Leyendas españolas · Unidad 79 de 180

Unidad 79 · LAS DOS CENAS. 269

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LAS DOS CENAS. 269

Por ímproba faena, Manda que traigan sin lardar la cena. A este precepto acude el mayordomo Con abatida faz, pasos de plomo, Trémulo labio y espre^-ion confusa. Cual hace siempre el inferior que piensa

En su propia defensa, Dando al agravio favorable escusa. «Vuestra Alteza,» le dice cabizbajo, « Solo puede cenar de lo que trajo. Que no hai mas, ni en cocina ni en desi)ensa.» — « A ese eslremo ha llegado mi penuria ?» Dice el rei, comprimiendo mal la furia Que iba á estallar en voto y en blasfemia.

Pero el hambre lo apremia,

Y su yugo severo Lo mismo al rei oprime ([ue al pechero. « Si no hai mas, » le responde, « como dices, Pon en el asador las codornizes. » — o Vuestra Alteza,» contesta el mayordomo, « No sabe lo demás : ni un leve asomo,

Ni vestigio, ni seña Hai en palacio de carbón ni leña,

Y ni un maravedí tengo en el arca. »—

« Empeña este gabán, » dice el monarca ;

Y de la vestidura se despoja

Y de despecho en lágrimas la moja.

270 LAS DOS CE XAS.

Fué sin duda la cena poca y triste; Y solo en ella el mayordomo asiste, Sin que sirviese camarero ó paje, Para que no cundiese aquel ultraje. El leal mayordomo, hombre provecto,

A quien por el afecto Que desde su niñez al rei tenia, Estrañas libertades concedía,

Viendo con cuánto empeño

Devoraba su dueño

Aquella cena parca. Esclama enternecido : « ¡ Que un monarca, Que ha vencido enemigos prepotentes, A tan escasa cena se limite, Mientras que sus vasallos insolentes Devoran en opíparo convite Del oprimido pueblo la sustancia! ¡ Que sobrelleve Enrique la jactancia

De esos vanos proceres, Que nadan en delicias y placeres. Mientras él, que postró fuertes naciones, Como el mas infeliz de los villanos, Adquiere lo que come, con sus manos ! » Agrian tan bien sentidas espresiones De Enrique los rezelos; averigua

Del hecho escandaloso

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La verdad ; y fiándose á la antigua Fidelidad y al ánimo zeioso

De aqnel noble criado, Sale en su compañía disfrazado.

El diestro mayordomo facilita

La oculta entrada en la mansión que habita

Lara, el tremendo Lara,

El perpetuo caudillo De abierta rebelión ; el que prepara

La tea y el cuchillo, Para que triunfe su ambición proterva. El rei en elevada galería, Que el comedor magnífico cenia, Desde oscuro rincón calla y observa. Eran ciento, entre obispos y barones,

Y abades ó infanzones

Y de rango inferior, los convidados. De Persia los espléndidos brocados, Sujetos con dorados medallones, Pomposos ornan el altivo muro.

En grandes candelabros de oro puro Cirios enormes de olorosa cera

Perfume y luz derraman;

Y delicado lienzo, que recaman

En guarnición lijera Seda, joya y metal, la mesa cubre. Amontonan en ella los criados