Leyendas españolas · Unidad 74 de 180
Unidad 74 · 250 EL BASTARDO,
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250 EL BASTARDO,
Fué ya su desvergüenza tan notoria, Que el buen padre salió de sus casillas. Esto lo dice la verax historia ( Veraz, no obstante ciertas mentirillas) ;
Y purgando de aquel borrón su gloria,
Y la de Portugal y las Castillas, Tomó el partido, entonces muí usado, De quitarla de en medio en un bocado.
Enrique en tanto, al paso que acrecienta Pedro de Iberia el odio y repugnancia, El ancho giro á su ambición aumenta,
Y da á su pretensión mas arrogancia. Escaso de hombres, y de influjo, y renta. Con algunos amigos se va á Francia,
A probar de la suerte los estrenaos ;
Y no le fué mui mal, como veremos.
Entonces era Francia lo que ha sido Por siglos largos, lo que entonces era Toda la cristiandad ; confuso nido De vicio, de maldad, de saña fiera. Donde triunfaba el adulterio erguido. Ya en clase humilde, ya en augusta esfera ;
Y el rapto, el homicidio y la ponzoña Reinaban desde Mancha hasta Gascona.
EL BASTARDO. 251
El opresor cruel de los Templarios Dejó en tres herederos, tres maridos. Cuyos vínculos fueron seminarios De la infidelidad. Los dos sufridos : No el otro, que sin muchos formularios, Viendo su honor y lecho corrompidos, Premió de Margarita la torpeza Entregando al verdugo su cabeza.
Hija suya también era Isabela, Que de Inglaterra el trono contamina. Contra el débil esposo se rebela; Lo engaña, lo traiciona y lo asesina. Su corazón, ciue sangre y muerte anhela, La patria envuelve en llantos y en ruina. Promoviendo con pérfidos engaños Encarnizada guerra de cien años.
¿ Son estos por ventura los anales ( Dirá alguno al kícr estos horrores) De hotenlotes, caribes ó esquimales? Se trata de cristianos ? — Sí señores : Eran cristianos firmes y leales, Sumisos á sus padres confesores, A cuyos pies, humildí'S como «I polvo, Lloraban al njr — Eyo te absolvo.
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Pero el clero ( dirán también ) qué hací Dirigir de esta máquina los ejes ; Someter toda clase y jerarquía Con el arma terrible — Per me reges; Pasar en dulce holganza todo el día ; Cazar venados y quemar herejes ; Dar á la poblacioa grandes aumentos,
Y fundar catedrales y conventos.
Enrique llega á Francia en coyuntura Crítica por demás, que á los franceses De las armas la suerte adversa y dura Prodigaba infortunios y reveses. El rei Juan lo recibe con ternura. « Ya tienen en tu brazo los ingleses Quien les apriete la corbata,» dijo,
Y lo trató amoroso como á un hijo.
Ya inundaban ingleses batallones, Con el nombre de Crecy envanecidos, De occidente las fértiles regiones,
Y lloraban los pueblos oprimidos.
La Francia entera acude á los pendones Del rei Juan. Los magnates aguerridos, Los príncipes y duques, los primeros Son que ofrecen al trono sus aceros.