Leyendas españolas · Unidad 32 de 180
Unidad 32 · 104 HERMIGIO y COTONA.
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104 HERMIGIO y COTONA.
II.
«Slie loved me for ihe dangers I had passcd. »
Shakespeark.
-oH-^-
De la atmósfera el ámbito perturba La alegre vozería de la turba Que en la plaza de Lugo se congrega, V el éxito feliz de la refriega Con ferviente entusiasmo solemniza. Guirnalda, y ramo, y pabellón tapiza Las calles, y de juncias olorosas Se cubre el pavimento. Estrepitosas, C«»n prolongados ecos las campanas, A las vencidas tropas musulmanas. Que en fuga leve su vergüenza ocultan , Con su armonía triunfadora insultan.
A tiro de ballesta del portillo Del mu rallón, guarece un bosquecillo De arrayan y de enebro, la morada
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Que hermosea una virgen desgraciada, Huérfana, sin amigos, sin apoyo, Sola en el universo. Cual arroyo Que, lejano del prado y sementera, Lleva inútil su linfa placentera Por soledades ásperas y umbrías. Tales se pierden sus hermosos dias. En silencioso olvido y abandono. Pero, como joyel digno de un trono, Su nativo esplendor que al sol remeda, Sepulta en negro risco ó tosca greda; Tal en aquella soledad oscura Se oculta un alma generosa y pura; Una do aquellas almas que en sosiego De modesto existir, activo fuego De poderoso sentimiento abrasa, Y del estrecho circulo no pasa, Do fortuna severa la coloca, Sino cuando otra igual llega y la toca. Simétrico el tillante; la estatura Gallarda, cual ciprés; rosada y pura La tez; redondos brazos, ancha frente. Cabellera alazán profusamente Vertida por los hombros y la espalda; Seno de nieve y ojos de esmeralda, Cuyo mirar las almas aprisiona En rendimiento fiel — tal es Gotona. Mientras lejano suena en sus oídos El rumor de los altos alaridos, Con que la plebe el triunfo victorea,
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Ella su vago meditar recrea, Con paso incierto en soledad profunda, Por el plantel agreste que circunda Su ignorada y tranquila residencia. Al autor de su mísera existencia Levanta el corazón; tierno lo adora,
Y alzarle quiere un ruego ; pero ignora Cuál don ha de implorar, bien que suspenso Resiente el corazón vacío inmenso ,
Que ningún ser visible satisface.
Y en esta idea la razón lenaze, Vuelve afanada en incansable giro,
Y del seno le arranca hondo suspiro. Mas súbito un quejido lastimero Hiere su oido, y el pensar lijero Detiene, como sólida muralla
La rabia del torrente : atiende y calla,
Y escucha, y otra vez aquel quejido Más le penetra el alma que el sentido.
Y entre las ramas busca, y de repente Garzón herido, cuya faz doliente, Dolor agudo y desaliento indica,
De compasión y horror la petrifica. Si horror y compasión á un pecho noble Juntos invaden, no será que doble Compasión su benéfica energía. Del ciego horror bajo la planta fria. En alma que adornó naturaleza Con el sublime don de la terneza. Si un sentimiento agitador estalla.