La catástrofe · Unidad 25 de 47

Segunda Parte · IV

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

IV

A fin de que la Francia subterránea no quedara reducida a una serie de grandes centros aislados unos de otros, fué necesario construir centenares de ciudades y millares de pueblos subterráneos, unidos unos a otros por túneles bastante anchos y altos para permitir la circulación de trenes y aerobuses.

De Marsella al Havre y de la frontera alemana a las costas de la Mancha, se trabajaba con energía incansable. Centenares y millares de hormigueros humanos construían sus moradas bajo tierra. Continuamente llegaban a París noticias sobre la marcha de los trabajos, que eran comentadas con tanto interés como si se tratara de comunicados de guerra.

Mientras quedó en la superficie una parte de la población de París, fué posible mantener con las provincias relaciones más o menos regulares. Pero a partir del día que París subterráneo hubo engullido la población toda del otro París, la ciudad se encontró casi completamente incomunicada con el resto de Francia. La cabeza del pais quedó como separada del tronco. Graves, decisivos acontecimientos hubieran podido ocurrir en provincias, sin que la capital pudiese intervenir ni, en muchos casos, enterarse de ellos siquiera.

—¡De este modo, todos los Ruan, Lilla, Burdeos, etcétera, van a proclamar la independencia, como Tarascón!—dijo Stephen, mitad en broma, mitad en serio.

—Y entonces, ¡adiós Francia!—replicó Harrison en el mismo tono—. Hay que tomar medidas. Hay que establecer un contacto contínuo con la estación radiotelegráfica de la superficie. Es cierto que los zootauros la han destruído casi por completo, pero el mal es reparable.

Se hizo un llamamiento, al que respondieron el mismo día centenares de voluntarios, la mayor parte alumnos de las escuelas técnicas superiores.

La estación radiotelegráfica fué reparada, y en ella se instaló un servicio de noche y de día. Dos veces por día, mañana y tarde, se hacía el relevo.

Permanecer en la torre durante la noche, escuchando encima el ruido de los zootauros y debajo el estrépito de las casas que se derrumbaban, nada tenia de agradable. Los que aceptaron esta misión eran como centinelas aislados en las avanzadas de más peligro, casi en contacto directo con el enemigo.

No tardó uno de los equipos en sucumbir casi enteramente a un ataque de los zootauros, que dejó, además, destruída casi por completo la estación radiotelegráfica. Se hizo un nuevo llama miento, se reparó otra vez la estación, y así, a costa de rudos sacrificios, se conseguía mantener las comunicaciones con el resto del país. Claro está que estas relaciones dejaban mucho que desear; tanto más, cuanto que en muchos sitios las estaciones habían sido también destruidas o funcionaban imperfectamente. Pero, sea como fuere, se mantenía el contacto con el resto del Mundo. El diario París Subterráneo y los demás órganos de la Prensa conservaban las secciones tradicionales "Noticias de todo el mundo", "En Francia y en el Extranjero", "Crónica mundial", etcétera.

Como es de suponer, estas secciones iban siendo cada vez más escuálidas. Los pocos radiogramas que se recibían eran muy a menudo ininteligibles. Muchas de las noticias publicadas adquirían así un carácter absurdo.

Un día, por la mañana, por ejemplo, apareció en las columnas de París Subterráneo un despacho anunciando que la China acababa de declarar la guerra a los Estados Unidos de América. Un considerable ejército chino se había apoderado en Washington de la Casa Blanca y demás edificios del Gobierno, y la situación era en extremo grave. La raza amarilla parecía, según el periódico, decidida a aplastar a la raza blanca.

Este radio causó una emoción vivísima, y ante la Redacción de París Subterráneo se aglomeró una compacta multitud, ávida de conocer detalles sobre el conflicto chinoamericano. Los comentarios que se hacían eran animadísimos.

—¡Estos chinos van a devastarlo todo! ¡Son capaces de llegar hasta Francia!

—Ahora, bajo tierra, nada tenemos que temer.

—Sí; pero es de esperar que algún día volvamos a salir, y entonces...

A los amigos de noticias sensacionales les estaba, sin embargo, reservada una gran decepción. En vista de que los despachos siguientes no decían una palabra sobre el conflicto chinoamericano, el Comité de Defensa pidió noticias complementarias al Gobierno de Washington. Al poco tiempo recibió un radiograma de contestación diciendo: "Después de vencer enormes dificultades, una Misión china ha conseguido llegar a Washington, y ha sido recibida en la Casa Blanca." A esto quedaba reducido el grave conflicto entre las dos razas.

Algunos días más tarde se recibió de Petersburgo un radio concebido en los siguientes términos: "Tres zootauros... Comisión especial... negociaciones... experimentos satisfactorios..." Estas frases truncadas bastaron para excitar la fantasía desbordante de los redactores de París Subterráneo . "Nos llega de Petersburgo—decía el periódico en sus comentarios—una noticia extraordinariamente interesante. Por lo que se desprende del radio en cuestión, los rusos han conseguido, por mediación de una Comisión especial compuesta de las más altas autoridades de la Ciencia, entablar negociaciones regulares con los zootauros. Según parece, el curso de estas negociaciones es en extremo favorable, puesto que el despacho habla de experimentos satisfactorios. Sin comprometer nuestra responsabilidad, nos permitimos expresar la convicción de que esta noticia está basada sobre un hecho real y de que, en efecto, se ha llegado a establecer el contacto con los zootauros. Tantas son las pruebas que la raza eslava tiene dadas de su genio extraordinario, que en nada nos extrañaría que de las frías estepas de Rusia hubiese salido la solución del trágico problema planteado a la Humanidad. Queremos creer que, una vez más, serán confirmadas las proféticas palabras Ex Oriente lux! "

Durante una semana entera no se habló más que de Rusia y del genio eslavo. La multitud daba con cualquier pretexto gritos entusiastas de "¡Viva Rusia!"

A fin de satisfacer la curiosidad popular, los periódicos rivalizaban entre sí, y daban todos notícias a cual más absurda. La Era Nueva , por ejemplo, afirmaba que, en vista del acuerdo concluído con los zootauros, se habían suspendido en Rusia los trabajos subterráneos, y las gentes continuaban haciendo vida normal en la superficie. El pueblo daba crédito a todas las fantasías. Frente al palacio de las instituciones de gobierno se aglomeró una muchedumbre de millares de personas reclamando el envío inmediato de una delegación a Petersburgo.

La misma noche fué detenida toda la Redacción de La Era Nueva y suspendido el periódico. En las esquinas fué fijado un bando del Gobierno declarando categóricamente que la noticia era una invención desprovista de todo fundamento.

Entonces en el estado de espíritu de la multitud se operó un cambio brusco. Un grupo de manifestantes asaltó la Redacción del periódico, des trozándolo todo y maltratando a un infeliz redactor, que por azar se encontraba en la casa, y al portero.

Los periódicos adoptaron una actitud más prudente. Se contentaban con reproducir los radiogramas que iban llegando, cada vez más confusos y fragmentarios, acompañándolos de tímidos comentarios. La sección de informaciones del Extranjero se hizo cada vez más reducida, hasta llegar a desaparecer por completo. Durante algún tiempo siguieron apareciendo, para ilustración de los lectores, artículos sobre "Las nuevas tendencias de la política inglesa", sobre "El imperialismo nipón", sobre "El peligro amarillo" o "La lucha de los partidos en Italia"; pero los autores se sentían hasta tal punto avergonzados al escribirlos, que no tardaron en deponer las armas.

La crónica nacional dejaba también mucho que desear. No se recibían apenas informaciones de provincias. La sección dedicada a "La Francia subterránea", que figuraba en todos los periódicos, estaba más llena de suposiciones que de hechos reales. En el periódico humorístico El Zootauro aparecían unos cuantos chistes y ocurrencias de actualidad. "Los pescadores de Ruan—escribía en uno de los números—han inventado una caña especial para la pesca de los zootauros. En el curso de la última semana fueron pescados nada menos que 9999 de estos monstruos, cuya carne, sabrosa en extremo, satisfizo el gusto de los paladares más delicados. Recomendamos a los parisinos que no piquen en el anzuelo inventado por los ruaneses." En otro número de El Zootauro se describía la lucha heroica de la aldea bretona de Palambek contra los zootauros y la derrota, con grandes pérdidas, sufrida por éstos. La semana siguiente relataba la cruzada formidable de los tarasconeses contra París y la emoción de Francia entera ante el paso de sus ejércitos.

Las gentes reían de buena gana al leer estas ocurrencias; pero con más gusto hubiesen leído todavía una información cierta y seria sobre los hechos. Era grandísimo el deseo de saber lo que pasaba en provincias y en el resto del Mundo. ¿Quizás en América se había inventado ya un remedio efectivo contra el gran peligro? ¿O acaso eran los alemanes quienes habían inventado un arma eficaz contra los zootauros? Los rusos, en fin, ¿no habrían encontrado tal vez un medio de salvación? ¡De esos eslavos podía esperarse todo!

Pero ni los americanos, ni los alemanes, ni los rusos daban señales de vida. Según los radiogramas, truncados y confusos, recibidos de Europa y de otras partes del Mundo, cabía suponer que en todas partes se estaba trabajando febrilmente en la construción de los refugios subterráneos. La Humanidad entera buscaba asilo en las entrañas de la Tierra, se cubría de un espeso caparazón, y se separaba del cielo, del sol y del azul infinito. Según la expresión del periódico humorístico El Zootauro , el nivel de cultura de la Humanidad había bajado de un solo golpe varios centenares de metros.