Leyendas españolas · Unidad 9 de 180

Unidad 9 · LA JUDÍA. 11

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LA JUDÍA. 11

Esa felizidad de que disfruta

La ambición satisfecha,

Ora en gloriosa brecha, Que de sangre y maldad riega su encono, O en doctrina pueril ó escelso trono, Que con su peso aplasta el ancho mundo, Era á mis ojos fango vil é inmundo. En esta torpe escena profanadas, A los astros se erguían mis miradas. Qué I decia : esos orbes refulgentes ;, No son mas para el hombre que lumbreras, Lujo inútil en candidas esferas ? ^. No hai en su labio vozes elocuentes, Que de los seres que en el aire habitan, Provoquen la amistad ? ¿ y no habrá seres, Que la piadosa invitación admitan,

Y en sublimes placeres El alma que su mano implora , inunden ? ;, Por qué en mi altivo corazón difunden

Los celestes decretos

Esos bríos inquietos, Ese inquieto anhelar, que se desdeña De cuanto el hombre goza y cuanto enseña ? Punzándome en el pecho la codicia De un no se qué, remoto, puro, eterno, Cuyo recuerdo incógnita delicia Derramaoa en mi ser, aunj oven tierno

Busqué en lejano clima, y en borrascoso mar, y en alia cima. Digno objeto á mis ansias vanamente.

f% LA JUDÍA.

Del espléndido oriente Recorrí las magníficas regiones ; Seguí de Balduino los pendones,

Y con el musulmán cruzé mi acero.

Turbó un combate üero

Del Líbano el silencio majestuoso

Mísero yo ! que ciego y orgulloso Me aluciné en frenética arrogancia,

Y cual los otros combatí, cediendo Torpe al yugo de estúpida ignorancia,

Y en el ardor del combatir tremendo Cayó en mis manos y pidió la vida Un noble anciano, cuya faz ceñida De calma augusta y majestad serena Deja suspenso el destructor amago.

Era un famoso mago Y un astrólogo insigne. La cadena De su cautividad fué mi respeto : Servíle como á padre, y como á numen Reverencié sus dichos. El secreto

Del celeste volumen Prometió revelarme, y conducirme Por alta via al inefable arcano. Vio en mis intentos la constancia firme, Vio en mi mente el desprecio del humano, Que de la miciacion es lei severa. Mas tremoló Balduino la bandera De la Cruz, y el destino mas siniestro Me apartó del maestro. Ya vi entonces cerrada

LA JUDÍA. 13

Para siempre la entrada De la ciencia del bien : mi fantasía La desesperación cubrió horrorosa. Dejé indignado la quimera impía De la guerra. La estensa y rumorosa Faz del mundo, cual pérfida asechanza Se presentó á mis ojos. Ni esperanza, Ni placer, ni vigor, ni plan, ni objeto Tuvo de entonces mi existir. Sujeto Con invisible lazo que me liga. No sé á quién, ni sé á dónde la fatiga

Que el corazón destruye ,

Propende ni concluye. ¡ Y tú has de ser, tú, joven, tú, proscrito,

Quien el sublime rito.

Que el bien y el mal presagia, Quien los altos portentos de la magia Descubras á mis ojos ! Por ventura ¿ Cabe en tu edad la intrépida firmeza, Que osa elevarse á la región oscura, O arrostrar del sepulcro la tristeza,

Y evocar de sus nieblas horrorosas

Visiones espantosas? » — « Los hechos te darán fácil respuesta, » Con faz inmoble el joven le contesta. « Sé dócil á mi voz; mis pasos sigue,

Y si tu zelo y tu virtud consigue

Llegar á las moradas Al saber destinadas ; Sí la hueste feliz que el aire puebla.