Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 4 de 16

CAPITULO XIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XIII.

DE LA CALENTURA HÉTICA.

La calentura hética, es una de las calentaras continuas y la tercera especie de las simp e -, como so d*joen el principio del cap. 8 de este libro II, de las calenturas y por tener su cura y guarda muy diferente de otas calenturas co: tinuas se pone al fin de to las ellas.

Reparánse en la calentura hética tres grados aunque sea una misma la calentura, solo según mayor 6 menor 1'ue.rza se distinguen dichos tres grados.

El primer grado, es cuando se conoce, que al paciente se le están consumiendo lo reridO, 6 jugoso del cuerpo. El segundo grado, cuando se advierte, extenuarse, 6 consumirse la sustancia carnosa y mantecosa. El tercer grado, en dome siempre se procede á mayor consunción, hasta consumirse lo fibroso, 6 io membranoso del cuerpo; de tal manera, que pone al enfe nao, como un esqueleto, con la piel sola sobie los huesos, con cara hipocrática, sequelad del cutis, y en les lábios, un color de sangre fina.

Definición de la hética.— En general es la ca'entura hética, una fiebre lenta y continua, que no tiene creciente, ni men_ guante; solo se aumenta algo, dos ó tres horas después de haber comido. La orina en la hética adelantada, tieno por encima como aceite, al modo de telaraña, con asientos como

harina, y esta es señal de la colicuación. Y cuando enla ori» na se ven motitas, como cebada, entonces denota colicuación de la caree; cuando hay mucha cantidad de la orina, 6 cuando se orina más de un sano, entonces se está colicuando la sangre, y los humores.

Pulso de hético.— Por el pulso algo se conoce, tomándolo algo más despacio, entonces se siente un calor agudo y vivo, como que quema, y por la gran sequedad de la arteria, es el pulso de los héticos duro, y delgado, unas veces acelerado, j otras no; y pocas veces es desigual.

La dificultad de su cura, y su origen. — En el tercer grado de dicha enfermedad, absolutamente no tiene cura, y en particular cuando sobrevienen unos curcillos, y cuardo juntamente se les cae el cabello.

En el primer grado, y en el principio del segundo, es muy difícil su cur¿; y entonces se ha de atender, de donde tuvo 6 tiene su origen; porque unas veces se origina, estando padeciendo el corazón; otras el pulmón; otras el hígado, 6 el bazo, ó los ríñones; ó de inflamación, 6 de algunas llagas grandes» ó en las mugeres, del mal de madre; ya de cursos, ó mucha evacuación de sangre; ya de muchos trabajos, 6 grandes ejercicios.

Este su origen, según fuere, es muy conveniente atenderlo, y curar la hética, tegun su origen, por sus propios medicamentos, según sus propios capítulos, siempre huyendo d§ aquellos medicamentos, los cuales directamente calientan, y secan; pues la cura de la hética consiste, en administrarle los medicamentos, que refrigeran, y kuniedescan; y fuera de eso, siempre es más seguro humedecer b:en, y no refrigerar de* masiado.

Cura general. —Para su cura han de ser las ayudas, y purgas, solas ellas, que refresquen y humedescan, como de canafístula, tamarindos, ó ciruelas pasas, cuando las pudiere haber; *n lo demás, cuando estas no se hayan, se suplen con

m cien tomos

ayudas, que juBtamente nutren; como cocer en tres cuartillos de agua, dos puños de cebada, orozús media onza, unas veinte pasas sin grano, una onza de las semillas frias, ya sea de meloD, ó de sandía, 6 de pepinos, 6 de la calabaza Manea; y rosa, 6 flor de borrajas, hasta que se consuma la mitad del agua, luego colarlo, y añadirle tres onzas de mantequilla fresca, y dos onras de la asnear prieta, y dos yemas de huevo; la cual ayuda se echará templada, más fresca que caliente, de cuando en cuando. Y hallándose algo más estítico en regir, se podrá añadir á esta ayuda una onza ó más de cañafísLula. La ayuda de cebada, y malvas, una taza, y otra de leche con tuétanos de res, es buena.

La dieta para esta enfermedad hace el mejor efecto en humedecer, y refrigerar. Procurar buscar vivienda f. esea, como sótanos, 6 al norte, en tiempo caloroso, con eorrepondeocia del aire, el cual no será tanto, que moleste; regar varias veces la sala, y poner ramas de árboles frescos.

Que las comidas sean de sustancia, y de buena digestión, comer poquito, pero varias veces, y no sean las que presto se áiscipan, ó fácilmente se corrompen, sino las que más bien puedan resistir al calor excesivo, y voráz que tienen tales enfermos; como son gallinas, perdices, terneras, carneros, cabritos y cochinitos; también huevos frescos, pasados por agua; menudo, sesos, etc. Las comidas más bien conducen, guisadas, que asadas; también se puede añadirá los guisos, lechuga, ó verdolaga, endivia 6 borraja, también es bueno el farro de la cebada, y los extremos, 6 los menudos; también conducen los cangrejos, 6 camarones frescos, y las ranas, tortugas y ostiones bien cocidos; pero para que coma estas comidas sólidas, se entiende, que se dán al enfermo, no ya á lo último, postrado de fuerzas, sino antes que las haya perdido. Para les muy postrados, conviene echar de cuando en cuasdo, unas ayudas de sustancia, 6 la susodicha, ú otras ordina» rías que se hacen del c?Mo de la olla sin sal, etc, También

seles permiten unos pescaditos blancos, y frescos de carne delicada, no secos, ni sal pressos; conducen los ajolotes.

Conviene abstenerse de todos aquellos negocio?, y de lo que pudiere inquietar el ánimo. El sueño no ha de ser muy largo, ni muy corto. El régimen del cuerpo, si en ei hubiere estitiquez, se podrá aliviar, con unas calillas, 6 ayudas, como arriba queda dicho, ó con ayuda de caído de pollos, cebada, azúcar, y mantequilla.

El agua ordinaria para beber, será el agua cocida do la cebada, hasta que ella empiece á reventar; 5 el agua ea la cual se echa un trozo de pan en remojo.

Y para refesear, de cuando en cuando, usar de las orchatas, en. particular con las semili as de las adormideras, como se podrá ver en el cap. 40. del libro I. De la destemplanza del hígado.

La cura de la leche, 6 de niuger, 6 de burra, 6 de la cabra, S3 podrá usar al modo como queda dicho en el cap. 29. del libro I. de la tisis. Pero para la hética, mucho mejor efecto ye consigue, no habiendo asco, ú otro estorbo, mamar la. leche, y que sea continuando, por tres, ó cuatro meses, sin comer, ni beber otra cosa, solo sustentarse con mamar varias veces entre día.

Los baños conducen también en esta enfermedad, ahora sea^de leche, 6 de agua dulce, y tibia, con la yerba de malvas, ea el invierno, y en el verano, con cebada, y almendras, 6 piñones mol;dos; después del baño enjugándose con paños tibios, untarse con mantequilla fresca bien lavada todo el cuerpo, especialmente las espaldas, ríñones, y el pecho; luego un poco después, tomar una taza de caldo de sustancia. En todos estos baños de los héticos, se atiende, ü, que el a^ua, sea bien templada, ni fría, ni caliente; el buen tiempo del baño, es por la mañana, después que haya regido el cuerpo, ó por íít 6 con alguna ayuda, ó calilla, 6 como dos, 6 tres horas después que se ha. desayunado, con alguu caldo, ó ieche, ó ye-

mas blandas de huevo, 6 chocolate. El rato 6 tiempo de estarse en el baño, es, hasta tanto, que el paciente sienta refrescarse el agua del baño, que al entrar habia reconocido tibia.

Cuando el paciente no se pudiere bañar, untar el hígado, y las espaldas, con unturas frescas dichas en el cap. 40. del libro I. De la destemplanza del hígado; 6 coger mantequilla fresca de vaca como dos onzas, y otro tanto de la leche de muger recién sacada. O s?.car la semilla de las pepitas del membrillo inartajado, y cociéndolas en una escudilla de agua, y mezclar con dicha semilla, una 0 dos onzas de la injucdia de gallina, 6 del tuétano de ternera; hacer una unturi la delgada, no muy espesa, y untar al enfermo todo el cuerpo, en particular el pecho, y espinazo con aceite violado, 6 con ajelotes asados, cuya injundia aprovecho mucho. También es bueno, de cuando en cuando untarse todo el cuerpo al acostarse; y á la untura (con cualquiera de las dichas, que se quisiere) se añadirá á la cantidad de la untura, para cada vez una poca de leche de mujer, recien sacada.

Ofreciéndose en esta enfermedad algún accidente, de desmayos, sudores, cursos, ó vómitos, 6 de la debilidad del estomago, o inapetencia de comer; es menester socorrer con diligencia, según en sus propios capítulos, 6 en el cap. 7. de este libro II. De los accidentes en las calenturas continuas, queda dicho; observándose en todas las ocasiones, de excusar en lo posible las cosas, 6 medicinas, que directamente calientan y seca».

Destilado para los héticos.— Para destilado, corten en pedazos un capón, y también carne de ternera, 6 carnero, ó tortugas, ranas, ajolotes, ponerlo en una olla vidriada, 6 en olla decobre estañada, sobre una rejita de palitos limpios, que se afianzan primero en dicha olla, para que entre el fondo de la ©lia, y reita, quede un espacio, para el licor, que destilare la TOFO XVI.— P. 6

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caree; y sin añadir á la dicha carne otra humedad que la su* ya, tapar la olla muy bien con masa, y meter dicha olla tapada en otra olla grande, ó caso, con agua, sin que alcance ti agua ála masa de la olla tapada; y cocerlo de esta manera, por cinco horas, ó más; con esto estilará abajo la sustancia clara del capo a, y de la carne. La cual por sí, ó en otro caldo, se dan dos, ó tres Teses al di a unas cucharaditas?, y es muy especial, para restaurar á los héticos. Nótese por último, que muchos héticos sanan, sangrándolos de venas comunes, según sus fuerzas.

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CAPÍTULO XIV.

DE LAS CALESTUKAS TEBCÍANAS I5ÍTKJSM1TE2ÑTB3.

Calenturas intermitentes, son las que tienen como ciertos períodos en ir y volverse; hallándose el paciente por algún tiempoo libre de toda calentura; con la cual se diferencian de las otras caientusas continuas, como de la terciana continua, según en el cap. 5 de este libro II. De las diferencias de las calenturas, queda dicho y de otras semejantes, que aunque de continuo no aprietan igualmente, nuncalos dejan totalmente libres.

De estas calenturas intermitentes, hay también diferentes especies, según variar en sus dichos períodios ó tiempos y en común ó vulgarmente las llaman fríos y calenturas; porque cada vez que dan estas calenturas intermitentes, siempre hay f tio y hay calor; uno en pos de otro, ya el uno, ya el otro más 6 ménos fuerte, según los humores, que causan oemejantes frics y calenturas.

Las especies que más ordinariamente se suelen ofrecer, son las tercianas, cuotidianas y eua tanas, las cuales ahora se pondrán coa sus curas; otras hay también qu? se llaman: quintanas ó septanas, que raras veces se ofrecen y se llaman así, porque repiten cada quinto ó séptimo dia.

Terciana, intermitente y su causa.— Calent tiras tercianas intermitentes se llaman los frios j calenturas, cuando cada

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tercer dia repiten, dejando un día intermedio 1 bre: empezando con frío, al cual se sigue el calor y comunmente terminan con sudor. Y se originan del humor bilioso excrementicio, el cual se corrompe en la primera región.

Y de esta terciana hay dos especies, una es que se llama legítima 6 exquisita, la cual se origina de la cólera 6 bile natural; y esta dá más veers en el verano, que en otro tiempo, y no es de peligro. Sus accesiones 6 paroxismos no exceden de doce horas: ni el número de las accesiones, exeede las siete veces; pero cuando pasa de siete, ya no es exquisita ólegíiima, cerno queda dicho, originada de cólera natura!; sino espuria como ahora se dirá.

La terciana espuria ó no exquisita: es la terciana que se origina de cólera y con otros humores mixtos, en particular con la pituita; cuya accesión ó paroxismo, comunmente excede las doce horas y aun suele llegar á durar veinte y cuatro horas».

Pronóstico.— Cuando en los labios 6 narices brotan unos granitos ó llagitas: es señal que acavan ó cesan de repetir; pero la mejor señal es cuando sobrevienen unos curcillosde concoccion.

La guarda y la dieta en el comer y beber se guarda como en las calenturas susodichas, según la cualidad de Jos humores, que ocasionaren la tal calentura; y así solo se advierte que el dia que ha de dar la calentura, no se coma, ni se beba, ni se duerma las cuatro ó cinco horas que faltan para venir la calentura; porque fomentándose el humor de la calentura, con la nueva comida, antas de digerirse, se exaspera más la calentura; exceptuando cuando unn calentura, alcanzare la otra| como suele acontecer en la calentura cuotidiana; entonces se escoge el tiempo medio entre las dos accesiones 6 en la declinación de la calentura antecedente, como cinco horas antes del principio de la que se sigue. O cuando hay mucha debilidad de fuerzas en el enfermo ó cuando el enfermo es de tem-

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tío

perániento quemado 6 pierocolo. Y cuando el cuerpo lio tuviere su régimen natura), se suplirá con ayudas emolientes ó con cali las, según se verán en el catálogo.

Cura de la tereeeana legítima 6 exquisita.— Cuando hubiere calentura exquisita, según queda dicho por tener su origen déla cólera, no conviene evacuar con sangrías copi sas, sino solo para atemperar las necesarias, luego con purgas ó vomitorios, según más fácil se melindre el humor 6 el paciente pudiere tolerar; pero que dichas purgas no excedan la medianía de fuertes. Las purgas y vomitorios para evacuar la cólera, se hallarán en el catálogo de los medicamentos.

El tiempo proporcionado para dar las purgas ó vomitorios en las calenturas intermitentes. Solo en los robustos, se dan el mismo día ce la calentura, en lo ordinario se dan el día antes de la calentura, aunque también en les medianamente robustos, se pueden dar buenamente cuatro, cinco ó seis horas antes de la calentura; con esto, antes que dé la calentura ya lo más acabaría de obrar la purga. Los vomitorios en sugetos robustos y fáciles de volver el estómago y más bien á ios que de suyo suelen tener bascas ó vómitos, al principio de entrar la calentura; es mejor dar ios vomitorios, poco antes de la calentura. Y algunas veces suele ser provechos*) (después de unos días, que se haya recobrado el enfermo) repetir otro vomitorio: pero en personas débiles ó delicadas no se entiende esto, lo cual en estas personas suplirá una purguüla suave, según Jo pidiere ia cualidad del humor: y esto es siempre lo más seguro.

Volviendo á decir de las calenturas tercianas exquisita?, después de las susodichas purgulllas ó vomitorios un día 6 dos: necesitan que se refresquen con bebidas frescas ó con. julepes, como se verán en el cap. 40 del libro I. De la destemplanza del híg ido. •

Ka las oirás tercianas espurias de cólera y pituita nrixtí».

se pueden dar las purgas y vomitorios, algo más eficaces; porque los humores que la causan, son algo más rebeldes. Y hallándose en persona robusta y juntamente sanguínea, entonces también conviene la sangría del brazo derecho, déla vena que más pareciere; y el otro ó tercero dia [que no sea al mismo tiempo de la calentura] del brazo izquierdo, de tres hasta cinco onzas más 6 menos, según la robustez ó plenitud del paciente, pero habiendo dudado o por algún impedimento, el no poder sangrar: suplirán entOmes unas ventosas sajadas en las espaldas.

Después de haber evacuado el humor vicioso, como queda dicho, se usarán unos de los medicamentos específicos siguientes.

Tornar de la thíri acá magna el peso de un tomin, en una tasa de agua de lantén defleido 6 en agua de verdolagas. A falta de la theriaca, beber una tasa de la agua de la contrayerba cocida algo fuerte; al tiempo que quiere dar el frió y arroparse; pero el uso de la theriaca biempre es mejor habiendo precedido cocimiento en el humor y evseucciones suficientes, porque en estado de crudeza, siempre dobla las fiebres.

O tomar zumo de lantén tres, 0 cuatro onzas; y como media onza de vinagre y tres, 6 cuatro, 6 cinco hebras de azafrán molido, y temario eorn > una hora antes del frió y abrigarse; y en los de complexión templada se darán eolo seis, 6 siete hebr-.s de azafrán en una taza de vino de uvas, antes del frió. O tomar asta de venado quemada y del carmín, do que usan para pintar, que sea fino; de cada cosa, lo que pesan ocho, 6 diez granos de trigo y tomarlo molido, en una tazita de agua cocida de la yerba mora; ó de lantén, en 3a noche antes de dormir, del día antecedente que ha de venir la c-a* ientura. Lo mismo hace, tomando el peso de medio tomín, del polvo de las conchas. ó nácar de las perlas bien remolido y tomado á la manera, como queda dicho del carmín. Y más eficáz se hará, reliando las dichas cenchas por una noche ea

vinagre, enteras; después fregarlas muy bien de todafñeniaj luego quemarlas muy bien blancas y de est as quemadas y molidas en polvo, se tornará el peso de medio tomín, poco más 6 menos, según la robustez del paciente, «1 modo dicho.

Cooñtes para los fríos y calenturas.— Tómese del polvo del margino, ó de la creta bien remolido y cernido por sajafaya y humedecerlo nriy bien con leche de muger, y seear'o de nuevo; repitiendo esto dos, ó tres veces; después de esta corrección del litargirio remolerlo y cernirlo de nueve; y de tal polvo, una onza, revolverlo en una libra de azúcar 6 almíbar para hacer ó cubrir anises, 6 culantro; ¡a última capa se le dará de alminar fiao. Su uso es en peso de medio tomín comidos una hora antes del frío, y repetirlo en dos, 6 tres ocasiones.

Apositos.— Por de fuera aprovechan los siguientes medicamentos aplicados: coger de la corteza de el nogal la parte interior , machucada é infundida con un poco de vinagre fuerte; y esta se aplica á las manos encima del empeine desde la pulsera, hasta las puntas de los dedos; porque por los nervios insignes, que hay en esta parte de la mano, comunica su virtud. O en lugar de esta corteza: tomar al mismo tenor, la raíz de la ortiga, infundida en vinagre; y ponerla sobre el empeine de las manos y de los piés. O tómese azafrán, ajos, pimienta, ollin, y hacer polvo menudo de lo que se puede moler, y luego con el ajo ^amazarlo muy bien en un almiréz, con un tantito de vinagre fuerte, cuanto basta á que pegue; y estenderlo sobre un tafetán negro, ó badana; y aplicarlo del tamaño de un tostón, sobre la sálvatela, que es la vena que más sdescubre, entre el dedo pequeño y el del anillo; á los hombre* en la mano derecha, y á las mugeres en la mano izquierda.

Unturas y pítimas; y cuando se administran.— También convienen las pitimás y unturas para el hígado, puestas en el cap. 40 del libro [I. De la destemplanza del hígado. Y así mismo los confortativos del estomago, dichos en ti eap.

31 del Libro I. Y les apositos para corroborar el corazón, según se hallarán en el cap. 47 del Libro I.

Solo se advierte, que así las unturas para el hígado como las pítimas para el corazón y los ap&sitos para el estómago como también las unturas frescas de los ríñones 6 de las espaldas; no se han de usar antes de la calentura, ni en su mayor fuerza, sino cuando empieza á declinar algo.

Contra el frío.— Para mitigar el frió de las calentura?, cuando durare mucho, porque cuando dura poco, son comunmente las calenturas de más cólera, en tal caso es mejor no apretar en calentar mucho en tiempo del frió, porque se encendiera después mucho más la calentura que se sigue.

Mitigad frió de la calentura, la Theriaca ó el cocimiento de la contrayerba tomado antes del frió y abrigándose encima. O untar las espaldas 6 el espinazo en tiempo del gran frió, con aceite 6 á su falta, con manteca, en que antes se haya frito unos de los siguientes: como rula, orégano, polco» salvia, manzanilla, clavos, pimientt; y colado dicho aceite 6 manteca, también se le puede añadir un poco de aguardiente. O falta de estos, mitiga el mucho frió tambieu, un ladrillo 6 guij rro caliente y rociado con vino, luego envuelto en lienzos y -plicado íi los piés y á las manos en tiempo del frió.

Persistiendo los frios y las calenturas aun después de muchos remeiios específicos, conviene repetir de cuando eu cuando uno ú otro medicamento purgativo 6 vomitorio, según á lo que más se hallare inclínalo el humor vicioso; y obrando Lien la purga ó el vomitorio, de manera que al acabar de purgar cuando se sigue luego algún suior, se quita comunmente del todo la calentura. Muchas veces se lia experimentado notable mejoría ó -total convalescencia, con solo mudar de un temperamento ó de un lugar á otro.

Para los accidentas que en los frios y calenturas se suelen ofrecer como dolor de la cabeza, falta de sueño, congojas, lengua áspera ó desabrida y otros semejantes; se usarán los medicamentos puestos entre los síuto.nag ó accidentes en el cap. 7.de este Libro II. De las calenturas continuas,