Leyendas españolas · Unidad 73 de 180

Unidad 73 · EL BASTARDO. 2f7

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EL BASTARDO. 2f7

No pienso entrar en grandes pormenores Sobre las consecuencias de csle traio. Fueron breves y dulces los amores De Enrique; sin ruido ni aparato Las nupcias, ni danzantes ni cantores (Uso tan racional como barato). Pues l)astan los derechos parroquiales Para chupar al novio los reales.

A las pocas semanas en Sevilla Cundió la especie, y Pedro noticioso. Cual la corle lo fué, de su mancilla, Bramaba como tigre sanguinoso. El garrote, el cadalso, la cuchilla, — No hablaba mas que de esto, y presuroso Despacha un instrumento de sus iras Con órdenes secretas á Algecíras.

Llegó tarde el buen hombre : prevenido De la tormcnla Enrique, no sin pena, Resolvióse á dejar su bien querido

Y la mansión dichosa de Villcna. Era urgente tomar algún partido,

O esponerse al suplit ¡o ó la cadena;

Y así, burlando d*l cruel las furias,

Se embarca en un lanchon, y llei,'a á Astúriaí

2»8 EL BASTAKDO.

Por fortuna, en el pecho de su hermano Puso natura un corazón de íiera ; Pero tan vagabundo y tan liviano, Como la mariposa en primavera. Un ímpetu feroz, cual soplo vano. Pasaba raudo, y la beldad primera Que cruzaba en aquel punto su vista, Hacia de su pecho la conquista.

Entonces fué cuando en torrente impuro Se desbocó el escándalo en Castilla,

Y de santo pudor deshecho el muro, Tomó prostitución la escelsa silla. Descubre Pedro en un rincón oscuro A una vil barragana, la Padilla,

Y en sus inmundos brazos soñoliento Sirvió al mundo de bárbaro escarmiento.

Lodo y sangre brotaba por sus poros í.a infeliz madre Iberia, prodigados Terrenos, dignidades y tesoros, A parásitos viles y malvados; Cubierta de ignominia, y luto, y lloros Una reina infeliz ; menospreciados Los fueros de aquel alma peregrina. Por dar gusto una torpe concubina.

EL BASTARDO. 2i9

Hai quien llama á este monsiruo J//5í/c/í?ro. Profanación odiosa ! La justicia, O liega á dominar al hombre entero, O es venganza, impiedad, rabia, malicia. Emanación divina del venero De toda perfección, de la inmundicia Do nuestras bajas liviandades liuye : Un soplo de flaqueza la destruye.

De su mirada, fallo de eslerminio, l'avorosos buian los mortales, Buscando en la mansión de otro dominio Refugio á sus decretos infernales. Despreciado el materno predominio, Se guareció María en los umbrales De Portugal, do el padre, inútil viejo, Reinaba sin decoro ni consejo.

XXX vil

Como la madre de Nerón lasciva, Empaña el resplandor do la corona,

V en brazos de perversa comitiva

Al mas inmundo esceso se abandona.

Y aunque i)or su belleza no cautiva. Siendo ya mui talluda la matrona, A fuerza <le linezas y de dones Halló ({II leu balagase sus pasiones.