Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 15 de 16

CAPITULO XLIX

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 6 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XLIX.

DE LA DISLOCACION DEL CUADRIL. ,

L ¡s diferencias, causas y señales de la dislocación del hueso del cuadril, en latin, Fémur; se conocerán con semejantes razones como en las ciernas dislocaciones; so!o esta dislocación del cuadril; tiene contra sí el que en personas de alguna edad rara vez se curan perfectamente, y no volviendo á su lugar el dicho hueso dislocado, después de algún tiempo, aunque no necesitan andar con muleta siempre cojean de aquella parte ó pierna la cual fué estenuada algo con el mus1 o, porque comprimiéndose las venas y arterias, no reciben alimento ni suficiente calor para la nutrición ele r que!! as partes

Reducción y cura.-— En sugetó tierno es más fácil y se ejecutará su reducción de esta manera: Tendiendo al paciente Sobre un banco 6 mfsa larga, boca abajo si la dislocación fuere á la parte posterior ó exterior; y bo a arriba si fuere á la parte anterior ó interior; cual sea la parte exterior ó posterior y las demás parte?, se verá claramente en el capítulo 46 de este , libro. De la dislocación cUl codo. Póngase una faja fuerte por debajo de los hombros y otra faja fuerte más arriba de la rodiUa del lado donde e tuviere la dislocación del cuadrii; advirtieado ser necesario que debajo de

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las fajas con que se hagan las ligaduras para los tirantes, se ponga lana 6 algodón que defienda el que las vendaa oprimidas con ia fuerte tensión, no lastimen la carne en que hacen la fuerza.

Y haciendo la estension necesaria por arriha y por abajo igualmente, procurará el cirujano [ó la persona que este oficio hicierej*ia reducción del hueso, impeliendo'o con dos manos á la parte contraria de aquella en que se hallaré la eminencia fuera de su lugar. Y cuando coa las manos solas no pudiere impeler el dicho hueso se valdrá de ellas de este modo: Cogerá con una mano el hiu so del cuadril y con la otra el muslo,*y con el carcañal del pié hará la impulsión de la cabeza del hueso dislocado hasta reducirlo con algunos movimientos á su asiento.

Señales de que ya está reducido. — Estando reducido en su asiento lo cual se conoce en la buena figura que tiene, igual á la pierna buena su compañera, cesando el dolor que antes hubo y volviendo su movimiento, eutonces^se usará de la cataplasma 6 emplasto como en las disloca-nones anteeedeutes. Y untar con ac ite rosado ó con Ja injundia de gallina al región de todo el hueso del cuadril y hacer su ligadura'conveniente y para mayor firme sa se ligará un muslo con otro y una pierna con la otra, porque así selimpedirán los movimientos que suelen ser causa de que vuelva á dislocarse el hueso, y guardarse hasta treinta dias'porque en tanto ss afir ma esta coyuntura.

Subluxacion por el afluxo de los humores. — Originándose la dislocación del hueso del cuadril de aflujo de los humores internos, sin preceder violencia de caída, etc. Los cuales humores rempujan p ra afuera la cabeza del dicho hueso, procurar reponerlo en su lugar y con usar de purgas algo fuertes para evacuar la fiema, sogun se verán en el catálogo de los medicamentos, y repetirlo-j en varias ocasiones porque no basta solo una, se mantendrá en su lugar. Habiendo repues-

DE CIEH TOMOS

ío ei hueso subluxado en su lugar, se aplicarán los emplastos confortoiivos dichos eu el capítulo 43 de este libro de las dislocaciones en general.

Mas eficaz será esta bilma: Tome pez dos onzas, azufre bien molido en p?so de tres toaiine*, de la a'masiga 6 del incienso el peso de dos tomines y de trementina media onza mezclase todo en la pez trementina derretida á fuego manso y se le pone tendido sobre lienzo 6 badana en forma de emplasto.

Cura particular de las Subluxaciones. — No bastando estos medicamentos para mantener el hueso en su lugar, se pasará aponer cáusticos 6 vejigatorios al rede:! or de la parte, para atraer 6 evacuar los humores del centro á la circunf rencia.

Y esto mis ¿o se observará en las subluxaciones de otros artículos.

CAPÍTULO L.

DE LA DISLOCACION DE LA RODILLA Y DE LA CHOQUEZUELA.

Kodilla dislocada, sus señales á la parte exterior ó interior. —La dislocación de la rodilla t'eae las mi mías señales, y causas como las demás dislocaciones, aunque es mas íYic.i! su cura que la del codo dislocado. La dislocación interior, es cuando sale la eminencia del hueso hacia el lado de la pierna compañera, y la dis'ocacion exterior es á la parte de afuera opuesta á la dicha interior.

Estas se componen con la extensión necesaria, tendiéndose el paciente boca arriba (como en otras dislocaciones queda dicho) ó con las manos ó con las fajas, impeliendo el hueso dislocado ó con las palmas de íes manos 6 con el carcañal hasta sa debido asiento,

Pero dislocándose la rodilla á la parte posterior hacia el sobaco, en tal caso se pondrá el paciente boca abajo tendido sobre una mesa 6 banco; le pondrá el cirujano ú otra persona, un ovillo 6 pelota dura de pañ .s sobre la eminencia del hueso dislocado muy bien aplicado, luego cogerá el dicho cirujano, con laidos manos la pierna y la doblara de repente hasta que toque con el carcañal de la pierna del enfermo en las asentaderas.

Hecha la reduccon, usar de las cataplasmas ó emplastos, como se dice en el cap. 43 de este libro. De las dislocaciones en general; renovando la cura de cuatro en cuatro dias.

Choquezuela dislocada. — Así como fa-Jl mente se disloca la choquezuela á uno délos dos lados; también se reduce fácilmente. Para reducir la choquezuela, que es un hueso redondo delante de la rodilla, se pondrá el paciente en pié, teniendo firme y derecha la pierna y entonces el cirujano ú otra persona impelerá con la mano la choquezuela, hasta dejarla en su asiento; y después echándose boca arriba el paciente, aplicarle su cataplasma 6 emplasto como arriba queda dicho, con sus ligaduras y sobre ellas Ee ajustara una canal de corcho, de cartón 6 de madera, que impida el que la rodilla se pueda dob'ar ligándolo con la ligadura conveniente y mu Jando la cura de tres en tres dias; luego sus bilmas 6 emplestos confortativos dichos arriba en las otras dislocaciones.

CAPITULO Lí.

DE LA DISLOCACION DEL TALON DEL PIE, DE SUS DEDOS, Y DEL CARCAÑAL,

Señales de la dislocación del talón.— Las disloaaciones del tobillo ó del talón son manifiestas; porque si es la parte interior se tuerce el pié á la parte exterior; y al contrario cu mdo es la dislocación á la parte interior, entonces sa ladea el | ié á la parte interna.

Cuando se disloca á la parte anterior; entonces el tendón que remata en el carcañal; ss percibe duro y tirante, y el p'é se acorta; si es la parte posterior entonces queda el pié mas largo y el ten Ion del carcañal flojo y blando.

La reducción y cura del talón y do los dedes de los pies, es como queda dicho de la de las manes en él cap, 47. &olo se advierte que en esta olslocacion conviene que el paciente este quieto, sin ponerse de pié antes de cuarenta días para que no se vuelva á dislocar.

La dislocación del caacafial se conoce por el dolor.,- y mala figura de la parte, y por la leslan de su ejercicio. Y ti: nemas riesgo que el talón, por padecer de ordinario tremor, espasmo, calentura y otr^s accidentes, que le suelen sobrevenir, por el

consentimiento que tiene de las venas, arter'as y nervios gran des, que recibe aquella parte.

Pára coropor^er el carcañal dislocado, por ser [como queda dicbo] mas arriesgado conviene primeramente fomentar á dicho carcañal, con agua algo calier ¡te, y mezclada con un poco de aceite do comer ó con manteca de vaca, por buen tiempo según la dureza Sel cutis, el cual en los que andan descalzos está mucho irás duro que en otros; la razón de este fomento mantecoso es: el abundar el cutis, el cual en tiempo que llegare á inflamarse, siendo bien blando, y quitadas sus costras coa cuchillo [pero sin que saiga sangre] no se almenará la inflamación tasto, como si hallara duro el dicho cutis; en lo demás, es su cura y reducción como queda dicho del talón e renovando la r-ura cada tercer dia, y no se amarrarán las vendas muy recio, manteniendo el pié en quietud por espacio de cuareuía días.

Si sobrevinieren accidentes, se atenderán como queda dicho en el cap. 43 de este íibrb. De las dislocaciones en general.

CAPITULO LÍI.

DE LA RAZON PORQUE Y DONDE SE HICE LA FUENTE, COMO SE ADMINISTRA. Y COMO SE CONSERVA.

Advertencias da las fuentes en general. — Por haber citado en varias enfermedades por muy útiles las fuentes, me pareció mny conveniente pjner aparte en un capítulo el modo de ponerlas, el uso y la conservación de ellas, con otras advertencias en general.

Cuando se abren las fuenteo. — Ea cuanto el tiempo cuando se abren [as fuentes, es en todo el tiempo del año, aunque conviene por mas seguridad á la persona á quien se fcan de abrir las fuent» s se purgue 6 se sangre antes, según los humores que predominaren en ella.

Porque se abren las fuentes. — El fin porque se abren las fuentes es evacuar ó derivar ó repeler el humor pecante 6 vicioso que ofende y molesta.

Para evacuar.— Cuando solo fuere la intención de querer evacuar ó derivar el humor vicioso se ponen, 6 se abren las fuentes sobre la misma parte de donde se quiere evacuar, y si por inconvenientes, no se pudiere efectuar esto, se forma la fuente en la parte acostumbrada, que fuere mas cercana.

Cuando fuere la intención ó el un de reveler ó de llamar para apartar el humor vicioso; entonces se abren las fuentes en la parte distante 6 contraria. Conviene á saber cuando

hay dolor de cabeza 'por el ; cor.sentisiúento del hígado enfermo, para reveler en tal caso, se abre la fuente en la pierna dereoha, y cuando es por el consentimiento de la indisposición del bazo, entonces se abre la fuense en la pierna izquierda, y cuando se originare dicho dolor del mal de madre ntonces se abren cualquiera de las dos piernas

Cuando hay dolor de cabeza, padeciendo por sí, se aplican las fuentes para reveler en los brazos; y cuando padece solo el lado derecho de la cabeza se abre la fuente en el brazo izquierdo, y al contrario, doliendo el lado izquierdo se pone en el brazo derecho.

Coa intención de evacuar. — Lo que se observa en las fuentes que se ponen con el intento de evacuar [como arriba se hace mención] el humcr vicioso, como paleciendo por sí. la cabeza, se pone un cedal ála nuca ó tras del cerebro, ó una fuente [en lugar de cedal] en el brazo del mismo lado que duele la cabeza. Y así en las demás enfermedades, según se anota en sus propios capitulas.

Solo se advierte, que en lasmugeres porque no se les detenga la regla, mas bien les conducen las fuentes para reveler en la pierna opuesta del del dolor de la cabeza, como cuatro dedos encima de ia rsdilia, parte de adentro.

En cuanto el lugar mismo en donde se abren ó forman las fuentes, observando las susodichas intenciones, se elige el sitio, escogiendo la división de los músculos, la cual se conocerá aprctunde con la punta del dedo de una mano y meneando con la otra el brazo 6 la pierna dtl enfermo y señalar el lugar con tinta para abrir allí puntualmentela fuente. También se ha de procurar escusar los nervios y tendones, y que sea la parte alta para la ligadura.

Y cuando por casualilad se hubiere errado el lugar, así porque la fuente mudó su lugar hácia un lado ú otro y no pudiéndose con un cabezal ifco 6 lienzo doblado, arrimado a

garbanzo, [del lado á donde S3 inclina] reponer á su lugar, abrirla otra vez en mejor parte y dejar cerrar la primera, lo que fácilmente se cierra solo con ponerle él espadrapa sin garbanzo, por una ó dos semanas.

EL lugar ó sitio ordinario de las fuentes, es en los brazos como cuatro dedos mas arriba del codo 6 sangradera, al fin del músculo que comunmente llaman lagarto, el que allí entra en un músculo de dos cabezas. También son ordinarias las fuentes en las piernas, como tres 6 cuatro dedos del paciente, encima de la rodilla, tres ó cuatro dedos abajo de la rodilla da la paite de adentro, aunque los que andan á caballo, aoren las fuentes de la parte de afuera.

£1 modo de abrir las fuentes mas ordinario, es con un cauterio actual de fuego que se hace con instrumentos de hierro ó de oro, hechos á propósito; pero coma por estas tierras retiradas hay falta de e los, suplirán unos botones 6 teronci- 103 de ¡ alo bueno.

También se abren con mucha facilidad con cáusticos potenciales, como jabón raspado y otro tanto de cal viva el polvo muy sutil y amazarlo con un tantito de sumo de cebolla, y formar [antes de secarle] de la dicha masa u tas bolitas del tamaño ce ua alberjoncíto y una bolita de estas, ya seca se aplica sobre el mismo lugar seña'ado con la tinta, con un espadrado ó cera tendida al modo de espadrapo, sin que se caiga de su lugar señalado; como mas claro se verán varios géíieros de cáusticos en el ctáiogo de les medicamentos.

Fuera de estos dos modos de abrir fuentes, hay otro bien fácil que se hace con lanzeta, sin percibir mas dolor que el de una sangria. De manera que señalado el lugar determinado con la tinta, se levanta allí mismo el cutis entre dos dedos doblado según el largo del brazo ó pierna, y pasar la lanzeta debajo de la señal de tinta, que haga una pequeña herida atravesada y poner desde luego una bolita de hilas encima, del tamaño de un albeijoncito 6 lenteja, mojada ©n

miel virgen ú otro digestivo con su espadrapo ensima al modo ordinario, hasta ponerle su bolita de- cera' ó Agarbanzo cuando tuviere y a alguna dureza ó callito la fuente.

Para conservar y preservar ias fuenteá de algunos accidentes "que se les suelen ofrecer. g

Primeramente el abrir las fuentes con el cauterio de fuego, como queda dicho, se ha de atender el que no se queme mas de lo ordinario, que. solo superficialmente suelte algo el cútis, en particular en personas tiernas. Lo mismo se atiende usando de los cáusticos potenciales, los cuales no conviene dejar tanto tiempo puestos en personas tiernas como en robustas y duras al trabajo; á unos bastan diez ó.doce horas.y otros son menester veinte ó mas horas.

También porescusar mayores dolores, no usar [antes de que se caiga.espontáneaniente la escara [6 la costrilla originada de la adustion ó del caustico] de bolita de cera 6 de garbanzo, sino formar una bolita de hilas untándola siempre (cuando se abre con fuego ó con caustico] con manteca de vaca lavada en varias aguas, ó con aceite de almendras dulces. Y los tres 6 cuatro di as ^primeros, mezclarla la manteca el aceite una Ueina y clara de un huevo y mojar un Jienzecito en lo mismo, y tendido este lienzecito se pondrá sobre la cura de toda la fuente.

Cuando se hallare dolorida la fuentejse lava aquella parte de la fuente con agua tibia, en el invierno; y en el verano, mezclar 6 añadir al agua [mas fresca que tibia] una poca^ de leche.

Secándose la fuente.— Cuando no purgare la fuente como solia de ordinario, y se advierte, que el humor^que^habia de acudir á la fuente,:;moiesta otras partes .principales, como la cabeza y semejantes; en tal caso conviene llamar dicho humor á la fuente, con refregar muy¿bien la región de ella y bañarla, con cocimiejato de ro¿a y malváis. O aplicar ventosa

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ó sanguijuelas en la misma fuente ó al rededor de ella. O untar el garbanzo can algún ungüento caustico [sL hubiere lugar de botica] 6 en su falta, formar una bolita de la raíz de lirios 6 de la genciana. O formar semejantes bolitas en lugarde los garbanzos; se toma dos tomines de cera y de la resina del p'no medio tomin ó algo mas, derretirlo junto y mezclarle polvo de matlal.isüe, de. Jalapa, de Zacualtipan, de la leche de Miehoacan 6 de la toloquintid a; de todos, ó de los que hubiere, en peso de dos tomines, algo mas 6 menos según se deseare; se forma de dicha mistura antes de enfriarse unas bolitas del tamaño de un garbanzo. O ro caustico semejante para formar bplitas; para el mismo uso se hallará en el catálogo de ios medicamentos.

Para cuando hiciere callo la fuente, entonces se desh .ce dicho callo untando el garbanzo ó la bolita de hilas coa el ungüento caustico ó poner una bolita de la raíz de lirios;: y en esta ocasión, que se usaren estos caustico?, se untará, al rededor de la fuente con aceite de almendras dulces ó con manteca de yaca, lacada, para mitigar el dolor que se ofreciere.

Suele muy de ordinario en las fuentes criarse carne supérflua, como bordos que comunmunte llaman getas, y sucede por dos causas; una es, por la abundancia de sangre requemada, y la otra de los humores viciosos.

Cuando es de la dicha sangre requemada, entonces se siente dolor é inflamación en la fuente, y para remediar este accidente, son á proposito los baños de agua tibia con leche mezclada. O untar al derredor de la región de la fuente con aceite de almendras dulces, con aceite rosado ó con manteca lavada; para tales bordos ó getas no conviene la piedra alumbre, ni otra cosa que consuma la carne, porque se aumentaría la inflamación y el dolor.

Pero cuando se originare de humores viciosos y viscosos, lo cual se conocerá por lo floja que es la carne superfina, y v

con poco 6 ningún dolor, y unas veces con mal olor, esta carne superflua se quita con facilidad y sin 1; sion, echando sombre dicha carne [puesto ya el garbanzo 6 la bolita de cera en la fuente] unos polvos del sabino 6 del alumbre quemado, y poniendo unas hilas sec¿.s sobre ellos, y luego encima su espadrapo ú hoja; continuando con esto unos dias, hasta que se consuma toda la carne supérfiua; en caso que el alumbre quemado no bastare, se le mezclará un poco de los polvos de juanes ó [á falta de ellos] un poc\> de polvo de cardenillo bien remoUdo, pero este no deja de ocasionar algún dolor.

Cuando la circunferencia de la fuente se escoriare, por ®1 humor colérico ó acre que acude, .entonces bañar la fuente on coslmiento de rosa seca y lantén, ó de sala la yierba de golondrina 6 con cocimiento de cebada tostada y algunas veces se añadirá al agua cocimiento y un poco de alumbre quemado. Y después del baño se untará al derredor de la fuente con manteca lavada en cocimiento de malvas, de la yerba mora 6 chichiquelete. Y cuando fuere mucha la escoriación añadir á dicha manteca unos polvos muy sutiles de la greta del albayaldeó del azarcón.

Contra la demasiada comezón 6 prurito, que suele originarse de los humores salsuginosos ó viscosos; para esto, conviene bañar la fuente con agua tibia sola 6 cuando nó bastare, añadir á la agua un poquito de la sal molida.

En cuauto los apositos, son varios los que se usan; muy frecuentes son las hojas de la yedera buena, pero como por estas tierras dentro no las hay, suplen cómodamente las hojas de lantén 6 del álamo, poniendo d s ó tres hojas de ella.

Unos usan de la hoja del latón amarillo y delgado, cortada al tamaño del espadrapo ordinario, la que entre papel de estrazo se aplica, mudando en cada cura dicho papel solar mente. Otros que es lo mas ordinario, usan de espadrapos y déos se verán algunas composiciones, con el modo de for„ marlos en el catálogo de los medicamentos.

APÉNDICE.

DE LAS SANGRIAS, VENTOSAS Y SANGUIJUELAS.

Como por falta de cirujanos, así mismo de barberos, en estos contornos de las misiones, se halladlos enfermos obligados á llamar á cualquiera que una ú otra vez se había arrejado á sangrar unas personas, y aun hallando á semejante persona, se tiene en ocasión por mucha dicha.

Y como fué mi intenta de ayudar de alguna manera, con algunos medios á los Amaritísimos Padres. Misioneros y sus .Feligreses, tan remotos de Médico3 y Cirujanos, pareció conforme á mi intento, añadir al fin de este Compendio Medicinal, como de Apédice lo que concierne al Oñcio de Barbero en la Administración de los enfermos; como son las Sangrías, las Ventosas y las Sanguijuelas.

DE LAS SANGRIAS.

Por cuáles causas, 6 en que enfermedades, conducen 6 no conducen las sanarías; ó cuál de las venas en cualquier afecto sería de sangrar, ya se ha procurado aclararlo en los propio capítulos de cada dolencia del Florilegio Medicinal.

Ahora se procurará dar alguna razón en tres capítulos; lo que antes de sangrar, al tiempo de sangrar y después desangrar, conviene ser observado, Prosiguiendo el número de los capítulos antecedentes.

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CAPITULO LUI.

OBSERVACIONES ANTES DE LA SANGRIA.

En personas mal humoradas.— En ocasión de necesitar de sangrí. s, se hade observar: que estando el estomago 6 el ventrículo cargado ó molestado con muchas crudezas ú otros humores malos, el que antes se procure evacuar semejante humor con las purgas ó vomitorios, ya mencionados en los escritas antecedentes. O si estuviere astringido del vientre como que antes de veinticuatro horas, no hubiere tenido re gimen; por lo ménos, se procurará ron ayudas 6 calillas lu bricar el vientre, la razón de éstos es, para que los zumos 6 o? malos humores de que se halla repleto; en saliendo por la sangría la sangre por aquel vacuo, no arrebate con los dichos maios humores, y ios atraiga á las mismas venas; y en tal caso, en lugar de aprovechar la sangría, podrá acarrear mayores males.

En las personas tímidas, 6 en las que fácilmente caen en desuiayos de las sangrías; conviene darles antes un confortativo para el estómago, como unas sopas (permitiéndolo la e»_ fermedad) 6 un bocadito de r an remojado ó humedecido con gumo de granada agridulce, ó con zumo de membrillos, ó con un poco de vinagre: en las mujeres y en los melancólicos

convienen los agrios; 6 por una pulpa de carnero soasada, y rociada con vino, y expolvoreada con canela, á la boca del estómago.

Todo esto se entiende, cuando da lugar para ello la benignidad de la enfermedad; porque en accidentes graves como es el garrotillo, 6 do;or de costado, ó caída grande, ó en calenturas muy grande?, entonces mas ¡se atiende á el peligro de la vida, que á el daño que leí pudiera seguir, de no haber preparado antes con corroborativos.

DS¡ CIEN TOMOS 311

CAPITULO LÍV.

OBSERVACIONES EN LA MISMA SANGRÍA.

Como se pone la ligadura.— Teniendo la parte del cuerpo en donde se ha de sangrar en postura acomodada, para la salida de la saugre: refregar 6 fomentar algo el sitio de la ven á que calentándose se adelgase algo la sangre, y luego como tres 6 cuatro dedos mas arriba sobre el lugar de la sangradera, amarrarlo con una ata iera no mas ancha de un dedo, y estomas órnenos recio, según fuere la vena, mas 6 menos honda; en los que hubiere venas delgadas, ó mas hondas, 6 t il miembro fuere mas gordo, se amarra la atadera mas recio que en los flacos, ó de venas amplías."

Para que mas bien se descubran las venas en I03 brazos que ror sí no parecen, ayuda el que ( ierre bien el enfermo el pu- 3*.o de la mano de aquel bn-.-.o que se ha de sangrar, apretando el dedo pulgar con los demás dedos. O tenga el paciente por un rato antes de la sangría, ya ligada la atadera, uña piedra en la mano con el br&so colgado, y untar el dicho brazo con aceite bien caliente. O aplicar una ventosa grande con bastante llama en la palma de ia mano, que luego aparecerán mas bien las venas; y se puede dejar la ventosa pegada hasta acabar la sangría,

Como se descubren las venas del pié y de la mano.— Cuando se han de sangrar las venas de las manos, 6 de los piés, ó del tobillo, para que parezcan mas bien las dichas venas: se meten primeramente en agua caliente, cuando buenamente se pudiere aguantar, hasta el lugar en donde se ha de sangrar 6 algo mas; refregando las venas dentro del agua y amarrar la atadera tres ó cuatro dedos (en los pies) encima del tobillo, y (en las manes) encima de las pulseras 6 de la muñeca.

No pareciendo la vena. — Pero cuando de ninguna manera parecieren a la vista las venas, se explorarán con el dedo en donda se sintiere inundación, como flujo de sangre; señalar el tal iugar,.con tinta ó con la uña,parasangrar allí con buen ánimo y no con miedo, en particular, en donde no hay arteria ni nervio cercano. Tocante este parágrafo, tengo que advertir; que esto solo queda para el saegrador ya ejercitado sol o que sja muy precisa la tal sangría, porque cualquiera otro so expusiera á algún absurdo.

También es muy de notar, para los que no están ejercitados en sangrar, que atiendan de no picar en lugar de la vena, alguna arteria, nerrio ó tendón; para lo cual servirán las distinciones siguientes:

Distingüese ta vena de la arteria, porque la vena es mas blanda; y no tiene movimiento de pulso, como lo tiene la arteria, la cual es algo mas dura que la vena; y se siente dar unos ge^peci tos corno la arteria, que se toca en las pulseras de las manos.

Los nervios y los tendones se distinguen de las ven.is, por a dureza de ellos; y que en ellos no se percibe ninguna inundación, como flujo de sangre, según patentemente se percibe en las ves as.

Nota de la? arterias.— Y por cuanto algunas veces, por la mucha compresión de la ligadura, se oprimen las arterias que no se halla movimiento en ellas, conviene, antes de la ligadura, reconocer en qué parte o lado se halla, ó sitúa la arteria para huir de ella al tiempo de la sangría.

En las véaas del brazo, que de ordinario se sangran en la sangradera [que llaman] son tres; la una que está algo alta en el brazo, que llaman: la vena de la cabeza, y es la Inas segura para sangrar, porque no tiene inmediatamente nervio, ni arteria. Otra vena hay en la parte mas baja de la sangradera, y esta se llama: la vena del arca, 6 la vena del hígado 6 la vena basílica, todos estos tres nombres tiene dicha vena y debajo de ella se halla comunmente la arteria.

Estas dos venas, la de la cabeza y la del h'gado se juntan en medio (cerca de la juntura del brazo) en una, la cual se llama: la vena común, ó la vena de todo el cuerpo, ó la vena mediana; y ésta tiene comunmente debajo de si, un nervio.

Como se hace la incisión de la vena.—Observando estas diligencias, cogerá el sangrador con una mano el tal miembro, que se ha de sangrar, ya amarrado coa la atadera, como queda dicho teniéndolo derecho y fijo de tal manera que con el pulgar de dicha su mano afiance juntamente la vena que quisiere sangrar, luego tendrá el sangrador con su dedo índice de su otra mano la vena si es inconbtante, 6 si se menea en tal caso subirá algo mas él dicho pulgar, asi á la atadera con el cual estaba afianzando la vena para asegurarla mas, 6 para este mismo fin aplicar otra atadera tres ó cuatro dedos mas abajo de la sangradura, eomo algunos sangradores lo suelen hacer.

Asegurada la vena tomará la lanceta coó los tres dedos primeros que no salga mas la punta de la lanceta, de lo que conocerá ser bastante para alcanzar bien la vena; y asentada la mano sobre el dedo pequeño con la cual mano ha de sangrar i-in apresurarse impelerá la lanceta suavemente cuanto b. stare.

Las venas que de ordinario se sangran fuera de lastres susodichas del brazo son las de las mano3 y de los pies y otras cuyo modo desangrarse diria en breve.

Las venas de los pies que comunmente se sangran son dos en cad# pie una que llaman del tobillo ó del lado interior del pié, la otra en el empeine del pié algo mas arriba de los dedos pequeños cual mas se pareciere y esta dicha vena en el pié izquierdo es la vena Saphena ó la vena del Bazo y del pié derecho sobre el empeine se liema del Hígado.

En las manos se sangran otras dos la una que se llama, la vena de la Cabeza y se sangra por el dolor de la cabeza y es la vena que mas se parece así á la muñeca de la mano entre el dedo pulgar y entre el dedo índice. La otra vena que también comunmente se sangra es la vena sálvatela, 6 del hígado la cual se halla sobre el empeine de la mano derecha y es la que mas se descubriere hácia en medio entre el dedo pequeño, y el dedo del anillo. Y otra dicha vena correspondiente (según el sitio) á esta, se halla en la mano isquierda, que se llama la vena del bazo.

Todas estas venas de los pies ó de las manos se han de sangrar en agua caliente, como arriba queda dicho.

Hay otras venas que no tan de ordinario se sangran, como es la de enmedio de la frente, otra en la punta de las narices otra debajo de la lengua; estas y otras venas (de la garganta para arriba) se sangran haciendo ligadura con una faja ancha y suave por el cuello cuando buenamente pudiere aguantarlo, así se apretará dicha faja para que se descubran bien las dichas venas, y cuando con esto no se descubrieren bastantemente, so amarrará también una venda encima de los ojos. El modo de sangrar la vena de la frente será teniendo la lanceta derecha un ñío de ella arriba y el otro abajo.

Vena de la punta de la nariz.— El modo de sangrar la vena de la nariz hecha la legadura dicha meterá el sangradora! P-iciente dos dedos de la mano izquierda por las narizes, al-

zando hacia arriba y tomando la lanzeta delgada con la mano derecha, y los filos hacia las orejas se hará la sangría por medio de la división, que hace la nariz de dos ternillas en la misma puníade la nariz. En comenzando á salir la sangre se aflojará algo la faga de la garganta, y si se ha puesto la venda de los ojos se quitará de una vez.

Otras venitas se hallan dentro délas ventanas de las narices y se sangran algo mas de ordinario, al modo sigisnte: Amarrase la faja por el cuello como queda dicho; y con un cañón de ave algo blando, el cual se corta por arriba en Cruz ó en forma de una roseta. Sentado el paciente, mismo úotra persona refriega dicha roseta, metida en las ventanas de las narices al modo de na molinillo (pero suavemente) hasta que comience á salir la sangre, ei-itoaces se afloja la faja del cuello.

Para sangrar las venas de debajo de la lengua, se f¿ja el cuello, como queda dicho y se juntan dos palitos redondos al modo de inordacita, se volteará la lengua para arriba, para descubrir bien las dos venas de bajo de lengua y se hace la incisión .con la lanceta hacia lo largo de las dos venas sangrando cada vena por si de esta manera y se deja salir la sangre que se quisiere quitando luego la faja del cuello, j cuando bastare la sangre para que cese de correr tomar en la boca un poco de agua fria.

Vena siática.— lOtva, vena que se sangra contra los dolores de la siática, esta se halla en las dos piernas de la parte de adentro hacia la pierna compañera, en un lado de la pan tortilla, su ligadura se hace debajo dé las corvas después seiba" ña la pierna con agua caliente, y se sangra al modo ordinario.

De la cualidad de la incisión de la vena.— La incisión ó la abertura de las venas se hace, ya mayor, ya menor, como en

las Tenas grandes se hace mayor incisión que en las pequeñas. También se hace incisión mayor cuando se quiere evacuar la sangre grumosa, gruesa, viscosa 6 melancólica y en tiempo frió. Y delgada se hace la incisión ó la abertura de la vena, cuando se quiere reveler para detener otro flujo de sangre, como la de las narices, de las almorranas ó de los meses y semejantes; también se hace la incison delgada en los que desvarían, por cuanto con la inquietud que tienen, sin advertirlo, no desaten la ligadura.

Varios géneros de lancetas.— Para cada género de estas incisiones tienen los maestros varias lancetas, como son: en forma de hoja de olivo, que es para venas gruesas y descubiertas; otra más delgada que llaman punta de espinaza, para los brazos gruesos y de mucha carne, y otras que llaman pico de gorrión y que sirve comunmente para hacer fajas.

La sangre se recoge para ver su cualidad. —Y volviendo otra vez al punto, cuando ya impelió la lanceta el sangrador, según la incisión necesaria de la vena, [como más arriba queda dicho] saliendo la sangre, se aflojará la atadera de arriba para que con más facilidad pueda correr la sangre, la cual, para distinguir su cualidad, se recoge en una ó dos escudillas. Y la atadera segunda de abajo de la sangría, si se hubiere puesto, se quitará de una vez.

Sangrar á pausas.— Cuando conviene sangrar á pausas, corriendo la sangre al tiempo intermedio, se tapa la cisura de la vena por un rato, con un dedo; y luego, de golpe, se vuelve á dejar correr la sangre, repitiendo tales pausas según lo requiere la enfermedad: con estas pausas, á más de que sale la sangre impura, también se mantienen mejor las fuerzas del enfermo.

Defectos en salir bien la sangre por razón de grumos.— Saliendo bien la sangre se atenderá á que salga la cantidad proporcionada, según la enfermedad y las fuerzas del paciente,

Cuando se detuviere el curso de la sangre, por oponerse algún grumo, se facilitará meneando el enfermo con alguna fuerza todos los dedos de la mano, 6 fomentando la cisura de la vena con agua caliente. Y cuando saliere la sangre Aojar mente, por ser la cisura muy pequeña, se abrirá algo más por razón de la incisión.

Hinchándose la vena por la incisión pequeña.— Cuando por la incisión muy pequeña, se hinchare luego la región de la cisura, sin poder salir la sangre, conviene desde luego desatar lo atado y que por si salga la sangre que se quisiere, por buen rato; después se amarrará un pañito mojado en agua fria; y siendo precisa Ja sangría, se sangrará más arriba ó más abajo de de dicha cisura.

Detención del curso de la sangre por los desmayos, y sus señales.—Suele no correr bien la sangre por la flaquera ó desmayo del paciente, cuando se pone pálido, por bostezos y estiramiento, por desvanecimiento de vista, zumbido de oidos, inmutación del pulso; por las variaciones del mismo pulso, de veloz en raro, de fuerte en débil y oscuro, de grande en pequeño, de igual en desigual, y es de insignes médicos atender al pulso y á la cualidad de la sangre mientras corre.

Desmayo por nimia evacuación de sangre. — Padeciendo el paciente en el tiempo que dure la sangría algún desmayo, por rHzon de la mucha sangre que sale, es necesario que cuanto antes se cierre la sangría, porque corre riesgo de perder la vida, y se le ha de confortar con lo siguiente:

Desmayo por el miedo.-— Cuando es por el miedo [que algunos tienen á la sangría] y se desmaya, recostarle en la cama y rociarle la cara con agua fría 6 refociladlo con cosas de buen olor aplicadas á las narices, no siendo mujer sujeta al mal de ¡enadre, Darle á oler vinagre fuerte 6 vino generoso, j si a©

bastare esta diligencia, provocarle suavemente al vómito, metiéndole en la boca una pluma mojada en aceite; con cuyo vómito, ó con la irritación el vonieto te aparta lo que molesta al corazón. Vuelto algo en sí, confortarle con una tacita de sopas ó con un í ragüitórie bnen vino [no oponiéndose la en anfermedad presente ó el hastío que tenga de él el enfermo ú otros medie amentos confortativos que se hallarán- en el cactulo 30, del libro I del Síncope.