Leyendas españolas · Unidad 70 de 180
Unidad 70 · EL BASTARDO.
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EL BASTARDO.
« Esl-ce ma faulc á moi , si mon pére n'a pas épousé mu more ? w
Beauharchais.
Alfonso onceno, de infeliz memoria, (lij Por haber dado á luz en su linaje íit'rmen en que se esplaye la oratoria , Pintando cuanto insulto y cuanto iillrajtí De un estado infeliz mancha la ;»loria : Moílelo de soez libertinaje, Uno de aquellos reyes infinitos, Célebres por sus fallas y delitos ;
238 EL BASTARDO.
Uno de aquellos reyes que entronizan La corrupción con el ejemplo impuro Que al mundo entero dan, cuando autorizan La maldad, derrocando el santo muro Del pudor; cuando ya no escandalizan Los escesos, y plácido y seguro Alza libertinaje la impía frente,
Y el poder lo acaricia y lo consiente ;
Alfonso, ya agotada la clemencia Del Padre universal, perdió la vida, Víctima de horrorosa pestilencia, Que no respeta dignidad erguida, Ni del trono la rica prepotencia. Lección que tantas vezes repelida, Tantas llorada en hórrido tormento, No produce un minuto de escarmiento.
Muere, y estalla en júbilo su esposa,
Y estalla el hijo, Pedro, en quien Castilla Temió después la imagen espantosa
De Claudio y de Nerón. Blanda y sencilla La pobre humanidad gime llorosa, Cuando esgrime la muerte su cuchilla
Y hunde á un amigo en la mansión suprema ; Pero en palacio rige otro sistema.
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Pedro, imberbe garzón, el cetro agarra,
Y tórnase en sus manos instrumento De destrucción, como la aguda garra
Del sanguinario tigre, cuando hambriento La víctima infeliz prende y desgarra. Estremecióse España, y del sangriento Doncel las gentes trémulas liuian,
Y su execrable nombre maldecían.
Digna madre de un hijo tal, María ,
De una infeliz mujer juró venganza;
De Leonor de Guzman, que Alfonso un día
Inmoló á su perversa destemplanza.
En retirada soledad vivía,
Segura en la engañosa confianza
De que disimulase sus errores
Quien supo cometer otros majores.
Vana ilusión ! pagados asesinos Le destrozan el seno, y pavorosos Sus hijos huyen, vastagos mezquinos, Que baten huracanes espantosos. En diversos lugares sus destinos Ocultan, como ciervos que medrosos. Del cazador oyendo las pisadas, Se refugian en breñas apartadas.
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Uuo de ellos, Enrique, de altiveza Dotado y de valor, en quien derrama Mas de un amable don naturaleza, Y cuyo seno en noble chispa inflama, ^'o intimidado al ver que la bajeza De su cuna el odioso Pedro infama, Dijo entre sí : « Veremos si Fortuna Realza la bajeza de la cuna. »
Era Villena su parcial : magnate Poderoso, ante el cual en lances duros El trono mismo su soberbia abate; Porque en aquellos siglos tan oscuros ( Y nos parece enorme disparate ) .. Circundaban al trono espesos muros, Que no alzaba un montón de proletarios En tumultos ruidosos y precarios.
No de mendigos una imbécil horda , Que suspende su rabia y sus escesos. Cuando aquel que maldicen, los engorda , O derrama en su grupo algunos pesos; Sino raza feliz de gente gorda, Señores entonados, graves, tiesos. Que, dueños de vastísimas comarcas, Ajustaban la cuenta á los monarcas.