Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 10 de 16
CAPITULO XXIV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 5 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXIV.
BE LA IIEENIA Ó QUEBRADURA INTESTINAL.
Dos modos de la hernia y sus señales.— Hernia intestinal 6 quebradura de las tripas es: cuando bajan las tripas á la bolsa 6 escroto; lo cual sucede 6 por relajación 6 por rompimiento. Conócese cuando es por relajación en que las tripas no bajan de repente á la bolsa, sino poco á poco se va apareciendo el tumorcillo, igual cerca de las ingles y después á tiempo baja hasta la bolsa; y cuando se reducen las tripas vuelve á aparecer el tumor en las ingles, el cual ai entrar otra vez tedas las tripas á dentro, al cuerpo desaparece también. Cuando es por rotura 6 rompimiento: se conoce porque las tripas bajan de repente á la bolsa y ei tumor se ve desigual; y esta tal quebrar dura por rompimiento es mas difícil de curar que la otra porelajacion, aun en los muchachitos y muchacho mas en los ya crecidos.
Dieta y cura general de la quebradura ó de la hernia intestinal, es la misma como queda dicho en el capítulo antecedente de la hernia aguosa. No hartar ni llenarse mucho con la comida 6 bebida, excusar todo ejercicio fuerte 6 violento, en levantar peso en brioncos 6 gritos y semejantes.
Cura específica. —En particular necesita esta cura de ligadura buena 6 de braguero ajustado; y reducidas las tripas para dentro del cuerpo, aplicar encima del mimo lugar don»
de entran ó salen las tripas, un emplasto que llaman ad ruptnram ó en ru lugar: tómese del polvo de la sueldaconsuelda y amasarlo coa muy poca trementina y aplicarlo tendido sobre una parte de badana del tamaño de un peso, al mismo lugar en donde volvieron á entrar las tripas y amarrar ó apretar la ligadura 6 el braguero bien ajustado. El emplasto de j ibon de castilsa, cuya compos clon se dirá en el catálogo de los medicamentos, es general medicina para cuantos géneros de quebraduras hay, aunque sean de huesos, y para bilmas muy eficaz.
O tómese de las cochinillas que humedades se hallar», una porción deelUs; rosiarlas <on vino y encorporarlas con un tactito de trementina y aplicarlo al modo dicho. También hace buen efecto infundiendo en aceite de almenaras dulces dichas cochinillas y puestas al sol por unos días; luego untar con dicho aceite todo el lugar y al rededor de ó;; per o después de estar reducidas las tripas para dentro de! cuerpo y apretar el braguero,
O an lugar de este aceite fomentar dicho sitio [reducidas las tripas] con tal cocimiento: Tómese cáscara de granada; de la flor de granada, de los capullos de las bellota?, de las agallas del ciprez; de los que de estos se. h liaren, se pesarán tres on- «as y del alumbre crudo se tomará en peso de dos tomines de rosa seca y manzanilla dos puños; coceilo todo moiido y martajado, en cuatro cuartillos de la agua, en que los herreros apagan el hierro ó acero, hasta consumirse como la mit d; y con unos paños mojados en este cocimiento bien caliente, se fomentará ó bañará el dicho lugar por buen t'euipo, renoyaa" do y calentando más veces lo.s dichos paños.
Después del fomento ee aplicará uno de los susodichos emplastos ó bilmas, ajustando encima niuy bien el brrgucro;y estarse soregado por dos semanas ó más en la cama bocarriba y algo mas alto las asentaderas que lo demás del cuerpo; usando de ayudas suaves y emoliente©, puestas en el catáloge de los medicamentos, para cuando £ altare ti régimen natural»
198 BIBLIOTECA MEXICANA
Endurecidas tas tripas salidas. — Cuando acaece que en las tripas que bajan á la bolsa, se endurecen la?heces: lo cual se conoce por no haber reg'do del cuerpo por dos 6 tres dias, y ¿■^rabien por la mucha dureza de Ja parte; no conviene por entónces hacer fuerza, para la reducción de las tripas á su lugar sino echar ant^s unas ayudas emolientes; y cuando estuviere tan endurecido, que ni ayuda ,ce pueda recibir: fechar unas pelotillas 6 eslillas 6 fomentar la parte endurecida con cocimiento de las yerbas emolientes como es: malva, trébol y un poco de manzanilla cocidos eo el caldo de tes tripas 6 menudos de cualquiera anirunl comestible ó en caldo de la olla; moderando dicho fomento que e-té algo más que tibio y procurar después del fomento sufieiente, con las manos calentadas en el mismo cocim eüto, re'ucir las tripas á su lugar.
Con inflamación.— Lo mismo se ha de atender: cuando hubiere alguna inflamación en la tal parte, estando salidas las tripas; la cual inflamación se conocerá por el dolor, rubor y ca.'or, que se halla en tal parte y con calentura. En semejante caso se pondrá tal emplasto: tómese harina de cebada dos pullos y salvado del trigo remolida un puño; aceite rosado 6 mantequilla fresca lavada, como dos onzas y con vino aguado cuanto baste para reducirlo en forma de emplasto; aplicar de este emplasto tibiesitp, sobre la parte inflamada y sobre las ingles; pues digiere, repele y conforta.
Con veotosidd.— Resistiéndose para entrar las tripas por muchos flato? 0 ventosidades; lo cual se conoce del gruñir las tripas y nel dolor tensivo sin peso; fomentar calientito tal tumor con unos paños mojados enlejía fuerte en que se había cocido i a semilla martajada del comino ó del inojo ó encino en que cuesa inojo y alucena.
DE CIEN TOMOS 199
CAPITULO XXV.
DE LAS BERRUGAS CLAVOS Y CAL 03.
Señales de las berrugas sésiles.— Las berrugas cornunm ente se reducen á tres géneros, las unas se llaman Sésiles o hormigas así por el color algo denegrido, como por el dolor que al refregarlas, es como de una mordedura de hormiga; sus se» ñales son: que están algo levantadas y por la. parte inferior son latas 6 anchas y por la parte superior tenues ó delgadas sin aspereza; que crian algunas veces uno 6 más peles e ácima y nacen por la mayor parte en las manos o en los piés y se originan de humor melancólico.
Señales de las pensiles.— Otro género hay de Verrugas, que llaman pensiles^ por cuanto tales berrugas son algo largas y gordas de cabeza y dependen de un pie tan delgado, como una cuerda 6 hilo levantadas algo sobre el cútis, de igual color del cútis; redondas sin dolor y al tacto blandas, que se originan de ia pituita gruesa.
Señales de los clavos.— Otro género de las berrugas llaman clavo y se asemeja á las corrugas sésiles y son unes Verrugas blancas, redondas, quo tienen su cabeza aplanada y ancha como de un clavo; su raíz en la carne está delgada y hondanacen comunmente en los dedos ó plantas de I03 pies y motivan notable molestia al andar y algunas veces se exasperan,
200 BIBLIOTECA MEXICANA
que si a llegar 6 tocarlas, duelen como si les entrara un clavo; estas causa el humor pituitoso ó melancólico pero más seco, que en las otras berrugas.
Dieta y guarda.— Ea cuanto la dieta, guarda y otros medicamentos preparativos ó evacuantes, no necesitan las berrugas no siendo de las malignas 6 gálicas.
Cura específica de las pensiles.— Las berrugas pensiles se curan con más facilidad, al modo como se curan otros tumores que cuelgan, como de una cuerda 6 hilo levantados sobre el mismo cutis; con solo amarrarlas con un hilo de seda 6 de cerda de caballo y renovando los dichos hilos 6 cerrándolos algo más de cuando en cuando, hasta que por sí se caigan; por cuanto con tal ligadura se les quita, el que les acuda su sustento de que se mantienen y fomentan.
Cura de las sésiles.— Para extirpar las berrugas sésiles en particular unas chiquitas que suelen salir en la cara 6 en las manos, es bueno untarse con el zumo de la raíz de la yerba golondrina ó martajar la misma raíz y mezclado con un poco de unto aplicarlo 6 aplicar ínoscal tlatemado y martsvjado; continuando algunos dias con ello. O untar dichas berrugas con la 3angre de la lagartija 6 con leche de la huiguerilla 6 amasar con'vinagre fuerte el estiércol de cabras 6 de buey y ponerlo encima de la berruga 6 con ceniza de la corteza del saus ea vinagre 6 untarlas con la hiél del chivo.
Las dichas berrugas sésiles que fueren rebeldes 6 añejas, sajarlas primeramente algo alrededor con una lanzeta 6 cuchilla, que sude una poca de sangre y luego ponerle un polvito de azufre 6 de la alcaparrosa, amasado con vinagre fuer. IQ en forma de pastülita renovando á veces dichas pastillitas* Más eücáz será el polvo de la alcaparrosa ántes algo quemada 6 ea su lugar del cardenillo un poco quemado y con vinagre amasado y aplicado al modo dicho. ■■' Cáusticos potenciales. — O topar las tales berrugas rebeldes ání es algo sajadas) con un pincelito 6 palito, mojado en agua
fuerte de los plateros ó en el espíritu de vitriolo si lo hubiere; ó ponerle otro cáustico de les que se ponen para abrir fuentes, en el catálogo de los medicamentos los cuales cáusticos se amarran encima de las berrugas, sin que toquen mis que sola la berruga. Y usando de los cáusticos inertes 6 de la alcaparrosa ó del cardenillo; es menester atender á que no haya nervio ó arteria muy cercana á quien pueda dañar tal cáustico y fuera de eso conviene ¡siempre, poner al rededor un defensivo como son: unas kojas martejadas de la yerba mora ó de lantén ó de la clara de huevo batida, mojando en ella unos liencesitos. O untar la circunferencia de la berruga, con manteca lavada y mezclada con un polvo de albayal* de, ó del bolo, 6 de la creta.
Cáuteiros de fuego.— También se» consumen tales berrugas con cáusticos actuales ó con cauterios de fuego, como: aplicar una lámina agujerada, por cuyo ag jerito solo aparezca la berruga y con un botón de fuego ó algún c-avo catiente, toparla suavemente varias veces y- untarla después, con unto sin sal 6 manteca.
O en lugar de esto, procurar clavar bien la punta de un alfiler en la misma berruga que quede allí algo clavada; después arrimar á la cabeza del alfiler un • vela enceudida á que por la cabeza se caliente todo ei aiñler; y de esta manera se causticará con menos aparato, aguantando algún tiempo el calor, cuanto se pudiere buenamente.
También se caustica la berruga, acercándole un tizonsito 6 un puro del tabaco bien encendí lo, sin topar con la braza á la misma, aguantando un dolorcillo como sise clavara una aguja, repitiéndolo algunos dias. O quemadla con pajuela de azufre encendida.
Cura de los clavos.— Para curar los clavos, se cortará áníes lo duro que nace encima como un callo, para descubrir la raíz sin que tal separación haga sangre lo cual más fácilmente se conseguirá, teniendo la parte en donde está el callo al*
gun tiempo en agua caliente 6 en cocimiento do malvas 6 trébol. Quitando ya lo duro se amarrará encima del mismo clavo la ceniza de! estiércol quemado de la gallina, amasado con miel virgen, renovándolo vsrias veces por muchos dias, por cuanto comunmente tienen muy hondas sus raízes y no puede el medie ¡mentó penetrar sino poco á poco. Y lo mismo se observará, usando de las curas siguientes.
O tómese en lugar de lo susodicho, ceniza de las cascaras del sauce amasada con vinagre fuerte y aplicarla al modo dicho, amarrando encima la telilla interior, que suele tener el unto sin sa', para qvie mantenga blando el cútis al rededor. Tamben es buena para loa clavos limpiados del callo por encima, la orina del perro aplicando luego encima cera de campe he con un polvo de azírcon mezclado. O amarrar unas cochinillas martajadas 6 machucadas encima del clavo limpiado del callo.
Para las berrugas gálica*, se podrán usar estos mismos medicamentos, segua más 6 ménos rebeldes fueren que comunmente son de la especie de las berrugas sésiles; pero conviene primero usar de la zarza y de medicamentos purgantes, como se verá en el cap. 17 del libro II del morbo gálico. Así mismo se curarán las cr -stas gálicas.
Contra los callos.— Los callos son una cierta dureza 6 eminencia del cútis endurecida, unas veces redonda, tiesa, de color blanca, sin dolor y no tiene raíz para dentro, como lss berrugas ó clavos, que comunmente nace en las palmas 6 dedos de los pié í y m-nos; q e ee originan del mucho y continuo trabajo; el cual callo se consume con los mismos medicamentos puestos contra el clavo. O amarrar con un pafiito una parte de sábila soasada 6 de siempreviva, quitándole el, pellejito y continuar con elio. También lo mitiga y ablanda aplicad t sola la telilla interior del unto sin saló el jabón remojado.
Por no hacer oapítulo aparte, se añade aquí el tumorcillo
DE CIKH TOMOS
qu© 39 ofrece en los párpados de lo» ojos, que en latín se llama hordeolum, por la semejanza que tiene con el grano de la cebada, que en latía se llama hordeum. Comunmente está dicho grano ó tumorcillo blando y tratable, quede ordinario nace de materia cálida y no tiene riesgo, pues sin medicamentos se resuelve unas veces.
Se fomenta para curarlo, con el cocimiento de cebada 6 con un poco de manzanilla cocida; ó se pone un poco de migajtn de pan modera lamente caliente sobre el grano. O de la cera blanca algo caliente. O de la levadura mascada de un hombre en ayunas.
Cuando dicho grano madurare, se unta con injundiade gal'ina y talida'la materia, se unta ron miel virgen y se aplica encima cera nueva, sola 6 mezclada con polvo de acíbar y atutía.
DE LAS HERIDAS-
CAPITULO XXVI.
ALGUNAS ADVERTENCIAS DELAS HERIDAS.
Habiendo de decir algo de las heridas, que son solución de continuidad reciente, ó llagas frescas sangu no!entas;\2iS cuales, así como frecuentemente se ofrece, así mismo es muy común; y por las experiencias muy sabida la cura de ellas; en particular, por cuanto Dios proveyó á estas tierras de inuraeiables, y muy eficaces plantas, yerbas y bálsamos muy saludables, que á cada paso, como dicen, están hallando los moradores de ellas, para curar h ridas 6 llagas frescas.
Por lo cual ma pareció seria bastante, apuntar soiamenie algunas circunstancias ó advertencias, que Re han de observar en la cura da las heridas ó llagas frescas,
Primeramente es necesario, rara que se unan, y junten las heridas, sacar ó limpiar de ell; s, ¡as cosas extrañas, que dentro de las heridas se hallaren, como: pe!o, tierra, grumos de sangre ó alguna parte del instrumento, conque sehizofaherida, lavando la herida cqü vino caliente, ó con cocimiento da romero, ó de salvia, ó con el zumo de maguey ó cardos
DE CIEÍJ T0MO3
ó de los órganos soasados debago del rescoldo. Y en esto conTiene atender (haviendo mucho flujo de sangre por la herida; el no hurgar por entonces mucho la herida por limpiarla; ó dejar de limpiarla hasta la segunda 6 tercera cura.
En particular importa mucho el atender, si la flecha, ü otra arma, se halla en la región del corazón, ó en los sesos, ó en otra parte mortal; el que de ninguna manera se saque, ha&ta tanto, que se halla dispuesto con el enferpio, en cuanto Jos Santos Sacramentos, y lo demás; porque apenas se saca tal arma, cuando comunmente se muere el herido.
En cuanto á los puntos, 6 costura; scio siendo la herida profunda, 6 que tenga los labios muy apartados, es conveniente dar puntes, como también en donde no cabe la ligadura, como en heridas de horeja, 6 cara; las heridas pequeñas no necesitan dar punto?.
Para dar puntos se observa, que los puntos han de coger alguna parte de la carne con el cütis, y que de un punto á otro, haya distancia del ancho ds un dedo» con ceda no muy torcida, y alga encerada: de allí á pocos dias (estando unidos los labios, que se conoce, cuando la costra, da antes, tirautej se afloga) se corta el hilo5 y se saca con cuidado, de que no se renueve la abertura de los labio?, los cuales comunmente se unen, al tercero ó cuarto di?i5 Cuando se dejaren los puntos, más tiempo, tanto que hicieren materia, quedará señal de ca* da punto, lo cual se hade procurar excusar, especialmente en la cara.
Adviértese} que cuando los labios de la herida, estuvieren muy dolorosos, y mucho más, hallándose inflamados; y cuan» do hubiere con la herida gran tuaiorj como flemonj 6 edema (el tal tumor se ha de curar ántes> según su propio capí* tulo) no se dan los puntos, hasta cesar los dichos accídeut s* También no se dan puntes, en las heridas, 6 mordeduras do ponzoña; y tampoco, cuando hubiere a'gim hueso bescubierto
0 nervio toldo»
D&cjos los puntos, se ponen sobre ellos, unas hilas mojadas con «lara de huevo batida, mezclado con polvo de arraygan, 6 de rosa seca, ú otra planta conocida, para las heridas, y llagas frescas; y por encima un cabezalíto de lienzo, amarrado con su venda,
Lo que t©ca á las vendas, para las ligaduras, habiendo para escogf-r; elíjase el lienzo, ni muy viejo, ni muy nuevo; y sean bastante largas, para que aleanzen, no solo sobre la herida, sino también algo más de uca, y otra parte.
El ancho de la venda se varía según el sitio en donde se ha" liare la herida, para las heridas de la cabeza, pecho, 6 vientre, será uu palmo de ancho; para i s brazos, euatrodedos; y para los muslos,. seis dedos.
El modo de apretar las ligaduras.— En el molo de apretar las ligaduras, se observa que no sea tan floja que se caiga, ni tan fuerte que ocasione dolor: y ménos vueltas de venda se han de dar en el verano (por no calentar) que en el invierno. Y cuando la herida no es profunda, sedarán las vueltas de la venda sobre la mi ma herida, aigo más apretada que en una y otra parte; pero cuando la herida fuere honda ó cavernosa, para expeler las materias contenidas, entonces se aprieta la venda algo más do aquella parte en donde se detuviere la materia, y sobre la herida no se aprieta tanto pa» ra dar lugar á la materia.
Accidentes de las heridas.— Para defender las heridas 6 llagas frescas de los acciientes, se consigue, untando luego la circunferencia, y no en la misma herida, con aceite rosado 6 con aceite de almendras dulces, 6 á falta de ellos con mantequilla fresca lavada; ó poner unos defensivos de agna envinagrada, por sí sola, 6 con unos polvos de bolo mezclado.
Emplasto .hipocrátieo de harinas.— Del flemón se defiende la herida con poner encima de toda la cura [que son las hilas y unturas] el emplasto hipocrático que se hace de harina de cebada, y de las habas y del migajon de pao, de cada uno psurte* igualo», 4 esto se añade nn polvo de rosa del ojimiel
como la octava parte de todos los polvos, 7 un tantito de vino; y para reducirlo sobre fuego nianzo á punto de emplasto, se añadirá bastante agua de cebe da.
Finjo de sangre en las heridas.— El accidente nías ordinario de las her das es el flujo de la sangre; tocante á esto se ha de observar la cantidad de la sangre que fluye, si ésta no fiere demasiada, debilíando al enfermo, no conviene estancarla jorque con esto se secará más bien la herida y sanará más breve, ni correrá fácilmente riesgo á que le sobrevenga flemón ü otro accidente, quédela sangre deteniia sue'en originarse; por lo cual en las heridas grandes, en donde se detuviere ó no saliere bástame sangre, se socorre con sangrías que revelen [coaao son sangrando las venas de la parte herida distantes y del misino lado] en cuanto lao fuerzas del paciente lo permitieren, en particular cuando s> teme gran dolor ó inflamación, 6 alguna cale- tura. Por elimino fin, en las heridas de los brazos y pie das, se pro.ura exprimir algo la sangre para que sanen más pr< sto.
Para estancar la sangre, que demasiadamente sale, se pone sobre la her da en bastaste cantidad de uno ó m is de fes siguientes, como: polvos de la yerba del rr.anzo, que llaman los médicos valeriana; respaduva de la baqueta; 6 tierra de los pitos; ó telaraña; ú oilin, ó del yeso, ó del esfercol seco de "burro 6 marrano; y no bastando éstos, mezclar con uno de es estos polvos parte igual de la alcaparrosa algo quemada; el último modo de estancar la sangre es causticar con un botón áe fuego las bocas do las venas cuando estuvieren patentes; pero conviene atender y no lastimar los tendones 6 nervios sanos. Puédese causticar con algodón flojo aduelmente encendido, y que quede algo de dicho a!gcdon en la parte.
Entre otros medicamentos es muy experimentado el emplasto di* galeno, que se compone de azíbar, de incienso y de* pe o de liebre quemado, de cada uno partes iguales, todo bien remolido y cernido, se ardasa con clarada huevo batida m
208 BifiLÍOTEdA MEXICANA
forma de emplasto, y se aplica sobre la herida; lo cual tani« bien sirve para estancar la sangre de la arteria herida, ño siendo de las arterias mayores; dicho emplasto es más eficas con la yerba del manzo, 6 a falta de estos ingredientes: tómese del ollin muy sutil y amasado con bastante clara de huevo batida.
Otra fórmula de emplasto para estancar la sangre de las ridas.es: tómese de la flor de harina cuatro onzas del yeso y de la cal viva, de cada uno como dos onzas, todo hecho polvo; amasarlo junto con clara de huevo batida en forma de una masa blanda, y aplicarla sóbrela herida. Para más eficacia, se le puede añadir unos de los polvos susodichos, como es la alcaparrosa quemada 4
También específicamente estanca la sangre de cualquiera herida, 6 parte del cuerpo. Quemar uno ó más sapos en una olla bien tapa i a, y después molidos los sapos en polvo, y puesto dicho polvo en una taleguita, se aplica á la vena de donde sale la sangre; pero se advierte, que no se ha de aplicar sobre la misma herida, sino como cuatro dedos más arriba, Lo mis» mo se experimenta con los huesos de peje mulier aplicados al modo dicho, y con las ranas»
Cuando ss viera alguna vena no más de medio cortada, Sin poder estancar la sangre de ella, en tal caso cortándola toda por entero [para que se pueda recoger un lado, y otro para dentro de la carne] cesará más presto la sangre»
Para el prurito ó comezón en las heridas, es bueno fomentar aquella parte en donde está la herida, con paños mojado3 en agua caliente. Y por más eficacia se fomentará con agua salada algo caliente, y nunca muy caliente»
Para los cardenales ó para la sangre difundida debajo del cutís, que se originan de golpes, contusiones 6 de caidas procurar cuanto ántss envolver ta! parte de ios tales cardenales, con un pellejo recien quita-Jo á un carnero, ú otro animal, como chivo, cordero 6 perro; el cual pellejo ge lia de es-
M OiM ÍOMOS
polvorear ántes que se aplique, con sal de la mar bien remolida; y si hubiere polvo de mastuerzo 6 de arrayaB, se podrá de ello moler con dicha sal; y puesto dicho pellejo, abrigar tal parte con ropa para que sude. Las hojas de rábano marta - jadas solas 6 con polvo de arrayan lo hacen bien.
Habiendo pasado ya unos días que se hicieron estos cardenales; entonces bañar la parte con cocimiento de manzanilla, ajenjos y comino, martajado y cocido en vino aguado, añadiendo al dicho cocimiento colado, un poco de miel y un pu« ñíto de sal.
En caso que los cardenales estuvieren denegridos, y el lugar como muerto de sangre cuajada; entonces [habiendo juntamente mucho calor] fomentarlo con vinagre caliente 6 con agua, en que cocieron unos rábanos y no habiendo mucho calor, se cocerán en vino.
O aplicar calientito la cataplasma ó emplasto siguiente: tómese rábano molido 6 rallado, y del migajen de pan partea iguales y con agua o vino (según más 6 menos calor tuvier@ la parce) cuanto basta se reducirá en forma de emplasto. O moler comino ea polvo, el cual mezclado en cera derretida se tiende sobre un lienzo ó badana para aplicarlo.
Cuando resistieren I03 dichos cardenales á estos niedicamen* tos suele convertirse dicha sangre extravasada en materia; en tal caso con sajador abierta una boca se curará coh el digestí* vo y lo demás, como queda dicho en el cap. 3 de este libro, hasta esrrarse.
Azotados como se curan ^El dicho modo de usyir del pelle-* jito recien quitado de cualquier animal, conduce también pa« ra los azotados. O echarles en las averturas, de estos polvos como: rosa t eca, arrayan 6 romero, ó «Le las nueces del ciprés 0 de la cáscara de granada 6 yerba del manzo.
Para los tumores que solevantan en la cabeza por cotí tu síon como de un golpe 6 caída, sirve también el pellejo recien quitado dé cuatyuter animal como: corderito, carnero. y semejan» TOMO XVI.— P.
tes, solo por si aun cabiente aplicado sobre todo el tumor, bío añadirle otra cosa, porque resuelve felizmente el tai tumor 6 bodoque, sin madurar ni abrir boca, asi en los viejos, como niños: y no bastando una pie), una vez aplicada; repetir apli" cando otro pedazo de piel nueva recien quitada.
Herida ordinaria de la cabeza. — Aunque como al principio de este capítulo queda dicho que hay varias plantas muy saludables, para curar cualquiera herida fresca; sin embargo pondré un modo fácil, de curar una herida ordinaria de la cabeza.
Salida 6 exprimida muy bien la sangre necesaria dé la herida, póngase una mecha mojada en la clara de huevo batida en el lugar más bajo de la herida, para que pueda salir mejor la materia que se recogiere; y luego aplicar encima dos pañitos mojados en dicha clara y amarrarlo con dos cabezales y venda algo ancha como de un palmo, y dejarlo así amarrado hasta el dia siguiente; entonces lavar la herida con zumo de la yerba de golondrina y otro tanto (si hubiere) del zumo de maguey 6 de loa órganos soasados y si necesitare de puntos se darán como queda oieho en este mismo capítulo mas arriba. El bálsamo se hace del zumo de maguey bien asado, echado en i\ doma de vidrio con polvos do valeriana que en tierra dentro, llaman yerba del manzo, bien tapada la redoma y puesta al sol, ó en el estéreo!, hasta que se espese como bálsamo.
Bálsamo para heridas frescas. - Otro bá^samo'se hace cociendo loa dichos zumos de maguey ó de los órganos, con otro tanto del cebo de macho ó del unto sin Sdl añejo y después de consumidos los zumos, colado por un paño se usará de ello en lugar del aceite aparício íí otro bálsamo, para cualquier herida fresca.
Emplasto fácil de componer para las heridas frescas.— O hacer íiel bálsamo dicho un emplasto ó cerote: tomando una par" fe de este balsamo, como *eis o&mn y añadirle dos 0 tres en-
zas del polvo cernido muy sutil, de 3a almártaga 6 de la greí % de ios mineros ; y media onza de la trementina; todo ello yerba sobre fuego manzo en un casito, añadiéndole al fin un pe; á de cera. De este emplasto se tiende un poco según la heric % 6 algo más sobre lienzo para aplicado después do untada 1 \ herida con el susodicho bálsamo.
Con más brevedad cura cualquier herida fresca [antes ble i exprimida la sangre de ella) la jojoba de Sonora; tostándola s a que se queme en carbón y después refregada contra un guij - rro áspero da de sí un aceite prieto con el cual se embebía, unas hilas y se aplican tibieeitas.