Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 3 de 16

CAPITULO VIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 12 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO VIII.

BE LA CALENTURA EPEMEKA

Por Éegttir con alguna orden en la principió de ellas c hizo mención, áé llera], que son: príi tercera, pestífeneiá] la esjireie de laa cal sino, lio simple, que • ber corrupción adir

calenturas, como al sus tres especies en ge- , simp:e.?; segunda, de putrefacción; y ¡e seguirá dicha crien, empegando por iras simples como es la epéniera; y <¿l salentura continua de sangre, sin haDe la hética, que es la tercera especie de las calenturas simples, por tener esta muy diferentes observaciones en la cura, .0 dejara para el fin de todas las calenturas qr.e son coníiauas.

Calentura diaria ó epaniíra.^Fmpesando pues por ia calentura, que llaman epemera odiaría, por razón, que comunmente termina en veinte y cuatro horas, con sudor suave; y propasando este tiempo, se pasa á ser una de las calenturas continuas.

De asoleado.~-Esta calentura secura, según aquello de .¿onde tuvo su origen. Cuando se origina por haberse asoleado, entonces conviene poner al en formo en un lugar fresco; y usar de la dieta, como se dice en el capítulo 40 del libro I, de la destemplanza del hígado, y ponerle unos defensivos de agua con un peco de vinagre de sien á sien, por toda la fren-

te, con esto se mitigará el dolor ¡ida cabeza. O poner una redoma tle vidrio con la boca angosta, y llena de agua fria, sobre la corona de la cabeza, apretando dicha redoma, boca alajo contra la cabeza, á que no se ie salga el agua, y calentándose una agua, hinchir la r-, doma con otra fria; esto saca el calor del sol^perq no lia de estar el paciente fuera de esto, muy mal humorado*

De resfrio ordinario. — Cuando se origina de algún resf. io ordinario, por haber sa'.ido de un lugar caU nte; 6 d j im * je^ cicio fuerte y calor* so, de i cepo te al frío, en do de t-e suelen constipar ó obstruir los pojo». O ] or haber bebido un jarro de agua fria; 6 por haberse mojado de un aguacero; procurar tomar en la tarde 6 en la noche unos sudores suaves, como una escudilla de chile atole, 6 atole con epazote, ó con piedra bezár, ó c m escorzonera, ó contr:'Y¿iba en poca cantidad. Y también es bueno para sudar, beber buena poreku do ap.ua cocida con un puñlto de manzanilla, y sudar como una hora más ó memos, según las fue; zas, 6 según el tiempo, si sucre i-n el verano algo niéñOs, que en el invierno. O untar al r. siria - lo las coyunturas 6 :.it 'er.h.s Je t : brazos y piernas, con aceite, ó manteca de vacu en eme antes se habrá frito, ruda ó azar b'cn caliente, y abrigarlo en Ja cania, para sudar.

Cuando se origina de a'guná obstrucción, eonvií ne tomar alguna minorativa, ú de las purguillas frescas, que se ponen en el catálogo para evacuar el humor colérico. Y siempre es muy acertado, que untes de tomar para sudar, se reciba ¿'mies una ayuda fresca y emoliente, como se verá en el caí ál go; ó alguna calilla.

Señales del resfrio fuerte.— Cuau'3o el resfrio fuere con iáueho aparato de malos humores, como: con dolor granee del cuerpo, y de tonas L s coyunturas, en particular de ios brazos y piernas; mucho cansancio, junto con un género de escalofrío, como de calentura: muy grandes dolores en las espalda s;

y llegando á sentir estos dolores, es señal de que en siete 6 nueve horas, entrarán las calenturas de resfriado, las cuales corno al cuarto ó quinto dia, suelen dar modorra.

Cura general.— Cuando se temiere alguna 'putrefacción de humores, según el aparato de los malos humores, de donde puede pasarla calentura dei resfrio, ó calentura continua; es muy provechoso un vomitorio,jcon el cual se ataja lajcorrupcion, ó por lo ménos no tendrá mucha fuerza la calentura, que se siguiere. Si el enfermo rehusare el vomitar, 6 tuviere mucha dificultad en bol ver el estómago; ¡oirá tomar una purga de mediana eficacia, según la complexión, 6 el.humor que predominar0.

Cuando la calentura p~o iguiere; ó pasare de tres 6 cuatro» dias, se curará conforme los capítulos de las calenturas continuas, aunque de ordinario suele pasar á calentura continua ein putrefacción, 6 sinocho simple. En cuanto á las sangrías? en las calenturas originadas del resfrío, es menester mucha discreción, y más seguro suele ser, continuar con unas ayudas, y unos sudorcillos, ya arriba apuntados; y no bastandoaquellos, usar de los sahumerios debajo de la cubierta de la cama, con estoraque, incienso, copai 0 brea.

Para la modorra extraordinaria, es bueno poner dos vejigatorios, en dos medias nueces en la nuca, 6 cerebro, debajo de un hacesito, que sobresale; 6 en el brazo izquierdo, en el propio lugar de las fuentes: y es más seguro el modo de. hacer, y poner los vejigatorios se verá en el catalogo de los nif> dieamentos*

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CAPITULO IX.

DE LA CALENTURA CONTINUA SI2S PUTREFACCION.

La calentura continua sin putrefacción, que en jatin se llama Sinocho Simple; suele terminar al cuarto, 6 sétimo dia, cou sudor espontáneo, ó con flujo de sangre por las ;narices> casi si a dejar reliquia. Pero perseverando más tiempo, pasa al siuodio, 6 calentura con putrefacción, de la cual se dirá en el capitulo siguiente.

Señales.— Para conocer dicha enfermedad, se observa la cara del enferw>, la cual está, como abultada, colorada y caliente; can un cansanci •, ó decaimiento en to las las coyuntura?; las venas se hayan hincha ía&; se siente d »lor en la fíente, y bienes; con mucha inclinación á dormir; y en el sueño se les representan cosas coloradas; en \ cutis exteriormente ai tacto, no luego se percibe calor, pero continuando el tacto, entonces se percibe más caloi; el pulso es grande, igual, y frecuente, la oriua está un poco más colorada, de lo ordinario, con una neblina, ó niebla en medio; la cual es blanca, ligera, é igual, aunque desparramada, y cuando propasa los cuatro, ú siete dias, como queda dicho entonces no parece semejante niebla en medio de la orina; también se observa en esta ementara sin putrefacción, que siempre comienza sin frió, y al principio está blanda la calentura, y después va creciendo y

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otras veces comienza muy recia, y se está siempre en un ser en ei intermedio suele haber grandes ansia?, y congojas, con mucha frecuencia de la respiración, por necesitar el corazón de más refrigerio.

Para distinguir, si se origina de frió, 6 de c^or cualquier enfermedad .—Para conocer cualquiera enfermedad que sea si procede de frío, 6 de calor; se cojela orina del enfermo y luego que se ha orinado, se le echa una gota de aceite en cima; si la tal gota se estiends bien por encima de la o.ina y se desparrama, es señal, que ia enfermedad procede de calor si se queda junta sin estenderse, ni desparramarse, entónces procede de frió.

Cura general.— En esta calentura continua, ó sinocko sim pie, sin putrefacción por ser de abundancia de sangre, con. Tiene sangrar juego un dia del brazo derecho, y al otro, 6 tercero dia del brazo izquierdo, la vena de todo el cuerpo, 6 al que más bien pareciere; no estando descompuesto el estómago, que se reconoce, según la relación del enfermo cuando lo tuviere aventado, 6 con dolor; 6 miranda la orina, si estuviere aguanesa, ó amarilla» clara, 6 c;-n mucha espuma, la cual durare mucho tiempo; no la espuma, que comunmente se forma dei golpe con que saie. Hallan rióse descompuesto el estómago, es menester esperar su conoce cion por algunas horas, y echar antes ayuda, ó [habiendo lugar] una purgu'-lla frese-, de las que se ponen en el catálogo, para evacuar ej humor colé» ico; y después se siguen muy bien las sangrías mencionadas, de tres, ó cuatro onzas, según la plenitud de sangre ó según las fuerzas del paciente.

Bebidas. — El agua para beber de ordinario, será con ceba da cocida; y no teniendo el enfermo obstruido el bazo, ó ej hígado; puede á unas cuantas horas después de sangrado, beber una vez al dia, una orehata de las remillas frías, como son las pepitas de melón, de sandia, de los pepinos, de la calabaza

blanca, añadiendo unas almendras dulces, si hubiere, con su terrón de azúcar. O en su lugar, se podrá beber uno de los julepes frescos; como se verán en el cap. 40. del libro I, de la destemplanza del hígado.

La dieta, y guarda dicha en las advertencias generales de las calenturas continuas, se observa también en esta.

También son buenas las friegas, y ventosas, en las espaldas, y desde la cintura abajo. Refrescar el hígado, con defensivos, ó unturas frescas, como se verán ea el cap. 40. del libro I, de la destemplanza del hígado. El corazón se confortará con untarlo con mantequila de azar 6 con los medicamentos puestos en el cap. 47. del libro I, de la melancolía.

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CAPITULO X.

DE LA CALENTURA CONTINUA CON PUTREFACCION.

Pasándosela calentura continua de sangre sin putrefacción, 6 el Sinocho Simple: al sinocbo, 6 calentura continua con putrefacción, como queda dicho en el capítulo antecedente. O cuando desde luego asalta al enfermo semejante calentura; se curará [atendiendo lo que Be dijo en las advretencias generales en el cap. 6. de este libro II,] al modo siguiente, 6 según los síntomas, ó accidentes, que suelen sobrevenir, lo admitieren.

Señales de las calenturas continuas con putrefacción. — Adoleciendo el enfermo de tal calentura continua con putrefacción, que se conocerá con las señales dichas en la calentura antecedente sin putrefacción; pues poca es la diferencia al principio de la calentura, sin putrefacción como de la con putrefacción. Y habiendo las mismas señales dichas, 6 fuere de aquellas, mucho calor con desvelo, y dolor de la cabeza, sed inquietud, pulso grande, y frecuente, la compresión del pulso [que es cuando el corazón expele de sí la sangre arterial] conociendo que este movimiento de la dicha compresión fuere mayor, 6 más ve'oz, que es el de la dilatación, se infiere por esta desigualdad, que la naturaleza, más pretende echar de sí, lo fuliginoso, ó lo vaporoso de los excrementos, que el refrigerarse; pues la compresión del pulso es la atracción del

aire al corazón. También ea estas calenturas de putrefacción, es la orina al principio cruda¡ colorada» y sin sedimento, 6 cosa que asiente al fondo; ni tiene niebla en medio, y algunas veces se halla el paciente con bascas 6 vómitos, con la lengua aspe va, 6 denegrida. Hallando en la orina, al cuarto dia, 6 antes señal de cocimiento, como es la niebla, en medio de la orina unida: terminará la calentura al sétimo dia; si tardare más, terminará al catorce; y si no hay dicha señal en la orina, y la cara del enfermo está redonda, como entumida, denota larga enfermedad. También cuando [ai principio de la enfermedad] es la orina mu y encendida, y colorada 3^ luego parecen las señales del cocimiento: come es la dicha niebla, más breve sanará; pero cuando la orina muestra crudezas continuas, sin asiento, ó niebla enmedio: en particular hallándose el enfermo con pocas fuerzas; entonces peligra mucho; y mucho mayor peligro denota la orina, estando blanca. Sus pronósticos se podrán ver en el capitulo siguiente.

Curageaeral de las calenturas continuas con putrefacción — Atendiendo á la cura de dichas calenturas, se tomará el pulso, con todos ios cuatro dedos, y se advierte, ¿si los golpes del puiso son con fuerza? ¿Si se sienten en todos los cuatro dedos? O si son con alguna velocidad; cuando se hallaren estas señales, ó más, proveer luego al enfermo de una ayuda común, emoliente y fresca; y habiendo tenido efecto, la dicha ayuda, y eobre ella algo descausado; sangrarle la vena de todo el cuerpo, en el brazo derecho; como queda dicho en el capítulo antecedente; ó la vena que mis sobresaliere en la sangradera; hasta tres, cuatro, ó seis onzas de sangre, según la plenitud, ó fuerza del paciente.

Modo de conocer las fuerzas, ó plenitud de sangre, por el puLo. — Para conocer más bien la plenitud de sangre, se toma el puho con los cuatro dedos, como queda dicho arriba; y sintiendo los golpes del dicho pulso, apretando algo recio los dedos, aún algo más recios golpes, que cuando se aflojaren los

dedos: denota plenitud, y fuerza; pero cuando al apretar les dedos, casino se sintiere el pulso; entonces denota flaquezí 7 y en tal caso, se saca poca cantidad de sangre; 6 en lugar de sangría, se usan ventosas sajadas.

Al segundo, 6 tercero día, se tomarán los jarabes preparativos, para evacuar el humor colérico, como se verán en el catálogo de los medicamentos; como una hora antes de comer, la cual comida, como queda avisado en las advertencias generales del cap. 6. de este libro II. A de ser, los primeros días de la calentura, bien ligera; y como á las cinco de la tarde, se volverá á tomar otro tanto de dichos jarabes, siempre algo caliente.

Al otro, 6 tercero dia después de la primera sangría, si la fuerza de la calentura lo pidiere; sangrar otra vez del brazo izquierdo, como se dijo del brazo derecho. Si se dudare de la robustez del enfermo, saqúense solamente, una, ó des onzas de sangre; y poner algún confortativo por de fuera al estómago, comj una pulpa de carnero soasada, y espolvoreada con canela. Cuidar de tener, siquiera cada tercer dia, régimen del vientre; ó procurarlo con ayuda, ó calillas.

Observándose entretanto la orina de mejor color, con alguna niebla en medio de la ventosa, á orinar; se tomará por la mañana en ayunas la purga para evacuar el humor como se podrán elegir de las orie se ponen en el catálogo de los medicamentos para evacuar el humor colérico, porque son las purgas más frescas. O siedo el enfermo muy sanguíneo, y en tierra, 6 tiempo del año muy caloroso, se podrá tomar la siguiente, que es muy suave; y fresca. Tómese el zumo de la grana, da agridulce, t uatro, ó seis onzas, ó como una taza mediana, recien esprimido, dejándolo estar por una noche como diez, 6 doce horas; al dia siguiente deshacer en dicho zumo, una ó dos onzas de azúcar, ó del jarabe de culantrillo del pozo* y beberlo solo templado, de una vez en ayunan. Puédese añadir en dicho zumo el peso de un totaín del ruibarbo en polvo;

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y colado añadir el jarabe de culantrillo. En los que fueren de complexión pituitosa, juntamente, ó melancólica; podrán tomar, otra especie de purga, según el humor, que más predominare.

Tiempo limitado para tomar las purgas.— Dése la purga en los primeros cuatro, ó seis días de la enfermedad, y no más adelante; incluyendo en dicha cuenta el primer dia, aunque fuera de la primera noche, que se hubiere sentido acalenturado, 6 indispuesto, como queda dicho al fin de la cura, y dieta en general en el cap. 6. de este libro II.

En las calenturas coléricas, no se necesita de jaropear. — Y muchas Teces, no se puede esperar, el que la orina mejore de color, y que parezca la dicha niebla en ella; como sucede, cuan do hay calentura ardiente, como lo e3 el causón, y otras calenturas muy coléricas; en las cuales conviene purgar luego el dia después de la primera sangría, sin que hayan precedido muchos jarabes preparativos.

Bebidas frescas-que atemperan — No aliviándose la calentura, con las sangrías, y purga dicha; de lo cual es la cusa, el no haber llegado la enfermedad, á su estado; que es cuando cesa el aumento, ó crecimiento de la calentura. Entonces proseguir cou tomar medicamentos alterantes, que atempereny conforten como queda dicho en el cap. 6. de este libro II, de la cura, y guarda en genera1. Como si es el calor grande del cuerpo, y mucha la sed, hacer de los julepes frescos del agua de la rebada cocida, 6 de otros, que se hallarán puestos en eí cap. 40 del libro I, de ln destemplanza del hígado. Bebiendo una porción de ellos, á las diez de i a mañana, ó á las cinco de la tarde; mezclando con dichos julepes un poco de los polvos deamargariton frígidos; ó del polvo de la asta de venado que mada raspada. U otro confortativo, que se hallare.

Calentura colérica.— También en esta calentura, se podrá alguna ves dar un Im in golpe de agua ordinaria cocida, y fría ;

descansando una, ó dos veces en el beber; pero para esto se lia de atender mucho, por cuanto esta mis rúa caientura, suele tener su crecimiento notable; en el cual al mismo tenor, crece también notablemente la sed, y así procure el enfermo no beber en dicho crecimiento, sino esperar, hasta que comience á disminuirse; porque bebiécdola ántes, que algo baje el calor, encrudecerá mucho más al mal humor, y puede aumentar la calentura, y debilitar al enfermo. Siendo conocida la calentura por causón según sus señales dichas en el cap. 5. de este libro II, de las diferencias de las calenturas; se hará lo que se dirá más abajo en este mismocapítulo de la calentura ardiente, ó causón.

Unturas. — También sirve para atemperar los humores, y calor de las calenturas; las unturas para el hígado, riñones, y las espaldas, como son las que se ponen en el cap. 40. del libro I, de la destemplanza del hígado. También se fomentará el estómago, 6 el bazo según la ind sposicion, que padecieren} recurriendo á sus propios capítulos.

Hacer friegas, ó echar ventosas, por la mañana antes de cerner, 6 la tarde antes de tomar alimento, d.sde la nuca, ó des-, délos hombros por las espaldas hasta los ríñones, pero no propasar los mismos ríñones. También para llamar de más léjos, se pueden hacer friegas, 6 echar ventosas desde la cintura, hasta los pies por abajo; el modo según la intención de darlas friegas, severa en el cap. G, délas advertencias generales.

Sobreviniendo algún síntoma, ó accidente en dicha calentura, acudir á las medicinas, que se ponen muy en particular en el cap. 7. de este libro II, de los accidentes de las calenturas continuas.

Minorativa al fin de las calentura? .—Queriendo Dios, que haya cesado la calentura á los catorce dias ó antes, se ha de usar una purga minorativa, según la cualidad del humor, que más predominare; para 'limpiarlas reliquias de la calentura

pasada; lo mismo se atiende, cuando la calentura durare hasta veintiuno, ó hasta veintiocho días, como suele acontecer; entonces volver á temar otra minorativa, como queda dicho.

También vuelvo á repetir lo dicho de los sueros en el cap» 6. de este libro II, de las advertencias generales en los eonva. lecientes de con pies ion ealiente, y seca, á usar de ellos para preservarse»

Hasta aquí queda referido el modo más ordinario, con e^ cual se acude, á los de las calenturas continuas con putrefacción; y el mismo tenor coa poca diferencia, se observa en Jas otras calenturas continuas; como es: la calentura terciana continua; la cuotidiana continua. Cuyas señales quedan di chas en el cap. 5. de este libro II, de las diferencias de las ca. lenturas continuas de putrefacción.

Cuaxdo en el causón, Ó calentura ardiente; se da agua fria hasta al modo de hartarse.— Y aunque en lo más es un mismo método de curar la calentura ardiente del causón, cuyas señales se verán en el cap. 5. deteste libro II. La cual se vá arrimando mucho á las calenturas pestilentes, ó.del tabardillo. Se ha de o* servarfen particular lo siguiente: cuando en el causón verdadero llega á tener la orina alguna señal de concoccion, como es la dicha neblina, 6 niebla, y haberse ya evacuado por sangrías, y alguna purguilla, 6 ayuda; y que el enfermo tenga mucha ansia para beber; se podrá entretener al enfermo, como que ss le niega el agua, y después preguntándole ¿si beberia mucha agua, si se le diera?

Advertencia para dar el agua fría.— Y luego dar de la agua más fria, sin nieve, ó sola con peca nieve enfriada; pero ha de estar el paciente aún con fuerzas, no viejo, ni de antes enfermizo del pecho, ni con obstruccionas del bazo. La cantidad del agua será, cuanta de una vez pudiere beber el enfermo; y de allí á un cuarto de hora, si el paciente tuviere sed de nuevo; se le dá otra vez el agua, cuanta de una vez pudie"

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re beber; y de allí á otro cuarto de hora, si más sed sintiere, volvérsela á dar al mismo modo, hasta que quede como harto; y luego abrigarlo, á que sude; y de ésta manera sudará, 6 vomitará, 6 echará el mal por unos cursillos; y sino hubieere noción ninguna, se le echará una ayuda ordinaria.

Nota general.— En todas estas calenturas, que tuvieren algún crecimiento particular [aunque nunca cese en todo la calentura] mucho se ha de observar, en que en dichos tiempos del crecimiento, no fácilmente, se administren medicamentos, ni tampoco sangrías, ni ventosas, ni comida, ni bebida, sin particular necesidad.

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CAPITULO XI.

DE LOS TABARDILLOS Y CALENTURAS PESTILENCIALES.

Calentura pestilencial, es aquella, que fuera de la destemplanza de la calentura y putrefacción, tiene también adjunta cualidad maligna ó envenenamiento, y también contagiosa. Se diferencian dichas calenturas pestilenciales, de la peste, porque puede haber peste sin calentura.

Ofrécesen los mismos accidentes 6 síntomas, como las que acompañan á las otras calenturas continuas del capítulo 7 de este libro IT. Como son desvarios, vómitos, sudores, cursos hipos, etc. En estas calenturas pestilenciales; pero se distingue la calentura pestilencial, con cierta señal, de las otras calenturas continuas, la que es; cuando presente la calentura, se ofrecen unas manchitas moradas, ya pocas, ya muchas, ya en todo el cuerpo, ó particularmente en el pecho, espaldas y cintura; las cuales manchas, son semejantes á las señales, que dejan de sus picadas las pulgas. Y hallándose estas manchitas con calentura continua se llama propiamente tabardillo ó tabardete, y en latin: F. bris Petechialis.

Diferencias de las manchas del tabardillo.— Algunas veces salen unas manchitas (como queda dicho) moradas, como del color de la viokta, también salen verdes y negras, que son peores, porque denotan peor cualidad del humor: otras Yeees

hay manchas como de cardenales de azotados, y soíí malísimas.

Diferencia de las manchas pestilenciales de las benignas, 6 no pestilenciales. — También conviene saber distinguir dichas raanchitas ó manchas pestilenciales, de otras manchas, que no son pestilenciales, sino benignas: como son las mancha3 que se levantan algo encima del cutis, al modo de un tumorcilio; pero las del tabardillo ó de las calenturas pestilenciales no se levantan nada.

Manchones grandes.— Otros manchones grandes se suelen ofrecer en unas calentura pestilenciales, colorados, grandes y anchos, en las espaldas, brazos y piernas, los cuales en pocas horas, ya aparecen, ya desaparecen según se ex&spera la calentura; y en estos nunca falta algo de maligno, pero tan leve, que no es de peligro, sino es, que por algún desmán se enconen ó maleen.

Calenturas pestilenciales sin manchitas.— Y aunque pe dijo que es cierta señal de las calenturas pestilenciales, el haber manchitas con calentura; perj también suele haber calenturas pestilenciales y maglinas, sin semejantes manchas; y suelen ser más peligrosas aquellas calenturas pestilenciales, ó aquellos tabardillos, cuando los primeros dias de la enfermedad, todos los accidentes se muestran sin señal de pravedad 6 crudeza, con un calor manso, y con el pulso casi sano; y de repente' empeorando á los enfermos, los llevan a la sepultura. Y por el mismo fin, sue'en ser más seguras aquellas calenturas, que luego se descubren con fuerza. También acaese, que con los medicamentos, y buena guarda, se advierten, y reparan señales de salud; y por cuanto la malignidad oculta no estaba corregida, vuelve á recaer el enfermo con gran peligro de vida.

Otras señales suelen aparecer en 1í¡s calenturas pestilenciales: como tumorcillos del tamaño de un grano de mijo, 6 algo mayores, y éstos unas veces son blancos, cuando se originan de pituita 6 del humor seroso; y amarillos, cuando de colera;

y morados, cuando de colera adusta; y negros, de muy adusta ó mortificada; y éstosy unas veces se supuran, otras se exulceran, otras se secan; también según el orden, como e&táu puestos, son los últimos más peligrosos, que los primeros.

Ll agüitas en la. beca.— En dichas calenturas pestilenciales, unas veces se hallan en la boca, unas llaguitas, que estorban el comer; unas blancas, otras amarillas, otras negras; también unas limpias, y otras sucias; unas superficiales, y otras ondas y con costras; y estas llaguitas de la boca, se curarán con los medicamentos benignos, puestos en el capitulo 21 del libro I.

Parótidas. —No solamente hay manchas 6 tumorcillos en estas calenturas pestilenciales, sino también suele haber unos tumores grandes, en las glándulas tras de las orejas, las cuales se llaman parótidas, que se originan del humor malo, que expele de sí, y baja del cerebro, y su cura ge verá al ñnde es ta capítulo.

Carbunclo, bubo ó incordio pestilencial.— -Otros tumores se ofrecen debajo del ¡sobaco del hombro, que se llaman caíbunclos, y los expele el corazón. Y otro tumor, que se llama bubo ó incordio pestilencial, el cual se suele aparecer en las ingles; á quien expele el hígado.

Pronóstico de las calenturas fuertes y continuas.— 'Aun que en las calenturas pestilenciales, no hay señal segura, asi de vida, como de muerie; sin embargo no es solo curioso, sino también provechoso, saber algunas más probables, como* cuando en las calenturas ardientes, ?e tuerce el rostro; la nariz y sobresejas y pestañas, es señal fatal.

Pulso. — Asi mismo en fiebres agudas ó ardientes, ó en otra enfermedad rigorosa; si tuviere el pulso agudo, interpolado 6 intermitente, ó parándose [no siendo en el sugeto cosa natural] es señal fatal; y por la misma razón, en hallándose el pulso del enfrrmo igual, hay más fácil esperanza.

Pocho, garganta, lágrimas.— Habiendo exíiasrdinaria apretura de la respiración, es fatal; y cuando en la hinchazón de

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de la garganta sobreviene calentura ardiente, es mortal. También es mala señal, el flujo involuntario de lágrimas en fiebres 6 calenturas ardientes.

Hablar entre sí.— Cuando el paciente de grave enfermedad, medio dormido, y dispierto hablare entre sí, es comunmente mortal. Habiendo en las calenturas ardientes ó fuertes, mucho desasosiego, y les gruñe el pecho, con mucho dolor; y cuando á éstos, de repente se les quita el dolor, quedando el gruñir del pecho, es mala señal; porque de ordinario semueren tres horas después; y este dolor, no lo muestra, ni la orina, ni la lengua.

Desvarío. — Cuando el desvarío, se sosiega con el sueño, y con buen sudor, es buena señal; es cuando se limpia la naturaleza; pero cuando en el mismo sueño persiste; 6 también, cuaudo ha empezado, muy á los principios de la calen tural entonces amenaza dicho desvarío, la frenesía, 6 alferecía; y mucho más peligro tienen, cuando hay algunos repentinos levantamientos de los brazos ó de las piernas; porque denota grave enfermedad del celebro.

También el templor de las manos y da la lengua, denota grandísima debilidad, y de ordinario fatal. La sordera, cuando sobreviene muy á los principios de la enfermedad, es muy peligrosa; pero viniendo, cuando la enfermedad se haya en el estado, ó en lo más subido, ó en la mayor fuerza de ella, y ya para declinar ó minorarse, es muy buena señal, aunque ha ya todavía otros graves accidentes.

El estornudar, es buena señal, no estando malos los livianos.

El hipo 6 gran dolor en la boca del estomago, hacia el corazón, denota malignidad grave y peligrosa.

Desgana. — Total adversión de la comida, también es mala señal, porque denota, que la malignidad toma iotai posesión del estómago.

Manchas,— Habiendo salido pocas 6 muchas manchas de

tabardillo, y entonces remiten los accidentes, ose disminuyen laa congojas antecedentes, es buena señal; pero si preseveran, es mala señal; porque arguyen, que salieron, no por virtud y fuerza de la naturaleza, sino por su gran malicia o abundancia del mal humor.

Evacuaciones.— En cuanto las evacuaciones, como son: cursillos, vómitos, sudores 6 flujo de sangre, y semejantes; cuando no las hay al principio déla enfermedad, ó en tiempo, cuando crece la calentura, es loable, con solo que no hayan tomado rapto, á la cabeza ú otra parle principal; porque entonces es conveniente que haya alguna evacuación de estas, también son bueaas unas de las dichas evacuaciones, en el estado, 6 en la mayor fuerza de la enfermedad, 6 en su declinación; pues de la falta de tales evacuaciones, sue en resultar después del dia catorce, graves y muy peligrosos accidentes.

Sangre.— Cuando en muy grandes calenturas, sale de la vena sangre buena en la sangría, es comunmente malo: por cuanto indica haber más malignidad, que putrefacción; oque ella esta muy retirada, y cerca del corazón, la cual (por la fia queza) ántes que salga, saldrá la vida.

De la orina no hay otra señal más fija, que ver en ella que muchos días continué la señal de alguna concoccion loable y: que el enaorema, ó como niebla, dentro de la orina; de daen dia, más se une, y poco á poco baje al fondo del orinal, ó ventosa, y prosiguiendo así, es buena s'éñal. Pero la orina denegrida; con asiento negro; ó cuando nada encima como aceiie, es comunmente fatal. También es malo, evacuar ú orinar mucha cantidad de orina, sin que se conosca alivio en la caentura, porque se llega á colignar la sangre y los humores-

Los sudores, en particular, á los principios delaenferme# dul siendo frecuentes, sin debilitar al enfermo, es señal, que por sudor, se quiere ayudar la naturaleza; pero cuando no son con alivio, ántes con mucho postramiento; entonces deniuesran peligro, de coliquar ó de sustanciarse.

Los cursos que se ofrecen al principio de la enfermedad, suelen ser buenos, en las calenturas de malignidad, como pestilenciales; y suelen ser malos para las calenturas de putre- . facción.

La dieta y cura de las calenturas pestilenciales, 6 del tabardillo. En lo general se atiende la cualidad de estas calenturas; las más veces vienen con aparato ó disposición, como la calentura continua con putrefacción, otras vienen con apato de dolor de costado, 6 de garrotillo, 6 esquUencia, 6 de frenesí, 6 con cursos de sangre. Y otras semejantes: por lo cual aunque es Jo general se atenderá la dieta puesta en el capítulo 6 de este libro IT, de las calenturas continuas, sin embargo, así mismo importará ver la dieta, según la cualidad de aparato particular, que se juntare, según sus propios capítulos.

Fuera de eso se entiende en estas calenturas pestilenciales, el que con otros medicamentos se añadan siempre unos confortativos alexipharmácos': qué son los medicamentos, que propiamente miran, contra lo maligno y venenoso de la en. í'ermedad, como más abajo se dirá.

Dieta. — Lo mismo se atiende en la dieta, como arriba queda dicho; y fuera ele aquello se observará lo siguiente, como: que en lr.s calenturas pestilenciales tiene buen lugar, el zumo del limón, ó de la naranja en caldos.

Y aunque también el vino es provechoso varias veces, para beber en tiempo de comer, en cuanto es cordial, y opugna á la cualidad verirñosa, no siempre es seguro, por no encender más la calentura, como en complexiones tiempos, ó parajes calientes. Y así cuando no hay mucha calentura, ni seca la lengua, se puede conceder una, ú otra vez, en vino aguado al tiempo de comer; pero no á los principios de la enfermedad, fino en el estado, ó cuando ya declina; también solo á los de complexión pituosa.

La bebida ordinaria será agua cocida de cebada, ú otra co-

mo queda dicho en las otras calenturas continuas, a la cual en las calenturas pestilenciales, conyiene añadir algún agrete, que no sobresalga mucho, como son: unas gotas del espíritu de vitriolo, 6 á falta de él, un poco de buen vinagre, ó un poco de salitre preparado.

Mantenimiento. — En común se á de atender, á mantener las fuerzas del enferma, condueños caldos; los cuales se tomarán de cuando en cuando, pero no cosa que pueda encrudecer al estómago.

Sangrías.— Las sangrías en estas calenturas pestilenciales son más peligrosas, y solo se hacen cuando se conoce que la putrefacción es grande (según las señales dichas en el cap. lo de este libro II. Da las calenturas de putrefacción) y que la malignidad es poca, entoncessolo^los tres dias primeros de la enfermedad se podrá sangrar con discreción, previniéndose con ayudas frescas y emolientes. La que se hace de una tasa de cocimiento de cebada y malví s; y otra tasa de leche de vacas con una ó dos onzas de pulpa de cañañstula, para todos los mas dias, es muy favorable.

Y la misma caución es necesaria aunque haya dolor de costado, siendo con mucha ma'ignidad: y es más seguro el no sangrar por cuanto por el sangrar, penetra más, lo maligno, por el cuerpo, ó que sea muy poco.

También cuando ya aparecen las manchitas del tabardillo, nunca conviene sangrar; solo sí, cuando antes del cuarto dia de la enfermedad aparecieren; porque no cabe entonces, que sea movimiento crítico. Y fuera de eso, solo siendo el enfermo muy lleno de sangre, se podra sangrar al segundé ó tercero dia de la enfermedad, en poca cantidad, solo para aliviar á la naturaleza y á desahogarla; poniendo luego después déla sangría unas ventosas secas, á las espaldas.

Ventosas ó sanguijuelas.— O más fácilmente (cuando no hay mucha plenitud de sangre) usar de las ventosas fajadas; 6 de las sanguijuelas, para las venas almorranas, en los melancoli-

eos. Y según algunos autores, no se ponen las ventosas fajadas, en las espaldas, sino en las asentaderas, muslos, ó panto rrillas.

Friegas. — Después de haver usado de las ayudas, ü otras medicinas, que miren la primera región, según lo requirieren las cirpunstancias de la calentura presente (como se hizo mención en la cura general de este capítulo) se usarán las friegas en varias ocasiones, con el intento de reveler, como queda dicho en el cap. 6 de este libro II. De las advertencias generales. También en lugar de las friegas, se puede usar esta untura, no muy á los principios de la enfermedad, ni cuando hubiere señales de las manchas (entonces solo las friegas ,secas se podrán usar) tome aceite de almendras dulces, ó á falta de él, do la mantequilla fresca, dos onzas, y otras dos onzas, de la agua ordinaria, y moler del salitre preparado, en peso de un tomin, poco más ó minos, y rebolverlé muy bien; después untadas las manes con esta untura, hacer friegas en las espaldas, de todo el cuerpo abajo, hasta á los pies; porque facilita esta untura, el que evaporice el veneno.

Veficatorios. — También los veficatorios, tiene aquí mucho lugar, así en la nuca, Como en los brazos, al modo como queda dicho en ei cap. 9 de este libro II, en particular habiendo modorra.

Julepes frescos.— También se dán á sus horas Jos julepes, y las horchatas, como queda dicho en el cap. 10 de estejibro II. De la calentura con putrefacción.

Para reveler lo maligno.— Para reveler la malignidad pestilencial, fuera de las ventosas, friegas y veficatorios, sirve también el ravano rallado, limpiándolo primero con sal y vinagre, y amarrándolo algo caliente alas plgntas de los pies. También se puede añadir al dicho ravané rallado y limpiado, hojas de rud<>, de salvia, 6 del epazote, con un poco del estiércol de pa'oma, con otro poco de vinagre, y amarrarlo en forma de cataplasmo, 6 emplasto, á los pies.

DK CIEN TOMOS

Nota de las eosss que-se hacen para reveler antecedentemente.— Todas estas diligencias que se usan para reveler, como queda dkho, y buelvo á decir, que han de ser después de las acuaeiones generales, las cuales comunmente son ayudas repetidas, y no purgas; solo cuando hubiere mucha propensión, para vomitar, coa la boca amarga, é inapetencia de cerner, entonces algunas veces conviene dar un vomitorio suave, según las fuerzas del enfermo, en ios primeros dias de la enferme iad; pero las ayudas tienen lugar todo el tiempo de la enfermedad, en particular cuando no hay régimen natural del cuerpo; solo se advierte, que no sean muy acres, ó de cualidad muy caliente.

En 1 u¿,ar del aceite de mathiolo cuando faltare. — El aceite de mathiolo, tan alabado en estas enfermedades, para sacar la ponzoña, fuera del profundo, untando caliente con ello los pulsos de las manos; y los piés, y las sienes, el sobaco de los hombros y ei de las rodillas; y algunas veces se untan también las espaldas. En falta de este aceite, habiendo theriaca, añadirle zumo de limón y deshacer la theriacaen él, quequede algo líquido y luego añadirle un poivito de azafrán y también (si hubiere) un poco de alcanfor molido; y untar con esto lo que se suele untar con el susodicho aceite de mathiolo. Y faltando todo esto, partir una gallina negra, viva, por el espinazo; o los bofes de algún animal, como de carnero, 6 de castrado recien muerto, ó el redaño de ellos caliente, aplicarlo sobre todo el vientre.

Medicamentos específicos contra la malignidad, para el principio de la enfermedad.— De 3 os medicamentos alexifarmacos, que miran con especial virtud, lo maligno y venenoso de las calenturas; hay unos que se usan al principio de la enfermedad; 6 mientras está creciendo ó aumentándose, y de estos son: tierra sigilata, el bolo arménico, el coral, las perlas, la piedra bezár, ei unicornio; de estos dos como es el bezár 6 unicornio no se toma más, por una vez, que lo que pezan ocho ó diez TOMO XVI — P, 5

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granos de trigo, de los otros se podrá tomar dos 6 tres tantos, en julepe ú horchata, en caldo, 6 atole mesclado, como más bien pareciere; repitiendo los dichos polvos dos ó tres veces al dia, según la fuerza de la enfermedad lo pidiere. En falta de todos estos polvos, 6 medicamentos es el más socorrido, la hasta de venado quemada y hecha polvo; pero más eficaz contra lo maligno de estas enfermedades, es, no quemada, sino limada ó raspada y hecha polvo por s?, del cual se podrá tomar de cada vez como en pezo de medio tomín más 6 ménos.

Lo agrio es muy propio.— También al principio, y en el crecimiento de la enfermedad ó calentura, son muy propios estos medicamentos: como es, el zumo de limón, el espíritu de vitriolo, 6 el vinagre bueno, y otros agrios, ya en medicamentos, ya en la comida 0 bebida, dados con moderación.

Específicos para cuando ya quiere minorar la calentura.— Otros medicamentos específicos, contra la malignidad, y contra putrefacción hay, los cuales obran por sudor. Como es, el polvo de la raíz de la contrayerba, de la raíz de escorzionera. De la yerba del cardo santo ver i adero, del epazote ó de la theriaca. Tomando de ellos 6 de uno de ellos lo que peza medio tomin, algo más ó ménos, según la robustez del enfermo, por cada vez en la bebida ordinaria, 6 en el cocimiento de uno de estos medicamentos, con observación; que estos ahora mencionados específicos, mejor se usan cuando ya llegó la enfermedad á su estado, 6 que ya declina, aunque en la peste verdadera no se espera esto.

Advertencias en las calenturas muy ardientes.— En tomar de los dichos específicos para mejor elección, cuando la pudiere haber; se escogen para las calenturas muy ardientes los que fueren más refrigerantes y agrios, y no dar medicamentos por sí calientes ni de mucho sudor; los cuales convienen muy bien, para cuando las calenturas no fueren tan ardientes.

Aceid*aíe* de las calenturas pestilenciales ,-~Las síntoma*

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é accidentes, que es estas calenturas pestilenciales se ofrecieren, S3 atenderán de la mi nía manera, como queda dicho en el cap. 7 de este libro II. De los accidentes de las calenturas continuas de putrefacción. Solo en éstas se ha de observar; que en los defensivos de la frente y del corazón, 6 de otra parte, nunca se les ha de mesclar 6 juntar cosa de vinagre; porque no detenga los Yapores y los ensierre por dentro.

Dolor déla cab?za, desve'o ó desvario.— En el do' or de la cabeza, en el desvelo 6 desvarío, usar luego al principio de ayudas y fangrar la vena del empeine de les piés, como se dice en el cap. f4 de! libro II. Cuando no hubiere impedimento como más arriba queda dicho.

Vejigatorios en los coiéiicos ó soñolentos. — También como arriba se ha advertido, echar ventosas, hacer friegas. Y habiendo desvarío de materia 6 humer colérico, aplicar vejigatorios (como ya queda dicho) á los brazos y piernas, en el lugar que se sue'en abrir las fuentes. Pero cuando con el desrarío hubiere modorra, como de soñolento, es muy experimentado remedio el aplicar dos vejigatorios en la nuca, como en el capítulo antecedente se hizo mención, 6 en el capítulo, 9 de este libro IÍ.

También se ponen defensivos pero sin vinagre sobre la frente de sien á sien, con unos pañitos picaditos mojados de lo siguiente; tómese de las pepitas de melón, de sandia 6 de pepinos, de lo que de ellos hubiere como un puño, las cuales primeramente se podrán poner encima de vinagre, que se calienta en yacija de barro, para empaparse con el vapor del vinagre, y luego con tres 6 cuatro onzas ó más de la agua rozada ú ordinaria, se molerán dichas pepitas al modo que se hace la horchata, para usar de ella por defensivos en la frente 6 usar del defensivo de sola leche de vacas.

De las parótidas que son unos tumores, que en estas calenturas pestilenciales algunas veces aparecen detrás de las orejas' En estes tuniores luego que salen, se atiende, si es con algu-

alivio del enfermo, si se mitigan los accidentes que natía 6 si ellos perseveran en su misma fuerza; pues cuando al salirse conoce más inquietud que de ante 8, porque entóncesno es.'expulsion crítica [que es buen;.] si do sintomática, que es mala señal; porque cuando es crítica la expulsión, comunmente huy alivio en los demás accidentes, aunque la misma parte en donde salen las parótidas se atormente con nuevos dolores; asi cuando empiesan á salir las parótidas, antes del tercero 6 cuar. to dia de la enfermedad: comunmente sen sintomáticas; pero" saliendo al séptimo noveno ú otro dia crítico en adelante, son ordinariamente de buenas esperanzas.

Para ayudar á la naturaleza á ai raer para fuera, se aplicarán á las parótidas, gatitos ó pichón sitos, con los cuales el dolor también se mitiga. Más fuerte es el emplasto siguiec te: tóme se levadurabuena tres onzas, cebollas azadas debajo del rescoldo, «nza y media de higos pasados, como u oa onza estiércol de palomas un puño y de la mantequilla ó de la manteca de marrano, tanto cuanto bastare para eneprporar los dichos ingredientes en forma de emplasto y poner de ello sobre un lienzo tendido, tibio sobre las parótidas; atendiendo que cuando se calentare mucho con este emplasto, se apartará por un rato dicho emplasto, y se pondrá en su lugar mig&jonde pan; con unayYmade huevo y un tantito "de manteca ó mantequilla mezclado; y después de un rato bolver á poner el mismo emplasto.

También conviene al mismo tiempo, para diveitir algo, po_ nerenla nuca ó cerebro, dos vejigatorios como dos medias nueces á los lados de un hueso ó bertebra, que en la nuca sobresale; el modo de componer los vejigatorios, se hallará en el catálogo de los medicamentos. O tomar un sudor Jilo de los susodichos de la cura específica del.'.s calenturas pestilenciaes de este capítulo.

Estando ya el tumor en buen tamaño, aplicarle emplasto ó cataplasma semejante: tómese raíz de altea ó de l is malvas bien zn&rtajadas, como un puño y unos seis higos pasados y de la

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harina de linaza, si hubiere 6 en su lugar délas seniilias de las malvas todo bien rnart ajado, amasarlo con bastante manteca ó mantequilla y aplicarlo templado sobre el tumor. Y supurado el tumor se abrirá y se mundificará y curará como se dice del ílegmon supurado en el cap. 3 de este libro II.

Cuando las parótidas crecieren tanto, que se conosca peligro de ahogar al enfermo; sehabren tales parótidas aunque no haya supurado totalmente. También cuando fie conociere muy re" beldé para madurar; entonces se habré con un cauterio de fuego como es un verduguillo 6 apostemero caliente,

Cuandosaleen dichas calenturas algún carbunclo, sea en donde fuere, permitiéndolo el lugar, en donde sale dicho tumor del carbunclo (y no habié adose sangrado antes el enfermo) suelen algunos sangrar la vena más p óxima, solo con intento de atraer mas bien la materia envenenada; luego al rededor del tumor se saja bastantemente, hondo [no habiendo arterias, venas ó nervios] y con agua caliente y salada, se fomenta un rato, la dicha parte; luego se pone un grano de solimán, en el mismo medio de carbunclo, y sobre todo el tumor, se toma de la ruda martajada un puño; de la levadura de pan una onza; y polvo de la pimienta, lo que peza un tomín v dos yemas de huevo, de todo esto se forma un emplasto y se aplica sobre dicho tumor por dos días; después en lugar de este emplasto, se aplica la theria a 6 la contrayerba ó la escorzonera, con sal, yemas de huevos mezclado, y después se curará con el digestivo que se hace de dos onzas de la trementina, dos yemr.s de huevo con un poco de aceita rosado ó aceite común, y como llaga ordinaria curará ha ti cicatrizar. Otros medicamentos se verán en ei. can. 22 de este libro II del carbunclo.

Para preservarse de la peste 6 del mal aire; comer todos las mañanas uuas bajitas de ruda 6 de la raíz de la contrayerba, con una revanadiía de pan y mantequilla fresca 0 una peca $e miel virgen. También preserva comer déla pasta c-ue hacen

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de los higos pasados, y nueces grandes por las mañanas. TamIbien varios usan con buen efecto beber unos tres sorbos en ayu~ lias cíe laorioa propia, r or preservativo de los tiempos contagio* sosypormejor;sf:ráde]Hor'na al medio orinar, de manera qu« no sea la que sale a! principio, ni la última.

Nótese por último, que el t nipiasío eu oliente azul (cuya receta se pondrá en el catálogo de los medicamentos) es admirable remedio puesto en la reg'on del vientre superior, y si fuere menester en la del inferior con zumo de rosa, etc. La verg» del toro negro cogida desde 21 de Abril á 22 de Mayo, bien escofinada en peso de un tomin por cada vez en agua cordial, ei medicamento específico, así pura las fiebres, como para otras enfermedades.

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CAPITULO XII.

DE LAS VIRUELAS Y SARAMPION.

Las viruelas y el sarampión, necesitan de una misma guarda y dieta. Distingüese el sarampión, de las viruelas; que el sarampión da con aspereza del cutis, muy colorada, al modo de la erisipela, con unos granitos, los cuales en cinco 6 seis diaa sin madurarse, se van desapareciendo y deshaciendo; pero las viruelas son granos que maduran, unos mayores y otros menores, los cuales comunmente al tercero 6 cuarto dia de la calentura apuntan, y de esta manera son críticas y de salud» porque proceden de muy poca puf refacción, mas por ebulición de la saogre.

Hay dos géneros de viruelas, unas cuando solo se pudre lo más impuro de la sangre; entonces tales viruelas, ni suelen necesitar de medicina?, sino solo de guarda y de mediar; o abrigo y excusar todo aire destemplado. Las otras son; cuando juntamente hay corrupción en la misma sangre, y esta corrupción según fuere mayor ó menor, hay también más 6 menos peligro

Señales cuando las viruelas apuntar quieren. — Cuando ya instan 6 quieren salir las viruelas ó ersarampion; se observa gran Inquietud y ansias que sienten y unas lágrimas en los ojos, sin llorar; también sienten comezón en los mismos ojos y ge les hincha la cara con un género de encendimiento.

Señales favorables cuando salen. — Cuando ya salieron las viruelas y entonces si se sintiera aliviado el enfermo de las ansias penosas antecedentemente con mayor quietud, con voz y respiración fácil; y cuando las viruelas fueren al principio coloradas y blancas; blandas y redondas, algo levantadas, coreo unos tumorcillos, que solo ocupan el cutis y no penetran en lo interior de la carne; las telas son de salud.

Señales de las peligrosas. — Las que son peligrosas 6 fatales, no hallan alivio cuando han salido dichas viruelas, antes persevera la misma calentura con las ansias que tenían antes que saliesen, con respiración difícil, la cual denota haber viruelas en el pulmón; también es malo cuando con mucha debilidad hay flujo ó cursos del vienire; malas también son lasquesa'ea muy tarde ó muy duras; ó unas encima de otras; 6 muy metidas; también es peligro cuando orinan sangre ó cuando escupen sangre con la saliva mezclada, porque indica que interiormente hay también viruelas qU3 reventaron; y peo es son las viruelas que salen con manchita negra ó verde en medio de ellas. Y la pésima señal es cuando después de salidas, luego se retiraron para dentro y tales se mueren comunmente en veinte y cuatro horas.

Cura general.— La cura de las viruelas 6 del sarampión en lo general, es que lur go desde el principio que empieza la calentura, se abriguen moderadamente sin que les de el aire' cubrirlos con paños colorados [si hubiere] también suelen poner en la vivienda ó aposento del enfermo, una oveja 6 carnero vivo, por cuanto este animal fácilmente atrae á sí lo maligno de la enfermedad.

El agua ordinaria para beber, es de la cebada cocida 6 de la raspadura de la asta de venado 6 la segunda agua de las lantejas cocidas; también se pueden añadir para dichas aguas cocidas unos higos curados, porque ayudan á expeler.

Entre dia de cuando en cuando conviene dar algún jarabe agrio para refrescar0, como del zumo de limón 6 d§j zumo de

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las acederas 6 del zumo de las granadas agrias. El modo de hacer dichos jarabes se verá en el catálogo.

Las sangrías no convienen en esta enfermedad, solo cuando al salir las virue as se aumentare la calentura y las ansias > con la orina muy gruesa y cotorada, como acaece cuando parte de la misma sangre ha p .sacio á corrupción, y quesea en gene 6 muchachos algo crecidos, entónces se suelen sargrar en poca cantidad, solo por ayudar á aliviarla carga á la naturaleza, porque tenga más fuerza sóbrelo demás. También en los adultos ó más crecidos (según algunos autores) se administra la sangría, pero bien al principio, en particular, si al tercero 6 cuarto día, aun no apuntaren y así antes queparescan 6 salgan las viruela?, serán las sangrías siendo juntamente de complexión sanguínea, cuyas señales se verán en el cap. I del libro I. Y en tales sanguíneos, siendo de ocho hasta catorce año?, es útil á los principios aplicarles ventosas sajadas en las asentaderas ó muslos, y sacar según las fuerzas, una poca de sangre.

Purgar tampoco no conviene generalmente, sino es muy al priuci¿>io, antes que haya sertidumbrede viruelas; pero cuando ya apuntan para salir, es pernicioso el purgnr. Al tiempo de la enfermedad cuando faltare el régimen natural del cuerpo, se harán calillas desoía chancaca; 6 se echarán ayudas de caldo ó de leche 6 del cocimiento de cebada, cociendo en dichos licores unai pasas y crozús 6 solo un poco de azúcar y unas yemas de huevo, pero ninguna sal, ni otra cesa.

Medicinas específicas.— Para ayudar á expeler, es buena el agua de las lantejas, en ia cual se podrá dar dos ó tres veces al dia, lo que pesan tres 6 siete granos de trigo, de la piedra bezar ú dos tantos del coral ó perlas bien remolidas ó en pe; o de medio tomia poco maso menos, según el paciente fuere' del polvo de la raíz del cuanenepile 5 de la raspadura de la hasta de venado molida, 0"de loa polvos diamargariton frígidos.

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Apretando mucho la tos, tomar de cuando en cuando media cucharadi ta del jarabe del culantrillo del pozo; ó que chupe de un poco de orozús ó de una pastilla de boca. También mitigan la tos unas ventosas secas 6 sajadas en los muslos ó asentaderas, O dar á beber en el agua de la bebida ordinaria un poco de las semillas de las adormideras con azúcar molidas.

Garganta.— Para defenderá la garganta, ó á las fauces, antea que en ellas prorrumpan las viruelas se gargarizarán con el cocimiento de cebada y hojas de lantén; 6 del encino, 6 de la cascara del tepeguage, 6 de rosa) seca, ó de la flor de la granadas de cualquiera de estos ingredientes cecerlosen bastante agua y añadirle del zumo de granadas agrias, 6 de las moras [cuando hubiere] y sino solo se podrá añadir á dichos cocimientos un poco del zumo de limón ó de vinagre, que algo sobresalga el agrete y atemperarlo con un terrón de azúcar 6 melado.

Cuando por chiquitos no pudieren usar del gargarismo, tomen lamedor 6 jarabe hecho del zumo de las moras ó del zumo de granadas ó de rosa seca, también les podrán dar de la flemillaque se saca por cocimiento de las pepitas délos membrillos; con otro tanto de aceite de almendras dulces ó á falta del de la mantequilla fresca 6 de Ja enjundia de gallina recien sacada, con mebclar á todo ello un tantito de polvo de azúcar que salga como un lamedorcillo, lo cual es eficas dando de e'lo de cuando en cuando media cucharadita.

Cuando hubiere llagas en la garganta, gargarisarse con los susodichos gargarismos añadiéndole un poco de la piedra alumbre

' Para preservar los ojos, conduse labarios [antes que en ellos prorrumpan las viruelas y cuado ya empiesan á salir, entonces á todas horaa] con agua' de lantén y de rosa con un poco de azafrán 6 con aceite de la clara de huevo bien batido y re" buelto con agua rosada. Y para resolver las viruelas que ya salieron en los mismos ojo3; echarles varias vezes unas gotas

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de sangre recién sacada^de una ala de las palomas. También es buena la tutia con agua de lantén y poco de azafrán.

Cuando se entumecieren los ojos que no se puedan abrin fomentar 6 labarlo3 con cocimiento de malvas y pepitas de los membrillos molidas, así bajará el tumor y si entonces se viere alguna neblina en los ojos; soplar en los dichos ojos azficar candi, ó de la azúcar más fina, y muy bien remolida. Fuera de estos conviene tener mucho cuidado que no se refrieguen los ojos habiendo viruelas en ellos, pues muchos se ciegan, 6 quedan con lacras por toda su vida, descuidándose.

Para defender la tez 6 el cutis, de las grandes señales que suelen dejar las viruelas, no se ha de labar con eo?as astringentes, con el fin de que no sa'gan; por que es peor, sino cuando han salido y ya madurado hayándose blancas en medio [lo cual comunmente sucede al noveno dia de la enfermedad] entonce?, y no antes untarlas con aceite de almendras dulces 3 con la enjundia de gallina 6 con mantequilla fresca de vaca' dos veces al dia 6 con pomada de valencia y aceite de almendras dulces con una pl umita; de esta manera no ahondarán auto las viruelas ycairán más breve. Lo que mayores señales ó hoyos causa, es cuando se rasca el paciente 6 revienta las viruelas antes de maduradas.

Las señales 6 cicatrices que suelen dejar las viruelas, para que no afeen tanto Sa cara, se observa que maduradas ya, y eaídas las viruelas se unten dichas señales que quedaron con ceb@ de carnero recien derretido á fuego manso, con una pluma, O si hubiere forma de destilar [en el tiempo de flores cogido] el estiércol de va' a, con agua por alquitara y que sea cogido dicho estiércol en tiempo de flores, que tiene entonces buen o'or y labarse, 6 humedecer con ella las cicatrises.

Para mitigar las muchas ganas de rascarse y contra la comedón 6 prurito* §sbuen$ humedecer la tal parte de la come-

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zon cou agua algo caliente 6 con cocimiento de trébol y manganilla, mojándola con nnos algodones ó lienzo delgado que no lasstime.

Llagáis malignas que suelen dejar las viruela?.,— Hacer tal uugüeotito para las llagas malignas de las viruelas, Tómense dos onzas de greta muy sutil molida y cernida, de vinagre bueno media onza, de aceite rosado ó manteca dos onzas, miel virgen media onza y tres yemas de huevo y mirra en peso d® dos tomines, todo junio en un plato de ¡peltre bien encorpora :o, y aplicar de el'o con hilas blandas.