Leyendas españolas · Unidad 71 de 180
Unidad 71 · EL BASTARDO. 2il
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EL BASTARDO. 2il
Entonces no se hablnba de dereclios, .\i de igualdad ; ni sabios oradores Daban en periodos contrabcchos La señ;i! de bochincbes destructores. A la dilicultad se iban derechos Hombres llenos de títulos y honores : Si obraba el reí indócil á sus fallos. Lo dejaban al pobre sin vasallos.
Mudan según los tiempos las usanzas;
Mas nunca muda esta verdad suprema :
No hai orden, si en las fuerzas no hai balan/as
Si lo es todo la turba ó la diadema.
Que enfrenen al poder colas ó lanza?,
O en su lugar político sistema.
Importa ciiatro bledos : lo que importa,
Ks que tenga el poder la rienda corta.
Nada hai entre los hombres absoluto : Nunca lo fué el poder, ó lo fué un dia. O lo reprime un pueblo ciego y bruto, O el tr'Uior de exaltada jeranpiía, O del saber el laborioso fruto \ín profunda y melódica teoría, O bien el confesor, ó el heredero Que pone de su i»arte al cocinero.
242 EL BASTARDO.
Enrique en un difuso cartapacio Cuenta sus cuitas á Villena, y este Le responde : « Aquí tienes mi palacio Con aguerrida y valerosa hueste. Vente pues, y hablaremos mui despacio , Sin miedo de que osado contrareste Nuestros planes Don Pedro; que este hidalgo Ya sabe á la hora esta lo que valgo. »
Manda ensillar Enrique, y parte, y llega Donde combate el mar con lieras iras Sober])ia roca, fin de hermosa vega, Que corona el castillo de Algecíras. Alií su turba armada y íiel congrega Villena, que prefiere á las mentiras De la corte, y á cintas, y á colgajos, Pingües rentas y fértiles trabajos.
Amor aguarda á Enrique en el regazo De la amistad, cual sierpe que entre flores Tiende al ave infeliz oculto lazo,
Y la encadena en nudos destructores. Amor sirve á sus miras de embarazo,
Y prepara ancha senda á los rigores Del hado ; pero en cambio le asegura Largos años de paz y de ventura.
EL BASTARDO. 243
Entre las hijas du Villeua, Juana Sobresale geiiLil, graciosa, viva : Como Capullo virginal, lozana, Como arroyuelo juguelon, festiva. Su juventud esplendida y temprana, Dentro de aíjuella soledad cautiva , Despliega su vigor, callada y sola, Cual bajo espesos ramos la viola.
Mientras mas la contempla, mas la admira Turbado Enrique, y respetoso calla. Fija en ella los ojos, y suspira. Como si detuviera fuerte valla La pasión ardorosa que lo inspira. Al lin un dia aquel volcan estalla, Y sin mas precaución ni miramiento Declara su atrevido pensamiento.
«Infeliz ! ¡ quó de males y tormentos n
(Así responde la l)eldad sencilla)
« Te anuncian tus fogosos sentimientos,
Si severa razón no los humilla!
Con sus enardecidos juramentos
Tu hermano, el rei Don Pedro de Castilla,
Mi mano solicitxi. Díme ahora
Si arrostrarás sn saña vensadora.n