Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 2 de 16
CAPITULO VI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 5 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO VI.
ADVERTENCIAS GENERALES EN LAS CALENTURAS CONTINUAS . — DE LA DIETA, Y LO QUE EN GENERAL SE OBSERVA PARA APLICAR LOS REMEDIOS, EN LAS CALENTURAS COTINUAS DE PUTREFACCION.
Habiendo brevemente apuntado varias especies de las calenturas continuas, las cuales con poca diferencia se uniforman, en muchas cosas, de sus curas; aunque aparte se tratará en lo que fuere mas esencial; ahora, por no alargarme en repetir una misma cosa en muchas partes se dirá en esté .capítulo, lo que conviene observar en todas las mas calenturas continuas.
Primeramente en todas las calenturas, como también en otras enfermedades en donde puede haber peligro de la vida, hay obligación de procirar, y ordenar el Santo Viático, antes que se prive el enfermo de su entero juicio.
En cuanto la dieta y guarda, que se ha de observar en todas las calenturas continuas, cuando proviene de colera, 6 desangre corrompida, ha de procurarse el que sea, fresca, y que humedezca; y en los pituitosos, 6 melancólico?, algo mas caliente. En el tiempo de calor, refrescar el aposento, sin que el frió llegue al cuerpo del enfermo, regando el aposento con
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agua algo envinagrada. Traer ramas de arboles frescos como, de sauz, de álamo, nejas de parras, rosas, y- semejantes, y secándose estas, renovarlas con otras frescas. En el invierno se templará el mucho frió, con sahumerios suaves. También, pueden mudar camisa, pero no en áia crítico, y que ella sea bien seca ó sahumada; cuales son los dias críticos, se verá al fin de este capítulo.
La comida los primeros dias [en particular hasta el cuarto, y también hasta el sétimo] ha de ser muy ligera; solo se ha de atender á los muy ñacos, y muy débiles, á quienes se ha de proveer algo mas menudeando á poquito ; pues menor daño será, exce ler un poco en el alimento, que perder todas las fuerzas; como son calditos de polios, 6 de gallinas ó de carnero, escusando lo mantecoso de ellos, guisanderos con unas lechugas 6 endivia, 6 acederas (que llaman en mexicano sosocoyoli) ó borrajas, ó verdolagas; y dándolos cada tercera, ó cuarta hora; en los cuales calditos, también se suelen añadir, uuas gotas de limón; 6 del zumo de naranjas agrias Fuera de eso, á sus tiempos se puede dar hordeata, que llaman farro; ó calabaza de castilla; 6 almidón; ó atole de cebada; ó atole ordinario; 6 manzanas asadas con azúcar; 6 un membrillo tierno as .do con azúcar; tampoco hace mal de cuando en cuando una yema de huevo t erna, pasado por agua, aunque no á menudo.
Alargándoselas calenturas, también se alarga algo más la comida, con dar pollitos, gallinas 5 carnero bien cocido; y si no hubiere otra cosa sino vaca, sea muy tierno, y en poca cantidad. El pan sea bien cocido, y no caliente del mismo dia, ó á falta del pac, sean las tortillas bien hechas. Las especies todas se han de escusar, excepto un poco de canela y azafrán.
El tiempo se ha de atender para comer, que no sea en la accesión ó fuerza mayor de la calentura, sínp cuando se conociere algo más aliviado.-
El agua ordinaria para beber, es comunmente el agua cocida con cebada, hasta tanto que empiese la cebada á reventar, con una rajita de orozus ó sin ella. En las fiebres largas, se añade una rajita de canela, ó algunas raízes de grama, 6 colgar en el agua de cebada (y en falta de la cebada en la agua ordidaria cocida) un pedazo ele la hasta de venado quemada. También se añaden unas veces [en las fiebres ó calenturas, no muy arpientes] al agua de cebada, uno 6 dos ta máznelos, con una rajita de canela; advirtiendo, que cuando proviene la calentura de cólera muy ardiente, 6 con fuertes destilaciones, no convienen dichos tamarindos en el agua ordinaria. El sueño es de gran alivio, cuando no es demasidado.
Sangrías cuando convienen. —Las sangrías son muy convenientes en las calenturas después de una, ú otra ayuda emoliente, y fresca; atendiendo siempre las fuerzas, y plenitud, de la sangre en el enfeimo.
En los que padecen melancolía, ó mucha flema; también en los muy coléricos, han de ser las sangrías moderadas, y con mucha discreción; en particular á los que sobreviene la calentura, por haber trabajado mucho; y más moderadas serán las sangrías en los que llaman empachados, 6 de nimia venere, á estos tales directamente dañan las sangrías; y entonces se suple con confortativos, ó con ventosas sajadas. Lo mismo se puede entender con los que fácilmente se desmayan en las sangrías.
También para sangiar más ó menos, se observa el tiempo del año; la tierra en donde se haya, si es caliente, ó de gente dejativa; la edad, y deposición del enfermo, y según á que estas circunstancias conducen, más 6 menos las sangrías.
El tiempo para sangrar, no á de ser luego después de haber tomado alimento; ni con estitiquitéz del vientre como queda dicho; ni en la mayor fuerza de las accesiones, sino cuando algo te mitiga; eseeptuase cuando fuere forzoso.
En. cuanto la intención de las sangrías, se atiende, cuando se quiere evacuar la plenitud de sangre, que es solo en personas nauy sangíneas; se puede sangrar dos veces al dia; -y cuando solo se desea reveler 6 llamar, entonces será en distintos dias. Saliendo en la primera sangría, la sangre muy podrida, indica ai otro dia asegundar otra sangría, Ny algunas veces conviene sangrar de la misma vena, aunque haya salido buena sangre, habiendo otras indicaciones que lo requieren, hasta que sálgala mala quede ordinario sale después. Cuando mejórala sangre, al Un de la primera sangría, 6 en la segunda sangría es buena señal, y cuando empeora es mála señal.
Las ventosas secas para llamar y reveler son muy frecuentes en las calenturas; y también las sajadas, cuando no pueden aguantar sangrías aunque esas también se usan en los robustos después de las sangrías. A los que temieren ventosas sajadas pónganles tres 6 cuatro sanguijuelas en las pantorrillas, después de haber puesto una ventosa seca. Su modo de aplicarlas se verá en el cap. 57 de este libro I, hasta que chupe como dos ó tres onzas de sangre. Habiendo el enfermo de antes padecido de evacuación de la sangre de espaldas, y estando por entonces deten;da, conduce bien el aplicar unas tres sanguijuelas á las venas almorranas al modo dicho.
Friegas, como se hacen. — Las friegas y ligaduras, se dan coa el mismo intento, como dicho queda de las ventosas secas; estando antes evacuada la primera región, con sangrías, purgas, 6 ayudas. El modo de dar las friegas con la intención de reveler 6 de llamar de la parte distante, es el siguiente: empiézanse á dar las friegas con un p alo al#o áspero de los estrenaos, 6 de la parte más distante del mal, para donde se quiere llamar, y poco á poco se va subiendo hasta, cerca del lugar de donde se quiere reveler e llamar; y hecho esto, se vuelven á hacer las friegas, de arriba empezando [conviene á saber, des le la nuca 6 desde los horabr: s, cuando se quiere al!-
viar la cabeza, y así en los otros accidentes] poco á poco hasta los estreñios; conviene á saber hasta los pies, 6 pantorrill s; lo cual se hace, para que con las primeras friegas se muevan los humores, los cuales con las segundas friegas, se tiran para abajo.
El modo de dar las ligadura?, también con la intención de reveler ó de llamar; se ponen las ligaduras empezando desde luego, como cuatro dedos del lugar ele donde se quiere llamar [cuando el sitio lo permitiere] dejándolas un rato, pero no tanto, ni tan recio, que las demás paites se mortifiquen; y así se irá para abajo ligando, y desatando poco á poco, hasta llegar á los estreñios de los pies, ó de 1- s manos.
Purg ís. —Cuando en dichas calenturas á los priacipios sintiere el paciente amargura en la boca, s :á, dolor del estómago, 6 en el vientre alguna moción; entonces couviene £¡1 segundo ó tercero dia de la calentnra tomar una purga según la complexión, ó humor, y fuerzas del paciente; las cuales purgas se hallarán en el catálogo de los medicamentos, aunque casi siempre es más seguro, que preceda una sangría á la purga.
Vomitorios. — También conocido el hastío, y amargura de la boca con alguna inclinación de trasbocar; conviene muy bien un vomitorio, dado á los principies, como al segundo ó tercero dia de la calentara, sin dar los jarabes preparativos; y se han de dar dichos vomitorios según la r bustez &A enfermo, los cuales vomitorios dados á tiempo, con las señales susodichas, suelen ser tan provechosos, que solo coa uno de ello?, se quita 6 mitiga la calentura,
Lns ayudas conducen mucho en est^s calenturas, en particular cuando falta el régimen ordinario; solo se advierte, cuando la calentura está muy ardiente, entonces no se les hecha aceite, ni ni xn teca, porque fácilmente se inflaman. También no se hecha el caldo de la ayuda muy caliente en las calenturas de colera, sino que esté entibiado.
CuaB&o'se inclina la naturaleza de aliviarse por la circunferencia, como es d sudor; entonces conviene ayudar ala naturaleza, no dando cosas muy calientes, en particular en tiempos, 6 tierras calientes; mirando siempre el atemperar el calor, y dar de los polvos Di amarga rito n frígido, ó [á falta de este polvo] dar del polvo de la asta de venado quemad^ en agua de borrajas, o de escorzonera, 6 en atole, y abrigarle medianamente. Tambiea son buenos otros confortativas, como coral, 0 piedra bezar, 6 la raíz de contra yerla, ó de la escorzonera, que juntamente provocan á sudor.
Pítimas, ó unturas cuando se aplican. — Laspitimas para el hígado, o para el corazón, y otras unturas, son buenas después del sétimo dia, salvo cuando son menester ántcs. Cuando no convienen hs unturas, es cuando ya salieron, 6 cuando apuntan para s dir las manchitas en los tabardillos, ó viruelas, y otras semejantes.
Después de las calenturas. — Finalmente habiéndose ido la calentura, por buena crisis, ya sea por sudor, sangre, 6 cursillos; conviene sin embargo siempre evacuar las reliquias, que suelen quedar; como es coa una purga minorativa, según la cualidad del humor, que hubiere predominado; la cual comunmente se dá después de catorce dias, precediendo algunos jarabes preparativos, que se hallarán en el catálogo.
En los de la complexión caliente, y seca, para preservarlos de la hética, se darán sueros.— También suelen dejar ciertas calenturas [en particular ea personas de complexión caliente y seca] un calor demasiado, y con mucha sed; y para preservar á semejante enfermo no le asalte poco á pdco alguna calentura hética; se le darán por seis ú ocho dias, ca<rla mañana en ayunas, una escudilla, 6 buena tasa del suero cocido, con un poco de azúcar, y bien clarificado, y que después en aquellas dos horas, ni coma, ni beba. En intermedio habiendo estiqiütéz del vientre, usar de ayudas emolientes frescas
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6 tomar un canuto da cañafístula deshecha en agua de cebada, con una rajita de canela cocida que se podrá tomar uaa hora antes de cenar. Adviértese, que este suero no se ha de dar, á los que padecieren debilidad particular en el estómago, ó de suyo fueren de complexión fria y húmeda.
Que son dias críticos. — Los dias críticos, ó judicatorics, son ciertos dias, en los cuales se juzga la enfermedad, cuando resulta alguna evacuación, ó conmoción en bien, ó en mal; y es muy necesai\'o atender á eilos, así para formar el concepto de la enfermedad, como para aplicar á sus propios tiempos los medicamentos, según varias veces se hace mención, en la cura de las calenturas continuas; de manera que cuando la naturaleza, en la enfermedad mueve algún humor, en uno de los dias críticos; ya sea por su¿lor, 6 por sangre de las narices, ó por otras parte s del cuerpo; ó por cursos 6 vómitos; s'endo con notable alivio del enfermo, como es: ausentarse ó mitigarse la calentura, ú oíros graves accidentes, que antes de la dicha evacuación habia, sea cualquiera de estas evacuaciones; entonces de ninguna manera conviene atajar semejante evacuación, sino permitirlo, pues es señal de la salud; y en este caso, cuando se conociere ser necesario, se puede ayudar á la naturaleza, pero con cosas muy benignas.
Movimiento crítico sin alivio. — Obsérvase también, en caso que la tal evacuación se alargare de tal manera, que el enfermo no reconozca ningún alivio; antes bien.un notable postra -\ miento do fuerzas; entonces no conviene aumentar la dicha avacuacion, más bien aliviar á la naturaleza, en lo que buenamente se pudiere; pero que no sea deteniendo la dicha evacuación con medicamentos fuertes.
Movimiento sintomático.— Mucho más alivio se ha de procurar á los enfermos, á los cuales vinieren semejantes evacuaciones, en otro dia que no sea crítico; porque entonces las tales evacuaciones son sitomátieas, y malas, porque denotan mucha fuerza de la enfermedad, y poca del enfermo.
Advertencia del movimiento de los días críticos.— Fuera de estas anotaciones^ se advierte, que los vómitos, aún en uno de los dias críticos, cuando son de poca cantidad, y muy trabajosos, son así mismo malos; como también cuando en un día crítico sale de las uarices, una gotita de sangre negra, porque así esta gotita, como los vómitos muy cortos y trabajosos, denotan, que no puede la naturaleza, por su mucha debilidad, hechar lo dañoso, y librarse de su enemigo.
Cuales son ios dias críticos — Los dias críticos y judicator"os, ton contando el primer dia de la calentura inclusivamente, aunque haya empezado, ó que se haya advertido, ó sentido al anochecer; y este será el primer dia crítico después el tercero, él quinio, después el sétimo, el noveno, el undécimo, el décimo cuarto, el décimo sétimo, el vigésimo primero, y el vigésimo octam>; y algunas veces se alargan hasta el treinta y uno, y el treinta y cuatro; pero uno3 dias de estos, se observan más que otros; de los que más se observan, es el sétimo, y luego el catorce; y cuando la enfermedad propasa estos dias, sobresalen en sus crisis, el dia veintiuno, y el veintiocho.
CAPITULO VIL
DE LOS ACCIDENTES DE DAS CALENTURAS CONTINUAS DE PUTREFACCION.
Ya que á, parte se ha puesto en el capitulo antecedente, lo que en las < alenturas continuas de putrefacción de sangre se ha. de observar, en cuanto ia dieta, la guarda, evacuaciones y lo demás; con la misma razón, por más claridad y facilidad, y por no reiterar una misma cosa, varias veces, se pondrán aquí seguidamente los accidentes 6 síntomas, por lo méno® ^os más ordinarios que suelen sobrevenir ó juntarse con las calenturas dichas; con sus medicamentos y breve forma de remediarlos.
Primeramente del dolor de la cabeza. Siendo grande el dolor de la cabeza en dichas calenturas, y con orina delgada blanca, clara ó diaphana, es mala señal, porque indica, que tomó rapto dolor grande, los extremos se enfrian.
Ayudas 6 purgas frescas.— Usanse rara reveler ayudas frescas que juntamente algo evacúen; ó una purguill ; suave, se_ gun se hallarán en el catálogo siendo en los primeros dias de la calentura ó no habiendo otro estorvo; también revelen 0 apartan, y mitigan el dolor de la cabeza, las sangrías, ventosas 6 friegas.
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Para repeler, son los defensivos de agua rosada, con muy poco vinagre, ó leohe en lugar de vinagre, y cuando fuere muy á los principios, que es cuando empieza á apuntar el dolor de la cabeza; entonces se añade al dicho defensivo la cuarta parte del aceite rosado, y se ponen dichos defensivos á la frente de cuatro dedos de ancho de sien á sien. También cuando durare el dolor, se aplicarán defensivos d¿ sola la leche de niuger, 6 de vaca; poniendo al modo dicho pañitos delgados, y picados bien húmedos con la leche recien sacada. O poner un migajon de pan mojado en dicha leche; los cuales defensivos, se renuevan ántes que totalmente se sequen. Advirtiendo, que los defensivos de leche son siempre más seguros, que los de vinagre porque las más veces comuelen.
Para derivar, 6 sacar el humor, que causa el dolor de la cabeza; se ponen vejigatorios, 6 cáusticos [según se verán en el catálogo de I03 medicamentos] en la nuca, 6 en los brazos, 6 piernas, en el lugar en dónde se suelen abrir fuentes.
Para resolver los vapores, que ocasionan el d lor de la cabeza; se ponen los bofes recien sacados del carnero, ó metidos en cocimiento de leche, luego espolvoreados con rosa en polvo, y culantro, ó .diarrhodon, y aromático rosado, y á falta de éstos, una pulpa de carnero soasada solamente, y sin vino. Todos estos se ponen encima de la cabeza, 6 á la parta que más doiiere calienuto, ó poner pichones, ó gallinas abiertas por las espaldas en las plantas de los piés del enfermo con dichos polvos.
Para atemperar la Acrimonia, y el calor de los humores que por sí, 6 por los vapores que levantan, y causan ei dolor de la cabeza; estos se mitigarán con julepes frescos, 6 con orchatas, como se verán puestos en el cap. 40, del libro I, de la destemplanza del hígado.
Otros medicamentos, cuando hubiere muy gran dolor de la cabeza, á quien comunmente acompaña el desvelo, se usarán, según lo que se signo del desvelo,
Contra el desvelo, y desvario, se ponen los mismos defensivos dichos en el áolov de Id cabeza, como es: la leche de muger; la pulpa de carnero soasada, para las sienes, y el cerebro, pichones, ó gallinas recien abiertas, y los bofes del carnero, para la cabeza, al modo dicho, aplicado?. O tomar las pepitas de la calabaza b anca, y de los pepinos, y de las adormideras; ó de melón, 6 de sandía, 6 de la semilla de lechuga, ó de lo que de estos hubiere, martajar, ó molerles en un almirez, 6 metate muy bien, y amasarlos como atole, con leche de muger recien sacada, y untar con el ¡o Jas sienes, y la frente; lo cual eonciliará el sueño suavemente. Y cuando no bastare es'o, se le añadirá á dichos defensivos, si hubiere forma de botica, un tantito de opio, ó de láudano opiato.
También se machucan [para consiliar el sueño] unos pepinos frescos, ó lechuga, ó siempreviva, y se aplican á l*s plantas de ios pies; porque por los nervios grandes, que bajan de la cabeza á los pies, se le comunica la virtud. O cocer como la mitad de medio tomín de opio, en cocimiento de culantro verde y lechuga, hecho dicho cocimiento con vino de uvas, y lavar 6 humedecer con ello las narices, y la cara, y las palmas d3 las manos, y las plantas de los pies, concilia el sueño.
En tiempo, que sobrevienen convulsiones, cuyas señales se verán en el cap. 8, del libro I. de las convulsiones: usar de ayudas frescas, y emo ien tes del catálogo. Hacer friegas en las espaldas; ó poner allí mismo ventosas. O untar las espalda?, con aceite de almendras dulces, mezclado con otro tanto de aceite de manzanilla; 6 á falta de estos, cocer en aecite, 6 manteca de vaca, un puño de manzanilla para unL.r las espaldas. Tóm^pse tambicn algunos confortativos, y otras medicinas benignas, no violentas, de las que se pusieron en dicho cap. 8, escudando todo aquello, que por su calor pueda aumentar la calentura.
Conviene untar toda la espina, cerebro, y hombros con tuétanos de res bien lavados, mantequill?, y aceite violado bas-
tanto: iodo revueho con leche de vacas. Y para el cerebro la misma untura, que vaya bien caliente, y revuelt i coa aceite de manzanilla. De una onza peco más de esta untura disuelta en leche en vacas, en donde hayan hervid ) violetas se puede hacer ayuda, que se repita como la untura contra ia convulsión.
Sueño profundo.— En el demasiado saeño, se usarán aquellas medicina^, que están dichas en el cap. 10. del libro í, del letargo, 6 del coma. Atendiendo, que lo que se diere por la boca, no sea de lo muy caliente.
Sed demasiada. — Afligiendo por mayor la sed al enfermo; se refrescará algo el a; oséate, como queda dicho en 1 1 guarda del capítulo antecedente, y que hable poquito el paciente, y esté lo más que pudiere, con la boca cerrada, respirando por las narices, y de esta manera también procure dormir, que se enjuague la boca, con agua cocida de verdolaga; 6 tener en la boca un pedaziio de orozus mojado en agua en vinagrada; 6 enjuagarse ia boca, con agua envinagrada, ó con zumo de granada; ó con cocimiento de raíz de orozus, y cebada. O tener en ia boca un tallo de limón, 6 de naranja, lavado antes con agua; 6 tener un trapito limpio, mojado en agua algo envinagrada, 6 tener un cristaiito, 6 h necesito de los tamarindos, 6 de otra fruta refrescado con dicha agua envinagrada; ó tener uti tal lito del pepino fresco, ó un tal 4*0 del tronco de la lechuga. O usar de un hisopito, con ia fiema del cocimiento de las p pitas. dei membrillo, 6 de ia chía; también rcf. eseañ, y mitigan la sed unos pocos granos de la granada agridulce, lavados enagua fría sin tragar los huecesitos. ♦
Y no bastando iodo estro, también se da de beber, no nardo empieza la fuerza de la accesión, sino cu la mayor fue za; 6 mejor, cuando se conociere, que la dicha fuerza baja en ia declinación. Y en e~->te tiempo, se suele dar al en Termo á beber á satisfacción de la agua, 6 bebida ordinaria porque en-
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tónces suele mover á sudar, y á salir el calor; solo que no sea con demasiado exceso, pues en algunos débiles, suele precipitar al enfermo [siendo con exceso] en mucho peligro.
En la sequedad ó aspereza de la lengua, usar de la flema sacada de las pepites de los membrillos; 6 de las semillas ele las malvas, añadiéndole azúcar blanca y tenerla en la boca; 6 tener en la boca de las medicinas que arriba quedan puest' s para 3a sed; y limpiar la lengua con un paño áspero, mojado en rgua envinagrada. Mucho alivian también, contra la aspereza, los granos refresca'.! os en agua fría de la granada agridulce.
Lo mismo se puede usar, cuando el enfermo se hallare con la lengua negra; untando a con mantequilla y un polvo do salprunela. O gargarizar, 6 enjuagarse con leche algo caliento, la cual humedece y templa el calor; y se le pueden á la leche afiad'r, ó la flema de las pepitas de membrillo, 6 del zumo de la lechuga, ó de la siempreviva, 6 de salitre preparado.
O aplicar por defuera a 3a garganta hojas delechuga, 6 verdolaga marta jada entre dos lienzos, en el invierno algo entibiado. También aprovecha la mantequilla fresca lavada, en agua en la cual antes se dethace un poco de salitre, y de esta nianhequil'a tener más veces del tamaño de un garbanzo en la boca; y cuando con esto se humedecieren las rimas Olas rajaduras de la lengua, es buena señal. También las cochinillas que se hallan debajo de las piedras en humedades, machucadas, y entre dos lienzos aplicadas por defuera á la garganta debajo de la lengua, re ir s an y aprovechan.
En el calor extraordinario del pe< lio, untarlo con aceite do almendras dulces; 6 enjundia de gaiii.ua, lavada enaguada cebada 6 de lechuga; pero no. ha de ser la un cío a fría, ni tibia, sino bien caliente, porque la fila repele el calor para dentro, y la tibia relaja.
Las inquietudes, ancias olas congojas extraordinaria s, S3
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railigan con 'os medicamentos dichos en el.capítulo 5 do este libro IT. De las calenturas, llamadas asodes.
Cuando hubiere do or en los lomos ó en la cintura, que comunmente se origina de la sangre de la vena cava del hígado; para este dolor se usan ayudas de malvas, cañafístula, de las pepitas de melón ó sandía uu puñito, de azúcar dos 6 tres onzas, cocido en bastante agua al modo ordinario, también se le añade de manteca fresca y lavada, dos ó tres onzas; y del salitre preparado en peso de medio tomín y una poca de sal.
Untar la región del hígado con la3 unturas frescas; así mismo, se poJrín usar las piiinas ó defensivos puestos en el capítulo 40 del libro X, de ladestemplanzade! hígado; como también los riñónos, se podrán untar con dichas unturas fresca?, pero importa mucho atender; si hay, 6 si apuntan unas manchas 6 man chitas, como acae.e en los tabardillos, 6 en las calenturas pestilenciales, porque entonces no son seguras las unturas mantecosas.
Cuando molestare el hipo 6 singulto, el cual suele ocasionarse en las calenturas, p r tomar cosas muy frías; se usarán los medicamentos suaves, dichos en el capítulo 34 del libro I» del hipe.
Sobreviniendo unos vómitos, se hallarán sus melicament03 en el capítulo 33 del libro I, de los vómitos; solo se advierte» cuando sobrevienen en las calenturas continuas, jde los cuales ahora se trata; ei muy necesario atender, si el vómito se origina por vía de crí>i en la enfermedad, como en uno de los días crííieos especificados en el capítulo antecedente; éntóuces no convienen estancarlos, y asi se espera hasta que se conozca particular flaqueza, causada del vómito. Y suele haber tales vómitos, que no dejan pasar nadado aHraento, y para estos es medicamento su.:ve, tomar en pesode medio tomin de la sal que se saca de los ajenjos, ó en su falta, una ó dos cu' charadas de la lejía hecha, de sola la ceniza del estáñate, ó de ejenjos, añadiendo media cucharada del zumo de limón con
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una ta3ita de caldo, en poca cantada^, para que no ¡a vuelva el eufermo.
Habiendo cursos en las calenturas continuas de putrefacción, se atiende *de la misma manera, como queda dicho en los vómitos, observando si son cursos críticos; y ^enflaqueciendo estos mucho al enfermo, para sosegar así los cursos como les vómitos, empezar por los medicamentos más suaves según sug capíu'os propios, atendiendo la cualidad de los cursos; como dar en una tasa de atole en peso de medio tomín, ó de un tomín de la asta de ¡venado quemada, ó de la semilla de planten moüda, ó de otras medicinas, como tierra sigílala, para no esasperar la calentura.
Los sudores, se observan de la misma manera, si sa'en en os aias críticos; entonces, solo cuando mucho debilitan, se refresca el aposento, con regarlo con agua fria, poner ramas verdes de sause ó de álamos, y lo que se pondrá en el sudor sic« copal al pie de este ¡capítulo; solo se ha de observar que no haya alguna inflamación ó tumor en los hipocondrios ó ea los vacíos que llaman; porque en tal cao, no conviene usar de las cosas que astringen. Tampoco cuando el sudor continuare, no conviene mudar, sino rara vez, camisa ó la ropa; ni limpiar el sudor; porque pegado este en el cuerpo, no deja fácilmente salir al otro. Para curar bien estos sudores, es bien que se atienda lo siguiente. Cuando el sudor viene junio con mucha sed y amargo de boca, proviene comunmente de calor, pero cuando viene sin Sed,;ántes>sta? do muy húmeda la boca; entóncea es de frialdad, s, que se h alian en el estómago^ Para mitigar ó curar este sudor, se corrigirá atendiendo su origen; al modo como queda dicho en el capítulo 35 del libro I, de los vómitos, ya originados de calor, ya de frialdades; no usan do cosas muy calientes, que pudieren encender más la calentura.
Llegando el enfermo á no poder comer nada, ó á no que» rer; mantenerlo con repetir las ayudas de sustancia.
Habiendo lombrices en las calenturas continuas, no condenen los medicamentos que están dichos en su propio capitulo, porque irritarán más la calentura; y es necesario atender mas á la calentura, que á las lombrices. Lo que se podrá usar contra ellas, es: echar al agua ordinaria que se bebe, un pedazo de la asta de venado quemada, también tomar polvo de él, en dicha agua, 6 en caldo; cenar unas verdolagas cocidas con polvo de culantro. O echar zumo de liniou eu la comida, 6 eo el caldo.
Para los desmayo.?, deliquios, Ó flaqueza grande, que sobrevienen á los enfermos, y no dan aún lugar para confesarse, darles de beber un poco de agua de canela, con un poco de vino mezclado. O que huela yerba buena mojada en vinagre; óuntarcon el mismo vinagre tas sienes, y los pulsos; 6 cuando no hay peligro dei mal da madre, en las raugeres, oler ei bálsamo, 6 cuando no es muy recia la calentura, dar á beber un poco de vino, con un poi vito do nuez noscada. O dar oíros caldos muy sustanciales, como es: el destilado de los corazones solos de carnero?, 6 de castrados. Otros confortativos para volver en sí, servirán, como los que se pondrán en el sudor sincopal, que se sigue para aplicar á las narices, corazón y estomago.
El sudor sincopal, 6 el síncope, es uno de los peligrosos accidentes, cuando sobreviene á las calenturas continua?; y aunque hay otro capítulo, como es el 30. del libro I, que trata del síncope repentino. Sin embargo, se pondrá aquí más por extenso, el modo como se podrá portar, con un accidente tan grave, pues también se podrá valer de esto* ursinos remedio?, aunque no haya calentura presente.
Causas.— Dos principales causas hay que ocasionan el síncope: ó de humores coléricos envenenados; ó de multitud de humores crudos, y pituitosos; cada uno de estes como varía la causa de su origen, así se varían sus remedios, y la dieta
Habiendo sudor sincopal, originado de humores acres, y
coléricos, 6 envenenado ; lo cual se conoce, en la complexión del enfermo, 6 de la misma calentura; cuando predomina la colera; 6 ea tiempo de las epidemias pestilenciales, estando inficionado el aire. Entonces toca á la dieta, buscar aire fresco, y húmedo, 6 hacerlo artificialmente, que tenga alguna virtud astringente, como se dirá. La comida sea ligera, de caldos do pollos, con lechuga 0 ve. d ola gas; 6 caldos destilados; ó farro de capada, y semejantes. Y cuando dicho sudor durare más tiempo, se darán pollitos, 6 pajaritos, con taja&itas de limón, El agua para beber ordinariamente, que sea cocida con cebada; ó echar un iroso de pan en la vasija del agua; y cuando no baya sospecha de alguna inflamación, se puede dar un poco de vino aguado. E! sueño, en tiempo del sudor, daña; cuando cesa de sudar, aprovecha. Escusa? todo enojo, y tristeza. En tiempo de mucho sudor, secar el sudor varias veces, con u a paño suave, usar de, abanicos, mojados en agua rosada, y vinagre, ó en agua ordinaria envinagrada, y con esto se consigue el aire fresco húmedo, y algo astringente; y poner con esta misma agua unos Jieneesitos mojados, en los hombres sobre los testículos; y en las mugeres, entre los pechos.
Para, volver en sí al enfermo. — Cuando el enfermo estuviere como faera de sí, hacerle friegas, 6 ligaduras algo fuertes, en los brazos, piernas, 6 muslos; tirarle de las narices; arrancarle uno ú otro pelo ele la cabeza, ó del cuerpo; gritarle por su nombre propio; dar al enfermo una migajita de pan, en zumo de granada, 6 en vino suave remojada, 6 en vino aguado; darle caldos de sustancia, ú otros confortativo?, que hubiere. Aplicar migajon de pan caliente, recien sacado del horno, á las narices, rociado antes con agua rosada envinagrada, 6 con vinagre solo. Y poner pítimas al corazón; humedecer una sábana con agua rosada [en su falta, con cocimiento de rosa seca] y un poco de vinagre; y echar en dich.i sábana, polvo de ros i seca, 6 de la flor de granada, y en-
volver al enfermo coa ella; poner juntamente sobre la boca I del estómago, una testada de pan, mojada en zumo de niem- I brillo, ó de granada agria, ó de agraz, ó en cocimiento de I verdolagas, 6 de la yerba mora.
O embarrar el cuerpo, en particular las espaldas, 6 en donde más sudare; con yeso, ó polvo de la greta deshecha en agua, como un color para pintar, ó espolvorearle encima del sudor dichos polvos, ó del polvo de la cjseara de pino; ó [á falta de todos esos] del polvo del barro, o ¿el polvo de la tierra; 6 del almidón. Sóbrela región del corazón, poner del zumo de las hojas del sauce, 6 de la siempreviva, 6 de la verdolaga, ó agua rosada con alcanforé.
Sosegado el sudor sincopal, y que haya el enfermo recobrado fuerzas, se vuelve á atender á la cura de la calentura, se- !s'un lo pidiere.
En el mi !or sincopal originado de la muchedumbre ds humores crudos, y pituitoso?, se cura muy diferentemente respecto del susodicho síncope de cólera.
Dieta.— Conociendo al enfermo respecto de humores, y flemas, á quien sobreviene su3or sincopal, conviene desde luego, procurar el aire templado, que se incline al caliente, claro, y seco. En las comidas, que serán de fácil digestión, se mezcla un poco de la yerba de hinojo, 6 de culantro.
El agua ordinaria para beber [si antes en salud, estuviere hecho á beber vino] puede ser de vino aguado, ó beber el agua cocida de la semilla de hinojo. El dormir á de ser mediano, ni poco, ni mucho.
El sudor se secará varias veces con un paño; y hacer friegas con un paño áspero, y sahumado, con estoraque, 6 con incienso, 6 con clavos de comer, 6 con lináloe; primero se hacen dichas friegas en las piernas, después en los brazos y hombros, luego en la espaldas para abajo; después que las friegas hayan calentado bastantemente, untar lo refregado, con aceite, 6 á su falta, con manteca de vaca en que ántes se ha ds freir manzanilla, 6 ruda, 6 salvia, 6 de todos ellos.
Hallándose el enfermo fuera de sí: gritarle por su nombre propio; tirarle de las narices; refregarle las orejas; arrancarle uno3 pelos; aplicar á las narices, cos»3 de olor, como bálsamo, 0 limón claveteado, ó una naranja chaveteada con clavos de comer y canela. Darle un confortativo, con vino Hipocras, ó agua de canela fuerte; 6 caldos de sustancia con pocas especies; aplicar al corazón, pichones recién abiertos por las espaldas; y al estomago aplicar por de fuera uno de los confortativos, que están puestos en el cap. 31 del libro I, de la debilidad del estómago; 6 en el cap. 32 del libro I, de la desgana de comer; y de cuando en cuando, volver á repetir las dichas friegas.
Volviendo algo en sí, usar entonces de ayudas, que para la 'pituita están puesta?, en el cap. 32, de la desgana de comer, atendiendo las fuerzas del enfermo, y más seguro es, reiterar una ayuda más veces, que no enflaquecer al enfermo con medicamento recio, hasta tanto que kaya recobrado fuerzas el enfermo; eotóiices se podrá purgar como en el mis. rao capítulo de la desgana se dice; pues suelen llegar tale* enfermos á tal desgana, que ni aún c tldo pueden pasar. También conviene reparar, que cuando se dá muchas veces á poquitos, no hay que apurar á dichos enfermos, á que ccmau juntamente mucho, pues de esta manera, aún á los sanos, se quitará la gana. Mezclar en la comida algunas cosas ügrias, y si no pudiere comer el enfermo, 6 tuviere horror á la comida, echarle ayudas de sustancia.
Cesando la calentura to'al mente, antes que dicho sudor, entonces procurar pasearse, huyendo d^l tiempo, y del aire destemplado, 6 mudarse á temperamento algo más fresco.
S.ncope de mucha evacuación. — Originándose el síncope de demasiado flujo de la sangre de espaldas; de los meses; 6 muchos cursos, entonces ) efregar bien los extremos calientito, y hacer ligaduras en los brazos, y muslos.
Proviniendo tal sudor, del ni ü de madre, usar los medicamentos dichos en su cap. GL del libro I, del mal de madre.