Leyendas españolas · Unidad 111 de 180

Unidad 111 · 390 EL HALCÓN.

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390 EL HALCÓN.

Entonce al Preferido á parte toma,

Y estas graves palabras le endereza :

« Conmigo, Preferido, vas á Roma ;

Mas no para lucir tu lijercza.

No pienses que ir á Roma es una broma ;

Allí no vamos á seguir la pieza,

Ni á que la trompa suene ni el can ladre,

Sino á besar los pies al Santo Padre. »

« No mas en travesuras te deslizes, Cual tienes de costumbre; te lo advierto: Aunque sientas volar cien condornizes, O en verde matorral ó en campo abierto:

Y las veas pasar por tus narizes,

Has de quedarte inmóvil como un muerto. Que me desobedezcas no presumo; Si me desobedeces, te desplumo. »

El pájaro al sermón estuvo átenlo,

Y erizando de júbilo el plumaje, Parece que espresaba su contento Por ser socio del duque en el viaje. De la partida próximo el momento, Gofredo se despide, muda el traje,

Y tomando el bordón y la esclavina. Con el halcón á Roma se encamina.

EL HAI.COJf, 391

XX \v

So contaré las penas y faliyas

De aquella ¡nlelizísima jornada ;

Ni cómo un gran señor, matando hormigas.

Puso cima á la empresa comenzada.

Que atravesó regiones enemigas,

Que estuvo su existencia amenazada,

Que mendigaba el pan de puerta en puerta;

Es cosa inverosímil, pero cierta.

¿ Y qué hai de inverosímil en la historia, Cuando ha de ser historia lo que vemos? ¿ Conserva algún dislate su memoria, Mayor que los dislates que hoi hacemos? Si todo lo pasado es boi escoria, Las razas que nosotros engendremos, Al leer nuestra historia peregrina, ¿ Nos llamarán escoria ó perla lina ?

Ni hablaré del humilde acatamiento De Gofredo ( por no ser tan prolijo ). Suprimo el sini^ular rec¡l)imiento Que hizo el Padre común al dócil hijo; Ni diré (]iie uno erguido en alto asiento, Puesto el otro de hinojos, lo bendijo; Ni la cuenta he de hacer de los doblones Que costaron aquellas bendiciones.

332 EL HALCÓN.

Si el lector es un hombre de provecho, Tiene para saber lo necesario, Que si el duque volvia satisfecho. No lo quedaba menos el Vicario. Este, porque cobraba su derecho; Aquel, por la indulgencia y relicario; Con cuyas armas, de esperanzas rico. Ni un momento dudó vencer á Udico.

Pero lo interesante del suceso Es cómo se condujo el Preferido ;

V fué con tal mesura y tanto seso Que el duque lo miraba enternecido. No cometió en la marcha un solo esceso; El puño deGofredo era su nido :

Cual yedra fiel que el tronco firme agarra, Tal adhería al puño con la garra.

Más de una vez sintió temblar el suelo Con la bulla de alegres cazadores ; Empero supo refrenar su anhelo

V olvidar sus hazañas anteriores.

Lo insultaba el faisán con tardo vuelo,

V el mirlo con sus giros triscadores; Mas ni pudo el faisán, ni pudo el mirlo A infringir sus deberes inducirlo.