Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Capítulo real 12 de 16

CAPITULO XXIX

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XXIX.

DE LAS HERIDAS DE LOS OJ03.

Las heridas de los cjos como parte tan delicada, necesitan de diferente método ó modo de curar, de lo ordinario, y por *a comunicación que tienen con el cerebro y sus membranas: suele haber mucho riezgo de padecer delirios, espasmos, y otros accidentes. Y penetrando la herida á las túnicas de los humores, queda ciego el paciente.

Las llagas de los ojos ó las heridas se conocen en que cuando en el blanco de lóí ojos se halla la herida 6 llaga: Entonces se ve colorada la herida; y cuando está la herida en la túnica cornea, la cual cubre la pupilla 6 la niña de los ojos, allí se ve la llaga ó la herida de color blanco.

Guárdese la dieta en comer parcamente, en particular los primeros dias de la herida, excusando el humor, los aires calientes, la luz ó mucha claridad, no beber ni comer cosas calientes con especies 6 vinos; procurar tener buen régimen del vientre, y habiendo inflamación en los ojos, sangrar la vena de la cabeza ó el brazo del mismo lado, según las fuerza3 del enfermo, 6 aplicar sanguijuelas tras de las orejas; también en tal caso conducen ventosas secas 6 sajadas en las espaldas cerca de los hombros; friegas ó ligaduras en los brazos 6 en ios musios j piernas, sxko de la* rodillas abaje; también apro?

vechan las purguitas 6 ayudas para evacuar el humor colérico según se verá en el catálogo de los medicamentos.

La cura específica y exterior, es á que primerame se quiten *as cosas extrañas que hubieren quedado ó caído en los ojos, pero sin exasperarlos más; el modo de sacar lo caido en los ojos, se verá en el libro I al fin del cap. 16. De las fístulas de los lagrimales.

Aplicar desde luego unos lienzecitos picados en forma de defensivos, s jbre la frente, de sien á sien, mojados con clara de huevo batida y un tantito de agua rosada ú ordinaria también se le podrá añadir á dicho defensivo un polvito de bolo 6 barro fino colorado. Tómese del polvo de azafrán en peio de medio tomiu, y media onza de la flor de harina de trigo; amazarlo junto con bastante clara de huevo batida á queque" de en el punto, como suele ser la miel virgen, y aplicar un lienzesito, untado solo por un lado y puesto sobre la frente que alcance de sien á sien.

Dentro de ios ojos heridos se echan de cuando en cuando unas gotas de sangre, sacadas de las alas de la tórtola 6 paloma de la clara de huevo batida, añadiéndole un poco de agua rosada ordinari?, para [que no pegue tanto; y continuarlo por siete ú ochd dias. También es bueno fomentar 6 bañor de cuando en cuando los ojos heridos con cocimiento d© rosa y trévol 6 de las cabezas de las adormideras. Se pone algodón mojado con zumo de lantén sobre los ojos llagados ó heridos y con zumo de la yerba golondrina; y si hubiere alguna inflamación añadirle un poco de clara de huevo batida. También sirve el cocimiento] de las hojas de los membrillos, primero bien lavadas del polvo, y luego cocidas en agua limpia, para lavar las llagas ó heridas de los ojos.

Cuando hubiere mucho dolor en los ojos; entóneos solamente se fomentarán ó bañarán los ojos con leche de mujer mez" ciada con un poco de la clara de huevo antes bien batida.

J*«sando dos 5 tro* dias de la herida, se podrán aplicar uno^

de Jos emplastitos siguientes como: migajon de pan remojado en tanta leche de mujer hasta que quede delgado y leve, con un polvito de azafrán mezclado, y se pone sobre el ojo. Tómese yema y clara de huevo junto, media cuchara de vino tinto; ú otro vino suave de uvas, se bate entre sí muy bien, después añadirle tar> ta harina de cebada cuanto basta para el punto de un emplastito leve.

Ha de observarse que estos dichos emplastos, solo se han de aplicar sobre el párpado de arriba y no cerrar con ellos entreambos párpados para que puedan correr las lágrimas y salir de los ojos: asimismo, se renueven 6 humedescan para que bien secos no ocasionen dolor; tampoco se ha de apretar mu» cho la venda para que no llame más humor.

Cuando se peguen unas lagañas de humores 6 de materia seca, entre los párpados, lavarlos con la leche de mujer recien sacada 6 con la leche de cabra recien cogida.

Después de siete dias de la cura ó de la herida; se toma para secar bien la herida, nrei virgen, mezclada con polvo muy sutil de azúcar candi ó azúrar fina, y un tantito de polvo de azíbar, atutía, se hace de todo es^o un ungüentito delgado, y se unta con ello los ojos 6 párpados de ellos.

Cuando I03 ojos, de un golpe, caida se difunde alguna sangre debajo de la primera túnica de los ojrs, que los latinos llaman sugillaiio, se cura echando en los dichss ojos sangre de las alas [de paloma [6 tórtola, la clara de huevo batida y diada algo tibia en los ojos. Se aplica un huevo duro cocido y aun algo tibio, quitada la cascara y partido por en medio, que la yema llegue sobre el párpado del ojo. O aplicar tibiecito trébol algo marta: ado y en vino aguado cocido. Se íomenta ó ae baña primeramente los ojos, con el cocimiento de alolvas 6 trébol, y luego se aplica tibio niigsjon de pan blanco y algo humedecido con vino suave de uvas. O se aplica el pulmón 6 los bofes recien sacados y calientes, del carnero 6 la cabra.

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CAPITULO XXX.

DE LAS HERIDAS DEL PECHO.

Las heridas del pecho 6 de la cavidad Tita!, que no son penetrantes, tienen la misma cura de heridas ordinarias. Las heridas penetrantes unas son sin lesión de las partes interiormente contenidas, otras con lesión, como son: el pulmón ó el corazón, el pericardio, la vena cava, la arteria aorta, el diapragma; que unas por sí son fatales suelen Jserlo pór falta de cura necesaria; y aunque esta es obra de un cirujano experimentado, pondré aquí algunas observaciones más generales para los que no tuvieren ocasión de dichos cirujanos y para cuando no esté herida alguna parte de suyo, mortal.

Para conocer si la herida del pecho 6 de las espaldas es penetrante, se observan en común estas señales; como cuaado el paciente tiene la respiración corta y frecuente; cuando respira por la herida, al tiempo que al paciente se le tapa la boca y las narices, se pone cérea de la herida una candelilla encendida 6 un poco de algodón flojo, porque siendo penetrante, se bullirá la llama ó el algodón, y esto más bien sucede colocan* do al enfermo de aquella postura como recibió la herida, también es señal de penetrante, cuando sale poca sangre de la herida, por caer ella dentro de la cavidad del pecho; y juntamente se atienden las armas que hirieron; de la& materias que

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caen en la cavidad del pecho, siente el paciente un pezo notable sobre el diapragma [que es una membrana que se halla cerca de las costillas notas 6 últimas, las cuales no se unen en" medio del pecho, como las otras costillas de arriba] con una tos continua, y ¡al boltearse de un lado á otro, siente el paciente como nadar agua, ó humedad de dentro en dicha región. Y aunque se puede conocer la penetración con la tienta, es menester tener mucho cuidado en que no se penetre, lo no penetrado; y para este fin es más suave una candelilla, en lugar de la tienta de metal.

Dieta y cura general.— En la cura de las heridas penetrantes del pecho 6 de las espaldas, sin haber lesión de la s partes interiores contenidas, que de suyo son mortales, se guarda la dieta en comer parcamente solo cuanto basta para mantener las fuerzas del paciente, En los primeros días se excusan las cosas que astringen; porque no cuajen la sangre y ocasionen respiración más difícil; beber de ordinario, agua de cebada cocida 6 con una rajita de canela in fundida y para deshacer los grumos de la sangre que suele haber en las cavidades, se podrá una ú otra vez añadir un poco de vinagre al agua que S3 bebe; también conducen las horchatas de las semillas de melón 6 sandía, como se dice en el cap. 40 del libro I de la destemplanza del hígado. Y para facilitar la respiración y para mitigar la tos, se usarán los lamedores suaves, puestos en el cap. 24 del mismo libro, de la tos. Procurar siquiera cada tercer dia tener régimen del vientre 6 por sí ó con ayudas ó calillas. Y habiendo indicios de calentura sia haber otro impedimenta que lo'estorbe, se podrá sangrar de la vena común 6 de todo el cuerpo, del brazo contrario ú opuesto de la herida, según las fuerzas del paciente; echándose ántes una ayuda emoliente, según se verá en el catálogo. También conducen ventosas secas 6 sajadas, en las asentaderas 6 friegas en los brazos 6 piernas.

Al segundo dia de la cura, se podrá dar 6in preceder jara- ¡t>$& preparativos, ujaa purguita suave uq muy eficaz como 4®

ruibarbo 6 según el humor y complexión del enfermo; como se hallarán en el catálogo de los medicamentos. Después de una purguita aprovechará tomar en ayunas unos caldos de la olla en que cocieron raíces de hinojo, ó de la granas; 6 del espárrago con un tan tito de orozús.

Cura exterior. — Comenzando la cura por de fuera; primero, para evacuar la materia 6 sangre que hubiere en la cavidad, se ha de inclinar el paciente sobre la herida y comprimiéndose con las dos manos el pecho y tosiendo juntamente saldrá más fácilmente la materia 6 sangre y levantando en alto las piernas del paciente, saldrá también la materia raáa baja, de lo que es la herida.

Hecha esta diligencia, bastará para la primera cura, y se pondrá en la herida, una mecha de hilas, del tamaño y grosor de la herida, y que sea blanda y corta, porque no lastime algo de dentro, y amarrada la mecha, con un hilo bien largo, para que si cayere dicha mecha, en la cavidad, se pueda sacar porque de lo contrario era muy peligroso. La mecha que se pusiere, se mojará los primeros dias con sola la clara de huevo batida, y sobre la mecha, se pondrán otros pañitos así mismo remojados en dicha clara. Y al rededor de la herida como por defensivo, se untará con aceite rosado, ó con infundía de gallina, con mantequilla fresca, y lavada con un poco de vino austero, 6 en falta de tal vino, hervir en dicha enfundia, 6 mantequilla, un poco de rosa, manzanilla ó lombrices lavadas, y se amarrará la herida, con una venda han cha de un palmo, como queda dicho en el capítulo 26 de este libro III.

Al tercer día, será muy conveniente buscar un modo con que geriñgar la cavidad de la herida; el cocimiento ó lavatorio, que servirá para dicho geringatorio, será en tiempo frió, 6 del invierno; con una libra de agua de cebada cocida, y con una 6 dos onzas de la miel virgen despumada ántes,y §n tiempo de calor, en lugar d© la miel, ge sustiUürá otxg

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tatito de almíbar hecho de azúcar y agua; y siempre se echará dicho lavatorio algo calientito y después de echado se mueve el enfermo de ^un lado, á otro, para que lave y adelgace la materia de adentro, después se coloca; el cuerpo de manera que salga todo el cocimiento 6 lavatorio con la materia, hecho esto, se volverá á echar con la geringuita otro poco del cocimiento, el cual se deja adentro, para el dia siguinete; para que así más bien unido con la materia, salga en la cura siguiente.

Ál cuarto dia, se mojará la mecha y los pañitos, que se ponen sobre la mecha con el ungüento digestivo conaung de trementina, y yema de huevo co oio queda dieh o en elcapitulo2 de este libro III y se vuelve amarrar con su venda, prosiguiendo con semejantes curas, hasta que salga el cocimiento ó lavatorio, claro como había entrado,

Para encarnar la herida, estando [ya limpia, se geringará en lugar del susodicho lavatorio, con un cocimiento astringente, como: cocer en medio cuartillo de vino de uvas, y dos cuartillos de agua; rosa seca, 6*flor de granada, lantén de J;aíz sueldaconsuelda,ó arraigan, 6 agallas del encino 6 del ciprés, d@ loque de estos ingredientes.hubíere, como cinco, 6 seis onzas y se le añadirá de la manzanilla como media onza, todo junto á fuego manso cocido, hasta que merme cerca de la mitad, colarlo por un paño, y añadirle miel rosada, 5 miel de caña una onza, ó Eüiel virgen para el tiempo frió 6 de invierno; por tiempos calurosos, se tomará en lugar de la miel, del jarabe rosado, 6 del almíbar, otro tanto.

Adviértese, que hallándose limpia la herida de las materias, se irá adelgasando la mecha poco á poco, para que se sierre la herida, y no quede fístula por la demasiada detención de las mechas.

Algunas señales: por las cuales de alguna manera se podrá conocer, que parte interior queda herida.

Dé CIEK T0M03

Siendo herido el corazón, se conoce, porque está la herida en medio del pecho, con flujo de sin^ra rubia, palidez en la cara, y muerte acelerada.

Del pulmón, se conoce; de la gran tos, y por la smgre espumosa que sale. De la caña del pulmón, S3 conoce; cuando hay tos continua y por la yerba sale mucha espuma blanca. Del esófago (que es el conducto, por donde baja la comida al estómago) su herida se conoce; cuando el enfermo siempre está haciendo como que traga, por la sangre que entra en él.