Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 11 de 16
CAPITULO XXVII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXVII.
DE LAS HERIDAS 6 MORDEDURAS PONZOÑOSAS,
En las heridas de armas envenenadas 6 en las mordeduras 6 picaduras de animales ponzoñosos 6 de perros rabiosos conviene observar la misma cura, con su dieta y guarda como queda dicho en el cap. 5, de este libro III del carbunclo.
Fuera de esto luego que se halla uno con herida ponzoílosí conviene amarrar 6 hacer buena ligadura encima de la herí da, si ella estuviere en los brazos 6 piernas; para que bo tai fácilmente pueda subir la ponzoña á ocupar el corazón, per no ha de ser tan rucia la ligadura, que entoi pesca 6 amortigu la parte amarrada. Luego conduce sajar la dicha herida alg honda [siendo en parte que so pueda sajar] sin lastimar nej vios, ni arterias o venas y aplicar sóbrelas sajas una ventos con mucho fuego, para que atraiga y saque con la sangre 1 ponzoña; hecha esta diligencia se aplicará prontamente lo qu más bien hubiere á la mano, de los siguientes como: ajos co sal molidos ó cebolla 6 poleo 6 mostaza; ó levadura del pan estiércol de cabras. O lavar la herida ponzoñosa desde lueg con orines, O aplicar el orificio de la gallina ó del gallo 6 c la paloma desplumado 6 pelado sobre la cierna herida ponz
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ñosa y en esta mismo tiempo, taparlas bien con un paño toda la, cabeza que no pueda respirar por la hoca, sino que con esto atraiga el anhélito por el dicho orificio y juntamente saque la ponzoña; repitiéndolo con aves nuevas siendo menester.
Algunos después de haber aplicado la ventosa arriba dicha, por un rato la dejan puesta y luego quitada la dicha ventosa cauterizan toa un botón de fuego ó con varios tisoaes (faltando instrumentos de hierro) bien encendidos á la herida ponzoñosa; por que con su calor consume con buen efecto la ponzoña. También en falta de la ventosa, suplirán las aves aplicadas al modo dicho. O cuando h ibiere a.guna persona que quisiere chupar y sacar la ponzoña de la herida; primeramente no ha de tener llaga ninguna en la boca ni en la garganta; lo segundo comerá antes un poco de la mantequilla fresca 6 se enjuagará la boca y las fauces con aceite ú otro género mantecoso para que no reciba daño. También conduce el cauterizar la herida ponzoñosa prontamente, aunque no se haya paesto ventosa antecedentemente.
Otro modo de corregir ó chupar la ponzoña, q :e de las mordeduras 6 picaduras de animales ponzoñosos" se ha originado es: coger el mismo animal que picó ii otro de su misma especie y aplicarlo muerto y algo machucado prontamente sobre la misma herida: porque atrae para así su ponzoña; y siendo el tal animal grande que hirió pudiéndolo matar, sacarle el hígado y aplicarlo aun caliente sobre la herida.
Muchos otros antídotos ó medidnas contraías ponzoñosas heridas, se hallan por estas tieri as como es: la contrayerba, varias habillas y gomillas, como es una gomilla algo colorada que llaman en lengua opata xua, de la cual hay abundancia en la Provincia de Sonora; en la taraumára es muy alabada la jicamilla de julimes y otras muchas que libran á los heridos con ponzoña de la muerte casi infalible; de todas ellas tiene conocimiento en México un médico hervolario, que asiste imi* pho nuestros colegios de dicha corte.
También de philipinas bienen unas piedras que llaman de la culebra bien experimentadas El uso de estos antidotes 6 & édicinas contra la ponzoña es: ó aplicarlos por sí solo, sobre Ir s tslas heridas levemente sajadas, como es la piedra de philipinas 6 unas habillas que hay; pero la contrayerba, las gomillas y la jicamilla se muele en polvo 6 ?e masca una port 'íoncita de ella y se aplica sobre ia herida; también seda & l eber un poco de ellos para mejor efecto.
Ultimamente según zacuto y la mucha esperiencla, travánCose el enfermo de picaduras de cualquier animal ponzoñoso y ouando otros medie ame a tos no alcanzan, es medicina instantánea aunque sucia, ei excremento humano desleido en í gua y dado á beber, que á la segunda 6 tercera bebida ó porción de ello, se mitigan con admiración los accidentes.
Entre las heridas de los animales ponzoñosos, es la hernia í mordedura de los perros rabiosos 5 de otro animal tocado ¿te rabia, pues cualquiera pequeña herida de ellos, ocasiona 3'ácilmente la muerte; tanto que con sola la espuma de tal pe- : ro rabioso, tocado el cuerpo humano puede en el hombre excitar rabia, mucho más de una mordedura.
Para conocer al perro rabioso se pondrán algunas señales por cuanto de poco tiempo acá solo se han visto rabiar los pe- 3 ros en estas tierras de la Nueva España. El perro rabioso comunmente está como temblando y descompuesto en su andar ton los ojos inflamado?, las orejas colgadas, moviéndolos frecuentemente y ecliando espumas por la boca, hadeando o asesando con la lengua de á fuera, la cual amarillea de colera y aborrece la comida y mucho más el agua aunque con gran s id; seco y consumido de carnes, embistiendo sin son ni ladrio do, ya á perros ya á bestias ya a sus mismos amos; £1 mismo huye de su propia sombra, como también los otros perros por su natural instinto huyen de B.
Aunque el hombre mordido de perro rabioso por aquel poct lempo, no sienta mas dolor que el dolor ordinario, de una
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mordedura ordinaria; después (Id r.ic-, sobrevienen algunos accidentes que indican haber sido £e perro rabioso: como en ponerse todo ti cuerpo colorado como encendido, en particular la cara; ofúscaseles la vista; padecer desvelos 6 sueños turbulentos; enronquecerse la voz, hallarse con extaaordin ria ña_ queza de I03 artículos 6 coyunturas con temblor y palj Itacion del pecho; se entristece sin causa manifiesta, durmiendo crujen con los dientes, despiertos hablan entre sí, buscan retiros y to3o temen hasta á si mismo3. Cuando la ponzoña va penetrando más, llegan á temer el agua [qua casi generalmente indica Í4talUad) lo cual acaece comunmente después de cua_ renta dias desde la mordidura 6 después de dos ó de más mese» en este tiempo también sobrevienen varios y más graves accidentes; como calenturas, hipo¡, pesades del estómago; U orina turbia ó negra, mucha estitiquez del v entre y estrangurio ie no poder orinar libremente, hasta llegar á ladrar como perro, buscando á embestir 6 á morder á los circunstantes. También después de muchos inordenados movimientos, caen como muertos y de allí á un poco, vuelven á las mismas insolencias ha&ta espirar.
Pronósticos.— Tocado el paciente de la rabia, cuando mirando su cara en el espejo; se conoce, hay to lavia alguna esperanza de salud; y lo mismo cuando la herida de la mordedura purga gran cantidad de la materia.
Cura general.— En cuanto la cura de esta enfermeded; importa que sin dilación ninguna, desde el principio se haga to. do lo posible, aunque fuera la más mínima herida ó mordedura de perro ú otro animal rabioso. Procurar el aire templado la comida de fácil concoccion, y no parcamente porque no les conviene estar con el estómago vacío, para que la ponzoña no pase tan fácilmente á los miembros, en lugar del nutrimento. Beber por ordinario agua acerada ó vino [en los que estuvieren acostumbrados á beberlo) ó leche en particular, hallándose el paciente en pocas carnes y mantener buen régimen del vientre. Las sangrías en los primeros dias generalmente
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hablando, no convienen, y después necesitan de mucha circunspección. Las purgas muy suaves que evacúan el humor melancólico, podrán usarse de cuando en cuando.
Gura especifica— Por de fuera sin dilación del tiempo, procurar coger unos pelos del animal rabioso y aplicarlos á la hel rida y escusar de todas maneras el lavar 6 humedecer la taherida con agua. También conducen los antídotos 6 los medicamentos puestos contra las picadrras 6 mordeduras de los animales ponzoñosos 6 sajar la herida [como asi mismo queda dicho arriba en este capítulo) y al rededor de ella, aplicar una ventosa cí n buena lumbre y evacuada la sangre, causticarla ron fuego como queda referido; y mantener abierta la llaga, hasta que toda la ponzoña haya despedido, por cuanto el cerrarla antes es peligrosísimo.
Cuando conviene cerrar tal herida.-— La señal de poder cerrar la tal herida es: poniendo en forma de emplasto nueces grandes martajadas ó mezcladas sobre la herida; ó revolveren la herida 6 sangre de ella, unas migajas de pan y echar l&B dichas nueces o migajas de pan, á las gallinas hambrientas para que las coman y si comiéndolas no se murieren, era señal que no contiene la tal herida ponzoña alguna y se podrá cerrar con medicamentos la tal herida; pero al contrario si se murieren; no se cerrará la tal herida, sino se proseguirá coa los medicameutoi antidótales dichos.
Folvo para los mordidos de perro 6 animal rabioso: tome partes iguales de ruda, verbena, salvia, lantén, tianguis-peperla, estáñate, yerba buena, diaptamo 6 de cuanenepile, de artemisa, mastuerzo, hipericon de lo que de estos se hallare, sacarlo.3 á la sombra 6 ya secos molerlos en polvo y cernirlos; de los cuales polvos se dará en peso de medio tomin ó á gente más robusta, hasta en peso de un tomín ó de tomin y medio; como tres horas antes de comer, en una tasa de caldo con mhl resuelto, repitiéndolo por varios días. De este mismo polvo en mayor cantidad se podrá dar á los animales tocados do ra*
bia; sobre un pedazo de pan 6 ele carao ú otro bastimento propío de tales animales.
A si mismo desde el primer dia de la mordedura, conviene tomar para ayudar á arrojar del cuerpo la ponzoña, como es la piedra bezar, la gomilla xua de Sonora; la contrayerba, la escorsonera, la teriaca, la raíz de la chacana de Nuevo-México y otras semejantes. Y los cengrejos preparados como se dijo arriba en el capítulo 15.
Para las picaduras de abispas; abejas ú hormigas, aplicar un diente de ajo algo martajado 6 unas hojas de malvas, 6 de la ruda fresca, del estiércol de vaca 6 cebo.
CAPÍTULO XXVIIÍ.
DELAS HERIDAS, DE LOS NERVIOS, TENDONES Y LIGAMENTOS.
Las heridas de los nervios, tendones y ligamentos, ion algo más exquisitas, que Us heridas ordinarias, y se ofrecen en ellas accidentes más grav¿s; y para conocer tales heridas, si son de nervios 6 de loa ligamentos, aunque no haya noticia de la anatomía perfecta, se p .ndrán unas señales más generales, para conocer más fácilmente, cuando queda her.do algún nervio.
Señales del nervio herido.— Como: s'ntieudo un dolor intolerable, cq,i pulsación, inüamac on y calentura; y la señal más fija de estar herido un nervio; es la lesión del movimiento, cuando alguna parte del cuerpo, poco ó nada se puede mover, con accidentes, que sobrevienen, como: espasmo óconvulcion que acaecen, cuando tales nervios se estiren hacia su origen.
Pronóstico.— -En \ heridas grandes de nervios, hallándose juntamente buen tumor, y blando, es señal fáborable; porque 10 h^y que temer muchi convulcion ó desvarío; pero endureciendo O desapareciendo tai tumor de repente, corre mucho riazgo de padecer couvuicion. Y cuando está cortado todo el nervio, no hay tanto dolor, ni infiamacion/ni convulcion, pero la tal parte, qu$ dependía de tal nervio, perdió para siempre todo su movimiento.
Cura general.— Ea semejantes heridas grandes, conviene los primeros dias comer parcamente, no beber vino, bino agua de cebad i ó agua acerada; huir mucho del frió, como enemi» g» délos nervios; habiendo mucho dolor: conviene una ü. otra sangría revulso) ia de la parte distante, pero del mismo lado de la herida, según las fuerzas del paciente, aunque no sea muy sanguíneo; procurar el régimen del cuerpo con ayudas 6 calillas, y según el humor vicioso que predominare ea el enfermo; usar do una ú otra purguilla, de lasque se hallaren en el Catálogo de los medicamentos.
Cura específica. — En la cura de nervios heridos, se observa que no se han de unir los labios de la herida; y que cuando fuere la tal herida muy pequeña, que no pueda salir la mat eria, conviene abrirla más (en cruz con lanzeta 6 con fajadof) sin lastimar vena, ni nervio/
La primera cura inme Jiata á la herida de nervios se hace, poniendo ene i mi unas hilas, mojadas con clara de hnevo batida, y algo eníib'ada por una vez, no más; de allí en adelante se le echará en i^herida trementina, ó* del aceite de.beto, 6 del acsite si ,uiente, siempre caliente. Tómese buena cantidad de las lombrices dí la tierra; lavarlas con varias aguas, y al fin con un poco de vino, sin derramar el tal vino, y echar sobre ellas; romero, salvia, y ruda, 6 en falta de estas yerbas, solas las lombrices, freirías en aceite rancio, 6 en un^ to, 6 manteca añeja y colarlo por un paño; á tal aceite colado, como media libra, se añadirá de trementina, como trea onzas; y una onza de polvo del incienso, ó del copal; y después de haber hecho un hervorcillo junto, sobre fuego manso, se volverá á colar por un paño. Y t i aceite sirve para curar todas las heridas de nervios y tendones, echando de ello algo caliente en la herida. Cuando se deseare dicho aceite da mayor eficacia, como para personas fuertes y duras, se le podrá añadir al tiempo, que se le añade al susodicho incienso, del polvo del euforbio, como en peso de dos tomines: ó á fal-
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ta de este polvo, que solo se haya en las boticas, se le añadirá como media onza de polvo de la piedra azufre. Este mismo aceite preserva también de la convulcion, 6 del espasmo, como más abajo se dirá.
Después de la primera cura de las hilas con clara de huevo, en las curas siguientes, se echará del aceite de beto, 6 de "la trementina, 6 por mejor del dicho aceite de lombrices, siempre algo calentado, ántes de echarlo en la herida, y ántes puestas unas pocas hilas, s¿ aplicará el emplasto ó cataplasma siguiente: tómese polvo, ó h'.rina'de habas, y dé las lentejas, partes iguales; cocerlo suavemente £en lejia ordinaria solo cuanto basta, á que quede espeso, como en forma, 6 punto de emplasto, añadiéndole al fin una poca de miel, y unas gotas de buen vinagre, lo cual se extiende en un lienzo, que, coja juntamente, al rededor de la herida alguna parte sana, y para aplicarlo sobre las susodichas hilas, ántes se entibiará •
Atenderse,, para socoirer prontamneteáloi accidentes, que se suelen ofrecer en^Ls heridas de los nervios, en particular se procurará preservarse de la convulcion, ó espasmo: 6 siendo ya tocado de ello, se untará al pa«2iente con el susodicho aceite jle lombrices: la cabeza, el cuello, y todo el espinaso de las espaldas; y estando la herida en la mano 6 brazo; se untará también en el hombro, y el sobaco de dicho brazo; y cuando estuviere la herida en los piés, 6 piernas, se ULtará el empeine ó las ingles; todas estas unturas se hacen algo calientitas.
La inflamación, que suele sobrevenir, se mitiga con el dicho emplasto délas harinas de las habas, y lantejas con bu puntita de vinagre; y poner en parte más alta, y algo distante de la herida, el defensivo ordinario, de agua envinagrada , y polvo del bolo armónico, 6 del bolo común, 6 mezclada la agua envinagrada, solo con clara de huevo batida, puestos unos lienceaitos picados al niodo ordinario.
£1 mucho dolor se sosiega, aplicando sobr8 la cura arriba
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dicha, de los aceites, y hilas, el emplasto del migajon de pan, remojado en la leche de taca» con unas yemas de huevo, j unas hebras de azafrán molidas, añadiéndole al fin [no habiendo inflamación] un poco de aceite de manzanilla, 6 manteca, en que se frieron unas flores de la manzanilla. Para mitigar más el dolor esíe emplasto se le podrá añadir un puñito de las semillas de la adormideras mar tajada de la yerba mora, 6 del beleño, ó un polvito de peñóte.
En caso que no sosegaren los accidentes referidos, siendo solo medio nervio cortado, ó herido, se acabará de cortar del todo el tal nervio, aunque quede la parte á quien corresponde tal nervio, sin movimiento, y sentido, como queda dicho en el pronóstico de este capitulo, por escapar la vida.
Habiendo contusión de nervios, sin herida; se fomentará 6 se untará la parte 1 stimada, con trementina caliente, ó con el aceite dicho de las lombrices, y aplicar encima déla untura el emplasto de las harinas de ias liabas y lantejas, etc. Adviértase por último, que para todo género de heridas en nervios, tendones y ligamentos, es muy seguro el bálsamo de Guatemala.