Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 18 de 121
Unidad 18 · LBTBNDAS HISTÓRICAS 51
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■—Shamui cai: mashcai chai laichu (1).
Y le mostraba, riéndose, otro cadáver que robar.
Y a la hora en que estas cosas tenían lugar en la llanura de Huachi, la noche del 12 de Septiembre, el general Sucre, deslizándose meditabundo y triste por las asperezas heladas del camino que lleva a Guaranda, repetía la misma exclamación que el coronel Morales en Guayaquil:
-lEse viento!... ¡Ese maldito viento!
(U — ¿Dofla Marcela? -¿Eh? —Ven aquí. Regístrale a este forastero.
LA S VOLTEADA
Corre el año de 1817, y estamos en Popayán.
En una ancha pieza convertida en prisión, las damas payanesas están que trinan. Algunas lloran, otras rechinan los dientes, las más tranquilas bajan la hosca y avergonzada cara sobre la labor; pero todas trabajan, y trabajan febrilmente. Eran las mejores, las más encopetadas de la ciudad, madres, hijas, hermanas o esposas de proceres lepubUcsLiios— insurgentes, como entonces se decía -; que a la hora de esa hora andaban de capa caída y sin más patria independiente que la que, en idea deseo y esperanza, se había refugiado en sus bravos corazones.
Cosen y cosen las damas. Cabezas rubias, cabezas negras, respetables cabezas blancas se inclinan sobre el pedazo de tela desplegado en la falda, y la aguja no da paz a la mano. ICosa admirable! En ese gran taller de mujeres reina el silencio más completo, y sólo se oye el acom-
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pasado andar del centinela, que por la parte de afuera, arma al brazo, mohíno y fatigado, cuida la puerta.
Alguien se queja: es una pobre niña que está a punto de desmayarse.
— ¿Qné te pasa?— le pregunta ansiosamente una señora mayor, sobre cuya envejecida faz ha plantado la pena su férrea zarpa.
— ¡Ay, mamá!... ¡Mamá!... ¡Me muero! Se me va la cabeza...
—¡Pobre hija mía! Ya pasará eso, es un vahído: aprende a sufrir, ya que has nacido y estás en buena escuela.
Y la señora se levanta con indecible trabajo, y apoyándose en la pared y en sus compañeras de prisión, que le prestan cariñosa ayuda, va arrastrándose con fatiga, a pequeños brincos más que a pasos- Algo resuena a medida que se mueve... ¡Es que lleva un grillete al pie!
¡Todas lo llevaban! Ese bruto de Tolrá era capaz de eso y mucho más. Después de cometer atrocidades en Neiva, donde quiso obligarle a un hijo a que formase en el pelotón que debía fusilar a su padre, lo que hubiera conseguido a no ser por la oposición de Luis Urdaneta y los Corderos, que enviaron fuera al desgraciado muchacho el día en que debía sucumbir su padre, el malogrado Coronel don Manuel Tello; después de ésta y otras iniquidades sangrientas, se había venido a Popayán el Coman-