Leyendas españolas · Unidad 76 de 180
Unidad 76 · 256 EL BASTARDO.
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256 EL BASTARDO.
No tralo de pintar las agonías
En que después la mísera se lanza.
Cuando al cabo de tres ó cuatro dias
Pedro le dice : « Todo ha sido chanza :
Satisfechas están las ansias mias.
De tu orgullo pueril tomé venganza :
Con quien gustes de hoi mas puedes casarte
Yo me voi con la música á otra parte. »
Ya viendo tan sacrilegos dislates
Y corrupción tan despechada y fiera, Muchos de aquellos tímidos magnates De Castilla abandonan la frontera. Parte quieren tomar en los combates Que de Aragón ilustran la bandera, Esperando ademas que el bravo Enrique La causa que defienden, justifique.
En la falda silvosa del Moncayo Fué donde decretó la Providencia, Que Enrique y Pedro hiciesen el ensayo De aquella abominable competencia. Como desciende el fragoroso rayo,
Y al mundo da terror con su violencia, Tal Enrique en la lid destroza y mala,
Y en ciego ardor furioso se arrebata.
EL BASTARDO. 257
No á las eras futuras anticipo
Lo que otra lira mas sonora can te.
Estos, de odio fraterno horrendo tipo,
Que no hai pecho sensible á quien no espante,
Dejando airas la fama que de Edipo
La raza impía ennegreció, distante
Región presentan á la Musa mia,
Escelsa por demás á su osadía.
Vo no siento interés, sino fastidio En tanto horror, en siglo tan perverso : Otro, cuyos aplausos no le envidio. Su maldad perpetúe en noble verso ; Relra/.e aquel horrendo fratricidio Que asombró en Monliel al universo, Y absuelva al que inficiona tal mancilla, Porque fundó en Toledo una capilla. (16)
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LAS DOS CENAS.
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« Look here, upon Ihis piclure, and on Ihis. »
Shakespeare.
No sé qué impulso irresistible mnevi; Mi inspiración afuer;i del camino Que á mi fortuna señaló el d»íslino. Fácil, sencilla, descuidada y leve
Describió en rima breve, Sin aspirará ornato ¡Kíregrino, I^'is impresiones blandas y lijeras
Que en boscjues y praderas V en solitario estudio recibía ;
262 LAS DOS CEXAS.
Huyendo de las frases altaneras, De la sonora y alta gallardía,
Con que ingenios noveles
Ganaron sus laureles. Huyó en el mundo de elevados puestos :
En asilos modestos ,
Do virtud sin mancilla
Y do amistad sencilla
Fijaron su morada ;
Allí donde no brilla
La ambición exaltada.
Desató sus conceptos.
Ni siguió mas preceptos Que su espontánea inclinación, guiada Por benigna intención y ánimo puro.
Así , versista oscuro, No fueron mis asuntos las contiendas, En que al genio del mal implas ofrendas Las naciones tributan, cuando aflojan
A enemistad las riendas , Y con fraterna sangre el suelo mojan. Ni sonó en los alcázares dorados
Mi ritmo, ni ensalzados Fueron por mí los dueños de la tierra,
Fclizes en la guerra, O en magní lieos ocios circundados
De espléndidos prestigios. Ni adusto pensador, en los vestigios
De las eras remotas. Diformes bustos y colunas rotas