Leyendas españolas · Unidad 42 de 180
Unidad 42 · 136 LA FLORIDA.
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136 LA FLORIDA.
Pintar en verso no es pintar en cobre ,
Xi en tabla ó lienzo : grande es la distancia.
A fuerza de ser rico, es uno pobre
Con esta fastidiosa redundancia.
Qué ha de hacer el lector con lo que sobre ?
Si lo aqueja la estéril abundancia
'Como dice un francés) de un mal versista,
¿ Habrá paciencia humana que resista ?
Dirá el lector : « Virgilio, cuando traza El retrato de Eneas ó el de Dido, ¿ Se pone, como usted, con gran cachaza A esplicarnos las leyes que ha seguido? » No señor; pero aquella era otra raza. Hé aquí lo que después se ha establecido : Cada cual como guste, se maneje ; y al que no le acomode, que lo deje.
Por supuesto, me encanta, me seduce, Me arrebata Virgilio, y aun Homero, Cuando Le Brun ó Pope lo traduce, Ya que el original me es esiranjero. Mas si benigno y fácil me introduce El vate á su amistad, y considero De cerca sus facciones y su trato. Confieso que disfruto de un buen r;ilo
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iluando llegaba á este lugar, me puse
V buscar niui despacio, acá on mi idea, Alguna fácil transición que escuse tste desate que mi estilo afea.
Mas es forzoso que al lector me acuse : De nada me ha servido mi tarea. Esta charla inconexa y desunida /. Qué tiene de común con la Florida ?
l.a cual vogaba cerca de la orilla, (.on viento escaso y rumbo placentero,
V aun no estaba distantí; media milla, Cuando desde la cofa un marinero Gritó que se acercaba una barquilla. Gil, sin que se alterase el derrotero, Mandó achicar la vela, por si acaso
Le anunciaban de tierra algún fracaso.
^ a los pocos minutos, á su seno De Inés el seno candido oprimía ; Mientras su labio, de ternura lleno, Hn estos senlimienlos porumpia : « Contigo arrostrare borrasca y trueno : Males, riesgos, azares desafia Mi valor. No te aQijas ni exasperes : Contigo me tendrás adonde fueres. )•
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En vano opone Gil, ora el mandato , Ora la insinuación ó el blando ruego ; Mientras mas le resiste, mas conato Pone Inés, y responde con mas fuego. Era absurdo su plan, era insensato ; Mas era impulso del amor : y luego, El mas alto poder cede y se agacha, Cuando dice, No quiero, una muchacha.
Y no era un sacrificio doloroso
Para Inés; pues al ver la vasta anchura,
Y el alternar del negro y espumoso Vaivén del oleaje, y la llanura Confundida en el giro nebuloso Con que termina la redonda altura Del horizonte occidental, se crguia Gigantesca y veloz su fantasía.
Nunca fué mas dichosa que en presencia De aquella inmensa soledad, trasunto, Bien que humilde, de la alta omnipotencia,
Y cual ella, magnífico conjunto De misteriosa y grave prepotencia. De su meditación sublime asunto l.a mar era ; sus hórridos bramidos Sonaban gratamente en sus oidos.