Leyendas españolas · Unidad 6 de 180
Unidad 6 · AL LECTOR. XV
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AL LECTOR. XV
este último principio nunca saldrán mas que producciones contaminadas con aquel insoportable vicio, que es el mayor enemigo de la originalidad, del buen gusto y de la perfección literaria; la afectación.
Háíiarae el lector la justicia de reconocer que, por defectuosas que sean las composiciones sometidas en este volumen á su juicio, á lo menos no liai en ellas la menor Iraza de aquel achaque, tan tomun en nuestro siglo. Ni alego como un gran mérilo la circunstancia de haberme preservado de su influjo, porque en realidad no concibo el placer que resulta de violentar las propensiones individuales, ni de forzar al entendimiento á caminar por una senda trazada de antemano, sea ó no sea la que seguiria, abandonado á su propia inclinación y movido por sus impulsos naturales. Malas ó buenas , estas Leyendas han sido escritas con independencia de todo espíritu de escuela y de facción. Las reglas que el autor ha seguido, no son las (jue proclama como indispensables , ó infringe por sistema una ú otra clase de escritores ; sino las que le han parecido emanadas del sentido común y del buen gusto. En una palabra, no desea que las Leyendas sean juzgadas como clásicas , ni como románticas, sino como suyas.
LA JUDIA.
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« A tUing ordark imaginings. » — Byroh.
Solo está el bosque: sin testigo mueve Sus linfas el raudal, de espuma levü Salpicando las flores de su orilla, V el techo que le forma la varilla Del mimbre y del aromo. Sola en la cumbre del celeste domo Plácidamente el argénteo disco La luna ostenta, y el peínelo risco
i LA JUDÍA.
Con varios tintes sus vislumbres quiebra, Ora en blanquizca masa ó sutil hebra, Oi-a en grupos de nácar. El reflejo Celestial, en su copa, al roble añejo
De forma estraña viste, Y con pendiente rama el sauce triste En móviles figuras la convierte.
Con esplendor mas fuerte. La luminosa inundación dilata Sus anchas olas de bruñida plata Por el llano vecino, desde donde, Bajo florida rama que la esconde. Susurra y juega en armoniosa risa. Cargada de placer y olor , la brisa ; Y al mover de sus alas, se difunde La esquisila fragancia, y leve cunde Por la callada esfera. En lejanía Vaporosa levanta oscura frente Noble castillo, ingente Masa de enormes piedras, que algún dia, Dia de un siglo escelso, aunque remoto, Retumbó con el bélico alboroto,
Y oyó de alegre fiesta el alto grito;
Y en el opuesto lado, cual ceñudo Gigante, sus colosos de granito Levanta el monte, cuyo aspecto rudo Disfrazan con diáfana cortina
La luna y la neblina.
al es la escena á do con lento paso
Se dirige Don Suero, y entra, y mira