Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 14 de 16
CAPITULO XLVI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XLVI
DE LA. DISLOCACION DEL COBO.
Señales de cual lado es la dislocación.— Dislocándose el hueso d i codo, si están á la vista las señales, de cual lado está dislocado como saliendo el hueso á la parte anterior que es el lado de la palma de Ja mano, entonces no se podrá doblar el brazo.
Y saliendo á la parte posterior que es la opuesta de la susodicha y corresponde al lado del empeine de la mano, entonces no se podrá abrir el brazo.
Y cuando se dislocare el codo para la parte silvestre, que es el lado de afuera, se percibirá el tumor en ella y un hueco en la parte doméstica que es la psit^ h cia el cuerpo. Y al contrarío se hallarán las dichas señales cuando fuere la dislocación á la parte doméstica que.es el lado de adentro hácia el cuerpo.
Pronóstico. — La mas peligrosa dislocación, es cuando sale á la parte posterior y también son peligrosas las otras, cuando
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no se acude temprano y les sobrevinieren graves accidentes.
Reducción de la subiuxaeion ó de haberse desgobernado
codo. — También en el codo se ofrecen subluxaciones, ó no total dislocación del codo, ésta es mas fácil de ser reducid** á su lugar, lo ctaal se consigue estendiendo el brazo moderadamente y luego con solo doblarle de frente que toque con la palma de la mano en el hombro.
Reducción de la dislocación anterior del codo.— La perfecta dislocación saliendo el hueso á la parte anterior necesita de mayores diligencias y se hará la estensioa de esta manera: una persona robusta cogerá el brazo cuatro dedos mas arriba del codo con sus dos manos, y tirará el brazo hácia el hombro; y al mismo tiempo tirará otra persona fuerte cogiendo el brazo cuatro dedos mas abajo del codo, hácia la mano con la violencia necesaria, y no mas.
Hecha la estension necesaria, procurará otra persona [la que fuere mas entendida] con la palma de sus manos, reducir ¡el hueso á su asiento impeliéndole hácia la parte posterior. Y no bastando h¡s palmas de las manos se aplicará sobre la eminencia del hueso, un palo redondo envuelto en un paño, con una mano lo apretará contra la dicha eminencia y con la otra guiará la mano del paciente hácia el hombro, como que toque con la palma de la mano el hombro.
Reiuccion de las otras especies. — Las otras especies dichas de las dislocaciones del codo, se reducen solo con la estension del brazo [como queda dicho] y con impeler la eminencia del hueso salido, á la parte contraria.
Cura del hueso reducido.— Reducido el hueso á su lugar aplicar la cataplasma ó emplasto, como en las otras dislocaciones antecedentes queda dicho, en este caso solo se advierte que la ligadura sea de manera que el brazo se pueda colocar
6 situarse con una venda sobre el pecho, colgada la yenda del cuello, de un hombro.
La cura no se removerá sino cada cuatro dias, no ofreciéndose algún nuavo accidente; después de quince dias que se afirma la articulación, se aplicará uno ú otro de los emplastos confortativos, dichos para este fin en el capítulo 41, de eite libro.
Cuando solo el radio ó la canilla menor de la pierna ó del brazo se ha dislocado á unoáe los dos lados, se reduce haciens do buena estension del miembro, y al mismo tiempo con las palmas de las manos [del que hace el oficio de cirujano] se impelerá á su lugar, aplicando la cataplasma 6 emplasto arriba dicho en las otras dislocaciones.
CAPÍTULO XLVÍI.
DE LA DISLOCACION DE LA MANO Y SUS DEDOS.
Señales.— Todas las articulaciones que se dislocaren de la mano y de los dedos; se conocerán por las señales comunes , como por la eminencia de la parte en donde se halla el hueso dislocado y la cavidad de la parte contraria y el no poder ejercer sus movimientos.
Pronóstico.— Su cura de estos es fácil en reducirlos, y por io mismo carecen de riesgo; solo siendo algo antiguas, es mas difícil su reducción.
El modo de reducirlos, es haciendo una poca estension del miembro dislocado', y con el impulso de las manos de otra persona ó del mismo paciente, se reducirá á sujugar.
O para mas fac lidad, se pone la mano del artículo dislocado sobre una mesa ó tabla llana, cejando la eminencia del hueso dislocado á la parte de arriba; haciendo una leve estén" ; ion del miembro dislocado y con la compresión de la mano del cirujano ó de otra persona kácíambsjo, se reduce el hueso asu asiento; y cuando no bastare la mano, se vale el cirujano del pié descalzo, haciendo la compresión del hueso dislocado con el carcañal defpié, y lu-go usar de los emplastos ó cata" plasmas dichas en otras dislocaciones antecedente s.
r>u cíen tomos
CAPITULO XLVIIÍ.
DE LA. DISLOCACION DE LOS HUESOS DEL ESPINAZO.
Señales de la dislocación de los huesos, vértebras del cuello -—El eado liueso, 6 articulaciones del espinazo desde el cerebro hasta el hueso sacro, que es la rabadilla, se llama en latía vértebra; y dislocándose una vértebra¡de las del cuello se conoce por el dolor y que el pachte no puede í regar, al modo corno si fuera garrotillo, y también se conoce de la desigualdad de la espina debajo del cerebro 6 de la garganta.
Redúcelo •! y cura . — .K edúcense las dichas vértebras del cuello, teniendo la cabeza de.1 paciente el cirujano como suspendiéndola entre sus (los manos, apretando al mismo tiempo otra persona la vértebra dislocada que está alta, meneando así mismo dicho cirujano con sus dos manos la cabeza como ai rededor al mismo tiempo basta reducirlo á su lugar. Después se ponen los emplastes 6 cataplasmas al modo dicho en las dislocaciones antecedentes.
Dislocación de las vertebras de la región del pecho, y su serUles.— Las vértebras ó h esos del espinazo de la región del pecho dislocados se conocen por el dolor y la dificultad dé la respiración; se reducirán poniendo al paciente boca abajo en un lugar plano, pasando un paño largo como paño de manos, por los dos sobacos de los hombros dando con ello dos vueltas, y de ios cabos de dicho paño tirarán unos y de
las piernas igualmente enlazadas sobre las rodillas con otros buenos paños ó fajas, tiran otros fuertemente, pero derecho y sin torcer el cuerpo ni las piernas; en tanto el cirujano ú otra persona mas entendida impele con sus manos la vértebra 6 huoso del espinazo dislocado y alto, en su lugar. Y no pudiéndose reducir con las manos del cirujano, se pondrá sobre dicho hueso aito, una tabla envuelta en paño, y apretar la tablilla con un pié impeliendo suavemente. Puesta en su lugar la vértebra, se aplicará la cataplasma emplasto dicho en las primeras dislocaciones en general del* capítulo 43 de este libro. Y envolver una regla de tres dedos de ancho con unos lienzos 6 algodón y aplicada enmedio del espinazo; fajando sobre ella toda la región de las dislocación, y algo mas con paños 6 vendas de un palmo de ancho; y con ello descanse el paciente boca arriba, con buena dieta.
Vértebras dislocadas de la regían del vientre, y sus señales. —Las vértebras 6 huesos dül espinazo dislocados de la región del vientre 6 de la cavidad natural, se conoce de la misma manera por el dolor y desigualdad de la parte, y por los vómitos y cursos que molestan al paciente; y se cura de la misma manera como queda d:cho de la región del pecho.
Pronóstico. — Estas dislocaciones de las vértebras, siendo totales diehas dislocaciones, traen mucho riesgo de perder el sentido de las partes, que de tales vértebras dependen, como mas claramente se verá puesto en el capítulo 6 del libro I de la perlesia, y las más veces son mortales.