Florilegio medicinal de todas las enfermedades · Capítulo real 25 de 38
CAPITULO V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPITULO V.
DEL CABBU.NCO.
San Salvano, es abogado contra el carbunco. MmiQOft Y. GXVJSi.
El carbunco, que también llaman fuego sacro, ó fuego pérsico, ó brasa, es una llaga costrosa, la cual en poco tiempo inflama al rededor la circunferencia, y proviene de sangre podrida, ó quemada en la misma parte, ó en las venas. También se suele originar de mala dieta, ó del aire, ó del agua corrupta, ó envenenada, en particular en tiempo de la peste.
Diferencia del carbunco. —Dos, diferencias hay de los carbuncos en su esencia, uno benigno, y el otro maligno: el benigno no trae consigo calentura, ni accidentes graves, aunque en la costra se parece al maligno: el maligno acarrea muchos y graves accidentes con calentura.
Señales — Sus señales son cuando en la parle en donde sale hay gran calor, y ardor con gana de rascar; y á esto sale con dolor una pústula pequeña, como un grano con costra, poco mayor que una semilla de lenteja; y en otros, que no sale tal
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pústula, salen unos granillos como do mijo, y otras veces sale una costra, como si la hubieran hecho con un cauterio de luego; la cual costra es unas veces do coloide ceniza, oirás de color de plomo, ó negra, y algunas veces es la inflamación en la circunferencia denegrida, la cual relumbra como un betún, ó pez: también suele traer la tal pústula unas vegiguilas al rededor, las cuales conviene abrir luego, para quesalga el mal humor contenido. {Carbunco pestilencial.) De los carbuncos pestilenciales se verán sus señales en el capítulo 81 del libro 1 de las calenturas pestilenciales.
Pronóstico.— Los carbuncos malignos, que juntamente traen consigo calentura, siempre son peligrosos, aunque no sean de los pestilenciales, en particular los de la costra negra, porque denota ser de adustiom los de color ceniciento, indican ser de putrefacción.
Dieta y cura general del carbunco no pestilencial.— En cuanto la cura del carbunco no pestilencial, siendo con calentura, se observará la dieta y guarda, como queda dicho en el capitulo 75 del libro I de las calenturas continuas, refrescando el ambiente.
Después de una ú otra ayuda fresca, y emoliente, puesta ^con este título en el catálogo de los medicamentos, se sangrará el paciente al modo como queda referido on el capítulo 3 del flegmon de este libro II, observando las fuerzas del enfermo/y si es muy sanguíneo de complexión, ó no; pero habiendo flaqueza del estómago, ó debilidad, aplicar desdo luego ventosas sajadas á la parle contraria, como queda dicho de) flegmon en el mencionado capítulo. Lo mismo se atenderá usando do las friegas ó 'igaduras.
Habiendo abundancia del humor en el naciente, se podrá tomar una purguilla l¡- rcra de las que se ponen en el catálogo pa-
ra evacuar el humor colérico ó el melancólico: usar también de los confortativos, y julepes frescos citados en el capitulo 70 del libro I de las calenturas continuas, y socorrer á los accidentes que sobrevinieren, según se verá en el capitulo 76 del libro I de los accidentes de las calenturas continuas.
Cura específica de los carbuncos benignos. —Después de la primera sangría fomentar el lugar del carbunco con agua caliente, aplicar las tigeritas, ó cornecilas de las parras majadas, ó de la yerba escabiosa, ó calancapatli. No bastando esta diligencia., fajar la pústula con lanceta en cruz, y lavar las fajas con agua salada caiientita, y luego se pondrá ^encima la yema de huevo cocido duro con una poca de sal, ú bo - llin caliente, ó poner encima ungüento Egipciaco, ó un polvito de cardenillo, El ungüento issis es siempre mas seguro.
Para carbuncos malignos.— Esta tal cura especifica suele bastar en los carbuncos benignos sin calentura; pero siendo mas rebeldes, entónces se hacen las sajas mas hondas, y se vuelven á lavar con agua salada caliente, y se le mete un grano de soliman, como una cabeza de alfiler, y por encima se aplica un emplastro, que se hace de toda una granada con cáscara, y toda machacada, añadiéndole un poco de vinagre aguado, y un puñilo de harina de las lentejas; ó en lugar del dicho emplastro, hacer otro do harina, ó polvo de chochos, ó ullramuces, ó de las habas, amasado con oximiel, ó á falta de él, con miel virgen, y un poco de vinagre: los cuales emplastros se han de renovar cada cuatro ó seis horas. No bastando el solimán, ó á falta de él, so cauterizará la puntila del carbunco con un botón de fuego, que es lo que mas bien suele aprovechar; y mientras, se aplican esto» medicamentos fuertes, se ponen al rededor en la parte sana unos pañitos, al modo de defensivos, humedecidos en agua envina-
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grada, con un polvito del bolo deshecho en «lia. Cuando el solimán ó el cauterio de fuego ha hecho operación buen», lo cual <e conocerá cuando la costra hecha de dichos cáusticos se seca y se separa, aplicándole la yerba verbena cocida, y majada; 6 en lugar de esta yerba, del ungüento amarillo, y del Egypciaco, partes iguales; ó a falta de estos, tómese de! estiércol de gallina amasado con enjundia añeja en forma de ungüento: caida la costra, se acaba de curar con una poca de miel, trementina, y harina de cebada, todo junto incorporado como un ungüento; y con diapalma, ü otro, acabarlo de cerrar, ó cicatrizar.