Leyendas españolas · Unidad 10 de 180
Unidad 10 · II tA JUDÍA.
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II tA JUDÍA.
Te abre en presencia mía sus regiones ;
Si rotas las prisiones Del sepulcro y su lóbrega tiniebla, Lanza tremenda voz su seno frió ; Verás cuál de los dos tiene mas brio. »
Una sola existencia, y una vida , Y un propósito solo, y un deseo Al español animan y al hebreo. Cuando esparce la furia embravecida Del euro horror en noche, que oscurece Mole inmensa de nube borrascosa. La rama de los bosques los guarece ; O juntos en la orilla resbalosa Del formidable precipicio, atentos
Al silbar de los vientos, O á las centellas que el espacio abrasan,
Horas enteras pasan. Juntos los ve la aurora de contino, Fijos en el añoso pergamino, O en la figura mística que encierra Los destinos del hombre y de la tierra.
Juntos los ve el ocaso
Girar con lento paso, Cual si igual los moviese oculta rueda,
La sombría alameda. No es amistad la que sus almas liga ; Algo mas es : instinto inesplicable,
LA JCDIÁ. 15
Que ora los atosiga
Con deseo insaciable De mas estrecha unión, y ora los lanza En brazos de una ciega confianza.
Empero, cual arbusto
Que lozano y robusto, Vigor, salud, perfume, altivo brota,
Y lentamente la alta rama inclina.
Desfallecida y rota;
Y lentamente el fuerte tronco mina Secreta destrucción, y amarillea La pompa del follaje, y no lo orea Benigna el aura ; y el dañino abrojo Lo cubre, y sin el lustre fresco y verde. Los leves jugos de la vida pierde;
Tal el vislumbre rojo Huye de las mejillas del hebreo : Tal se fija un inútil devaneo, Ponzoña lenta, activa y concentrada, En su abatida y lánguida mirada ; Tal al impulso agitador y vivo. Que con su sangre circuló, sucede
Rezelo pensativo,
Y el raudal de la vida retrocede. Lo conoce Don Suero, y disimula.
Bien que de esta mudanza Motivo ajeno de verdad calcula,
Y á su desconfianza La rienda afloja, y á cansancio Trio Las penas atribuye del judío.
16 LA JUDÍA.
Era el anochecer : solo Don Suero
Por áspero sendero
Sus pasos encamina. « ¿ Por qué me deja, » dice, « y apetece La soledad ? ¿ Proyecta mi ruina
Quizas, ó se envanece Con mi docilidad y mansedumbre ?
¿ O en torpe servidumbre
Piensa que lo subyugo,
Y en quien su amigo fué, mira un verdugo ? »
Y entonce al borde de escondida fuente Ve al mancebo apoyando tristemente Su cabeza en la mano. El hondo sello
De la aflicción marchita Sus pálidas mejillas : el cabello
Desacordado agita ; La faz hendida amargo llanto moja
Y el sollozar de la agonía arroja.
« No mas padezcas, » dice ; « No mas en estos muros, infelize.
Consumas tu existencia. Recobra tu nativa independencia. Oro tendrás profuso, si oro quieres, Que te abrirá el camino por do fueres.» —
« Cruel ! » entonce esclama Despechado el doncel. « Cuando dañina
Tu enemistad me infama, ¿ Por qué tu duro pecho no adivina La dolencia mortífera y tremenda Que el mió abate y emponzoña ? ¿ Ciñe