sobre ellas hilas secas en defensa que no la toquen los caústicos.

Para quitar la escara ó cortecilla ocacionada de los caústicos, en lo corrompido, se aplica miel virgen con un poco do polvo del incienso mezclado.

Algunas veces á los principios de la gangrena, ha ayudado solo aplicada una planchuela delgada de plomo con unos agujeritos pequeños y amarrada sobre toda la gangrena. Los cangrejos preparados son eficaz remedio para todo género de gangrena: El poléo por sí sulo martajado y puesto en forma de emplasto, ha extirpado varias gangrenas y cangros.

De la mutilación eu el espacelo ó estiomeno por ser de por si arriesgada la obra y por necesitar de cirujano bien exper" to no hago mención de ella. Y ofreciéndose algunos accidentes como es el dolor y otros semejantes se socorrerán al modo como queda dicho en el libro II cap. 5 de los accidentes de las calenturas continuas.

CAPITULO V.

DEL CARBUNCO*

El carbunco que también llaman fuego sacro, 6 fuego pérsico ó braza, es una llaga costrosa, la cual en poco tiempo inflama al rededor la circunferencia y proviene de sangre podrida ó quemada en la misma parte 6 en las venas, también se suele originar de mala dieta, ó del aire 6 del agua corrupta 6 envenenada, en particular en tiempo de la peste

Dos diferencias hay de los carbuncos en su esencia, uno benigno otro maligno. El benigno no trae consigo calentura ni accidentes graves aunque en la costra se parece al maligno. El otro maligno acarrea muchos y graves accidentes con calentura.

Sus señales son: cuando en la parte donde sale hay gran calor y ardor con gana de rascar y á esto sale con dolor una pústula pequeña, como un grano con costra poco mayor que una semilla de lenteja. Y en otros que no sale tal pústula» salen unos granillos como de mijo; y otras veces sale una costra como si la hubieran hecho con un cauterio de fuego, la cual costra es unas veces de color de ceniza, otras de color de plomo 6 negra; y algunas veces es la inflamación en la circunferencia denegrida, la cual relumbra como un betún ó pez; también suele traer la tal pústula unas vejiguillas al rededor las cuales conviene abrigar luego, para que sa'ga el mal humor

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contenida. Be los carbuncos pestilenciales se verán sus señales en el tratado sobre las calenturaa pestilenciales.

Pronóstico.— Los carbuncos malignos que juntamente traen oensigo calentura, siempre son peligrosos aunque no sean de los pestilenciales, en particular los de la costra negra; porque denota ser de adustion; los de color ceniciento, indican uer de putrefacción.

En cuanto la cura del carbunco no pestilencial siendo con calentura, se observará la dieta y guarda, como queda dicho en el cap. 6 del libro II. De las calenturas continuas, refrescando el ambiente.

Después de una ú otra ayuda fresca y emoliente, puesta con •ste título en el catálogo de los medicamentos, se sangrará el paciente al modo como queda referido en el cap. 3 de este libro, del flemón, observando las fuerzas del enfermo y si es muy sanguíneo de complexión 6 no; pero habiendo flaqueza del estómago ó debilidad; aplicar desde luego ventosas sajadas á la parte contraria, como queda dicho del flemón en el men" cionado capítulo^ Lo mismo se atenderá usando de las friegas 6 ligaduras.

Habiendo abundancia del mal humor en el paciente; se podrá tomar una purguilla ligera de las que se ponen en el catálogo para evacuar el humor colérico ó el melancólico. Usar también de los confortativos y julepes frescos citados en el cap» 10 del libro II de las calenturas continuas. Y socorrer á los accidentes que sobrevinieren, según se ve en los accidentes de las calenturas continuas.

Cura específica de los carbuncos benignos.— Después 'de la primera sangría fomentar el lugar del carbunco con agua caliente, aplicar las tijeritas ó cornecitas de las parras martajadas ó de la yerba escabiosa ó calancapatli. No bastando esta diligencia; sajar la pústula con lanzeta en cruz y lavar las sajas con agua salada calientita, y luego se pondrá encima la yema de huevo cocido duro, con una poca de sal úollin calien-

te 6 poner encima ungüento egipciaco 6 un polvito del cardenillo, el ungüento y así es siempre más seguro.

Para carbuncos malignos.— Esta tal cura específica, suele bastar en los carbuncos benignos sin calentura; pero siendo mas rebeldes; entonces se hacen las sajas mas hondas y se vuelven á lavar con agua salada caliente, y se le mete un grano de solimán, como una cabeza de alfiler; y por encima so aplica un emplasto, que se hace de toda una granada con cascara y toda machucada, añadiéndole un poco de vinagre aguado y un puñito de harina de las lentejas. O en lugar del dicho emplasto, hacer otro de harina ó polvo de chochos ó altramuces 6 de las liabas, amasando con ojimiel 6 á falta de él, con miel virgen y un poco de vinagre. Los cuales emplastos se han de renovar cada cuatro ó cada seis horas.

No bastando el solimán, ó á falta de él, se cauterizará la puntita del carbunco, con un botón de fuego, que es lo que mas bien suele aprovechar; y mientras se aplican estos medicamentos fuertes, se ponen al rededor en la parte sana; unos pañitos al modo de defensivos; humedecidos en agua envinagrada, con un polvito del bolo deshecho en ella.

Cuando el solimán ó el cauterio de fuego ha hecho operación buena: lo cual se conocerá cuando la costra hecha de dichos cáusticos, se seca y se separa aplicándo1^ la yerba verbena cocida y martajada, 6 en lugar de esta yerba, del ungüento amarillo y del ungüento egipciaco partes iguales; 6 á falta de éstos, tómese del estiércol de la gallina; amasando con enjundia añeja, en forma de ungüento.

Caída la costra, se acaba de curar con una poca de miel, trementina y harina de cebada, todo juntoencorporado como un ungüento y con diapalma ú otro acayar lo 4e cerrar ó cicatrizar,

CAPIULO VI.

DEL DIVIESO.

Señales.— El divieso en latín furúnculos^ es un tumor pequeno, duro, colorado, con inflamación y dolor; y se levanta en figura aguda, en particular cuando empiesa á madurar, que comunmente maduran en ocho 6 diez dias; cuando se abren se ve un pedacito de earne; mudada en materia blanquisca algo coloreando, la cual vulgarmente llaman raíz 6 clavo; y estos diviesos ó furúnculos no exceden en su tamaño un huevo de gallina, pero raro hay uno solo, sino varios.

Cura. — Para curar los diviesos, no conviene aplicar medicamentos repercusivos, como queda avisado en el cap. 1 de este libro III porque se or'ginan de humores muy gruesos.

Para personas tiernas 6 delicadas, aplicar desde luego que empiesan los diviesos: pan 6 trigo mascado en ayunas. O aplicar del ungüento amarillo bien grueso sobre un lienzo tendido; 6 en su lugar cera de campeche ó cerote de zapatero; 6 tómese harina, miel y una yema de huevo, con otra tanta porción de la levadura, con unas hebras de azafrán molido, todo bien encorporado, aplicarlo sobre el divieso; á falta de todo eso aplicar varias hojas de la lengua del buey.

Siendo los diviesos mas hondos ó en personas mas robustas. Se tomarán unos tantos higos curados 6 unas raíces de malvas y se cocerán en poca agua, para que majándolas queden espe

sos como un emplasto, á lo cual se añadirá como otro tanto de la levadura, y dos 6 tres yemas de huevo, con una poca de manteca, todo lo cual bien encorporado, se aplicará sobre todo el divieso, renovándolo cada dia una 6 dos veces; otros también añaden al dicho emplasto cebolla asada debajo del rescoldo y bien martajada. También aplicada por sí la bufiija fresca del buey, añadiéndole un poco de vinagre, aprovecha. O poner un parche hecho del hule; el cual se quema, untado con un poco del cebo y con lo derretido se unta el parche.

Habiendo abierto boca y salido toda la materia, se suele cerrar por sí cuando fueren pequeños; pero los mayores se curarán con el ungüento digestivo, y lo demás como qüeda dicho en el cap. 2 de este libro III. También convienen sangrías' purgas y friegas o ventosas, en caso que hubiere muchos y grandes divitsos, como queda dicho del flemón en el cap. 3 de este libro, hallándose la tal persona con plenitud de sangre? pero estando con aparato de muchos malos humores, se usarán purguitas 6 ayudas según la cualidad del humor que predominare.

Los diviesos ponzoñosos que se suelen ofrecer en tiempo de peste 6 epidemias malignas, se curarán al modo como queda dicho del carbunclo pesti encial en el cap. 12 del libro II.

CAPITULO VIL

DE LOS SAVA&ONES.

Definición, y sus señales y causa.— Los savañones 6 frieras por otro nombre, perniones son unos tuniorcillos 6 inflamación, que sale en tiempo frió en los dedos de las manos ó de los pies ó en los carcañales con mucho dolor; y algunas veces llega á supurarse hasta descubrir el hueso, lo cual proviene de la sangre muy caliente y colérica.

Preservativos.,— Las personas que fácilmente padecen de este mal en los tiempos fríos, procurarán usar de algunas co* sas, que preservan á que no tan fácilmente padezcan de este mal como: refregándose varias veces las manos ó los pies con sal molida y mezclada, con una poca de miel 6 con manteca lavada con zumo de limón ó con vinagre; untando con ella mas veces los dedos; mucho también preserva de este mal, el tener los pies y las manos bien abrigados, y defendidos del frío.

Cura específica antes de llagarse.— Para curar los savañones ya hechos pero aun sin llagas, estos se lavarán con agua tan caliente cuanto buenamente se pudiere sufrir y para que di* cha agua caliente tenga mayor eficacia, se podrá cocer en ella uno ú otro navo 6 alguna yerba de las dichas repercusivasen el cap. 3 de este libro.

Es admirable remedio el aguardiente muy caliente, con una verija de lana 6 amasar una miga de pan frió con dic&o

aguardiente, y muy caliente puesta en la parte y repetirla» O aplicar azúcar rosada con un poco de siempreviva; ó tómese polvo de azúcar, hervirlo en una poca de miel, y untar con ello los dedos. O tómese mirra una onza, alumbre crudo media onza molido junto, amasarlo con un poco de vinagre ó con zumo de agrás ó de limón, en forma de un ungüentito blando para untar los dedos. O untarse con el aceite ó manteca en que se frió ajo, añadiéndole un tantito de cera, sobre la lumbre para engrosarlo algo. O cocer tabaco, y la cascara interior del saúco que es blanca en aceite ó manteca; y después se le añadirá una poca de cera y unpolvitodel incienso para untar los savañones.

Estando ya llagados los savafíones; entonces conduce untarlos con el aceite ó manteca, que se haya calentado debajo del rescoldo en un navo grande cavado ó en un rábano grande cavado. También es bueno el polvo de los cangrejos del rio quemados y molidos, el cual polvo se amasa con miel ó con manteca lavada, untando con ello los dedos llagados* O aplicar ruda ó romero fresco martajado y amasado con tuétano de toro. O tómese del incienso y de la pez, partes iguales molido junto en polvo, y amasarlo con miel en forma de untura para untarse; en lugar del incienso, suple el copah Otro muy eficaz medicamento para los sav añones ya exulcerados ó llagados, es el polvo del excremento humano quemado, echando de ello en las dichas úlceras, y cubriéndolas con un liencecito mojado en aceite de laurel ó en mantequilla.

Cuando en los dichos medicamentos se criare en los savaño* nes llagados buena materia blanca igualmente; entonces para cerrar y cicatrizarlos; tómese una onza del unto sin sal ó man* teca fresca, y otra onza de cera, derretirlo junto y mezclarle de la almártaga; ó de la greta de los mineros, muy sutilmente molida y cernida, una onza, y otra onza del polvo de las corte^ zas del pino y del incienso ó copal, media onza, también hecho polvo; todo lo cual bien encorporado, se apliGará eñ forma d$ un emplastito renovándolo cada toi

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CAPITULO VIII.

DEL PANARIZO Y DEL UÑERO.

Definición.— El panarizo 6 panadizo, y según algunos el uñero, es una aposteniita 6 tutnorcillo, que nace á la raíz de la uña; y de estos unos hay malignos y otros menos malignos.

Causn.— Se origina de la pituita ó flema nidorosa, que allí se cuaja ó pudre; otras veces se or g na de la sangre muy sútil, colérica, ya adusta, ya no adusta, la cual quema ó corroye las raíces de las uñas.

Las señales que trae consigo el panarizo 6 uñero, son: el dolor, rubor, tumor é inflamación en las raíces de las uñas y cerca de ellas. El panarizo maligno, originado de humor adusto, acarrea mucho mayores dolores, por las partes nerviosas, que con ello padecen; que ni de dia ni de noche da descanso, y no socorriendo con tiempo, pasa adelante el dolor y coge todo el brazo. En cuanto el tumor es bien pequeño, y casi no se parece; á quien acompaña calentura y algunas veces ocasiona desmayos. El panarizo que no procede del humor adusto, es mas benigno y no tiene accidentes tan graves.

Cura general.— En estos tumorcillos del uñero conviene atender los cuatro tiempos de los tumores, como queda dicho en el cap. 1 de este libro III. Y las dos intenciones primeras,

cuanto á la dieta y las sangrías 6 purgas, se observan como

queda dicho en el cap. 3 de este libro, del flemón á donde me remito.

Cura específica.— En cuanto los medicamentos específicos y medicamentos tópicos (que asi se llaman los medicamentos que se aplican por de fuera;) también conviene así mismo atender I03 susodichos cuatro tiempos, en cual de ellos se hallare el tumorcilllo del panarizo.

Estando á los principios 6 empesando el dolor 6 el tumorci- 11o del panarizo, se usarán los medicamentos que repelen y mitiguen el dolor, como* tómese del zumo de lantén ó de la verdolaga ó de la yerba mora ó chichiquelite, ó de otra planta ó medicina de los repercusivos suaves, arriba en el cap. III referidos. Y en falta de las yerbas 6 plantas frescas, que se pueda sacar el zumo de ellas: usar de los cocimientos de ellas; añadiendo á una taza ó á medid cuartillo de uno de estos zumos ó cocimientos una ó dos onzas de la semilla, que se saca de las pepitas de los membrillos y en peso demedio tomin del polvo de las agallas del encino ó del ciprez; y como tres onzas del aceite rosado ó del tuétano de vaca, todo junto servirá para untar todo el tumor y. al rededor de ello; por que repele suavemente y juntamente mitiga el dolor.

Cuando no hubiere forma de componer toda esta mixtura; tómese solo uno de los zumos ó cocimientos susodichos, con el cual se cocerán unas pepitas martajadas de membrillo, y después de un hervocillo, se exprimirá recio por un paño y con añadirle un tantito de vinagre, se fomentará la parte enferma, mas veces algo tibio, con ello. Y habiendo harina de cebada, se podrá añadir algo de ella, para dar mas cuerpo al medicamento. La miga de pan frió con vinagre fuerte, que coja todo el dedo teniendo cuidado de remudarla n© se seque* y que baya tibia, hace caer el pellejo y podre como sal blanca con gran alivio del enfermo y seguridad.

Estando el dicho tumor en el aumento; que es cuando ya

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crecieron mas los accidentes y el tumorcillo; entonces aplicar solo la clara de huevo bien batida, y mezclada con un poco de aceite rosado 6 aceita común lavado en varias aguas; lo cual mitiga muy bien el dolor; y para mitigar aun mas eficazmente se le podrá añadir un poco de las semillas de las adormideras 6 [si hubiere] un tantito del opio deshecho en la clara del huevo.

Mucho se mitiga también el dolor, con aplicar al rededor en las partes cercanas y sanas, unos pañitos, como defensivos humedecidos con leche de mujer ó de la vaca, añadiéndole unas hebras de azafrán molidas, renovando los dichos pañitos varias veces. O poner en forma de defensivos, como ahora queda dicho; unos pañitos mojadas en agua envinagrada como medio cuartillo á la cual se mezclará la clara de un huevo ba„ tida, deshaciendo juntamente en ello, nomo en peso de un tomiu del bolo ar Edénico 6 del bolo curada 6 de la tierra sigílala 6 del barro sino colorado; pero se advierte que estos de„ fensivos no se han de poner encima del mismo tumor, porque ocasionarán mayores dolores, solo se ponen en las paites sanas y cercanas.

También está experimentando el agua del nixtamal, que es aquella agua que queda del maíZj del cual hacen las tortillas; solo metiendo el dedo> cuando padeciere del uñero en dicha agua bien caliente unas cuantas vecess

DE CIÉN TOMOS 145

CAPITULO IX.

DE LA ERISIPELA.

Siendo la erisipela una de las espurias, 6 hallándose mes» ciada con otros humores, como la edematosa con flema mezclada y cólera, se usarán los remedios, que miran á entrambos humores contenidos según sus propios capítulos, que es el del edema y el presente capítulo; conviene á saber mezclando de los medicamentos resolutivos, junto con los repercusivos, como queda dicho en el cap. III. de este libro, hablando del flemón.

Medicinas para cuando estuviere en su declinación.— Cuando ya se han mitigado a^go los accidentes y se siente el enfermo con menos congoja, lo cual indica, que ya va en declinación la enfermedad; entonces lavar la erisipela con agua tibia, ó con agua, en que cocieron raíces de malvas dos puñitos y un puñíto de manzanilla. O aplicar de este polvo, que es muy propio para la eri&ipela, la cual empieza á declinar, como: tómese flor de la harina tres onzas, del bolo armónico ó del común una onza, de la almásiga, ó del incienso, ó copal y del albayalde, ó del plomo quemado, de lo que de estos se hallare una onza y media, hacer del todo un polvo muy sutil, del cual se espolvorea sobre algodón, y se aplica con un papel encima,

TOMO XVI,— P, JO

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Tampoco no conviene untar, con solos aceites 6 untos aunque frescos, porque fácilmente se inflaman y obstruyen los poros y no pueden evaporizar. También se advierte, que cuando ño estuviere muy caliente la erisipela, que no se pongan muchas cosas Mas; porque el calor no se venga á apagar del todo.

La cuarta intención, como en otros "capítulos se ha dicho, es'socorrer á los accidentes, como: cuando se levantaren ampollas, 6 vejigas; entonces tómese almártaga, 6 creta de los mineros, molido y cernido por un tafetán sencillo, ó sayasaya una onza; y humedecerla con una onza del zumo 6 cocimiento de lantén, ó de la siempreviva, 6 de las verdolagas, 6 de la yerba mora; después añadirle como dos onzas, del unto sin sal, 6 de la mantequilla fresca, ó de la manteca lavada y hacer de todo uña untura, para untar dichas vejigas 6 ampollas, con una pluma. También se suele añadir á este ungüento un tantito de vinagre.

Cuando retrocediere, 6 cuando hubiere alguna señal, que quiere retroceder para adentro; lo cual se conoce y se observa al desaparecer la erisipela de repente, no con alivio del enfermo, sino con muchas y extraordinarias fatigas del paciente: en tal caso, usar luego cosas que atraen para afuera, como queda dicho del flemón, cuando el tal tumor desaparece de repente, como se verá en el cap. III. de este libro.